---
Title: ¿Guerrillas o lucha de masas?
Description: Contra el guerrillerismo stalinista y prietista en la frontera pirenaica: la lucha de masas en fábricas y campos como método frente a Franco.
Date: 01/11/1944
Category: Contra la Corriente n.º 21-22
URL: https://marxismo.school/hemeroteca/contra-la-corriente/1944-11-cc-guerrillas-o-lucha-de-masas
---


*Contra la Corriente*, n.º 21-22, noviembre-diciembre de 1944 (págs. 1-4). [PDF del número completo](https://marxismo.school/assets/archivo/1939-58%20Hemeroteca%20del%20GCI/Contra%20la%20Corriente/18-19-20-21.pdf)

En nuestro número anterior, dábamos la voz de alerta contra el guerrillerismo como método de lucha contra Franco. Decíamos que no es el más propio para combatirle y que, de propagarse, redundaría en perjuicio de las conquistas de las masas inmediatamente después de la caída de Franco.

Apenas aparecido el número anterior de CONTRA LA CORRIENTE, la prensa cotidiana acarreó noticias durante dos semanas sobre la actividad de guerrilleros españoles en la frontera pirenaica y de algunos grupos que penetraron en territorio español. A juzgar por las informaciones de prensa, la mayoría de esos grupos estaba compuesta o dirigida por elementos stalinistas. Días antes, algunos mensages procedentes de Moscú llamaban en España a la "insurrección". Churchill-Stalin, en Moscú, hicieron cesar mensajes y paqueo stalinista. Como preveíamos nosotros, lo que entendía el stalinismo por "insurrección" nos fué revelado por los mensajes de prensa, la mayoría de ellos de inconfundible factura Kremlin. Uno de los grupos que se introdujo en Navarra, sede de el clericalismo ultramontano y primera incubadora de combatientes franquistas, hizo volar a los cuatro vientos este revolucionarísimo grito: "¡Viva Gil Robles!". Otros grupos apelaron en manifiestos, a la oficialidad franquista, pidiéndole, (¡Arriba España!) pasarse al lado stalinista en bien de la patria. Algunos mensajes hablaron de deserción general de la oficialidad al lado de los guerrilleros, es decir, al lado de los stalinistas. Todo perfectamente concorde con el programa de unidad nacional que, para salvarnos a los españoles, ha sido elaborado en los lagares ideológicos del mariscal Stalin.

Según él, en España, no existe proletariado y burguesía, revolucionario y socialista el primero, reaccionaria y filofascista la segunda; ni siquiera existen elementos fascistas propiamente hablando, sino unos cuantos malos españoles cruzados de alemán —tales Franco y cuatro más— de los que basta desembarazarse para que la unidad de los oficiales del ejército, la clerigalla, los terratenientes y la burguesía, con los campesinos, el proletariado, los centenares de miles de perseguidos y los familiares y amigos de las decenas de miles asesinados por Franco en holocausto a la burguesía, sea completa e indisoluble en beneficio de una España grande y fuerte. Apenas es necesario recordarlo: ese lenguage es el tradicional de la reacción en todos los tiempos. Mucho más reaccionariamente aun que durante la época del frente popular, el stalinismo hace ostentación de identificación con los intereses de la burguesía. Una España "grande y fuerte" es una España de explotación y opresión para las masas. No en vano emplea el stalinismo el propio lenguage de Franco. Y cada objetivo tiene sus métodos propios. El ideal stalinista sería el desbanque de Franco por la oficialidad militar, de manera que las masas siguiesen perfectamente sujetas. De ahí, por una parte, su búsqueda de alianzas reaccionarias —Gil Robles, católicos, requetés, oficiales manchados por la sangre proletaria,— por otra, el método de las guerrillas. En ambos casos, el stalinismo elude la mobilización revolucionaria de las masas, totalmente incompatible con la unidad nacional. Por lo primero, pide a los mismos elementos que han servido de pedestal a Franco y falange un pronunciamiento que sería calificado de "insurrección nacional y salvadora"; salvadora de una insurrección proletaria, se quiere decir con ello. Por lo segundo, el stalinismo trata de persuadir, amedrentándolos, a los elementos reaccionarios, al mismo tiempo que crea una guardia mangoneada por él para oponerla a las pretensiones socialistas de las masas, en caso de que éstas desempeñen en la caída de Franco mayor papel del que conviene a los designios stalinistas.

Pero la realidad es que la reacción española, aunque parece desear desembarazarse de Franco y substituirle por una monarquía o una república *fuerte* —parejas de guardia civil, prisiones gubernativas, censura de prensa, ley de orden público— siente un pánico irreprimible ante las consecuencias del menor cambio. La reacción, no puede ver en los monigotes manejados desde el Kremlin y en los monigotes manejados desde Londres-Washington (Prieto, Negrín, Barrio, etc..) más que salvavidas a los que se acojerá cuando la marea revolucionaria vuelque su barcaza. Pero nadie se agarra a un salvavidas antes de que su nave haya perdido toda esperanza. Los llamamientos stalinistas no podían, por esta causa, encontrar un eco activo entre la reacción, a quien iban dirigidos.

