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Title: Comenzó la revolución socialista en Francia
Description: Comités de fábrica, incautaciones y dualidad de poderes en la Francia liberada frente al gobierno De Gaulle y sus aliados stalinistas y socialistas.
Author: B. Peralta
Date: 01/09/1944
Category: Contra la Corriente n.º 19-20
URL: https://marxismo.school/hemeroteca/contra-la-corriente/1944-09-cc-comenzo-la-revolucion-socialista-en-francia
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*Contra la Corriente*, n.º 19-20, septiembre-octubre de 1944 (págs. 15-18). [PDF del número completo](https://marxismo.school/assets/archivo/1939-58%20Hemeroteca%20del%20GCI/Contra%20la%20Corriente/18-19-20-21.pdf)

Hace un año, "CONTRA LA CORRIENTE" decía que la liberación nacional no podía significar lo mismo para los obreros franceses que para los patriotas degaullistas. Los hechos nos han dado la razón y los informes que, poco a poco, nos llegan de Francia, demuestran que el espíritu revolucionario de las masas es mucho mayor de lo que suponíamos antes del desembarco aliado; hasta tal punto que toda la prensa americana se empeña en echar un velo sobre la acción de los trabajadores durante la sublevación en París y en toda Francia. Esta acción sólo puede redoblar los temores burgueses de una revolución socialista, pero lo que es terror en el campo capitalista es esperanza en la clase oprimida; los amos no quieren alentarla de miedo a que la rebelión francesa se extienda a toda Europa y hasta el mundo entero.

Sin embargo, pese a la censura impuesta por los militares americanos, sabemos ahora por los cables de varios corresponsales yankis, que los obreros franceses cuando les ha sido posible no se han limitado a arrojar a los nazis y a castigar a sus cómplices franceses, sino que se han incautado de las fábricas y nombrado comités elegidos entre los propios obreros y reanudado la producción. Mejor aún. 16 departamentos del sur de Francia escapan totalmente a la administración de De Gaulle cuyos mandatarios fueron rechazados por el pueblo que había nombrado sus propios dirigentes, siendo elegido Alcalde de Burdeos un obrero español refugiado perteneciente a la C.N.T. En esta misma región no se limitaron a incautarse de las fábricas en varias ciudades, hicieron lo mismo con los fondos de los capitalistas depositados en los bancos y empezaron a extender su acción a la agricultura, adueñándose de grandes propiedades. Comprendemos ahora el secreto que envolvía la situación del sur de Francia.

Así, nos encontramos con una situación de dualidad de poderes más o menos clara, pero casi generalizada, que sobrepasa lo que esperábamos para el día siguiente de la "liberación". Vemos por los hechos anteriormente resumidos que la dirección nacional de los movimientos de resistencia integrada por gaullistas, stalinistas y socialistas, habían tomado sus sueños por realidades, al decir que controlaba la acción de las masas trabajadoras de Francia. Estas han dado ya muestras de lo que significaba la liberación para ellas: fin del yugo capitalista. Sin embargo no era muy difícil suponer que el control sobre las masas, de que se jactaban gaullistas, socialistas y stalinistas, tenía por fuerza que ser muy débil y muy superficial por las condiciones de lucha clandestina, que impedían cualquier control eficaz de las células ilegales. Estas, aunque fuesen nominalmente controladas por tal o cual organización estaban en realidad orientadas políticamente por los trabajadores más conscientes de su seno. Y ¿qué podía significar para un obrero consciente la liberación, sino el fin de la opresión capitalista? Por eso, al echar fuera a los nazis, completaron la tarea que se habían impuesto echando a los patronos y ocupando las fábricas, para la administración de las cuales nombraron responsables (como en España tras el 19 de Julio).

No hablemos de los gaullistas, cuya posición patriótica tiende en el mejor de los casos al restablecimiento de un orden burgués y a una ilusoria colaboración de clases. En este punto se encuentran con los socialistas y stalinistas cuya audacia mayor no va más allá de la creación de un sector nacionalizado en la economía al lado de un sector capitalista, dejando inatacado el Estado burgués e invitando a los explotadores a ser "más comprensivos" con las necesidades obreras. ¿Pueden semejantes estafas inspirar la menor confianza a los obreros conscientes? Claro que no, y lo han demostrado sin equívoco apoderándose de las fábricas. Ahora les queda por dar un paso más: crear comités de enlace entre las fábricas de cada región como paso hacia un comité nacional, verdadera representación de las masas trabajadoras y, por consiguiente, verdadero gobierno del pueblo. Esa mira tiene que ser la de toda la acción de nuestros camaradas franceses. Su principal trabajo debe ser el apoyo más resuelto de los comités de fábrica; deben promover su multiplicación rápida y su federación y salvarlos del sometimiento al poder capitalista al que querrán llevarlos stalinianos y socialistas.

