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Title: La represión cada vez más a la izquierda
Description: El presupuesto de 1986 del Ministerio del Interior y el reforzamiento policial bajo el gobierno «socialista» como expresión de la invasión de la sociedad por el Estado en el capitalismo decadente; la lucha obrera tiene que enfrentarse a la policía y a los sindicatos.
Date: 01/07/1985
Category: Alarme n.º 29
URL: https://marxismo.school/hemeroteca/alarme/1985-07-la-represion-cada-vez-mas-a-la-izquierda
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*Alarme*, n.º 29, julio-agosto-septiembre de 1985 (págs. 8-10). [PDF del número completo](https://marxismo.school/assets/archivo/1958-93%20Hemeroteca%20del%20FOR/1978-93%20Alarme/alarme-n29.pdf) · [Texto original en francés](https://marxismo.school/hemeroteca/alarme/originales/1985-07-la-repression-toujours-plus-a-gauche)

Hace casi dos siglos, después de la revolución francesa, volvieron los aristócratas porque el clima social se había calmado, y la «viuda»[^1] ya sólo trabajaba para los sans-culottes indóciles. Los aristócratas exigieron reparación por los perjuicios morales y materiales de la revolución. ¡Aquello se había acabado de verdad! El pueblo de Francia se rascó el bolsillo con mil millones de francos[^2] (¡en aquella época valían su peso en oro!). Hoy, para que se marchen los inmigrados, y entre ellos una mayoría de obreros, ese mismo pueblo va a sangrarse con mil millones de francos al año. *O tempora, o mores…*

Es formidable, es nuevo, acaba de salir: es el presupuesto del 86 del Ministerio del Interior, es decir, de los polis y de la propaganda juntos. Va a arrasar: en adelante los polis tienen que ser inteligentes y, como eso no se inventa, se va a cebar a los maderos con microprocesadores. La derecha lo reclamaba desde 1981, Le Pen lo exigía desde siempre, el P«C» lo pedía desde 1984; por fin la Izquierda se ha atrevido a hacer lo que nadie se atrevía: modernizar la policía y reforzarla en proporciones kolosales. El nuevo policía será guapo, fuerte, inteligente, educado, honrado, con muchísimos colegas, buen tirador, buen informático, buen conductor, muy bien motorizado y con calefacción. ¡Y si después de todo eso no está contento, siempre puede pasarse al enemigo y hacerse gendarme, que es todavía mejor!

Ahí reside la clave de los programas electorales: a la izquierda, «más trabajo»; a la derecha, «menos paro»; a coro, «¡más polis!». El gobierno «socialista» refuerza el carácter policial y violento de la sociedad. El Estado se refuerza, según una lógica que rebasa con mucho la del parlamento. El Capital se concentra cada vez más, y el Estado pesa todavía más en las relaciones sociales. No serán los «liberales» (¿tiene aún sentido esta palabra en boca de esos grandes servidores del Estado?) quienes impidan este fenómeno; por lo demás, lo empujan.

Este reforzamiento policial, paralelo a la continua propaganda sobre la «inseguridad», contribuye a «civilizar» (*policer*) un poco más a esta Nación. De hecho, si la evolución policial prosigue, y nada se le opone, la situación futura corre el riesgo de ser la de Suiza, Austria o la RFA. En efecto, de allí vienen los modelos de modernidad represiva, probados a gran escala durante un decenio por lo menos. La vigilancia policial por manzanas, tan cara a Lutte Ouvrière, ha dado allí sus pruebas, y la policía «popular» puede contar con los chivatazos de los habitantes. Para las «grandes causas», la delación la organiza la televisión. Es probablemente la próxima etapa en Francia, donde junto al estado de ánimo del tipo «muerte a los polis» se ha desarrollado un «los polis no nos defienden».

En realidad, la política seguida tiene por objeto impedir toda forma de justicia fuera del Estado, ya se trate de milicias de pequeños propietarios (o, mejor dicho, de quienes creen serlo) o de zonas urbanas y proletarias, generalmente ruinosas y reacias a toda «pacificación» permanente por las fuerzas del orden. Este despliegue logístico tiene un aspecto de seducción: organización de concursos de *smurf* por los CRS, campamentos Trigano con el ejército, animadores de esto o de aquello, campañas publicitarias; en suma, los polis se ponen a la moda y tienden la mano; en la otra siguen llevando el Colt 7,65. Puede invocarse más de una causa: criminalidad, elecciones, dificultades económicas, agitación obrera, etc.

En cuanto a la criminalidad, es un puro producto de la apropiación privada y de la división en clases, y ningún sistema policial puede remediarla; los propios policías acaban arrimando el hombro. Además, el colega-camarada-ministro de Justicia da cuenta de un descenso de la criminalidad, al menos de la registrada. La proximidad de las elecciones es una motivación mucho más seria. Ya era hora de sacrificar de verdad al delirio verbal de la inseguridad: la ideología y la propaganda son fuerzas materiales cuando son las del Estado. Aplicando el programa de todos los partidos políticos, el gobierno piensa comerles el terreno y recuperar los votos de los decepcionados por la laxitud. Uno se pregunta *en qué* se ha vuelto laxa la justicia francesa desde 1981, pero, como ya señalaba Marx, los medios de comunicación modernos crean más mitos en un día que toda la Antigüedad junta[^3]. Es sin duda un mal cálculo, pues —deberían saberlo— no hay nadie de peor fe que los políticos y los periodistas, y la opinión pública bien manipulada renuncia difícilmente a gritar que viene el lobo. También las dificultades económicas pueden suscitar semejante inversión, que absorbe algunos miles de parados, utiliza fuerza de trabajo y crea nuevos equipamientos automovilísticos, informáticos, edificios, ofimática, textiles (¿tal vez nuevos uniformes, más elegantes, más impactantes?), etc. Además, eso limitará quizá esa famosa delincuencia que el paro hincha, mal que le pese al ministro de Justicia.

