---
Title: ¿Y después?
Description: El complot de los generales contra Hitler, la descomposición del ejército y del régimen nazi y las perspectivas de la revolución alemana.
Author: B. Peralta
Date: 01/08/1944
Category: Contra la Corriente n.º 18
URL: https://marxismo.school/hemeroteca/contra-la-corriente/1944-08-cc-y-despues
---


*Contra la Corriente*, n.º 18, agosto de 1944 (págs. 15-18). [PDF del número completo](https://marxismo.school/assets/archivo/1939-58%20Hemeroteca%20del%20GCI/Contra%20la%20Corriente/18-19-20-21.pdf)

La conspiración contra Hitler de que la prensa ha hablado tan extensamente, muestra que el proceso de descomposición de la sociedad alemana está mucho más adelantado de lo que dejan suponer las pocas informaciones de que disponemos. El fracaso de esta conspiración y la represión que la siguió sólo pueden acentuar la descomposición. Habiéndose sublevado contra Hitler, la casta de los junkers, que compone la aristocracia militar alemana, sólo podía esperar, después de su fracaso, su aniquilamiento. Pero los intereses sociales de que los junkers se habían hecho campeones quedan, y buscan una salida a la crisis mortal a que los condujo Hitler. En efecto el complot de los generales tenía un propósito doble: de un lado suprimir a Hitler para poder acabar con la guerra y salvar lo que pudiera ser salvado de la economía alemana y de la estructura del ejército, por otra parte, ponerse al servicio del vencedor contra la revolución socialista en gestación, adelantándose a ella.

Todo este plan se fué abajo gracias a Hitler. Los millares de fusilados como consecuencia de esta conspiración demuestran que el movimiento, lejos de ser una revolución de palacio, tenía extensas ramificaciones en el ejército y en las altas esferas de la burguesía puesto que el Dr. Schaacht, antiguo director de la Reichsbank y creador de la economía autárquica alemana, parece haber sido fusilado. Obrando así, desolidarizándose de Hitler antes de la derrota definitiva, la alta burguesía alemana esperaba recibir de los aliados el precio de su traición al nazismo, es decir esperaba poder sobrevivirse y conservar, de una manera u otra, algo de sus saqueos en Europa entera.

Aplastando a los adversarios de su propia clase, Hitler ha unido más estrechamente que nunca la alta burguesía alemana a su suerte: triunfaremos juntos o pereceremos juntos, parece haberlo dicho a esta burguesía que había puesto toda su esperanza en los sublevados. Hitler "controla" la situación interior de Alemania, pero una situación que necesita tal control es una situación inestable y llena de peligros para el que la controla. La posición del partido nazi se ha debilitado, pues, muy gravemente después de la conspiración y la represión sangrienta a que dió lugar es el signo más claro de este debilitamiento.

No es todo. La conspiración se proponía salvar lo que pudiese ser salvado de la economía alemana, haciendo la paz con los aliados y presentando la casta de los Junkers y la burguesía alemana como campeones del antinazismo en el interior de Alemania. Pero si la alta burguesía del Reich y los Junkers, que sostubieron a Hitler tanto tiempo y con tanta eficacia, se han vuelto repentinamente antinazis, no es por capricho, significa que la oposición al nazismo se ha generalizado en Alemania y que estos dos elementos de las clases dirigentes del Reich, conscientes de la evolución de las masas, decidieron utilizar la oposición para sus fines, canalizándola en una dirección favorable a sus intereses.

Que las masas populares del Reich sólo esperan una ocasión para sacudir el yugo hitleriano, es un hecho innegable y la conspiración lo demuestra a su manera. Pero habiendo fracasado la conspiración junker-capitalista, ¿quién asumirá la dirección del antinazismo en Alemania?

La necesidad en que se encontraron esas clases dominantes de encabezar el movimiento antihitleriano, prueba el crecimiento de la presión popular contra Hitler y su guerra. La presión, lejos de debilitarse como consecuencia del fracaso de la conspiración, debe necesariamente reforzarse por el mero hecho de haber revelado a las masas que otras capas sociales trataban de aprovechar para sí el designio popular de derribar a Hitler. La conciencia de la necesidad de acabar con el nazismo va a fortalecerse inevitable y rápidamente en las masas alemanas que adquirirán una homogeneidad de visión que hasta ahora dudaban tener.

