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Title: Perú: el Estado reprime a una de sus fracciones
Description: A raíz de la matanza de presos senderistas en las cárceles de Lima en junio de 1986, crítica del gobierno de Alan García y de Sendero Luminoso como dos fracciones del capital frente al proletariado.
Date: 01/10/1986
Category: Alarme n.º 34
URL: https://marxismo.school/hemeroteca/alarme/1986-10-peru-el-estado-reprime-a-una-de-sus-fracciones
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*Alarme*, n.º 34, octubre-noviembre-diciembre de 1986 (págs. 14-16). [PDF del número completo](https://marxismo.school/assets/archivo/1958-93%20Hemeroteca%20del%20FOR/1978-93%20Alarme/alarme-n34.pdf) · [Texto original en francés](https://marxismo.school/hemeroteca/alarme/originales/1986-10-perou-l-etat-reprime-une-de-ses-fractions)

El pasado 28 de julio, el aniversario del gobierno capitalista de Alan García se celebró al ritmo de la Libertad, la Igualdad, la Fraternidad y la *Marsellesa*. El balance de este gobierno —afiliado a la Internacional «Socialista» «renovada»— se salda con un crecimiento cada vez mayor de la represión y de la actividad habitual de los militares: la intimidación, la violencia y el asesinato. En este marco hay que situar el violento ataque y el exterminio de los «presuntos» detenidos senderistas en las tres cárceles de Lima[^1]. La crueldad y los métodos empleados por el bando de las fuerzas de represión, en particular en la cárcel de El Frontón, muestran por un lado la preocupación por exterminar físicamente a los terroristas de Sendero Luminoso y son, por otro, la respuesta del gobierno a la misma crueldad y violencia que ese movimiento ha desencadenado en cada ciudad, pueblo o caserío campesino. El objetivo de Sendero Luminoso es obligar a hombres, mujeres y niños a obedecerle, y en particular al camarada presidente Gonzalo[^2], guía y pensador de la creación de la nueva democracia en el Perú.

Las raíces de Sendero Luminoso, para los sociólogos, historiadores y demás «intelectuales», se hallan en el vacío que separa el desarrollo económico occidental de la ciudad del del campo. Añádase una pizca de cuestión racial entre el blanco, el criollo descendiente del español opresor, que denigra y somete al indio de antaño convertido en el miserable de hoy, y se obtendrá con toda naturalidad, como salsa de esta ensalada, la aparición de Sendero Luminoso, reacción contra Occidente y contra la clase blanca y criolla que detenta el poder. Sin embargo, esta explicación, y otras del mismo tenor, no nos permite acercarnos a las causas reales de su aparición, pues solo nos da una interpretación superficial en el marco de un capitalismo visto como fenómeno de una opresión milenaria circunscrita al Estado peruano.

La existencia de Sendero Luminoso, como la de otros grupos terroristas de América del Sur o de Europa, se debe indudablemente al fracaso de la revolución rusa y al peso de la contrarrevolución stalinista, que sigue todavía desorientando conscientemente a la clase obrera. Ese fracaso entraña una separación mayor entre las bases materiales que ofrece el sistema capitalista decadente y el ser humano. Es decir, entre el crecimiento de las fuerzas productivas y la ausencia de desarrollo social para los hombres y con ellos. Esta razón hace todavía más imperiosa la necesidad de la revolución comunista, así como la necesidad de afirmar que las bases materiales de esa revolución social están más que maduras para que ella, y solo ella, esté a la orden del día. Vamos a traducir concretamente estas ideas, que parecen abstractas y generales y podrían dar la impresión de que nos alejamos del tema.

La industrialización de los años sesenta permitió un desarrollo cuantitativo y cualitativo de la clase obrera, una mayor selección y consciencia de sus intereses de clase. Sin embargo, por un lado los stalinistas y los apristas (del A.P.R.A.: Alianza Popular Revolucionaria Americana) en los sindicatos y, por otro, los trotskistas —procastristas— pesaron cada uno a su manera con todo su peso contra la transformación de la clase en sí en clase para sí. En los años setenta, el P«C» apoya a fondo todas las reformas capitalistas emprendidas por el gobierno militar, declarando como siempre que «la hora de la revolución empieza por arriba». Por su parte, los trotskistas de todo pelaje apoyaron públicamente, salvo algunas piruetas, todas o casi todas las reformas del programa capitalista del gobierno militar. Esto muestra la ausencia de todo contenido revolucionario en el programa trotskista desde hace ya algunas décadas. En los años ochenta se agrava la crisis institucional del Estado, buena ocasión para que los partidos de izquierda, los sindicatos y los izquierdistas la resuelvan en provecho de la democracia capitalista, ahogando rápidamente las huelgas y manifestaciones contra el régimen con un *pacto* entre esas organizaciones y el gobierno para establecer una asamblea constituyente.

Esta clara y neta opción por la democracia del capital impedirá por un lado la cristalización de un polo revolucionario y, por otro, activará todavía más la deserción, fuera de las organizaciones citadas, de elementos y sectores que empezaban a radicalizarse al final del régimen militar. El resultado fue una mayor desorientación de la clase, consecuencia de una mayor audiencia de Sendero Luminoso. Este se presentará como una respuesta, es decir, como la de quienes contemplan la revolución frente a quienes miran hacia la democracia del capital. De manera opuesta e igualmente contraria a los intereses del proletariado, los stalinistas, maoístas, trotskistas, etc., nos presentan el Perú como el escenario de una lucha entre la democracia capitalista, que dicen representar, y Sendero Luminoso. Sin embargo, lejos de todo eso, el proletariado sigue peleando en todos los frentes a pesar de sus «propios» dirigentes y de los límites que el capital le impone: huelgas en las minas, los servicios públicos, la sanidad, la enseñanza, etc.

