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Title: Problemas españoles
Description: Primera parte de un estudio sobre la estrategia de la clase obrera española, desde 1868 hasta la situación económica y social de comienzos del siglo XX.
Author: Sergio Ordosa
Date: 01/09/1943
Category: Contra la Corriente n.º 7
URL: https://marxismo.school/hemeroteca/contra-la-corriente/1943-09-cc-problemas-espanoles
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*Contra la Corriente*, n.º 7, septiembre de 1943 (págs. 16-20). [PDF del número completo](https://marxismo.school/assets/archivo/1939-58%20Hemeroteca%20del%20GCI/Contra%20la%20Corriente/7.pdf)

La caida del fascismo en España provocará, como todos esperamos, un diástole espansivo en el que el pueblo tratará, a su manera, de reconquistar el terreno perdido durante los años de la era franquista y, ampliar a la vez su victoria hasta la consecución de un nuevo régimen social. El alcance y la persistencia del esfuerzo popular, estará condicionado, dentro de la realidad económico-social española, a tres factores: la capacidad de resistencia de las clases reaccionarias -entiendase la oposición organizada que presenten a la presión popular-; la estratégia política de la clase trabajadora, determinada por la actuación de su vanguardia: el Partido y, la correlación internacional de fuerzas en la lucha mundial entre el proletariado y la burguesia, que segun se incline de un lado o de otro, aportará decidida ayuda, bien a los opresores bien a los oprimidos.

De estos tres factores, el segundo, por cuanto que su realización satisfactoria depende de nuestro esfuerzo objetivo, será el que ocupe este trabajo y el que a la vez quisieramos que absorviese la preocupación de quienes dicen orientar su energía hacia la transformación social de la humanidad, hacia el derrocamiento del sistema de privilegios, explotación y guerras, hacia el hundimiento definitivo del régimen capitalista.

Pocos pueblos pueden contar con tan numeroso acervo de experiencias recientes, como el pueblo español. Desde 1868, año en que la burguesía española -aguijoneada por una gran crisis económica que agudizaba en extremo la desarmonía en las relaciones de clases y proyectaba al maximo los antagonismos entre el Estado español y las diversas nacionalidades oprimidas-, se decidió combatir a la monarquía, guardadora del tradicional y estrecho orden feudal, el pueblo español no ha dejado de intervenir en las luchas políticas y sociales.

Durante los periódos de 1868 a 1874, de 1917 a 1919, de 1929 a 1931 y de 1934 a 1939, el proletariado y los campesinos españoles se encuentran en la avanzada de todas las luchas políticas. En cada una de estas etapas, es su esfuerzo, el peso específico de su número y actividad o su falta de tal, quien determina las variaciones sufridas, bien se caractericen estas variaciones por conquistas políticas de tipo liberal democrático, bien por retrocesos reaccionarios, con merma de los derechos y libertades individuales y colectivas, como en los casos en que su esfuerzo y actividad decreció o fué anulado por la acción de las clases opuestas.

De 1868 a 1939 las luchas se caracterizan por dos hechos: 1°, la presencia en ellas de las masas populares y 2°, el papel director de una minoría perteneciente a la clase burguesa o pequeño burguesa. De Pí Margall y Salmeron a Azaña y Negrin, los resultados son siempre dos: La traición de la minoría directora y la derrota final de la clase obrera. De los hechos y resultados se desprende una innegable enseñanza: la de que las derrotas se deben a no haber mantenido una política revolucionaria independiente, de clase, sino por el contrario, haber en cada uno de estos periódos, supeditado el proletariado su acción a la dirección
política de los partidos de la burguesía, de la pequeña burguesía o de sus representantes en el movimiento obrero, como la socialdemocracia de ayer y el stalinismo de hoy, quienes por ley histórica traicionaron cuantas veces tuvieron ocasión.

En 1868, fecha en que se iniciaron las luchas que habian de abocar a la proclamación de la primera República en 1873, fué la aportación decidida de las bajas clases populares, proletarios y obreros del campo, quien determino el triunfo de la pequeña burguesía y con él, el derrocamiento de la monarquía.

Tre objetivos primordiales, de tipo especificamente democrático, fueron las palancas de la lucha: la revolución agraria, con un reparto general de las tierras; la autonomía de Cataluña -la mas consciente políticamente de las nacionalidades oprimidas por el Estado español- y, la separación de la Iglesia del Estado, anulando con ello su omnimodo poder de casta explotadora.

