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Title: «Los problemas del socialismo en nuestro tiempo»
Description: Crítica del libro centrista de Victor Serge, Julián Gorkin, Marceau Pivert y Paul Chevalier.
Author: Luis Melter
Date: 01/03/1944
Category: Contra la Corriente n.º 13
URL: https://marxismo.school/hemeroteca/contra-la-corriente/1944-03-cc-los-problemas-del-socialismo-en-nuestro-tiempo
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*Contra la Corriente*, n.º 13, marzo de 1944 (págs. 19-24). [PDF del número completo](https://marxismo.school/assets/archivo/1939-58%20Hemeroteca%20del%20GCI/Contra%20la%20Corriente/12-13-14.pdf)

(Critica a un libro centrista)

Con este titulo, Victor Serge, Julian Gorkin, Marceau Pivert y Paul Chevalier, han reunido sendos trabajos que han publicado en un libro. Aunque cada uno de los autores expresa una variante dentro del centrismo, los cuatro se presentan abrazados por la elasticidad particular del pensamiento que juega al tira y alfoja, a callar lo que es definitivamente comprometedor y a tender innumerables caminos que siempre desembocan al mar del oportunismo.

> "Nuestras ideas son los rios
> que van a dar a la mar
> del oportunismo,
> allí van nuestros desvarios
> derechos a se acabar
> en el centrismo".

Bien podría tener este libro este epigrafe, sugerido por las Coplas de Jorge Manrique. No por azar se recuerdan las inmortales Coplas del siglo XV, leyendo el libro que comentamos, ya que ellas revivieron en la época la olvidada frase del Eclesiastés: "Vanidad de vanidades y todo vanidad". Y el libro que comentamos es una feria de vanidades, exceptuando a Marceau Pivert.

La capacidad creadora de los autores es evidente: todos saben crear, cada cual a su manera, si no problemas desconocidos, cuando menos viejos problemas con nuevo disfraz, al socialismo contemporaneo. No se trata, en forma alguna, de un libro en el que se busquen soluciones a los problemas efectivos del socialismo en nuestro tiempo. Se trata de una obra cuya misión consiste en acumular problemas al socialismo. Y son tan *originales*, en algunos casos (particularmente los elaborados por V.S.) que, en realidad, a veces llegan a la categoria de acertijos indescifrables. Desde luego, el libro tiene relación con el título, aunque algo le falta para ser completo y exacto, bien puede titularse: "Obra en la cual el lector encontrará los mas insospechados metodos y maneras de crear problemas al socialismo contemporaneo".

Las caracteristicas indicadas -que comprobaremos- estan muy lejos de sorprendernos. Desde que el movimiento llamado "Socialismo y libertad" surgió, elaborando un documento que comentamos oportunamente, señalamos la fidelidad centrista del mismo. Es decir, lo consideramos incluido en la literatura de esta naturaleza y entendemos por tal la definida con igual nombre por Trotsky. Bastenos, ahora, recordar ciertas palabras de Trotsky sobre el centrismo: "En el dominio de la teoria, el centrismo es impreciso y se sustrae, en lo posible, a las obligaciones teoricas y se inclina a dar preferencia (en palabras) a la 'practica revolucionaria' sobre la teoria, sin comprender que solo la teoria marxista es capaz de dar a la practica una direccion revolucionaria. El centrista, nunca seguro de sus posiciones y de sus metodos siente odio al principio revolucionario: *expresar lo que es*; se inclina siempre a substituir la politica de principios por combinaciones personales y por la diplomacia menuda en cuestiones de organización. Es costumbre en el centrismo ocultar su hibridez invocando el peligro del 'sectarismo', entendiendo por sectarismo no una pasividad de propaganda abstracta (a la manera bordiguista), sino a la vigilancia activa por la pureza de los principios, una posicion diafana, un espiritu de consecuencia en la politica, una actitud clara en cuestiones de organización". La justeza con la cual Trotsky define al centrismo y a los centristas ha merecido una comprobacion ejemplar con el libro de Serge, Gorkin, Pivert y Chevalier. Nunca las frases llegan a ser definiciones si no son debidamente comprobadas.

