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Title: Por la libertad para los antifascistas refugiados en África
Description: Denuncia del trato esclavista a los refugiados antifascistas en el África francesa bajo Vichy y luego bajo Giraud y Roosevelt, y llamamiento a una campaña por su libertad.
Date: 01/02/1943
Category: Contra la Corriente n.º 1
URL: https://marxismo.school/hemeroteca/contra-la-corriente/1943-02-cc-por-la-libertad-para-los-antifascistas-refugiados-en-africa
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*Contra la Corriente*, n.º 1, febrero de 1943 (págs. 5-7). [PDF del número completo](https://marxismo.school/assets/archivo/1939-58%20Hemeroteca%20del%20GCI/Contra%20la%20Corriente/1-0.pdf)

Salvo un solo país -México- el mundo burgués en decadencia hace objeto a los refugiados políticos de un trato bárbaro e inhumano. La democracia francesa, en vísperas de prosternarse ante Hitler dejaba friamente bombardear por los aviones fascistas a la impresionante multitud de españoles: ancianos, mujeres, niños y heridos, apretujados ante la frontera vallada por un espeso bosque de bayonetas amenazantes. Centenares de ellos dejaron su carne desgarrada, entre la nieve y las rocas, antes de que la frontera dejara filtrarse a una parte, mucho menos de la mitad. Cuantos, influenciados por la propaganda del Frente Popular habían creido en la democracia burguesa tuvieron que convencerse por experiencia propia de lo que en realidad significa.

Para los que llegaron al suelo francés empezó un calvario no inferior al que hubieran sufrido quedandose en España, y en algunos casos peor. El campo de concentración, la cárcel por el mas leve pretexto, la compañía de trabajo forzado, la compañía de castigo, el funesto castillo de Colliure, la subalimentación, los golpes y malos tratos de parte de las autoridades burguesas, he ahí lo que esperaba a esos hombres entre los que contaba la flor del antifascismo proletario. Excepto México, ningún otro país inició la protesta ni hizo un gesto para salvarlos. Inglaterra, Estados Unidos y el propio stalinismo dominador en la U.R.S.S., se hicieron responsables de la muerte lenta a que quedaron sometidos mas de cien mil españoles. Con la guerra, los refugiados de otras nacionalidades, sometidos al mismo trato multiplicaron varias veces la cifra.

La ocupación de Francia por los nazis y la instauración del gobierno de Vichy agravaron aun la situación de los refugiados. Millares de entre ellos han sido condenados a penas que varian entre cinco y veinte años de trabajos forzados. En las cárceles, las compañías de trabajo y los lugares de castigo, muchos siguen muriendo de tuberculosis o víctimas de otras enfermedades. La Gestapo y el Segundo Buró de Vichy contra toda ley habida o por haber, han entregado traidoramente a centenares de refugiados a Franco, Mussolini y Hitler. La prensa ha publicado algunos de los nombres de los mas conocidos entre los que fueron fusilados; silencia en cambio, un número de fusilados por este sistema odioso, gente sin nombre político pero de excelente ejecutoria revolucionaria. Aun era tiempo de correr en su auxilio. Pero los grandes paises que pretenden luchar por la democracia los dejaron friamente conducir al verdugo. Y la gran prensa, particularmente la de los Estados Unidos e Inglaterra, que vierte diariamente sobre el mundo su carga de opio literario, su "bourrage de crane" perpetuo, hace sobre los refugiados un silencio no menos odioso que la persecución de que los hace objeto Vichy y Berlin.

Si negra y horrenda es la historia de los refugiados en Francia, incomparablemente mas lo es la de los acogidos en sus colonias. Los prisioneros de las guerras en la antiguedad no eran tratados mas barbaramente. El imperialismo francés vio en ellos esclavos de los cuales sacar provecho y como tales los trató. Decenas de miles de refugiados españoles - a los que se añadieron algunas barcazas de los residentes en la metrópoli- fueron obligados a trabajar, látigo en mano, en la construcción del ferrocarril transahariano. Con la fuerza por ley, mas de 35.000 hombres, cuyo crimen fué luchar denodadamente contra el fascismo, fueron reducidos literalmente a la esclavitud a la vista de los pretensos defensores del derecho, ingleses y norteamericanos. Ellos y Stalin, que hubieran podido salvarlos, se convirtieron en cómplices de los esclavistas, por su inactividad y su silencio consentidor.

