Congreso celebrado en Bruselas, en la sala Saint-Michel y en la Casa del Pueblo, del 16 al 22 de agosto de 1891, convocado por el Partido Obrero Belga en cumplimiento del mandato del Congreso de París de 1889. Traducido del informe oficial, Congrès international ouvrier socialiste tenu à Bruxelles du 16 au 23 août 1891. Rapport publié par le Secrétariat belge (Bruselas, Imprenta viuda de Désiré Brismée, 1893, pp. 39-40, 43-44, 60-61, 64-65, 81-82, 85, 89-90 y 93), según el ejemplar digitalizado en archive.org. Algunos títulos son nuestros; las tres últimas decisiones se dan con las palabras del informe. Traducción de la Escuela de marxismo, 2026. Las notas son nuestras. Texto original en francés.

Las actas completas de las sesiones están en Actas del Congreso de Bruselas (II Internacional).

La legislación del trabajo (aprobada el 19 de agosto de 1891)

Del estado de la legislación protectora del trabajo, desde el punto de vista nacional e internacional, y de los medios que deben emplearse para extenderla y hacerla eficaz.

El congreso,

situándose en el terreno de la lucha de clases y convencido de que no puede hablarse de emancipación de la clase obrera mientras haya clases dirigentes, declara:

Que las leyes y decretos promulgados en los distintos países desde los congresos internacionales de París de 18891 no responden en absoluto a las aspiraciones legítimas del proletariado;

Que si la conferencia de Berlín,2 según confiesan quienes la convocaron, se reunió bajo la presión de los congresos socialistas —y en este sentido debe considerarse una concesión importante a la fuerza creciente de la clase trabajadora—, sus deliberaciones han demostrado que los gobiernos actuales no quieren llevar a cabo las reformas necesarias;

Que, por otra parte, las resoluciones de la conferencia de Berlín han servido de pretexto a ciertos gobiernos para frenar el desarrollo de su legislación protectora del trabajo, invocando las decisiones tomadas en Berlín y las deficiencias de la legislación de las naciones competidoras;

Además, el congreso hace constar que la legislación actual no solo es deficiente en sí misma, sino que se ejecuta y se aplica de un modo irrisorio. En consecuencia, el congreso conjura a la clase obrera de todos los países a luchar con toda la energía y todos los medios de agitación y de propaganda de que dispone por la realización del programa de los congresos de París (aunque esa agitación no tuviera por el momento otro resultado que demostrar que la clase de los dirigentes y de los explotadores es enemiga de toda protección eficaz del trabajo).

Asimismo, considerando que es necesario imprimir una dirección común al movimiento socialista internacional, especialmente en lo que se refiere a la protección del trabajo, el congreso invita a las organizaciones y partidos obreros:

1.º A organizar en cada país una encuesta permanente sobre las condiciones del trabajo y la situación de las clases obreras;

2.º A intercambiar la información necesaria para el desarrollo y la unificación de la legislación obrera;

3.º Por último, el congreso recomienda a los asalariados del mundo entero unir sus esfuerzos contra la dominación de los capitalistas y, allí donde gocen de derechos políticos, servirse de ellos para emanciparse de la servidumbre del salariado.

La cuestión judía (aprobada el 19 de agosto de 1891)

De la actitud que deben adoptar ante la cuestión judía los trabajadores organizados de todos los países.3

El congreso,

considerando que los partidos socialistas y obreros de todos los países han afirmado siempre que para ellos no puede haber antagonismo ni lucha de raza o de nacionalidad, sino solo la lucha de clase de los proletarios de todas las razas contra los capitalistas de todas las razas;

Considerando que para las poblaciones obreras de lengua judía no hay otro medio de emancipación que su unión con los partidos obreros o socialistas de sus países respectivos;

Condenando al mismo tiempo las incitaciones antisemitas y filosemitas como una de las maniobras con que la clase capitalista y la reacción gubernamental tratan de desviar el movimiento socialista y de dividir a los trabajadores;

decide que no ha lugar a tratar la cuestión propuesta por la delegación de los grupos socialistas norteamericanos de lengua judía y pasa al orden del día.

El derecho de coalición, las huelgas y el movimiento sindical (aprobada el 21 de agosto de 1891)

Del derecho de coalición, de sus garantías, de las huelgas, del boicot y del movimiento sindical desde el punto de vista internacional.

El congreso,

considerando:

Que, en las circunstancias económicas actuales y ante los esfuerzos de las clases dominantes por recortar cada vez más los derechos políticos y agravar las condiciones económicas de la clase obrera, las huelgas y los boicots son un arma indispensable de los trabajadores, ya sea para rechazar los ataques de sus adversarios, que tienden a empeorar su situación económica y política, ya para mejorar su situación política y social en la medida en que eso es posible en la sociedad actual;

Considerando, además, que las huelgas y los boicots son armas de doble filo que, empleadas a destiempo, pueden ser más perjudiciales que útiles para los intereses de la clase obrera;

El congreso recomienda a los trabajadores que examinen bien las circunstancias en que deben usar estas armas y el modo en que deben servirse de ellas.

