---
Title: Hacia la revolución socialista alemana
Description: El cansancio de la población, la desmoralización del ejército y la deserción de las clases dirigentes anuncian la revolución socialista en Alemania.
Author: B. Peralta
Date: 01/07/1944
Category: Contra la Corriente n.º 17
URL: https://marxismo.school/hemeroteca/contra-la-corriente/1944-07-cc-hacia-la-revolucion-socialista-alemana
---


*Contra la Corriente*, n.º 17, julio de 1944 (págs. 15-20). [PDF del número completo](https://marxismo.school/assets/archivo/1939-58%20Hemeroteca%20del%20GCI/Contra%20la%20Corriente/15-16-17.pdf)

Alemania evoluciona rápidamente hacia una situación revolucionaria. Verdad es que cualquier otra evolución estaba descartada; sin embargo, se podía abrigar dudas acerca del ritmo de desarrollo. Las noticias que nos llegan de Alemania borran completamente estas dudas: todas indican que la revolución socialista alemana está próxima, quizas es inminente. Cribando las exageraciones de la propaganda aliada, tres hechos principales quedan fuera de duda:

1. El pueblo alemán (la población civil) sólo desea el fin de la guerra;
2. El ejército ha perdido su combatividad de antaño;
3. Las clases dirigentes alemanas que sostenían el nazismo empiezan a abandonarlo.

Veamos sobre qué se apoyan estas afirmaciones:

*La población civil sólo desea el fin de la guerra.*

Parece que, acerca de este punto, no queda la menor duda ni para los menos clarividentes. Pese a las mentiras de la propaganda nazi, el pueblo alemán no puede dejar de ver que el ejército acampaba sobre las márgenes del Volga y del Nilo, en el otoño de 1942, y que hoy día los Rusos llegan a las fronteras de la Prusia oriental, mientras los Anglo-americanos están en el norte de Italia y han conseguido desembarcar en Francia. El pueblo alemán, por consiguiente, no puede ya confiar en sus dirigentes, quienes en 1940-41 le prometían la victoria y le dejaban entrever esta guerra como una prueba terrible que tendría su premio en la felicidad de la paz. Ahora que ha dejado de confiar en los nazis ¿qué dirigentes buscará el pueblo alemán? ¿Volverá a los stalinistas, socialdemócratas, etc., quienes habiéndolo abandonado a Hitler voluntaria ó involuntariamente, por incapacidad ó cobardía, huyeron de Alemania para conspirar en el extranjero con las llamadas "democracias", que ayudaron financieramente a Hitler en su lucha por el poder? Es muy poco verosimil. Si las masas alemanas creyeron en la demagogia hitleriana, fué, ante todo, porque los partidos que pretendían representar a la clase obrera, los socialdemócratas y stalinistas, no le ofrecían ninguna perspectiva alentadora. No habiendo confiado en ellos para impedir el triunfo de Hitler, ¿por qué las masas, ahora, confiarían en los mismos para substituirlo? No; las masas alemanas sólo pueden buscar sus dirigentes entre los que combaten sus miserias y sus angustias, y quieren acabarlas radicalmente. Los dirigentes de la revolución alemana que se avecina saldrán de las masas mismas, educados en la dura escuela de la ilegalidad. Sin quererlo, los nazis se han encargado de radicalizar a las masas alemanas. Las necesidades de la guerra total les obligaron a enviar al frente todos los hombres capaces de portar armas y a substituirlos por millones de trabajadores extranjeros para que la industria de guerra pudiera seguir abasteciendo el frente en armas, y pertrechos de toda clase. Los últimos informes relativos a Francia indican que 14,000.000 de extranjeros
están ocupados en la industria alemana. Es natural que estos trabajadores, mantenidos a viva fuerza en el Reich, en condiciones de vida espantosas, compartiendo la existencia de los trabajadores alemanes, sometidos a bombardeos de una barbarie incalificable, se hayan acercado a sus hermanos de miseria. Numerosos testimonios indican esta evolución. Se ha podido ver en *Contra la Corriente* repetidas veces informes sobre el particular. Recordaré solamente dos hechos. En primer lugar el artículo de un prisionero de guerra francés, publicado en un periódico suizo, quejándose del nacionalismo que encontró a su vuelta a Francia y oponiéndolo a la solidaridad de los trabajadores alemanes y extranjeros que tienen por enemigo único el nazi; segundo, la consigna dada por el movimiento de resistencia francés a los trabajadores deportados a Alemania: unirse a todos los trabajadores no-nazis. Sin distinción de nacionalidad.

