---
Title: Posibilidades y medios de acelerar la caída de Franco
Description: La crisis de la dictadura franquista, los equipos de relevo burgueses y la lucha de masas en los lugares de trabajo frente al guerrillerismo.
Author: G. Munis
Date: 01/09/1944
Category: Contra la Corriente n.º 19-20
URL: https://marxismo.school/hemeroteca/contra-la-corriente/1944-09-cc-posibilidades-y-medios-de-acelerar-la-caida-de-franco
---


*Contra la Corriente*, n.º 19-20, septiembre-octubre de 1944 (págs. 10-14). [PDF del número completo](https://marxismo.school/assets/archivo/1939-58%20Hemeroteca%20del%20GCI/Contra%20la%20Corriente/18-19-20-21.pdf)

La dictadura Franco-falangista está destinada a perecer en un plazo breve, que puede oscilar de seis meses a unos dos años. Todas las noticias procedentes de España, empezando por los actos y palabras oficiales, y terminando por las noticias de los revolucionarios que han logrado burlar la censura, confirman esa idea. El régimen de terror y opresión siente remover el suelo bajo sus pies, se agita, despotrica más que nunca contra el bolchevismo, y procura reacomodarse a la nueva situación mundial, en un esfuerzo supremo para salvarse.

Los actos y palabras oficiales tienen quizás mayor valor demostrativo de la amenaza que pesa sobre el régimen. Falange, que ya al principio de la guerra civil vió sometida su dirección a una depuración de reacomodación al tipo clérigo-militar entreverado de nazi, característico de la dictadura franquista, efectúa una nueva contorsión. Ahora ha de ser un partido eminentemente católico. Es cómico ver a los títeres señoritos y asesinos falangistas, que se hacían pasar por hombres de un gran temple moral, renegar de sus afinidades con los partidos de Hitler y Mussolini, hablar de democracia cristiana, correr de rodillas de Berlín a Londres-Washington, jurar por todos los santos que no son ni han sido nunca totalitarios, negar asilo a quienes los armaron contra las masas, declararse prestos a la amistad con Stalin, publicar sus partes de guerra, y ofrecerse como "beligerantes morales" contra el Japón. Los imbéciles y los pillos creerán que todo ésto es sabia política; y en efecto, es la única política sabia para los pillos y los imbéciles, es decir, para quienes defienden sólo intereses sucios, antihistóricos y para los que sienten necesidad de ser deslumbrados por la "habilidad" y la escoria ideológica de cualquier pillo. El falangismo, que como variante española del fascismo, pretendía abrir una nueva era, no es más que el instrumento de las clases poseyentes ya degeneradas, como siempre ha sostenido el marxismo revolucionario. En lugar de crear nada nuevo, señala el punto más bajo de la decadencia del capitalismo. Y en la época actual el capitalismo es incapaz de producir ideas y hombres grandes; su política es una monstruosa conspiración, su moral la expoliación y la mentira, sus ideas el deshecho de todos los siglos, sus grandes figuras atorrantes encopetados o carcamales estultos. Toda idea o sistema social nuevo, se abre paso a pecho descubierto, afirmándose continuamente, sin humillarse ni negarse. En las contorsiones políticas franco-falangistas, en sus servilismos y humillaciones ante Berlín-Roma y ante Londres-Washington, se exterioriza el decadente mundo capitalista que representa. Incluso los imbéciles que se llenan la boca de palabras pueden darse cuenta.

La burguesía española, que se entregó al fascismo para cerrar el paso a la revolución socialista, ve, horrorizada, renacer la revolución por toda Europa. Las masas, aun sangrantes las llagas de la bárbara represión siguiente a la guerra civil, meditan su venganza, y en acercarse otra oportunidad revolucionaria, en formidable alianza esta vez con todos los oprimidos del continente. Hoy, como ayer, se trata para la burguesía de evitar el triunfo de la revolución por cualquier medio que sea. Ayer consiguió su finalidad acercándose al fascismo, interior y exteriormente. ¿Pero cómo lo conseguirá ahora? El fascismo fué el niño mimado de la burguesía mundial, incluyendo la yanky-británica, mientras se ocupó principalmente de rechazar la revolución. Pero cuando, cubierto ese cometido, el fascismo quizo asegurar para su burguesía el dominio del mundo, Inglaterra, Estados Unidos y otras burguesías menores hubieron de hacerle frente. La alianza con él —más propiamente con Alemania e Italia— fué mal vista y combatida por aquellos. Mientras el Eje parecía en vías de triunfo, sus satélites, cual España, se le arrimaban más y más. El vencedor de una guerra imperialista es el dispensador de las sobras económicas y el gendarme mayor frente a la revolución. Al llegar las tornas para el Eje la dictadura franco-falangista tenía que renegar de él e ir en busca de sobras y de gendarme mayor a los cuarteles de las "democracias". Así lo exigen los intereses de la burguesía; y el falangismo, no siendo más que su apoderado verdugo, hará cuantas contorsiones necesite aquella.

