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Title: La Seguridad Social: ¡estafa, injusticia, coacción!
Description: Contra el mito de la Seguridad Social como «conquista obrera»: la parte patronal de las cotizaciones no es más que un medio de garantizar la explotación, y el proletariado debe luchar contra la reducción de las prestaciones fuera de los sindicatos y por el comunismo.
Date: 01/04/1987
Category: Alarme n.º 36
URL: https://marxismo.school/hemeroteca/alarme/1987-04-la-seguridad-social-estafa-injusticia-coaccion
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*Alarme*, n.º 36, abril-mayo-junio de 1987 (págs. 1-4). [PDF del número completo](https://marxismo.school/assets/archivo/1958-93%20Hemeroteca%20del%20FOR/1978-93%20Alarme/alarme-n36.pdf) · [Texto original en francés](https://marxismo.school/hemeroteca/alarme/originales/1987-04-la-secu-escroquerie-injustice-contrainte)

«Según la Agencia Central de los Organismos de Seguridad Social, el próximo mes de octubre no quedaría ni un céntimo para reembolsar a los enfermos o pagar las pensiones...», informa *Le Canard enchaîné* del 15-4-87. De ahí la idea del gobierno francés de organizar este año unos estados generales de la Seguridad Social, dirigidos principalmente al régimen general de los asalariados y a sus 25.000 millones de déficit.

En comparación con los sistemas extranjeros de protección social, cuando existen, los asalariados franceses están, por chovinismo, generalmente orgullosos de su Seguridad Social. Sin embargo, si no estuviera aureolada con el título elástico de «conquista obrera», la Seguridad Social francesa no sería para la clase obrera más que un soberbio revelador de la injusticia social y de la falta de libertad. Todos los obreros lo sienten, las críticas y los chistes sobre la «Secu» abundan, pero ninguno lo dice cuando habría que decirlo, es decir, cuando se trata de reaccionar contra las reducciones de las prestaciones sociales. Esta pérdida de memoria tiene explicación. La parte patronal de las cotizaciones destinada a financiar el régimen general, y la falsa idea anticapitalista ligada a ella, desempeñan en parte el papel de parapeto contra un cuestionamiento violento.

En una palabra, o casi: para la clase obrera la Secu no es tan justa como parece, pero mientras los patronos estén obligados a pagar por ella hay que defenderla tal como es, antes de poder mejorarla votando a tal partido o a tal sindicato que, puestos a su cabeza, sabrán orientarla hacia una mayor equidad.

Para batallar contra las falsas ideas de la clase obrera sobre la Secu, nos parece útil dar antes un rodeo por las últimas propuestas del ministro de Asuntos Sociales, Séguin. Por una parte, porque ya se perfilaban cuando la izquierda estaba en el gobierno, y hoy esta pretende oponerse a las medidas antisociales. Por otra, porque muestran la escasa originalidad de los tecnócratas capitalistas de derecha o de izquierda, y también la degeneración del capitalismo.

En primer lugar, recordemos, pues, que fue la izquierda la que introdujo la tasa hospitalaria diaria no reembolsable (el *forfait hospitalier*), que alineó las tarifas de la asistencia pública con las más onerosas de la medicina liberal, que convirtió multitud de medicamentos en medicamentos llamados «de confort», peor reembolsados, y que, por último, organizó campañas de caza de las bajas laborales con la bendición de E. Maire y de la CFDT. Así que, proletarios, ¡adelante, VOTAD! Hoy la derecha ha tomado el relevo, a petición de los sindicatos de médicos, que reclamaban la reducción de los reembolsos del 100 %, y espera también colmar el déficit de 25.000 millones a costa de los obreros. En cuanto al déficit, Séguin, imitando en esto a su predecesor «socialista» Bérégovoy, está montando también una operación engañosa, puesto que se atreve a hablar de justicia fiscal gravando con un 1 % las rentas del capital. Según *Le Canard enchaîné* del 15-4-87, esta exacción apenas reportaría 2.600 millones de francos. En cambio —y es ahí donde la pretendida justicia debe brillar con todo su esplendor, puesto que 1 = 1—, Séguin prevé también una deducción del 1 % sobre las rentas de los asalariados y de los... jubilados, que por su parte debe reportar unos 20.000 millones de francos. ¿Justicia? Hace dos siglos, un revolucionario burgués, Robespierre, expresaba así su concepción de la justicia social:

