Congreso celebrado en Copenhague, en el Palacio de Conciertos, del 28 de agosto al 3 de septiembre de 1910. Traducido del protocolo publicado por el partido alemán, Internationaler Sozialisten-Kongreß zu Kopenhagen. 28. August bis 3. September 1910 (Berlín, Buchhandlung Vorwärts, 1910, pp. 3-126 y 134), según el ejemplar digitalizado de Internet Archive; el texto alemán se ha establecido sobre una nueva lectura OCR de la letra gótica, cotejada con las imágenes. El protocolo recoge las sesiones plenarias, las deliberaciones de las comisiones y las sesiones de la delegación alemana; se omiten las listas de delegados de Alemania, Austria, Bohemia y Suiza y los índices, y se da al final el recuento de mandatos. Las resoluciones aprobadas no se repiten: una línea en cursiva remite a la página del congreso. Completamos con la fecha o con el nombre de la comisión algunos títulos de sesión. Traducción de la Escuela de marxismo, 2026. Las notas son nuestras. Texto original en alemán.

Las sesiones plenarias

Sesión de apertura, domingo 28 de agosto

La espléndida sala del Palacio de Conciertos es el lugar donde se reúne la Internacional. Casi resulta pequeña para la ingente multitud de delegados que han acudido de todas las partes del mundo. Las columnas que flanquean la entrada del edificio están envueltas en rojo. Un ancho estandarte lleva la inscripción danesa: «8. Internationale Socialist Kongres». La sala misma se ha engalanado con una impresionante decoración socialista. La pared de la tribuna de oradores muestra en un mapa gigantesco los dos hemisferios, unidos por una cinta con el viejo grito de combate de la Internacional: «¡Proletarios de todos los países, uníos!». A derecha e izquierda cuelgan en la cúpula las banderas danesas del partido y de los sindicatos. En las galerías se ven doce estandartes con los colores y los escudos de las grandes naciones. Para Alemania se ha elegido el negro, rojo y oro. En cuatro idiomas, danés, alemán, inglés y francés, se lee el programa de la socialdemocracia internacional reducido a breves fórmulas. Estas inscripciones dicen: ¡El trabajo es la fuente de la riqueza! ¡Construimos la solidaridad! ¡Saber es poder! ¡La religión es asunto privado! ¡Abolición de las diferencias de clase! ¡Ningún monopolio privado! ¡La voluntad del pueblo es la ley suprema! ¡Sufragio universal e igual para todos! ¡Jornada máxima de ocho horas! ¡El desarme significa la paz! ¡Los mismos derechos para la mujer y el hombre! ¡Libertad, igualdad, fraternidad!

Los delegados se sientan en nueve mesas, separadas siempre por un pasillo transversal. La primera mesa a la izquierda de la presidencia la ocupa la delegación sueca. Alemania ocupa la segunda y la tercera mesa; Austria, la cuarta. La quinta mesa, en el centro, está destinada a las siguientes nacionalidades: Serbia, Turquía, Rumanía, Argentina, España, Portugal, Japón, Grecia, Sudáfrica, Australia, Luxemburgo, Italia, Suiza, Rusia y Polonia. La sexta mesa corresponde a Bélgica, Hungría-Croacia y Bohemia. En la séptima mesa están los puestos de Holanda y Francia; en la octava, los de Finlandia, los Estados Unidos de Norteamérica y Noruega, mientras que la última, la novena, la ocupa Gran Bretaña. La numerosa delegación danesa ya no ha encontrado sitio abajo. Ocupa por ello la galería de la derecha, mientras que la galería de la izquierda está reservada a los 125 representantes de la prensa que han acudido a la reunión. La tribuna central, completamente abarrotada, está destinada al público.

A las diez y media se abre el congreso con la interpretación de una cantata escrita por A. C. Meyer, el conocido escritor, agitador, poeta y diputado socialdemócrata, y compuesta por F. Hamme, director de orquesta de Copenhague. En la cantata las naciones se juntan en una danza de los pueblos de la libertad y de la paz. Suenan los motivos de canciones nacionales de libertad, interrumpidos por solos, hasta que el conjunto se une en el poderoso canto de masas de la Internacional. La primera parte de la cantata terminó con la Marsellesa. En el intermedio subió a la tribuna de oradores el Dr. Gustaf Bang1, redactor del Socialdemokraten2, y, traduciendo él mismo sus palabras al francés, al alemán y al inglés, dijo lo siguiente:

¡Camaradas, mujeres y hombres! Hemos intentado expresar en esta cantata el sentimiento que nos anima y que forma el terreno sobre el que nos reunimos aquí, el sentimiento de solidaridad internacional del proletariado en lucha de todos los países del mundo. Este sentimiento ha vivido siempre en la socialdemocracia danesa y, como es natural en un país tan pequeño, se ha manifestado aquí con especial fuerza, pues aquí es de la mayor importancia buscar estímulos en el extranjero y buscar enseñanza y fortalecimiento en los movimientos de los grandes países civilizados. Desde sus primerísimos comienzos, la socialdemocracia danesa fue una sección de la Asociación Internacional de los Trabajadores. Durante cuarenta años de crecimiento constante e ininterrumpido hemos procurado en Dinamarca mantener, no de vez en cuando, sino siempre, la relación más estrecha posible con los camaradas de los países extranjeros. Es uno de nuestros recuerdos de partido más hermosos y más elevados que hace 27 años, en 1883, pudiéramos ofrecer a la socialdemocracia alemana, perseguida bajo la ley contra los socialistas, un refugio para su congreso3. Y el espíritu revolucionario de nuestras filas ha encontrado una rica fuente de fortalecimiento en el trato con los cientos de camaradas de partido rusos que, después de la revolución, huyendo del terrorismo de la contrarrevolución, pasaron por Dinamarca y a quienes prestamos ayuda con alegría allí donde fue necesario. (Vivos aplausos.) También de otras maneras, no en casos aislados y excepcionales, sino constantemente, año tras año, hemos sentido los lazos que nos unen con los partidos hermanos extranjeros. Recordamos con gratitud el apoyo moral y material que se nos prestó durante el gran cierre patronal de 18994. Y nosotros mismos nos hemos esforzado siempre por cumplir con nuestro deber en la medida de nuestras fuerzas cuando en países extranjeros se libraban grandes luchas entre el trabajo y el capital. (Aplausos.) No exagero si digo que el llamamiento del Manifiesto Comunista, «¡Proletarios de todos los países, uníos!», se ha convertido para la socialdemocracia danesa en algo más que una frase solemne, que lo llevamos en la sangre. (Aplausos atronadores.) Con profunda y cordial alegría damos por ello la bienvenida al VIII Congreso Socialista Internacional en nuestra ciudad, en el corazón de Copenhague, donde los antagonismos de clase de la sociedad danesa han llegado a su punto más extremo, en un barrio donde la aristocracia más rica y el proletariado más pobre viven inmediatamente uno junto a otro, en un barrio donde el rey tiene su residencia y en el que ha sido elegido un diputado socialdemócrata al Folketing5. (Aplausos atronadores.) Mientras los antagonismos de clase se agudizan en todo el mundo, mientras el capital acrecienta su dominio y su explotación de las grandes masas populares, mientras la economía mundial capitalista provoca constantemente amenazadores peligros de guerra y alimenta sin cesar la demencial carrera de armamentos, a la vez que impone a los pueblos cargas siempre nuevas, en medio de todo ello queremos forjar aquí armas para superar todos los antagonismos de clase en el interior y todos los antagonismos nacionales en el exterior, para acabar con toda explotación, servidumbre y humillación. (Aplausos atronadores y prolongados.) Lo sentimos, lo sabemos: nos acercamos a paso rápido a nuestra meta; el día nos pertenece, como decía la cantata. Han pasado los tiempos en que teníamos que librar duras luchas por nuestra existencia. Ahora la lucha es por nuestra victoria. (Aplausos atronadores.) Detrás de nosotros queda la oscuridad, delante de nosotros la claridad, dice un viejo refrán danés. Con la esperanza de que los debates de este congreso estén animados por el espíritu de la fraternidad proletaria internacional, con la esperanza de que los trabajos de este congreso contribuyan a aclarar la táctica que debemos seguir para alcanzar nuestra gran meta, con la esperanza de que todos volvamos de este congreso con energía redoblada a la lucha común en los distintos países por la emancipación del proletariado, con esta esperanza la socialdemocracia danesa les da una vez más una cordial bienvenida. (Aplausos atronadores, prolongados y repetidos una y otra vez.)

Después se terminó la cantata. Durante el canto final de la Internacional los miembros del congreso y el público se ponen en pie y se suman al coro. Quinientos cantores obreros de las sociedades corales de Copenhague dieron a los coros una magnífica pureza y un efecto arrebatador. Miembros de la orquesta del Teatro Real ejecutaron la parte instrumental. También los solos los interpretaron miembros del Teatro Real: el tenor Nielsen, el barítono Hober y la soprano Noeregard Hanse. La hermosa obra y su perfecta interpretación hicieron brotar, ya en la primera hora del Congreso Internacional, una poderosa corriente de profundo entusiasmo. Cuando se apagaron los aplausos, se tributó una ovación atronadora al poeta, el diputado A. C. Meyer, que se hallaba presente.

Después el Buró Socialista Internacional ocupó sus puestos en la tribuna y Vandervelde6 asumió la presidencia con estas palabras: En nombre del Buró Socialista Internacional declaro abierto el VIII Congreso Socialista Internacional y, en nombre de los camaradas daneses, doy la palabra al miembro del Folketing:

Stauning: ¡Camaradas de partido y de lucha!7 En nombre de la socialdemocracia danesa doy una cordial bienvenida al VIII Congreso Socialista Internacional: bienvenidos a Dinamarca, bienvenidos a Copenhague.

Es la primera vez que los representantes de la clase obrera organizada del mundo entero se reúnen en nuestro pequeño país, y estamos orgullosos del honor que con ello se hace a nuestro país y a la socialdemocracia danesa.

Los representantes de la socialdemocracia internacional son, pues, ahora huéspedes de Dinamarca, y creo poder asegurarles que se les brindará hospitalidad por todas partes, y abrigo la esperanza de que los acuerdos que se tomen en nuestro país nos acerquen algunos pasos a la paz y a la fraternidad entre los pueblos.

La socialdemocracia de aquí, de Dinamarca, alzó la cabeza bajo la influencia de las aspiraciones de libertad del mundo exterior; los años 1848 y 1871 dejaron profundas huellas en la historia de la socialdemocracia danesa, y desde 1871 marchamos con paso seguro, bajo la bandera de la Internacional, hacia una forma de sociedad en la que reinarán la libertad, la igualdad y la fraternidad.

En el curso de los últimos cuarenta años hemos construido nuestras organizaciones y nuestra prensa sobre la roca de la Internacional: los obreros de cada país pueden conseguir mejoras con su propio trabajo, pero la gran emancipación de toda la clase obrera solo se logra mediante la cooperación internacional y el entendimiento internacional entre los obreros del mundo entero, mediante la lucha unida contra el capitalismo.

El conocimiento de estos hechos se ha abierto camino también entre los obreros organizados daneses, y por eso estamos orgullosos y entusiasmados de poder dirigir hoy a la Internacional obrera un cordial «¡Bienvenidos a casa de los compañeros daneses!».

Tenemos la convicción de haber demostrado la voluntad más sincera de ocupar nuestro puesto en la cadena internacional que abarca el mundo, y esperamos y deseamos que este congreso sea provechoso tanto para vuestro trabajo como para el nuestro en favor de nuestra noble causa.

Dinamarca no es más que un país pequeño; no tenemos nada grandioso que mostrar a nuestros huéspedes, no tenemos las cifras colosales de votos y de afiliados de nuestros camaradas de los grandes países, pero aun así podemos afirmar que el trabajo que hemos realizado no ha sido en vano.

Nuestros 100 000 votos, nuestros 28 diputados en el Rigsdag, la mitad de los puestos en el ayuntamiento de Copenhague, nuestros 33 periódicos socialistas y nuestros 120 000 suscriptores, nuestros 120 000 afiliados sindicales y la mejora de la situación económica y cultural de los obreros daneses: esto es lo que podemos mostrar a nuestros compañeros extranjeros, estos son los éxitos visibles de nuestro trabajo, éxitos conseguidos con nuestro trabajo sobre la base de la idea socialista internacional.

Los obreros daneses participan plenamente en el movimiento más grande y más trascendental de nuestro tiempo, comprenden la misión histórica universal que la clase obrera ha de cumplir y es de esperar que en todo momento sabrán estar a la altura en la lucha por liberarse del yugo capitalista.

No se puede exigir que la población trabajadora de la pequeña Dinamarca marche a la cabeza, pero aun así encontrarán siempre a los obreros daneses dispuestos a la lucha y animados de la mejor voluntad de cumplir en todo momento con su deber para con sus demás compañeros de clase, ya que la meta a la que aspiramos es la misma que tienen ante los ojos nuestras organizaciones hermanas de todos los países.

Con estas palabras les doy nuestra bienvenida al trabajo de este congreso y, una vez más, bienvenidos a nuestro pequeño país.

Que el espíritu de unidad y de solidaridad presida vuestros acuerdos, libremos con fuerzas unidas la lucha contra la injusticia social: en estos días nos agrupamos en torno a la hermosa meta del socialismo y, con ella ante los ojos, nos ponemos manos a la obra.

El capitalismo es esclavitud y guerra; el socialismo es libertad y paz. (Aplausos atronadores y repetidos.)

En nombre de la Internacional socialista, Vandervelde agradece cordialísimamente a los camaradas daneses el espíritu fraternal de libertad que manifiestan al congreso. Cuando decidimos celebrar este congreso en Copenhague, nos guiaba el propósito de rendir homenaje al movimiento danés, que es uno de los más serios, laboriosos e infatigables de que podemos enorgullecernos en la Internacional. El camarada Stauning no les ha dicho todo aquello de lo que el movimiento danés puede estar orgulloso. Es admirable el progreso desde los 700 votos de 1878 hasta los 98 000 votos de 1910. Pero aunque tomemos los votos en las elecciones parlamentarias como expresión vigorosa de la fuerza interna de los partidos socialistas, estos 98 000 votos, emitidos por hombres de más de 30 años, no dan una imagen completa de la fuerza y la intensidad de la socialdemocracia danesa. Solo adquieren su significado más alto cuando los ponemos junto a los progresos económicos e intelectuales conquistados por la socialdemocracia danesa. Junto a estos 98 000 votos hay en Dinamarca 120 000 sindicalistas y 120 000 lectores de la prensa del partido. (Aplausos atronadores.) La socialdemocracia danesa puede señalar con orgullo que aquí cada elector socialdemócrata es a la vez sindicalista y lector de la prensa socialdemócrata. Por esta razón creímos que no podíamos celebrar el congreso de la Internacional, que será más un congreso de minucioso trabajo de detalle que de ardientes anuncios de lucha, en un terreno más favorable que el danés. (¡Bravo!) ¡Camaradas! Antes era costumbre abrir el congreso de la Internacional con los informes de los distintos países sobre sus progresos en el último año. Para ganar tiempo, en los últimos congresos hemos abandonado esa costumbre, y también esta vez se les presentarán impresos en un voluminoso tomo los informes de las secciones nacionales sobre el estado del movimiento. Podrán ver en esos informes que hoy están afiliadas a la Internacional 33 nacionalidades, a saber, todos los países de Europa, los Estados más importantes de América del Norte y del Sur, además de Japón, Sudáfrica y Australia. Los informes no están del todo completos, pero podrán deducir de ellos que la potencia mundial de la Internacional abarca en este momento 8 millones de partidarios. (Aplausos.) No somos solo una fuerza enorme, sino una fuerza en constante crecimiento. Con pocas excepciones vemos en todas partes un crecimiento satisfactorio de los partidos socialistas. En los últimos tres años, desde el congreso de Stuttgart8, el movimiento solo ha sufrido retrocesos en Rusia, Hungría y Argentina, pero la disminución de los afiliados organizados en esos países es solo apariencia, no realidad; pues allí donde se ha producido, se debe únicamente al empleo de la violencia brutal por el capitalismo dominante: a la violencia hipócrita en las repúblicas burguesas, a la brutalidad desnuda y sin disfraz en los dominios de la autocracia rusa. (¡Muy cierto!) Pero la violencia no puede detenernos de forma duradera, pues sobre las bayonetas no se puede uno sentar, sobre todo cuando esas bayonetas se vuelven inteligentes. (Aplausos atronadores.) En los países citados la violencia no ha hecho más que avivar el ardor combativo del proletariado consciente. Bajo el estado de excepción crecieron las organizaciones socialistas en Argentina, el movimiento por el sufragio universal hizo buenos progresos en Hungría, y la sangre de los obreros que ha empapado la tierra rusa no hará sino fertilizar el suelo para la cosecha de la revolución social. (Vivos aplausos.) En todos los países el movimiento ha seguido avanzando. En Stuttgart, América pudo informarnos por primera vez de medio millón de votos. Brillantes campañas electorales han confirmado desde entonces que la fuerza del socialismo internacional ha seguido creciendo. De Inglaterra, el recién fundado Labour Party, que no es otra cosa que el resultado de la fermentación de la levadura socialista en las masas obreras inglesas, pudo informar por primera vez en Stuttgart de que había entrado en la Cámara de los Comunes con más de 40 diputados. Algunas pequeñas pérdidas que ha sufrido en las últimas elecciones se han visto compensadas con creces por la adhesión de la masa compacta de los mineros. Los camaradas austriacos pudieron informar en Stuttgart de un golpe maestro que habían dado al crear, en las primeras elecciones con sufragio universal, el grupo parlamentario más fuerte de la Internacional socialista. Desde entonces han aumentado todavía más el número de sus diputados. En Stuttgart tuvimos que recibir también noticias de derrotas electorales de los partidos socialistas en algunos países. Pero precisamente en esos países el movimiento socialista ha hecho desde entonces los progresos más rápidos. En Suiza, en tiempos del congreso de Stuttgart, habíamos quedado reducidos a dos miembros en el parlamento federal. Ahora tenemos más que nunca. En Bélgica el número de nuestros diputados ha pasado de 25 a 35. En Italia el grupo parlamentario casi ha duplicado sus efectivos. En Francia hemos conseguido una hermosa victoria en las últimas elecciones, y la elección de 75 socialistas unificados y la decadencia definitiva del movimiento socialista independiente9 son la prueba más brillante de la fuerza interna de nuestro método de la lucha de clases. Lo que da a la victoria francesa su significado particular es el hecho de que se la debemos a la unidad socialista.