No va a ser, desde luego, la agitación obrera la que quite el sueño a los camaradas-ministros. Sin embargo, el ejemplo inglés ha podido dejarlos soñadores. Por otra parte, la policía inglesa ha aprendido en cinco años todo lo que podía enseñarle el ejército en Irlanda, y ahora puede dar lecciones a las mejores policías antidisturbios (oficialmente no se habla de los sindicatos, pero, organizando las batallas allí donde menos servían, han prestado un señalado servicio a la corona). No hay nada como la CEE para desarrollar el sentido de la cooperación en este terreno: forma parte del espacio policial europeo, y los CRS, formados en la escuela de Jules Moch[^4], de la guerra de Argelia y del gran canguelo de mayo del 68, siempre andan golosos de novedades. ¡Qué quieren ustedes, son niños grandes! Sin embargo, si hay quienes creen todavía que las policías o los ejércitos detienen definitivamente a los proletarios en lucha, otros responsables, patronales o altos funcionarios, saben que son los sindicatos y los partidos «obreros» (o, a falta de ellos, la buena y vieja Iglesia) los que hacen fracasar las luchas.

En realidad, todas estas razones particulares, coyunturales, se conjugan para reforzar y manifestar la causa general, estructural. A saber: que cuanto más se concentra hoy el capital, cuanto más manifiesta una imposibilidad de desarrollo, más se desarrollan el militarismo y la burocratización, más invade el Estado todos los aspectos de las relaciones sociales, expulsando y esterilizando todo rastro de humanidad en ellas.

Esta invasión militar, policial y económica de la sociedad por el Estado ilustra el carácter parasitario, nocivo para el desarrollo social —incluido el burgués, pero sobre todo el humano—, del crecimiento económico y de la persistencia de este sistema. Es esta contradicción con sus propios fundamentos y justificaciones históricas (democracia, librecambio, antilocalismo, socialización de los hombres… por el dinero, etc.), y el choque de esta contradicción con la que plantean la madurez económica del sistema y la irrupción revolucionaria del proletariado contra él, lo que define al capitalismo como decadente. Este movimiento, iniciado aproximadamente con el siglo, impone manifiestamente como *única* solución a las contradicciones que lo animan la supresión de las condiciones de trabajo, consumo y vida impuestas al proletariado mundial, que crean, constituyen y reconstituyen la civilización actual.

Desde esta óptica, la de la abolición del salariado, cualquiera que sea la paga, una de las primeras exigencias prácticas de toda *lucha obrera* (que definimos como antagónica y contradictoria con la lucha sindical, y no como derivada de la superación de esta última) es dispersar las fuerzas de policía y de ejército enviadas por el poder obrero, popular, democrático, republicano o fascista… Aceptar modos de lucha que esquivan esta cuestión o que la descuidan abiertamente (defensa pasiva, encierro en el lugar de trabajo o incluso en el plano de la nación, huelgas de hambre, etc.) es prepararse para la derrota sin mañana, es dejarse desorganizar preventivamente. Ni que decir tiene que los sindicatos, cultivando la ineficacia del combate, lo suprimen en beneficio de la negociación a costa de los camaradas trabajadores y son de hecho, y desde hace mucho, *la mejor policía* entre los proletarios.

Puede haber enfrentamientos con la policía, pero no habrá enfrentamiento con el Estado mientras los sindicatos no sean repudiados y atacados por los trabajadores.

La organización por y para nosotros mismos, mediante la designación de delegados revocables, sin tener en cuenta los reglamentos internos, contra todo sacrificio por la economía nacional, rechazando toda negociación, pacto o contrato, en oposición a toda usurpación sindical de la acción y de la palabra, dará a las refriegas ese *contenido* de lucha contra el Estado que todavía falta en la mayoría de los movimientos de hoy.

Es el *primer* paso que tenemos que dar.

[^1]: La guillotina, en el argot francés.

[^2]: El «milliard des émigrés», ley de indemnización de 1825 a los emigrados cuyos bienes había vendido la Revolución.

[^3]: Alusión a la carta de Marx a Kugelmann del 27 de julio de 1871, según la cual la prensa diaria y el telégrafo fabrican más mitos en un día que antes en un siglo.

[^4]: Nota del original: «Este poli de choque, ministro "socialista" de 1945 a 1952 y de Interior del 47 al 49, acaba de morir. Noske de pacotilla, mandó intervenir a la tropa para domar las huelgas del 47-48, armó con esa ocasión a la policía y reforzó considerablemente a su niño mimado: los CRS».