> «*Los socorros indispensables a quien carece de lo necesario son una deuda de quien posee lo superfluo.*»

Hoy los tecnócratas capitalistas dicen:

> «*¡Un 1 % en todas partes! Tal es la justicia fiscal, social...*»

Y añaden, como Séguin en las ondas de Europe 1 el 8 de marzo:

> «*Si los franceses prefieren comer medicamentos antes que carne roja, no veo por qué habría de prohibírselo. Solo les pido que asuman su elección.*»

Nos imaginamos a qué categoría de franceses se refiere, porque los capitalistas, ellos, pueden atiborrarse a la vez de medicamentos y de carne roja. Una vez más, Séguin no es muy original, salvo por su cinismo, pues la idea está en boca de todos los políticos que han de afrontar el agujero de la Secu: el populacho es tan imbécil o tan pérfido que arruina la institución y los esfuerzos del tecnócrata. Dejemos, pues, al revolucionario burgués ya citado el cuidado de responder, y apreciemos el grado de involución del capitalismo:

> «*Toda institución que no suponga al pueblo bueno y al magistrado corruptible es viciosa*», decía Robespierre.

Ciertamente, el deber actual de los revolucionarios no es decir que la Seguridad Social es una institución viciosa, aunque esta historia del déficit perpetuo parezca más bien turbia y aunque salgan regularmente a la superficie casos de corrupción o de financiación encubierta, de los que por cierto los sindicatos «obreros» no son los últimos en aprovecharse. No: el deber de los revolucionarios proletarios es afirmar contra viento y marea que la Secu no es una conquista obrera, aunque juzguen necesario y deseable que la clase obrera se defienda contra la reducción de las prestaciones sociales. Porque, después de todo, en última instancia, a causa de esa falsa denominación de conquista obrera, la clase obrera correrá el riesgo de aceptarlo todo con tal de que viva la Secu. Si la CFDT se permite hablar alegremente de sacrificios necesarios a cambio de pretendidos avances (*Le Monde* del 3-3-87), es porque tiene un público, y no solo en los ministerios. Así pues, una vez más, y por otras dos razones de peso, la Secu no es una conquista obrera.

En primer lugar, la Seguridad Social extendida a todas las categorías de asalariados es una concesión que el capitalismo hizo, en el periodo de entreguerras, al ardor reivindicativo del proletariado. Sin embargo, en aquella época lo que estaba en juego para el proletariado, no solo francés sino internacional, era la revolución socialista mundial. Hizo falta todo el peso de una contrarrevolución rusa que pasó inadvertida o incomprendida, y toda la potencia contrarrevolucionaria de los stalinistas del mundo entero, que usurpaban el socialismo, para hacer admitir al proletariado que debía contentarse con supuestas «ventajas» sociales, algunas de las cuales, como la Secu, fueron realmente consolidadas por De Gaulle en 1945. Por otra parte, esta «conquista», la Secu, se introdujo después en otros países sin que interviniera el proletariado, e incluso después de que este sufriera una terrible derrota. Así, en España fue Franco quien institucionalizó la Seguridad Social. En Francia, los burócratas sindicales acabaron por tener asiento, y lo siguen teniendo, en el consejo de administración de la Secu. Mientras tanto, los obreros tenían y tienen que conformarse con míseras «ventajas» que no guardan relación con lo que habrían podido realizar socialmente si hubieran sabido tomar el poder contra los stalinistas. Lo comprobamos: la Secu es en realidad una conquista de los stalinistas y de los sindicatos sobre la clase obrera, y es un vestigio de la derrota del proletariado mundial.