Es un argumento poderoso para los países en los que todavía hoy la fuerza del movimiento socialista está dividida, y debe señalarles también a ellos con insistencia la necesidad de la unificación de todo el proletariado. (Vivos aplausos.) Pero cuando nos reunimos en Stuttgart, también la socialdemocracia alemana había sufrido la mayor derrota electoral desde los tiempos de la reacción bismarckiana10. Sin embargo, los camaradas alemanes nos recibieron con alegre seguridad. Sabían, en efecto, que el número de votos y la fuerza interna del partido habían crecido. Hoy está claro ante todo el mundo que la socialdemocracia alemana es más fuerte y más poderosa que nunca. El movimiento sindical alemán ha aumentado tanto el número de sus afiliados que ha sobrepasado al de las trade-unions inglesas. El sufragio igual ha triunfado ya en algunos Estados federados y en los demás, sobre todo en Prusia, se sigue luchando por él con toda energía. Precisamente el movimiento por el sufragio en los distintos Estados federados nos demuestra que, frente a las ridículas pretensiones de una monarquía medieval por la gracia de Dios, el futuro pertenece a la soberanía de la voluntad popular. Hasta los políticos burgueses profetizan hoy a la socialdemocracia alemana para las elecciones del año próximo quizá 100 escaños y unos cuatro millones de votos. (Vivos aplausos generales.)

En esta época de grandes victorias nos corresponde recordar a los veteranos de nuestro movimiento que hoy no están aquí. No pienso solo en nuestros camaradas alemanes, sino sobre todo en nuestro antiguo presidente Andrea Costa11, que se ha ido para siempre. Recuerdo a aquellos a quienes sin duda volveremos a ver: a nuestro querido camarada Singer12, cuya tranquila energía tantas veces puso orden en nuestros agitados debates y que esperamos se restablezca muy pronto de su enfermedad. Pero sobre todo acude a nuestros labios el nombre del gran ausente, el nombre de un hombre que, por el largo tiempo de sus servicios al proletariado internacional, por su talento incomparable y por lo que ha hecho por la socialdemocracia, es hoy la encarnación más brillante del movimiento obrero internacional: August Bebel13. (Aplausos atronadores.) Al aclamar el nombre de Bebel, aclaman ustedes la encarnación más pura de nuestro ideal socialista: la fuerza de voluntad del obrero que se eleva por sí mismo y la realización más hermosa del intelectualismo socialista que pone por entero el gran tesoro de su saber al servicio del movimiento proletario; aclaman al luchador apasionado por la emancipación de la mujer, a la expresión típica del proletariado en lucha y victorioso en general, al hombre que sacrificó dos años de su vida en la cárcel a la causa de la paz y de la protesta contra la guerra criminal de hace cuarenta años. (Nuevos aplausos atronadores.) Al aclamar el nombre de Bebel, celebran ustedes el movimiento obrero internacional del proletariado socialista, en cuyo nombre declaro abierto el congreso. (Aplausos atronadores y sostenidos.)

Huysmans14, el secretario internacional, hizo una serie de comunicaciones de trámite. La lectura de los mensajes y telegramas recibidos se hará en la sesión plenaria del miércoles. Como presidentes del congreso, el Buró Socialista Internacional ha propuesto a Klausen (Dinamarca), Branting (Suecia) y Jeppesen (Noruega).

Para la preparación del orden del día se forman cinco comisiones.

El orden del día es el siguiente:

  1. Las relaciones entre las cooperativas y los partidos políticos.
  2. La cuestión del paro.
  3. Arbitraje y desarme.
  4. Los resultados internacionales de la legislación de protección obrera.
  5. La organización de una manifestación internacional contra la pena de muerte.
  6. Procedimiento para la rápida ejecución de los acuerdos de los congresos internacionales.
  7. La organización de la solidaridad internacional.
  8. Resoluciones sobre la unidad sindical en Austria, sobre la unificación de las organizaciones socialistas y sobre la situación en Finlandia, Argentina, Turquía y Persia.

Se constituyen las comisiones siguientes:

  1. de la cuestión cooperativa;
  2. de la cuestión sindical, de la realización de la solidaridad internacional y de la unidad del movimiento sindical en Austria;
  3. del antimilitarismo, el arbitraje y la rápida ejecución de los acuerdos de los congresos internacionales en favor de la paz;
  4. de la legislación de protección obrera, sus resultados en los distintos países y la cuestión del paro;
  5. de las resoluciones: la resolución francesa sobre la unidad socialista, la resolución sobre la pena de muerte, sobre Finlandia, Persia, Argentina, etc.

La comisión interparlamentaria mantiene su orden del día como organismo autónomo.

Se retira del orden del día la resolución de Gran Bretaña sobre la cuestión de la inmigración, porque se discutió a fondo hace poco, en Stuttgart. Además, se someten a la ratificación del congreso todas las resoluciones adoptadas por el Buró Internacional desde 1907.

Para terminar, Huysmans informa del reparto de los votos entre los distintos países. No se formula ninguna objeción a estas propuestas.

El presidente, Vandervelde, las declara aprobadas y levanta a continuación la primera sesión plenaria.

Se levanta la sesión hacia la una.

Por la tarde hubo un desfile y una fiesta popular en Søndermarken. En el recinto de la fiesta se pronunciaron discursos desde cuatro tribunas.

Segunda jornada. Jueves 1 de septiembre, sesión de la mañana

Preside Branting15, que abre la sesión a las once menos cuarto con el siguiente discurso:

Si he creído poder aceptar el gran honor de ser aquí uno de sus presidentes, ha sido por dos razones. La primera, porque veo en ello un reconocimiento por parte de la Internacional de que la clase obrera sueca, también en la medida de sus fuerzas, ha cumplido honradamente con su deber para con los fines comunes. Nosotros, que hemos estado en el movimiento sueco desde el principio, nosotros, que vimos hace 25 años qué pequeño era entonces el puñado de camaradas, cuando teníamos en contra a toda la prensa, cuando todavía se nos aseguraba a diario que los obreros suecos, tranquilos, sensatos e ilustrados, nunca seguirían la bandera roja, que por entonces llevaba por primera vez nuestro viejo veterano, el camarada Palm16, que también está aquí en la sala (aplausos), nosotros podemos comprobar, cuando repasamos luego la evolución posterior, qué enorme ha sido el desarrollo también en nuestro país. Desde el congreso de Stuttgart hemos tenido elecciones que han duplicado el número de nuestros representantes en la Segunda Cámara. Tenemos ahora 35 diputados socialdemócratas en Suecia. (Vivos aplausos.) Además, el año pasado, como todos ustedes saben, sostuvimos la gran huelga de masas17, no solo contra la patronal, sino que en el curso del combate tuvimos que luchar contra toda la sociedad burguesa de nuestro país. Y aunque no salimos de ella vencedores, menos aún salimos vencidos, abatidos. Hemos creído poder aceptar este puesto de honor también por una segunda razón. Tenemos que deliberar aquí, en este congreso, sobre cuestiones muy importantes; ciertamente existen entre nosotros, en los detalles, considerables diferencias de opinión, según cómo se hayan desarrollado las cosas en los distintos países; pero en las cuestiones principales estamos todos de acuerdo. Tenemos la esperanza de que el congreso sabrá, por así decirlo, presidirse a sí mismo. Esperamos que con el examen de las cuestiones del orden del día se logre mayor claridad sobre los fines del movimiento y sobre todas las cuestiones que tan a pecho lleva el movimiento obrero de los distintos países. Y nuestra tarea es, en efecto, aspirar también a los ideales más altos y más audaces sin dejar de estar firmemente asentados en el terreno de la realidad. (Vivos aplausos.)

Huysmans hace una serie de comunicaciones. Al Buró del congreso han llegado varios cientos de escritos, entre ellos de Armenia, de los trabajadores manuales daneses, de los obreros del diamante de Amberes, de la organización juvenil socialdemócrata de Fredrikshald, de la Oficina Internacional de la Paz, 60 cartas y telegramas de esperantistas e idistas18 socialistas, de la convención nacional socialista de Milwaukee, del Partido Socialdemócrata de Luxemburgo, del Vorwärts de Nueva York, de Paul Göhre19, de los sindicatos de Salónica, de los obreros abstemios checos, del partido socialdemócrata de Bosnia y Herzegovina, de los sindicatos de Bulgaria, de las organizaciones obreras de Croacia, de los dependientes de comercio organizados de Austria, de la dirección regional del partido socialdemócrata de Carintia, de la asociación de trabajadores de la prensa de Viena, de la federación de Varna, de los socialdemócratas de Salónica, de la organización de los empleados de seguros de Austria, del Buró Central del Partido Obrero Socialdemócrata de Rusia, de la organización nacional de Finlandia, del distrito regional de Upsala, del Comité Central del Partido Obrero Socialdemócrata Judío, del Vorwärts de Cristianía, de la Liga contra la Pena de Muerte de Rusia, de la federación socialdemócrata de Australia Occidental, del Partido Socialista Turco, de la socialdemocracia judía sionista, del camarada Katayama20, de los socialistas daneses de Milwaukee, del Comité de Ayuda a los Parados de Nueva York, de la socialdemocracia ucraniana y de los camaradas rumanos de los Estados Unidos. Para terminar, Huysmans da a conocer, entre los vivos aplausos de la asamblea, la siguiente carta de Bebel:

Zúrich, 27 de agosto de 1910.

¡Camaradas de partido, hombres y mujeres!

Mi más ardiente deseo, volver a participar activamente en las deliberaciones del Congreso Socialista Internacional, se me ha hecho por desgracia imposible por obstáculos insuperables. Por eso siento la necesidad de expresar al menos por escrito lo que no me es dado decir de palabra: mi más cordial agradecimiento por los cálidos y honrosos deseos que todas las organizaciones políticas y sindicales afiliadas a la Internacional me hicieron llegar de forma tan singular, en forma de mensajes, con motivo de mi 70.º cumpleaños, el 22 de febrero de este año. Esos mensajes son el regalo más valioso que se me podía hacer, y me han llenado de la mayor alegría a mí y a los míos. Para estos últimos serán un recuerdo orgulloso en tiempos venideros, cuando yo ya no esté. Para mí, en cambio, son un nuevo estímulo para seguir sirviendo, en la medida en que mis fuerzas aún me lo permitan, a nuestra gran misión, que libera a la humanidad. Con el deseo de que también esta reunión de la Internacional esté a la altura de sus predecesoras y dé al proletariado internacional consciente de clase nuevas fuerzas para la lucha que continúa y para la victoria, firmo con saludo socialista vuestro inquebrantable camarada de lucha, August Bebel.

El presidente, Branting: Estoy seguro de expresar los sentimientos de todos ustedes si doy las más calurosas gracias a los remitentes de estos saludos y les aseguro que el congreso se siente unido a ellos en la lucha por nuestros grandes fines comunes. Estoy también completamente seguro de su aprobación si propongo enviar a nuestro veterano y adalid de la Internacional, Bebel, un telegrama de saludo en respuesta a su carta. (Vivos aplausos.) Así queda acordado; el Buró cumplirá su encargo.

Huysmans: Están presentes en el congreso 896 delegados con pleno derecho, de ellos: de Alemania, 189; Francia, 49; Austria, 65; Bohemia, 44; Gran Bretaña, 84; Rusia, 39; Italia, 9; Estados Unidos, 24; Bélgica, 26; Suecia, 86; Dinamarca, 146; Polonia, 24; Suiza, 13; Hungría, 14; Finlandia, 19; Holanda, 14; Noruega, 31; España, 5; Turquía, —; Armenia, 2; Serbia, 3; Argentina, 1; Bulgaria, 7; Rumanía, 2.

El seguro de paro

Como primer punto figura en el orden del día de la sesión plenaria de hoy la cuestión del seguro de paro.

La cuarta comisión presenta al respecto la siguiente resolución:

Sigue la resolución sobre el paro: véase la página del congreso.

El ponente, Dr. Adolf Braun21 (Viena): Todos hemos conocido el paro como una enfermedad que hiere profundamente la vida de la clase obrera. En los Estados Unidos de Norteamérica, en Inglaterra, Alemania, Austria, en Rusia como en Japón, hemos vivido crisis enormes. En todas partes y en todas las lenguas se ha discutido la cuestión de cómo encontrar, dentro de las relaciones de producción capitalistas, un remedio contra el paro, porque nosotros tenemos que hacer responsable a toda costa a la sociedad de estos graves sufrimientos de la clase obrera, porque ella misma siente que se tambalea en sus cimientos cuando cientos de miles de obreros no tienen pan, cuando cientos de miles de familias pasan hambre. Pero así como en la cuestión de la vivienda se reúne cada vez más material y se hacen toda clase de propuestas, y sin embargo lo que hacen las clases dominantes no cuenta en absoluto en comparación con la inmensa magnitud del problema y con el ingente material reunido, lo mismo ocurre con el paro. La posición del partido socialdemócrata ante el paro es completamente clara. Sabemos que el paro está unido del modo más estrecho e indisoluble al orden social capitalista. En él tiene que surgir una y otra vez el paro y traer al proletariado la miseria más honda, mientras para la burguesía se producen nuevas e inmensas riquezas. Por eso sabemos que no podemos suprimir el paro mientras domine este modo de producción capitalista, mientras no seamos lo bastante fuertes para sustituirlo por el modo de producción socialista. Pero sabemos también que, aunque todos los males reinantes estén ligados al orden económico capitalista, dentro de este modo de producción tenemos que hacer todo lo posible para reducir y aliviar la miseria de la clase obrera. Tenemos que hacer responsables a las clases dominantes de todos los daños que nacen del orden social capitalista, de toda aflicción, de toda la miseria de la clase obrera, y por tanto también del paro. También este tenemos que intentar aliviarlo por todos los medios posibles, y todo ello ha de hacerse mediante la presión que ejerzamos sobre las clases dominantes. Hoy las cosas están así: la clase obrera soporta los costes del paro, por una parte imponiéndose toda clase de privaciones, por otra porque las organizaciones sindicales hacen por los parados incomparablemente más que los órganos de las clases poseedoras, el Estado y la sociedad. Hubo un tiempo en que velábamos cuidadosamente por que solo los sindicatos pudieran llevar la lucha contra el paro. Pero las cargas que los sindicatos han asumido voluntariamente se han hecho enormes. Tanto según la estadística de la Comisión General de los Sindicatos de Alemania22 como según la de las trade-unions inglesas, los sindicatos tienen que gastar más en la asistencia a los parados que en la lucha directa por mejorar la situación de los obreros. Nuestras desacreditadas «asociaciones de esquiroles» gastan en el seguro de paro un 25 por ciento más que en la lucha directa contra el capital en forma de huelga. Hemos observado además que los sindicatos no se debilitan, sino que se fortalecen, cuando también los no organizados reciben subsidio de paro. Hoy ya no pensamos que necesitemos el subsidio de paro para atraer afiliados a los sindicatos. Al menos en los países avanzados basta ya hoy, para la agitación sindical, con explicar simplemente qué son los sindicatos. Tenemos que distinguir entre el paro allí donde es un medio de lucha sindical y allí donde es simplemente una consecuencia del orden económico capitalista. Cuando estalla una gran crisis capitalista, cuando decenas de miles de obreros quedan sin trabajo y los sindicatos pagan entonces subsidios, eso es muy noble desde el punto de vista filantrópico, pero para la lucha de la clase obrera solo tiene una importancia relativamente pequeña, porque impide en cierta medida la baja de los salarios. Este subsidio de paro no guarda relación directa con los objetivos de lucha sindicales.

Por eso exigimos un subsidio de paro de derecho público, universal y obligatorio, a cargo del Estado, que quite a los sindicatos lo que no pertenece a los fines sindicales en sentido estricto. Para los próximos años tenemos que contar con grandes revoluciones técnico-económicas que pueden hinchar enormemente el ejército industrial de reserva y atar a nuestros sindicatos, que tan brillantemente han prosperado, a la contención del paro con el peso principal de sus prestaciones financieras y de su capacidad organizativa. Pero esa no es su finalidad principal ni su significado principal. Por eso no queremos cargar sobre nuestras anchas espaldas todo el peso del paro, sino obligar a la sociedad a hacer lo que es su deber, tanto más cuanto que solo el capitalismo ha sacado provecho del paro. Pero tampoco queremos esperar hasta que el subsidio de paro universal, obligatorio y de derecho público se haya implantado efectivamente, sino que queremos procurar que el Estado y la sociedad, todas las corporaciones de derecho público y sobre todo los municipios, tomen mejores medidas contra el paro.

