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Title: «Alemania libre» o la eterna antífrasis stalinista
Description: Análisis del manifiesto del Comité Alemania Libre de Moscú: llamamiento a la casta militar y a la burguesía alemanas y cálculos diplomáticos de la burocracia stalinista.
Author: Luis Rastrollo
Date: 01/09/1943
Category: Contra la Corriente n.º 7
URL: https://marxismo.school/hemeroteca/contra-la-corriente/1943-09-cc-alemania-libre-o-la-eterna-antifrasis-stalinista
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*Contra la Corriente*, n.º 7, septiembre de 1943 (págs. 9-15). [PDF del número completo](https://marxismo.school/assets/archivo/1939-58%20Hemeroteca%20del%20GCI/Contra%20la%20Corriente/7.pdf)

Como habíamos aventurado ya en nuestro número anterior, el comité "Alemania Libre", constituido en Moscú es un ente reaccionario hasta la médula. Hoy estamos en condiciones de hablar mas pormenorizadamente, analizar la fachada y echar un vistazo al trasfondo internacional de ese remedo de movimiento alemán.

Tenemos a la vista el téxto inglés del manifiesto editado en la U.R.S.S. a nombre del llamado Comité Nacional de Alemania Libre y lanzado desde los aires sobre Alemania. En el "New York Times", que lo publica, aparece también la fotografía del conde Heinrich von Einsiedel, bisnieto del dictador Bismark y vicé-presidente del comité en cuestión. Es la misma fotografía que exhibe la propaganda lanzada sobre Alemania. No pudiendo reproducirla, conviene hacer su descripción para ambientar el género de la propaganda stalinista y que el lector la saboree en su propia salsa. El conde, vistiendo el uniforme de aviador del ejército alemán, bién distintos sus rasgos asexuales de noble degenerado --una especie de duque de Alba joven-- sostiene entre las manos un cartel en el que se ve, grande, la figura de Bismark, apuntando con el índice hacia un Hitler en pequeño. Al pié se lee como si fueran palabras de Bismark: "Este hombre conduce Alemania a la catástrofe". Y en lo alto esta otra leyenda: "Oid las palabras de un nieto de Bismark". Con este género de admoniciones, que si pueden agradar, y sin duda agradan, a la nobleza y a la gran burguesía alemana, repelen al proletariado y demás capas pobres de la población, riega el suelo alemán la burocracia stalinista.

El manifiesto no puede engañar a nadie. Su contenido es calculada, meticulosamente reaccionario. La propia burguesía anglo-americana, que no sin razón a visto la constitución del comité como una amenaza dirigida contra sí, no logra descubrir nada atentatorio para el régimen capitalista en los propósitos de la sedicente Alemania Libre. Por boca de su comentarista Arthur Krock --reaccionario reconocido-- el "New York Times", órgano de la alta finanza yanki, decía el 2 de septiembre: el manifiesto "aparece cuidadosamente vacío de toda ideología marxista-comunista, que tenía muchos partidarios entre los anti-nazis de Alemania. No hace referencia alguna a las clases, ni a la lucha de clases, ni ningún ataque contra los enemigos de clase; nada de incitación a la revolución social..." Así es; por mas que se hurgue en él nada de revolucionario o que se le parezca de lejos, podrá encontrarse. He aquí uno de sus párrafos principales:

"Si el pueblo alemán se muestra a tiempo suficientemente valeroso y prueba de verdad que quiere ser un pueblo libre y que está determinado a liberar a Alemania de Hitler, entonces ganará el derecho a decidir su propio destino y otras naciones lo tomarán en consideración. Este es el único camino para salvar la propia existencia, la libertad y el honor de la nación alemana."

Un ultimatum en toda regla dirigido al pueblo alemán. O el derrocamiento de Hitler "a tiempo", es decir, mientras convenga a los intereses de los patrocinadores del manifiesto, o la destrucción de Alemania como nación, el mismo programa que sostienen los imperialistas de Londres y Washington, rivales de la industria y el capital financiero alemán. En
su tiempo, el pueblo alemán, principalísimamente el proletariado, probó con hechos, no con palabras de fariseo, su decisión de impedir la subida de Hitler al poder. Su lucha, que contaba con enormes probabilidades de éxito, fué saboteada por la mismísima gente guarecida tras el comité Alemania Libre: la burocracia stalinista. Y despues de haber suministrado a Hitler petroleo y meterias primas con que ayudar a Franco, mas, a Negrín y compañía, argumentos, policía (G.P.U.) y ametralladoras con que desarmar a los obreros y despojarlos de sus conquistas socialistas, lo que sólo podía redundar en una consolidación del fascismo internacional, los mismos sicofantes emplazan al pueblo alemán: "derroca a Hitler o te destruímos".

