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Title: Rumanía: una insurrección, no una revolución
Description: La caída de Ceaușescu, insurrección recuperada por el ejército y los stalinistas «de rostro humano», y las medidas que habrían constituido los primeros pasos de una revolución comunista en Rumanía.
Date: 01/01/1989
Category: Alarme n.º 43-46
URL: https://marxismo.school/hemeroteca/alarme/1989-01-rumania-una-insurreccion-no-una-revolucion
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*Alarme*, n.º 43-46, enero-diciembre de 1989 (págs. 7-9). [PDF del número completo](https://marxismo.school/assets/archivo/1958-93%20Hemeroteca%20del%20FOR/1978-93%20Alarme/alarme-n43-46.pdf) · [Texto original en francés](https://marxismo.school/hemeroteca/alarme/originales/1989-01-roumanie-une-insurrection-pas-une-revolution)

El cambio de poder en Rumanía resume todos los límites y los avances contenidos en las evoluciones ocurridas en el Este.

La opresión ejercida por el Partido-Estado culminó allí en los últimos años, añadiendo la planificación del hambre a la humillación lingüística, la degradación completa de las viviendas a la represión más brutal. Las tentativas de organizar la resistencia fueron desmanteladas o limitadas a algunas individualidades por una policía tan poderosa que se convirtió en el único poder y la única depositaria de la riqueza del país. Los proletarios, desorganizados y desesperados, fueron ampliamente reprimidos a la menor manifestación de descontento y ametrallados masivamente cuando se sublevaron, como en Brașov en 1987.

A diferencia de 1987, dos factores han hecho fracasar la represión. Ante todo, el carácter general de la revuelta, extendida a todo el país. Por otra parte, el paso del ejército al lado de la población, combatiendo en adelante junto a ella contra las tropas del Partido-Estado. Ahora bien, estos dos factores, internos en apariencia, se derivan directamente de la evolución de la situación internacional en torno a Rumanía.

El ejemplo de los vecinos húngaros y checos, unido al odio siempre presente, relanzó la insurrección en lugar de apagarla, tras la represión de Timișoara. Pero fue el vuelco del ejército en favor de la población lo decisivo. En un primer momento los soldados obedecieron las órdenes y masacraron a los manifestantes; pero los oficiales superiores y generales sufrieron dos presiones. Por una parte, una parte de la tropa empezó a confraternizar con los insurrectos; por otra, igual que en la RDA, el estímulo de Moscú fue determinante. Los dirigentes rusos conminaron a los generales rumanos a soltar a Ceaușescu.

Hay que decir que no sólo había ahí una ocasión de librarse de un dirigente más prochino que prorruso, sino sobre todo que no había que dejar formarse a ningún precio una insurrección armada cuya punta de lanza habrían constituido proletarios con o sin uniforme. Al «sumarse» a la insurrección, el ejército se ponía a su cabeza, pues era la única fuerza organizada y armada de antemano.

El gobierno provisional («Comité de Salvación Nacional») juega a fondo ese juego: ante todo, librarse a la vez de los «excesos» de Ceaușescu y de la presencia de los obreros en armas. Apenas acababa de sumarse el ejército cuando Ion Iliescu dio 48 horas a los civiles para entregar las armas. Hubo que alargar el plazo, pero la orientación estaba dada. Con el mismo espíritu, todo portador de armas fue declarado sospechoso de pertenecer a la Securitate. Es meter en el mismo saco a los combatientes que tomaron por asalto el palacio presidencial (entre otros, con todos los proletarios que no confían en los «nuevos» dirigentes) y a sus enemigos. Perseverante, el gobierno puso la antigua policía política (Securitate) a disposición del ejército antes de disolverla. Así, tras haber liquidado al *Conducător*, se trata de reorganizar el poder con estructuras «de rostro humano». A tal efecto, el proceso del dictador fue ejemplar: jueces invisibles, procedimiento militar y desarrollo stalinista. ¡Ceaușescu no lo habría hecho mejor!

Todos los antiguos dirigentes, salvo el clan familiar en el poder, intentan ahora blanquearse. Los militares lo han logrado: son los grandes vencedores de la insurrección. A los stalinistas antiguos dirigentes no les va mal: están a la cabeza del país y tienen asegurado desde hace tiempo el apoyo de Gorbachov. En cambio, los trabajadores rumanos empiezan a sentirse algo burlados. Han sido masacrados, se han batido ferozmente, y ahora se les ordena dejar el poder al stalinismo de rostro humano, dejar sus propias armas al ejército y volver al trabajo, algo arreglado, desde luego, pero cuya naturaleza fundamental no ha cambiado. En suma, deben «arremangarse».

