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Title: La dictadura franco-falangista, al garete
Description: El supuesto complot masónico-republicano, el discurso de Girón y el miedo común de la burguesía y la emigración «unitaria» a la caída de Franco.
Author: José Méndez
Date: 01/11/1943
Category: Contra la Corriente n.º 9
URL: https://marxismo.school/hemeroteca/contra-la-corriente/1943-11-cc-la-dictadura-franco-falangista-al-garete
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*Contra la Corriente*, n.º 9, noviembre de 1943 (págs. 6-8). [PDF del número completo](https://marxismo.school/assets/archivo/1939-58%20Hemeroteca%20del%20GCI/Contra%20la%20Corriente/9.pdf)

La época de las vacas flacas ha llegado para la odiosa dictadura franco-falangista, sin que haya conocido nunca la de las vacas gordas. Ese es el resultado de la magnífica y persistente lucha del proletariado y los campesinos españoles, en conjunción con el renacimiento del movimiento revolucionario europeo. Aunque sea vencida, la lucha revolucionaria nunca es inutil. Permite, mientras dura el dominio de la reacción, mantener latente el espíritu de la lucha de clases, y llevar el movimiento revolucionario, en la siguiente ofensiva, hasta mas allá del punto máximo alcanzado por el anterior. La dictadura del "caudillo" y su partido hecho por decreto, están ya sufriendo las consecuencias de la obstinación revolucionaria de las masas españolas. A los cuatro años de su entrada en Madrid, la hostilidad es mas general que nunca, y numerosos síntomas anuncian que empieza a pasar de la fase pasiva a la activa.

En las últimas fechas, la prensa mundial se ha ocupado frecuentemente de España. El diapasón de las informaciones, dado por la censura y las miras políticas yanki-británicas, hace coincidir casi todos los sonidos con la restauración monárquica. De vez en cuando, sin embargo, se cuelan breves noticias procedentes de España, que permiten entrever la situación real por las rendijas que se ve obligada a abrir la propia información oficial. De entre estas últimas noticias, dos son particularmente sitomáticas. La del complot masónico-republicano, y un discurso de Giron, falangista empingorotado.

Está sobreentendido que lo del complot es fantasmagoría oficial. Ni los Grandes Orientes de la masonería, ni los Grandes Orientes amarillos del stalinismo y el socialismo son capaces de emprender nada sin el asenso de los amos democráticos. Para obtenerlo, han extremado en los últimos tiempos, cada uno a su modo, pero todos para el mismo señor, sus cabriolas y carantoñas de bufón. El señor les observa displicentemente, les vuelve la espalda y repite frecuentemente a través de sus mercenarios de la pluma: me gusta mas el bufón coronado. Los audaces Orientes de las tres masonerías seguirán cabriolando para llegar a ser el bufón oficial del señor, si no por preferencia de este, porqué así lo requiera la situación interior de España. Pero aunque nada de cierto tenga, la fabricación del complot y su forma misma ofrecen bastante interés. Una invención de esta género sirve para estrechar las filas de las clases reaccionarias, contener por un momento el resquebrajamiento de su frente político y dar pretexto a la represión. La dictadura franco-falangista, confiesa, por la invención del complot, que necesita recurrir a medios excepcionales para conservar la cohesión en sus propias filas. Los puntales de régimen empiezan a estar divididos, lo cual representa una gran ventaja para el proletariado, quien debe aprovecharla en beneficio de la revolución. No menos interesante es la mezcolanza de elementos. Lerroux, Martinez Barrio y Sanchez Román; Prieto, Negrín y la Tercera Internacional, todos aceptan en la invención la "caída de Franco y la subida de Juan III", lo que esperan poder realizar con la ayuda de las Capitanías Generales y de los falangistas descontentos. El guión para esta unificación de elementos tan dispares, ha sido dada por la teoría de la unidad nacional. Excepto la subida de Juan III al poder, nada hay en esa mescolanza que no haya sido expresado públicamente por los defensores de la unidad nacional. El gran abrazo que constituye su aspiración ha sido interpretado por los falangistas fabricantes del complot. Esto no hace mas que atribuirle una intención monárquica aun no admitida por los de la unidad nacional y otra intención subterránea revolucionaria, rechazada con la indignación debida por gentes que se proponen unir a las clases, no desarrollar su lucha natural hasta las últimas consecuencias, como pretenden los bárbaros revolucionarios, Pero incluso el aditamento monárquico a los propósitos conciliadores de la unidad nacional, apunta ya en la propia naturaleza de ésta. Los jefes republicanos, socialistas y stalinistas, sienten un terror pánico ante la ofensiva revolucionaria que se gesta en España. Para contenerla proponen a Inglaterra y Estados Unidos el retiro de Franco; para reprimirla, se ofrecen a colaborar con la burguesía, el clero, los militares y demás falangistas en desbandada. Los inventores del complot no han tenido mas que acentuar un poco la misma tendencia dada en la unidad nacional. La única diferencia real es esta: los inventores del complot advierten a las clases poseyentes: atención, la caída de Franco puede significar la revolución; los falsos complotistas de la unidad nacional se dirigen a las mismas clases: atención, la mejor manera de evitar la revolución es colaborar con nosotros. El mayor baldón que pudiera caer sobre socialistas y stalinistas traidores a la lucha de clases, es que Franco mismo reconozca sus intenciones, aunqué les niegue capacidad para contener la revolución. A los intereses franco-falangistas correspondería mas bien exagerar el valor revolucionario de stalinismo y socialismo.