En la labor de crear problemas al socialismo de nuestro tiempo, para todos los gustos, los cuatro autores dan la impresión de hacer una espectacular demostracion del centrismo contemporaneo en un ring adecuado: el libro. Serge exhibe su bien reconocida acrobacia intelectual, su pensamiento no puede ser mas contorsionado y, por lo mismo, menos vertebrado. Gorkin tiene un lenguaje de orador, altisonante y fámigero, y tan poca seriedad como siempre, es decir, la que puede tener el orador acostumbrado a perorar en improvisaciones buenas para ser olvidadas. Pivert, carece de energía final para llegar claramente a las ultimas conclusiones que diluye lamentablemente despues de haber recorrido un camino marxista. Y esta bien seguir un camino marxista pero el valor del camino reside en que sirve para llegar a un lugar determinado: caminar por caminar -asi se realice la caminata por un camino marxista- equivaldria, en politica, a sostener la formula literaria de "el arte por el arte". Chevalier: es muy dificil de precisar si lo que hace es nadar o ahogarse en el mar de sus elucubraciones.

Victor Serge es el primero que sube al ring -sigo hablando del libro- y nos ofrece su "Guerra de transformacion social", haciendo gala de su reconocida acrobacia intelectual al mismo tiempo que de su insuperable habilidad técnica de experimentado escritor, especializado en un raro uso de conjunciones, con las cuales une los hechos y las ideas mas dispares. Así, despues de una exposicion novedosa por lo extraña surge una afirmacion imprevista. No se puede dudar de la sutil agudeza mental de Serge: suma sumandos heterogeneos; coloca los signos de mas y menos a su antojo, conforme al resultado que quiere obtener: las multiplicaciones, las restas y las divisiones pertenecen exclusivamente a la técnica sergiana que, en politica, resulta mas complicada que la einsteniana en física. Y con la transformacion radical de las cuatro operaciones basicas, se echa a crear problemas al socialismo contemporaneo. Debe reconocersele éxito extraordinario en su labor: ¿quien es capaz de seguir el hilo inextricablemente enredado del pensamiento sergiano?

Por su auténtica sensibilidad de poeta -que le hace inclusive ser un buen novelista- Serge se da cuenta de que en nuestro tiempo no solamente hay uno, sino un sinnúmero de problemas interferentes, mezclados en forma caotica. Pero su vanidad intelectual le obliga a mal interpretar su confusa pero real percepcion de poeta y ya, en delirio de grandeza, se siente un habil desenredador, no comprendiendo, en su ofuscación, que gasta sus energias -mejor aprovechables- en enredar mas los problemas a fuerza de dar mas vueltas al ovillo sin haber encontrado ninguno de los extremos del hilo: la lucha de clases y la revolucion socialista. Lástima que el poeta Serge tenga vanidad en lugar de orgullo. Si fuera orgulloso, sería humildemente grande, pero es vanidoso y es inutilmente grandolocuente. Cree escribir en política imperecederas sinfonias bethovenianas y los lectores solamente encuentran una confitura italiana de gorgoritos operísticos, con gran alarde técnico, eso si.

Dibujado el caso Serge, analizadas sus principales caracteristicas psicologicas, reconocida su técnica de escritor, trataremos ahora de demostrar con un extenso ejemplo -para muestra basta un botón- la justeza de nuestras apreciaciones. Dice Victor Serge que la actual es una guerra de transformacion social, argumentando en la siguiente forma: "Las masas democráticas y la clase obrera socializante de todos los paises constituyen, en realidad, el grueso de las fuerzas beligerantes, lo mismo en los ejércitos que en las fábricas. Por el hecho de su inmensa importancia numérica, de su función capital en la guerra y en la producción, de sus intereses esenciales y de la experiencia que van adquiriendo, al lado de su idealismo, deben ser las que asuman la preponderancia política de un porvenir que no puede tardar. Entonces se verá que sus objetivos de guerra, todavía mal expresados, son profundamente diferentes de los de ciertos gobiernos. Para las masas democráticas la democracia no puede identificarse con la conservacion de los privilegios y de las aspiraciones de dominación mundial; la democracia no puede sobrevivir mas que renovándose, pues los derechos del hombre y las libertades fundamentales no pueden subsistir ya sin instituciones econòmicas nuevas, sin una nueva justicia social e internacional, sin la abolición de los régimenes que han engendrado los fascismos y conducido a la guerra mundial. La victoria será decidida por las industrias mas fuertes y, por consiguiente, por las masas industriales mas numerosas y mas conscientes. Esas masas determinarán el caracter de la transformación social, de la cual esta guerra es a la vez la causa profunda y la verdadera finalidad. Los gobiernos de las Naciones Unidas saben cada vez mas que se baten en realidad por la revolución europea y la revolución asiatica; presienten que no les será posible dominar ni la una ni la otra y que nadie podrá ya dictar mañana el estatuto político y social de los pueblos de Europa y Asia". La imprecisíon en el lenguaje, poeticamente puede provocar mejores sugerencias pero no es posible permitirle al poeta Serge que tenga un lenguaje de bellas sugerencias en política.

