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Title: La caída de Mussolini, brecha revolucionaria
Description: Editorial: la caída de Mussolini abre en Europa un periodo de ofensivas proletarias y plantea la tarea de nuevos partidos revolucionarios y de los Estados Unidos Socialistas de Europa.
Date: 01/08/1943
Category: Contra la Corriente n.º 6
URL: https://marxismo.school/hemeroteca/contra-la-corriente/1943-08-cc-la-caida-de-mussolini-brecha-revolucionaria
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*Contra la Corriente*, n.º 6, agosto de 1943 (págs. 1-4). [PDF del número completo](https://marxismo.school/assets/archivo/1939-58%20Hemeroteca%20del%20GCI/Contra%20la%20Corriente/6.pdf)

La famosa "era fascista" ha terminado para Italia, en vísperas de terminar para toda Europa. Con ella terminan las ilusiones reaccionarias de un imperio milenario y la confusión ideológica introducida por algunos pretendidos innovadores del marxismo que anunciaban una sociedad intermediaria entre el capitalismo y el socialismo. La caída de Mussolini es un acontecimiento largo tiempo esperado, para lograr el cual las masas italianas han tenido que sufrir y luchar muchísimo mas de lo necesario. Descontando su primera época de auge, hasta la crísis económica de 1929, el fascismo italiano carecía por completo de otro sostén político que la violencia policíaca. Las masas eran enemigas del fascismo. Para derribarlo sólo les han faltado condiciones internacionales favorables y una política revolucionaria de parte de las organizaciones obreras clandestinas y emigradas. Pero el movimiento obrero de un país está estrechamente ligado al internacional y sigue, en general, sus fortunas y sus desgracias.

El movimiento obrero europeo dió repetidas oportunidades de arrastrar el viejo continente a la revolución y de inyectar a las masas italianas abatidas por la derrota, el optimismo y la energía necesarias para vencer al fascismo. Primero llamó a las puertas de Europa la revolución alemana. Su triunfo habría significado, con absoluta seguridad, el de los explotados italianos contra la pandilla opresora y esquilmadora de los camisas negras. En un país tras otro, el proletariado habría tomado por asalto la fortaleza capitalista. Pero en lugar de la revolución alemana triunfó Hitler, el representante de otra pandilla burguesa aun mas feroz que la italiana. Ello acarreó naturalmente un desaliento general de las masas europeas y particularmente de las italianas. La psicosis de la derrota y la desmoralización se extendió. Mussolini encontró menos resistencia. En lugar de debilitarse se afianzó. De estas condiciones internacionales desfavorables hay que acusar a los responsables de la derrota del proletariado alemán. La victoria de Hitler estaba muy lejos de ser inevitable. Al contrario, la condición primera de su triunfo fué la falta de una política revolucionaria por parte de las organizaciones comunista y socialista de Alemania. A ellas corresponde la culpa del triunfo de Hitler y de la consolidación subsecuente del fascismo italiano.

