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Title: La revolución europea y los "tres grandes"
Description: La amenaza conjunta de los imperialismos anglo-americanos y del Kremlin contra la revolución europea y la tarea de ganar a sus soldados.
Author: G. Munis
Date: 01/11/1944
Category: Contra la Corriente n.º 21-22
URL: https://marxismo.school/hemeroteca/contra-la-corriente/1944-11-cc-la-revolucion-europea-y-los-tres-grandes
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*Contra la Corriente*, n.º 21-22, noviembre-diciembre de 1944 (págs. 18-21). [PDF del número completo](https://marxismo.school/assets/archivo/1939-58%20Hemeroteca%20del%20GCI/Contra%20la%20Corriente/18-19-20-21.pdf)

De todas las asechanzas que amenazan el triunfo de la revolución europea —y son muchísimas—, ninguna tan grande como la que sobre ella suspenden los dos imperialismos más fuertes, vencedores una vez más, y la traidora burocracia del Kremlin. Burguesías nacionales, socialdemocracia, stalinismo, burocracia sindical, son otros tantos cepos puestos en el camino de las masas. Pero ninguno aisladamente tomado, ni todos en conjunto, son comparables en magnitud con la amenaza yanki, la británica y la del Kremlin, que combinarán sus armas y su perfidia en una gigantesca emboscada contra las masas explotadas, vale decir contra el progreso histórico. Toda la fuerza, toda la inteligencia, toda la valentía de los explotados y de las organizaciones revolucionarias en particular, debe ser movilizada y puesta a contribución para deshacer el plan reaccionario de los tres grandes y volver contra ellos su propia emboscada.

Burguesías nacionales, reformismo y stalinismo, están subordinados en su actuación a los intereses imperialistas en primer término, a los del Kremlin en segundo. Más aún que en el aspecto ideológico, reformistas y stalinistas son subsidiarios en la práctica de los amos del mundo. En la primera etapa de su desarrollo, la revolución europea podrá ser obstruida y rechazada por ellos, aliados a la burguesía nacional, con éxito pasajero. Pero la ofensiva revolucionaria europea no se dejará vencer fácilmente. Aleccionadas las masas por la experiencia de las coaliciones burgueso-staliniano-reformistas, se desplazarán a la izquierda, prepararán rápidamente otro asalto aún más general y encarnizado al capitalismo, y encontrarán seguramente, la alianza leal, el consejo revolucionario, la conducta decidida, de la IV Internacional. Burguesías nacionales, reformistas y stalinistas, revelaránse entonces impotentes para contener la marcha torrencial de la revolución. Tanto los imperialistas yanki-británicos como Moscú echarán mano de sus millones de hombres y de sus enormes arsenales de armamento, para ahogar la revolución en un mar de tanques, aviones y ametralladoras. La función subsidiaria de los lacayos cederá el lugar a la función directa de los amos. A la fraseología pseudo-obrerista, impotente, seguirá la metralla dirigida al pecho de los obreros, de potencia bien diferente. Los imperialistas y el Kremlin delegan sus funciones contrarrevolucionarias en las burguesías nacionales, los stalinistas y los reformistas, mientras el imperio de éstos sobre las masas se muestre capaz de satisfacer sus fines; pero cuando las promesas, las maniobras y el gobierno de sus fraseólogos no basten para mantener en un puño a las masas, los tres grandes pondrán en movimiento toda su máquina militar. Ahí está el peligro máximo que el proletariado mundial debe desbaratar. Sin los tres grandes, el triunfo de la revolución europea —dintel de la revolución mundial—, estaría asegurado de antemano en el plazo necesario para que las masas hagan su experiencia, rompan con los traidores y respalden con su confianza y su actuación la actuación de la IVª Internacional.

En consecuencia, si la lucha contra stalinistas y reformistas es premisa indispensable de una ofensiva a fondo y consciente contra el capitalismo, la lucha contra los imperialismos británico y yanki y contra la burocracia rusa es la condición clave del triunfo. Se puede cubrirvictoriosamente la primera etapa y ser pulverizados en la segunda. La atención del proletariado mundial debe ser vuelta pues hacia los tres grandes enemigos de la revolución. ¡Atención a la emboscada yanki-británico-rusa, atrapémosles en su propio cepo! Esa debe ser la preocupación cardinal del proletariado mundial y de los revolucionarios en particular. La intervención del general Eisenhower en Bélgica, desarmando grupos de obreros, poniendo puntales de bayonetas al reaccionario Pierlot y amenazando ametrallar la población de Bruselas, igual que la lucha criminal del general Alexander contra las masas griegas, más la actitud traidora de Stalin en Varsovia y su alianza con los fascistas rumanos, son pálidas muestras de lo que sus respectivos ejércitos deparan a las masas revolucionarias de Europa o de cualquier otra parte del mundo.