La cuarta comisión opinó en primer lugar que, tanto en interés de la lucha contra el paro como para conocer las condiciones que sufre el proletariado, es necesario ante todo un registro regular y exacto del paro. Exigimos además que se atienda a los parados mediante obras públicas de emergencia suficientes, pero hemos hecho plenamente nuestro el deseo, defendido con toda firmeza sobre todo por la delegación inglesa, de que esas obras de emergencia estén muy lejos del carácter de la beneficencia y de la asistencia a los pobres. Hemos establecido como deber de la sociedad proporcionar trabajo a los parados sin ningún perjuicio moral, político ni social para quien recurra a la asistencia al parado. No solo no se le deben menoscabar sus derechos políticos, sino que hay que evitar también que el trabajo de emergencia se convierta en una competencia desleal y dé pie a rebajar los salarios. Exigimos también para ese trabajo los salarios reconocidos como justos por los sindicatos, conforme al principio que en Inglaterra se expresa claramente con las palabras fair wages.

Exigimos además, como nueva medida transitoria en tiempos de plena crisis, subvenciones a todas las cajas de paro. Para completar la asistencia a los parados exigimos buenas bolsas de trabajo, que solo podemos aceptar, sin embargo, si en ellas se salvaguardan los intereses de los obreros, de modo que los sindicatos tengan la posibilidad de controlar la administración de las oficinas de colocación y de influir en ella, para que a ningún obrero se le asigne un trabajo que pueda estar en contradicción de algún modo con los principios y las conquistas sindicales. Exigimos además que las bolsas de trabajo de los sindicatos se subvencionen con fondos públicos, como se ha hecho varias veces en Dinamarca y en las ciudades belgas. Pero esas subvenciones no deben limitar en modo alguno la libertad de los sindicatos, como se ha intentado repetidamente en Francia. Estos son los puntos de vista esenciales de la resolución, que quizá no satisfaga plenamente a ninguno de ustedes y con la que tampoco el camarada condenado a ser ponente está del todo de acuerdo. Pero teníamos que llegar necesariamente a un compromiso, conforme a las necesidades de los distintos países y teniendo en cuenta las diferentes condiciones económicas y la distinta fuerza de los sindicatos, así como su posibilidad de desarrollarse con o sin subsidio de paro. Durante largas horas nos hemos esforzado por lograr una resolución que responda en cierta medida a los deseos de todos los miembros. En interés de llegar a una resolución unitaria hemos tenido que hacer todas las concesiones y no hemos podido imponer sin miramientos nuestras propias opiniones. Queremos marcharnos de este congreso dando a la clase obrera la convicción de que todo lo que pueda hacerse en su interés lo desea este congreso y, después de este congreso, lo defenderemos todos nosotros en todos los países con toda energía. (Vivos aplausos.)

MacDonald23 (Labour Party e I. L. P.): A la sección inglesa la resolución presentada le parece demasiado débil. Habría deseado que se exigiera en primer lugar el derecho al trabajo con salarios sindicales (fair wages). Además, la resolución es incompleta. En su última redacción no se presentó siquiera a la sección inglesa. Pero proponer ahora enmiendas ya no es oportuno. La sección británica votará a favor de la resolución porque está de acuerdo con sus intenciones y sus principios fundamentales, en particular con que se atribuya al modo de producción capitalista la culpa del paro y se imponga al Estado el deber de mitigar el paro y sus consecuencias. Pero la sección no puede comprometerse con los detalles.

El ponente, Braun: Agradezco mucho a MacDonald que haya expresado su acuerdo con los principios fundamentales de la resolución, aunque no esté de acuerdo con todos los detalles. La resolución es precisamente un compromiso, y a mí mismo se me ha rechazado mucho más que a MacDonald. Pero puedo asegurarle que los delegados ingleses han luchado por cada una de sus reivindicaciones particulares con la tenacidad propia de los ingleses. (Risas.) Si MacDonald ve un radicalismo especial en que la resolución habría debido exigir en primer lugar el derecho al trabajo, puedo explicarle que sobre el derecho al trabajo hay opiniones muy diversas, por ejemplo entre los alemanes. Como es sabido, el derecho al trabajo figura ya en el Código General prusiano24; en 1848 dio origen a los talleres nacionales25, y con el derecho al trabajo en el workhouse inglés se han hecho muy malas experiencias. Además, MacDonald une el derecho al trabajo con los fair wages. Pero esa reivindicación no la puede satisfacer la sociedad capitalista. Por eso tenemos que tratar de mitigar con paliativos el paro y sus efectos. El paro no se puede eliminar con el derecho al trabajo, sino únicamente con la abolición del capitalismo. (Viva aprobación.)

Los camaradas daneses me piden que señale en su nombre que aquí, en Dinamarca, nos encontramos en el terreno clásico de experimentación de la lucha del Estado contra el paro. El trabajo incansable de los diputados daneses y su agitación entre las masas han obligado al Estado a hacer algo contra el paro. Ante todo, el Estado danés ha reconocido a los sindicatos como las mejores organizaciones para mitigar el paro.

Varios sindicalistas alemanes desean que se introduzcan todavía en la resolución algunos cambios formales de redacción. Creo que todos ustedes estarán de acuerdo en que yo me encargue con el Buró de este trabajo puramente de redacción.

Hace 91 años, el gran economista Simonde de Sismondi26, después de Ricardo el economista burgués más destacado, declaró que los empresarios eran responsables del daño que causan a la clase obrera con el paro. Lo mismo decimos nosotros cuando exigimos que los sostenedores y beneficiarios del sistema capitalista carguen también con los costes de sus consecuencias, del paro y de su mitigación. (Aplausos.)

Quelch27 (Inglaterra, S. D. P.): También nosotros somos de la misma opinión que MacDonald. Tal como se ha presentado, la sección británica no puede aceptar la resolución. Pero la sección británica tiene que adoptar, y en esto se equivoca MacDonald, una posición determinada ante la resolución. Tiene que votar en contra o abstenerse. Pues si volviéramos a casa con esta resolución, causaríamos un gran daño a nuestro propio movimiento, que exige al Estado la mitigación de las consecuencias del paro, porque esta resolución es demasiado endeble.

El congreso concede al Buró el derecho de introducir cambios de redacción en la resolución.

Branting: Quizá los delegados ingleses, que solo pueden votar la resolución con cierta reserva, se den por satisfechos con haber hecho aquí esta declaración en sesión plenaria pública. Así podremos tomar un acuerdo lo más unánime posible.

MacDonald y Quelch exclaman: La sección inglesa se abstiene.

La resolución se aprueba por gran mayoría.

Después de la votación, Bruckère (Francia) declara que varios delegados franceses se han abstenido igualmente. (Vivos aplausos entre los ingleses.)

Con ello termina la discusión.

Se levanta la sesión a la una menos cuarto.

Sesión de la tarde del jueves 1 de septiembre

Preside Jeppesen28 (Noruega).

Se someten a debate las resoluciones sobre la unidad, la abolición de la pena de muerte y sobre la situación en Argentina, Japón, Finlandia, España, Turquía y Persia. Las resoluciones dicen así:

Sigue la resolución sobre la unidad: véase la página del congreso.

Sigue la resolución contra la pena de muerte: véase la página del congreso.

Sigue la resolución sobre Argentina: véase la página del congreso.

Sigue la resolución sobre Japón: véase la página del congreso.

Sigue la resolución sobre Finlandia: véase la página del congreso.

Sigue la resolución sobre España: véase la página del congreso.

Sigue la resolución sobre Turquía: véase la página del congreso.

Sigue la resolución sobre Persia: véase la página del congreso.

Hoy solo se debatirá, y mañana se votará sobre la resolución.

El ponente es el diputado del Consejo del Imperio Dr. Ellenbogen29 (Viena): Me ha tocado la tarea extraordinariamente difícil de fundamentar nada menos que 8 resoluciones en 20 minutos. Por eso lo haré del modo más breve posible. Quisiera poner a la cabeza de mi exposición la resolución sobre la unidad, una resolución que se debe a la iniciativa de los camaradas franceses. Como es sabido, ya en el Congreso de Ámsterdam se aprobó una resolución así, señal del espíritu del partido, de la gran fuerza del socialismo y de la fuerza de superarse a sí mismo, a la que únicamente se debe que esta resolución, pese a las difíciles circunstancias de Francia, fuera aceptada por los dos grupos en pugna. Su reconciliación se ha logrado, y con gratitud y reconocimiento hemos de recordar la abnegada sumisión con que se distinguió en ello uno de los grupos, el de los jauresistas. La obra de la unidad no se ha logrado todavía del todo en todas partes; pero esperamos que el año próximo se logre por completo en todos los países en que aún hay divergencias. Esperamos que el próximo congreso pueda hacer constar la unidad completa de todos los grupos en todos los países.

Paso con esto a la segunda resolución, contra la pena de muerte. No se me ocurre pronunciarme sobre el lado jurídico de la cuestión. Lo que me interesa es su lado humano y, sobre todo, su lado político. Es significativo que también la burguesía, en su período revolucionario, cuando estaba llena de las grandes ideas de su propia época de emancipación, hubiera escrito en su bandera la abolición de la pena de muerte. Pero también es significativo que la burguesía, tras conquistar el poder político, haya ido abandonando poco a poco sus propios ideales también en la cuestión de la pena de muerte, igual que ha abandonado otros de sus ideales.

Es curioso que una serie de sabios burgueses, pese a la experiencia favorable de algunos países con la abolición de la pena de muerte, sigan todavía poniendo todo su empeño, con razones seudocientíficas bien compuestas, en favor de esta forma de castigo. Es significativo, además, que el movimiento por el mantenimiento o el restablecimiento de la pena de muerte lo encabecen en todas partes los partidos más reaccionarios, como por ejemplo en Holanda los antirrevolucionarios30, un grupo protestante ortodoxo. Frente a las razones jurídicas aparentes, nos atenemos a la concepción correcta de que la pena de muerte no impide los asesinatos ni otros delitos graves, sino que solo ha de servir para reprimir con la violencia brutal todos los movimientos de libertad. (¡Muy cierto!) En este sentido, el país clásico de la pena de muerte es Rusia, donde hace estragos este asesinato judicial y extrajudicial. En los últimos cinco años se habrían ejecutado en Rusia no menos de 3000 sentencias de muerte. A qué espantoso embrutecimiento, a qué barbarie sin límites ha conducido allí la pena de muerte lo muestra el hecho de que los verdugos no hayan tenido reparo en ejecutar a delincuentes políticos en la noche santa, en la fiesta que toda la humanidad celebra como fiesta de la paz, del amor y de la reconciliación, en Navidad, a la una de la madrugada (conmoción), un hecho que causó espanto incluso entre los partidarios de esta pena. Ver ejecutados a hombres de más de cien años, a niños, a innumerables inocentes, es la última consecuencia del espantoso embrutecimiento que trae consigo la pena de muerte. Hay que destacar además que en Rusia la pena de muerte está abolida para los delitos comunes y solo se ha restablecido para los delincuentes políticos dando un rodeo por los tribunales de excepción, los tribunales militares. Sabemos que costará todavía un esfuerzo enorme derribar el coloso ruso de la reacción, pero su furia de ejecuciones amenaza a toda Europa, también a los países sin pena de muerte, en los que el derecho de asilo está en peligro y la extradición amenaza con llevar de todos modos víctimas a la horca. Esto significa someter la civilización a las concepciones brutales e inhumanas de Rusia. Por esta razón el congreso tiene que alzar su voz por la abolición de esta brutalidad, unánime aquí y en toda la tierra. Por eso hemos propuesto acordar una manifestación lo más unitaria y simultánea posible de todos los pueblos civilizados y de todas las organizaciones afiliadas contra la pena de muerte.

Otra resolución se refiere a la situación en Argentina. Argentina es, ciertamente, una república, pero está por entero bajo el dominio de una oligarquía corrupta que trabaja no solo para el capital propio, sino también para el capital extranjero. La burguesía, crecida de golpe y enriquecida, aunque todavía agraria en muchos aspectos, trata al joven movimiento proletario según el método de la reacción más violenta, hace mucho superado en Europa, de un modo verdaderamente troglodita. Con una especie de bandas negras se perturban las organizaciones y las asambleas socialdemócratas y se persigue a los obreros con las medidas de fuerza más increíbles. Pese a ello ponemos las mayores esperanzas en el desarrollo ulterior de la socialdemocracia argentina, que ya obtuvo en las últimas elecciones 7500 votos y avanza bien. Expresar a la socialdemocracia argentina nuestra admiración y nuestra exhortación a perseverar, y lanzar a la burguesía argentina nuestro desprecio y la protesta contra sus medidas de fuerza, es el objeto de esta resolución nuestra.

La siguiente resolución se refiere a la situación en Japón. Japón ha aprendido mucho de Europa; no solo le ha copiado el militarismo, sino también el capitalismo industrial, y con ello ha engendrado a sus sepultureros, los proletarios industriales. A estos los persigue ahora el Estado capitalista con las medidas de fuerza más bajas e infames. Nuestro camarada Katayama no ha podido acudir a este congreso porque la policía japonesa teme por la existencia del Imperio a causa de este viaje (risas). Frente a la infinidad de medidas represivas no existe ni una letra de una sola ley de protección obrera. Esa es la situación social de Japón, el comportamiento de este Estado supuestamente moderno con la clase obrera. También a estos hermanos japoneses queremos expresarles nuestra admiración y darles la promesa de que lucharemos junto a ellos contra la burguesía de toda la tierra.

Si en Japón, y recientemente también en China, surgen movimientos obreros, no puede extrañar que también en los países atrasados de Asia occidental, que antes solo conocíamos como nidos de bandidos, se hagan notar los tiernos comienzos de un movimiento obrero. La revolución persa derrocó hace dos años al sah e instauró un gobierno supuestamente constitucional. Pero contra los obreros este nuevo Estado constitucional es tan brutal como el absolutismo y el feudalismo de los clérigos que gobernaban antes. Los clérigos son aquí, como en todas partes, la potencia más reaccionaria y ayudan a Rusia, que quiere arruinar la joven libertad persa. Rusia mantiene bandas de salteadores en Persia e incita continuamente en Armenia a los kurdos feudales a asaltar a sus vecinos. Rusia sostiene artificialmente una agitación continua en Persia, y en todas partes se siente su mano brutal. Fomenta por todos los medios la contrarrevolución en Persia para poder pescar en río revuelto. Es de esperar que los portadores del movimiento revolucionario ruso, sinceramente amante de la libertad, sepan hacerse dueños de ella. Contra las maquinaciones del zarismo y por la libertad de los obreros persas tiene que pronunciar su voto también este congreso internacional.

No menos complicada es la situación en Turquía. Como es sabido, también aquí hace dos años salió vencedora la revolución de los Jóvenes Turcos en la lucha contra el despotismo oriental del sultán, pero no puede seguir desarrollándose. La codicia de los capitalistas europeos ve en los imperios caídos y en decadencia, moralmente podridos, los objetos de explotación más bienvenidos, y con ello conjura un peligro para toda la paz europea. Nosotros, los austriacos, sentimos de primera mano las consecuencias de esta política colonial capitalista, de estas criminales maquinaciones, y aún las sentiremos próximamente en toda una serie de subidas de impuestos. Reaccionario es también el carácter del propio régimen de los Jóvenes Turcos. Los Jóvenes Turcos hicieron la revolución con medios sangrientos, pero con medios sangrientos semejantes, con represalias espantosas, mantienen sometido al proletariado. Pese a ello, en Turquía existen ya hoy 125 000, si no 150 000, sindicados. El afán de tutela de las potencias europeas provoca conflictos eternos, unas veces en Macedonia, otras en Serbia, otras en Bosnia y otras en Creta. Frente a este afán de tutela, frente a esta rapacidad capitalista que se hace pasar por solicitud, que dice querer mantener la paz pero en realidad hace imposible el desarrollo tranquilo y libre, nosotros aspiramos a un verdadero aseguramiento de la paz mediante la fraternización de todos los pueblos democratizados de los Balcanes. (Vivos aplausos.) Protestamos contra los artificiales y pueriles intentos de tutela: los pueblos que hicieron la revolución contra el sultán también sabrán, con tal de que no se les estorbe, salvar su propia dignidad y libertad. Más aún, la libertad interior en Turquía es la condición indispensable de un desarrollo tranquilo del Imperio. Si también aquí falta toda legislación de protección obrera y se reprime toda autoayuda de los obreros, tenemos que ayudar ante todo a impulsar la legislación política y social hacia un desarrollo en sentido democrático. A este fin sirve la 6.ª resolución de la comisión.

La siguiente resolución, la resolución sobre España, da expresión a la satisfacción por los progresos de un país determinado. Tenemos allí actualmente un régimen liberal y no queremos tratarlo con demasiada dureza. Solo deseamos que prosiga también con honradez la lucha contra el clericalismo y que no se trate, como suele ocurrir en España, únicamente de carteras ministeriales. Un interesante artículo de Iglesias31 nos ha mostrado que España no es ni mucho menos tan clerical como a veces nos parecía. Pero también el régimen actual, por liberal y amante de la libertad que se presente hasta las últimas consecuencias, no puede negar su carácter burgués, y aún hoy el proletariado español sufre la más dura opresión. Los atentados anarquistas se toman, como en todas partes, como pretexto para reprimir las organizaciones obreras socialistas. Pese a ello, en las últimas elecciones Pablo Iglesias reunió 41 000 votos y ha entrado, como primer socialdemócrata, en el Parlamento español. Saludarle y felicitarle —pues el éxito es también un éxito del hombre que desde hace ya 35 años está a la cabeza de la socialdemocracia española—, saludarle de corazón, y saludar al proletariado español, que pese a varios siglos de Inquisición bajo el clericalismo que corroe a los pueblos sigue sin dejarse avasallar y sigue albergando el viejo espíritu de libertad, es para nosotros una necesidad que se expresa en la resolución sobre España. (Vivos aplausos.)

