---
Title: Los sindicatos son reaccionarios
Description: A propósito del acuerdo entre American Motors y el UAW, crítica del nacionalismo de la CGT y del «progreso social» productivista de la CFDT, a los que el FOR opone el antisindicalismo revolucionario.
Date: 01/07/1985
Category: Alarme n.º 29
URL: https://marxismo.school/hemeroteca/alarme/1985-07-los-sindicatos-son-reaccionarios
---


*Alarme*, n.º 29, julio-agosto-septiembre de 1985 (págs. 4-5). [PDF del número completo](https://marxismo.school/assets/archivo/1958-93%20Hemeroteca%20del%20FOR/1978-93%20Alarme/alarme-n29.pdf) · [Texto original en francés](https://marxismo.school/hemeroteca/alarme/originales/1985-07-les-syndicats-sont-reactionnaires)

Según el diario *Le Monde* del 2/7/85, acaba de alcanzarse un acuerdo preliminar entre American Motors, filial norteamericana de Renault, y el sindicato del personal, el UAW. Según uno de los dos términos del acuerdo, la dirección renunciaría a cerrar algunas fábricas.

¡Qué hermoso ejemplo de negociaciones (¿preliminares?) para la CGT francesa, que se opone al «desmantelamiento», defiende con uñas y dientes la empresa nacional y pretende rechazar los despidos en la Régie[^1]! Sólo que, para la CGT, no se trata hoy de ilustrar su propaganda, sino de emprender, según la fórmula consagrada a derecha y a izquierda. Por eso toma partido violentamente en un conflicto sobre la gestión internacional de la Régie, acusando a American Motors de ser la causa del desmantelamiento del aparato productivo francés. Así lo dice André Sainjon, secretario general de la federación del metal[^2], para quien los trabajadores franceses pagan los platos rotos de las dificultades económicas de American Motors y de su supervivencia. De forma general, es igualmente cierto que la clase obrera mundial paga los platos rotos de todas las empresas capitalistas; sin embargo, A. Sainjon, lejos de ser un internacionalista, va adrede un poco deprisa. En efecto, no habría que olvidar que los primeros en pagar «la cuenta» de American Motors son los trabajadores norteamericanos, cuyo salario, según el segundo término del acuerdo mencionado al principio, va a reducirse gracias a la responsabilidad capitalista del UAW, avezado en la misma lógica que la CGT, pero con métodos diferentes. De todos modos, a la ultranacionalista CGT le traen sin cuidado los trabajadores norteamericanos, a quienes su «radicalidad» debería parecerles idéntica a la de un MacGregor[^3] o de cualquier otro despedidor profesional.

Entre paréntesis, un mínimo de consciencia revolucionaria en el seno del proletariado mundial cubriría el planeta de acusaciones semejantes contra todos los sindicatos.

Pero volvamos a nuestro asunto. ¿Puede decirse por ello que la CGT se preocupa más de los trabajadores franceses? Como masa de maniobra, sin duda, pero socialmente, ni mucho menos. Imaginemos, haciendo caso por un momento a la CGT, que un gestor condena un sector de la producción en beneficio de otros sectores. ¿Puede pretender que de ello resultará una mejora de la condición de los trabajadores? ¡No, a menos de admitir, a ejemplo de los modernizadores, que el aumento de la productividad que entonces se impone dispensa por sí solo un supuesto progreso social, inexistente como tal, puesto que cada vez está más circunscrito y es más despótico!

Lo que no dice la CGT lo sugieren sindicalistas más próximos al gobierno «socialista», como Edmond Maire, de la CFDT, invirtiendo el problema, es decir, haciendo de un progreso social discutible el factor de un aumento de la productividad, todo ello espolvoreado con una fraseología vulgarmente socializante. Pero cedamos la palabra a nuestro «idealista» obtuso e hipócrita: «Al actuar para mejorar las condiciones de trabajo y la organización del trabajo, el sindicato reduce la insatisfacción y el frenado de la producción, el absentismo y la rotación del personal. Es factor de progreso de la calidad y de la productividad. En un período en que grupos profesionales enteros están descualificados y corren el riesgo de hundirse en la pasividad y en la revuelta, la voluntad sindical de poner en valor el saber hacer obrero y de desarrollar nuevas cualificaciones contribuye a afrontar los retos económicos. El cambio de las relaciones sociales es indispensable para hacer del factor humano una baza decisiva en la competición internacional».

Más allá de la jerigonza obrerista, queda dada toda la medida del progreso social a la salsa capitalista y sindical: división intensiva del trabajo, productividad aumentada, competición internacional y aniquilación del proletariado como potencial revolucionario. Dicho de otro modo, desarrollo de las desigualdades y embrutecimiento nacionalista. Las recientes acciones de la CGT se inscriben también en esta perspectiva antihumana, puesto que tienden a la defensa del aparato productivo francés. Su carácter violento, e incluso ilegal, no bastaría por sí solo para conferirles una cualidad radical o revolucionaria, tanto menos cuanto que se trata de remar hasta perder el aliento por un P«C»F manchado hace poco por responsabilidades de gobierno. En cuanto al rechazo de los despidos, basta recordar la «intransigencia» de la CGT en Talbot[^4], por ejemplo, y su responsabilidad en la negociación de un millar de despidos.

Las opciones capitalistas del sindicalismo pueden diferir de una central a otra, de un país a otro, pero las pujas se desplazan indefectiblemente a costa de la clase obrera, en beneficio de la economía nacional y de la empresa.

Contra esos intereses, rechacemos todo sacrificio y, para ello, destruyamos todos los acuerdos preliminares o de otro tipo (como los convenios colectivos) contraídos por los sindicatos, la patronal y el Estado. Desterremos de nuestras filas el nacionalismo, para que sólo el internacionalismo dirija y motive en gran parte nuestras luchas venideras.

E. Maire puede declarar que «el antisindicalismo lleva en germen el totalitarismo» e intentar asustarnos: el antisindicalismo revolucionario lleva en germen la dictadura del proletariado, cuya función consiste en recortar autoritariamente las desigualdades sociales hasta que sobrevenga la muerte del salariado y de las clases sociales a escala planetaria.

¡ÉSA ES NUESTRA MEDIDA DEL PROGRESO SOCIAL!

[^1]: La Régie nationale des usines Renault, empresa pública desde 1945.

[^2]: La Fédération des travailleurs de la métallurgie (FTM) de la CGT.

[^3]: Ian MacGregor, presidente del National Coal Board británico durante la huelga minera de 1984-1985.

[^4]: Las huelgas de 1983-1984 contra los despidos en la fábrica Talbot (grupo Peugeot) de Poissy.