Esta alternativa ultimatista condensa el inmenso carácter reaccionario del gobierno de Stalin. Derrocar a Hitler es un problema de correlación de fuerzas, tanto nacional como internacional, entre la burguesía y el proletariado. Cierto, la burguesía alemana, para obtener mejores condiciones de paz, puede sacrificarle substituyéndole por el Estado Mayor. El aparato hitlerista quedaría en pié. Su derrota puede ser únicamente obra del movimiento revolucionario de las masas. El tiempo que los explotados alemanes tarden en derrocar a sus esquilmadores, depende de muchos factores. Entre todo ellos, el factor militar, o sea, las derrotas infligidas al ejército alemán, desempeñan un papel de importancia considerable, pero no decisiva. Lo decisivo, lo que complementa y desenvuelve todo desenlace histórico, es el factor humano, la actuación de los hombres a través de sus partidos, organizaciones y programas políticos. Existieron todos los factores materiales acumulados por la mecánica social, necesarios para impedir el paso de Hitler; las organizaciones obreras que debieron operar con ellos, situadas ideológicamente a retaguardia de las necesidades históricas, los desaprovecharon, contrariaron su desenvolvimiento en lugar de fovorecerlo. La descomposición de esas condiciones produjo el triunfo de Hitler. Otro tanto podría decirse de la reacción en cualquier parte del mundo y con particular claridad en España. Nuevamente, durante esta guerra o como consecuencia de ella, la caída de la contrarrevolución alemana dependerá fundamentalmente de la actitud política de las organizaciones del proletariado alemán e internacional. Con una política internacional que sintéticamente puede expresarse así: abajo Hitler y la burguesía, viva la revolución socialista alemana, la caída del primero se aceleraría. Lo que ha ocurrido en Francia, en los Balcanes y recientemente en Italia, mas la continua agitación ilegal que se desenvuelve en Europa, permite asegurar que la caída del fascismo se habría producido ya de haber existido una política revolucionaria por parte de las organizaciones obreras. Patrocinada por el gobierno soviético, sería mas peligrosa para Hitler que todo el poderío militar que puede acumularse contra él. Pero los partidos, tanto de la II como de la ex-III Internacional, están entregados al imperialismo yanki-inglés, en espera de poder recuperar, la victoria de éste mediante-- sus antiguos puestos, auxiliares de sus respectivas burguesías nacionales. Ellos cierran el camino al desenvolvimiento revolucionario del proletariado internacional, reducen su posibilidades de recuperación, y como consecuencia prolongan la permanencia de la devastadora dictadura nazi. Por añadidura, viene el gobierno de Stalin, y por boca del monigote Alemania Libre, amenaza a las masas alemanas: deshaceos de Hitler antes de que me enfade u os aplastamos. A tanto equivale coger a un hombre por el pescuezo, apretárselo violentamente y prometerle: si respiras mas aceleradamente te suelto, si nó te estrangulo.

La lucha de las masas alemanas contra sus opresores es un proceso a cuya culminación no puede ponérsele plazo fijo. Solo cabe apoyarlo y precipitarlo por todos los medios posibles. El plazo, el ultimatum, sólo pueden ofrecerlo quienes consideran la caída de Hitler no como un problema de orden social en el que se enfrentan las masas alemanas e internacionales, de una parte, Hitler, la burguesía alemana y mundial de otra, sino como un problema de orden estratégico-diplomático, destinado a satisfacer necesidades privativas extrañas al proletariado alemán e internacional. Considerada como problema social, la lucha contra la reacción fascista no es anterior, contemporanea o posterior a la derrota militar alemana; es permanente, y desconoce la tregua hasta alcanzar su objetivo. Una política revolucionaria por parte de la Unión Soviética, se opondría al saqueo y desmembración de Alemania que proyectan Estados Unidos e Inglaterra, aun despues de la derrota de Alemania y perseguiría incansablemente la caída de Hitler como primer paso de la revolución socialista alemana; prometería su ayuda incondicional al proletariado, contra los propósitos anglo americanos, no menos reaccionarios que los de Hitler. En lugar de esto, el comité Alemania Libre, directamente asesorado por el gobierno de Stalin, exige la caída de Hitler a plazo fijo o el abandono completo de Alemania a la saña de sus rivales imperialistas. Evidentemente, la proposición ultimatista no puede ser muy tentadora para las masas oprimidas alemanas.

