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Title: Perú: el APRA realiza la unión nacional
Description: La llegada al poder de Alan García y del APRA en el Perú, apoyada por toda la izquierda, stalinistas y trotskistas incluidos, como unión nacional contra el proletariado.
Date: 01/10/1985
Category: Alarme n.º 30
URL: https://marxismo.school/hemeroteca/alarme/1985-10-peru-el-apra-realiza-la-union-nacional
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*Alarme*, n.º 30, octubre-noviembre-diciembre de 1985 (págs. 13-16). [PDF del número completo](https://marxismo.school/assets/archivo/1958-93%20Hemeroteca%20del%20FOR/1978-93%20Alarme/alarme-n30.pdf) · [Texto original en francés](https://marxismo.school/hemeroteca/alarme/originales/1985-10-perou-l-apra-realise-l-union-nationale)

Cuando terminó el proceso electoral, legislativo y presidencial, con la victoria del APRA y la elección de Alan García como presidente del Perú, el representante de Izquierda Unida, Barrantes, se precipitó a presentar sus mejores deseos al nuevo elegido. Esta comedia parecía una mala película cuyo nebuloso guion nadie conocía, y la borrachera electoral hacía olvidar los miles de parados, los miles de niños muertos de desnutrición, la elevada prostitución… Sin embargo, los que no se hundieron en esa embriaguez son los propios «directores» de la comedia, dramática para los explotados, negados como individuos. Y eso que la clase obrera estaba presente en la calle y en las fábricas ocupadas. Antes de las elecciones, miles de proletarios manifestaban su descontento: huelgas en la Sanidad, en la función pública, en Correos, etc. A pesar de esta combatividad, los sindicatos, los partidos de izquierda y los trotskistas desviaron esas luchas hacia la lucha de pega por la alternancia democrática. Hay que recordar que los trotskistas fueron elegidos para formar parte del parlamento capitalista en la asamblea constituyente de 1979 para… contribuir a la modernización de la constitución, y eso de todas las tendencias, desde Hugo Blanco, de la IV Internacional versión Krivine-Mandel, hasta Ricardo Napurí[^1], ayer lambertista (PCI) y hoy de tendencia morenista. Todos quieren participar en la tribuna del «hemiciclo-circo» para avalar el sistema democrático-burgués, lo cual les permite afirmar su tendencia procapitalista de Estado y, en definitiva, contrarrestar los intereses inmediatos e históricos del proletariado.

Si en la época del capitalismo ascendente Marx, Engels y la casi totalidad del movimiento obrero apoyaban la batalla por la democracia y la utilización de los parlamentos como «tribunas revolucionarias», hoy, en plena decadencia social (momento en que la única salida para la humanidad es la sociedad sin clases), hay que ser idiota, y a buen seguro anticomunista, para no afirmar que toda participación en el parlamento o en cualquier otra institución (sindicatos) es contraria a los intereses del proletariado y refuerza material e ideológicamente el capitalismo. Hoy más que nunca hay que reconocer la justa conclusión de la izquierda germano-holandesa y de la izquierda italiana contra Lenin sobre esta cuestión. Los trotskistas, sepultureros de la revolución social, no se distinguen de los stalinistas en sus miras capitalistas de Estado.

A causa de la contrarrevolución stalinista, la Internacional Comunista, primero producto de la revolución mundial iniciada en Rusia, se convertiría en un conjunto de partidos agentes del KGB en el medio obrero, y los P«C» serían los embajadores del capitalismo de Estado ruso en sus negociaciones con el capitalismo occidental «liberal». Del mismo modo, la contrarrevolución actuará para impedir la cristalización de un partido revolucionario en el Perú.