La situación es comparable a la de la «Liberación», incluso con verdaderos terroristas extranjeros formados por cuenta de Irán, Libia, Siria o la OLP (la masacre de la población y el apoyo al nacionalismo palestino: ¡he ahí la clave del apoyo de Argelia a Ceaușescu!). Es tan llamativo que ya algunos viejos carroñeros de 1945 se ofrecen para aconsejar al nuevo poder. Sin duda le enseñarán a promulgar algunas leyes «sociales»... y a crear unas C.R.S.[^1]

El poder actual suscita y suscitará todavía descontentos. Pero en adelante los nuevos gestores del capital en Rumanía cuentan con las elecciones y la aparición de nuevos partidos (demócrata, religioso, nacionalista...) para canalizar la protesta. Aunque esos partidos no estén enseguida en el poder, el gran movimiento de liberalismo se extiende a toda Europa, profundizándose en cada país, bajo el impulso de Rusia, y alimentándose de sus éxitos en cada vecino.

Los Estados occidentales también empujan, velando también ellos por que todo ocurra dentro de «la ley y el orden». Preparan su arremetida sobre territorios devastados que reconstruir. La CEE, de grado o por fuerza, va a producir un nuevo «Plan Marshall» para la Europa del Este y acabará repartiéndose zonas de influencia: Francia, expulsada del área germánica, intenta ya resarcirse englobando a Rumanía en un área latina (*¡O tempora, o mores!*). De ahí el machaqueo miserabilista y caritativo que hemos sufrido aquí, con Médicos sin Fronteras como vanguardia de Mercancías sin Fronteras.

Puede considerarse que el bloque stalinista está vencido y que poco a poco quizá vaya a formarse una nueva Europa. Lo que constatábamos para la CEE (véase [*Alarme* n.º 39](https://marxismo.school/hemeroteca/alarme/1988-01-el-proletariado-ante-el-mercado-comun-europeo)) va a hacerse a escala más amplia: más proletarios viviendo oficialmente bajo un mismo régimen y pudiendo constatar por eso mismo la inanidad de las ilusiones proyectadas por el capital y la identidad de sus condiciones de vida.

Ése es el punto positivo esencial de todos esos cambios ocurridos en el Este, y es de envergadura. Pues, por lo demás, el proletariado no ha podido sacar provecho de los trastornos que ha contribuido en gran medida a provocar. En todas partes se ha disuelto en organizaciones que le son ajenas y hostiles (nacionalistas, estatales, religiosas, democráticas); en ninguna parte ha podido batirse ni armarse duraderamente por su propia cuenta.

La insurrección que ha tenido lugar en Rumanía no ha podido derribar el capital como relación social. Los proletarios abandonaron rápidamente la dirección a los «especialistas» de la confiscación del poder. Creyendo derribar el comunismo, barrieron el stalinismo en sus aspectos más horribles. Ese momento insurreccional reabrió una alternativa conocida desde el siglo XIX: comunismo o capitalismo liberal. Aunque probablemente nadie en Rumanía hubiera pensado entonces en hablar de comunismo, medidas como el armamento de los proletarios, el mantenimiento de los comités de vigilancia y su toma en mano de la organización de la lucha y de la producción (necesidades alimentarias y médicas, que había que definir en su naturaleza, su calidad y su cantidad), la exigencia de disolución de los cuerpos armados estatales (ejército, milicia, policías...) y la unión con, por ejemplo, el comité que ocupaba el palacio presidencial, habrían constituido los primeros pasos de una revolución comunista.

Todos los que han visto o ven todavía en los regímenes stalinistas una caricatura del comunismo intentan ya preparar el retorno al capitalismo de Estado, el peor enemigo del comunismo en el curso de este siglo. Frente a todas las deformaciones y a la confusión generalizada y orquestada sobre la naturaleza del comunismo, deben defenderse con uñas y dientes tanto su contenido como su nombre. En el momento en que se derrumban los partidos que materializaron más cruelmente la contrarrevolución, hay que afirmar alto y claro la posibilidad de que el proletariado construya sus propias organizaciones subversivas, comunistas e irreductiblemente opuestas a los regímenes existentes como a todo lo que pudiera parecerse a los enemigos stalinistas que osan proclamarse «comunistas».

La eliminación del terror stalinista permanente, la posibilidad de intercambiar sus experiencias con los proletarios de los países más ricos, la inestabilidad todavía fuerte de los procesos de transición, las rápidas desilusiones sobre los nuevos dirigentes y la arremetida mercantil de la conquista del Este no podrán sino estimular la superación de las últimas ilusiones y, en todas partes, la voluntad de acabar con este viejo mundo.

> «Proletarios de todos los países, unámonos,
> suprimamos las policías, los ejércitos,
> la producción de guerra, las fronteras,
> el trabajo asalariado.
>
> ARMAS, PODER, ECONOMÍA AL PROLETARIADO.»

[^1]: Compañías Republicanas de Seguridad, policía antidisturbios francesa, creada en 1944-1945 en tiempos de la «Liberación».