El congreso considera, sobre todo, absolutamente necesaria la organización sindical de la clase obrera, para que, por su masa y por los recursos de que disponen, los trabajadores puedan entablar la lucha con la certeza de la victoria.

En consecuencia,

el congreso recomienda a todos los trabajadores que apoyen con toda su energía las organizaciones sindicales, y protesta contra todas las tentativas de los gobiernos y de los patronos para poner trabas, del modo que sea, al derecho de coalición de los trabajadores.

Para asegurar el derecho de coalición, el congreso reclama la abolición de todas las leyes que lo menoscaban directa o indirectamente, e impone a los trabajadores el deber de perseguir ese fin con todas sus fuerzas;

Y como, por deseable que sea, una organización central de las fuerzas obreras internacionales tropieza por el momento con dificultades de toda clase, el congreso, decidido a proporcionar a la solidaridad obrera de los distintos países un medio común de manifestarse, recomienda, allí donde sea posible, la constitución nacional en cada país de un secretariado del trabajo, para que, en cuanto se produzca en algún lugar un conflicto entre el capital y el trabajo, los trabajadores de las distintas nacionalidades puedan ser advertidos y estar en condiciones de tomar sus medidas.4

El militarismo (aprobada el 21 de agosto de 1891)

De la posición y de los deberes de la clase obrera ante el militarismo.

El congreso

declara que el militarismo que pesa en este momento sobre Europa es el resultado fatal del estado permanente de guerra abierta o latente impuesto a la sociedad por el régimen de explotación del hombre por el hombre y por la lucha de clases que es su consecuencia;

afirma que todas las tentativas que se proponen abolir el militarismo y traer la paz entre los pueblos —por generosas que sean sus intenciones— no pueden ser sino utópicas e impotentes si no atacan las fuentes económicas del mal;

que solo la creación de un orden socialista que ponga fin a la explotación del hombre por el hombre pondrá fin al militarismo y asegurará la paz definitiva;

que, por consiguiente, el deber y el interés de todos los que quieren acabar con la guerra es entrar en el Partido Socialista Internacional, que es el verdadero y único partido de la paz.

En consecuencia, el congreso,

ante la situación cada día más amenazadora de Europa y las incitaciones chovinistas de las clases gobernantes de los distintos países, hace un llamamiento a todos los trabajadores para que protesten con una agitación incesante contra todo amago de guerra y contra las alianzas que lo favorecen,5 y para que apresuren, con el desarrollo de la organización internacional del proletariado, el triunfo del socialismo;

declara que este es el único medio capaz de conjurar la catástrofe de una guerra general, cuyos costes tendrían que soportar todos los trabajadores;

y se propone, en todo caso, hacer recaer ante la historia y ante la humanidad sobre las clases dirigentes la responsabilidad de todo lo que pueda suceder.6

El trabajo a destajo y a tanto alzado (aprobada el 22 de agosto de 1891)

De la supresión del trabajo a destajo y a tanto alzado.

El congreso,

considerando:

Que el trabajo a destajo y a tanto alzado se generaliza cada vez más;

Que esta forma de salario aumenta constantemente la explotación de la fuerza de trabajo y, por tanto, la pobreza y la miseria de los trabajadores;

Que reduce cada vez más al obrero a la condición de máquina;

Que hace bajar el nivel de los salarios por la encarnizada competencia que se hacen los obreros entre sí, ya que se toma como unidad la producción de los obreros más hábiles;

Que este sistema es una causa perpetua de conflictos entre patronos y obreros y entre los propios obreros;

Por último, que tiende a extender en gran número de oficios el trabajo a domicilio en lugar del trabajo en el taller, y a perjudicar así el espíritu de asociación, impedir la coalición de los obreros y hacer imposible la aplicación de las leyes protectoras del trabajo;

El congreso opina que este abominable sistema de agotamiento es una consecuencia necesaria del régimen capitalista y desaparecerá al mismo tiempo que él;

Que no por ello deja de ser deber de las organizaciones obreras de todos los países oponerse por todos los medios a la extensión de este sistema;

Que el sistema del marchandage (sweating system)7 produce también consecuencias desastrosas y debe combatirse por los mismos motivos.