La consecución integra de estos fines, determinaba como primordial la destrucción del Estado monárquico, a lo cual solo podía llegarse a traves de una rapida desvertebración de los pilares seculares de su sostenimiento: el Ejercito y el agrarismo feudal. Pero los hombres de la pequeña burguesía, los Pí y Margall, Salmeron, etc., en vez de propiciar el logro de esta reivindicaciones, no solamente proletarias sino tambien populares, es decir inclusive de interes histórico para la pequeña burguesía, hicieron cuanto les fué posible para impedir su triunfo. El ejército monárquico no fué disuelto, por el contrario, se empleo para reprimir la insurrección campesina en las provincias andaluzas. Cataluña sufrió engaños y amenazas, que constriñeron su movimiento de liberación nacional a una paciente espera de solución "legal", parlamentaria, de su problema.

En tal situación, se intentó una experiencia anodina, de la que tendriamos una nueva versión en 1931. Sin transformar en lo mas mínimo el aparato del Estado, conservando amorosamente, no ya su base económica sino su superestructura jurídica, nuestra pequeña burguesía, incapaz de comprender los problemas de la revolución democrática, aniquiló las fuerzas sobre las que podía haberse apoyado la República; exasperó a las masas, que al comprobar la traición de las esferas políticas directoras, intentaron conquistar lo prometido en un último esfuerzo, que al fracasar permitió de nuevo el triunfo de la reacción feudal.

El 3 de enero de 1874, el "heroe" de la represión campesina, enviado especial de los grandes latifundistas, quienes se consideraban ya en aquel momento lo suficientemente fuertes para terminar con la farsa "liberal", hizo saber de manera un tanto brutal y desagradecida, que el "acto" democrático parlamentario había cesado. Se constituyó un gobierno puente y a fines del mismo año fué restaurada la monarquía. Sobre la derrota total del pueblo, traicionado por sus beneficiarios liberales, germinó toda una época de represión, explotación y vacuidad intelectual, bajo apariencias seudodemocráticas, conocida con el nombre de restauracion.

Los últimos veinticinco años del siglo XIX, fueron considerados como los "años bobos", por la facilidad con que los representantes del agrarismo feudal, pudieron ejercer el poder en España. En el transcurso de ellos no hubo ninguna fuerza revolucionaria activa, capaz de crear serios
problemas. La burguesía, llevada por el pánico de que en la lucha contra el feudalismo, pudiera liberar la fuerza revolucionaria latente de las masas, optó por someter sus intereses a los señores del agro, maximo que su base económica se reducía a un estrecho desarrollo industrial, justo para satisfacer las necesidades mínimas de nuestra retardada economía agraria. Nuestra pequeña burguesía -como la de todo el mundo-, sin intereses definidos, entretuvo su hambre y sus ocios en exaltaciones patrioticas motivadas por la pérdida de los restos de nuestro imperio colonial, y a ratos su intervención política, dentro del panorama "constitucional" de la Restauración, no tuvo otro fin que desviar el movimiento obrero de sus intereses de clase con su charlatanería "jacobina" pero en el fondo respetuosa para el rey y la Constitución. El proletariado y la masa campesina pobre, sin una minoría capaz de plantear y luchar por sus problemas específicos; escasamente organizados, bien en torno al socialismo reformista y conciliador, bien en el anarquismo apolítico, no tuvo peso real como factor histórico, permitiendo por tanto que en la dinámica social española, en ritmo y dirección favorable a los intereses de las castas explotadoras, su existencia fuese casi desconocida.

Con el siglo XX, el mundo capitalista, llegó a un terreno de firme madurez. Salvo las crisis económicas, de ajuste más o menos cíclico, el progreso alcanzó tal fuerza que nada llegó a creerse que impidiéra el logro del reino feliz de la abundancia. Fueron los años del optimismo capitalista, que permitieron pensar a los deslumbrados, que con el sistema de organización nacional o internacional de los monopolios y de los cartels se lograría un planeamiento equilibrado de la economía mundial que satisfaría las necesidades y armonizaría los intereses. Pero en realidad, todo este progreso, todo el sin fin de medios tecnicos incorporados a la producción, dió origen a la era imperialista, que rapidamente habría de negar los falsos buenos propósitos.