En 1936, el proletariado español ofreció otra gran oportunidad de reavivar el espíritu revolucionario de las masas europeas, derrotar al fascismo y plantear en todo el continente el problema de la construcción del socialismo. La noticia del triunfo de los obreros españoles sacudió esperanzadoramente a todos los oprimidos del planeta. La banda de Mussolini vió de cerca el peligro y se apresuró a suministrar a Franco las armas necesarias para derrotar a la revolución. Pero encontró, sin quererlo, un colaborador gratuito y preciso en los gobiernos españoles del Frente Popular. Ellos mismos se pusieron a combatir la revolución, a desarmar a los obreros, a arrebatarles sus conquistas socialistas. A medida que los Gobiernos del F.P. conseguían su objeto, iba muriendo en el mundo la esperanza grandiosa que provocaron los obreros españoles, avanzaba Franco, se consolidaban Mussolini, Hitler y los demás gobiernos reaccionarios. Durante mas de diez años, el fascismo italiano ha ido arrastrando su vida viviendo a expensas de las derrotas infligidas a la revolución en diversos países, por la política antisocialista de
la Segunda Internacional y la Tercera. Mientras ésta última se dedicaba en España a combatir cuanto significara revolución proletaria, el Partido comunista italiano contribuía, por su parte, a desmoralizar mas aún a las masas de su país, procurando aliarse con los fascistas. Los trabadores deben recordarlo particularmente ahora, cuando los stalinistas italianos tratarán de presentarse como los mejores luchadores contra el caído fascismo. En agosto de 1936, la revista "Stato Operario" publicaba un llamamiento del Partido comunista italiano, concebido así: "Para salvar a Italia es preciso reconciliar al pueblo italiano. ¡Pueblo italiano, fascistas de la vieja guardia!, los comunistas hacemos nuestro vuestro programa fascista de 1919, que es un programa de paz, de libertad y de defensa de los intereses de los trabajadores. Nosotros os decimos: luchemos todos unidos por realizar ese programa". Debido a este género de política, las masas italianas han tenido que sufrir la opresión fascista muchos años mas de lo que hubiese sido necesario para derrocarle contando con partidos revolucionarios nacional e internacionalmente.

Sin embargo, las traiciones de su dirección prolongan la letargia del movimiento obrero, pero a la larga no pueden impedir su renacimiento. La guerra imperialista es un poderosísimo agente de agudización de las contradicciones sociales. Aun sin contar con la ayuda de verdaderas organizaciones revolucionarias, el conflicto irreductible entre las masas obreras y campesinas, de una parte, el fascismo y la burguesía de otra, se abre camino por sí mismo. La guerra imperialista lo extremó en Italia. Desde que subió al poder, el fascismo venía preparando al país para la guerra. Cifras astronómicas fueron chupadas a las masas para invertirlas en implementos militares y propaganda patriótica. Todo inútil. La burguesía italiana y su representante político, el fascismo, no contaban, desde mucho tiempo antes de la guerra, sino con el odio jurado de los oprimidos. La guerra les dió mayor oportunidad de manifestarlo de mil maneras, pasiva o activamente. Ellos no querían la guerra imperialista y lo han probado valientemente combatiendo de la peor manera posible. El comportamiento del pueblo italiano durante la segunda guerra imperialista, merece la estimación de todos los revolucionarios. Si él ha sido una de las víctimas que mas prolongadamente ha sufrido por causa de la política antirrevolucionaria de los viejos partidos obreros, a él, en cambio, le cabe la gloria de haber abierto la primera brecha en la fortaleza de la contrarrevolución europea.

No sobreestimamos las consecuencias inmediatas de la caída de Mussolini. La burguesía italiana le ha substituido por la dictadura militar de Badoglio, basada en el aparato represivo del fascismo. El hitlerismo coloca sus bayonetas a la espalda de los obreros italianos; la burguesía yanki-inglesa se las coloca en el pecho. Por encima de la lucha militar, la monarquía, con Badoglio y el aparato estatal burgués-fascista, el hitlerismo, que amenaza desd el interior y desde los Alpes, mas la burguesía estadunidense e inglesa, coinciden en el propósito de impedir la revolución proletaria y salvar el sistema capitalista en Italia. Las masas explotadas están rodeadas por todas partes de enemigos. El desarrollo de sus luchas revolucionarias encontrará aun dificultades grandes, lo sabemos. ¡Pero las masas se han puesto en marcha! Les seguirán las de Francia, Alemania, los Balcanes, España, las de la Unión Soviética misma, y, en grado mayor o menor, esperémoslo, también las de Inglaterra y Estados Unidos. Cada mes que pase reforzará las tendencias revolucionarias de los pueblos, debilitará a sus enemigos fascistas y burgueses en general. Cada mes que pase, Europa se aproximará mas a una época de convulsiones revolucionarias incomparablemente mas intensa que todas las conocidas hasta el presente. La disyuntiva: contrarre-
volución burguesa o socialismo quedará nuevamente en carne viva. La caída de Mussolini marca la linea divisoria entre el pasado, caracterizado por batallas defensivas y derrotas de la revolución, y un nuevo compás de ofensivas proletarias. La capacidad para llevarlas hasta el triunfo del socialismo, reside en la formación de nuevos partidos de masas, sin ligas ideológicas ni orgánicas con los enemigos de clase. Desde luego, hay que poner en guardia a las masas italianas y europeas contra los viejos partidos de la ex-Tercera Internacional y de la Segunda. Capaces de desplegar una lucha parcialmente positiva contra la reacción y el fascismo, al llegar a una etapa determinada se convertirán, como en el pasado, en el mas peligroso freno de la revolución. Por nuestra parte, tenemos la firme convicción de que la organización de la revolución socialista solo podrá existir sobre la base del programa y los efectivos políticos de la IV Internacional.