En último lugar por hoy figura la resolución contra el atentado que Rusia está a punto de cometer contra Finlandia. Da la impresión, en efecto, de que el zar Nicolás quisiera ganarse a toda costa el título de acrecentador del Imperio. Después de haber fracasado tan a fondo en Japón, después de que en Asia oriental su ejército, contemplado con santo temor, fuera hecho papilla, ha dirigido su hambre voraz de tierras hacia la pobre Finlandia, todavía bastante indefensa. Es en verdad curioso que no tenga otra preocupación. Un hombre como el zar, que ante el amor de su propio pueblo tiene que esconderse como un tejón en lo más hondo de su madriguera, un hombre que, si quiere ver gente, tiene que salir al mar con los tiburones, que, cuando viaja, aun en la Europa civilizada, tiene que tomar medidas de protección semejantes a las de la honorable cofradía de Liabeuf32 (grandes risas), erizándose de púas y bordeando de bayonetas toda la línea férrea de San Petersburgo a Racconigi33, ese hombre sale sediento de hazañas a hacer conquistas y extiende sus manos manchadas de sangre contra el pueblo pacífico y trabajador del viejo Estado democrático finlandés. También contra este crimen tenemos que protestar de la manera más resuelta imaginable. (Aplausos atronadores.) La burguesía no ha pasado de unos leves espasmos; pero nosotros queremos alzar nuestra voz con la mayor fuerza contra este crimen espantoso, no solo aquí en el congreso internacional, sino también en cada uno de los grupos. Confiamos en ello en la fuerza de resistencia democrática de la vieja democracia campesina de Finlandia; aunque en la burguesía finlandesa haya muchos elementos dudosos dispuestos a hacer las paces con el asesino de la libertad finlandesa, frente a esos traidores desvergonzados se alza, muy segura y sin duda alguna, la fuerza del proletariado finlandés, que llevará la lucha hasta el sometimiento definitivo del zarismo. Pero aún confiamos más firmemente en el desarrollo histórico de la propia revolución rusa, que pronto quitará al zarismo de una vez por todas las ansias de conquista. (Vivos aplausos.) Tres de nuestras ocho resoluciones se dirigen contra la actuación de Rusia, señal del papel funesto que desempeña en la vida de los pueblos. En realidad, ya no pueden reunirse tres personas decentes en ningún rincón del mundo sin protestar, al menos en su fuero interno, contra la persistencia del maldito zarismo. De este congreso, que aspira a la liberación y la elevación de toda la humanidad, tiene que salir el aliento de un odio profundo, ferviente, religioso, contra el zarismo ruso. (Aplausos atronadores.) Desde aquí tiene que resonar el grito de combate, no solo al proletariado de todos los países, sino a todas las personas honradas y decentes, para que luchen con nosotros contra este régimen execrable en el que el derecho divino de todos los países busca su último consuelo y su refugio. (Aplausos atronadores.)

Así como nuestra resolución de unidad de Ámsterdam actuó como un hecho, al contribuir a duplicar la fuerza de la organización francesa, también nuestras resoluciones de hoy no han de quedarse en algo escrito y dicho, sino convertirse en hechos vivos. Con nuestros acuerdos queremos acudir en ayuda de los obreros de los países salvajes y contribuir a que su movimiento crezca y prospere en beneficio de los obreros del mundo entero. (Vivos aplausos.)

Se abre el debate.

Wiik34 (Finlandia): En nombre del partido socialista de Finlandia ruego a los camaradas franceses que acepten nuestro más caluroso agradecimiento por la resolución en favor de Finlandia de que se ocupa el congreso. La resolución nos causa una impresión tanto más honda cuanto que procede de la vieja patria de la revolución. Sabemos que entre el Gobierno ruso y el francés existe una estrecha alianza, pero existe todavía otra alianza franco-rusa, la alianza del proletariado de ambos países, y en esta alianza querríamos participar también nosotros, los finlandeses. Camaradas, la lucha que espera próximamente al proletariado finlandés será sin duda extraordinariamente dura, tanto más cuanto que al mismo tiempo tenemos que luchar contra una de las burguesías más serviles y reaccionarias. Y, sin embargo, creo poder aseguraros que el proletariado finlandés cumplirá con su deber. Que repriman nuestras asociaciones, que disuelvan nuestros sindicatos, que prohíban nuestros periódicos —y todo eso ocurrirá con seguridad—, nosotros proseguiremos la lucha a pesar de todo. No nos hacemos, sin embargo, ninguna ilusión: si estuviéramos solos, la lucha acabaría muy pronto. Para hacer frente a todos los sufrimientos que caerán sobre nosotros necesitamos el apoyo de todos nuestros camaradas del mundo entero. Por eso nos embarga una honda emoción al percibir ahora el vivo interés que los camaradas de todos los países ponen en nuestra causa. Ciertamente no nos es indiferente que los juristas de todos los países sin excepción defiendan el punto de vista jurídico de Finlandia. Pero estamos convencidos de que solo el proletariado organizado y consciente de clase puede apoyarnos de un modo verdaderamente eficaz. Por eso quedamos tan agradecidos en nuestro corazón al oír que el Buró internacional había invitado a todos los partidos afiliados a proclamar ante el mundo entero qué es en realidad la cuestión finlandesa, y que nuestros camaradas de los parlamentos de todos los países, y también en otras ocasiones, habían tomado la palabra para protestar en nombre del proletariado y de la civilización contra el nuevo crimen del Gobierno zarista. También la resolución que hoy tenemos aquí delante tendrá sin duda el mismo efecto; también ella dirá al mundo entero qué es el zarismo. Al zarismo, desde luego, no le gusta que se hable de él. Europa solo debe prestarle su dinero y no preocuparse de cómo lo emplea. Pero nosotros, camaradas, queremos hablar del zarismo. Queremos decir al mundo entero qué es el zarismo. El zarismo es la opresión de todos los hombres que trabajan, piensan y quieren. El zarismo es la cárcel, la mazmorra subterránea, es Siberia. Cada victoria que obtiene el zarismo es una derrota para la civilización, pues es el enemigo de toda civilización y, sobre todo, de los más importantes portadores de la cultura, los obreros. El zarismo es la muerte. Y por eso nosotros, que somos luchadores de la vida, tenemos que combatirlo. (Aplausos atronadores.)

De Leon35 (América): También en Ámsterdam se aprobó por unanimidad una resolución por la unidad, pero solo una nación ha cumplido este mandato: Francia. En otros países ha subsistido la vieja desunión, y así también en América, con sus dos partidos, el «Socialist Labour Party», al que represento, y el «Socialist Party». Después de Ámsterdam, nosotros, la minoría, nos declaramos dispuestos a negociar, pero el otro partido rechazó nuestra oferta. Por eso me alegro de poder preguntar públicamente aquí, en este congreso, a los representantes del otro partido, que sin duda votarán ahora también la resolución de unidad como en Ámsterdam, qué podemos esperar de ellos en América. En nombre del Partido Obrero Socialista puedo declarar que en enero tendremos dispuesta una comisión para negociar con el otro partido, en una conferencia, la unificación. América es uno de los países principales del capitalismo. Se dan todas las condiciones para un gran movimiento socialista, pero el movimiento no prospera porque nos combatimos mutuamente. Ambos partidos han perdido en los últimos años no poco terreno. Ruego, por tanto, que no se hagan aquí declaraciones platónicas, sino que se diga claramente lo que se piensa hacer.

Hillquit36 (América): ¡Camaradas! No habría tomado la palabra sobre la resolución de unidad si De Leon no me hubiera invitado directamente a hacerlo. Así pues, quiero contestarle para evitar cualquier impresión falsa. El Partido Socialista de América está por la unificación de todas las fuerzas socialistas en los Estados Unidos; no solo lo está platónicamente, sino con los hechos. Lo mejor que lo hemos demostrado es que nuestro propio partido es producto de una unificación así. En el año 1900 el movimiento socialista de América estaba dividido en diversos partidos y grupos. Los actuales representantes del partido socialista convocaron un congreso de unificación e invitaron a todas las fuerzas socialistas a unirse. Todos aceptaron nuestra invitación, salvo el partido de Daniel De Leon. (Risas.) Tras la unificación hicimos enormes progresos, y desde entonces casi todos los antiguos miembros del Partido Obrero Socialista (S. L. P.) se han pasado a nosotros. Así pues, respondemos a la pregunta: querido camarada De Leon, si va usted en serio con lo que dice, si quiere de verdad una unificación en el auténtico espíritu del socialismo para la lucha común contra el enemigo común, entonces es usted ahora, como lo ha sido siempre, sumamente bienvenido en nuestras filas. (Risas y aplausos.) Cuando se habla de la unidad socialista, no hay que tener en cuenta solo la unidad formal. Hay que saber lo que uno es, y así quiero decir además: el Partido Socialista de América se sitúa en el terreno del socialismo internacional en la teoría y en la práctica. También ante los obreros organizados en los sindicatos tenemos una actitud amistosa. No podemos concebir un movimiento socialista que no tenga detrás a las masas obreras. (Vivos aplausos.) Y así pregunto al camarada De Leon: ¿está usted dispuesto a abandonar el hijo de su táctica más reciente, la Liga Obrera Industrial37, y a arrojar a un lado todas las manías no socialistas? (¡Bravo!) Entonces no necesitaremos más conferencias ni más convenciones. Una cosa más: cuando en un país hay dos partidos y tienen entre sí diferencias de fondo, deberían dirimir sus divergencias de manera decente, como hombres decentes, para que quede libre el camino de la unificación. Camarada De Leon, si tiene usted la unidad en el corazón, no debería haberse presentado ante el congreso, como lo ha hecho, con un informe así, que no es más que un insulto al partido hermano. Si queremos unir a los socialistas de todos los matices, tenemos que guardar, también en nuestras diferencias, el respeto mutuo y la decencia. Solo eso puede hacer avanzar el movimiento socialista. (Vivos aplausos.)

Berger38 (Milwaukee): Los socialistas americanos estamos por la unidad. La mejor prueba de ello es que hace 10 años teníamos dos partidos de 5000 miembros cada uno, es decir, estábamos divididos, mientras que hoy tenemos un partido con unos 53 000 miembros cotizantes y un segundo con no del todo mil. ¿No es eso ya casi como la unidad? (Grandes risas.) También esos mil serán bienvenidos entre nosotros, hoy, mañana, en cualquier momento, si se sitúan en el terreno del socialismo internacional, si aceptan el programa internacional y dejan de combatir a los sindicatos. En nuestro último congreso del partido aprobamos por unanimidad una resolución que invita a De Leon y a sus hombres a unirse a nosotros y aceptar nuestro programa. En cuanto lo hagan, serán miembros nuestros. Pero no nos sirve gente que día tras día insulta a los sindicatos americanos y que lleva años insultándonos a nosotros. Votaremos la resolución de unidad y les prometemos que en los próximos tres años resolveremos por completo la cuestión de la unidad. Pues para entonces solo quedará fuera del partido el propio De Leon. Así pues, en América trabajamos por la unidad en todas partes y en todo momento. (Aplausos.)

Kolarov39 (Bulgaria) da lectura a una declaración del partido socialdemócrata de Bulgaria (el de los llamados estrechos) y del partido socialdemócrata de Serbia. Hemos dirigido al congreso un memorándum sobre la situación en Turquía que por desgracia no ha llegado a tiempo. Por eso nos importa exponer claramente, mediante esta declaración, las razones que hacen comprensible nuestra votación sobre la resolución de los obreros40 de Salónica:

«Considerando que las ambiciones de conquista del capital europeo y del absolutismo zarista impiden el desarrollo político y social de los pueblos de la península balcánica y han facilitado el mantenimiento del sangriento régimen de Abdul Hamid; considerando que la lucha que los pueblos del Imperio otomano han librado por su libertad e independencia bajo el brutal régimen feudal obligó a este, para mantener su dominación social, a eliminar al propio Abdul Hamid y a sustituir el absolutismo por la Constitución, un acontecimiento que se ha calificado erróneamente de revolución turca, cuando no fue más que un pronunciamiento militar; considerando que el régimen de los Jóvenes Turcos, lejos de representar las necesidades políticas y económicas del Imperio otomano, ha empezado su dominación reaccionaria negando a los obreros el derecho de voto, empeorando el derecho de asociación y restringiendo el derecho de huelga, y aplicando contra la igualdad de las distintas nacionalidades los mismos medios brutales de opresión que Abdul Hamid; considerando, por último, que la política de explotación de las grandes potencias capitalistas y la política reaccionaria en el interior constituyen una amenaza constante para la paz europea, declaramos que la única solución de la cuestión balcánica no puede estar en la política nacionalista y reaccionaria de los Jóvenes Turcos, ni tampoco en el apoyo a la política nacionalista de los demás Estados balcánicos, sino solo en la libre federación de todas las repúblicas balcánicas. Solo la unión de todos los pueblos balcánicos en una república federativa puede eliminar el peligro de guerra y asegurar el desarrollo político normal de Oriente. Sin perjuicio de la necesaria unión de todos los Estados balcánicos, la lucha de clases ininterrumpida de los países balcánicos contra la política de conquista de las potencias capitalistas y absolutistas es el único camino hacia este ideal.»

Sakazov41 (Bulgaria): La declaración que se acaba de leer ha sido redactada por rumanos, serbios y los búlgaros de ambas fracciones. Solo en el último momento ha considerado oportuno el orador precedente presentar la declaración redactada por Rakovski42 como la de un solo partido búlgaro. Pero nosotros esperamos que este primer caso de colaboración de todos los socialistas y de todas las fracciones de los Estados balcánicos sea el primer paso hacia su unificación definitiva.

Kolarov (Bulgaria): Ni la socialdemocracia serbia ni la rumana ni nosotros hemos entrado en relación alguna con el partido del orador precedente. No conozco al camarada Sakazov, pues pertenece a un partido que hemos combatido y que combatiremos siempre hasta que deje de existir. (Gran agitación.)

Con esto se cierra el debate. A propuesta de la presidencia, al comienzo de la sesión plenaria de mañana, a las 10, Ellenbogen tendrá la palabra para el resumen final.

Huysmans invita de nuevo a las comisiones a terminar sus trabajos esta noche, después de que se cierre la sesión plenaria.

Se levanta la sesión a las 6½.

Tercera jornada. Viernes 2 de septiembre, sesión de la mañana

Preside Klausen (Dinamarca). Abre la sesión a las diez y media con las siguientes palabras:

Os doy las gracias por el honor que habéis hecho a los países escandinavos al elegir a los presidentes del congreso. Habría sido natural que presidieran aquí los representantes de las grandes naciones. Que hayáis confiado la presidencia a Suecia, Noruega y Dinamarca lo consideramos un homenaje al trabajo realizado durante cuarenta años para difundir el socialismo en los países escandinavos. (Aplausos.)

Hace el resumen final del informe de la 5.ª comisión (resoluciones)

Ellenbogen (Viena): Poco tengo que añadir al informe que la comisión presentó ayer. La cuestión de la unificación de los partidos socialistas no puede resolverse aquí, en esta tribuna. El congreso solo puede dirigir una exhortación para que los camaradas resuelvan en el plazo más breve, en sus propios países, las disputas dentro del socialismo. (Aplausos.) El Buró ha remitido a la quinta comisión tres resoluciones nuevas; dos de ellas las hemos devuelto al Buró por no considerarlas de nuestra competencia. La tercera resolución trata de dos casos en los que Francia y los Estados Unidos han violado el derecho de asilo bajo influencia rusa. Hemos decidido presentaros, en lugar de estos casos particulares, una resolución general en favor del mantenimiento íntegro del derecho de asilo. Por último, nos ha llegado la resolución que la Conferencia de Mujeres Socialistas43 adoptó en favor de Finlandia. Os recomendamos que confirméis esta resolución y aprobéis las demás resoluciones de la quinta comisión. (Aplausos.)

En la votación se aprueban por unanimidad, entre vivos aplausos, la resolución sobre la unidad, las resoluciones contra la pena de muerte y las resoluciones sobre España, Turquía, Persia, Japón, Argentina y Finlandia. La resolución sobre la unidad y la resolución en favor de Finlandia provocan manifestaciones especialmente fuertes.

La garantía de la paz mundial

Informa sobre las deliberaciones de la comisión antimilitarista

Ledebour (Alemania): En el congreso internacional44 la cuestión de la actitud de los partidos socialistas ante el militarismo fue objeto de amplios debates en una comisión. Después, en el pleno, se fijó por unanimidad una resolución que resumía el resultado de varios días de deliberaciones y que, en lo que toca a la posición de los socialistas ante el militarismo en general, aclaró y resolvió nuestras convicciones de principio de una forma enteramente satisfactoria. Pero en el curso de la evolución han aparecido aquí, como en todas las cuestiones de gran importancia, hechos nuevos que obligan a dar ya en este congreso nuevos impulsos en lo que respecta a las medidas prácticas. A los propios acontecimientos de los últimos años se deben los nuevos impulsos y las nuevas propuestas que sometemos al congreso. Son esencialmente dos los puntos de vista que hacen aconsejable al menos intentar una ampliación de la resolución de Stuttgart. El primero es que en la cuestión del arbitraje hace falta una ofensiva todavía más enérgica por parte de la socialdemocracia. Como es sabido, todos los partidos burgueses, e incluso todos los partidos monárquicos y aristocráticos, aprueban la creación de tribunales de arbitraje. Y, sin embargo, el movimiento en favor del arbitraje se ha estancado casi por completo. El segundo motivo directo para tomar nueva posición es la estafa de los dreadnoughts45, que debe sacudirnos de nuevo a los socialistas. La carrera de armamentos en la construcción de estos grandes acorazados nuevos, que partió de Inglaterra, devasta ahora todos los países, se ha desatado con la mayor fuerza sobre todo en Inglaterra y Alemania y ha amenazado gravísimamente la paz mundial. Lo que antes se consideraba un fenómeno secundario, la guerra naval, pasa ahora al primer plano como nuevo peligro de guerra. Esto ha dado lugar ya a propuestas de los socialistas en los parlamentos de los países más directamente afectados; pero es sin duda deseable que el socialismo internacional en su conjunto proponga en esta cuestión una actuación unitaria para todos los países y Estados, a ser posible al mismo tiempo.

