---
Title: Sobre la tercera conferencia internacional
Description: Carta de 1980 al comité organizador de la tercera Conferencia internacional de los grupos de la Izquierda Comunista, en la que el FOR explica por qué se niega a participar.
Author: Fomento Obrero Revolucionario (Alarme y Alarma)
Date: 01/05/1985
Category: L'Arme de la critique n.º 1
URL: https://marxismo.school/hemeroteca/arme-de-la-critique/1985-05-sobre-la-tercera-conferencia-internacional
---


*L'Arme de la critique*, n.º 1, mayo de 1985 (págs. 21-23). [PDF del número completo](https://marxismo.school/assets/archivo/1958-93%20Hemeroteca%20del%20FOR/1985-90%20L%20arme%20de%20la%20critique/armedelacritique-n01.pdf) · [Texto original en francés](https://marxismo.school/hemeroteca/arme-de-la-critique/originales/1985-05-sur-la-troisieme-conference-internationale)

*Publicamos a continuación una carta enviada en 1980 al Comité Organizador de la tercera Conferencia Internacional de los grupos de la Izquierda Comunista. Su escasa difusión y su actualidad política, siempre viva, justifican que la publiquemos de nuevo.*

Camaradas:

En nuestra carta anterior, fechada el 18-12-79, os comunicamos nuestra negativa a participar en la 3.ª conferencia internacional. Nos parece necesario, sin embargo, explicar las razones.

Nuestra actitud no tiene nada que ver con sectarismo alguno ni con un repliegue sobre nosotros mismos. No creemos ni pretendemos ser los únicos representantes de la consciencia comunista. Nuestra no participación en vuestra conferencia internacional no debe entenderse como una falta de sentido de la responsabilidad, sino sencillamente como una cuestión de sentido común. En la segunda conferencia internacional, la reciente creación de nuestra sección francesa hizo que nuestra actitud, y no nuestras posiciones, fuera contradictoria. Esta vez no lo será. Sobre todo, no veáis en nuestra decisión un rechazo sistemático de las conferencias internacionales: es a las que vosotros organizáis a las que no podemos acudir. He aquí las razones.

Todos los participantes en la conferencia internacional coinciden al menos en un punto: el propósito de estas conferencias no es discutir y confrontar posiciones por el simple placer de hacerlo. Estas conferencias tienen como objetivo sentar los jalones de un futuro reagrupamiento de los revolucionarios con vistas a la creación de una nueva internacional. Se desea, pues, la práctica común de los distintos grupos invitados, participantes o no. Señalemos de paso que, solo en lo que atañe a la función inmediata de las conferencias, las organizaciones que ya han participado al menos en una conferencia no parecen estar del todo de acuerdo entre ellas (véase el Boletín preparatorio n.º 1, noviembre de 1979). Pero sería un argumento bien ligero por nuestra parte, aunque no carente de interés, tomar este hecho indiscutible como eje de nuestra crítica. Después de todo, al cabo de tres conferencias todavía hay tiempo (con la ayuda del repunte de las luchas gracias a la crisis económica que se agrava) para que os pongáis de acuerdo sobre su objetivo inmediato. Añadamos que, en este punto, nuestra participación no habría hecho más que complicar las cosas. Pero lo esencial es saber que, a corto o a largo plazo, gracias a las conferencias internacionales, el reagrupamiento de los revolucionarios participantes tomará la iniciativa de crear una nueva internacional. Ahí interviene la cuestión de sentido común señalada unas líneas más arriba. Sin pretender ser el único depositario de la consciencia de clase, el F.O.R. no puede tener hasta la fecha una práctica común con la mayor parte de los grupos invitados, adheridos o no a la conferencia. Y de una práctica común se trata, porque de lo contrario bastaría la simple lectura de las prensas respectivas, tanto más cuanto que podría aumentarse la dosis de artículos polémicos. Vayamos, pues, al grano, y para ello nada mejor que reproducir una frase de la CWO, que al menos tiene el mérito de ser clara: «cuando las conferencias carecen de propósito político, no pueden sino volverse vacías y estériles». Ahora bien, aunque las conferencias hayan carecido de él hasta ahora, son los objetivos políticos de la mayoría de los participantes los que están, en lo esencial, en contradicción con los nuestros. Baste como prueba inmediata la lista de los grupos invitados a una conferencia internacional que se pretende... ¡¡¡revolucionaria!!! Pero, en fin, sigamos. Todos los grupos que participaron hasta el final en la segunda conferencia hacen depender su estrategia política, su intervención o no intervención, de una crisis económica del sistema capitalista, asimilando alegremente crisis económica y condiciones objetivas. Textos preparatorios, volumen 2, pág. 3.

Battaglia Comunista, pág. 38: «Cuando discutimos la teoría de la crisis, abordamos una vieja cuestión del movimiento revolucionario. Quiero subrayar para empezar que este problema está ligado a nuestra estrategia política y que no hacemos academicismo».

CCI, pág. 40: «En cuanto a la crisis, si tal punto se pone en el orden del día, no es por su academicismo ni para competir con los análisis económicos de los burgueses, sino porque concierne a la práctica revolucionaria».