El mayor y mas próximo peligro que las masas italianas y europeas tendrán que vencer, procede de las tropas de ocupación alemanas y de las futuras tropas de ocupación yanki-inglesas. El ejemplo de Italia no dejará de repercutir poderosamente en las masas alemanas, que ya manifiestan insistente tendencia a insurgirse contra la pandilla hitlerista. Los soldados alemanes, situados en el medio italiano y europeo, cada vez mas revolucionario, pueden y deben ser ganados para la causa de las masas. El hitlerismo y la reacción mundial recibirían un golpe mortal si la mayoría o una parte sólo de sus soldados destinados a reprimir la revolución, se suman a ella. Esto es posible porque la mayoría de los soldados son esplotados que nada tienen que ganar con el fascismo. Los trabajadores deben rechazar las prédicas de odio contra el alemán en general. Quienes así hablan son precisamente los que en el pasado han auxiliado a Hitler, Mussolini, Franco, y en el futuro recurrirán a procedimientos fascistas para evitar la revolución socialista. Los revolucionarios de toda Europa deben esforzarse en oponer los obreros uniformados alemanes a las pandillas nazi y militar; lograrlo significaría el desencadenamiento de la revolución en Alemania.

Un peligro no menor provendrá de las tropas de ocupación angloamericanas y del llamado A.M.G.O.T. (Gobierno Militar Aliado en Territorios Ocupados). Pero en todas partes los ejércitos están constituidos por una gran mayoría de explotados a los que, en un medio revolucionario y con una política revolucionaria, es posible ganar. Los partidos obreros ingleses y americanos deben, desde ahora, denunciar a las masas los propósitos contrarrevolucionarios de sus gobiernos y luchar decididamente en contra. ¡Abajo las armas ante la revolución europea!

Sin embargo, cualesquiera que sean las fuerzas contrarrevolucionarias que se acumulen, llámense fascistas, cristianas o democráticas, los movimientos revolucionarios que se gestan en Europa irán muy lejos antes de que puedan considerarse derrotados para un determinado número de años. Con oscilaciones diversas, en medio de derrotas parciales, prevemos que en la mayoría de los países, los unos tras los otros o grupos de países simultaneamente, llegarán hasta ocupar las fábricas y constituir Comités u organismos propios de poder, aunque carezcan de un partido revolucionario. Es muy probable que la dualidad de poderes se presente en España y Francia casi inmediatamente despues de la caída de la reación. Las masas de toda Europa deben estar alertas contra los enemigos del poder proletario, que no dejarán de introducirse en él para sabotearlo desde dentro, como hicieron en España. Así actuarán inevitablemente stalinianos y socialistas. Entre ellos esperan una multitud de Noskes y de Negrines, dispuestos a salvar nuevamente a la burguesía apuñalando por
la espalda al proletariado. Los revolucionarios, prepárense a convertir el futuro poder dual de obreros y campesinos en el único poder. Sólo entonces, la reacción y el fascismo, junto con la sociedad capitalista, habrán pasado definitivamente a la historia.

¡ADELANTE POR LA REVOLUCION SOCIAL ITALIANA Y EUROPEA!

¡ADELANTE POR LOS ESTADOS UNIDOS SOCIALISTAS DE EUROPA!