A medida que la evolución de las masas profundice y clarifique la lucha de clases, mayor será la intervención violenta de los ejércitos imperialistas y del ejército de Stalin. La caída de Hitler elevará aún más la temperatura del hervidero revolucionario europeo, y dejará a los tres grandes, ya sin tapujos de ninguna clase, frente a frente con su verdadero, su principal enemigo: la revolución proletaria. En lugar de disminuir aumentará la intervención de sus ejércitos contra las masas; menos que nunca pensarán en retirarlos entonces, porque los han reclutado en número tan grande, tanto contra el rival imperialista germano como contra las masas europeas, mucho más temible enemigo. Voluntariamente no retirarán sus ejércitos antes de haber aplastado la revolución para muchos años. Con eso hay que contar, contra eso hay que luchar y a pesar de eso hay que vencer. ¿Cómo? No hay más que un camino, aunque con bastantes probabilidades de éxito: revolviendo contra sus respectivos estados mayores los ejércitos imperialistas y stalinistas, conviertiéndolos en ejércitos de la revolución europea e internacional.

Sí: la lucha decisiva se librará en Europa en torno al paso de las tropas ocupantes al lado de la revolución. Preverla, organizarla, iniciar medidas prácticas para que se produzcan con éxito, ponerla por obra siempre que sea posible, aunque sea en proporciones mínimas, he ahí el deber de los revolucionarios, al que deben arrastrar a las masas y los soldados de sus respectivos países. Si el proletariado mundial no se muestra capaz de una acción consciente en favor de la revolución mundial, tendrá que pagar por ello muchos decenios de servidumbre y esclavitud totalitaria, si no siglos. La concatenación de la evolución histórica y de las condiciones sociales ha llegado a un punto a partir del cual es imposible avanzar en la escala del desarrollo histórico sin un mínimo de conciencia. O los revolucionarios logran dársela a las masas o habrá reacción de tipo fascista para luengos años.

Los soldados que componen las tropas de los tres grandes, obreros en su gran mayoría, han de ser una de las principales palancas en la lucha contra los designios de sus respectivos opresores. Los obreros de los países que ocupan deben cercarlos por todas partes de propaganda revolucionaria, revelarles los designios criminales de sus Estados Mayores, inducirles a la lucha contra los mismos y a la fraternización con las masas explotadas. Una intensa labor de agitación y organización desplegada entre los ejércitos de los tres grandes por los revolucionarios europeos, puede revelarse decisiva en los momentos culminantes. Hay que poner enérgicamente manos a la obra, creando una atmósfera a la que los soldados no puedan escapar ni personal ni colectivamente. Sus ejércitos deben ser inundados de propaganda revolucionaria en su lengua; los soldados en permiso deben ser sitiados por los obreros revolucionarios y empujados a trabajar de acuerdo con ellos, en sus unidades militares. Hay que fomentar en éstas una vasta red de organizaciones de soldados que combinen su propaganda y su acción con la propaganda y la acción de las organizaciones revolucionarias de los países donde se encuentran. En una palabra, hay que inutilizar el aparato reaccionario que los Estados Mayores piensan abalanzar sobre lasmasas insurrectas. Que el aparato se les desmorone al querer utilizarlo y caiga sobre sus propias cabezas.

En Inglaterra, los Estados Unidos y Rusia, los revolucionarios deben poner de actualidad la más implacable lucha contra los designios de sus respectivos gobiernos. "¡Viva la revolución europea y mundial! ¡Fuera las tropas anglo-yanki-rusas de los territorios que ocupan! ¡Soldados, pasad junto a las masas sublevadas!", he ahí las consignas fundamentales de la agitación internacionalista, de la solidaridad activa con la revolución europea y mundial. No se puede prescindir de ellas ni velarlas con formulaciones equívocas sin renunciar a la solidaridad o reblandecer sus manifestaciones prácticas.