Podría limitarme a esta referencia a hechos prácticos y evitar las discusiones de principio si un socialista tan importante como Bruce Glasier46, el adalid periodístico e intelectual del I. L. P.47, no hubiera dicho en la comisión que no es solo el orden económico capitalista lo que en el presente tiene que provocar guerras, sino que en ello desempeñan también un gran papel el instinto animal y el ansia de lucha de los pueblos. Con eso Bruce Glasier ha errado el tiro por completo. Sin duda en todos los hombres sigue habiendo el instinto animal de esa ansia de lucha. Pero tengo que negar del modo más rotundo que esa ansia de lucha constituya, en el orden social capitalista, un impulso esencial hacia la guerra o un fenómeno concomitante destacado. ¿Quién provoca hoy las guerras? Pues las clases dominantes, los capitalistas que tienen interés en los suministros de guerra, los Krupp y Tippelskirch48, los Armstrong49 o como se llamen en Inglaterra. A esos capitalistas no se les pasa por la cabeza satisfacer en la guerra su ansia de lucha y sus instintos animales, sino que se quedan bien a gusto en casa y se embolsan los beneficios que resultan de que los pueblos se maten unos a otros. El célebre pintor ruso Vereschaguin50, en sus cuadros sobre la batalla de Plevna, ha simbolizado este hecho de manera excelente: al fondo se ve a los pueblos ruso y turco degollándose con armas de toda clase, pero en primer plano el zar ruso, con sus generales y su corte, satisface el «ansia de lucha» y los «instintos animales» con la copa de champán en la mano. (Risas y aprobación.) No es, pues, el ansia de lucha, a la que el combate a gran distancia con armas de fuego deja poco espacio para desplegarse, lo que provoca las guerras modernas, sino la codicia de beneficios del capitalismo. El afán de someter y explotar a pueblos extranjeros es la causa económica de la que nacen las guerras modernas. Esta rapacidad del capitalismo se ha desarrollado en tal medida que ha hecho atrofiarse todas las ideologías anteriores de la burguesía. Todas las cuestiones de libertad y de paz de la burguesía en su juventud están olvidadas, y solo ha quedado el impulso de explotación. Tenemos de ello un ejemplo de lo más interesante en el antiguo presidente norteamericano Roosevelt, el tipo más refinado del político capitalista moderno, procedente de los Estados Unidos de Norteamérica, el país supuestamente más libre del mundo, donde todo ciudadano, bajo la bandera de las barras y estrellas, se embriaga en las ocasiones solemnes con las frases sobre la libertad y la paz. Este Roosevelt, en su expedición de caza a África, que emprendió no por instinto de lucha sino por instinto de matarife (¡Muy cierto!), ha increpado a los egipcios51 porque se permiten rebelarse contra el sometimiento y la explotación ingleses. Es uno de los ejemplos más contundentes de cómo el instinto de fiera de la política capitalista moderna aplasta todas las demás consideraciones. Los difuntos luchadores por la libertad norteamericanos Franklin y Washington se habrían revuelto sin duda en la tumba si hubieran oído las palabras de este descendiente degenerado, del representante de la burguesía norteamericana infestado de capitalismo. (Aplausos.)

En la comisión nos pusimos de acuerdo muy pronto sobre los principios de la declaración. En las reivindicaciones concretas de los socialistas frente a la sociedad capitalista actual se han tenido en cuenta, en la medida de lo posible, todas las sugerencias presentadas. Solo una sugerencia del camarada Morgari52, la de exigir a los gobiernos en todos los parlamentos que redujeran el presupuesto de guerra en un 50 %, no encontró ningún partidario. El propio camarada Morgari dijo que no se aferraba al 50 %, que quizá se conformaría también con el 45, y que entonces estaría dispuesto, al fin y al cabo, a votar el 55 % restante de gastos militares. Pero este socialismo de porcentajes (Risas) no pudo obtener la aprobación de los demás miembros de la comisión.

Como reivindicaciones concretas hemos formulado en la resolución 4 puntos. En primer lugar, que en todos los parlamentos se exijan constantemente tribunales de arbitraje obligatorios para dirimir los conflictos internacionales. Es cierto que, a raíz de los congresos de La Haya53, tenemos ya tribunales de arbitraje, pero solo para los casos que, según la experiencia histórica, tampoco habrían conducido a la guerra sin ellos. Con el arbitraje quizá se resuelvan más deprisa, y los tribunales de arbitraje dan a una serie de diplomáticos un empleo bien alimentado, pero a eliminar los conflictos que amenazan realmente con la guerra no contribuyen en absoluto estas instituciones capitalistas. Cuando están en juego el «honor» o los «intereses vitales» de la nación, entonces no debe decidir el tribunal de arbitraje, sino que se apela a la ultima ratio regum54, a la última razón de los reyes, al cañón. El hombre que acuñó esta expresión atribuía evidentemente a los reyes condenadamente poca razón. (Risas.) Nosotros exigimos tribunales de arbitraje para todas las cuestiones internacionales en litigio.

Exigimos además el desarme completo; damos especial importancia a declarar que, como es natural, defendemos el desarme general, y la comisión me ha encargado expresar a nuestros camaradas de partido de los países escandinavos nuestro reconocimiento sin reservas por marchar en este terreno en la vanguardia del socialismo y defender con gran energía el desarme general. (Aplausos.) Por lo demás, los partidos socialistas deben presentar una y otra vez nuevas propuestas para lograr, en primer lugar, la conclusión de acuerdos sobre la limitación de los armamentos navales y la supresión del derecho de presa marítima55. Esta doble reivindicación tiene un motivo histórico muy concreto. Hace año y medio se supo que el gobierno inglés se había dirigido al alemán con una propuesta de limitación de los armamentos navales y que el gobierno alemán había rechazado esas propuestas. El propio primer ministro inglés, Asquith56, dio a conocer este hecho para defender los armamentos navales ingleses. Inmediatamente tomamos por nuestra cuenta en el Reichstag al príncipe Bülow57 y no le dejamos en paz hasta dejar claro que, una vez más, por los llamados intereses diplomáticos, el gobierno alemán había hecho escarnio de la verdad. Aunque no hubiera salido nada más, eso ya sería un gran éxito práctico de nuestro trabajo. Porque nuestro tan denostado trabajo parlamentario tiene precisamente también como tarea principal desenmascarar la falsedad y el engaño con que los partidos burgueses y los estadistas representan los intereses capitalistas. Pero podemos hacer constar con satisfacción que nuestra propuesta ha tenido efecto más allá de nuestras filas. Nuestros camaradas ingleses han presentado, para nuestra alegría, una propuesta idéntica, aunque no la haya firmado todo el Labour Party. En cambio, en el Reichstag alemán solo un diputado burgués votó a favor de nuestra propuesta, mientras que en Inglaterra al menos un par de docenas de radicales liberales la apoyaron. Pero ahora, desde hace algún tiempo, también una parte de la prensa burguesa alemana hace viva propaganda en favor de este tratado de desarme anglo-alemán, callando sistemáticamente, por supuesto, que fuimos nosotros quienes tomamos la delantera. En cualquier caso, la cosa avanza, y una y otra vez pondremos a los partidos burgueses ante la disyuntiva de renegar de todas sus aspiraciones de libertad y de paz o de hacerlas realidad aprobando nuestras propuestas. La unión de ambas reivindicaciones, limitación de los armamentos navales y abolición del derecho de presa marítima, tiene la mayor importancia; pues la reducción de los armamentos la defiende el gobierno inglés, y la supresión del derecho de presa marítima —esa piratería legalizada, el derecho de apresar en alta mar los buques mercantes de una nación enemiga, hundirlos y vender sus mercancías— la defiende el gobierno alemán. Inglaterra no quiere, naturalmente, ningún competidor frente a su flota, con mucho la más fuerte, que mantiene a la altura de la norma de las dos potencias58; el gobierno alemán, en cambio, querría muy a gusto probar una guerra naval, con vistas a la cual refuerza su flota, pero sin exponer por ello a la flota mercante alemana al gravísimo daño del derecho de presa. Con la abolición del derecho de presa marítima quitaríamos a los gobiernos un argumento especialmente apreciado de su agitación en favor de la flota: la protección de la flota mercante. Alemania tiene una flota mercante relativamente pequeña, de 4000 barcos; pero tampoco esta flota mercante puede ser protegida, naturalmente, por ninguna marina de guerra. La protección de la flota mercante en caso de guerra es de todo punto imposible, como se vio claramente en la guerra de Secesión norteamericana, cuando, pese a la colosal superioridad de los norteños, el pequeño crucero «Alabama»59 recorrió todos los mares del mundo sin que se le pudiera impedir su piratería. Pero la abolición del derecho de presa marítima, precisamente unida a la reducción de los armamentos navales, empujará poco a poco al gobierno alemán y al inglés a cumplir las dos reivindicaciones acopladas entre sí. Entonces quedaría limitada la enorme amenaza que los armamentos navales suponen para la paz mundial.

Hemos introducido además en la resolución un cuarto punto que no está directamente relacionado con el peligro de guerra, pero que en esta época de antagonismos nacionales es una de las causas secundarias de guerra más inquietantes. Hemos exigido el derecho de autodeterminación de todos los pueblos y la defensa de todos los países contra las agresiones bélicas y la opresión violenta. Que la reivindicación de la autonomía nacional de todos los pueblos se abra paso en el mundo entero interesa, naturalmente, en primer lugar a los Estados pequeños. Pero también las naciones mayores tienen en todas partes fragmentos expuestos a la opresión. Alemania no solo oprime a los polacos y a los daneses, sino también a los alsacianos y loreneses de habla francesa, y del mismo modo hay fragmentos del pueblo alemán, dos millones en Hungría y un millón en Rusia, oprimidos en su nacionalidad y en su lengua. Por eso exigimos el libre autogobierno para todos los pueblos, no solo en Europa, sino también en Asia y en África. El socialismo no es antinacional, como dicen nuestros adversarios, sino internacional, que es un concepto completamente distinto. Antinacionales son los políticos nacionalistas que oprimen a otras naciones y solo reconocen el derecho de la nación propia, cuyo deseo más ardiente es desnacionalizar a las naciones extranjeras sobre las que tienen poder por su situación geográfica o por conquista. Nosotros somos socialdemócratas internacionales, que reconocemos el derecho de todo ser humano a su lengua materna y a su nacionalidad, y por eso defendemos que este derecho sea reconocido universalmente. Cuanto más pongamos en práctica este gran punto de vista cultural en todas las cuestiones en litigio, tanto más reconocerán los pueblos que su salvación no pueden esperarla de los partidos burgueses, sino solo de los socialistas.

Al final, la resolución dice que, ante conflictos inminentes, el Buró Internacional debe dar de inmediato los pasos necesarios para mover a los partidos socialdemócratas de los países afectados a una actuación unitaria. La propuesta nace de una sugerencia de los camaradas austriacos, porque en el último conflicto serbio-austriaco60 hubo malentendidos entre los partidos de ambos países. Se encargará al Buró Internacional prevenir en lo posible tales malentendidos.

Aparte de la resolución general, os presentamos además dos resoluciones que dan al Buró Internacional encargos de carácter más general. A propuesta de la socialdemocracia francesa, debe acordarse que, en caso de amenaza de guerra, el Buró Socialista Internacional tenga que ser convocado en cuanto lo pida una nación. A propuesta de van Kol61 y Vliegen62, el Buró Internacional deberá además reunirse antes de cada congreso y elaborar un informe sobre la aplicación de los acuerdos de los congresos internacionales por los distintos partidos. También estas propuestas os las recomendamos para que las aprobéis por unanimidad.

A los enfrentamientos más vivos ha dado lugar luego la enmienda Vaillant-Keir Hardie, que también ahora tenéis de nuevo delante.

«Entre todos los medios que deben emplearse para prevenir e impedir las guerras, el congreso considera especialmente adecuada la huelga general de los obreros, sobre todo en las industrias que suministran los materiales para la guerra (armas, municiones, transporte, etc.), así como la agitación y la acción populares con los medios más enérgicos.»

La resolución de Stuttgart dice sobre los medios que debemos emplear para impedir una guerra: «En cuanto amenace estallar una guerra, los representantes parlamentarios de la clase obrera de todos los países están obligados, apoyados por la actividad coordinadora del Buró Internacional, a hacer todo lo posible para impedir el estallido de la guerra empleando los medios que les parezcan más eficaces». Esta redacción fue una solución sumamente feliz de la delicada cuestión, y fue aprobada por unanimidad en Stuttgart. Reconoce no solo la posibilidad, sino también la imperiosa necesidad de hacer frente al peligro de guerra con los medios extremos. Pero imponer de alguna manera la huelga general a los países, sea la huelga general antes de la guerra o al estallar la guerra, eso no podemos aceptarlo. El desarrollo económico de los distintos países, la fuerza de la socialdemocracia y, sobre todo, la diferente fuerza organizativa del movimiento obrero hacen imposibles unas prescripciones generales y vinculantes sobre la huelga general. No se discute en absoluto que la huelga general sea posible en principio, que en determinadas circunstancias se pueda llegar a ella, e incluso quizá, si las circunstancias lo imponen, se tenga que llegar a ella; pero otra cosa es proclamar esa huelga general en cualquier circunstancia y para todos los países, aunque sea como deber moral. Si un partido burgués acordara emplear los medios extremos contra la guerra, eso no significaría siquiera que sus partidarios se quitaran las zapatillas de fieltro ante la amenaza de una guerra. Otra cosa es el proletariado internacional. Podéis rebuscar las palabras tan cautelosamente como queráis: en cuanto incluyáis en la resolución la palabra huelga general, obligáis al proletariado a llevarla a cabo. No queremos hacer meras consideraciones sobre posibilidades históricas, sino decir al proletariado lo que tiene que hacer. Y pensad entonces en las consecuencias que tiene que tener que vayáis más allá de la resolución de Stuttgart. Si queréis que los acuerdos de la Internacional se cumplan en todas partes, solo podéis tomar acuerdos que puedan llevarse a cabo en todas partes. Pero las organizaciones no han madurado aún en todos los países lo suficiente como para que semejante intento no pudiera tener las consecuencias más funestas. Si tomáramos un acuerdo así, tendríamos que estar también en condiciones de asumir la responsabilidad de todas sus consecuencias. La huelga general tienen que hacerla los sindicatos, como vosotros mismos reconocéis al citar determinados oficios. Y de una huelga general se trata en esta huelga de mineros, metalúrgicos, obreros del transporte y sastres militares, aunque se permita seguir trabajando a los joyeros y a los ebanistas. Pero ni en Inglaterra ni en Francia tenéis la seguridad de que los sindicatos sean lo bastante fuertes para llevar a cabo la huelga general. Por eso tampoco debéis querer imponernos a nosotros semejante acuerdo. Pero la razón más decisiva me parece, dejando a un lado todo lo demás, que nadie que no rechace en su propio país todos los armamentos de guerra puede plantear tales exigencias. No podéis tomar tales acuerdos en virtud de vuestro mero mandato formal en el congreso; solo tendríais el derecho moral de hacerlo si en vuestro propio país hubierais rechazado siempre todas las peticiones en favor del militarismo. Niego el derecho moral a presentar semejante propuesta a todo aquel que en su propio país haya votado alguna vez el presupuesto. (Aplausos y agitación.) Por eso se lo niego sobre todo a los camaradas de partido ingleses, que, al votar el presupuesto, ponen en manos de sus propios gobernantes las armas con las que más tarde podrían hacer la guerra. ¿De dónde sacáis entonces el derecho moral a ordenar la huelga general a otros pueblos, si en vuestro propio país no sois tan consecuentemente antimilitaristas como todos los demás partidos socialdemócratas? Mientras votéis el presupuesto, y con él las armas para equipar a las tropas mercenarias inglesas que esclavizan a los pueblos y hacen las guerras, no podéis venirnos con propuestas de tanto alcance. (Aplausos y gritos de «¡Que termine!».)

Termino. ¡Camaradas de partido! Lo que en este momento debe darnos un estímulo especial para organizar una poderosa manifestación unitaria contra la guerra y por la paz entre los pueblos es el discurso que el emperador alemán Guillermo II pronunció hace poco en Königsberg63. Allí se pronunció repetidamente por el régimen absolutista. Ahora bien, esto es un asunto interno de Alemania, y lo discutiremos en otro lugar. Pero también declaró, y esto suena exactamente como una respuesta a todas las manifestaciones de los congresos socialistas internacionales contra el militarismo, que la paz mundial solo puede preservarse mediante los armamentos. Estos discursos tienen además un buen efecto, que los camaradas de los demás países no pueden apreciar del todo. Ayer mismo me decía un camarada austriaco: Otra vez habéis tenido suerte; eso os da 200 000 votos más en las próximas elecciones. Creo que este camarada austriaco subestima el efecto propagandístico; creo que sacamos de ello todavía algo más de provecho. Guillermo II tiene que cumplir en la historia una función inconsciente. Es el portavoz del militarismo, una forma especialmente acusada del capitalismo. Pinta inconscientemente las monstruosas consecuencias que el militarismo y el capitalismo tienen que tener para el mundo entero. A todos los monarcas de Europa les pasa como en el cuento del poeta danés Andersen sobre el espejo del diablo64, en el que todo se ve invertido y deformado. En ese espejo del diablo ven el socialismo como figura de dragón y el militarismo como sublime ángel de la paz, como figura de luz. Pero nosotros tenemos que ilustrar a los pueblos sobre la verdadera naturaleza del militarismo, tenemos que llamarlos a alzarse contra la provocación a la carrera de armamentos, porque no en los armamentos por mar y por tierra, no en los monarcas ni en los jefes de los ejércitos, sino única y exclusivamente en manos del proletariado con conciencia de clase, en manos de los socialistas de todos los países, en su creciente confianza, en su creciente orgullo y en su incansable actividad, residen la garantía de la paz mundial y la salvación de la humanidad entera. (Vivos aplausos.)

