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Title: La miseria del corazón
Description: Contra los Restaurants du cœur de Coluche: la caridad humilla a los proletarios y sirve al capital, mientras que solo la solidaridad de clase puede acabar con la miseria.
Date: 01/01/1986
Category: Alarme n.º 31-32
URL: https://marxismo.school/hemeroteca/alarme/1986-01-la-miseria-del-corazon
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*Alarme*, n.º 31-32, primer semestre de 1986 (págs. 8-9). [PDF del número completo](https://marxismo.school/assets/archivo/1958-93%20Hemeroteca%20del%20FOR/1978-93%20Alarme/alarme-n31-32.pdf) · [Texto original en francés](https://marxismo.school/hemeroteca/alarme/originales/1986-01-la-misere-du-coeur)

Tras tres meses de experiencia, los restaurantes de la mendicidad, más conocidos con el nombre de Restaurants du cœur,[^1] han cerrado sus puertas. A lo largo de esta experiencia, lanzada por el «filántropo» Coluche, miles de proletarios han visto su condición de seres humanos reducida a la vergüenza y a la humillación. Hoy asistimos a un nuevo estilo de promoción publicitaria para los hombres públicos: la organización de actos de caridad para promover su imagen de marca. Este tipo de campaña es un atentado contra la condición humana y solo sirve para que los proletarios se compadezcan de su suerte.

Parece necesario, para evitar toda confusión, distinguir entre caridad y solidaridad. Cuando los proletarios se movilizan para solidarizarse con sus hermanos de clase, es legítimo y obedece a una consciencia de clase cuyo objetivo es liberar a la humanidad. La solidaridad se manifiesta porque se pertenece a una misma clase y, sobre todo, porque se tienen los mismos intereses; a este respecto hay que señalar que parados y proletarios en activo tienen los mismos intereses de clase y deben estar unidos por el mismo combate. En cambio, todas esas campañas de «humanismo» solo sirven para hacer aún más miserable la condición de proletario. La caridad se desarrolla allí donde no existe la solidaridad proletaria, y permite a personajes tan bajos como Coluche forjarse una imagen de hormigón.

Pero este no es el aspecto más importante. Este tipo de campañas constituye una verdadera trampa en la que todo el mundo parece haber caído. Estas iniciativas debilitan las fuerzas del proletariado, que acaba creyendo que la caridad es «un don del cielo» y que hay que dar las gracias a esas almas caritativas que han tenido la bondad de ocuparse de sus miserias. Si este tipo de campañas existe con cierto éxito, es porque el proletariado no actúa en su terreno de clase. Por su parte, el Estado se regocija de este circo animado por payasos de corazón tierno, que son capaces de engañar[^2] a los proletarios que están en la miseria a causa del paro, impidiéndoles tomar consciencia de la injusticia abominable sobre la que descansa la sociedad capitalista, haciéndoles creer que vivimos en un mundo solidario. En una situación de miseria creciente del proletariado, el Estado presta todo su apoyo a este tipo de campaña. Esta sociedad solo puede reproducir relaciones mezquinas entre los individuos. Lo que se llama la «generosidad popular» no es más que compasión y lástima hacia quienes producen las riquezas del planeta y que, por la inhumanidad de este sistema, se encuentran en una miseria relativa o absoluta. A los proletarios menos desfavorecidos por tener un trabajo, y que han contribuido a esta campaña, les decimos que se equivocan de camino. Si quieren acabar con las injusticias, hay que barrer esas ilusiones de solidaridad denunciándolas como una inmensa mentira montada de arriba abajo y destinada a perpetuar su condición de proletarios miserables.

Al crear los Restaurants du cœur, Coluche supo interpretar las necesidades del capital, a saber, asegurar la supervivencia de esos miles de trabajadores privados de empleo, porque el mercado de trabajo podría necesitarlos más adelante. ¡No hay que dejar que revienten!

En toda esta historia de rostro humanitario, resulta aún más indignante comprobar que las 200.000 comidas distribuidas al día se componían de productos cuya fecha límite de venta había caducado y de excedentes agrícolas. Para la ocasión se aprovechan de ellos los clientes del Restaurant du cœur, cuando tradicionalmente sirven para alimentar a los animales.

¡No! Los proletarios no son mendigos ni marginados. Las riquezas que producimos los proletarios son hoy ampliamente suficientes para cubrir las necesidades de todos los individuos. Vivimos en una sociedad donde existen todas las condiciones para borrar la pesadilla de la pobreza, y solo la sociedad capitalista nos pone ante una situación tan grotesca: de un lado, los miles de toneladas de productos almacenados o destruidos por los países industrializados; del otro, la extensión cada vez mayor de la pobreza.

Decimos no a esas campañas que empeoran nuestra condición de asistidos y de minusválidos sociales.

Señor Coluche, su arrebato de generosidad puede guardarlo para otra ocasión; por ahora haría usted mejor en hacerse contratar en otro circo. No son migajas lo que queremos, sino la totalidad de la riqueza producida por nuestra clase social, de la que usted es uno de los que se aprovechan.

[^1]: «Restaurantes del corazón», comedores benéficos fundados por el humorista Coluche en el invierno de 1985-1986.

[^2]: El original dice «incapables de tromper», sin duda por error, pues el resto de la frase afirma lo contrario.