Después veremos las razones últimas de semejante ultimatum. Por el momento, tratemos de meternos en la piel de un obrero alemán que haya leído el manifiesto. ¿Derrocar a Hitler? --se dirá--, excelente idea; no pienso en otra cosa desde 1933, pero sé por experiencia que la fuente del fascismo y la contrarrevolución en general, está en la propiedad privada. Toda lucha contra Hitler que no alcance hasta la revolución socialista no puede ser mas que un compás de espera para una nueva contrarrevolución, para un nuevo fascismo. En consecuencia, la lucha contra Hitler debe desarrollarse llevando por lema la revolución social. De lo contrario volveríamos a otro Hitler por un rodeo. Y echando un vistazo al manifiesto de Alemania Libre, leerá su propósito de establecer un "gobierno nacional alemán", que significaría un "gobierno democrático fuerte sin nada de comun con el indefenso régimen de Weimar". ¿Indefenso contra quién? --se preguntará forzosamente el obrero alemán. Yo he visto que la democracia de Weimar tuvo que defenderse contra los ataques de las masas insatisfeches, por el asesinato de los mejores revolucionarios, Rosa Luxemburgo y Carlos Liebknecht, y por la carnicería de las masas, mientras los nazis gozaron en ella de una protección creciente a medida que las tendencias obreras hacia la revolución socialista eran debilitadas y vencidas. Si el régimen que nos promete Alemania Libre debe ser aun menos indefenso que el de Weimar, significa que ha de comportarse aun mas brutalmente respecto de las aspiraciones revolucionarias de los trabajadores. Y mirando aun al manifiesto, el obrero alemán confirmará sus sospechas: restauración de los derechos políticos y sociales ganados por los trabajadores, libertad de palabra, de prensa, de asamblea, religiosa; libertad económica y de comercio, harto sospechosas de por sí; y como corolario, "el derecho garantizado a trabajar y a la propiedad legítimamente adquirida". Todos los derechos y promesas caen por tierra ante el "sagrado" derecho de propiedad, el único derecho real que el manifiesto promete. Desde la revolución francesa --se dirá con perfecta razón el obrero alemán-- se ha demostrado hasta la saciedad y ha sido ratificado con arroyos de sangre, que todos esos derechos ante la ley son filfa para los trabajadores mientras se conserve la propiedad privada de los elementos de producción. Estoy dispuesto a batirme contra los nazis por los derechos democráticos, pero sólo con el objeto de consolidarlos mediante la expropiación del capitalismo. La experiencia mundial y la alemana en particular, me enseñan
que la propiedad privada de los medios de producción conduce al totalitarismo. En consecuencia, lo que me prometen esos señores de la Alemania Libre es substituir a la camarilla nazi por otra mas o menos totalitaria pero igualmente enemiga de la revolución socialista. Nada tengo que hacer con ellos; prefiero seguir mi propio camino de lucha contra Hitler, camino de clase, conducente a la dictadura del proletariado y a la instauración de los Estados Unidos Socialistas de Europa.

En efecto, los obreros alemanes seguirán sintiendose abandonados a sus propias fuerzas contra Hitler y traicionados por el gobierno stalinista. Que en el fondo no se trata para nada del pueblo alemán, aparece completamente clara viendo que el manifiesto elude deliberadamente hablar de elecciones, no promete la disolución del partido nazi y recomienda: "bajo la dirección de los mandos que reconocen su responsabilidad, abrid el camino de la paz a vuestro país". ¡Miserable recomendación que solo desaprobación y asco provocará en los explotados! ¡El gobierno de Stalin les recomienda seguir a los junkers y generales protectores y sostenedores de Hitler! Igual que si recomendara a las masas españolas seguir a Moscardó, Muñoz Grande, Queipo, Varela y compañía. No; un programa semejante es el programa de la burguesía alemana ante el fracaso militar de Hitler, pero no el programa del proletariado. La directriz de éste para el ejército debe ser: abajo el ejército nazi-capitalista, viva el ejército rojo alemán; para la sociedad: abajo Hitler y la propiedad privada, viva la revolución social.