Los resultados de la acción stalinista han sido considerablemente útiles a Franco. Le ha dado motivo fácil para aumentar la persecución de los elementos hostiles en todo el país y más particularmente en la zona fronteriza, a lo largo de toda la cual una zona de 25Km. de profundidad, sometida a vigilancia especial, hace extraordinariamente difícil la penetración de agentes revolucionarios y de propaganda clandestina. En Francia, los resultados han sido igualmente perjudiciales a la causa anti-franquista. El gobierno De Gaulle, que con apoyo stalinista y "socialista", se declara en paz y armonía con Franco, ha establecido en su territorio otra zona de 10k. de profundidad en la cual no pueden penetrar los españoles refugiados. Así, el contacto directo entre los obreros españoles y los revolucionarios refugiados en Francia ha sido hecho dificilísimo por la acción stalinista. Tratando de confirmar la tesis reaccionaria de la unidad nacional, el stalinismo ha debilitado en grado sumo las posibilidades enormes de colaboración de los refugiados en Francia con el movimiento clandestino en España. En realidad le tiene sin cuidado; prefiere la simpatía tibia de diez generales, a la acción de diez millones de explotados. Esto tiene que ser denunciado como criminal. En Francia y en España, los trabajadores deben luchar contra los métodos stalinistas, ventajosos a la reacción y al propio Franco.

¿Cuál ha sido la actitud de los socialista residentes en México, mejor dicho, de su representación oficial? En el caso concreto de las guerrillas stalinistas, han preferido callarse, pero se muestran partidarios, en general, de las guerrillas como método, a las que tratan de impulsar y de idealizar en su propaganda. Sin embargo, es el método en sí el que debe ser rechazado por la clase trabajadora. No se avanzaría gran cosa criticándolo cuando es puesto en práctica por los stalinistas y desarrollándolo al margen de ellos. Está visto ya, por las declaraciones de Prieto, Martínez Barrio, Albornoz y satélites, que ellos también se proponen poner en práctica en España un programa de unidad nacional, aunque menos destacadamente reaccionario que el del stalinismo. Con sus condenaciones hipócritas de otra guerra civil, tratan de perpetuar el triunfo de la burguesía sobre el proletariado, ya inseguro bajo Franco. También ellos, cual los stalinistas, rehuyen la lucha de masas y toman toda clase de medidas, en complot con los jefes de la contrarrevolución imperialista, para reducir al mínimo posible las conquistas de las masas inmediatamente después de la caída de Franco. Una de esas medidas —y no la menos importante— es su incitación al guerrillerismo. Mediante él, procuran crear en España una situación que exija la intervención de Londres y Washington en favor de lo que ha dado en llamarse sucesión pacífica de Franco. Los señores libertadores encontrarían en ese caso su puesto al servicio de la burguesía española y mundial que los consideraría sus salvadores, puesto que habrían evitado una insurrección de las masas contra Franco y Falange, lo que todos ellos temen más que nada. Por su parte, la C.N.T. parece haber sido enganchada ya a la maniobra antisocialista de la junta Prieto-Barrio. Estamos seguros de que la gran mayoría de los obreros de esta central sindical están contra. Junto con ellos lucharemos sin descanso contra todos los intentos de uncir la C.N.T. al carro de la colaboración con la burguesía.

En segundo lugar, lo que se pretende con el guerrillerismo es desorientar los obreros respecto a la verdadera actividad revolucionaria y a los objetivos a alcanzar. Los enemigos "democráticos" de la revolución prefieren, evidentemente, que los obreros más activos y capaces de mobilizar las masas abandonen la fábrica, su lugar entre la clase explotada para irse al monte a empuñar un fusil. El cebo de una lucha armada de apariencia heroica y romántica sirve así la doble finalidad de debilitar la lucha de masas, y amputar de ella los mejores elementos y canalizar su actividad en el sentido pro-capitalista de la junta Prieto-Barrio, el mismo, esencialmente, de la junta stalinista.

En tercer lugar, se trata, para los patrocinadores de las guerrillas, de impedir que las masas se echen a la calle y se apoderen nuevamente de las armas y de la economía, como en Julio de 1936. Les asignan por cometido asustar la burguesía suficientemente para que consienta en despedir a Franco y colocarles a ellos como gobernantes. Por eso tienen que garantizar de antemano el desarme de las masas y la continuidad del armamento capitalista: ejército, guardia civil y de asalto, carabineros. Las guerrillas, aun suponiendo que algunas escapen al control de sus patrocinadores, serán fácilmente desarmadas.

Los revolucionarios deben pues combatir el método de las guerrillas como perjudicial al proletariado y provechoso a la burguesía. A los obreros que se hayan dejado alucinar por la tentación de atacar a la vuelta de un camino una pareja de la guardia civil o un grupo de odiosos falangistas, hay que decirles: quienes os inducen a las guerrillas serán mañana los protectores de la guardia civil y de los falangistas; la acción revolucionaria está en las fábricas y los campos, entre las masas que sufren, y que necesitan una organización para luchar; vayamos a las masas, organicémoslas contra Franco, *preparemos su armamento y el desarme de todos los cuerpos burgueses*. Quienes hablan de unidad nacional, de paz social, de reconciliación entre opresores y oprimidos, entre fascistas y revolucionarios, son enemigos de las masas. Bajo la burguesía no puede existir otra paz que la de la miseria, la explotación y la opresión. La paz social sólo puede ser alcanzada mediante la revolución socialista.
