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Title: Una digresión a modo de apéndice
Description: Apéndice sobre el materialismo histórico como interpretación de la historia y no como sistema filosófico cerrado.
Author: L. Fersen
Date: 01/05/1933
Category: Comunismo n.º 24
URL: https://marxismo.school/hemeroteca/comunismo-ice/1933-05-com-una-digresion-a-modo-de-apendice
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*Comunismo*, n.º 24, mayo de 1933 (págs. 223-225). [PDF del número completo](https://marxismo.school/assets/archivo/1930-35%20Hemeroteca%20de%20la%20ICE/1933%20Comunismo%2024.pdf)

La idea fundamental del artículo anterior debe estar—a lo menos así lo creemos—suficientemente clara: todo el movimiento obrero moderno está directa o indirectamente determinado por el marxismo; el paso de cada etapa a otra más elevada no se ha hecho buscando doctrinas nuevas, sino reivindicando el marxismo. El problema sigue siendo éste ante la crisis actual del comunismo. Pero hay un punto sobre el cual no hemos querido extendernos en el artículo a fin de evitar que quedase borrada la idea fundamental. Lo haremos aquí. Nos creemos especialmente obligados a ello a fin de evitar la alarma de cualquier celoso vigilante de la integridad del sistema marxista.

A nuestro juicio—y no somos solos en creerlo—, uno de los mayores excesos que se han hecho en el marxismo es presentarlo como todo un sistema filosófico acabado y completo. El dominio propio del marxismo es la historia. No negamos—sería absurdo negarlo—que las concepciones históricas obliguen a determinadas conclusiones en los demás dominios. Pero lo que hay que asegurar es que esta labor Marx no la ha hecho. Coger todas las afirmaciones dispersas, todos los cabos sueltos que hay en su obra y atarlos para darnos la impresión de que constituyen un sistema completo de filosofía es uno de los mayores crímenes que se han hecho con el marxismo, pues una obra extraordinariamente rica en contenido queda así convertida en un sistema pobre y un poco obtuso, en el cual toda una porción de fenómenos no encuentran una explicación aceptable.

Los escritos filosóficos de Marx, que contienen sus ideas fundamentales, no son, sin embargo, una obra acabada, sino que son escritos de juventud. A medida que fué Marx evolucionando su actividad, se concentró en el estudio de la economía y de la historia. Y éste es el verdadero terreno de su doctrina, que constituye un campo abierto para nuevas investigaciones, pero no un sistema hermético con el cual no haya que hacer otra cosa más que *aplicarlo*. En este sentido es donde mayores excesos han cometido en el campo marxista. Queriendo oponer a estos excesos la necesaria discreción, se ha llegado, sin embargo, a la negación misma de lo que es la medula de la doctrina de Marx: el materialismo histórico. La opinión más considerada a este respecto niega que el materialismo sea en realidad todo un nuevo sistema de interpretación de la historia, utilizable y, desde luego, extraordinariamente importante en las investigaciones históricas particulares. Este criterio pudiera resumirse así: el materialismo histórico no es una filosofía general de la historia que coloca el factor económico, como elemento decisivo, en la base de toda la evolución, sino que sólo nos obliga, al estudiar un fenómeno histórico determinado, a tener en cuenta, con los demás factores, el factor económico y ver qué luz aporta en cada caso a la explicación de los hechos. En este caso, *El Capital* no sería más que una aplicación genial de este método de investigación a un fenómeno histórico determinado: la sociedad capitalista.

La actitud intelectual del marxista es completamente distinta. Para él el materialismo se refiere al conjunto de la evolución histórica, sin que ello comprometa su posición en cada caso particular. Desde el momento en que decimos que cada tipo determinado de sociedad crea—mediante el progreso y evolución de la técnica—las condiciones materiales que hacen posible el tipo de sociedad siguiente; que esta evolución de los factores económicos produce las consiguientes modificaciones en el Estado, en el Derecho y, en general, en la conciencia de los hombres; que estos factores subordinan a todos los demás, nos referimos, naturalmente, al conjunto de la evolución histórica. Al estudiar el fenómeno aislado, el caso especial, no podemos elevar este sistema rígido de jerarquías y obstinarnos en explicarlo todo a través y como resultado de los factores económicos, que se nos pueden presentar en muchos casos particulares jugando un papel secundario o nulo. La aceptación del materialismo histórico no comparte de por sí ninguna posición obligatoria ante el caso particular. Si, por desgracia, está demasiado extendido este concepto cómodo, limitado y chabacano que trata de explicarlo todo, tanto lo general como lo particular, lo individual como lo colectivo, por la naturaleza de clase, por ejemplo, la culpa no es, desde luego, de los fundadores del materialismo. En la obra de Marx aparecen los factores más dispares y fortuitos jugando siempre su papel justo. No hay en su obra ni asomos de mecanismo que reduzcan la evolución histórica a inercia ciega, ni esquematismo economista. De Engels se puede decir otro tanto. Cuando se sintió en la necesidad de advertir a sus discípulos que no creyesen que aceptar el materialismo histórico era encontrarse de pronto en posesión de la fórmula mágica que les permitiría resolver todos los casos, a semejanza de cuando resolvemos la misma ecuación con datos distintos, no pretendía Engels otra cosa que reaccionar contra la tendencia a confundir el materialismo histórico con una interpretación parcial e injusta de los fenómenos históricos particulares.

No es necesario ni conveniente—es profundamente antimarxista—adoptar ante el marxismo una actitud abogadesca, proponiéndose defender la integridad e intangibilidad del sistema como si, en efecto, fuera un sistema completo de filosofía. Sabemos, además, por experiencia que el marxismo de esta clase de abogados (tipo representativo, y no único, Kautski) es más endeble de lo que parece a juzgar por el cascarón teórico. El marxismo, por de pronto, no es nada más que una interpretación de la historia, una nueva interpretación de la historia, la única—téngase esto en cuenta—la única que logra dar una explicación coherente y satisfactoria de los fenómenos del mundo actual. No es nada menos que eso.—*L. F.*