Así, cuando el segundo gobierno de Belaúnde (predecesor de A. García) se encontró ante una crisis económica y social muy grave, el P«C»P y su filial sindical, la CGTP, jugaron las cartas de Izquierda Unida, recuperando los movimientos de protesta para la movilización por la mascarada democrática. Una vez más, el secretario general del P«C»P, Jorge del Prado, y los órganos del P«C»P y de la CGTP desviaron al movimiento proletario de su lucha histórica contra el capitalismo. La CTP, Central de Trabajadores del Perú, pro APRA, también metió baza para lisiar y encuadrar el movimiento de descontento. También ella propuso soluciones a la salsa democrática. Así, todas las fracciones del capital, de inspiración capitalista de Estado (trotskistas, maoístas, Izquierda Unida…) y capitalista liberal (APRA, AP, PPC), consiguieron, cada una a su manera, desviar a los proletarios al terreno de pega de la lucha por un capitalismo de forma parlamentaria. En este contexto internacional de tormentas reaccionarias (sobre todo por el peso político e ideológico del stalinismo), esas fracciones capitalistas han hundido todavía más la consciencia de clase del proletariado. De hecho, Alan García obtuvo un apoyo mayoritario a su programa «antiimperialista» de gobierno. Todas las clases sociales vieron en él una solución a su suerte, una salida a la debacle económica y social. ¡Por fin un programa «nacional»! Como declaraba García, «ser antiimperialista hoy es rechazar este yugo que nos ha avasallado».

¡No, camaradas! Hay que reaccionar. El antiimperialismo es hoy una palabra clave supuestamente liberadora para agruparos tras un trapo con los colores nacionales. Hoy más que nunca, para acabar con la explotación de una nación por otra nación, hay que acabar con la explotación del hombre por el hombre. Y para ello debemos practicar lo que proclamaba Karl Liebknecht (revolucionario alemán cobardemente asesinado en 1919): «luchar ante todo contra la propia burguesía nacional», única manera de extender nuestro movimiento emancipador anacional, capaz de destruir los dos grandes bloques imperialistas y, por consiguiente, las fronteras. El antiimperialismo del APRA es un reflejo bien lastimoso de una voluntad nacional e imperialista de un pasado caducado.

El estado de gracia ha permitido a Alan García llevar a cabo una formidable campaña de moralización. Mientras el sistema social, al desintegrarse, deja al descubierto su verdadera naturaleza (corrupción, tráfico de drogas, etc.), A. García, «el mesías», aparece y anima a la burguesía a restaurar sus valores morales y la regla del juego contractual. Hay que realzar los intereses específicos de la patria, del Estado, de la Nación. Pero este voluntarismo no durará mucho, pues la burguesía como clase propietaria individual de los medios de producción casi ya no existe, y menos aún en el plano nacional, dado que los intereses del capitalismo están imbricados internacionalmente. El sueño «rousseauniano» de García no puede realizarse porque está históricamente caducado.

En esta perspectiva de restauración de los valores morales y nacionales de la burguesía, A. García destituyó a 37 generales culpables de corrupción y de tráfico de drogas. El general jefe del Comando Conjunto fue cesado por exceso de celo en la represión de los campesinos sospechosos de simpatía por el no menos reaccionario «Sendero Luminoso» en las zonas que éste ocupa. Pero para A. García, y es normal, lo que nunca será destituido son las instituciones represivas (Policía, ejército), pilares del Estado capitalista, como tampoco los canales que alimentan el capital y no dejan a los proletarios más que un mísero salario. Estamos obligados a vender nuestra fuerza de trabajo para sobrevivir, aunque en el caso del Perú el número de asalariados sea poco elevado —razón de más para unificar nuestras luchas— y la gran mayoría esté condenada al subempleo y al trabajo negro. Lo que pesa sobre nuestros hombros de proletarios es el peso de la explotación milenaria, morbosa e inhumana.

Una de sus aspiraciones es convertirse en el superlíder de América Latina, un nuevo Simón Bolívar capaz de concretar el sueño de una América Latina grande y unida. Lo que no dice es que América Latina y el mundo entero ya están unidos, pero por el nefasto sistema capitalista. La creación del «Grupo de Lima» para suplantar a Castro sólo es original en la perspectiva de ayudar al régimen contrarrevolucionario de Nicaragua y de apoyar al «Grupo de Contadora». Lo que más le importa a A. García es el pago con el 10 % de las exportaciones contra el reembolso de la deuda exterior. Esta medida es su caballo de batalla, cargada de demagogia para atraer a las masas a la conformidad con su programa de saneamiento capitalista. «No he sido elegido por los funcionarios del FMI, sino por el pueblo peruano, con el que tengo un compromiso, y por eso pido a todos los que me votaron que me apoyen en esta cruzada nacional», declaraba. Esta propuesta ha contado también con el consenso general de las fracciones capitalistas. El estado de gracia y la naturalidad de García ante las masas han conseguido adormecer la combatividad de los proletarios, con la complicidad de la Izquierda.