De Gaulle reclama a grandes gritos "orden trabajo y entusiasmo" y el general Koenig, más precisamente, pedía al pueblo de París, al día siguiente de su liberación del yugo nazi, ser "tan disciplinado como fué valiente". Claro está, que el "orden", el "trabajo" y el "entusiasmo" reinan en Francia, así como la disciplina. Pero lo que piden De Gaulle y Koenig es que este orden sea el orden burgués que los trabajadores rechazan para empezar a establecer el suyo; que el trabajo prosiga en beneficio de la burguesía y de su guerra, dejando a las masas en la misma miseria que antes y que desaparezca el entusiasmo de las mismas hacia sus propios éxitos para respaldar los propósitos de De Gaulle y Cía. Podemos predecir que el Gobierno provisional francés encontrará cada día menos estos "orden", "trabajo" y "entusiasmo" en las masas francesas y en cambio encontrará, sí, una hostilidad cada día mayor en ellas. Ya el gobierno gaullista decidió conservar algunos decretos de Vichy (no sabemos cuales). Pronto tendrá que buscar en el arsenal de Vichy otros decretos decididamente fascistas para luchar contra la insubordinación de los trabajadores franceses; pero no cabe duda de que esta primera decisión no puede sino despertar desconfianza hacia los propósitos del gobierno provisional.

Todo indica que el divorcio entre De Gaulle y las masas está mucho más adelantado de lo que se podía esperar por las escasas noticias que teníamos. Toda la actitud de De Gaulle consiste y consistirá en hacer promesas a las masas para después de la guerra. Pero éstas no quieren ni pueden esperar y exigirán, con más energía cada día, realizaciones que De Gaulle no quiere ni puede emprender, pues, pese a sus declaraciones, es el mandatario directo de la clase dominante. Por eso hizo saber a las masas que no quería subvertir el orden burgués y lo probó con la formación de su nuevo ministerio compuesto de traidores socialistas y stalinistas, de estafadores social-cristianos y de bandidos reaccionarios de los viejos partidos de la III República capitaneados por el antiguo presidente del Senado, la institución más reaccionaria de Francia, la que hizo fracasar todas las tímidas reformas sociales de antes de la guerra. Este ministerio no es, pues, como se lo presenta, un paso hacia las masas, sino un paso atrás; un ministerio de defensa de la burguesía, preludio de ministerios aún más derechistas. Por eso los imperialistas anglo-sajones no ocultaron su regocijo. Pero si ellos se alegraron es evidente que las masas francesas se indignaron y con razón.

Este proceso de distanciamiento, preparación de hostilidades abiertas entre de Gaulle y el pueblo francés, está todavía oculto bajo la capa de alegría provocada por el derrumbe de la tiranía nazi en Francia. Muy probablemente las masas, en muchos casos, creyeron que la "justicia social" de que de Gaulle tanto habló, significaba para ellas el derecho al incautar la economía capitalista y el de auto-administración. Además, habiendo combatido con denuedo al opresor nazi y sus cómplices de Vichy, creyeron que también habían conquistado el derecho de auto-gobierno. En la clandestinidad hicieron una experiencia reducidísima es verdad, de auto-gobierno, al enfrentarse a los esbirros de Vichy y de Hitler y creyeron ingenuamente que los núcleos de combate que habían constituido estaban destinados a volverse los órganos de administración locales, una vez los nazis y Vichy derrotados.

Ahora se dan cuenta, o se la darán pronto, que han sido estafados y que hasta ahora lucharon, como se dice en Francia, "para el rey de Prusia", es decir para de Gaulle y la burguesía que defiende. Las masas no pueden aceptar de ninguna manera esta situación. La agitación revolucionaria, detenida un momento en Francia por la alegría de la victoria, cobrará en este corto descanso un nuevo vigor. Las masas aprovecharán este lapso para encontrar nuevos dirigentes capaces de dar realidad a la revolución socialista. Es el momento para nuestros camaradas franceses de tener una actitud intransigente de clase, de revelar a cada paso con todos los hechos concretos de que disponen, que la clase trabajadora no tiene nada de común con de Gaulle y su pandilla, es el momento de oponerles los comités obreros que surgieron en todas partes al calor de la liberación. ¡Todo el poder a los comités de trabajadores! Esa será pronto la consigna-clave de nuestro partido francés, si stalinianos y socialistas no consiguen deshacer la obra de las masas.