Si tuviéramos que admitir entonces que es una conquista obrera, nada nos impediría admitir, con todo absurdo y por comparación sumaria, que el impuesto sobre la renta es una medida netamente socialista, puesto que en muchos aspectos está menos marcado por el sello de la injusticia. En efecto, el impuesto es progresivo y proporcional a la renta, mientras que las cotizaciones sociales son regresivas por encima de cierto tope (un director general cotiza, pues, relativamente menos que un trabajador con el salario mínimo). Esto nos lleva a nuestra segunda razón, de orden económico, que acusa a la Seguridad Social francesa de ser una pura infamia capitalista. Todo el mundo sabe que el régimen general de los asalariados se financia con las cotizaciones salariales y patronales. Por la contribución patronal, todo el mundo se imagina que la Seguridad Social se basa, en parte, en una idea anticapitalista. No hay nada más falso ni más antisocialista. Expliquémonos. La parte patronal de las cotizaciones es un porcentaje de la masa salarial destinado, por intermedio de la Secu que lo cobra, a cubrir los gastos de salud de los obreros o sus pérdidas de ingresos por enfermedad. Igual que la cotización salarial, contribuye a garantizar a los obreros un mínimo de salario para que puedan, más mal que bien por cierto, conservar y reproducir su fuerza de trabajo en caso de enfermedad. Para el sistema capitalista en general, las cotizaciones sociales, patronales y salariales, deben ser, pues, el seguro de una fuerza de trabajo regenerada a pesar de la enfermedad y la garantía, cada vez menos perturbada, de sustanciosas ganancias futuras. Nada distingue, pues, una y otra parte de las cotizaciones, salvo que la parte patronal no aparece en la nómina de cada obrero y que no se abona a la Secu con la periodicidad de los salarios. Esto en cuanto al principio, que muestra que la parte patronal no es un regalo hecho a los obreros, puesto que debe garantizar su explotación, sin la cual, por cierto, y sin su intensidad actual, no existiría parte «patronal», como tampoco seguro de enfermedad, sistema de pensiones u otras pretendidas «ventajas», miserables en comparación con las ganancias. En la práctica, es decir, considerando el capitalismo en sus aspectos particulares, nos damos cuenta incluso de que la parte llamada «patronal» es en realidad un regalo de los obreros a los capitalistas, porque muchos de estos consiguen eximirse de sus cargas sociales gracias a frecuentes medidas gubernamentales de las que la derecha no tiene la exclusiva. Y eso no es todo. Recientemente, un periodista, J. J. Dupeyroux, considerando que la parte «patronal» participa, como la parte salarial, en el mantenimiento de los obreros, dijo de ella que es un camuflaje de ese mantenimiento (*Le Monde* del 15-4-87). Su objetivo, reaccionario, era hacer aparecer esa parte, desglosándola, en las nóminas, para incitar a los obreros a reducir sus gastos de salud. Pero, en fin, llegaba con sus cuentas a esta conclusión:

> «*La seguridad social en sentido amplio cuesta más de 4.000 francos al mes a un hogar de trabajadores con el salario mínimo.*»

Y nuestro periodista, educador torpe y reaccionario, se detenía ahí, o casi. Para nosotros, estas cuentas revelan toda la aberración del capitalismo. En efecto, significan que el hogar de trabajadores con el salario mínimo trabaja (y no gasta, en sentido estricto) cien veces más para poder curarse que para escolarizar a sus hijos o educarse personalmente, y ello sin libertad alguna para modificar esa relación delirante. Se apreciarán en su justo valor los discursos que hacen depender una buena gestión de la Secu de la educación de los asegurados. Además, preguntamos: ¿qué patrón, qué especulador comprometería semejantes proporciones de sus ingresos (a falta de trabajo) para estar él mismo cubierto contra la enfermedad o la vejez?