Estos trabajadores extranjeros tienen en general, un elevado instinto de clase y la deportación bárbara que soportan les orienta hacia las soluciones revolucionarias. El periódico francés de Nueva York, "Pour la Victoire", anunciando la primera gran huelga política de esta guerra, que tuvo lugar en Zeesen, provincia de Brandeburgo, confirma esta hipótesis. Según este periódico, 30.000 obreros participaron en el movimiento, que duró 10 días pese a una represión sangrienta de parte de la Gestapo. Los obreros exigían el fin inmediato de la guerra y la firma de "no importa que paz". Relacionemos este hecho con otros anteriormente citados en la prensa y veremos que la población civil de Alemania soporta cada día más difícilmente la guerra; de ella no espera más que ruina y miseria. *Excelsior* del día 4 de este mes, dice que Munich está sometida al estado de sitio a causa de haber estallado disturbios. Recordemos un último hecho que cita "Pour la Victoire" del día 17 de junio, [ilegible] del periódico oficial de la policía alemana, *Die Deutsche Polizei*: "Al anunciar el segundo frente ha sido preciso abrir una nueva serie de campos de concentración en Alemania, llamados campos de educación para los obreros cuyo objetivo, dice Himmler, es inculcar a todos los perezosos ó incitadores de "brazos cruzados" el grado de disciplina necesario". El mismo periódico añade que no se les podía encarcelar, visto que las prisiones se encuentran ya tan llenas que son verdaderos campos de concentración".

Disturbios en Munich, huelga política en el Brandeburgo, "campos de educación para los obreros"... Las masas alemanas no aguantan más la guerra y empiezan a atacar al enemigo de clase. Una vez más, pese a todos los señores stalinistas, socialistas y centristas, los hechos van a dar razón a Lenin, pues "los hechos son tozudos", y la guerra imperialista va a transformarse en guerra civil. Acabará el año antes que estalle la caldera europea. Y uno de sus puntos mas caldeados es la Alemania hitlerista. Gérmenes revolucionarios existen ya en Europa entera y en varios países la guerra civil camina subterráneamente. Pero que se derrumbe el régimen hitleriano, que será pronto. Y la guerra civil se extenderá a Europa entera, pese a las precauciones minuciosas de los imperialistas anglo-sajones para impedirla.

*El ejército aleman ha perdido ya su combatividad del principio de la guerra.*
No parece que haya necesidad de hablar mucho sobre este punto. Los hechos hablan por sí mismos y sería injusto atribuir los éxitos de los aliados únicamente a su superioridad en hombres y en material. Las derrotas nazis de Stalingrado y de Africa del Norte han minado infaliblemente la moral del soldado aleman. Esta ha sido afectada también por los terribles bombardeos de las ciudades alemanas. No se debe olvidar que los bombardeos, dirigidos teóricamente contra la industria alemana, alcanzan más los barrios obreros situados alrededor de las fábricas, que éstas últimas. Para las familias de los soldados la consecuencia es una situación de terror espantosa, que tiene su repercusión sobre la moral de los combatientes. El testimonio más claro de este terror nos es proporcionado por los linchamientos de aviadores aliados cuyos aviones fueron derribados. Es una forma de terror engendra la crueldad de quienes lo soportan. El salvajismo infernal de los bombardeos espanta a las poblaciones civiles, que se vengan sobre los autores de los mismos que caén en sus manos.

El soldado alemán luchó denodadamente mientras tuvo confianza en sus dirigentes, y por consiguiente en la victoria final, estando su familia relativamente protegida contra los bombardeos aéreos y el hambre. Pero habiendo perdido la confianza y viviendo bajo la amenaza constante de la muerte para él y los suyos, se está cansando rápidamente de la guerra y suspira por la paz. La bola de nieve del desánimo general ha empezado a rodar sobre la pendiente del desastre militar que se divisa en el horizonte. El desánimo de la población civil revoca el de las tropas, que no luchan con el mismo ardor que antes. Las derrotas constantes, unidas a las mentiras de la propaganda nazi, deceleran el proceso negativo de desánimo dando paso a un resurgimiento de la conciencia revolucionaria de los obreros movilizados.