La problemática de los países deudores de América Latina, y particularmente del Brasil, la Argentina, México y Venezuela, plantea gravísimos problemas para el reembolso de los préstamos a los bancos internacionales. Este callejón sin salida no es característico del Perú; forma parte de las contradicciones propias del capitalismo. La reciente reunión del Banco Mundial y el FMI en Seúl intentaba resolver la cuestión. Por otra parte, la clase capitalista trata de encontrar soluciones: desde Kissinger, que propone una especie de «plan Marshall», hasta Castro, que preconiza (cuando él mismo ya ha negociado su propia deuda) el impago de la deuda y la instauración de un nuevo orden económico internacional. Además, este salvador del sistema capitalista pone en guardia a los imperialismos del Este y del Oeste ante el peligro de una explosión social en todo el hemisferio en caso de *statu quo*, es decir, contra la eventual revolución comunista que hará saltar todo el sistema, a ellos incluidos. Este ingeniero especializado en la construcción de presas antiproletarias no podría encontrar entonces ni un solo búnker donde protegerse cuando el proletariado tome en sus manos las riendas de su destino. ¡Los Castro, Gorbachov, Reagan, Deng Xiaoping y demás García no encontrarán ni un agujero donde esconderse! La clase obrera destruirá el sistema entero rompiendo las cadenas del salariado que la oprime.

El otro caballo de batalla del APRA es el programa de reactivación capitalista. Para reducir la inflación, el gobierno ha pedido un compromiso entre la patronal y las centrales sindicales para congelar los precios. Dirigiéndose a los industriales, A. García decía: «Hemos reducido los costes bajando los tipos de los créditos, hemos cerrado las puertas a las importaciones anárquicas. Ahora les toca a ustedes hacer un esfuerzo». Así, se ha emprendido un tratamiento especial para las inversiones extranjeras, una nueva política agraria y un programa de desarrollo del «trapecio andino» (zonas altas de la sierra); estas medidas han obtenido también la aprobación de la mayoría, incluida la izquierda.

Lo más gracioso es la manera en que el mago A. García ha establecido el «diálogo» directo con las masas. Así se han institucionalizado los «balconazos», medidas políticas anunciadas desde el balcón del palacio presidencial. El pueblo se reúne en la plaza y espera a que el intrépido hable. Llega entonces y, por ejemplo, se abre la chaqueta, mostrando que no lleva chaleco antibalas y que, por tanto, no teme a «Sendero Luminoso», o bien anuncia la bajada del tipo de interés bancario, del precio del pan, etc. Es impresionante ver cómo se puede engañar a los proletarios. Lo más indignante es que funciona.

La ofensiva demagógica de A. García se despliega en todas direcciones y por todo el país, en particular en las regiones donde el APRA fue mayoritario. Esos viajes son el pretexto para entregas de dinero a la «obra de cooperación popular»: mejora de la vivienda, escuelas, comedores, etc. Estas donaciones responden a su deseo de privilegiar económicamente el «trapecio» andino. Este programa trata de frenar la influencia de «Sendero Luminoso» en esa zona y de ganar una nueva clientela electoral entre las comunidades de campesinos, los parados, etc. Incluso Sendero Luminoso (secta ideológicamente identificada con Mao Zedong), el famoso grupo guerrillero, ha recibido del gobierno del APRA propuestas de paz. Este llamamiento lanzado a esa fracción stalinista versión «cerco de la ciudad por el campo» ha sido muy bien acogido por los izquierdistas, y en particular por Hugo Blanco (trotskista), que con ello puede justificar una vez más su participación en el circo democrático. Esta tregua entre fracciones capitalistas es de momento muy improbable, pues se ha roto incluso el acuerdo con el movimiento Túpac Amaru (MRTA), que practica la guerrilla urbana para acabar con «el imperialismo norteamericano». De todos modos, tanto Sendero Luminoso como los Túpac Amaru, con tregua o sin ella, contribuyen a desviar al proletariado de su verdadera lucha y de su verdadero objetivo.