Pero el escollo principal para la burguesía no está en desenfadar a los gestores del imperialismo yanky-británico, sino en esquivar un golpe mortal de la nueva ofensiva revolucionaria. Lo primero lo conseguirá con un simple cambio de fraseología y abundantes concesiones económicas; lo segundo, sin embargo, presentará dificultades mucho mayores. Puede exigir el sacrificio de Falange, de Franco y mucho más; puede llevarle a reintroducir la monarquía, a dar el poder a cualquier general aliadófilo y "tolerante", a aceptar nuevamente la república constitucional, e incluso a esconderse temporalmente tras de un gobierno compuesto por líderes "socialistas", stalinistas y otros. Con las contorsiones de Franco y Falange en la política exterior, comienzan las maniobras burguesas para esquivar el golpe mortal de la revolución. Pero el apoyo del gendarme mayor, que ya disfruta, le será completamente insuficiente. La amenaza de las masas crecerá irremisiblemente, caerán Franco y Falange, y empezará entonces el periodo de contorsiones que puede oscilar entre la implantación de la monarquía u otra dictadura militar, hasta la constitución de gobiernos democrático-burgueses compuestos por representantes de las organizaciones obreras aburguesadas. Naturalmente, la burguesía se disfrazará más y más con rótulos y hombres democráticos mientras mayor sea la ofensiva de las masas. Exactamente como en el pasado. La sociedad capitalista no tiene otro medio de defensa. En los momentos graves, cuando no puede dominar inmediatamente por la violencia a las masas, coloca a su frente toda clase de hombres pseudoradicales y pseudorrevolucionarios que, desviando aquellas de su objetivo y desorganizando su ofensiva, dan a la burguesía ocasión de rematar la revolución mediante una dictadura.

El proletariado español ha sido víctima de esta operación por dos veces consecutivas. La primera dió origen a la sublevación y el triunfo fascista en una parte del territorio; la otra, previo aplastamiento de la revolución por todos los colaboradores del frente popular, terminó también en la victoria militar de Franco. La nueva ofensiva revolucionaria determinará otro triunfo de la reacción si, destruyendo los obstáculos staliniano-reformistas, no llega hasta su culminación: la toma del poder político por el proletariado y la liquidación del capitalismo. Como ayer, dirigentes "socialistas" y stalinistas se aprestan a cortar el paso a las masas en nombre de la democracia; como ayer, la mayoría de los dirigentes anarquistas parecen listos a ayudarles en nombre de la "situación extraordinaria". En realidad, desde que se entregaron a la colaboración con el frente popular, los dirigentes cenetistas se desprendieron del espíritu revolucionario del anarquismo. Este, una vez reconocida la imposibilidad del apoliticismo, sólo puede encontrar un medio adecuado en un partido marxista revolucionario.

En los editoriales de este número se señalan claramente los propósitos de la Unidad Nacional stalinista y de esa otra unidad nacional llamada Junta de Liberación. Ofrecen al capitalismo equipos de relevo que pueden actuar separada o conjuntamente, pero lo más probable es que lleguen a un acuerdo cuando los acontecimientos se precipiten en España. La intención de gobernar en representantes de la burguesía y cerrar el paso a la revolución proletaria, nunca fue tan evidente, tan confesada como ahora por los líderes stalinistas y reformistas. Van decididamente a poner al servicio del enemigo de clase las organizaciones políticas y sindicales que dominan. Así lo expresan en sus lemas y en sus programas respectivos. Siguiéndoles, la clase obrera está condenada a la derrota de antemano. Es urgente poner en guardia a la clase obrera y organizar su resistencia contra el colaboracionismo traidor de stalinistas y reformistas. La Delegación General de la C.N.T., debe tomar posición: por la colaboración de clases o por la lucha de clases hasta el fin. Pero no podemos ocultar que su aprobación del pacto aliadófilo de Africa y sus críticas secundarias no de principio al organismo prietista, amenazan llevar nuevamente la C.N.T. a una aventura colaboracionista de consecuencias fatales, como durante la guerra civil.