En este estado de desánimo general, la propaganda de los anglosajones y de los stalinistas podría, si fuera bien orientada, acabar con la guerra en pocas semanas; pero la rendición incondicional exigida por los aliados, con su acompañamiento de miseria, opresión, ruina económica, etc., en vez de mostrar a las masas alemanas una salida a la guerra, le inyectan la energía del desesperado y contribuye a la prolongación de la carnicería.

Otro hecho viene afectar la moral del soldado alemán: la hostilidad terrible que encuentra por parte de las poblaciones de los territorios ocupados y el estado de inseguridad permanente que acarrea para ellos. Se saben odiados y no pueden hacer menos que interrogarse sobre los motivos de este odio. Los más conscientes conocen de sobra la razón de esta hostilidad y la habrán comunicado a sus compañeros, provocando en su mente dudas sobre la legitimidad de su presencia y de su acción en los países ocupados.

Sobre este punto hay que subrayar la rebelión creciente de las masas italianas, que desempeña un papel análogo al de la revolución rusa de 1917. Hoy día, el proceso revolucionario está más adelantado en Italia que en ninguna otra parte de Europa. Además, la situación particular de las masas italianas que bajo el control fascista
forman todavía en el campo de Hitler, les permite hacercarse mas fácilmente a los obreros y soldados alemanes. La propaganda internacionalista no puede dejar de producir sus frutos, arrojando de los cerebros de los trabajadores alemanes movilizados las mostruosas ideas que Hitler había sembrado, y haciendo renacer sanos pensamientos de fraternización. Bajo el impulso de los trabajadores italianos sublevados, los alemanes se dirigen poco a poco hacia una solución revolucionaria de la guerra. Todo les conduce en esa dirección: su instinto de clase, ahogado hasta ahora por el peso de la propaganda hitlerista, la pérdida de la confianza en la victoria y en sus dirigentes, la suerte de sus familias, la amenaza creciente de la invasión por el Este y por el Oeste.

En fin, un último signo muestra que el proceso de descomposición en el ejército alemán continúa sin detenerse. Recientemente, la Gestapo multiplicó los comisarios políticos entre la tropa y estrechó su control de esta bajo el pretexto de estimular la voluntad de lucha de los soldados. Si la voluntad de resistencia necesita un estimulante, es que se la juzga insuficiente. Pero es evidente que los comisarios políticos corresponden a un propósito muy diferente: luchar contra la caída de la moral y contra la propaganda revolucionaria. El número creciente de desertores y de motines (teniendo siempre en cuenta las exageraciones de la propaganda aliada), no deja lugar a duda sobre la verdadera función de los comisarios. Son, pura y simplemente, policías, lo que indica una situación crítica del ejército. Esta solo puede tomar las proporciones de una catástrofe para Hitler en el momento de una derrota mas seria sobre el frente francés o el ruso, sobre todo si la atmósfera revolucionaria que prevalece en Italia del Norte continúa cargándose.

*Las clases dirigentes alemanas se separan del nazismo.*

En este punto, el periódico francés de Nueva York, antes citado, da informes concluyentes que vienen a sumarse a los que la prensa diaria proporciona de vez en cuando. En primer lugar está el caso de uno de los directores de uno de los ferrocarriles del Rech, Wilhelm Zwilling, que acaba de ser fusilado por "haber expresado sospechas innobles sobre el gobierno". No se sabe la naturaleza de estas sospechas, pero lo que sí sabemos es que para ser director de los ferrocarriles del Reich, el difunto Zwilling tuvo que dar en otro tiempo pruebas insospechables de nazismo.

En el mismo número del periódico vemos que "miembros influyentes de la colonia nazi de Estocolmo" se preparaban a adherir a la causa aliada, lo que provocó el envío a aquella ciudad del embajador Schmidt, jefe del servicio de prensa de la Wilhelm Strasse, para convencerlos de continuar respaldando a Hitler. También se cita el caso del jefe dela D.N.B. (agencia alemana de noticias) en Ankara, Dr. Paulus, que se negó a volver a Alemania, como se le pedía, y solicitó del gobierno turco que se le considerara como refugiado político. Lo mismo sucedió en Helsinsky con los corresponsales de dos grandes periódicos alemanes; devolvieron sus pasaportes a la embajada del Rech y pidieron al gobierno finlandés ser reconocidos como refugiados políticos.
Asi, vemos que, mientras un funcionario importante de Alemania es fusilado por su desafección al nazismo, lo que indica que no debe ser un caso único, en el extranjero, los que pueden huyen de Hitler. Es muy difícil, sin embargo, hacerse una idea clara de la importancia de este movimiento de deserción del nazismo por parte de las clases dirigentes alemanas. Los hechos anteriormente citados indican, no obstante, que, sin estar principiando, el movimiento sigue un proceso de evolución, o, mejor dicho, de agravación continua. Su importancia como síntoma de descomposición del régimen hitleriano no puede escapar a nadie. Ante todo, indica en las clases dominantes, la conciencia del próximo derrumbe del régimen hitleriano; de ahí que, quienes pueden, se apresuren a convertirse en buenos demócratas estilo yanki. Indica también que, cuando los trabajadores alemanes se lancen contra el hitlerismo, las clases dominantes se enfrentarán a él, para intentar aprovechar la situación y asegurar la continuidad del régimen burgués.