Africa repartida entre las diferentes potencias, empezó a conocer el ferrocarril y el telégrafo y con ello, sus pueblos el trato y la categoría de coloniales. Asia, tambien conmovida por el vapor, el raíl y el hilo telegráfico, inició su despertar y la amargura de la explotación blanca. Al rango de potencias de primera fila se encontraron incorporadas tres naciones, que en la última mitad del siglo XIX habían realizado su unidad nacional. En América del Norte, despues de la marcha hácia el Oeste, vastas extensiones entraron en un periódo febríl de explotación del suelo y del subsuelo. La humanidad, a decir de los sacerdotes del optimismo capitalista, no tenía otra meta que la de acumular indefinidamente riquezas y bienes materiales. En treinta años la producción global de carbon de Inglaterra, Francia, Alemania y Estados Unidos, había pasado de 295.900.000 (toneladas) a 1.127.000.000; la de hierro, de 19.810.000 (toneladas) a 66.600.000 y la población de Europa junto con la de Estados Unidos, de 366.000.000 a 524.000.000. Dos nuevos agentes poderosos, a más del vapor y de la mecánica, se ponian al servicio de la técnica y del progreso: La electricidad y la química. El capitalismo industrial tenía sus cuatro miembros completos.

Las economía capitalista, resentía en su armadura interna la productividad cada vez más creciente del trabajo. La super producción exigía la utilización en la industria en gran escala de fuerzas mecánicas, en perjuicio del trabajo humano. Las mercancias perdieron de valor. Los productos manufacturados bajaron de precio. Esto, junto con la competencia, decreció el beneficio (plus-valía) que obtenían los capitalistas. La a-
cumulación por competencia o la absorción, concentraron en poderosos Trusts ramas enteras de la industria. Las capas populares fueron en gran número proletarizadas y a su condición se sumaron núcleos nada despreciables de la pequeña burguesía.

A la par que aumentaba la producción de riqueza y bienes materiales, que engordaba a la gran burguesía, el poder adquisitivo de las grandes masas se redujo. En el mercado, crecía la desproporción entre la oferta y la demanda. Los beneficios y con ello los dividendos perdían consistencia. El hecho aceleraba la concentración, ampliaba las empresas. Los grandes "condottieros" de la industria y la finanza tendieron a aumentar el volumen de sus ganancias, aumentando la masa de producción. Hubo necesidad de gigantescas cantidades de materias primas. Habia que buscarlas donde se encontrasen. Hacía falta posesiones coloniales a los que no las tenian y los que disponian de ellas, más. ¿Que hacer para conseguirlas?. Una política audaz: construcciones navales, carreras de armamentos, afirmación de la potencia nacional en el exterior, creación de esferas de influencia, "penetración pacífica", diplomácia secreta, tortuosa y amenazante, la guerra como recurso.

En el transcurso de este rápido periódo de desarrollo técnico de los medios de producción capitalistas, de industrialización agresiva, de economía monopolista y colonizadora, se desarrollo en Europa un vasto proletariado, que como clase con contornos precisos, delimitados y con intereses y finalidades propias, integró consustancialmente el complejo mundo social capitalista. Las relaciones sociales, diferenciadas por la cada vez más acusada desigualdad económica entre las clases, acrecieron en tensión y, la amenaza de una nueva Comunne, generaron interesadamente en casi todos los gobiernos, la iniciación de una "política social", que sin resolver los problemas de una existencia humana mínima de los trabajadores, tenía la virtud de que a la par de facilitar una demagogia a base de promesas que atraía a los incautos, crear un mínimo de privilegios para una exigua fracción de la clase obrera, que elevandola sobre el resto, la apartase de la lucha violenta. A tal fin, en Inglaterra se promulga una ley de Retiros, otra de salario mínimo para los mineros y en su Parlamento se discute un proyecto de seguros contra la incapacidad y el paro; en Francia, entre otras, se otorga la facultad a las entidades públicas de conceder prestamos a las asociaciones que se propongan fundar cooperativas de consumo; en Italia, se concede al personal ferroviario empleado con caracter permanente o temporal, indemnizaciones hasta de 20 millones de liras anuales; en Suiza, se acepta el principio de seguro contra accidente y enfermedad y, en Alemania se aprueba por el Reichstag, la creación de delegaciones obreras que colaboren en la determinación de las condiciones de salario y de trabajo, y se destinen hasta 12 millones de marcos para la construcción de viviendas obreras.