El llamamiento de Alemania Libre apenas trata de cubrir las apariencias. No se dirige a las masas laceradas por la opresión, sino a los opresores; no se preocupa lo mas mínimo de su salvación, sino de la salvación de la gran burguesía alemana. Apunta directamente a conquistar a la casta militar prusiana y a los grandes tiburones de la finanza, sin excluir a los nazis. Solo se les pide que abandonen el nombre de tales. Stalin trabaja desde hace tiempo en ese sentido. Poco tiempo despues del ataque nazi a la U.R.S.S., el partido "comunista" alemán se pronunciaba desde la radio de Moscú, el 20 de julio de 1941, "por la *restauración* de la inviolable alianza entre el pueblo alemán y la U.R.S.S.". En diciembre del mismo año, el periodista Harry Hopkins, refiriendo una entrevista con Stalin informaba que el odio de este era contra Hitler... y no contra el "Estado Mayor General". El 8 de octubre de 1941, se celebró la primera conferencia de prisioneros de guerra alemanes, en el campo soviético número 58. "Los nazis no fueron excluídos; al contrario, se concedió sitio de honor a los ex-miembros de la juventud hitlerista".[^1] Finalmente, el periódico de los stalinistas alemanes en México "Freies Deutschland" (Alemania Libre), proponiendo una coalición con toda clase de fascistas, filo-fascista y burgueses, proyectaba incluir además de los antiguos partidos burgueses, el "socialista" y el "comunista", y "antiguos miembros de las S.A. (Secciones de Asalto hitleristas, las encargadas de realizar los mayores crímenes contra los obreros) e incluso aquellos que técnicamente (sic) son actualmente miembros de la organización nacional socialista". Sobre todo esto, la composición del comité Alemania Libre --militarotes prusianos, ex-nazis y algunos stalinistas-- mas la nueva "Asociación de Generales Alemanes", creada despues en Moscú, completan la idea premeditamente antiproletaria del movimiento, si movimiento puede llamarse lo creado artificialmente. Cuanto tiene de concre-
to está dirigido a la gran burguesía, a la casta militar e incluso a los mas próximos colaboradores de Hitler. Lo demás, la palabrería democrática, es la faramalla obligada. Hasta ahora, ningún movimiento en la historia, ni siquiera el fascista, ha tenido el cinismo de presentarse publicamente como defensor de los privilegiados. Las palabras, justicia, libertad, derechos, nación, etc., etc., han cubierto indefectiblemente los mas odiosos crímenes y abyectas opresiones. El proletariado empieza a comprender al fin que la justicia, la libertad, la democracia, empiezan donde termina la propiedad privada de los elementos de producción y se inician con el gobierno de los trabajadores basado en sus propios órganos de poder. El resto, lo repito, es filfa, engañifa, "bourrage de crane", según la magnífica expresión francesa. En suma, por el programa de Alemania Libre, Stalin viene a decir: El fascismo como sistema de dominación os ha fracasado, señores burgueses alemanes. Acomodaos a otra denominación, si os place, y seremos amigos. En cambio os prometo defenderos contra vuestros rivales. Si os negais, si no lo haceis "a tiempo", entonces, entre Estados Unidos, Inglaterra y yo, destruiremos sin dejar piedra sobre piedra la potencia económica de la burguesía alemana. He ahí el significado último, el significado verdadero y único, de la constitución y el programa del comité Alemania Libre. El stalinismo está ya acostumbrado a emplear las palabras en su sentido contrario. "Alemania Libre" es una mas de sus muchas antífrasis. Una lectura correcta debe interpretar: Alemania Encadenada.