El dilema de colaboración de clases (unión nacional o sometimiento del proletariado a la burguesía) o lucha de clases (independencia del proletariado y marcha hacia su revolución), no envuelve sólo el desenlace reaccionario o socialista de la nueva crisis social que se abrirá con la caída de Franco; abarca también el retardo o la aceleración de esa caída. Mediante programa y los métodos puestos en práctica por los colaboracionistas —por Prieto igual que por el stalinismo—, la dictadura franco-falangista durará más en el poder y se amortiguarán las consecuencias revolucionarias de su caída. Tanto la Junta de Prieto como la stalinista, esperan llegar al poder fundamentalmente con la ayuda de los imperialismos triunfantes; la segunda, además, con ayuda de la contrarrevolución rusa. Dentro de España prefieren con mucho atraerse a la burguesía pequeña y grande que movilizar las masas contra la primera causa y sustento del falangismo. El stalinismo va en esto más allá que Prieto. Espera la "insurrección" nacional de los propios generales franquistas. Prieto no es tan imbécil para comprometerse con los generales, los católicos y los monárquicos, públicamente. No le interesa ganar el favor de personas responsables del régimen franco-falangista sino el de la burguesía anónima, de los que no han sido responsables por su actuación personal, pero sí por intereses de clase. Después, claro está, será más que tolerante con los otros. Para semejantes propósitos los llamamientos a las masas, su movilización combativa, resultan peligrosos y fácilmente contraproducentes. Pero aun en el caso de que los hagan, para imponerse como gobernantes a la burguesía nacional y extranjera asustándola un poquillo, los programas de ambas juntas nunca lograrán despertar entre las masas sino un mínimo de actividad. Han sido redactados totalmente al margen de los intereses de las masas y de las necesidades históricas del momento; en realidad contra los mismos. Las promesas de constitución de 1931, o creación y preparación de las condiciones para convocar elecciones, después de las experiencias de la coalición republicano-socialista y del frente popular, sólo pueden encontrar una acogida lánguida. Los autores de los dos programas respectivos lo saben, pero no pueden remediarlo porque su intención principal es tranquilizar a la burguesía nacional y al imperialismo yanky-británico.

Pero a despecho de los programas de ambos conglomerados colaboracionistas, la lucha de las masas se abrirá camino y constituirá el elemento principal de la derrota del régimen actual. Se trata, para los revolucionarios, de facilitar la recuperación y la acción de las masas y de sacar el máximo partido posible en beneficio de la revolución, inmediatamente después de la caída de Franco. No debe ser practicado ningún método de lucha, ni apoyado ningún programa o consigna que perjudique la lucha por la revolución proletaria o le ponga trabas. La colaboración de clases actual, en proyecto o en potencia por pasividad, debe ser combatida sin duelo. Las masas deben ponerse en movimiento por sus propias reivindicaciones: salario, horas de trabajo, derecho de organización, de prensa, de reunión, disolución de Falange, liquidación de la dictadura, etc. La lucha debe ser desplegada principalmente en los lugares de trabajo (fábricas, talleres, obras, campos) y tratando de unir a los trabajadores de todas las tendencias contra el enemigo común. Tan pronto como sea posible deben ser creados comités de frente único que organicen la lucha ilegal. Las organizaciones obreras (stalinista y socialista) que prefieren la compañía de la burguesía deben ser enérgicamente criticadas. No debe aceptarse ningún compromiso para apoyar un futuro gobierno republicano-burgués. Las clases explotadas deben conservar plena libertad para tomar el poder político, si pueden, inmediatamente después de la caída de Franco o para exigir elecciones parlamentarias, pero siempre sin tomar a su cargo el sostenimiento de la república burguesa y conservando la libertad de reclamar el poder político para sí cuando se encuentre en condiciones de hacerlo.