Hitler ha comprendido perfectamente el peligro de esta situación; por eso reaccionó contra la conspiración con la violencia que hemos visto, subordinando más estrechamente aún el ejército y Alemania entera al partido nazi. Hasta quiso que esta subordinación se manifestase brutalmente. Es la explicación de su decreto aparentemente teatral, sustituyendo el saludo militar por el saludo nazi. El efecto del mismo sobre el ejército medirá su temperatura. Si hubiese sido bien acogido en general, significaría que el poder del partido nazi sobre el ejército continúa casi íntegro. Por el contrario, fué muy mal acogido, puesto que menos de quince días después tuvo que expedir otro decreto estableciendo pena de muerte por la negativa a emplear el saludo nazi.

Los periódicos que relataban esta medida notaban al mismo tiempo que era la primera vez que la pena máxima castigaba una falta tan secundaria. Se deduce inmediatamente de eso la conclusión que el ejército, lejos de ser un elemento dócil entre las manos del partido nazi —como lo fué en otra época— está, por el contrario, en la víspera de una sublevación. De lo contrario, la pena de muerte por una cuestión de saludo no tendría explicación.

Dos hechos recientísimos vienen sostener esta hipótesis. Primero: un grupo de soldados alemanes combatiendo ante de Saint-Malo mató a su oficial para rendirse a las tropas americanas. Es, creo, la primera vez que, en esta guerra, tropas alemanes manifiestan su insubordinación de una manera tan abierta; se puede estar seguro que este gesto sintomático anuncia el fin de la dominación nazi sobre el ejército y la descomposición inminente de éste. Segundo: *Ultimas Noticias* del día 22 de agosto relata que todo el ejército alemán del norte de Francia y de Bélgica está ahora bajo las órdenes de un alto dirigente de la Gestapo, por orden de Hitler. Así pues por una parte, tropas en acción se rebelan contra sus oficiales, matan al principal de ellos y se rinden al enemigo; por otra, se hace necesario poner una parte del ejército bajo el mando de la Gestapo. Ello significa, sin ningún género de dudas, que el ejército está próximo a sublevarse.

La ruptura entre el ejército y el partido nazi es total. Se ha expresado, para el mando, en la conspiración fracasada y para las tropas por una baja de su moral y de su valor combativa. Las primeras medidas de terror impuestas al ejército tendrán, por consiguiente, que ser seguidas de otras peores aún. Pero este círculo vicioso tendrá que romperse a la primera derrota grave en el frente francés. Las tropas pasarán quizás del desánimo pasivo a la sublevación abierta, lo que llevaría consigo el derrumbe del frente interior nazi y la apertura de las hostilidades revolucionarias de parte de los trabajadores alemanes.

El fracaso de los junkers y capitalistas al intentar resolver la crisis en su provecho, abre a la revolución alemana perspectivas mucho mejores que antes. En efecto, si la conspiración hubiese tenido éxito, la revolución socialista habría sido detenida en su proceso de madurez, permitiendo a la burguesía reorganizarse para intentar rechazar la siguiente ola revolucionaria. Pero el fracaso, mostrando a las masas la incapacidad de las clases dirigentes para liquidar el nazismo, sólo puede reforzar la conciencia de su misión histórica, mostrándoles que son las únicas capacitadas para destruir el nazismo y crear una sociedad que impida su renacimiento. Sin embargo, no debe excluirse que futuros intentos de junkers y capitalistas, tengan éxito.

Empujado por las contradicciones sin salida que le cercan, Hitler carga con más explosivos cada vez, la revolución socialista alemana en formación. Destruido el nazismo, ninguna fuerza capitalista será capaz de oponerse a la revolución socialista, si no es apoyada por las armas aliadas. Sólo aparecerán obstáculos serios en la propia clase obrera, con los socialdemócratas y stalinistas, cuya misión es y seguirá siendo, la de salvar el capitalismo como sistema social, impidiendo la expropiación de la burguesía y el paso de su poder político a manos de los trabajadores.