¿Encuentras, lector marxista y no literario, que hemos tenido razón en nuestra apreciacion sobre Serge y la literatura sergiana? Si Serge no se llamara marxista no se habría hecho merecedor al comentario; si no sostuviera que su pensamiento representa la *superacion* del marxismo, el cual entre otras cualidades posee las de precisíon, claridad, audacia y energía, no se habría hecho acreedor a la exhibición que hacemos de él en su papel de Cantinflas internacional del marxismo. Y no queremos perder el tiempo tratando de desenredar el enmarañado pensamiento sergiano. Preferimos formular algunas preguntas por todo comentario: ¿Dónde se manifiesta la lucha de clases? ¿Donde se queda escondida la clara accion revolucionaria del proletariado? ¿Es la insdustría la que hará la revolucion o las Naciones Unidas o el proletariado internacional? ¿Es la democracia burguesa la que debe renovarse? ¿Qué objetivos de guerra tiene el proletariado? ¿Aun no hay incompatibilidad entre las masas y solamente "ciertos gobiernos"? ¿Tiene algo que ver con el marxismo este pensamiento confuso y difuso, heterogeneo y amalgamado, carente de vertebración y exhuberante de contorsionismo? ¡Para ser rematadamente oportunista no hace falta disfrzar lo esencial del pensamiento en arte tan barroco!

Gorkin demuestra en su capitulo "Situación del movimiento obrero y del socialismo", que practica la singular teoría de que la exposición de una realidad sirve para llegar a conclusiones distintas de las naturalmente correspondientes. Dice: "En efecto, mientras los socialistas de izquierda se plantean cada vez mas claramente los problemas de España y del mundo desde el punto de vista internacionalista y de clase, los socialistas moderados -mas nacionalistas y liberales que socialistas- reducen el socialismo a un problema de seguros sociales -la panacea Beveridge- se oponen a la lucha de clases, al castigo revolucionario y a la justicia social, es decir, a la liquidación de todas las fuerzas economicas, sociales y políticas que han hecho posible el franquismo, en nombre de un horror sentimental al derramamiento de sangre y una patriótica paz social bajo la invocación del "socialista" Jesus de Nazaret (Indalecio Prieto)". Hemos trascrito un párrafo --claramente se nota, correspondiente a la exposición. A continuación transcribimos otros pertenecientes --no hace falta decirlo-- a las conclusiones: "...existe en los Estados Unidos el Partido socialista (Normand Thomas) con el que es posible y necesaria una colaboración cada vez mas expresa y cordial...". "Creemos asimismo posible y necesaria una colaboración con el viejo Bund polaco que cuenta con un honroso pasado de lucha tras de sí y con un gran prestigio en los medios israelitas avanzados"... ¿El Partido socialista de Thomas y el Bund polaco, no tienen la tradición y las características clásicas del socialismo reformista vapuleado por el autor? Ninguna seriedad demuestra quien es capaz de hacer afirmaciones enérgicas para llegar a condescendientes conclusiones almibaradas, pero, eso sí, queda evidenciada la calidad centrista.