El discurso de Girón, especialmente dirigido a los falangistas, permite vislumbrar algo de la verdad. Ajuzgar por la versión dada por la prensa americana, el discurso no tuvo otro objeto que tratar de sobreponerse al espíritu de derrota ya general en Falange. El partido oficial se divido, se desbanda, presiente la victoria de sus adversarios. Sus jefes se esfuerzan en vivificarlos cambiando su antigua alianza con el Eje por otra nueva con las "democracias". Pero el verdadero problema está en que no basta contar con el apoyo de los grandes imperialismos extranjeros. Lo que ha producido la derrota moral de Falange es la tremenda hostilidad de la masa pobre de la población, cuyas esperanzas y energía ganan terreno a medida que el partido base de la dictadura se desmoraliza. La caída del franquismo es contemplada por las masas españolas como uno de los acontecimientos mas revolucionarios de su historia, como un nuevo 19 de Julio. De ahí el pánico a sus consecuencias, tanto de la burguesía española, como de la anglo-americana y de nuestros terribles refugiados de la unidad nacional. Franco, que lo sabe, capitaliza ese pánico en las tres direcciones. Por una parte se presenta a las democracias como el único valladar posible contra las masas, y encuentra su apoyo político y económico; con el mismo argumento mantiene en torno a sí a la burguesía nacional, y el espíritu revolucionario de las masas, trata de aplacarlo mostrandoles que los propios líderes stalinistas y socialistas se convierten en moderados burgueses. Porqué en el fondo, la razón del moderantismo de estos es exactamente la misma que la razón por la cual la burguesía española no se ha decidido aun a substituir a Franco. Teme que la ola revolucionaria la desborde, exactamente como los jefes stalinistas y socialistas temen ser desbordados por el tremendo empuje de las masas. Bastan como pruebas las frecuentes invitaciones de "España Popular" a que no se tomen represalias al caer Franco (lease: que se dejen tranquilos a los falangistas), la proposición de Prieto de "una República fuerte", contra los "espasmos demagógicos", y las miserables lamentaciones de Belarmino Tomás sobre lo que va a pasar en España.

En suma, la burguesía española, la burguesía internacional y los emigrados pseudo-socialistas, coinciden en el temor a la caída del franco-falangismo. De ahí que los mas osados se queden en la república burguesa fuerte. El resultado es que Franco, tambaleante, sin otro apoyo que el del miedo general a su caída, prolongará su permanencia en el poder mas tiempo del debido. por su parte, las masas, sin dirección revolucionaria, encontrarán mayores dificultades para rehacerse y organizarse su futura ofensiva.

A pesar de todo, es evidente que las masas continuan recuperandose y aumentando su presión contra el régimen. Dan fé de ello las repetidas maniobras monárquicas procedentes de Londres y Washington, al parecer con el apoyo de ciertos sectores de la nobleza, la burguesía, el generalato y el clero. El único significado que para los revolucionarios pueden tener estas maniobras, es que la complicidad de Churchill y Roosevelt no han tenido ninguna utilidad para Franco, frente al pueblo. Y como el movimiento revolucionario en toda Europa, continuamente creciente, solo puede favorecer el particular de España, los señores demócratas tienen que ir pensando en la mejor manera de dar un paso atrás en España, conservando bayoneta calada contra el proletariado y los campesinos pobres. En una palabra nos preparan un enjuague a la Darlan y Badoglio. De ambos han sido complices en el Africa y en Italia, stalinistas y socialistas. En España no puede esperarse otra cosa, pero sí se debe poner en guardia a las masas para que sigan su propio camino revolucionario en contra de complices pseudo-obreros de nuestro futuro Darlán.

Ni monarquía ni república son una solución. Los derechos democráticos deben ser exigidos y utilizados para encubrir la finalidad histórica de la revolución socialista. En el interior de España los revolucionarios deben trabajar desde ahora en ese sentido. El proletariado no debe dejarse desviar más hacia objetivos burgueses. por muy encubiertos de obrerismo que se le ofrezcan. El proletariado español ofrecerá una nueva oportunidad revolucionaria, puede estarse seguro de ello. Los únicos hombres en quienes debe depositar su confianza son los que se proponen a la toma del poder político por el proletariado y la destrucción del capitalismo. Los demás le llevan a una nueva derrota, le quieren encerrar indefinidamente en la exclavitud capitalista, le traicionan. Y los traidores, tanto en el movimiento ilegal español como en la emigración deben ser implacablemente denunciados, cualquiera que sea el colorín político de su nombre. Los intereses históricos del proletariado es lo único que debe contar para los revolucionarios, a ello se supedita todo lo demás. El grito: ¡Viva la revolución proletaria!, es el mas peligroso para Francó, el único certero para el porvenir.

Noviembre 1943.

> "En realidad, lo que apoyan (los social-patriótas) no es la defensa de la patria en el sentido de la lucha contra el yugo extranjero, sino el derecho de uno u otro bando de beligerantes a saquear las colonias y oprimir otros pueblos. De este modo los socialistas-patriótas prestan a la burguesía su ayuda para engañar al pueblo y, por consiguiente, pasan a su campo y van contra el proletariado".
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> (V.I. Lenin : artículo "Guerra imperialista y lucha de clases")