Ledebour pronuncia a continuación su discurso en inglés, y Vaillant le interrumpe exclamando: ¡Pero si es un discurso completamente distinto!

Por una cuestión de orden, Jaurès pide que se traduzcan al francés tanto el discurso inglés como el alemán de Ledebour.

Ledebour responde que pronunció el discurso alemán y el inglés sin manuscrito y que en cada caso destacó los puntos que tenían especial importancia para el país correspondiente. Por lo demás, había pedido al traductor francés De Man65 que tomara de ambos discursos lo importante para Francia y lo tradujera.

Huysmans: Así que este es el tercer discurso. (Risas.)

La resolución acordada por la comisión dice así:

Sigue la resolución sobre arbitraje y desarme: véase la página del congreso.

Tras la traducción al francés, la sesión de la mañana se levantó poco después de la una, después de que Huysmans hiciera todavía algunas comunicaciones de trámite.

Keir Hardie es el coponente. Todos los demás oradores tienen solo 10 minutos de tiempo de palabra.

Sesión de la tarde del viernes 2 de septiembre

Prosigue el debate sobre la cuestión del desarme. Toma la palabra como coponente

Keir Hardie (Inglaterra): Si se me han concedido 10 minutos más de tiempo de palabra, era necesario por dos razones. En primer lugar, porque me importaba exponer la posición del partido socialista y del Partido Laborista de Inglaterra ante la cuestión de la guerra y del militarismo en general; en segundo lugar, porque quería arrojar algo de luz, en pocas palabras, sobre las relaciones anglo-alemanas. Al inmiscuirse en las cuestiones de táctica de la política interior de Inglaterra, el camarada Ledebour no me ha facilitado la tarea. El camarada Ledebour, en la introducción de su discurso, sostuvo primero que Bruce Glasier no atribuía las guerras modernas únicamente al capitalismo, sino que las consideraba una emanación del instinto animal general del ansia de lucha. En eso no ha entendido a Bruce Glasier: este quiso decir que la causa de las guerras modernas es, desde luego, el espíritu de la competencia capitalista, pero que ya antes del capitalismo hubo guerras que se basaban en ese placer animal por la lucha bestial. Si después de la superación del capitalismo siguieran siendo posibles las guerras, también habría que atribuirlas únicamente a esa brutalidad interior de la bestia humana. Eso es lo que expuso Bruce Glasier.

La cuestión principal a la que nos enfrentamos es la de impedir la guerra y la del desarme. En estas cuestiones el Partido Laborista inglés adopta una actitud completamente clara y determinada. (Vivos aplausos.) No estamos solo contra la guerra, sino también contra el militarismo. (Nuevos aplausos.) Consideramos el ejército profesional y la flota profesional como prueba de que el Estado moderno está dispuesto a emplear sus brutales medios de fuerza para mantener a las clases poseedoras en el disfrute de sus privilegios. (¡Muy bien!) Estamos contra los armamentos, no solo por el peligro de guerra y por los elevados gastos, sino también porque los armamentos traen consigo el espíritu del absolutismo. Militarismo y libertad están en una oposición insalvable, y porque amamos la libertad luchamos contra el militarismo. Por eso nos alegra también enormemente que nuestros camaradas daneses y noruegos hayan emprendido de forma tan brillante la lucha por el desarme general. Nos alegra enormemente que no se hayan conformado con procurar una reducción de las cargas militares, sino que hayan exigido en términos absolutos el desarme completo del país. La historia de la humanidad abrirá una nueva página de gloria cuando el primer pueblo se desarme por completo y arroje todas sus armas. Entonces ningún Estado, ni siquiera Rusia, se atreverá a atacar a un país así desarmado y a desafiar, con la agresión contra un pueblo que ha dejado a un lado las armas, el sentimiento de justicia y el anhelo de libertad del mundo entero. (Vivos aplausos.)

Cuando entré en el Parlamento, en el año 1892, el presupuesto de la flota inglesa ascendía a 15 millones de libras. Ahora asciende a 45 millones y sigue creciendo. Se justifica la necesidad de su aumento con el crecimiento de la flota alemana, que supuestamente prepara una invasión de Inglaterra. Permitidme, camaradas, aseguraros en nombre del Partido Laborista inglés que en el Partido Laborista inglés no hay nadie que lo crea, y permitidme cargar sobre nosotros la parte de la culpa que corresponde al gobierno inglés en la carrera de armamentos. (Vivos aplausos.) El gobierno inglés se negó en la Conferencia de la Paz de La Haya a abolir el derecho de presa marítima y con ello disculpó, ya que no justificó, la conducta de Alemania, y dio al gobierno alemán el pretexto para forzar la construcción de la flota, supuestamente para proteger el comercio. Cumpliremos con nuestro deber y no dejaremos de luchar por la renuncia al derecho de presa marítima.

El juicio de Ledebour sobre la actitud del Partido Laborista inglés me parece basarse en un malentendido. Parece creer que todo el Partido Laborista inglés comparte el punto de vista que Quelch ha adoptado en Justice66. Es bien sabido, y ha causado gran revuelo en el continente, que dos socialistas ingleses (Blatchford67 antes de las elecciones generales y Hyndman68 después de las elecciones generales) han escrito contra una reducción de los armamentos navales ingleses porque Inglaterra tendría que estar preparada para defenderse de ataques alemanes. Los camaradas de la S. D. P.69 estarán unánimemente de acuerdo conmigo si digo que esto es solo la opinión individual de dos camaradas y que no hay ninguna parte, ninguna corriente del movimiento obrero inglés que esté de acuerdo con ellos en modo alguno. (Vivos aplausos.) El camarada Ledebour ha sostenido además que la aprobación del presupuesto general equivale a la aprobación de los armamentos navales. La cuestión de la votación del presupuesto no tiene nada que ver con la aprobación del presupuesto militar, y me extraña que el camarada Ledebour, al hablar de la votación del presupuesto, no haya encontrado ningún ejemplo más cercano que la situación inglesa. (Risas.) La votación del presupuesto no es una cuestión de principio, sino una cuestión puramente práctica y táctica. (Vivos aplausos de franceses e ingleses, aplausos ostentosos de la minoría alemana.) El punto de vista de Ledebour es un residuo de la época en que la socialdemocracia era puramente antiparlamentaria. En el presupuesto figuran también sumas enormes para reformas sociales que nosotros mismos hemos reclamado y que se han incluido en el presupuesto a petición nuestra. Podemos, pues, votar a favor del presupuesto, siempre que, naturalmente, el reparto de los impuestos sea directo y no se cargue demasiado a las capas trabajadoras del pueblo. No sé de qué manera se vota el presupuesto en el Reichstag alemán, pero en el presupuesto inglés los armamentos están separados de las partidas para la reforma social, de modo que podemos votar a favor de estas y en contra de los gastos militaristas. (¡Oíd, oíd!) Y en efecto, el Partido Laborista ha votado siempre, como único partido del Parlamento inglés, contra los armamentos navales y los gastos militares. (Aplausos.) Hemos votado contra ellos y hemos hecho agitación contra ellos, y precisamente ahora organizamos una gran campaña contra el espíritu militarista, para la que el camarada Jaurès nos ha prometido ya su colaboración como orador. Esperamos que el camarada Ledebour haga lo mismo. (Aplausos.) Entonces podrá reconocer que el Partido Laborista inglés hace contra los armamentos todo lo que puede hacer. — Vamos ahora a nuestra enmienda. El camarada Ledebour nos ha pedido que la retiremos. Aunque hubiéramos estado dispuestos a ello, el discurso del camarada Ledebour nos lo habría hecho imposible. Todavía hoy hemos intentado ofrecer a los camaradas alemanes el compromiso de retirar nuestra propuesta por hoy y remitirla al Buró Internacional para que la ponga en el orden del día del próximo congreso. Los camaradas alemanes también se han negado a eso, y así no nos quedó otra opción que mantener nuestra propuesta. Tampoco sé cómo podríamos justificar quedarnos a toda costa en la resolución de Stuttgart. La resolución de Stuttgart representó un progreso respecto a la resolución de Ámsterdam70, y en Copenhague queremos dar un paso más allá de la resolución de Stuttgart. Tampoco la Internacional puede quedarse parada. (Aplausos de franceses e ingleses.) Por lo demás, el camarada Ledebour ha interpretado completamente mal nuestra propuesta. No queremos en absoluto prescribir a todos los países, en todos los casos, el empleo de la huelga general para hacer frente al peligro de guerra; solo queremos decir a los obreros de todos los países que, si reúnen su poder económico, la fuerza de la clase obrera basta para hacer imposibles las guerras. Sabemos muy bien que una realización fructífera de esta huelga antimilitarista no es posible en un solo país, sino que tiene que producirse internacionalmente. Pero por ahora no pedimos más que la propaganda pacífica y la preparación de este paso internacional. Toda la diferencia entre nosotros y el camarada Ledebour consiste en que él quiere aplazar esta preparación, mientras que nosotros queremos emprenderla en seguida, desde hoy mismo. (Vivos aplausos de franceses e ingleses.) No queremos una huelga general; nos basta la huelga de los obreros que fabrican material de guerra, y hemos modificado nuestra enmienda sustituyendo lo que va entre paréntesis por las palabras «material de guerra». Bastaría con que hiciera huelga la industria a la que yo mismo pertenecí en otro tiempo para impedir la guerra: me refiero a los mineros del carbón. El congreso internacional de mineros de Bruselas tomó posición hace pocas semanas sobre la cuestión del empleo de la huelga general para hacer frente a la guerra y remitió la propuesta a la directiva de la Federación Internacional para que sea presentada de nuevo al próximo congreso con vistas a su aplicación práctica. (Protestas de los mineros alemanes.) Los obreros de todas las naciones representadas aquí en el congreso deberían seguir este ejemplo. Si educamos a los obreros para que hagan agitación contra el militarismo con todos los medios, en el Parlamento y en el taller, podemos tener la confianza de que oirán nuestra llamada cuando se les dirija. (Vivos aplausos.)

A propuesta de Jaurès, en la discusión se da la palabra alternativamente a un orador a favor y a otro en contra de la enmienda Keir Hardie.

Dr. Renner71 (Austria): Como miembro de la comisión, puedo daros una breve aclaración sobre el sentido de la resolución, en cuya redacción participé. La comisión tenía el encargo de examinar en primer lugar la cuestión del arbitraje y del desarme. No podía, por tanto, discutir en primer lugar los medios de que dispone el proletariado para impedir una guerra. No entraba en las intenciones de la comisión que esta cuestión pasara tanto al primer plano. La comisión se limitó a repetir las palabras del Congreso de Stuttgart. Era consciente, en su mayoría, de que ya entonces, en Stuttgart, esta cuestión había sido objeto de vivas discusiones y de que el texto de la resolución de Stuttgart se había fijado sobre la base de un compromiso cuidadosamente preparado, concluido entre los partidos hermanos alemán y francés con la intervención de los belgas y los austriacos. El acuerdo de Stuttgart procede de una época en la que ambos países se habían visto en la inmediata cercanía de un peligro de guerra y tenían todos los motivos para medir sus palabras. La comisión ha recapitulado este acuerdo y no se ha arrogado, sin tener mandato para ello, el derecho de echar abajo el acuerdo adoptado en su día por la Internacional, que consideraba plenamente adecuado a su fin. Sin embargo, el debate sobre los medios para impedir la guerra se ha reavivado aquí con la mayor intensidad, y todos estamos bajo la impresión de las enérgicas palabras de Keir Hardie. Si dependiera solo de la voluntad, todos estaríamos completamente de acuerdo con él, y en lo que toca a la voluntad de actuar, nos alegra que este veterano luchador de la Internacional, con su pelo blanco, haya sido un modelo para nuestro temperamento revolucionario. (Vivos aplausos.) Pero aquí no tenemos solo que dar expresión a nuestra pasión; el congreso internacional tiene otras tareas. Para la comisión una cosa estaba clara por encima de todo: que contra un acuerdo, contra una declaración autoritativa de la obligación de hacer la huelga general, había una serie de naciones en bloque. El camarada Morgari declaró en nombre de Italia que el acuerdo de la huelga general sería un suicidio para el partido; el representante de Alemania declaró que semejante acuerdo cargaría al propio partido con el carácter de la ilegalidad, y yo mismo declaré en nombre de Austria que, en virtud de este acuerdo, podríamos quizá vernos en la situación de tener un partido socialdemócrata hasta el estallido de una guerra, pero precisamente entonces ya no, porque la resolución daría pie a las peores persecuciones. El congreso internacional no puede ahora erigirse en juez de una u otra opinión, sino que solo puede fijar los fines en los que todos los camaradas están de acuerdo. Por eso no hemos considerado oportuno constatar qué discrepancias existen sobre tal o cual medio, sino subrayar la coincidencia en los objetivos de lucha. Solo hemos incluido en la resolución aquello en lo que estaba de acuerdo la mayoría, más aún, todos, y hemos dejado a un lado lo que divide. Está también completamente claro que la resolución de Stuttgart, que obliga a todos los partidos a combatir el peligro de guerra con todo medio a su alcance que les parezca eficaz, cubre también la huelga política de masas, y más aún, la reconoce como medio eficaz según la madurez política y económica del proletariado. Solo que hay que dejar a cada partido que juzgue si puede emplear ese medio. No habría sido prudente elegir un proyecto del que teníamos que saber de antemano que el resultado de la votación sería dudoso. Por eso nos hemos abstenido de entrar una vez más en la cuestión de los medios. Pero nuestra resolución no prejuzga el tratamiento de la cuestión de la huelga general en el próximo congreso; allí podrá discutirse, naturalmente. Desde el congreso internacional de Stuttgart, la discusión de esta cuestión, la clarificación de las opiniones entre los socialdemócratas de todos los países en este punto, no ha avanzado. Por eso no es prudente modificar esta resolución. La cuestión de los medios no podemos dirimirla aquí; tiene que aclararse teóricamente entre los distintos partidos, y cuando nuestra concepción teórica sea la misma, será fácil dar expresión a la voluntad común. Quiero subrayar una cosa más: los austriacos hemos visto el peligro de guerra de muy cerca. Hace dos años y hace uno tuvimos el trabajo de combatir el peligro de guerra, y también la ocasión de examinar el alcance de cada uno de los medios. Conocimos la psicología de todo el pueblo en la situación previa a la guerra, y de esa experiencia no sacamos el valor de abogar por la declaración de la huelga general como obligatoria para todos los partidos. (¡Oíd, oíd!) Los austriacos y los alemanes del Reich venimos de los países del militarismo más fuerte y tenemos por eso el triste privilegio de ser expertos en la cuestión del militarismo. Creo poder sacar de ello el derecho moral de declarar, desde el país del militarismo más fuerte, que sería la mayor imprudencia atarnos a un medio en lugar de alimentar en todos los corazones la convicción de que cualquier medio nos parece bueno para combatir el espíritu del militarismo. (Vivos aplausos de alemanes y austriacos.)

Jones (S. D. P., Londres): La sección británica está unánimemente a favor de la enmienda Vaillant-Keir Hardie. Aunque algunos de nosotros no seamos en casa tan radicales como aquí, estamos decididos a no dejar de hacer nada que pueda impedir la guerra. Nuestra actitud no ha sido presentada aquí del todo correctamente. Es cierto que entre nosotros hay algunas discrepancias sobre la guerra y los medios para combatirla. Pero en algo estamos todos de acuerdo: en que nuestro lema tiene que ser guerra a la guerra. Eso no lo cambiará nadie. No se puede hacer responsable a todo el partido de las desviaciones de algunos camaradas. (¡Oíd, oíd!) En Inglaterra se trata de educar como adversarios de la guerra no a la clase obrera, sino a algunos dirigentes de la clase obrera. Al fin y al cabo, una sexta parte de los diputados del Labour Party ha votado a favor del aumento del presupuesto de la marina. (¡Oíd, oíd!) Cuando se alega que se vota el presupuesto porque realiza progresos de reforma social, todo el que dice algo así me recuerda al hombre que regala un tálero y recibe de vuelta un céntimo. (Risas y aplausos.) La burguesía nunca renunciará voluntariamente a sus privilegios; concede reformas solo para debilitar la lucha de la clase obrera. (Interrupción de los austriacos: ¡Que lo intente!) Hago un llamamiento a los camaradas alemanes para que no nos abandonen, sino que trabajen codo con codo con nosotros. Podemos prometer en nombre de la clase obrera inglesa que no dejará de cumplir con su deber, y aquí, en la reunión de nuestra sección, hemos oído también a dirigentes decisivos del movimiento sindical inglés que se han pronunciado por los medios más implacables contra la guerra. Se lo recordaremos de nuevo en Inglaterra. Se ha hablado aquí tanto del estado de ánimo psicológico del pueblo en caso de guerra. En la medida en que realmente se pueda hablar de semejante disposición psicológica del pueblo, precisamente esta circunstancia debe movernos todavía más a cumplir con nuestro deber. Así lo hicimos en Inglaterra en tiempos de la guerra del suroeste africano72, pese a toda la embriaguez bélica; en lo que se refiere a combatir el chovinismo y el imperialismo ingleses, todas las corrientes del partido inglés están de acuerdo. En la lucha contra la opresión de la India, de Egipto, etc., van todos juntos: Quelch, Hyndman, Keir Hardie y MacDonald. No hay el menor motivo para sospechar que la S. D. P. tenga sentimientos chovinistas o imperialistas. Haremos todo lo posible para impedir la guerra; no queremos limitarnos a la huelga general, pero sí incluirla en la serie de los medios. No será culpa nuestra si la resolución no se lleva a la práctica. (Aplausos de los ingleses.)

