---
Title: Rusia
Description: Tras el golpe de Estado abortado de agosto de 1991, el hundimiento del Partido-Estado recicla a sus cuadros en la gestión capitalista mientras los proletarios pierden sus ilusiones democráticas y nacionales.
Date: 01/01/1993
Category: Alarme n.º 48
URL: https://marxismo.school/hemeroteca/alarme/1993-01-rusia
---


*Alarme*, n.º 48, primer semestre de 1993 (págs. 8-9). [PDF del número completo](https://marxismo.school/assets/archivo/1958-93%20Hemeroteca%20del%20FOR/1978-93%20Alarme/alarme-n48.pdf) · [Texto original en francés](https://marxismo.school/hemeroteca/alarme/originales/1993-01-russie)

El golpe de Estado abortado en Rusia ha aclarado una situación largamente madurada que ya habíamos analizado ampliamente. La atonía del ejército y la inexistencia del Partido, consecuencia de la derrota de Rusia frente a Estados Unidos (cf. [*Alarme* n.º 47 sobre las causas de la derrota](https://marxismo.school/hemeroteca/alarme/1991-01-el-nuevo-orden-mundial-sable-hisopo-y-propaganda)), han permitido o permitirán a los cuadros e individuos más dinámicos reciclarse rápidamente en otras estructuras, más capaces en adelante de representar, gestionar y defender el Capital en esos territorios.

Tras 70 años de buenos y leales servicios, el Partido-Estado ya no es capaz de asegurar la conservación del capital en Rusia. Además, ha cumplido muy ampliamente su función contrarrevolucionaria. Ésta pudo conocer fases más o menos agudas, en las que se realizó mediante el asesinato simple y masivo de proletarios y revolucionarios. Sin embargo, el proyecto contrarrevolucionario fundamental siguió siendo constante y riguroso: identificar la revolución con la contrarrevolución, identificar el comunismo con el Gulag, con el Partido-Estado. El hundimiento de éste se convierte «por tanto» en el del comunismo, «por tanto» en el de la Revolución, «por tanto» en el de toda tentativa de emancipación humana frente al capital, a la explotación y a la opresión. ¡Rebeldes, sublevados y revolucionarios de todos los países, suicidaos!

Por supuesto, quien haya barruntado la naturaleza capitalista de Rusia (1) no puede sino despreciar la sarta de tonterías ensartadas en el collar de mentiras con que se intenta domesticarnos. El stalinismo nunca sometió totalmente a la clase obrera, y ésta, a fin de cuentas, ha destruido al stalinismo. Pero él destruyó todas las formas de organización que el proletariado se había dado en su lucha contra el capital, sin dejar más que organizaciones revolucionarias ínfimas y dispersas, puestas de hecho en la incapacidad de aprovechar el debilitamiento de la dictadura moscovita.

La implosión del Partido-Estado no provoca, pues, el terror de sus esbirros, sino su desbandada jubilosa hacia refugios no menos siniestros: demócratas, fascistas y nacionalistas, con una pizca de cada cosa para cada cual, aderezada más o menos con racismo y xenofobia: he ahí el vivero donde vuelve a florecer el estiércol stalinista. A la cabeza de milicianos transcaucásicos, en el seno de Pamiat o en torno a Yeltsin, se encuentra el mismo molde de inhumanidad y de mentira.

Contrariamente a las sandeces propaladas por la casta periodística, todos esos nuevos dirigentes aprendieron la *eficacia* bajo la férula del Partido, del Ejército o del KGB. Trabajar eficazmente no significa en absoluto producir útilmente bajo el reinado del capital, donde buró-, tecnó- y autócratas pululan como los piojos sobre los pobres diablos. Su función no era otra que cerrar el paso a la subversión, guardar el capital. Hoy ya no están en condiciones de hacerlo. Han perdido frente a los proletarios, que los odian y los consideran opresores. Han ganado y cumplido su función haciendo creer, al menos temporalmente, que toda revuelta produciría nuevos Stalin.

Esa eficacia la reconvierten esencialmente en la gestión productivista del capital. Enseguida minan su frágil victoria, pues no tienen más que una consigna, una orden y una salida para los proletarios: la explotación. El aumento de la explotación, el comienzo de los despidos masivos y la subida vertiginosa de los precios han acabado ya con las ilusiones proletarias sobre los beneficios de la independencia nacional y de la democracia. Además, la indispensable libertad de acción concedida a todos, necesaria para la eliminación del Partido-Estado, ha beneficiado también a los proletarios y los ha animado a organizarse.

Que caigan las estatuas y que se deje pudrir por fin la execrable momia de Lenin. Quienes lo hacen en la euforia democrática no hacen más que barrer los productos despóticos del «Realismo Socialista» y se preparan ya, en realidad, desengañados y combativos, para retomar las ideas centrales comunes a Lenin y a los demás revolucionarios comunistas: antes la derrota de su país que la de su clase, ninguna concesión a los demócratas. Del fracaso de la revolución a partir de Rusia sacarán las mismas lecciones que el proletariado revolucionario del mundo entero: necesidad de la destrucción de los sindicatos (incluidos los que surgen y quieren imitar a Solidarnosc) y, más profundamente, del salariado, sobre el que descansa el poder de este viejo mundo nauseabundo.

AGOSTO DEL 91

(1) Y el capitalismo, bajo diferentes formas políticas, nunca desapareció de Rusia, ni siquiera entre 1917 y 1921. Cf. *Partido-Estado, stalinismo, revolución*, de G. Munis, ed. Spartacus.

Hay una versión española anterior de este texto, que no es del FOR, en [*La Perestroika y la implosión de la URSS stalinista*](https://marxismo.school/archivo/1987-91%20La%20Petrestroika%20y%20la%20implosi%C3%B3n%20de%20la%20URSS%20stalinista); la hemos consultado, pero traducimos de nuevo del francés, porque omite algún inciso (la referencia a *Alarme* n.º 47) y repite una frase.
