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Title: ¡Feliz año y buena salud, proletarios!
Description: Editorial de fin de año: la miseria espectacular y patrocinada de 1987 y la única solución, la expropiación de los medios de producción por el proletariado.
Date: 01/07/1987
Category: Alarme n.º 37-38
URL: https://marxismo.school/hemeroteca/alarme/1987-07-feliz-ano-y-buena-salud-proletarios
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*Alarme*, n.º 37-38, julio-diciembre de 1987 (págs. 1-3). [PDF del número completo](https://marxismo.school/assets/archivo/1958-93%20Hemeroteca%20del%20FOR/1978-93%20Alarme/alarme-n37-38.pdf) · [Texto original en francés](https://marxismo.school/hemeroteca/alarme/originales/1987-07-bonne-annee-bonne-sante-proletaires)

Entre los diversos accidentes ecológicos, la guerra Irán-Irak que se prolonga, las matanzas de población en Haití, la crisis bursátil y otras dichas, el año 87 ha sido fértil en horrores cotidianos. La prensa se ha encargado de destilárnoslos con la banalidad que se ha vuelto propia de una sociedad espectacular ávida de vender la miseria como un producto cualquiera. ¡Porque la miseria da dinero! Y cuanto más pública es, más la patrocina una amplia franja de empresas cuyo nombre o sigla viene a yuxtaponerse cínicamente a imágenes de angustia y de desesperación: el tradicional París-Dakar es cada año el ejemplo más repugnante. Ese collage monstruoso entre la miseria anacrónica de una sociedad caduca y las empresas que favorecen esa miseria o se benefician de ella es uno de los numerosos signos morbosos que condenan y denuncian la barbarie de la sociedad capitalista.

Esta innoble mascarada pretende en realidad sofocar el carácter sórdido de la miseria moderna. Se instala en el lugar de una indignación real de millones de individuos para ahogar esa necesidad de humanidad de la que cada día se nos desposee más, embolsándose de paso la prima de «buen humanismo». La urgencia de la necesidad de humanidad se hace sentir cada día más frente a los ataques de la clase capitalista contra la supervivencia misma de la especie. En diversos grados, la situación del proletariado internacional nunca ha sido tan asquerosa en comparación con la riqueza social existente y potencial de hoy. Esta situación no puede sino agravar el conjunto de la miseria social, porque el proletariado y la explotación de su fuerza de trabajo son lo que realmente está en juego en una salida capitalista o comunista a la lucha de clases y al movimiento de la sociedad.

Cualquiera puede justificar de un modo u otro las taras de este mundo y alegar el «mal necesario e inevitable» propio de toda civilización, escudarse en cualquier «realismo» o «mal menor». Pero nadie podrá refutar el increíble anacronismo de una sociedad todavía dividida en clases, separada por fronteras, de producción anárquica y abocada a una regresión que ningún progreso técnico puede aliviar, porque este está irremediablemente consagrado a la búsqueda de una rentabilidad mercantil.

¡De este anacronismo hay que hacer tabla rasa! Y ahora más que nunca, cuando la farsa del desarme está en su apogeo y enrola a una amplia proporción de jóvenes proletarios en la no violencia capitalista, la tarea de la clase obrera, en cuanto clase explotada, es afirmar la naturaleza de su propia miseria, con la publicidad que le ha conferido su lugar en las relaciones de producción: una práctica de clase que debe plantear la cuestión de la expropiación violenta de los medios de producción, hoy al servicio exclusivo de la clase capitalista, y, más allá, del capital mismo.

La necesaria consciencia de clase del proletariado no puede circunscribirse a la sola defensa de sus intereses nacionales e inmediatos. Debe ser revolucionaria, es decir, estar completamente vuelta hacia su propia negación como clase, afirmando a la vez su papel histórico de clase portadora de la destrucción de toda forma de explotación del hombre por el hombre. Desde esta óptica, la subversión del orden capitalista, que reduce la supervivencia de la humanidad al poder adquisitivo y a la competencia mercantil, se plantea exclusivamente como la negación práctica de todos sus componentes: político, económico, social e intelectual. Subversión total de la sociedad, que implica la de todas las organizaciones políticas y sociales que ponen en tela de juicio la desaparición de la explotación asalariada como única tarea que asignar al proletariado. Planteado así claramente el objetivo histórico, el movimiento comunista romperá por sí mismo las numerosas trabas que atan la consciencia de clase de los proletarios a las mistificaciones sindicales y pseudosocialistas, todas capitalistas y reaccionarias.

Reintroduciendo en sus combates de clase una solidaridad real, no la caridad ni el corporativismo, el proletariado está en condiciones de desvelar la naturaleza real de su explotación, derribando con ello todas las formas políticas engañosas sobre la representatividad en el seno de la sociedad. Democracia, fascismo, dictadura militar o del Partido-Estado se mostrarán entonces por lo que son: la unidad de clase de los explotadores contra los explotados para someterlos a su hambre de ganancias y, por tanto, de pauperización absoluta y relativa.

Siempre se puede llorar por la miseria del mundo, hacer campañas espectaculares de caridad: el problema sigue sin solución, como no sea dar buena conciencia a quienes «dan». La única solución reside en la expropiación de los medios de producción; no admitirlo o negarse a promoverlo multiplicará esa misma miseria que «se» denuncia, refrendando a la vez la sumisión de los individuos a la esclavitud asalariada y, de hecho, la perpetuación de un mundo enfermo de su riqueza y de su egoísmo.

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