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Title: ¡Dislocemos los sindicatos! Por la revolución social, contra las elecciones
Description: En vísperas de las legislativas de marzo de 1986, el FOR llama al abstencionismo de clase y a la lucha directa contra la explotación asalariada, contra la izquierda, la derecha y la extrema izquierda electoralista.
Date: 01/10/1985
Category: Alarme n.º 30
URL: https://marxismo.school/hemeroteca/alarme/1985-10-por-la-revolucion-social-contra-las-elecciones
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*Alarme*, n.º 30, octubre-noviembre-diciembre de 1985 (págs. 1-3). [PDF del número completo](https://marxismo.school/assets/archivo/1958-93%20Hemeroteca%20del%20FOR/1978-93%20Alarme/alarme-n30.pdf) · [Texto original en francés](https://marxismo.school/hemeroteca/alarme/originales/1985-10-pour-la-revolution-sociale-contre-les-elections)

**¡Dislocemos los sindicatos! ¡Rompamos la concertación social! ¡Quebremos la democracia capitalista!**

## Por la revolución social, contra las elecciones

Desde la llegada de la izquierda al poder, ¿puede afirmarse que la situación de los asalariados proletarios haya mejorado? La derecha dice que no, por supuesto, y cuenta con su vuelta en marzo del 86 para sacarnos de la miseria, del paro, de la inseguridad, del deshonor nacional, etc. La izquierda, por su parte, pretende que gracias a su gestión modernista de la economía, a las 39 horas, a la jubilación a los 60 años, al reforzamiento de la policía, al control de la inmigración, etc., la suerte de los franceses ha mejorado o no ha empeorado, y que de todos modos la derecha apenas lo habría hecho mejor para reestructurar la economía francesa con vistas a una mayor competitividad internacional.

Así pues, para sancionar la mentira y premiar la verdad, se os llama a vosotros, los explotados, a zanjar masivamente la cuestión depositando en la urna esa famosa papeleta que todos los políticos se disputan. ¡Es la única alternativa real que os proponen nuestros queridos demócratas!

¿Qué esconde en realidad esta alternativa? Si uno se conforma con el polvo en los ojos que pulverizan a gran escala los medios de comunicación, la clase política y los sindicatos, la elección parece ser: «marxismo» a la salsa del partido «socialista» o del partido «comunista», por una parte, y por otra el liberalismo, rechazando con ello, con el mismo aire asqueado, el horrendo espectro del neofascismo. Y avanzando por este terreno de la democracia, ya no quedaría más que plantearse votar, votar útil, votar no importa a qué partido, pues lo esencial es salvaguardar la existencia de la representación parlamentaria y del aquelarre electoral. Tanto más cuanto que la extrema izquierda, al dar su aval a las elecciones, contribuye a perpetuar la creencia de que el Estado es neutral y no está al servicio de la clase dominante, y de que por eso puede haber en él verdaderos diputados obreros que defiendan los intereses del proletariado. Así, desde esta perspectiva, el fenómeno de la alternancia y de la cohabitación hace suponer la coexistencia pacífica entre fracciones políticas de ideologías fundamentalmente opuestas. ¡Esa oposición no es más que ficción!

Deja deliberadamente en la sombra la base social de la relación de producción moderna, y hoy mundial, que determina las relaciones que mantienen los hombres para asegurar la producción, la distribución y el consumo con vistas a la satisfacción de sus necesidades. Y esa base no es otra que la explotación del hombre por el hombre, expresada a través del salariado en la sociedad capitalista. Las formas políticas que vienen a injertarse en esa estructura pueden ser múltiples y no ponen en absoluto en cuestión la explotación de clase. ¡Al contrario, la refuerzan! La democracia no es más que una de esas formas, actualmente la más acabada para engañar al proletariado y encuadrarlo tras los intereses de sus explotadores, y del Estado en particular, cuyo papel cada vez más marcado como comprador de la fuerza de trabajo lo sitúa en primera fila de los defensores del capital.

El principio de la democracia en la sociedad de explotación es una ilusión que tiende a ocultar la base material sobre la que descansa la desigualdad social, la división de la sociedad en clases.