El llamamiento a la casta prusiana, la Asociación de Generales Alemanes, la promesa de una Alemania fuerte y la propia présencia del bisnieto de Bismark en el comité, indican todo un plan de defensa contra Washington y Londres, fundamentalmente basado en la idea del viejo Canciller dictador, hecha suya despues por Ludendorf, de un bloque germano-ruso como contrapeso al bloque de las potencias occidentales. La oferta de Stalin tiene que ser naturalmente muy tentadora para la gran burguesía alemana y para el ejército, que de la victoria anglo-americana sólo pueden esperar un aniquilamiento total. Hecha la paz con la U.R.S.S., la burguesía alemana tendría mayores posiblidades de arrancar una paz negociada a sus rivales angloparlantes. Su potencia económica se conservaría en la post-guerra y Stalin encontraría en Alemania un auxiliar económico y un aliado diplomático y militar frente al enorme potencial yanki-inglés. Pero este andamiaje reposa sobre una hipótesis de realización dudosa: la burguesía alemana tiene que salvarse del desarme y destrucción económica aneja a la rendición incondicional recientemente reiterada en Quebec. El monto fantástico de la producción bélica anglo-americana permite prever la derrota de Alemania aun en el caso de una paz separada con la U.R.S.S.. El resultado sería, a breve plazo, contraproducente para el propio Stalin. Todo su juego reside en quedar bien con el campo imperialista vencedor o en impedir que haya un vencedor definitivo. Para la casta burocrática representada por el dictador del Kremlin, lo segundo ofrece mas libertad de movimiento, posibilidades de maniobra y de estabilidad política. Si Stalin descubriese alguna posibilidad de poder salvar a la burguesía alemana de la destrucción, no le detendrían escrúpulos para pactar nuevamente con el propio Hitler y despedir al instante a todos los corifeos de Alemania Libre. La experiencia finlandesa del gobierno Kuusinen está aun fresca. Puede repetirse con tanta mayor facilidad cuanto que, desde entonces acá, la burocracia ha recorrido el poco camino que le faltaba para llegar al extre-
mo de la degeneración. Solo en caso contrario se conservará Alemania Libre, para despacharla a yugular la revolución alemana tan pronto como el ya importante movimiento revolucionario alemán dé cuenta de la bamada hitlerista. Falto de una Alemania burguesa "fuerte" que apuntar al Occidente, Stalin le pasaría la cuenta de sus servicios sociales contra la revolución proletaria.

La estabilidad política es el gran problema interno de la burocracia stalinista, factor supremo, factor determinante de su política exterior. La burocracia necesita indispensablemente evitar convulsiones revolucionarias, tanto en el territorio de su dictadura como en el resto de Europa. Aquí, un violento huracán revolucionario empieza ya a desencadenarse; en la Unión Soviética, al cabo de mas de dos años de guerra, las fuerzas del proletariado y el campesinado pobre, necesariamente deben haber extremado su oposición a la casta totalitaria y bonapartista. La falta de informes precisos no puede inducirnos a error. El divorcio, ya inmenso antes de la guerra, entre las masas pobres de la ciudad y el campo y la bestial pandilla burocrática, no puede haber dejado de agudizarse hasta el extremo. Las masas son hoy mas miserables y oprimidas que ayer; la pandilla stalinista, por la repugnante acumulación de privilegios materiales que la separa del pueblo, es hoy mas desenfrenadamente totalitaria y mucho mas parecida que nunca a la burguesía de cualquier país capitalista. Las convulsiones de la guerra, con sus movimientos de población, el trasiego continuo del elemento humano en los puestos inferiores de la economía, el ejército, los sindicatos, koljoses, etc., mas la familiarización forzosa con la muerte, tienen que haber disminuido la capacidad del terror stalinista para mantener en silencio el descontento general y desparramar a la oposición política. El soldado o el obrero que pueden morir mañana en el frente o al pié de la fábrica, no se dejarán amedrentar tan fácilmente por la G.P.U. Puede ser asegurado sin temor a equivocarse que el gobierno contrarrevolucionario de Stalin ha entrado ya en la etapa en que el terror, lejos de contener a la oposición revolucionaria, la concentra, la exaspera y suscita toda su capacidad de heroísmo. Esta es, incuestionablemente, la mas urgente razón de paz para Stalin. Por experiencia conoce el peligro que para cualquier reacción representan millones de obreros y campesinos armados. La salud de la burocracia exige desmovilizarlos y desarmarlos cuanto mas pronto mejor. Al mismo tiempo, le conviene propiciar en Europa una situación que ofrezca el máximo de garantías posible contra la revolución proletaria.

