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Title: Argelia, nación independiente
Description: Sobre la represión de los motines de octubre de 1988 en Argelia, que pone al desnudo la ilusión de la liberación nacional y la complicidad de quienes apoyaron al FLN.
Date: 01/04/1988
Category: Alarme n.º 40-42
URL: https://marxismo.school/hemeroteca/alarme/1988-04-argelia-nacion-independiente
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*Alarme*, n.º 40-42, abril-diciembre de 1988 (págs. 14-15). [PDF del número completo](https://marxismo.school/assets/archivo/1958-93%20Hemeroteca%20del%20FOR/1978-93%20Alarme/alarme-n40-42.pdf) · [Texto original en francés](https://marxismo.school/hemeroteca/alarme/originales/1988-04-algerie-nation-independante)

> *«Los Ferhat Abbas y Ho Chi Minh, del todo comparables a los Massu metropolitanos y a los colonos, solo pueden actuar gracias al retroceso de la revolución y a las innumerables maquinaciones interimperialistas del chalaneo entre los dos bloques».*[^1]
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> «El fin de la eternidad». G. Munis. 1959.

La oleada de huelgas que desembocó en las jornadas de motines de octubre del 88 pone claramente de relieve la naturaleza de algunas concepciones sobre Argelia y las «naciones independientes».

Ante todo, el aspecto más llamativo: la represión de los motines, brutal y mortífera. Los manifestantes, en su gran mayoría jóvenes, han podido comparar las órdenes de los militares argelinos con las de los israelíes. Los de más edad han podido recordar las consignas de los militares franceses enviados por la izquierda en los años cincuenta. Así, en el humo de los enfrentamientos, el Estado argelino se ha visto obligado a disipar la ilusión de la que vivía: la liberación nacional. Tras 26 años de «independencia» de la nación, los libertadores pueden por fin masacrar ellos solos a sus conacionales, sin tener que rendir cuentas a nadie. En realidad, el proletariado identificó hace mucho tiempo a los dirigentes del Estado argelino por lo que son. En cada huelga los trabajadores se enfrentan, ya al Sindicato, ya al Partido-Estado, ya al Ejército, ya a todos ellos, y eso desde hace ya años. Que los hombres que personifican el Estado sean magrebíes o franceses, los proletarios tienen que hacer frente a la misma represión.

¿Qué decir entonces de quienes asignaron sin vacilar a los trabajadores argelinos la tarea de liberarse ante todo de la tutela francesa (ante todo, ¿qué? ¡ante toda lucha por su propia clase!) y apoyaron la formación y la actividad del FLN? Trabajaron por el encuadramiento del proletariado, es decir, por su movilización en defensa de «su» Patria, «su» Estado, «su» Nación. Concretamente, la lucha contra el «colonialismo francés» se inscribió en el marco de la lucha entre bloques militares, y en ese frente, en el que el proletariado nunca aparece como clase, fueron a morir los proletarios argelinos y franceses. Aquellas primeras matanzas prepararon las que presenciamos hoy, ya no para el establecimiento, sino para el mantenimiento de la Nación, la Patria y el Estado argelinos.

Todas las organizaciones que defendieron un campo contra otro en la época de la guerra de Argelia se encontraron ayer, como hoy, en el campo de los capitalistas, de los masacradores. Tanto en Francia como en Argelia se manifestaron gérmenes de insumisión al orden establecido (y por tanto también al futuro Estado argelino): del boicot a la huelga o al sabotaje, sin distinción de nacionalidad de los patronos y pese a las consignas del FLN, hasta las movilizaciones de madres de familia contra la partida de los soldados. En lugar de alentar y ahondar esos desbordamientos en una perspectiva derrotista revolucionaria, se los devolvió minuciosamente al carril de la liberación nacional.

Ahora bien, la liberación nacional no puede ser un objetivo propio del proletariado, en la medida en que la nación, como marco, es el de su explotación. Es, pues, ilusión de una liberación. Pero, además, la mundialización misma de las relaciones de producción capitalistas, efectuada a comienzos de siglo, se vio rematada por la división del mundo en dos bloques militares. La liberación nacional es entonces una patraña, pues cada nación tiene que satelizarse en un bloque, con la posibilidad de cambiar de órbita. Los partidarios de la liberación nacional proyectan, pues, dos ilusiones:

1) La liberación nacional es posible.  
2) Es beneficiosa para el proletariado.

Sobre la naturaleza de la posibilidad, se ha respondido más arriba. En cuanto al carácter «beneficioso», se vuelve evidentemente negativo, puesto que se pide a los proletarios que se sacrifiquen por una ilusión. Los efectos de la «liberación nacional», opresión, represión, explotación, llevan a su vez a la pregunta: ¿cómo se pueden defender esas luchas de independencia? Pues pretendiendo que el tipo de régimen que se instala en caso de victoria constituye un progreso respecto de la situación anterior. ¿En qué consiste ese progreso? En la nacionalización, o la estatización, de todos o parte de los medios de producción.

Que ese poder se designe como comunista, socialista, obrero deformado o degenerado, o incluso capitalista, poco importa. Lo esencial es ver en él un progreso para el proletariado. El carácter progresista procede de una inyección (más o menos diluida según los matices) de progresividad venida de la estatización rusa. Esto equivale a reconocer:

1) que no hay liberación, sino alineamiento con otro bloque;  
2) que ese bloque es progresista a pesar de sus posibles defectos.

Ahora bien, la estatización de los medios de producción no solo no es un progreso, sino que es el principal medio en que se apoyó la contrarrevolución en Rusia, donde la clase capitalista explota colectivamente al proletariado, y lo hace de la única manera posible hoy: haciéndole sudar la plusvalía y acaparándola. El sistema capitalista, llegado a su madurez, puso de manifiesto la existencia de condiciones objetivas para su superación revolucionaria mediante la mundialización de las relaciones de producción capitalistas, la guerra mundial y la oleada revolucionaria de 1917 a 1937. Del fracaso de esta última, debido esencialmente a la contrarrevolución rusa, heredamos la división del mundo en bloques.

Sin embargo, esa división es ella misma ilusoria y desaparece cuando el proletariado se manifiesta en su terreno de clase. La izquierda y la extrema izquierda han mostrado su pertenencia de clase capitalista al pretender subordinar los enfrentamientos de clase a los antagonismos entre bloques. Los proletarios de Argelia, en cambio, han reafirmado el carácter anacional del proletariado, la identidad de sus enemigos y de sus objetivos en todo el planeta.

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[^1]: Ferhat Abbas, dirigente nacionalista argelino, primer presidente del Gobierno Provisional de la República Argelina (1958); el general Jacques Massu dirigió la represión francesa en la batalla de Argel (1957). No hemos hallado en el archivo el texto de Munis citado («La fin de l'éternité»); traducimos del francés la cita y el título.