El movimiento socialista, propiciado por el desarrollo adquirido por el proletariado, por las profundas transformaciones operadas en la economía y por las que esta introducía en la política, adquirio un gran desenvolvimiento. Las organizaciones obreras dejan sentir su influencia en la política nacional. Los Congresos celebrados por la II Internacional en 1900 en Paris y en 1904 en Stuttgart, en los que se discute los principios de la lucha de clase y la aptitud de los partidos socialistas con relación al Estado y los gobiernos burgueses, son un toque de alarma, que junto con el acrecentamiento de las luchas sociales en cada pais, cada vez mas organizadas y amenazadoras, obligan a las clases directoras a alternar su "política social" con procedimientos represivos, cínicos
y crueles.

Ni la aparente preocupación por las capas desposeidas, ni la violencia, logró el equilibrio social a que se tendía. Las masas proletarias siguieron recirriendo a movimiento violentos, huelgas generales, etc. para defender sus derechos políticos y económicos. Los gobiernos reprimieron con violencia. La salvaguardia de los "sagrados intereses" capitalistas justificó toda clase de excesos. En Francia el gobierno Monis, movilizó el ejercito y terminó por la fuerza con los movimientos de protesta, se proclamó la ley marcial en númerosas ocasiones, acusando en una de ellas, en la que se habian movilizado 50.000 hombres para oponerlos a los huelguistas, un balance represivo de 19 muertos y 437 heridos. Por la frascologia de unidad y concordia con que por los voceros intelectuales y políticos de la burguesia se preparaba el clima interior que permitiera la aventura guerrera, en cuanto la clase trabajadora reclamaba mas de lo que los magnates de la industria y la finanza estaban dispuestos a concederla, se la exasperaba, se la provocaba a la violencia, reprimiendola finalmente sin contemplaciones.

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Formando parte de este medio mundial que acabamos de describir, se encontraba España. Lo último de su imperio colonial acababa de desaparecer en la última decada del siglo XIX. Las castas pesaban con gravedad de axfisia y, entre ellas y la clase trabajadora habia un inmenso abismo económico imposible de colmar, dando relación de continuidad, por una pequeña burguesía, que las caracteristicas de nuestra economia -feudal-agraria, pobre, retrasada-, hacian inexistente o escasa. La monarquía, representada por el trece de sus Alfonsos, subordinaba todo a los intereses feudales que la sostenian, no resolviendo ninguno de los problemas vitales que España tenia planteados como nación moderna. En España no se hacía política, ni siquiera política reaccionaria, se tomaba de aquí y de allí, remendando soluciones calcadas del extrangero, las llagas sangrantes de nuestros problemas insolubles. La única política era la de orden público. La Restauración con su máscara constitucional y parlamentária, continuó la tradición de los "buenos tiempos" Fernandinos. La dirección política estaba en manos del monstruoso tinglado caciquil. Los dos pilares del feudalismo se mantenian en pié sobre su enorme base: La Iglesia, sin un gran predominio espiritual, pero en posesión de riquezas fabulosas y de privilegios innumerables; el Ejército, enorme y desproporcionado en sus cuadros "tecnicos", vagabundeaba militarmente, despues de la pérdida del imperio colonial y con afán cada vez más acrecentado por los señores del feudo o de la industria, intervenía en la vida política como factor ultra-reaccionario, como defensor acérrimo de la gran propiedad.

Economicamente, España, es un país fundalmentalmente agricola. La producción agrícola supera con creces a la industrial. En los años de magna floración tecnica, cuando los paises europeos y los E.U. de America establecían de contínuo mejoras tecnicas en los procesos de producción, España empleaba una tecnica de explotación completamente primitiva. Nuestra economía agraria se caracteriza, de un lado, por el predominio del latifundio (gran propiedad feudal) y del otro una masa campesina explotada inicuamente y que vive en terrible miseria. Hay regiones donde el latifundio apenas existe, pero si arcaicas y crueles reminiscencias feudales, como son los foros, los arriendos, la aparcería y la rabassa morta. La limitada industria nacional se encuentra concentrada en Cataluña y Vizcaya.

(continuará)
