---
Title: ¡Basta de pasividad! ¡Rompamos la concertación social!
Description: Octavilla encartada en el número: contra los ataques del capital y la concertación sindical, llamamiento a la autoorganización de los proletarios, con piquetes, milicias y asambleas independientes.
Author: Fomento Obrero Revolucionario
Date: 01/07/1986
Category: Alarme n.º 33
URL: https://marxismo.school/hemeroteca/alarme/1986-07-basta-de-pasividad-rompamos-la-concertacion-social
---


*Alarme*, n.º 33, julio-agosto-septiembre de 1986 (págs. 7 y 9, suplemento). [PDF del número completo](https://marxismo.school/assets/archivo/1958-93%20Hemeroteca%20del%20FOR/1978-93%20Alarme/alarme-n33.pdf) · [Texto original en francés](https://marxismo.school/hemeroteca/alarme/originales/1986-07-assez-de-passivite-rompons-la-concertation-sociale)

El capital ataca regularmente, y cada vez más brutalmente, nuestras condiciones de vida. Desde hace una decena de años, con la izquierda como con la derecha, el paro no deja de aumentar. Despidos, trabajo temporal, reducción del salario real, curros cada vez más degradantes, arrogancia de quienes contratan: ¡la patronal y el Estado no se quejan!

En la misma serie de ataques, los efectivos de la policía se multiplican, con más medios, más poderes y leyes represivas de contornos cada vez más difusos, cuya interpretación se deja al buen criterio de los prefectos. La represión de los inmigrantes y la revalorización de los símbolos patrióticos y nacionalistas, al son de los himnos a la libertad, son otras tantas obras maestras que debemos a los gobiernos que se han sucedido, cualquiera que fuera su color político.

Invariablemente se nos ha llamado a los sacrificios: apretarse el cinturón y ponerse las esposas, ¡ese es el programa del capitalismo para los proletarios! Las organizaciones que pretenden hablar en nombre de los trabajadores han vuelto a mostrar que son otros tantos órganos capitalistas *enemigos* de nuestros intereses: desde el P«C» y el P«S», que organizan los despidos y la represión, hasta los sindicatos, que han sabido cumplir perfectamente su papel: encuadrar a los proletarios para sabotear sus luchas, aislarlos y reducir sus reivindicaciones a eslóganes corporativistas o nacionalistas. Y, más que cualquier otro papel, los sindicatos deben negociar, y han negociado, las condiciones de compra, de venta o de desecho de la fuerza de trabajo, es decir, de los proletarios. Su función de engranaje del sistema es hacer posibles mediante la negociación las medidas que imponen las necesidades del capital. Encierran la lucha obrera en la lucha por el empleo, es decir, en la lucha *por ser proletarios explotados «como antes»*.

Pero no hay solución definitiva al empleo en el sistema capitalista, porque lo insoportable es la condición misma de proletario, en paro o creando plusvalía, de «cuello azul» o de «cuello blanco», inmigrante o autóctono, temporal o fijo, etc. Poner en cuestión nuestra situación de *esclavos asalariados*, o de aspirantes a serlo, es lo que permitirá hacer retroceder esos ataques y librar el combate en nuestro terreno: atacar la acumulación del capital e imponer nuestras medidas para acabar con el salariado, la propiedad, el capital y las clases.

Innumerables imbéciles, generosamente pagados por ello, hablan todos los días de la inexistencia del proletariado o de su desaparición, pero no pierden ocasión de asimilar la acción de ese proletariado (siempre supuestamente inexistente) a la delincuencia, hasta el punto de que una simple huelga se considera una toma de rehenes. ¡Como si el capital no tomara nuestras vidas como rehenes con las amenazas de despido, como si no tratara de aterrorizarnos con las amenazas de expulsión!

Pero es que, de hecho, nunca la clase obrera ha sido *potencialmente* tan poderosa.

Los capitalistas necesitan todos sus aparatos para vencer al proletariado, porque en cuanto se moviliza paraliza la producción y perturba el equilibrio político y económico del mundo. Y aun así tiemblan mientras el aplastamiento no sea seguro. Así, en Polonia hizo falta la acción conjunta y cómplice de la Iglesia, de Solidarność y del partido-Estado para tranquilizar al mundo capitalista.

Porque lo que teme la siniestra trinidad de este sistema, patronal-Estado-sindicato, es la acción del proletariado. Mientras los trabajadores sigan manipulados por los sindicatos o la Iglesia, o deslumbrados por cualquier ilusión de «liberalización» o de «izquierda popular», esa siniestra trinidad, a pesar de su miedo, sabe confusamente que su poder no está seriamente amenazado. Pero el capital teme la fuerza del proletariado y su capacidad para burlar a los manipuladores y romper las ilusiones.

Todos los que hablan del fin de la clase obrera son los que tienen miedo de verla manifestarse, rechazando todo sacrificio y toda concesión a sus explotadores y organizándose contra los sindicatos, la patronal y el Estado.

No, la clase obrera no ha muerto, pero lo que aún no ha nacido es su organización. La autoorganización es indispensable: reunirse, definir por nosotros mismos los objetivos de la lucha y los medios de alcanzarlos. Definir la oportunidad y la naturaleza de los golpes que asestar, hacia dónde y con quién extender el movimiento, etc.

Hay que definir por nosotros mismos los objetivos, es decir, como mínimo, la negativa a negociar los sacrificios (sobre todo los despidos) y la indiferencia ante la situación económica de la empresa o del país. Aceptar preocuparse por ella es solidarizarse con los planes de explotación del capital y prepararse despidos y ataques más duros para mañana.

Por eso no basta con oponerse a los partidos (de la extrema derecha a la extrema izquierda) y a los sindicatos (de la CGT a la CSL, pasando por FO y la CFDT) o desbordarlos. Tenemos que coordinarnos sin ellos y contra ellos, crear piquetes y milicias que solo rindan cuentas a asambleas no sometidas a las directivas sindicales, etc. Gracias a nuestra propia organización podremos rechazar los despidos, imponer la contratación, hacer cesar la actividad de las ramas de producción parasitarias o nocivas y trasladar la actividad de los trabajadores de esas ramas (por ejemplo: bancos, finanzas, seguros, policías, ejércitos, etc.) para disminuir radicalmente el tiempo de trabajo. Ese es el primer paso hacia la solución del problema del paro y del sobretrabajo. Solo la clase obrera puede adelantar esa solución, y *tendrá que imponerla*. Asimismo, nuestra organización nos dará la fuerza para hacer la huelga de alquileres y movilizarnos contra los desahucios, requisar las instalaciones y los productos necesarios para la continuación y la extensión de un movimiento, preparar una huelga, una manifestación, etc.

Sin una organización capaz de definir, extender y profundizar la lucha, seremos incapaces de resistir los golpes que nos asesta el capital con sus polis, sindicatos, patronos, etc.

No podemos ni debemos contar más que con nuestras propias fuerzas para acabar con este sistema mundial de explotación y de opresión.

PROLETARIOS DE TODOS LOS PAÍSES, UNÍOS, SUPRIMID LAS POLICÍAS, LOS EJÉRCITOS, LA PRODUCCIÓN DE GUERRA, LAS FRONTERAS, EL TRABAJO ASALARIADO.

ARMAS, PODER, ECONOMÍA AL PROLETARIADO

Fomento Obrero Revolucionario