Vandervelde: Dos razones me mueven a tomar aquí la palabra. Por una parte, tengo que justificar el voto de la delegación belga sobre la enmienda de Keir Hardie, que consistirá en abstenerse, y por otra, como antiguo ponente sobre esta cuestión en Stuttgart, tengo que hacer una declaración sobre el alcance y el verdadero significado de la resolución de Stuttgart. No podemos votar contra la enmienda: queremos expresar nuestra simpatía por el sentido y el objetivo de la propuesta de nuestros camaradas franceses e ingleses. Pensamos que la huelga general, cuando la clase obrera de dos países se halla ante una guerra fratricida, es un acto heroico. Ha causado gran impresión en el congreso oír aquí a un luchador tan veterano como Keir Hardie, que representa la fracción moderada del socialismo inglés, declarar que los mineros, los obreros del transporte y los metalúrgicos están dispuestos a responder a una declaración de guerra con la huelga general. En ello hay un gran progreso, y con ello se opone un gran obstáculo al peligro de guerra que acecha por todas partes. Pero, por otra parte, tampoco podemos votar a favor de la enmienda, porque su alcance es tan grande que solo puede tener un efecto fructífero si la Internacional entera se pronuncia unánimemente a favor. Hasta entonces no es bueno someterla a votación; por eso lo mejor es remitir la enmienda al Buró Internacional, para que estudie a fondo la cuestión y la remita después a uno de los próximos congresos internacionales para que decida. (Aplausos.)

Vamos ahora a lo que Ledebour ha dicho sobre el sentido de la resolución de Stuttgart. Estoy firmemente convencido de haberle entendido mal, pero como no soy el único al que le pasa, puedo esperar que en su resumen final dé la aclaración necesaria. He tenido la impresión de que Ledebour ha dado a la resolución de Stuttgart un sentido completamente atenuado. (Ledebour: ¡Ni se me ha ocurrido!) De sus palabras se desprendía como si los camaradas alemanes rechazaran la enmienda Keir Hardie no porque no puedan decir lo que quieren, sino porque creen que los demás, los que la proponen, no quieren llevarla a la práctica ellos mismos. (Vivas protestas de Ledebour.) Eso es una ofensa injustificada a una parte de la Internacional. La resolución de Stuttgart tenía un doble significado, que yo expuse allí como ponente. El primero era que no queríamos pronunciarnos abiertamente por la huelga general, porque con ello se habría dado a los gobiernos reaccionarios de los grandes Estados militares un pretexto para leyes represivas y de excepción. Pero, por otra parte, la resolución de Stuttgart debía expresar que queremos emplear todos los medios contra la guerra, incluidos la huelga general y el abandono del trabajo. Me alegraría que Ledebour, en su resumen final, quisiera dar expresión a esta interpretación. Si no se hubiera querido decir eso, la resolución de Stuttgart sería una fórmula vacía. Repetidas veces los camaradas de distintos países han hecho frente heroicamente a la guerra. Así protestaron los compañeros ingleses contra la guerra de Sudáfrica, así la socialdemocracia rusa, al estallar la guerra con el Japón, pasó no solo a la huelga general, sino a la revolución, y un ejemplo todavía más cercano lo dieron los hermanos españoles, que hace poco, cuando su gobierno emprendió una expedición de piratas y bandidos73, opusieron una resistencia heroica, aunque son una de las ramas más débiles de la Internacional. Tengo la confianza de que lo que han hecho los ingleses, los rusos y los españoles lo harán también las demás grandes naciones. En todo caso, os pido que no rechacéis la enmienda, con la que todos estamos de acuerdo. Eso causaría fuera una impresión falsa. Os ruego que la remitáis al próximo congreso internacional, no porque la considere prematura o equivocada, sino porque tengo la confianza de que entonces será aprobada por unanimidad, y esa unanimidad significa: a los medios bélicos de las clases dominantes oponemos la movilización de todas las fuerzas de la clase obrera. (Vivos aplausos.)

El presidente, Branting: Creo que con la moción de Vandervelde estamos en el mejor camino para superar las dificultades. Por esa vía podríamos resolver la cuestión hoy mismo.

Vandervelde: Si los delegados franceses e ingleses aceptan mi propuesta, después podrán ponerse fácilmente de acuerdo con algunos otros camaradas de la comisión sobre la forma que se dará entonces a su enmienda al remitirla al Buró Internacional.

Vaillant (Francia): Quiero hacer algunas aclaraciones para que se vea el verdadero significado de la enmienda Keir Hardie-Vaillant. El Dr. Renner y Ledebour han sostenido que esta enmienda se sale del marco del orden del día, porque a la comisión solo se le encomendaron las cuestiones del arbitraje y del desarme, mientras que la enmienda trata de los medios para prevenir la guerra. Pero también los desarmes y los tribunales de arbitraje son solo medios para impedir la guerra, y cuando se plantea la cuestión de los medios, se nos impone por sí sola toda la miseria del militarismo y exige su solución, esté o no en el orden del día. (Aplausos de franceses e ingleses.) Dondequiera que se hable del militarismo, hay que volver a plantear la cuestión de los medios con que se pueden impedir las guerras. Tampoco puedo admitir la objeción de que la aprobación de nuestra enmienda podría acarrear persecuciones o represalias a algunas de las naciones afiliadas. Porque nuestra enmienda, en el fondo, no dice nada distinto de la resolución de Stuttgart, no fija ninguna acción determinada, sino que, exactamente igual que la resolución de Stuttgart, proclama la huelga general como un medio posible para impedir el peligro de guerra, y precisamente como un medio especialmente eficaz. (Aplausos de franceses e ingleses.) También la resolución de Stuttgart incluye la huelga general entre «todos los medios adecuados», y nosotros decimos ahora lo mismo solo de forma algo más concreta y más ajustada a la aplicación real, lo que la resolución de Stuttgart dice más bien en forma de enumeración histórica.

La resolución que presenta la comisión solo enumera algunos medios parlamentarios para combatir el peligro de guerra. Pero ¿de qué sirven vuestros medios parlamentarios? (Aplausos atronadores de franceses e ingleses.) De nada, no sirven absolutamente de nada si no están respaldados por el peso de la masa, por la fuerza de choque organizada de todo el proletariado. El arbitraje y las limitaciones de armamentos solo tienen valor si detrás de ellos está la acción de masas fuera de los parlamentos. Esta acción de masas solo podemos suscitarla si le fijamos un objetivo determinado, si mostramos de antemano al proletariado los medios de que dispone. Nuestra enmienda no quiere decretar la huelga de masas, pero quiere organizarla, y como medio de preparación para la propaganda de la huelga general queremos reconocerla aquí como uno de los medios más eficaces para combatir el peligro de guerra. No hay, pues, ninguna razón para rechazar nuestra resolución ni para aplazarla. Pero creo, igual que Vandervelde, que el rechazo de la resolución podría causar la impresión de que solo los ingleses y los franceses están dispuestos a emplear los medios extremos, y no las demás naciones, y esa impresión hay que evitarla, naturalmente. Por eso es mejor que no se vote. No debemos hacer recaer sobre los camaradas extranjeros la injusta sospecha de que no quieren lo que nosotros queremos. Porque eso, precisamente, no es verdad. Por eso propusimos ya en la comisión un compromiso, que los camaradas alemanes, es cierto, rechazaron: remitir nuestra enmienda para su deliberación no solo al Buró Socialista Internacional, sino también a las naciones interesadas, y ponerla en el orden del día del próximo congreso. Si esto no se añade a la moción de Vandervelde, esta significa sencillamente el entierro de nuestra propuesta. Solo podemos aceptar esa devolución si nos parece un medio adecuado para asegurar en el futuro la aplicación de la resolución. Las clases dominantes no deben poder seguir objetándonos en nuestro propio país que los demás países no nos apoyan con acciones correspondientes. Nuestra acción contra la guerra tiene que ser unitaria e internacional. Me parece bastante difícil encontrar una nueva formulación de la idea de Vandervelde unida a nuestra enmienda. Quizá, devolviendo la cuestión a la comisión, lleguemos a un acuerdo unitario. (Aplausos.)

Vandervelde presenta la siguiente moción:

Sigue la moción de Vandervelde sobre la enmienda Keir Hardie-Vaillant: véase la página del congreso.

Firman la moción Vandervelde (Bélgica), Hillquit (América), Wibaut74 (Holanda), Rosa Luxemburg (Polonia), Victor Adler (Austria) y Ebert75 (Alemania).

Keir Hardie se adhiere a la moción.

El presidente, Branting: Si todos están de acuerdo, podemos cerrar el debate sobre la enmienda.

Vaillant: Puesto que Keir Hardie ha firmado también la moción y se nos asegura que tiene exactamente el mismo sentido que mi propuesta, añado también mi nombre.

La moción de Vandervelde se aprueba por unanimidad. (Aplausos atronadores.)

Hace el resumen final del informe de la comisión

Ledebour (Alemania): Me limitaré a muy pocas frases. Si Keir Hardie y Vaillant hubieran presentado desde el principio su propuesta en la forma de la moción de Vandervelde, nos habríamos podido ahorrar toda la discusión. Por ahorrar tiempo renuncio también a rectificar los muchos malentendidos en que han incurrido en sus discursos, sobre todo, Vandervelde y Keir Hardie. Solo quiero llamar la atención sobre el hecho de que en la discusión no se han mencionado en absoluto los dos acuerdos de la comisión que se refieren a la gestión de los asuntos por el Buró Internacional. Por eso los recomiendo de nuevo expresamente para su aprobación. Por lo demás, creo que la aprobación unánime no solo de la enmienda Vandervelde, sino también de la resolución elaborada por la comisión, es la mejor conmemoración proletaria del día de la batalla de hace cuarenta años76, en que los soldados de dos grandes pueblos civilizados fueron llevados al matadero. Precisamente en este día la Internacional del proletariado tiene que manifestarse unánimemente por la paz mundial. (Vivos aplausos.)

La propuesta de la comisión se aprueba por unanimidad, con las dos resoluciones complementarias sobre la actividad del Buró Internacional, entre manifestaciones de aplauso atronadoras.

El presidente, Branting: Con este acuerdo hemos manifestado una vez más la firme voluntad de actuar por la paz mundial en todas partes y en todas las formas, si es necesario con los medios más contundentes. (Nuevos aplausos atronadores.)

Huysmans propone celebrar una sesión de noche, porque de otro modo no hay perspectiva de terminar los trabajos del congreso.

El congreso acuerda seguir reunido sin pausa y escucha el informe de la segunda comisión (comisión sindical) sobre el conflicto sindical austriaco77.

La unidad del movimiento sindical

La gran mayoría de la comisión propone la siguiente resolución:

Sigue la resolución sobre la unidad del movimiento sindical: véase la página del congreso.

La resolución de la minoría de la comisión dice:

«Puesto que en la exposición de motivos de la resolución de los camaradas alemanes de Austria, sobre todo en su párrafo final, se trata de una cuestión de la mayor importancia, que no puede decidirse sin una investigación a fondo y sin conocer la situación en Austria, y puesto que la propuesta de resolución de la Comisión Sindical de Viena78 no significa sino arrancar una parte de la resolución de Stuttgart79, con lo cual conduce a una interpretación unilateral en perjuicio de principios de igual importancia contenidos en la resolución, y, por último, en atención a que no se ha demostrado que el partido político bohemio se haya inmiscuido indebidamente en el movimiento sindical, proponemos:

Que el congreso remita la propuesta de la Comisión Sindical de Viena al Buró Socialista Internacional como asunto interno de los partidos de Austria, los cuales presentarían al Buró informes detallados para su examen y juicio.

Si hasta el próximo congreso no se llegara a un arreglo del asunto litigioso en Austria, el Buró Internacional informará al congreso sobre su investigación y presentará, en su caso, las propuestas correspondientes.»

Ponente de la mayoría de la comisión, Plejánov (Rusia): En la comisión se enfrentaban dos concepciones: la checoslava y la de todos los demás miembros de la comisión. Los rasgos principales de la oposición son los siguientes: los checoslavos reclaman el derecho ilimitado sobre sus propias organizaciones políticas y sindicales. El ejercicio de este derecho se les haría difícil por el hecho de que su organización de partido es nacional y autónoma, mientras que la organización sindical es internacional. Los checos sostienen el punto de vista de que su partido no está en condiciones de ejercer el derecho de autodeterminación sobre sus organizaciones sindicales y que, por ello, se verían en la necesidad de organizarlas de forma independiente, como ya está organizado de forma independiente su movimiento político.

El otro punto de vista lo sostienen los austriacos. Señalaron que Austria, aparte de las naciones menores, comprende 8 naciones mayores. Si allí se aplicara el principio de la organización sindical por naciones, habría que tener por lo menos 8 sindicatos distintos de cada rama industrial. Y estos sindicatos no se limitarían a regiones delimitadas localmente, sino que, como los pueblos austriacos están mezclados entre sí en cuanto al lugar de residencia y se produce una fluctuación constante y viva, sobre todo de los obreros de las distintas nacionalidades, en los diversos grandes distritos industriales tendrían que formarse 8 sindicatos nacionales distintos si se llevara a la práctica la idea checa. Eso equivaldría realmente a un suicidio de las organizaciones sindicales. Por esta razón, los camaradas austriacos creen que los sindicatos deben ser internacionales, que no deben asentarse sobre la base de la nacionalidad, sino sobre la del territorio económico unitario. Y esto sería tanto más necesario cuanto que las organizaciones patronales se unen cada vez más estrechamente y el recrudecimiento de la lucha sindical exige necesariamente una unión cada vez más estrecha de los obreros.

Lo peculiar de la situación era que ambas partes invocaban la resolución de Stuttgart: los checos, porque recomendaría la estrecha vinculación entre partido y sindicatos y, por eso, los sindicatos tendrían que ser tan nacionalmente autónomos como el partido; los austriacos, porque la parte más importante de la resolución de Stuttgart subrayaría expresa y enérgicamente que la estrecha vinculación entre partido y sindicatos no debe realizarse a costa de la unidad sindical. La resolución de Stuttgart tiene, en efecto, este último sentido, como lo ha confirmado expresamente el camarada Beer, que redactó ese pasaje. Los camaradas austriacos han insistido además en que no se trata de un conflicto de una parte de los checoslavos con los sindicatos internacionales. Y, en efecto, en la comisión un representante polaco de los sindicatos declaró que las demás naciones austriacas en los sindicatos comparten plenamente el punto de vista de los camaradas alemanes y que, con la Comisión Sindical del Imperio de Austria, se sitúan en el terreno de los sindicatos internacionales.

A este punto de vista se adhirieron en principio los representantes de todas las naciones. Los franceses hicieron pequeñas reservas que nada tienen que ver con la cuestión litigiosa misma, sino que solo se refieren a que querían confirmar expresamente la resolución de Stuttgart sobre la unidad de partido y sindicatos. En la cuestión de fondo, toda la comisión estuvo unida, y difícilmente habrá otro ejemplo de semejante unanimidad de criterio en la Internacional. (Vivos aplausos.) La comisión ha examinado la cuestión a fondo y con toda escrupulosidad y ha tenido muy en cuenta los intereses del conjunto del movimiento obrero. La comisión tuvo, de manera muy general, la impresión de que la fragmentación nacional de los sindicatos significaría su suicidio. Incluso en Alemania tendrían que existir entonces, junto a los alemanes, sindicatos polacos, daneses, franceses, italianos y rutenos, y Rusia no tendría 5, u 8, como Austria, sino muchas docenas de nacionalidades sindicales. Semejante situación sería una imposibilidad. El efecto de la aplicación de estos acuerdos golpearía del modo más duro a toda la Europa oriental. Esto es especialmente importante porque, a medida que el capital emigra del oeste al este, se produce una emigración continua de mano de obra del este al oeste, y así la fragmentación checa se trasladaría a todos los países. Eso daría un verdadero caos, y a las organizaciones sindicales les sería imposible seguir luchando. La nación como base del movimiento sindical no puede ser un concepto étnico80, sino solo político. Pero con ello no resultaría lo que quieren los camaradas checos, sino de nuevo lo que propone la Comisión del Imperio: la organización sindical unitaria para todo el Estado. (Aplausos.) Como conclusión de las deliberaciones de la comisión, hay que dejar sentado una vez más que, con excepción de los checos, se proclamó por unanimidad como base de las organizaciones sindicales no la unidad de raza, sino la unidad del territorio económico y estatal. En este sentido se aprobó la resolución de la Comisión del Imperio, y ruego al congreso que la apruebe con la misma unanimidad.