*Perspectivas inmediatas.*

El cuadro de la sociedad nazi que acabamos de esbozar sugiere, en primer lugar, la inminencia de la crisis revolucionaria. Es sabido que toda crisis solo puede hacer estallido cuando la opresión que pesa sobre la clase trabajadora se ha vuelto intolerable y que esta no pueda continuar soportándola. También hace falta que la clase dominante se encuentre dividida y vacile sobre la táctica que debe emplear para mantener su yugo. Acabamos de ver que las masas alemanas se orientan hacia una solución revolucionaria de la guerra. Quieren el fin de la contienda, no pudiendo soportar mas las calamidades de todas clases que engendra. El ejército combate todavía con valor, pero bajo la presión constante de la Gestapo todopoderosa, en el frente tanto como en el interior. Este poder ya hipertrofiado de la Gestapo, es el signo menos equívoco del debilitamiento progresivo del régimen; indica una resistencia creciente de las masas, que se quiere dominar. En fin, las deserciones en las esferas dirigentes demuestran que el pesimismo sobre el resultado de la guerra ha contaminado a todas las clases sociales. Explícita o implícitamente, el nazismo es condenado por toda la población alemana, con la única excepción de los militantes nazis y de la Gestapo. Dentro de poco, este movimiento alcanzará a las fuerzas de represión, y el sistema entero se derrumbará bajo la presión de las masas, provocando el fin de la guerra imperialista y el inicio de la revolución socialista. En efecto, ¿que otra salida se ofrece a los trabajadores alemanes? Los imperialistas anglosajones y los stalinistas, solo hablan de venganza y de esclavitud del pueblo alemán, lo que se traduciría para él en una miseria mayor que la conocida hasta ahora. Buscó una salida a la situación provocada por la guerra de 1914 y el tratado de Versalles, por tres veces consecutivas; tres veces, sólo la encontró en sus dirigentes socialdemócratas imbecilidad y traición. No ha sido mejor dirigido por los stalinistas, principales responsables de la toma del poder por Hitler. ¿En donde pues, buscarán nuevos dirigentes las masas alemanas? La prensa aliada nos proporciona la respuesta a esta pregunta. Hemos visto en números anteriores de "Contra la Corriente" que, hace algunos meses, numerosos pasquines habían sido pegados sobre las paredes de Berlín diciendo: "Trabajadores alemanes, no escucheis a los social-demócratas ni a los stalinistas; os han entregado a Hitler. Confiad sola-
mente en vosotros". Parece que el pueblo alemán ha seguido este consejo, pues nuestro último boletín relataba que según el "New York Times", el primer congreso del Partido comunista internacionalista se había celebrado en Alemania. Comunista internacionalista significa evidentemente trotskista.

Este nuevo partido revolucionario es seguramente muy débil, pero también el único que ofrece a las masas una solución revolucionaria a la crisis, y no cabe duda que sus consignas serán recibidas con confianza cada dia mayor, mientras los social-demócratas al servicio del imperialismo anglo-americano sólo pueden inspirar desconfianza y asco. No hablemos de los stalinistas; por su alianza de 22 meses con Hitler y por su Comité Alemania Libre decorado de reaccionarios, junkers y nazis de ayer, sólo pueden provocar la justa cólera de los trabajadores revolucionarios. No; la solución está en las masas y en los dirigentes nuevos que hayan escogido. A la vanguardia está el nuevo partido marxista revolucionario nacido en la ilegalidad; se fortalecerá en los próximos combates por la revolución socialista, hacia la cual se dirige a grandes pasos la masa entera de los trabajadores alemanes, civiles y movilizados.

México, D.F. 12 julio 1944.