Por consiguiente, lejos de ser una medida anticapitalista, la contribución patronal multiplica por dos o por tres lo que los obreros ya sospechan, a saber, que la Seguridad Social no es más que ESTAFA, INJUSTICIA, COACCIÓN. Todos los que hablan de ella como de una «conquista obrera» son reaccionarios redomados, empezando por la CGT, que convocaba a manifestarse sobre este tema con la consigna: «La Secu es la vida». De todos modos, con esta operación la CGT se ocupaba más de redorar su blasón y el del P«C»F. Pero la CGT, también ella, tiene sus soluciones milagrosas para colmar el agujero de la Secu, soluciones supuestamente «obreras», ni que decir tiene. Según *Le Monde* del 24-3-87, la CGT propone, entre otras cosas, gravar los beneficios de las empresas. Eso significa que, para estar cubiertos contra la enfermedad, los obreros tendrán que aumentar con su trabajo las ganancias de los capitalistas y que, por tanto, tendrán que estar más explotados. ¡Bravo, Krasucki! Cuanto más explotados estén los obreros, más enfermos estarán, ¿no es verdad? Y tú replicas: ¡cuanto más enfermos estén, más tendrán que ser explotados! Siniestra lógica, falsamente realista, de todos los que no vislumbran salida revolucionaria inmediata, o cuya función, como la de los sindicatos, es cerrarle el paso. Al paso que van estos defensores de las pretendidas «conquistas obreras», la Secu acabará convirtiéndose en una funeraria, y la victoria de los obreros será tener su sitio en el cementerio. La Secu es la vida, ¿no?

Cuando las capacidades de producción han alcanzado hoy tal potencia que por fin le sería posible a la humanidad satisfacer y armonizar todas sus necesidades, unos sugieren aumentar la explotación y otros elegir entre los medicamentos y la carne roja. De las sugerencias de unos y otros resulta que la supervivencia de las relaciones de producción capitalistas hace retroceder a la humanidad en comparación con su evolución técnica. Por consiguiente, la clase obrera, que produce todas las riquezas de la sociedad y que sufre todas las aberraciones de un sistema social caduco, tiene necesariamente que luchar por satisfacer sus necesidades, que el capitalismo es cada vez más incapaz de garantizar. Sin embargo, esta lucha es inseparable de un combate por un tipo de sociedad superior, libre de la explotación capitalista y hecho posible por el desarrollo técnico.

Por eso decimos:

- ¿Defender la Secu, esa institución devoradora que permite a todos los canallas capitalistas, sindicatos incluidos, dominar a la clase obrera? ¡NO!

¿Combatir, excluyendo violentamente a los sindicatos, las reducciones de las prestaciones sociales como otras tantas disminuciones de los salarios realmente percibidos, y exigir mejores reembolsos, sin consideración alguna por las finanzas de la Secu? ¡SÍ!

Y el proletariado debe, pues, reivindicar también:

«¡Menos trabajo y más paga!»

¡Menos trabajo!, y así el proletariado se expondrá menos al cansancio, a la enfermedad y a los trastornos de la personalidad, verdaderos males de sociedad para los proletarios.

¡Más paga!, y así el proletariado podrá hacer frente más rápidamente a sus gastos de salud, sufriendo menos las trabas y las humillaciones de las administraciones.

Con estas reivindicaciones, que realzan su dignidad si se inscriben en un combate anticapitalista, el proletariado ganará así en libertad, pues podrá dedicarse a todas sus necesidades y consumir tanto, si no más, para su propia cultura como para su salud. La proclamación y la realización de estas reivindicaciones, sin consideración alguna por unas instituciones que habrán de ser destruidas revolucionariamente, preparan, pues, al proletariado para reorganizar toda la sociedad sobre bases humanas y no mercantiles. Solo una sociedad libre de la ley de la ganancia será capaz de garantizar la seguridad de la humanidad contra los estragos de la enfermedad o de la vejez, tanto más cuanto que se habrán eliminado las grandes plagas de la inseguridad, como las hambrunas o las guerras. Además, la humanidad tenderá entonces a distinguirse por el brote de todas las necesidades hasta entonces sofocadas por las preocupaciones estrictamente materiales.

¡La revolución socialista es la vida!