NCI, pág. 41: «La crisis *sienta las bases* de la revolución y del desarrollo de la consciencia». Y añade más adelante: «Pero no hay que tener una visión mecanicista y simplista de la relación existente entre la crisis y la alternativa revolucionaria».

Sí, pero, con todo, es la crisis económica la que permite que la revolución esté en el orden del día, aunque este grupo, como por lo demás los otros dos citados más arriba, no quiera caer en una visión mecanicista (¡el materialismo dialéctico obliga!). Pero esta visión no mecanicista *no es en realidad más que verbal y no puede ser sino verbal*. Este loco amor por la crisis económica lo resume para la CWO la frase siguiente:

CWO, pág. 43: «Hago una excepción con el FOR, que no ve la crisis, y podría decirse que no se ve por qué fue invitado».

Una vez más, la CWO tiene el mérito de ser clara y es del todo consecuente. ¿Qué diablos iría a hacer el FOR en esa galera? Una observación, sin embargo: solo puede ser revolucionario quien ve la crisis económica, ¿no es así?

Es seguro que el simple sentido común dicta nuestra actitud de no participar en la conferencia. El FOR, a diferencia de todos esos marxistas —no les ponemos comillas por miedo a haceros estremecer—, no basa su política, sus posiciones ni su intervención en una crisis económica que sería el «ábrete, sésamo» del devenir humano. No por ello son idealistas nuestras posiciones revolucionarias: su coherencia emana de la teoría del materialismo histórico. Y desafiamos a cualquiera a demostrar lo contrario con argumentos válidos. Precisemos, sin embargo, que no enarbolaríamos el argumento de la crisis económica si esta no determinara en gran parte la actitud y la práctica de los grupos de la conferencia internacional respecto de la lucha de clases y del comunismo. Pero no es esa la única razón que determina nuestra decisión, y volvemos una vez más a las cuestiones de orden práctico.

Una de las cláusulas para tener derecho a adherirse a vuestra conferencia es el reconocimiento de la Revolución de Octubre como revolución proletaria. Aparte de algunos cretinos que se creen revolucionarios por decir lo contrario, prácticamente nadie niega el carácter proletario de la revolución rusa. Este punto, así expuesto, nos parece por tanto muy vago y nada selectivo. En cambio, un punto que es esencial para nosotros, y que se desprende precisamente de la experiencia rusa, pero también de la española, es la cuestión del período de transición. Este punto es para nosotros tan selectivo que la mayor parte, por no decir la casi totalidad, de los grupos participantes e invitados no tendría, a nuestro juicio, cabida en una conferencia en la que pudiéramos participar. En efecto, partimos de que la revolución será una revolución social en el lugar mismo donde surja, y no simplemente política (toma del poder por el proletariado). Un Estado obrero, subrayémoslo, no puede mantenerse de ningún modo si no estalla la revolución internacional; por tanto, el socialismo no puede establecerse en un solo país. Añadamos a esto que la supresión de las relaciones capitalistas no equivale en absoluto al socialismo (¡o comunismo, poco importa!), sino solo —y en todo ello suponemos una destrucción llevada a cabo por la propia clase obrera— a un paso hacia el socialismo. Pero ese paso, afirmamos, debe darse lo más rápidamente posible mediante el ataque inmediato y la supresión del trabajo asalariado, aun antes de la toma del poder por el proletariado a escala casi mundial. Sin ello, por proletario que sea el poder, se transformará en su contrario, pues el aniquilamiento de la revolución no es un corte neto e inmediatamente perceptible.

> «Una revolución *social* se sitúa en el punto de vista del *todo* porque, aunque tuviera lugar en un *solo* distrito fabril, es una protesta del hombre contra la vida deshumanizada; porque parte del *punto de vista* del *individuo real y singular*; porque la *comunidad* contra cuya separación de él reacciona el individuo es la *verdadera* comunidad del hombre, la esencia *humana*. El *alma política* de una revolución consiste, en cambio, en la *tendencia* de las clases sin influencia política a superar su *aislamiento* respecto del *Estado* y del *poder*. Su punto de vista es el del Estado, un todo *abstracto*, que *solo* existe por la separación respecto de la vida real, que es *impensable* sin la oposición *organizada* entre la idea general y la existencia individual del hombre. Por eso una revolución de alma *política* organiza también, de acuerdo con la naturaleza *limitada* y *escindida* de esta alma, un círculo dominante en la sociedad a costa de la sociedad...»
>
> «...Toda revolución disuelve la *vieja sociedad*; en ese sentido es *social*. Toda revolución derroca el *viejo poder*; en ese sentido es *política*.»[^1]