Pero actualmente el ejército anglo-americano ocupa una gran parte de Francia. Washington y Londres no pueden admitir el rumbo revolucionario de las masas francesas. El imperialismo anglo-sajón tiene prisa en aplastar el movimiento. Prefería la administración de Vichy a la de de Gaulle porque ésta última, por su naturaleza y composición, le parece menos apta para vencer a las masas. Las protestas que llenan la prensa americana contra las ejecuciones más o menos sumarias de fascistas franceses detenidos en el momento de la huida de los nazis, expresan sencillamente la lástima del capitalismo por la muerte de tan buenos servidores, que Londres y Washington hubieran podido aprovechar al igual que los nazis.

El ejército anglo-americano es actualmente el más peligroso instrumento inconciente de la política de opresión del capitalismo. Hay que despertar su conciencia de clase. Una de las primeras tareas de los revolucionarios franceses es, por consiguiente, dirigirse a los soldados anglo-americanos y explicarles la significación de la guerra, así como los propósitos de los capitalistas anglo-sajones contra los pueblos, no sólo de Francia sino de Europa entera.

Simultáneamente los revolucionarios ingleses y americanos tienen que emprender una acción similar entre los soldados y los obreros. Deben explicarlos el alcance socialista de la lucha de los obreros europeos libertados del hitlerismo: no son enemigos sino hermanos de clase. Pero parece que los soldados lo han comprendido al menos instintivamente, pues Eisenhower acaba de firmar una orden prohibiendo cualquier forma de fraternización con los habitantes de los pueblos alemanes y lord Vansittart, en una reciente sesión de la cámara de los lores, pidió que Churchill ordenara lo mismo al ejército inglés. Los trabajadores americanos lanzados al matadero no pueden menos que preguntarse, por poco concientes que sean, la razón de semejante prohibición, pues estos alemanes, creyendo equivocadamente haber sido "liberados", los aclamaron. Se les debe inducir claramente a fraternizar con la población pobre y transformarlos de instrumentos inconcientes de su imperialismo, en aliados de la revolución socialista europea, en defensores de ésta, mostrándoles que la lucha de los trabajadores europeos contra sus verdugos — llámense Hitler, Churchill, Roosevelt, Stalin o de Gaulle— es la suya, que su revolución les ayuda a sacudir el yugo de su propia burguesía. Pero es evidente que los soldados americanos e ingleses escucharán más fácilmente a revolucionarios de su propio país que a franceses o alemanes. Por eso, en la etapa actual, el papel de los marxistas revolucionarios de los países victoriosos es de primer orden. A ellos corresponde principalmente combatir los planes del gran capital impidiendo que los ejércitos anglo-yankis no cierren la desembocadura de la guerra imperialista en una guerra civil por el socialismo. Sin la intervención de sus cañones, el socialismo tendrá las máximas probabilidades de éxito rápido. Fallar en este punto, eludir la cuestión, dejando de lanzar consignas claras y precisas sería una verdadera traición a la revolución socialista que está empezando y no cabe duda que un día u otro la clase obrera de todos los países les pediría cuenta de ello.

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> "Un París armado era el único obstáculo serio que se alzaba en el camino de la conspiración contrarevolucionaria. Por eso había que desarmar a todo trance a París. En este punto, la Asamblea de Burdeos era la sinceridad misma. Si los bramidos frenéticos de sus Rurales no lo hubiesen gritado bastante, la entrega de París por Thiers a merced del triunvirato de Vinoy, el *Decembriseur*, Valentin, el gendarme bonapartista y d'Aurelles de Paladine, el general jesuítico, no habría dejado ni sombra de duda. Pero, al mismo tiempo que ostentaban insultantemente el verdadero propósito de desarmar a París, los conspiradores le pedían que entregase las armas con un pretexto que era la más clamorosa, la más descarada de las mentiras."
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> Carlos Marx: *La guerra civil en Francia*.

¡No hay más que cambiar los nombres, en estas líneas escritas hace más de setenta años, para conocer los propósitos de de Gaulle (Thiers) respecto a los trabajadores de Francia. Y no faltarán gendarmes stalinaos y socialistas que le secunden.