El origen de Sendero Luminoso se sitúa en la disputa entre los stalinistas rusos y chinos. Así, en casi todos los países los P«C» se escindirán, siguiendo a sus amos respectivos. La fracción de Abimael Gonzalo no permanecerá mucho tiempo en el grupo prochino y formará su propio grupo, rompiendo por diferencias de aparato sin contenido ideológico. El grupo senderista, formado por estudiantes provincianos de la Universidad de San Marcos (Lima) y de Ayacucho, apoyará en China a la fracción de la «banda de los cuatro» y no a la que está en el poder, detalle importante que desarrollaremos más adelante.

En efecto, el programa de Sendero Luminoso parece maoísmo «puro». El Perú sería un país semifeudal, de lo que se seguiría la necesidad de la unión de las cuatro clases contra el imperialismo (americano). De ahí se deduce que el sujeto revolucionario es el campesino y que en la lucha enseñará a la clase obrera el camino de la revolución. La clase obrera es, pues, demasiado débil e incapaz de luchar por sus intereses y por los de las demás clases. Con este contenido, Sendero Luminoso pretende ser el único partido de la revolución, el que conducirá a las masas a la victoria final. Ese partido lo es todo, piensa por todos y es indestructible. Por supuesto, todo este análisis es completamente falso. Si, por ejemplo, en 1917 algunos revolucionarios, que solo tenían en cuenta la desproporción numérica entre el campesinado y el proletariado rusos, dudaban de la posibilidad de una revolución proletaria y socialista, negar hoy esa posibilidad es ponerse completamente del lado de los defensores del capital. Los senderistas, maoístas y demás stalinistas tienen en común definir la revolución (¡cuando se refieren a ella!) como capitalista y por etapas. Evidentemente, las condiciones materiales de la revolución socialista están hoy maduras en todas partes.

En el Perú, como en el mundo entero, no existe zona alguna que no haya sido integrada en el sistema capitalista, en cuyo seno, y en reacción contra él, se encuentra la única clase potencialmente revolucionaria, el proletariado. El proletario sufre la negación de su existencia como ser humano en su expresión extrema de explotación y alienación, pues solo se le considera una mercancía más en la relación social inhumana del capital y el trabajo. La negación por el proletariado de la negación de su vida que le inflige el capital equivale a la afirmación del comunismo como expresión del fin de su explotación y de la liberación de la humanidad.

Esta explicación necesaria debe sumarse a la demostración de que la única clase revolucionaria y motriz de la revolución es el proletariado y no el campesinado, que siempre ha luchado por sus intereses personales, la obtención de un pedazo de tierra, al contrario de los intereses sociales e internacionalistas del proletariado, que busca acabar con la explotación dentro y fuera de las fronteras nacionales. Más aún, los campesinos en armas han desempeñado en casi todas las ocasiones el papel de la contrarrevolución, contrariando las aspiraciones comunistas del proletariado.

De este modo, Sendero Luminoso y todas esas fracciones del capital que sostienen que el campesinado o las clases medias son o pueden considerarse una clase revolucionaria se sitúan fuera del movimiento comunista y contra él. Por otra parte, es fácil comprobar que en el abanico de las distintas formaciones de izquierda, desde el stalinismo hasta los trotskistas pasando por el senderismo, hay un rasgo común: la toma del poder político por el partido-Estado. Su consecuencia natural sería su incrustación como casta parasitaria y explotadora, cuya perspectiva sería la continuidad del sistema capitalista en su expresión más decadente: el capitalismo de Estado.

Otro aspecto importante que hay que señalar es que, incluso en la situación hipotética de que Sendero Luminoso preconizara una autonomía y una independencia políticas respecto de los Estados Unidos y de Rusia, no sería más que un engaño más, el cebo para incautos de quienes siembran ilusiones sobre un grupo stalino-maoísta arcaico, bestial y retrógrado. La polarización entre los bloques ruso y americano es cada vez más fuerte. No por ello están en contradicción, porque los une el mismo sistema capitalista de explotación; pero eso no impide la lucha entre ambos bloques por la dominación del mundo. Si Sendero Luminoso no está todavía comprometido con ningún bloque imperialista, se verá sin embargo obligado a hacerlo, pues no es una organización revolucionaria, sino stalinista, dispuesta a llevar al extremo la explotación del proletariado dejando intacto el sistema capitalista.

Hay que dejar bien sentado que hoy, en el Perú, la lucha no se circunscribe a la que enfrenta a la democracia y a Sendero Luminoso, que no son sino dos fracciones del capital. El proletariado existe, pero está desorientado por la presión del Estado y, sobre todo, de «sus» direcciones contrarrevolucionarias stalino-trotskistas. Ha mostrado, sin embargo, su capacidad de lucha a través de múltiples manifestaciones. El proletariado tiene que desprenderse de esas direcciones y luchar contra ellas para poder extender sus luchas, cuyo contenido forjará un programa comunista de reivindicaciones sin solución de continuidad hasta la revolución social, atacando de lleno al sistema capitalista en su base material.

[^1]: Los motines de los presos de Sendero Luminoso en las cárceles de Lurigancho, El Frontón y Santa Bárbara (Callao), los días 18 y 19 de junio de 1986, sofocados por las fuerzas armadas con la muerte de varios centenares de presos.

[^2]: Abimael Guzmán, el «presidente Gonzalo», fundador y jefe de Sendero Luminoso; el original lo llama «Abimaël Gonzalo».