Las organizaciones obreras, políticas y sindicales, de los países citados, tienen la obligación de emprender inmediatamente una campaña tanto en sus respectivas retaguardias como en los frentes. La retaguardia debe ser preparada para boicotear mediante protestas, huelgas y otras manifestaciones de masas, el envío de pertrechos de guerra y soldados contra las masas sublevadas. En toda reunión sindical, en todo mitin obrero deben levantarse los revolucionarios a denunciar la emboscada reaccionaria de su gobierno y hacer proposiciones concretas de lucha contra la misma. Los líderes sindicales, y los de las organizaciones políticas que se hacen pasar falsamente por socialistas deben ser implacablemente colocados entre la espada y la pared. O la acción de solidaridad con la revolución mundial o quedar definitivamente marcados al fuego como ayudantes de los verdugos imperialistas. Constituye, por ejemplo, un monstruoso crimen, que no se hayan lanzado al ataque del gobierno Churchill después de su actuación de carnicero en Grecia. Ciertamente, no se podía esperar otra cosa de miserables capataces de sus capitalistas. Pero los obreros en general y las organizaciones revolucionarias en particular, debieran ponerlos en la picota, hostigarlos en todas las reuniones obreras, reventarles los tímpanos gritándoles minuto a minuto: ¡traición!, denunciarlos con el mismo vigor que si hubiesen disparado personalmente las ametralladoras sobre la población de Atenas o contra los obreros ingleses: su responsabilidad no es menor.

Desproporción de nivel de vida, de acometividad y de nivel ideológico entre su proletariado y el de los países en crisis social, han sido invariablemente los elementos aprovechados por el imperialismo en su lucha contra la revolución mundial. La burocracia del Kremlin, palanca reaccionaria sumada al imperialismo, tratará de suplir la carencia de mejor nivel de vida de la población soviética, con la multiplicación de la G.P.U. Con eso cuentan los tres grandes para yugular la amenazante revolución europea; eso deben tener en cuenta los revolucionarios de todos los países para hacer morder el polvo a los tres grandes. La revolución no triunfaría nunca si hubiese de esperar hasta encontrar una situación material e ideológica internacionalmente semejante. A través de esas dificultades los revolucionarios han de saber abrirse paso a la movilización de las masas en defensa de la revolución europea. En la situación actual, esa es, también, la mejor defensa de la revolución en los países vencedores. Así como para los tres grandes, el aplastamiento de la revolución europea es la operación clave para asegurarse el dominio absoluto sobre sus respectivos proletariados, para éstos, la solidaridad con la revolución europea es la operación clave para dar cuenta enseguida de su propia burguesía.

Imposible eludir las tareas prácticas de esa necesidad, pretextando la gradualidad del desarrollo ideológico, que no permitiría en países como Estados Unidos e Inglaterra, cuyo proletariado conoce casi exclusivamente las luchas económicas, pasar a ofensivas políticas tan abstractas como reclama la solidaridad internacional. ¡El intersticio que separa las luchas económicas del proletariado anglo-americano, de una lucha política, amenaza convertirse en pantano donde seráahogada la revolución europea! A los revolucionarios toca llenar ese intersticio combinando las reivindicaciones inmediatas de su proletariado con la agitación internacionalista, y con actos cada vez más extensos en defensa de la revolución europea, hasta el paso de las tropas al lado de los insurrectos.

Este último será el factor decisivo, dada la ocupación militar de Europa. A la acción de los revolucionarios europeos sobre los soldados de los ejércitos ocupantes debe añadirse la más fecunda en resultados, por ser propia, de los revolucionarios americanos, ingleses y soviéticos. El primer deber de éstos es lanzar manifiestos, folletos y periódicos especialmente dedicados a los soldados. Las finalidades criminales de los tres grandes y su alianza con los fascistas de ayer pueden ser puestos de relieve con miles de hechos. Hay que hacerlos llegar a la masa de los soldados, sublevar su hostilidad contra ellos y la simpatía hacia la revolución europea. En segundo lugar deben esforzarse en crear organizaciones de soldados lo más amplias posible, ligadas entre sí de unidad militar a unidad militar, y que combinen su trabajo con el de las organizaciones revolucionarias de los países donde se encuentran. Ahí reposa toda posibilidad de acción práctica en favor de la revolución europea. Finalmente, deben aprovechar cuantas oportunidades se presenten, por pequeñas que sean, para poner en práctica el paso de los soldados al lado del proletariado revolucionario. ¡El ejemplo es la mejor prédica!

En fin, el proletariado mundial, principalmente el inglés, americano y soviético, tiene ante sí la necesidad de actuar coordinadamente en favor de la revolución proletaria internacional, o vivir largos decenios como esclavos impotentes bajo la dictadura todopoderosa de los multimillonarios.