Marx, en «El rey de Prusia y la reforma social. Por un prusiano». No nos extenderemos más sobre esta cuestión, puesto que nos hemos explicado ampliamente sobre ella en todas nuestras publicaciones, y podéis conocerla leyéndolas. Sin embargo, esta cuestión debe zanjarse de manera clara y debería ser uno de los puntos selectivos con vistas al reagrupamiento de las fuerzas revolucionarias a escala internacional. Esta cuestión no puede en modo alguno prestarse a discusión en las conferencias internacionales, y debe ser un principio inquebrantable, principio confirmado por la experiencia histórica de revoluciones aplastadas. Este punto nos impide, pues, tener una práctica común con la inmensa mayoría de los grupos invitados. Insistimos en la práctica común, retomando en esto las palabras del GCI en su artículo sobre las conferencias internacionales de su n.º 4, donde dice: «Tienen, en cambio, una función útil unas reuniones preparatorias para la constitución de una verdadera comunidad de trabajo entre grupos que dispongan de una base general común y se orienten en una misma dirección política». Unas líneas más adelante: «Antes de pensar en una comunidad de trabajo, hay que pasar, pues, por la lucha política y la demarcación. Si una conferencia puede servir a ese propósito, tiene su lugar en el proceso que conduce a la concentración de las fuerzas revolucionarias. Una verdadera demarcación no es posible en el plano de las posiciones fundamentales expresadas de forma general, sino que implica como mínimo la confrontación de esas posiciones en su significado práctico».

Pues bien, precisamente para corroborar lo que ha escrito el GCI, queremos tomar el ejemplo de *Révolution Internationale* respecto de la cuestión sindical, cuestión que para nosotros es también primordial para contemplar un trabajo práctico común con otros grupos. Entre los participantes en la conferencia internacional, la CCI tiene en apariencia una de las posiciones más tajantes sobre la cuestión sindical (cf. *Les syndicats contre la classe ouvrière*). He aquí, pues, un punto en el que (dejando aparte el razonamiento teórico que lleva a esa posición) estamos de acuerdo en cuanto a la conclusión. Pero resulta que la práctica real y la que se describe en bonitos textos no es la misma. RI apoya y llama a una manifestación organizada por los sindicatos; el FOR la denuncia. Precisemos, con todo, que se trata de la marcha sobre París del 23 de marzo de 1979. No vamos a reproducir aquí las razones de estas actitudes diferentes (para ello basta la lectura de los escritos respectivos) sobre un punto tan crucial para el movimiento obrero. Fijaos en que hemos tomado el ejemplo de dos grupos que en apariencia tienen la misma posición teórica... ¡¡¡así que figuraos los demás!!! Una vez más, nos damos cuenta de que es totalmente vano acudir a una conferencia internacional para constatar el foso que existe respecto de una práctica común. ¿Cómo hablar de una práctica revolucionaria en una conferencia donde los grupos divergen, tanto teórica como prácticamente, sobre los puntos esenciales? No creemos que estas conferencias vayan a tener un propósito político preciso, sencillamente porque no pueden tenerlo, en todo caso desde el punto de vista revolucionario.

Evidentemente, hay otros puntos que podríamos haber planteado:

- intervención de los revolucionarios en todo momento;
- defensa práctica del derrotismo revolucionario y del internacionalismo proletario;
- etc.

Pero eso no habría hecho más que alargar una carta ya bastante larga, y los puntos mencionados bastan sobradamente para comprender nuestra actitud. Reiteremos, sin embargo, que nuestra posición no es una posición contraria por principio a las conferencias internacionales, y que además aceptamos la discusión con los grupos que NO DEFORMEN las posiciones ajenas, y ello fuera de unas conferencias cuya buena marcha nuestra participación entorpecería visiblemente en cierta medida, comprometiendo además a nuestra organización donde ella no lo desea.

A nuestro juicio, ni el estado presente de la lucha de clases ni las fuerzas que concurren actualmente a estas conferencias presagian la creación de una internacional revolucionaria, y precisamos además que una internacional, como convendréis, no puede nacer de una serie de conferencias como las que organizáis vosotros o como las que podríamos organizar nosotros actualmente.

Recibid, camaradas, nuestros saludos comunistas.

Ferment Ouvrier Révolutionnaire (ALARME)
Fomento Obrero Revolucionario (ALARMA)

P. S.: Deseamos que esta carta se lea al principio de la 3.ª conferencia y se publique en vuestras actas.[^2]

[^1]: Marx, «Glosas críticas al artículo “El rey de Prusia y la reforma social. Por un prusiano”» (1844). La cita, con un corte en el original francés, se da aquí según nuestra traducción: [Glosas críticas al artículo El rey de Prusia y la reforma social](https://marxismo.school/archivo/marx-engels/1844%20Glosas%20cr%C3%ADticas%20al%20art%C3%ADculo%20El%20rey%20de%20Prusia%20y%20la%20reforma%20social).
[^2]: Hay versión española de esta carta en [*Los vástagos de la Izquierda Comunista Italiana*](https://marxismo.school/archivo/1962-90%20Los%20v%C3%A1stagos%20de%20la%20izquierda%20comunista%20italiana#carta-a-la-tercera-conferencia-internacional-de-grupos-de-la-izquierda-comunista-1980), traducida del francés. La hemos tomado como base, cotejada y corregida con el texto de *L'Arme de la critique*, y hemos restituido lo que omitía: la presentación de la redacción, la frase de la CWO («cuando las conferencias carecen de propósito político…») y algún inciso.