Pero he aquí, de la noche a la mañana, una prestidigitación entre demócratas y fascistoides de Vichy, somete en un periquete toda el Africa francesa al bando de las Naciones Unidas. Ahora, la suerte de unos 50.000 refugiados españoles, italianos, polacos, checoeslovacos, etc., está directamente en manos de quienes se califican a si mismos de defensores de la libertad. ¿Qué van a hacer con ellos? Dos meses largos han transcurrido ya sin que de Londres ni de Washington haya salido una palabra sobre ellos. Hasta ahora los refugiados continúan condenados a la esclavitud, bajo Giraud-Roosevelt-Nogues, exactamente lo mismo que bajo Vichy-Berlin. Los gobernantes de las capitales referidas han pactado con los lacayos del fascismo, pero no se preocupan de los millares de refugiados con los cuerpos acribillados por las balas fascistas. La imagen repelente de la contrarevolución, contenida en no menor grado en el imperialismo yanki-inglés que en el germano, se delata en forma sublevante por el trato de enemigos dadó a los auténticos luchadores antifascistas.

Meses antes, Roosevelt ofrecía al verdugo Franco el oro y el moro, con no se que propósitos de reconstrucción artística. Sin duda las ruinas del Alcazar de Toledo o las del Santuario de Santa María de la Cabeza, no provocaran en Roosevelt el más ligero dolor de cabeza, a menos que en sus noches turbadas por la amenaza del imperialismo rival, vea alzarse de las ruinas españolas, aun tibias, legiones de espectros de milicianos, escupiéndole con su desprecio: "Tú, Roosevelt, y tus aliados, nos dejasteis morir y ser vencidos en el esfuerzo más grandioso, persistente y verdadero, hecho para aniquilar el fascismo sobre la tierra. Antes que nuestra victoria, preferisteis la de Franco y Hitler. ¿Cómo podeis tener la avilantez de hacer creer al mundo que luchais efectivamente contra el fascismo? Ahí están nuestros supervivientes de Francia, abandonados por vosotros, y los de Africa, mantenidos directamente por vosotros en la esclavitud a que los sometió el fascismo". Pero es espíritu delicado de un Roosevelt prefiere las piedras viejas, carcomidas y despedazadas por la metralla, a esos millares de combatientes de íntegra formación antifascista y cuerpo lacerado por las batallas. Al fin y al cabo, las piedras piedras son, mientras que los hombres luchadores de nuestro tiempo tienen la horrible manía de pensar en un mundo socialista. Y como de pasada, la argamasa aurea ofrecida a Franco, cancelaría tambien los favores que del fascismo hispano recibe la burguesía anglo-americana. La virtuosidad artística de Roosevelt, no puede desligarse de su correspondiente compensación práctica.

¿Tolerará el proletariado esta burla ignominiosa? ¿Verán sin protestar las organizaciones obreras los pasteleos repugnantes de Washington y Londres con los sirvientes de Hitler, mientras tratan como esclavos a los combatientes revolucionarios? Que los stalinistas se callen o dirijan peticiones puramente formales, es comprensible: su papel es el de lacayos obedientes. ¿Pero, qué hacen la U.G.T., la C.N.T., el

Comité de Enlace de ambas, el Partido Socialista, la llamada izquierda caballerista, el P.O.U.M.? No se trata de hacer gestiones oficiales, sino de interesar urgentemente en una campaña por la libertad de todos los refugiados antifascistas en Africa, a las organizaciones obreras del Continente y de Inglaterra. Es preciso organizar protestas, principalmente en Estados Unidos e Inglaterra. Es un baldón de ignominia para las organizaciones obreras que se olvide a tal extremo la solidaridad y se deje obrar libremente a la reacción.

El Grupo español en México de la IV Internacional, lanza la primera protesta pública e invita a seguirla a todos los que no quieren ser cómplices del criminal trato dado a los refugiados de Africa. Hacemos tambien, un llamamiento para que se sumen a nosotros, a todos los sindicatos y demás organizaciones obreras estadounienses e inglesas.