Se impone particularmente alertar a las masas contra el guerrillerismo aconsejado por stalinianos y socialistas. Ese, ni es el mejor método ni el de más amplias consecuencias. Ha de ser la actividad de las masas la que ponga fin al régimen actual, no la valentía de grupos de hombres más o menos numerosos, pero aislados de las masas. Los revolucionarios más osados y conscientes deben encontrarse entre ellas para aconsejarlas, organizarlas y dirigir su lucha. Una huelga, una protesta colectiva en cualquier fábrica, sacudirá más rudamente el franco-falangismo que cualquier hazaña heroica de un grupo de guerrilleros. Por añadidura, lo primero crea consciencia de clase, haciendo progresar a la masa en su conjunto; lo segundo, por muy revolucionarios que sean los guerrilleros, apenas si acaso crea. Mil revolucionarios distribuidos en los lugares de trabajo estarán en condiciones de crear al régimen dificultades mucho mayores que cinco mil guerrilleros regados en las montañas. La razón por la cual los pro-burgueses stalinianos y socialistas aconsejan la lucha de guerrillas, es evidentemente su propósito antisocialista. Tratan de impedir, que, organizándose desde ahora, la clase obrera se arme en su conjunto y pase inmediatamente a organizar su propio poder socialista. En cambio unos cuantos miles de guerrilleros serán fácilmente desarmables por cualquier poder republicano, con ayuda de las guardias civil, de Asalto y de los oficiales del ejército, que oportunamente se sentirán demócratas y anti-franquistas. Pero el problema decisivo para las clases explotadas reside precisamente en armarse y en desarmar y disolver todos los cuerpos coercitivos existentes. Lográndolo las masas estarán rápidamente en condiciones de lanzarse a la toma del poder. El guerrillerismo aconsejado por los colaboracionistas, debilita la lucha actual de las masas contra Franco y reducirá al mínimo las conquistas siguientes a la caída de aquel.

El ejemplo de Francia está bien cerca del proletariado español y constituye ya una excelente experiencia para los hombres refugiados en aquel país. La coalición gaullisto-staliniano-socialista, aconsejó continuamente las guerrillas, pero se negó sistemáticamente a armar el proletariado. Sin embargo, el elemento decisivo en la lucha contra la dominación nazi ha sido el proletariado. Si éste hubiese tenido armas bastantes (en la lucha, hubieron de quitárselas a los alemanes), los nazis habrían tenido que retirarse mucho antes, y el proletariado habría expropiado a toda la burguesía y disuelto los cuerpos armados que sirvieron de sustento a Petain y los nazis, mismos que hoy utiliza la coalición gaullisto-staliniano-socialista y de los cuales se servirá para desarmar a los guerrilleros revolucionarios, o encuadrarlos en formaciones burguesas; en todo caso para inutilizarlos como brazo armado de la revolución social.

Los refugiados españoles residentes en Francia no deben prestarse a continuar la misma maniobra en España! Si tienen armas deben ponerlas al servicio de las organizaciones y comités franceses que luchan por la revolución social. Deben repudiar todo compromiso con la traidora coalición gobernante y ligarse estrechamente a las masas explotadas francesas, defender con ellas sus conquistas, ayudarles a adquirir nuevas y solicitar su auxilio para organizar en España un potente movimiento ilegal contra Franco, principalmente en las regiones industriales. A condición de saber ligarse a las masas francesas, los refugiados españoles pueden acelerar enormemente la organización de la lucha revolucionaria en España. Proletariado español y proletariado francés he ahí los aliados. Organización de la lucha de masas en los lugares de trabajo, he ahí el método. Desarme y expropiación de la burguesía, armamento del proletariado y toma del poder político, he ahí el objetivo para el cual los revolucionarios deben esforzarse en constituir los órganos del poder obrero, echando a un lado la mentirosa democracia parlamentaria burguesa. Los compromisos con la coalición gaullisto-staliniano-socialista, pueden servir para salvar a la burguesía española de las consecuencias de la caída de Franco; a la revolución, sólo pueden serle perjudiciales.

5 de Octubre de 1944.

---

> "La liberación de los trabajadores será obra de ellos mismos" Marx.