La alianza buscada con la casta militar alemana mediante el comité en cuestión y la Asociación de Generales Alemanes, está enderezada a ese propósito. Stalin quiere no solamente una burguesía alemana fuerte que aliarse contra el imperialismo anglosajón; quiere, al mismo tiempo, un gobierno militar-policíaco que mantenga en cintura a los trabajadores. Si en el período revolucionario de 1917 a 1923 los dirigentes bolcheviques esperaban la salvación de la revolución alemana, actualmente el bonapartismo solo puede esperar de ella su propia aniquilación. Habiendo traicionado a la revolución, toda su estrategia internacional se reduce a aliarse con un grupo imperialista contra el otro, regatear entre ambos y venderle sus malos oficios cerca del proletariado. Por este sistema, se puede, sin duda, defender los intereses de la burocracia stalinista. En cuanto a los de la Unión Soviética, resultan cada vez mas comprometidos. La propia victoria militar del Ejército Rojo corre el riesgo de convertirse en derrota para las masas, porque la buro-
cracia está en vias de liquidar la economía planificada y el monopolio del comercio exterior, únicos restos estructurales de la revolución, en cuya salvación pueden tomar base las masas para alzarse contra la burocracia. Despues de haber vencido a Hitler, las masas soviéticas han de vencer a Stalin o su sacrificio servirá únicamente para apuntalar la victoria definitiva de la contrarrevolución burocrática.

En suma, si Stalin concluye su proyecto de alianza con la gran burguesía y el Estado Mayor alemanes, o bien considera mas prudente continuar a la sombra de los multimillonarios de Londres y Washington, es problema que resolverá en función del mayor margen de maniobra diplomática y de su terror al ver desperezarse a las masas soviéticas. Asido a Berlin o a Londres-Washington, su traición a la misión histórica del proletariado es invariable. En general, su política exterior ha quedado fijada definitivamente a la vera de la gran propiedad capitalista. El hecho que, en circunscripción mundial de esta última, haya campos antagónicos disputándose la supremacía en el reino de la explotación del hombre por el hombre, le concede un radio de movimiento susceptible de desplazarle del uno al otro campo; pero Stalin está definitivamente amarrado al círculo de la explotación del hombre por el hombre. Por ese medio, sea con Hitler, sea con su Estado Mayor, sea con Roosevelt y Churchill, puede obtener concesiones que le permitan avanzar hacia el occidente las fronteras rusas y ejercer cierta influencia en los pequeños paises colindantes. Cualquier ventaja de este género será necesariamente provisional. Ambos imperialismos contendientes accederán sin grandes dificultades a las demandas del "mariscal". Los "democráticos" tienen plena seguridad de poder anularlas despues de la guerra; con o sin Hitler, la burguesía alemana, también, si es que por intermedio del "mariscal" logra salvar su economía. En este caso, los dos imperialismo, juntos o a porfía, minarán en la post-guerra las concesiones hechas. Procurarán minar a la propia U.R.S.S. introduciendo en ella su capital financiero con la noble finalidad de reconstruir el país y de paso.... las relaciones de propiedad burguesas.

El carácter reaccionario de la casta burocrática, impide que las victorias militares soviéticas se conviertan en victorias de la propiedad socialista sobre la propiedad capitalista, salvo por el derrocamiento de la burocracia y la restauración de la dictadura del proletariado. La revolución europea, es la única diplomacia capaz de ayudar efectivamente a la salvación de la U.R.S.S. La defensa de la U.R.S.S. pasa por la mas implacable lucha contra el termidor stalinista. Quienes apoyan a la burocracia traicionan a la U.R.S.S., traicionan al proletariado mundial, están en el campo del enemigo de clase. La conducta de los revolucionarios debe inspirarse en principios diametralmente opuestos a los contrarrevolucionarios del stalinismo. No "Alemania Libre", que quiere decir burguesa, dictatorial, encadenada a los privilegiados, sino Alemania soviética, socialista; no alianza con la burguesía de uno u otro campo, sino con el proletariado y los campesinos del mundo bajo esta enseña: ¡Abajo el capitalismo, viva la revolución proletaria internacional! En la U.R.S.S., los revolucionarios deben batirse al grito de: ¡Abajo las camarillas capitalista rapaces y ensangrentadas, de Hitler, Hiroito, Churchill y Roosevelt, abajo la contrarrevolución stalinista; vivan los soviets de obreros, campesinos y soldados; por una Alemania socialista; por la revolución mundial!

[^1]: Esta y la primera cita han sido tomadas del artículo "Objetivos de Rusia en Europa", por D.J. Dallin, publicado en "The American Mercury".