Evidentemente, Gorkín, tan cordial y fraternal con el socialismo reformista --la amistad que no se cultiva se pierde--, se niega a tener cualquier contacto con el trotskismo, el cual "hoy a penas cuenta en el movimiento obrero, ni como organización ni como pensamiento". Y acusa al trotskismo de haber adoptado la fórmula jesuítico-stalinista *el fin justifica los medios*. Sin embargo, dice que rechaza los procedimientos polémicos del trotskismo, y lo curioso es que el rechazo proviene porque el trotskismo emplea palabras duras y ataca de frente y no precisamente porque procede en forma jesuítica, diciendo lo que no cree o encubriendo sucios compromisos tras limpias palabras. Además, no es el grupo español en México el que ha mendigado un puesto en la Junta de Liberación de Prieto; en cambio se dá la "coincidencia" de que ese papel lo ha desempeñado precisamente Gorkin. Nada de extraño tiene, en consecuencia, que el autor acuse a los trotskistas de "amoralismo político", y que él se proclame defensor de "los valores eternos de razón de verdad, de justicia, de derecho, de dignidad, de libertad..." Decididamente, Gorkin, en el terreno de la moral, se ha metido en un callejón sin salida. Hace pocos meses afirmó que Trotsky había dicho precisamente lo contrario de lo que dijera. Le achacó la frase "el fin justifica los medios", pero como eso nunca lo dijo Trotsky, esta demás decir que la paternidad de la frase pertenece exclusivamente a Gorkin. En el libro, seguramente despues de haber leido "Su moral y la nuestra", cita ya una frase de Trotsky: "El fin y los medios son dialécticamente interdependientes", lo cual, comenta, no le impidió a Trotsky proclamar que "para un bolchevique el partido lo es todo", y continúa, "con lo que coloca al partido por encima de la propia conciencia y los propios deberes socialistas". No cabe duda, para mentalidad de Gorkin un partido revolucionario es inmoral, pero para los bolcheviques, considerando que hay interdependencia entre medios y fines, el partido es un medio que persigue la finalidad en la que se sintetiza el mejor porvenir humano, hecho que obliga a los bolcheviques a conferir al partido la mayor y mas franca adhesión, puesto que para ellos él representa las mas óptimas aspiraciones individuales de [ilegible] revolucionarios consecuentes.

Termina Gorkin su capítulo con unos cuantos puntos en los que propone como cuestiones capitales la búsqueda del nombre con el cual deben designarse los socialistas, la adopción de una fórmula para substituir la tradicional consigna de dictadura del proletariado; pero no dá consignas precisas para la política independiente del proletariado y se calla completamente sobre el derrotismo revolucionario. El pensamiento de Gorkin también pretende representar una superación del marxismo.

En primer lugar, dejemos claramente asentado que Marceau Pivert no tiene la vanidad de superar el marxismo, hecho que le confiere un franco carácter de seriedad y résponsabilidad. En segundo término indiquemos que el trabajo de Pivert "Por la victoria del tercer frente", representa en gran parte una excepción en el libro, puesto que allí sí se encuentra contenido marxista ampliamente desde el punto de vista teórico y restringidamente desde el punto de vista práctico. En tercer lugar, es necesario subrayar el hecho de que Marceau Pivert es el único de los cuatro autores que tiene la valentía de señalar consignas de carácter estratégico y táctico para la lucha revolucionaria; si nó llega hasta las últimas consecuencias en sus consignas, ello no invalida la entereza que tiene para decir las que plantea, anque estén impregnadas al fianl de oportunismo centrista.

Bien se vé en el capitulo de Pivert que su trabajo tiene un limpio valor polémico contra las confusas concepciones sergianas. Marceau establece que la guerra actual no es de transformación social, diferente en su contenido específico de la anterior, sino su natural y agravada repetición debido al régimen capitalista imperante y generador de las dos; sostiene que "si esta fuera una guerra civil internacional (elucubración sergiana) estarían de un lado los oprimidos y del otro los opresores; las fronteras de clase serían mas evidentes; los archiduques y mariscales antisemitas estaría de un lado y las víctimas de los progromos y los pobres heréticos estarían del otro". Y calificandolas "slogans" apropiados para engañar a las masas en uno y otro lado, afirma que los socialistas bien pueden "descubrir el grano de las cosas, detrás de la paja de las palabras". Desde luego, en esta polémica escrita, bien se ve que Pivert adquiere un triunfo fácil sobre Serge, y es natural porque este triunfo solo representa la superioridad del marxismo sobre los "superadores" del mismo.

Pivert establece tres postulados: "Una clase que, como la capitalista, lleva en sus entrañas los gérmenes de la contrarrevolución fascista NO PUEDE vencer y destruir al fascismo. Un régimen que, como el capitalista imperialista, contiene la guerra, NO PUEDE VENCER y destruir la guerra. UNA BUROCRACIA TOTALITARIA como la de Stalin, que ha asesinado a las "élites" revolucionarias en Rusia, España y en todas partes, NO PUEDE ser instrumento de la construcción del socialismo y la libertad". De estos postulados saca las conclusiones obligadas para los socialistas "dignos de este nombre": la lucha irreductible contra el imperialismo, el fascismo y la guerra, o sea por destrucción del régimen capitalista y contra el stalinismo y sus métodos reaccionarios, propugnando finalmente por la unificación de las fuerzas obreras y de los elementos socialistas decididos a construir una economía socialista, democrática y libertaria.