La cuestión femenina (aprobada el 22 de agosto de 1891)

El congreso

invita a los partidos socialistas y obreros de todos los países a afirmar enérgicamente en sus programas la igualdad completa de los dos sexos y a reclamar en primer lugar lo siguiente:

«Abolición de todas las leyes que ponen a la mujer fuera del derecho común y público».8

El Primero de Mayo (aprobada el 22 de agosto de 1891)

Celebración internacional del 1 de mayo, dedicada a la vez al principio de las ocho horas, a la regulación del trabajo y a la afirmación universal del proletariado por el mantenimiento de la paz entre las naciones.

El congreso,

a fin de conservar al Primero de Mayo su verdadero carácter económico de reivindicación de la jornada de ocho horas y de afirmación de la lucha de clases,

decide:

Que debe haber una manifestación única para los trabajadores de todos los países;

Que esta manifestación tendrá lugar el 1 de mayo;

Recomienda el paro del trabajo allí donde no sea imposible.9

Los trabajadores del mar (22 de agosto de 1891)

El congreso

exhorta a todos los partidos obreros del mundo a favorecer la organización de los trabajadores del mar y a hacer propaganda del congreso marítimo internacional que se celebrará en Burdeos en 1892.10

Otras decisiones del congreso (22 de agosto de 1891)

Se propone a continuación, y se aprueba, que los secretariados del trabajo se ocupen no solo de la estadística sindical, sino también de la correspondencia y de la información socialista política.

Se decide, a propuesta del buró, que el próximo congreso internacional se celebre en 1893 en Suiza, dejando la elección de la ciudad al partido obrero suizo.11

Se decide, a propuesta del presidente, que en el próximo congreso, como en Bruselas, solo podrán participar las asociaciones que acepten estos dos principios: la intervención del Estado y la organización.12

  1. En julio de 1889 se reunieron en París dos congresos obreros internacionales: el convocado por los partidos marxistas en la sala Pétrelle, del que nació la II Internacional, y el de los posibilistas franceses en la rue de Lancry. De ahí el plural. ↩

  2. Conferencia internacional sobre la protección del trabajo convocada por el emperador Guillermo II en Berlín (15-29 de marzo de 1890), con representantes de los principales Estados europeos. ↩

  3. La cuestión la habían planteado los grupos socialistas de lengua yidis de Nueva York, cuyo delegado, Abraham Cahan, pedía al congreso que se pronunciara sobre el antisemitismo y la persecución de los judíos. ↩

  4. Texto propuesto por la minoría alemana de la sección (Boch), con una enmienda del delegado francés Delescluze, que se impuso al proyecto de la mayoría, partidaria de un comité sindical internacional. La versión del Buró Socialista Internacional (1902) presenta algunas variantes de redacción. ↩

  5. Alusión, sobre todo, a la Triple Alianza de Alemania, Austria-Hungría e Italia, renovada en 1891, y al acercamiento franco-ruso de ese mismo verano. ↩

  6. Resolución propuesta por la sección con los informes de Wilhelm Liebknecht y Édouard Vaillant. El congreso rechazó antes la propuesta holandesa de Domela Nieuwenhuis, que pedía responder a toda declaración de guerra con la proclamación de la huelga general; solo la votaron Inglaterra, Francia y Holanda. La resolución de la sección la aprobaron quince nacionalidades, con la abstención de Holanda. ↩

  7. Marchandage: subcontratación del trabajo por un intermediario, el marchandeur, que lo contrata a tanto alzado con el patrono y paga a destajo a los obreros, quedándose con la diferencia. ↩

  8. Resolución presentada por Paul Singer en nombre del buró, de acuerdo con las delegadas Wilhelmina Drucker, Emma Ihrer, Louise Kautsky, Anna Kuliscioff y Ottilie Baader. Se aprobó con tres votos en contra. ↩

  9. Por quince nacionalidades contra una, Inglaterra, que prefería manifestarse el primer domingo de mayo. Se rechazó la enmienda de Vaillant que quería añadir al carácter económico del día la manifestación por la paz, y el término «fiesta» del proyecto se sustituyó por «manifestación». ↩

  10. Propuesta de Raymond Lavigne, de Burdeos, firmada también por un delegado inglés. El informe no dice expresamente que se votara; la recoge como resolución de Bruselas el Buró Socialista Internacional en su compilación de 1902. ↩

  11. Fue el congreso de Zúrich de agosto de 1893. Antes, el congreso se negó a convocarlo en Chicago en 1893, como pedían los delegados estadounidenses, y aprobó la propuesta de Lucien Sanial de que los partidos europeos enviaran delegaciones al congreso que los socialistas norteamericanos celebrarían allí. El buró propuso además aplazar a otro congreso la cuestión de un nombre común para todos los partidos obreros. ↩

  12. Es decir, se excluía a los anarquistas, que rechazaban la acción política y la legislación obrera. Ya el primer día el congreso había excluido por unanimidad a los grupos anarquistas con un orden del día de la delegación belga. ↩