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Title: ¡Abajo el poder negro, viva la dictadura del proletariado!
Description: Sudáfrica no es una anomalía, sino un país capitalista moderno cuyo confinamiento de los proletarios se encuentra también en otras partes; el ANC y el UDF, demócratas o stalinistas, son enemigos del proletariado, cuya única salida es constituirse en clase para sí.
Date: 01/07/1985
Category: Alarme n.º 29
URL: https://marxismo.school/hemeroteca/alarme/1985-07-abajo-el-poder-negro-viva-la-dictadura-del-proletariado
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*Alarme*, n.º 29, julio-agosto-septiembre de 1985 (págs. 11-12). [PDF del número completo](https://marxismo.school/assets/archivo/1958-93%20Hemeroteca%20del%20FOR/1978-93%20Alarme/alarme-n29.pdf) · [Texto original en francés](https://marxismo.school/hemeroteca/alarme/originales/1985-07-a-bas-le-pouvoir-noir-vive-la-dictature-du-proletariat)

Sudáfrica constituye hoy el arquetipo del maleficio capitalista. La ponen en la picota de las naciones los peores dictadores, que encuentran por fin a alguien peor que ellos y así se desahogan un poco.

Muy generalmente se considera esta situación anacrónica, «sucia», y se piensa que su solución debería ser la Democracia. En cuanto al anacronismo, Sudáfrica es un Estado en el que los proletarios están acorralados en zonas, en ciudades siniestras, de las que sólo pueden salir para trabajar. Su circulación por el país está limitada y controlada mediante un pasaporte. Los parados y los trabajadores innecesarios en las ciudades se amontonan en Estados títeres, de hecho reservas, donde es incluso imposible cultivar los productos alimenticios básicos, dada su exigüidad y también la erosión de los suelos, debida a su larga explotación. Manteniendo así un mercado abierto únicamente a los productores blancos, granjeros o propietarios, el Estado preserva su existencia en cuanto tales y los somete totalmente.

En cuanto a los proletarios blancos, una larga tradición de hostilidad y de proteccionismo sindical, para no ver bajar sus salarios a causa de la competencia local, los ha separado por completo de la enorme mayoría de los proletarios y los somete al Estado con la misma fuerza que a los agricultores.

En resumen, el antagonismo que tensa la sociedad en Sudáfrica parece ser el de los negros contra los blancos, falsificación de la contradicción social que anima el mundo, que algunos no dudan en llevar hasta el exceso, añadiendo que negro es igual a proletario y blanco igual a capitalista, o también que todo esto es la lucha de la democracia contra la dictadura. El hecho de que se reconozca a los proletarios como negros no cambia nada en el fondo, porque es simplemente el medio utilizado para explotarlos como proletarios.

Una vez más, se nos presenta la situación como específica, única, además de anacrónica e intolerable.

Única, desde luego que no. En sustancia, un país como la RFA, con sus reservas obreras en Turquía, Grecia e Italia y los guetos correspondientes en su territorio, acompañados de un estricto control policial sobre toda la sociedad, no es un «modelo» muy alejado de Sudáfrica. El Japón hace lo mismo con sus nacionales y sobre todo con los inmigrados coreanos o con los del interior, como los burakumin (sobre este asunto, léase el *Bulletin de l'Union Prolétarienne*, n.º 2 y n.º 6[^1]). En cuanto a Rusia, los proletarios están también allí vigilados, tienen que tener pasaporte para ir de una ciudad a otra, son desplazados y concentrados a capricho de los «planes» y viven también miserablemente. ¡Sin duda la fiebre de los dos primeros productores de oro del mundo hace que se parezcan en muchos puntos! Las leyes raciales, por atrasadas que parezcan, no se abolieron en los EE. UU. hasta los años 50-60, siguen vigentes en los hechos y nunca impidieron a los Estados Unidos ganar la guerra y afirmarse como primera potencia económica del mundo.

De hecho, Sudáfrica es un país fundamentalmente moderno, donde el Capital está muy fuertemente concentrado, con una clase obrera numérica y cualitativamente muy fuerte, de eficiencia reconocida, y cuyas leyes no molestaban a nadie hasta ahora. Dada su importancia económica, un Estado tan atrasado como nos lo presentan habría provocado y suscitado reformas que aportasen más eficacia a la producción (la eficacia capitalista tiene una medida: la producción de plusvalía…). Por el contrario, a lo largo de más de medio siglo (¡de hecho desde 1910!), lo que iba a convertirse en el *apartheid* después de la segunda guerra mundial se desarrolló y amplió, demostrando su carácter avanzado por su semejanza con las mayores naciones del mundo. En realidad, es el carácter racial, y porque es únicamente racial, de las leyes de confinamiento de los proletarios lo que constituye un vestigio de la formación de esta nación y lo que, como tal, contradice de manera insoportable su evolución.