Pero Pivert, repetimos, falla en sus últimas conclusiones, que expresa en la siguiente forma: "De esta manera se traza una linea general simple e inequívoca: arrojados a la guerra, a la economía de guerra, a los sacrificios y sufrimientos por el mecanismo de un sistema social cuyas consecuencias previeron los socialistas, rehusan (las organizaciones proletarias) aceptar la mas mínima responsabilidad política en su dirección: observan una actitud técnica máxima en el campo aliado, una actitud técnica conspirativa en el campo fascista, pero en ambos casos deben reunirse al rededor de los mismos objetivos: FIN DE LA GUERRA POR LA REVOLUCION SOCIAL, FIN DE CUALQUIER CLASE DE DICTADURA FASCISTA POR LA CONSTRUCCION DE UNA SOCIEDAD SOCIALISTA... La linea política que observan los socialistas dignos de este nombre en esta guerra todavía mas que en la anterior, no se confunde con ninguno de los dos campos, PASA A TRAVES DE LOS DOS. ES LA DE UN TERCER FRENTE: EL FRENTE INTERNACIONAL CONTRA LA GUERRA Y EL FASCISMO". Y aquí se descubre la cáracterística centrista de Pivert y su oportunismo: Si en uno y otro lado existe el capitalismo imperialista, ¿por qué no adoptar una sóla linea de clase para uno y otro? Si el capitalismo engendra el fascismo, ¿por qué defender a un sector capitalista? ¿Por qué el tercer frente tendría características de apoyo a la guerra en el lado de las "democracias" y de "conspiración" en el del fascismo? El tercer frente que pasa a través de los dos frentes, en el lenguaje marxista, tiene una expresión bastante comprometedora: derrotismo revolucionario. ¡Es lamentable, insistimos, que Marceau haga un valiente recorrido marxista para negarse al final del camino el acceso a la verdadera acción revolucionaria.

Paul Chevalier, como aprovechado discípulo de Serge, titula su trabajo "Un internacionalismo intransigente", no precisamente para indicar la calidad del suyo sino para dar un nombre atrayente a sus caballerosas elucubraciones.

Para apreciar la sui generis intransigencia de Chevalier, basta hacer algunas citas: "Tambien el présidente Roosevelt (antes se refiere a Churchill) puede hacer aumentar los ingresos de los trabajadores en forma mas eficaz que la que determinaría en la actualidad la acción huelguista tradicional de los sindicatos obreros". Es tan audaz este Chevalier que no se encuentra en su trabajo ninguna condenación tajante de la burocracia stalinista y, por el contrario, en todo caso, registra elogios para ella. Y tan valiente es este esforzado caballero que escribe téxtualmente: "Los socialistas han de tener el valor de convertirse, o de volver a ser una asociación de propaganda de las ideas fundamentales del socialismo democrático y nada mas". ¡Para Chevalier, no cabe duda, Browder debe ser un ejemplar de excepcional valentía en la hora presente, ya que ha declarado que el partido stalinista de los Estados Unidos ha quedado convertido en escuela de propaganda para hacer conocer la ideas fundamentales del marxismo --y no solmente las del socialismo democrático--! no vale la pena seguir comentando.

No queremos terminar esta critica sin establecer algunas precisiones: primera, atacamos al centrismo hablando claro y de frente; segunda, somos energicos en la defensa de los principios revolucionarios que sostenemos, porque los consideramos justos; tercera, no tratamos de imponer nuestro criterio dictatorialmente, aceptamos y practicamos la polemica, luchando por la maxima libertad de expresion democratica en el movimiento obrero; cuarta, frente al capitalismo, en la variante fascista o "democrática", los revolucionarios y organizaciones obreras que luchan contra dicho regimen encontrarán en nosotros siempre un franco apoyo, a pesar de las divergencias que nos separen; quinta, frente al stalinismo, estamos listos a unirnos con todos los revolucionarios y organizaciones obreras que tengan la intención de librar una lucha a muerte contra la canallocracia de la burocracia stalinista, que infecta mortalmente al movimiento obrero.

Finalmente declaramos: En la misma medida que atacamos politicamente las concepciones centristas que representan Serge, Gorkin, Pivert, les defenderemos de las calumnias miserables que sobre ellos propaga el stalinismo, preparando el camino para la labor criminal de la G.P.U. Y el dia en que haya que actuar practicamente contra el stalinismo y la G.P.U., estaremos, como siempre, en nuestro puesto.

Mexico, D.F., 24 de Marzo de 1944.
