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Title: El aire del tiempo
Description: Sátira de la «Francia alegre» de Tapie y sus amigos, pragmática y patriota, frente a la «Francia triste» de los proletarios que se desloman trabajando o están en paro.
Date: 01/01/1986
Category: Alarme n.º 31-32
URL: https://marxismo.school/hemeroteca/alarme/1986-01-el-aire-del-tiempo
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*Alarme*, n.º 31-32, primer semestre de 1986 (pág. 5). [PDF del número completo](https://marxismo.school/assets/archivo/1958-93%20Hemeroteca%20del%20FOR/1978-93%20Alarme/alarme-n31-32.pdf) · [Texto original en francés](https://marxismo.school/hemeroteca/alarme/originales/1986-01-l-air-du-temps)

Hace frío y el anquilosamiento se instala en los hogares franceses.

«¡Viva el aburrimiento!», titula *Libération*, que para remate subraya la pobreza de una campaña electoral hipnótica. El discurso político y su encarnación empolvada y endomingada cansan, sin dejar por ello de cautivar a los espíritus helados.

Es la Francia triste, diría Tapie,[^1] el célebre promotor de la Francia alegre, moderna, emprendedora, creativa y, sobre todo, apolítica. ¡Qué contraste! Con la Francia alegre no solo se ríe y se canta, sino que además se actúa en todos los frentes. Sin embargo, para alistarse bajo su abigarrada bandera hay que templar los arrebatos políticos y dejar de repetir con fines partidistas que la patria está en peligro. La Francia alegre no conoce ni el miedo ni los problemas insolubles. Es agresiva y generosa, individualista y social.

¿Quién se atrevería a reprocharle su insolencia y su ingratitud de hija turbulenta de la Patria? Nadie, porque, en efecto, si la Francia alegre no tiene pelos en la lengua, al menos no escatima ni sus esfuerzos ni sus íntimas convicciones para propulsar a la Nación al *hit parade* de la competencia capitalista internacional. Hay que decirlo: la Francia alegre es ante todo pragmática, y por eso desprecia los grandes ideales y se presta tan fácilmente a todas las confusiones ideológicas y a todas las modas. ¡Qué le importa la amalgama repugnante del socialismo y el capitalismo, del individualismo y el arribismo, del internacionalismo y el antirracismo, del progreso social y la sopa boba! Por consiguiente, la Francia alegre tampoco es exclusivista, con tal de que se respete, contra toda teoría de clase, la ambiciosa divisa: «el fin justifica los medios». ¿No es así, señores Coluche, Harlem Désir, E. Maire y demás?[^2]

Y además la Francia alegre podría ser poderosa, pues son legión los que, de la extrema derecha a la extrema izquierda, aplican su máxima tribal.

«¡Si al menos dejaran de pelearse!», remacha gimiendo el proletario ante su televisor. Y la Francia alegre se enfurece de pronto: «Pobre idiota, decididamente no entiendes nada. La Francia triste eres tú».

La Francia triste es la de quienes se desloman trabajando o están en paro para la acumulación de una riqueza de la que los alegres juerguistas del éxito social se apropian cada vez más en nombre de la distracción y el disfrute público. Es la de aquellos por quienes el Estado, la patronal y los sindicatos se desviven negociando una explotación a la carta que aumenta los beneficios y perfecciona nuestra querida democracia. Y la Francia alegre entona su estribillo procaz: «Eh, proletario, siniestro lastre necesario, tu existencia es un insulto a la sociedad y transforma la jovial fiebre patriótica en una monótona lamentación estéril. Así que, puesto que por interés no podemos destruirte, te volverás flexible y serás cada vez más presa de las caricaturas de humanidad con las que comerciamos. Eh, vil mercancía, larga vida a la explotación capitalista, gracias a la cual nosotros, los aprovechados, destruimos tu voluntad y te chupamos la energía».

Entonces, proletario, ¿no es dulce el aire del tiempo, y no nos invita a salir por fin de nuestro sopor? Así es, pero que el sacrificio indispensable para esta revolución esté a la altura de nuestra miserable condición. Estrangulemos, pues, con nuestras reivindicaciones anticapitalistas a esa patria y a todos sus defensores, que asfixian a la humanidad. Que el aire del tiempo marque con su eco marcial el ritmo de la guerra de clases internacional, por la cual ejerceremos nuestra dictadura y destruiremos las desigualdades sociales. Que advenga un mundo sin clases.

«Somos nosotros los condenados de la tierra...»[^3]

[^1]: Bernard Tapie, empresario francés, figura mediática del éxito empresarial en los años ochenta.

[^2]: Coluche, humorista, fundador de los Restaurants du cœur (1985); Harlem Désir, presidente de SOS Racisme; Edmond Maire, secretario general del sindicato CFDT.

[^3]: «C'est nous les damnés de la terre...», eco del primer verso de *La Internacional* («Debout, les damnés de la terre»).
