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Title: ¿Ha fracasado el marxismo? (A los cincuenta años de la muerte de Marx). Conclusión
Description: Conclusión del artículo sobre la vigencia del marxismo como interpretación de la historia, en el cincuentenario de la muerte de Marx.
Author: L. Fersen
Date: 01/05/1933
Category: Comunismo n.º 24
URL: https://marxismo.school/hemeroteca/comunismo-ice/1933-05-com-ha-fracasado-el-marxismo-a-los-cincuenta-anos-de-la-muerte-de-marx
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*Comunismo*, n.º 24, mayo de 1933 (págs. 222-223). [PDF del número completo](https://marxismo.school/assets/archivo/1930-35%20Hemeroteca%20de%20la%20ICE/1933%20Comunismo%2024.pdf)

*(Conclusión.)*

La aportación mayor que se ha hecho en el siglo XIX—sin que por ahora se haya superado—a la ciencia económica y al estudio de la Historia, es sin duda el marxismo. Que se nos diga, en efecto, si sin el marxismo se puede dar una explicación medianamente aceptable de las contradicciones actuales, del sistema capitalista, de sus causas, de sus efectos, de si estos fenómenos tienden a desaparecer (es decir, si los va superando el mismo sistema), o si lógicamente tienden a agravarse en los cuadros de la sociedad actual. Fué, por otra parte, el materialismo histórico, tan deplorablemente interpretado, el más poderoso chorro de luz arrojado para el conocimiento de la Historia. Caso de aceptar el materialismo histórico, hay que aceptarlo en toda su audacia y su grandeza: como una filosofía de la Historia. Hoy, ninguna persona medianamente culta se atreve a rechazarlo enteramente; pero se le acepta mutilado, de una manera parcial y pobre, en lugar de esforzarse por desenvolver la doctrina y sacarle el mundo inmenso de consecuencias que contiene. Es frecuente que se le acepte en los límites de la época actual, porque su justeza es demasiado visible, o que se le corten las alas, a la manera del filósofo italiano Benedetto Croce, recluyéndolo al campo de la historiografía. Es decir, limitándolo a que se tenga en cuenta la importancia de los factores económicos en la investigación histórica. No; aunque el materialismo histórico no anula ningún factor, los jerarquiza y subordina al factor fundamental: el económico. No ha podido Marx desarrollar en toda su extensión los principios del materialismo histórico, debiendo de limitarse a aportar sus fundamentos y líneas generales. A nosotros nos parece en general bastante prematuro y ligero el sacar el marxismo del terreno donde se ha producido, del terreno de la Historia, de la historia de la sociedad, y creer que Marx tuviera todo un sistema de doctrina completo y cerrado que abarcase desde la economía hasta la teoría del conocimiento y la metafísica. Es ésta, en general, una tendencia de los que quieren ponerle puntas y ribetes al marxismo, altamente perjudicial para la misma doctrina. El paso de las concepciones históricas de Marx a esas otras zonas debe de hacerse con toda la prudencia.

Pero al eliminar de la Historia el elemento a que se referían todos los demás, considerándoles fuerza motriz—Dios, la Providencia, la Idea—; al colocar en la base de la evolución histórica el factor económico y explicarnos el tránsito de unas formas de sociedad a otras, al darnos el nexo entre las diversas formas sociales, Marx nos ha dado también la posibilidad de poder hablar en serio de una filosofía de la Historia. Aquí donde reinaba y reina tanta ambigüedad, tanta arbitrariedad, tanto misticismo barato, empezamos a ver un orden vivo, una bella arquitectura, en la evolución no impuesta por Dios ni ningún director de orquesta. «Mi concepción—dice Marx—, que considera el desenvolvimiento y formación económica de la sociedad como un proceso natural, no puede hacer al individuo responsable de una situación de la cual es socialmente criatura, aunque subjetivamente trate de elevarse sobre ella y la supere con mucho.» ¿Cuándo se ha logrado en la interpretación de la Historia esta altura, este grado de objetividad y de sensatez? ¡Pero esto—exclamará algún macho individualista—es rebajar el papel del individuo! No; es situarlo, encuadrarlo.

Todavía, un escéptico lector puede volverse contra la doctrina marxista al contrastarla con los hechos. Hemos negado su fracaso y puesto como testimonio de su vitalidad la revolución rusa. ¿En ella puede ver el lector la prueba del fracaso del marxismo? En tal caso su doctrina tendría todos los caracteres de un panfleto, aun siendo justa la crítica del sistema capitalista y de su mecánica interna. Es decir, no estarían justificadas sus conclusiones. El lector podría tener entonces el consuelo intelectual de poder adoptar ante el sistema capitalista la misma actitud que adoptaba ante los tribunales aquel terrible y simpático degollador Bill Sykes de que nos habla Marx en *El Capital*: «Señores jurados, es cierto que estos viajantes de comercio han sido degollados. Pero este hecho no es culpa mía. Es culpa del cuchillo. ¿Es que por estos pasajeros inconvenientes hemos de prescindir del uso del cuchillo? ¡Pensadlo bien! ¿Qué sería de la agricultura y de los oficios sin el uso del cuchillo? ¿No es tan curativo en la cirugía como sabio en la anatomía? ¿Y no es un precioso auxiliar en los alegres banquetes? Si suprimís el cuchillo, nos arrojaréis a todos en la más profunda barbarie.»

Pero no; la revolución rusa hay que juzgarla con un criterio histórico marxista. No es fin, sino que es comienzo, y constituye la más alta conquista del movimiento obrero y de la civilización moderna. Esto tampoco tiene inconveniente en concederlo el sabio socialista o liberal, a condición de que la revolución descienda y renuncie a seguir adelante. Sus mayores defectos y dificultades (comparado con esto, todo lo demás es secundario) proceden de su aislamiento. En el pensamiento corriente se cree como si la revolución rusa, avergonzada de su aventura, hubiese decidido retroceder y abandonar sus pretensiones. Es cierto el hecho. Pero no por el fracaso del marxismo, sino por su deformación y su negación. El marxismo no ha fracasado ni se ha agotado, sino que sigue avanzando, tal como se avanza en la historia: con crisis, dificultades, luchas. No pudo impedir la traición socialdemócrata que el marxismo siguiese adelante. Tampoco lo podrá impedir el cansado oportunismo stalinista. La experiencia nos empieza a mostrar cómo del mismo seno del comunismo—como en otro tiempo de la socialdemocracia—surge la fuerza reivindicadora de las concepciones marxistas.

Todavía se ha de proclamar muchas veces más el fracaso de las doctrinas de Marx. Pero el movimiento obrero seguirá como hasta ahora avanzando bajo la bandera del marxismo.

L. FERSEN
