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Title: La república abrileña
Description: El 14 de abril de 1931 como primera jornada revolucionaria de las masas, cuyo desarrollo consciente fue el 19 de julio de 1936.
Date: 01/04/1944
Category: Contra la Corriente n.º 14
URL: https://marxismo.school/hemeroteca/contra-la-corriente/1944-04-cc-la-republica-abrilena
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*Contra la Corriente*, n.º 14, abril de 1944 (págs. 1-2). [PDF del número completo](https://marxismo.school/assets/archivo/1939-58%20Hemeroteca%20del%20GCI/Contra%20la%20Corriente/12-13-14.pdf)

En medio de las conmemoraciones protocolarias, de las frases vacías pronunciadas al calor de un estómago repleto, nosotros tambien diremos unas palabras sobre el aniversario de la república de 1931. No para concurrir con republicanos, stalinistas y socialistas a ahogar el sentido revolucionario de aquella movilización popular, sino todo lo contrario, para salvar su recuerdo del estrangulamiento a que las conmemoraciones protocolarias le condenan.

Fué la declaración de la República, el 14 de Abril de 1931, la primera gran jornada revolucionaria de las masas españolas. Inexpertas políticamente, engañadas por la demagogia republicana bajo la monarquía, arrulladas por la limitación republicano-burguesa del socialismo, e imposibilitadas de encontrar una justa polarización revolucionaria en el stalinismo o en el anarquismo, veían en la república la condensación de sus ideales de libertad y de justicia económica, aun indistintamente sentidos. No era raro, en aquel entonces, que masas campesinas, e incluso obreras se sintieran republicanas porque identificaban con la república la idea de la revolución social. Sus ilusiones y prejuicios, tanto respecto de los republicanos como de sus aupadores, los socialistas, no podían desdejarse sino lentamente, por medio de la experiencia. Esta tenía que enseñarles a colocar en un lado el ideal de la revolución y a ponerlo en práctica por sí mismas, en el otro lado a los republicanos, los socialistas, los stalinistas convertidos más tarde al republicanismo burgués y aun a los anarquistas, sometidos a él más o menos a regañadientes. La movilización de las masas que trajo la república fué revolucionaria, más aun que por las perspectivas abiertas, por el contenido de clase que ilusoriamente aquellas le atribuían. Mienten quienes pretenden que al traer la república las masas procuraban el establecimiento de un régimen basado en la propiedad privada.

La propia república empezó rápidamente a separar en la mente de las masas la idea de revolución de la de república democrática. Es del dominio común y precisa apenas ser recordado, que ni siquiera aquellas reivindicaciones democrático-burguesas compatibles con la organización social capitalista fueron satisfechas por la república. No hubo tierra para los campesinos ni separación de la iglesia y el estado, ni libertades democráticas. La decepción de las masas concretizóse bien pronto en la represión desencadenada contra ellas y en particular contra sus más decididos defensores. Sus ilusiones en la república disipáronse.

Entonces, finales de 1933, su actividad comienza a dirigirse, no a la democracia burguesa sino a la revolución, ya perfectamente opuestas la una a la otra. De haber encontrado una dirección digna de la tarea planteada, las masas españolas habrían podido organizar rápidamente su propio poder, empujar al abismo la pseudodemocracia burguesa e inaugurar la era del socialismo. Su evolución fué dificultada por el carácter pequeño-burgués de la dirección socialista, el cada vez más reaccionario de la stalinista y el simultáneamente sectario y oportunista, pero en todo caso muy por debajo de las necesidades revolucionarias, de la dirección anarquista.

La evolución de las masas hubo de operarse ciegamente, venciendo la tupida red de obstáculos representada por los aparatos dirigentes de todas y cada una - en diversa medida - de sus organizaciones principales. Eso las condenó a la defensiva y dió la posibilidad del ataque a la burguesía. Sin embargo, cuando la burguesía se lanzó al ataque en profundidad (sublevación fascista), las masas conservaban suficiente energía para responder victoriosamente en la mayoría del territorio peninsular. Armas en la mano, dieron curso a sus necesidades e ideas; desmantelaron el estado burgués, socializaron la propiedad, crearon los embriones de un estado proletario. En el 19 de Julio de 1936, las masas manifestaban, bien diferenciada ya, la nebulosa tendencia que las empujó hacia la república. Ninguno de los celebradores oficiales del aniversario la tiene en cuenta, porque todos ellos, si ansian una república en la que disfrutar de sinecuras, detestan, explicita o tácitamente, el 19 de Julio de 1936, símbolo de revolución proletaria. Quienes no vean en el 14 de Abril el embrión del 19 de Julio, quienes, por consecuencia, no antepongan esta segunda jornada a la primera, de la que es el redondeamiento, no celebran la jornada revolucionaria del 14 de Abril; simplemente suspiran tras las canongías a que les diera acceso la tergiversación del instinto revolucionario popular.

Al celebrar la declaración de la república, nosotros decimos: jornada revolucionaria cuya expresión más consciente no está en sí misma, sino en la acción de las masas de Julio de 1936. En la afirmación de la obra del proletariado y los campesinos en esta última fecha es donde el proletariado debe tomar ejemplo y continuar su propia acción. Haciéndolo dará término a las profundas causas sociales que en 1931 le pusieron en movimiento contra la monarquía en primer término, pero en general contra la sociedad capitalista. Los celebradores de Junta Nacional o de la Junta de Liberación son sicofantes deseosos de tergiversar nuevamente el profundo latido revolucionario del pueblo español.