La reprobación viene de que esta petrificación ancestral, al concentrar en sí una contestación violenta, amenaza la estabilidad del modelo general, utilizado bajo diversas formas por los demás Estados.

La novedad reside en el carácter de la contestación. Hasta ahora, la dictadura (pues la dictadura del Capital no se ejerce allí democráticamente) era el único baluarte frente a las luchas obreras, cuya principal limitación era justamente el racismo/antirracismo. Pero hoy su carácter organizado y la naturaleza de las organizaciones que han ido surgiendo lentamente en los conflictos plantean otra alternativa. En efecto, los proletarios no han sacado en absoluto de sus luchas una organización que combata en un terreno proletario. Por el contrario, las que se han presentado y se han puesto a la cabeza de las luchas, sin que aparentemente se las ponga en cuestión, son o liberales o stalinistas, y se presentan como democráticas, partidarias del sufragio universal y contrarias a la dictadura del proletariado.

En el enfrentamiento que libran ya contra la dictadura, pueden esperar obtener el apoyo de tal o cual Estado extranjero, tanto más cuanto que el carácter blanco del régimen parece condenado. Los sindicatos son presa de disensiones internas (lo que no les impide en absoluto bloquear la huelga de los mineros), pero el ANC y el UDF (African National Congress, la formación de oposición más antigua, y Union Democratic Front[^2]) son hoy las tendencias que van a enfrentarse por el poder. El ANC, más marcado por la influencia stalinista, aspira de hecho a una asociación prorrusa con Angola y Mozambique, para constituir una pieza fundamental, un formidable «Dominion» ruso, gracias a sus posibilidades económicas y militares; por su prestigio y su orientación «radical», de hecho capitalista de Estado, es el enemigo más peligroso del proletariado.

El UDF, conglomerado de cientos de organizaciones, es un candidato serio a la sucesión; representa la única fuerza más o menos democrática y tiende a recibir cada vez más el apoyo de los EE. UU., que ya no pueden sostener tanto un poder blanco que provoca demasiadas tensiones y que no pueden apoyar a los prorrusos. Por eso es enemigo del equipo de Botha, puesto que de momento no pueden reconciliarse a costa del proletariado: así será mientras éste no tome por su cuenta la iniciativa de la ofensiva.

En efecto, a pesar de la violencia de las luchas, huelgas, motines, etc., a pesar de los incesantes llamamientos a la toma del poder (sobre todo por parte del ANC), las organizaciones negras defienden la democracia o el stalinismo y constituyen el primer enemigo del proletariado. Éste se encuentra en una situación en la que la toma del poder y la reorganización social (ocupación y cultivo colectivo de las tierras, requisa de las viviendas, y no de los barrios de chabolas, reorganización del trabajo, sobre todo minero, chantaje con el oro y los diamantes, impulso del mismo movimiento en las regiones mineras de los países fronterizos: Angola, Zaire, Mozambique, Botsuana, etc.) están al alcance de la mano a condición de armarse y, en cierta medida, ya fuera de alcance inmediato, por falta de una organización independiente sobre esta base.

Los proletarios, al sublevarse contra la vida que es la suya, aunque sea de forma particular, ponen en cuestión su situación en las relaciones sociales de producción y esas relaciones mismas. Potencialmente plantean el Comunismo, la liberación de la humanidad, dondequiera que estén, en cuanto atacan este sistema. El éxito de esas tentativas depende de la potencia y de la claridad de las organizaciones de que el proletariado se dote con ese fin. Hoy, en Sudáfrica o en otras partes, esas organizaciones faltan cruelmente y, en cada movimiento social, todas las fuerzas del capital se movilizan para impedir, de hecho para retrasar, la constitución del proletariado en clase para sí.

Pues es el peor de los peligros lo que justifica todas esas maniobras nacionales e internacionales, sindicales, stalinistas, democráticas y, por supuesto, antirracistas. Ese peligro es el famoso espectro que recorre el mundo: es el comunismo, que lleva consigo el proletariado revolucionario.

[^1]: Nota del original: «Union Prolétarienne, c/o librería L'Herbe Rouge, 1 bis rue d'Alésia, 75014 París».

[^2]: Así en el original; el nombre de la organización era United Democratic Front (Frente Democrático Unido), fundado en 1983.