En el curso de un viaje a Trujillo (norte del Perú), García se dirigía a las masas y les preguntaba «si preferían seguir viviendo de rodillas por un puñado de dólares o ponerse en pie y defenderse contra la agresión extranjera». La respuesta era evidente. Este político conoce bien los resortes de la demagogia, y en medio de la admiración general se anunció la creación de unos «TUC» a la peruana[^2] en un soberbio *show* en presencia de los parados; el objetivo era el arreglo de los barrios de chabolas, con una remuneración pagada en un 40 % en vales de comida y en un 60 % en dinero, hasta el límite del salario mínimo. Este diálogo y esta medida dan resultados positivos para A. García, pero negativos para el proletariado. Con esta acción García se ha dado una base popular para asentar su poder contra los intereses del proletariado peruano e internacional. Esos «soldados» pro APRA están dispuestos a enfrentarse al proletariado, debilitado y sin dirección propia, gracias a la colaboración de todas las fracciones capitalistas de izquierda, de derecha y de sus extremos, sindicatos incluidos. Para ilustrarlo, en un «balconazo» las masas llevaban pancartas que decían: «No somos empleados de banca, somos parados; sólo queremos trabajar». El mensaje presidencial ha sido bien recibido. La discordia y la separación entre los parados y los que trabajan se agravan y dan los frutos amargos de un futuro enfrentamiento entre asalariados y sin empleo. La divisa «divide y vencerás» permite a A. García ganar la primera mano.

¡No, proletarios! Rechazad la democracia burguesa, que no es más que una forma de dominación del capitalismo. Contra todos los que emplean un lenguaje seudomarxista (P«C»P, trotskistas, maoístas) o reivindican la democracia como etapa hacia el «socialismo», de hecho capitalismo de Estado, y la consideran un medio de expresión revolucionaria de denuncia supuestamente anticapitalista. Contra todos los que, como Sendero Luminoso, la denuncian, pero con el fin de instaurar una dictadura del Partido-Estado sobre el proletariado, confinando a éste en la esclavitud asalariada. No, camaradas: las fracciones capitalistas del Este (P«C»P, Sendero Luminoso, Izquierda Unida, trotskistas) y del Oeste (APRA, PPC, AP) quieren encadenaros a la rueda del beneficio. Sí, proletarios: toda la palabrería «antiimperialista», las nacionalizaciones, el impago de la deuda exterior, los «TUC», la «cooperación popular», el desarrollo del «trapecio andino» están ahí para doraros la píldora. A. García, Sendero Luminoso y las demás fracciones capitalistas no son más que rapaces que quieren haceros producir y sudar beneficio. ¡Sí, proletarios! Debemos y podemos cambiar el curso de nuestra historia y acabar con nuestra condición de mercancía. Hay que oponerse a todas las maniobras de un capitalismo a lo A. García y de las demás fracciones políticas. Hay que tomar consciencia de que nuestra lucha debe ser unitaria e internacional contra el capital. Hay que volver a aprender a ser proletarios revolucionarios. Tenemos un mundo que ganar suprimiendo el salariado, la base real del capitalismo. Tenemos un mundo que proponer a la humanidad, el comunismo, expresión de la socialización de la producción y del consumo según las necesidades de cada cual. Un mundo en el que por fin la existencia tendrá un rostro humano, y el hombre llegará a ser un individuo social en toda la acepción de la palabra. ¡El comienzo de una humanidad que merezca por fin su nombre y del desarrollo social de la especie humana pasa por el comunismo!

[^1]: El texto francés escribe «Ricardo Napoli».

[^2]: Los TUC (*travaux d'utilité collective*) eran en Francia, desde 1984, empleos temporales subvencionados para jóvenes parados; el artículo aplica el nombre al programa de empleo temporal anunciado por García. Donde el francés dice «jusqu'à concurrence du SMIC» (el salario mínimo francés), traducimos «hasta el límite del salario mínimo».