Queda por saber si las masas alemanes se hallarán al mismo nivel que el ejército en vías de sublevación. Los hechos referidos anteriormente en *Contra la Corriente* contestan de por sí, pero he aquí algunos otros extraídos de informes proporcionados por obreros franceses o viajeros neutrales, a su vuelta del Reich:

En Cassel, después de los grandes bombardeos a fines del año pasado, se leía en las paredes de numerosos edificios destruidos: "Capitulación", "Pan y libertad", etc...; en Dusseldorf: "Esto lo debemos a Hitler."

Un obrero francés a su regreso de Alemania, cuenta que la familia en cuya casa estaba hospedado, lo invitaba a escuchar la radio inglesa (1942).

Un soldado alemán, viendo llegar civiles franceses, les pregunta enfadado si son voluntarios. Los Franceses contestan que les llevaron a la fuerza, y el soldado, calmado, concluyó: "Enfin Uds. son voluntarios como nosotros." (1942)

A partir de mediados de 1943, la huelga de brazos cruzados, disimulada bajo mil pretextos, tiende a generalizarse en Alemania.

Un prisionero de guerra francés constata que la actitud de revuelta más o menos abierta de los internados de su campo contagiaba a los guardias alemanes.

Durante el verano de 1943 un funcionario alemán pudo decir públicamente sin ser detenido: "Esta guerra no acabará antes que yo mate a siete de estos canallas nazis."

En la misma época, los obreros alemanes y extranjeros de una fábrica de Sajonia levantan el puño, en gesto de amenaza, cuando pasan delante del retrato de Hitler. Hechos semejantes acontecen diariamente en toda Alemania desde hace un año y medio, y no cabe duda que esta actitud tiene que haberse radicalizado en los últimos meses. Por consiguiente, el régimen nazi sólo se sostiene gracias a la gestapo, aunque ya sea ésta en numerosos casos, incapaz de contener la ola de indignación que brota de las masas.

Lo que precede nos lleva a la conclusión que la burguesía alemana es incapaz de desviar el antifascismo en beneficio suyo. Tendrá que valerse de los socialdemócratas y stalinistas, por muy desprestigiados que estén, como lo prueba el informe de un observador neutral que habla "del odio del pueblo contra los dirigentes de antes de 1933", es decir también contra socialistas y stalinistas. Las masas alemanas saben instintivamente que los que las traicionaron una y otra vez no las pueden llevar a la victoria mañana. Las masas alemanas tendrán que buscar los dirigentes de la próxima revolución socialista, en las organizaciones ilegales y en los campos de concentración. Esto no significa que los socialistas y stalinistas no puedan desempeñar ningún papel en la revolución. Muy al contrario, son los únicos en quienes la burguesía pueda confiar para mantener a raya el pueblo sublevado. Los socialdemócratas han dado pruebas de su servilismo en todo el mundo, desde hace 25 años, cuando asesinaron a Liebknecht y a Rosa Luxembourg. Con ese acto se pusieron definitivamente al servicio de la clase dominante, que les llamará nuevamente cuando esté en dificultad. Los stalinistas por su parte, conquistaron en España el título de sicarios del capitalismo, así como por el pacto militar con Hitler, extendido a lo político. De nuevo podemos tener seguridad de ver a unos y otros unidos a los aliados para sofocar la revolución socialista. Es el único papel que pueden tener en ella.

Pero nuestros camaradas alemanes, que han creado un partido en la ilegalidad, no han desaprovechado las lecciones del pasado y sabrán llevar los trabajadores hacia la liberación y el socialismo. Los obreros de todos los países que ahora padecen en las fábricas del Reich están aprendiendo la práctica del internacionalismo revolucionario, fraternizando con los obreros alemanes en lucha contra los nazis. No se olvidarán de la lección y, de vuelta en sus países respectivos, serán los campeones más decididos del internacionalismo revolucionario y los sostenes más firmes de la solidaridad con la revolución socialista en Alemania. Y no cabe duda que el mejor medio de sostener la revolución socialista en Alemania será, por los obreros de cada país, derribar a su propia burguesía.

---

> "Los socialistas traicionarían la revolución si no se atrevieran a aprovechar la energía festival de las masas y su entusiasmo revolucionario para la lucha implacable por el triunfo del socialismo. No hay que temer que la intransigencia del proletariado provoque la reacción. El proletariado se niega a todas las componendas; su orgullo no le permite aceptar limosnas; está capacitado para defender, en magna lucha, sus justas reivindicaciones, sin vacilar y sin regatear". V. I. Lenin