Para nosotros, comunistas, la defensa del interés inmediato e histórico de la clase obrera pasa por una vía diferente; ¡una vía que no puede sino oponerse a la democracia capitalista! Es la que seguirá la dictadura del proletariado para quebrar la sociedad capitalista y las cadenas de la explotación de clase. El abstencionismo de clase toma este camino, es decir, el del rechazo activo del chanchullo electoral y el impulso de una lucha abierta contra el orden capitalista.

¡No somos ni trotskistas ni maoístas y no nos reconocemos en ningún movimiento de la extrema izquierda! No ocultamos que nuestro objetivo es la instauración del comunismo por la revolución social, violenta y fuera de toda legalidad. En consecuencia, no llamaremos a nadie a votar por tal o cual fracción política, pues todas representan formas diferentes de la explotación del hombre por el trabajo asalariado, del Este al Oeste y del Norte al Sur.

La emancipación de nuestra clase empieza por la lucha en los lugares de su explotación, oficina o fábrica, y en la calle, rechazando toda ilusión de defensa de sus intereses mediante la negociación, el voto o el consenso. ¡Todo eso no es más que engaño!

La participación electoral con el pretexto de una «tribuna» para las ideas revolucionarias es hoy un engañabobos y un arma del capitalismo de Estado, encarnada entre otros por la extrema izquierda, para mantener la dominación del capital sobre el salariado. La única tribuna que necesitamos es la de las tareas sociales y políticas que tenemos que poner en movimiento para salir del apagador físico, ideológico y social que pesa sobre nuestras luchas y nuestra supervivencia.

El abstencionismo de clase debe tender al ataque frontal contra la acumulación y la extracción de la plusvalía que engendra nuestra fuerza de trabajo. Ese ataque debe ser inequívoco. Sólo nuestra determinación y nuestra solidaridad de clase permitirán hacer saltar el corsé de la dictadura capitalista. La explotación, contrariamente a lo que dicen nuestros explotadores, no se juzga por el importe del salario; de hecho, todos somos explotados porque no tenemos otra alternativa que vender nuestra fuerza de trabajo para sobrevivir. ¡Con ese regateo es con lo que hay que acabar! Cualquier otro objetivo que se asigne a la clase de los productores es reaccionario.

No votar no significa que haya que esperar a los plazos electorales para actuar en este sentido. Al contrario, supone el combate inmediato contra la miseria cotidiana que implica nuestra condición de productores alienados. A todos los proletarios que rechazan la sumisión a la legalidad, a la jerarquía, a los explotadores, patronos o Estado, ya propongan la defensa del patrimonio nacional o un socialismo a la salsa rusa, francesa u otra, les reafirmamos que la lucha de clases es también la denuncia de todas las canalladas sindicales que negocian a nuestra costa el precio y la perpetuación de nuestra explotación. Por eso hay que, en todas partes:

- rechazar las ilusiones electoralistas, que son otros tantos llamamientos a someterse a la ideología dominante;
- rechazar todo consenso social, toda seudotregua electoral en nombre del interés nacional, por la democracia contra el fascismo;
- rechazar todo sacrificio, toda austeridad;
- romper las separaciones corporativistas, entre parados y no parados, entre hombres y mujeres, inmigrados o ciudadanos;
- exigir la reducción masiva del tiempo de trabajo, no para rentabilizar el aparato productivo, sino para impulsar el derecho inalienable a la pereza;
- exigir el aumento de los salarios reales sin tener en cuenta índice económico alguno;
- impulsar una verdadera solidaridad de clase basada en reivindicaciones comunes, con la sola perspectiva de la defensa de nuestros intereses de clase explotada.

Lo que proponemos aquí como consignas nos parece el mínimo que hay que poner en práctica para socavar directamente el fundamento de la sociedad capitalista, a saber, el trabajo asalariado, del que saca su beneficio. La batalla por la abolición del salariado, la destrucción de las fronteras, la desaparición de las clases y el advenimiento del comunismo se libra en este terreno.

Si a la clase capitalista, ávida de legalismo y de pacifismo social, la cita de marzo del 86 le ocupa ya la propaganda, a nosotros nos toca ocupar el terreno social mediante la fermentación de una ofensiva anticapitalista, nacional e internacionalmente.