Como coponente toma la palabra Němec81 (Praga): Por primera vez los socialdemócratas checos comparecen como acusados ante el foro de la Internacional. Se ha dicho, es verdad, que no se trata de una acusación, sino meramente de la interpretación controvertida de la resolución de Stuttgart. Pero en los congresos internacionales ya hemos adoptado muchísimas resoluciones, y nunca se ha discutido y perseguido su interpretación con tanto ímpetu como en este caso. La resolución sobre la celebración del Primero de Mayo, por ejemplo, ya ni se cumple, y nadie pregunta por ello. (Viva aprobación.) Nadie es llamado a rendir cuentas, como ocurre ahora con nosotros. Lo que hay detrás de la actuación contra nosotros es algo completamente distinto. En el Buró, uno de los camaradas, a la pregunta de qué venía ahora en el orden del día, respondió: la cuestión bohemia. Pero eso no es exacto. Lo que en realidad está en debate es la cuestión de las relaciones de la Internacional con la nacionalidad. Ese es el trasfondo del problema, la verdadera cuestión de que se trata. Se intenta identificar la palabra «nacional» con la palabra «nacionalista» y después poner la palabra «nación» en oposición a la Internacional. Pero la Internacional no puede interpretarse así, no se la puede interpretar de manera que esté en oposición a las necesidades vitales de las naciones, a las necesidades vitales de los obreros de cada pueblo. Si examinan ustedes más de cerca la resolución de Stuttgart, ya el título les muestra que se trataba de algo mucho más importante que la mera forma de la organización, a saber, de las relaciones entre el partido político y los sindicatos. La resolución exigía que la socialdemocracia y los sindicatos de todas las naciones procedieran de común acuerdo. Esto está dicho de forma incondicional; la unidad del movimiento sindical solo se añade de forma condicional. Ahora se exige la unidad incondicional de los sindicatos en cada territorio estatal, y se nos acusa de un delito que no podíamos cometer, porque hasta ahora no existía semejante ley. Si quisieran ustedes obrar con coherencia, tendrían que modificar primero la resolución de Stuttgart. ¿Es que en los demás países hay en todas partes una sola central sindical? ¿Hay una sola central sindical en los Estados Unidos, en Bélgica, en Francia? (Interrupciones de franceses y belgas: ¡Sí!) Allí no existe una centralización unitaria. (Interrupciones: ¡Sí, sí!) La unidad en Austria sería difícil de llevar a cabo, pero su condición previa necesaria sería la neutralización completa de la Comisión Sindical de Viena, que tendría que volverse total y absolutamente independiente de todo aquello a lo que hoy está ligada. No podría tener ya ninguna relación con una organización política. (Vivas protestas de los austriacos.) La actual Comisión Sindical de Viena está lejos de ser internacional o neutral. Cuando se afirma que tenemos la fragmentación en cada empresa y que con ello queremos cometer un suicidio de las organizaciones obreras, eso no es nuestro deseo ni nuestra voluntad. Es solo un pretexto que se ha esgrimido para demostrar lo mala que es nuestra actuación. (Una voz: ¡Es la consecuencia necesaria de vuestra actuación!) Ciertamente, los empresarios se unen en asociaciones; pero también nosotros queremos unirnos en asociaciones, exactamente igual que ellos. (Risas.) En Austria tenemos también organizaciones que no forman asociaciones de todo el Imperio y que, sin embargo, están unidas, como los tipógrafos y los ferroviarios. Todo el respeto a las palabras del Manifiesto Comunista. Pero difícilmente pensó Marx en la forma actual del movimiento sindical. Por la unión de los proletarios de todos los países entendía sin duda las naciones. Ni el ejemplo de Rusia, ni el de Inglaterra, ni el de Suiza se ajustan a nuestras condiciones. Esos pueblos nunca han poseído independencia estatal ni luchan tampoco por ella como nosotros, los bohemios. (Risas.) Hace ya mucho que hemos consumado por completo la ruptura con todos los partidos nacionalistas burgueses. Pero tenemos que decir a los obreros checos lo que realmente queremos, y en eso nos situamos plenamente en el terreno del programa de Brünn82 por la conquista de un Estado federal de nacionalidades en Austria. (Una voz: ¡Políticamente!) Políticamente, desde luego, pero tenemos que adaptar nuestras organizaciones a esas aspiraciones. También las naciones pequeñas tienen que encontrar su derecho en la Internacional. No es admisible que se interprete la resolución de Stuttgart en el sentido de los camaradas austriacos; a ellos mismos es a quienes peor les sentaría. Coherentemente, tendrían que obligar ahora a los finlandeses, que han perdido su independencia nacional, a unirse al movimiento sindical ruso. Nadie ha aportado la prueba de que hayamos emprendido jamás nada contra la Internacional. La resolución de Stuttgart proclama la unidad de los 8 millones de proletarios organizados en el partido y en el sindicato. Las formas en que se realice esa unidad son del todo secundarias. La Internacional del proletariado debe dar protección y ofrecer libre desarrollo no solo a cada individuo, sino también a cada nación. Nuestro objetivo económico, la socialización de la producción, no debe engullir nuestro objetivo político, el derecho de autodeterminación de los pueblos y de los individuos. Es mejor que los checos se organicen con firmeza que no que ustedes nos prescriban un terreno en el que no podemos prosperar. El proletariado checo ha demostrado con su sangre que se mantiene leal y firme junto a la Internacional, y por eso este congreso no puede estigmatizarnos como traidores a la Internacional. Semejante acuerdo sería injusto, paralizaría nuestra acción, destruiría nuestra fuerza de choque. Sabemos qué graves consecuencias ha de tener que volvamos a nuestra tierra como traidores. Los añadidos que ustedes han acordado a la resolución de la Comisión del Imperio demuestran que ustedes mismos tienen la sensación de que debe hacerse algo distinto de la mera condena. No pueden ustedes condenar a una socialdemocracia afiliada a la Internacional solo porque tenga otra opinión sobre una forma de organización, mientras que en los principios fundamentales del socialismo y en la táctica proletaria está plenamente de acuerdo con el proletariado del mundo entero. (Aplausos de los checos.)

Una moción de cierre de De Brouckère83 (Bélgica) es retirada ante el deseo apremiante del presidente. Tampoco debemos dar la impresión de que se quiere aplastar a la minoría.

Jura (checo, centralista): Estoy aquí como representante de los delegados checos que aquí, dentro de su nacionalidad, están en minoría, pero que en realidad tienen detrás, en Bohemia, Moravia y Silesia, a la mayoría de los obreros organizados sindicalmente. (Aplausos; protestas de los checos. Una voz: ¡Miente!)

El presidente, Branting: Semejantes insultos no tienen lugar entre camaradas. Les ruego que no ofendan la dignidad del congreso. (Aplausos.)

Jura (continuando): Es inexacto hablar aquí de una disputa entre alemanes y checos. En realidad se trata de una disputa en el seno del conjunto de los obreros. Cuanto más unitaria sea la organización sindical, mejor podrá luchar contra los empresarios. (¡Bravo!) Contra el capitalismo no solo necesitamos una organización unitaria, sino también fondos unitarios, que solo puede proporcionar una centralización. Los 40 000 obreros checoslavos de la organización separatista han sido arrebatados a las organizaciones centrales. La nueva fundación no ha atraído en absoluto a obreros hasta entonces sin organizar. Los obreros checos no deberían combatir entre sí, camaradas contra camaradas, sino contra los empresarios. (¡Bravo!) El coponente me ha dicho que en Inglaterra y en Bélgica existen, unas junto a otras, distintas organizaciones sindicales que no están reunidas en una central. Yo le pregunto: ¿acaso los sindicatos ingleses estaban antes unidos y luego rompieron la unidad? (¡Muy bien!) ¿O es que no quieren ustedes ahora la unidad completa? (Aplausos.) Es completamente falso afirmar que fueron los propios obreros checos quienes exigieron la autonomía nacional de sus sindicatos. No fueron los obreros quienes plantearon primero esa exigencia, sino algunos camaradas, redactores, hombres de la dirección del partido. Durante años escribieron en los periódicos a favor de la autonomía, y solo así se movió a los camaradas a salir de la organización central. Nuestros dos votos los daremos a la resolución de la Comisión del Imperio. (Vivos aplausos.)

Sasek (checo, separatista) hace notar que entre el texto alemán y el francés de acuerdos anteriores de los congresos sobre los sindicatos existen diferencias, y toma el texto francés de esos acuerdos como base de su exposición. Trata de demostrar con ello que en los acuerdos de los congresos internacionales de Londres de 1896, de París de 1889 y de Zúrich se formuló constantemente la exigencia de que los sindicatos estuvieran organizados nacionalmente. Los acuerdos de la Internacional nos garantizan, pues, nuestro derecho. Ustedes tienen, desde luego, el poder de derrotarnos en la votación, pero el derecho moral está de nuestra parte. No salimos de este congreso como vencidos, sino con la confianza de que no hemos perdido nuestra causa. En el debate se nos ha dicho indirectamente: sois traidores. (Protestas.) Traidores a los obreros solo lo seríamos en el momento en que quisiéramos tomar el camino al que ustedes quieren obligarnos. Seguiremos trabajando por nuestro camino hasta que entre los camaradas de partido de la Internacional se forme una opinión mejor y nuestro punto de vista encuentre su aprobación y su acuerdo. (¡Bravo!, de los checos.)

El presidente, Branting: Como presidente de la segunda comisión, hago constar que la palabra «traidor» la ha empleado un miembro de la Internacional que no pertenece a la comisión, como expresión dura, pero no en sentido ofensivo.

Greulich84 (Suiza, recibido con aplausos atronadores): Que tome la palabra sobre esta cuestión tiene varias razones: en primer lugar, soy desde hace más de cuatro décadas organizador sindical, y en segundo lugar soy delegado de un país en el que coexisten varias nacionalidades y lenguas. Así pues, también entiendo algo de la cuestión de las nacionalidades. Por último, no estoy implicado personalmente en la disputa. Y por eso digo: creo que es un error que mi querido amigo Němec diga que aquí se trata de acusación y condena. Se trata solo de la interpretación de los acuerdos del Congreso Socialista Internacional; no de una condena, sino de un laudo arbitral entre dos partes en litigio. (Viva aprobación.) Me ha dolido que aquí varios camaradas hayan defendido, con verdaderos prodigios de sofistería, un punto de vista que no puede defender un sindicalista y socialdemócrata. (Aplausos atronadores.) Se ha sacado a relucir la autonomía de las nacionalidades. Hace casi cincuenta años, cuando la insurrección polaca de 1863, abogué por el derecho de la nacionalidad a defender su independencia y su vida cultural. Si se tratara de eso en el caso de los checos, abogaría enérgicamente por ellos. (Interrupciones: ¡Todos nosotros! Risas entre los checos.) Pero en la cuestión sindical se trata de algo completamente distinto (¡Muy cierto!), de las necesidades vitales del proletariado, y esa necesidad vital es exactamente la misma, sea el pobre diablo checo o alemán. (Aplausos atronadores y prolongados.) Los acuerdos de los congresos internacionales de Zúrich, etc., que aquí se han leído, solo pueden entenderse desde el punto de vista de que se acordó algo razonable. (Grandes risas y aplausos.) Vengan ustedes conmigo a América. He visitado a sus compatriotas en los barrios checos de Nueva York y de Chicago, donde también honran su lengua materna. Pero ni en sueños se les ocurre fundar sindicatos checos independientes. (Vivos aplausos.) No como checos, sino como obreros tratan de mejorar sus condiciones de vida. En el informe que se nos ha presentado de la comisión sindical checoslava y de la socialdemocracia checoslava de Austria he observado con espanto que existen 39 sindicatos checos independientes. ¡Ahí se acaba la broma sindical! Con la peculiar mezcla de pueblos que hay en Austria, las nacionalidades solo en parte se asientan en territorios compactos determinados que habiten exclusivamente. Por regla general, el hermano checo vive al lado del hermano alemán, va a su lado a la fábrica y es explotado junto con él. (Aplausos atronadores.) Si uno tiene hambre y va con su sindicato al fabricante y exige un salario mejor, pero el otro no se suma, entonces el obrero sigue pasando hambre y el fabricante se ríe. (Vivos y repetidos aplausos.) Estamos todavía lejos de estar a la altura de la organización sindical. (¡Muy cierto!) Todavía estamos buscando la mejor forma de organización, y nuestro viejo maestro, Inglaterra, con sus muchas asociaciones de oficio, es quizá quien más se ha quedado atrás. (Aprobación.) En el continente se extienden cada vez más los grandes sindicatos de industria, que abarcan a obreros cualificados y no cualificados. Pero también aquí tenemos todavía conflictos de demarcación que, aun sin diferencias nacionales, perjudican gravemente al movimiento sindical. Quien piense con seriedad sindical no puede dudar ni un instante de que una escisión del movimiento sindical conduce en cualquier circunstancia a roces y perjuicios. Por eso, si el congreso declara en su resolución: «Queridos amigos, ¡vais por mal camino! No servís de nada, solo hacéis daño; recapacitad y dad marcha atrás en ese paso irreflexivo», ¡deberíais vosotros, camaradas checos, seguir esta advertencia! (Aplausos atronadores, prolongados y muchas veces repetidos.)

El Dr. Adler (Viena): No voy a pronunciar un discurso, camaradas de partido. Creo que la cuestión está suficientemente clara, tan clara que yo..., que también nuestros camaradas checos, con quienes discrepamos, tienen que reconocer: aquí no se trata de una condena, sino de que ustedes se convenzan de que en esta cuestión vital del proletariado austriaco toda la Internacional se sitúa en el terreno de la unidad del movimiento sindical. (Aplausos atronadores.) Hemos provocado este pronunciamiento del congreso no para separarnos de nuestros camaradas checos, con quienes hemos luchado juntos durante décadas, con quienes ya luchamos en un tiempo en que su sangre se mezclaba con la nuestra; no para separarnos de ellos, sino para unirnos con ellos por el bien del proletariado austriaco. (Vivos aplausos.) No queremos que abandonen este congreso como ofendidos, sino como convencidos. Si el próximo congreso se celebra en Viena, esperamos poder ofrecerle el espectáculo de la unidad de todo el movimiento obrero austriaco. (Aplausos atronadores.)

Siguen las réplicas finales de los ponentes.

Plejánov: Němec no tenía razón cuando habló de una tendencia a condenar a los checos y afirmó que los belgas solo habían presentado su enmienda para atenuar esa tendencia. Esa exposición es torcida: la enmienda lleva las firmas de De Brouckère, Karski85, Plejánov y Adler y ha sido aprobada por unanimidad. Creemos que los checos están en un error y queremos convencerlos. Fuera de lugar estuvo el intento de Sasek de operar de nuevo con un juego de palabras y de servirse para ello de la palabra «nación». Está claro que en los acuerdos de los congresos internacionales la palabra «nación» coincide con la palabra «Estado». El mismo orador sostuvo además que moralmente tienen razón. Si los checos se empeñan en seguir en el camino que ahora han emprendido, no tenemos, desde luego, medios coercitivos contra ello. No tenemos cañones, no tenemos bayonetas, pero disponemos de un poder mayor, de un poder moral, de la opinión de la Internacional, a la que ningún poder puede resistir. (Vivos aplausos.) Si los checos quieren rebelarse contra ella, el propio proletariado checo se alzará contra su táctica. Nos ha alegrado oír aquí de boca de un proletario checo que una gran parte de sus compatriotas no los sigue y que él y sus camaradas, que aquí son la minoría en su sección, tienen detrás a la mayoría de los obreros checos. Con esta parte de los checos la Internacional está plenamente de acuerdo. Si ustedes se rebelan contra ella y pisotean sus acuerdos, esta parte de los obreros checos, que no quiere saber nada de sindicatos autónomos, crecerá sin cesar. Esta evolución es inevitable, porque la conciencia de clase crece por sí misma en virtud del desarrollo económico. (Vivos aplausos.)

El coponente, Němec: Aquí se intenta demostrar que solo representamos a una minoría de los sindicatos checos. Eso no es verdad, camaradas, lo hago constar. El camarada Greulich afirmó que habíamos defendido nuestros asuntos con sofistería. No sé..., hemos opuesto argumentos a argumentos. Si eso se llama sofistería, en el próximo congreso solo dejarán de llamarse sofistas quienes compartan la opinión de la mayoría. El camarada Adler dice que no queremos ninguna condena. Pues bien, ya sabemos que aquí no se nos puede ajusticiar. Pero, por favor, lean la exposición de motivos de la resolución y tengan presente todo lo que se nos ha dicho en este congreso, y verán que se acerca mucho a una condena. Ahora dice el Dr. Adler que queremos lograr la unidad. Sí, pero si se lleva a cabo de esta manera la introducción a esa unidad, no se retiene a nadie, porque entonces se trata de callar y servir. A eso no nos prestamos. No me he remitido en absoluto a la enmienda de los camaradas belgas para deducir de ella una tendencia del congreso a condenarnos. Solo he dicho que también los camaradas belgas son de la misma opinión que nosotros, a saber, que el asunto debe ser todavía investigado. El camarada Plejánov ha hablado para terminar de la conciencia de clase. Solo desearía una cosa: que en todos los países y Estados el proletariado estuviera tan imbuido de conciencia de clase, tan fiel a la Internacional y tan unido como lo están los obreros checos. (Aplausos atronadores de los checos.) Nos mantenemos firmes en la solidaridad, queremos seguir manteniéndola, pero solo en condiciones que nos permitan un desarrollo y no paralicen nuestra fuerza de choque. Eso es lo que queremos, nada más. Si hiciéramos lo que los camaradas alemanes nos exigen, tendríamos que entrar en la liquidación de nuestro partido. No podríamos seguir existiendo, tendríamos que disolvernos. Eso no lo exigirán ustedes, y eso no lo haremos nosotros. (Aplausos atronadores de los checos.)

Con esto se cierra el debate. La moción de los checos de aplazar la cuestión y de que la investigue el Buró Internacional es rechazada frente a una docena de votos. La propuesta de la comisión se vota por naciones. Todas las naciones, con 222 votos, votan a favor, entre ellos también los 2 votos de la minoría checa. En contra se emiten los 5 votos de la mayoría checa. 7 votos se abstienen, a saber: 5 de Finlandia (3 se habían emitido a favor) y 2 de Turquía-Armenia.

El resultado de la votación es acogido con vivos aplausos.

Cuarta jornada. Sábado 3 de septiembre, sesión de la mañana

Preside Jeppesen (Noruega). Abre la sesión a las diez y media y, para el informe de la 2.ª comisión (comisión sindical) sobre la cuestión de la

Realización de la solidaridad internacional

concede la palabra al presidente de la Comisión General de los Sindicatos Suizos, Huggler86.

Sobre ello se ha presentado la siguiente resolución:

Sigue la resolución «Solidaridad internacional»: véase la página del congreso.

Huggler: A la comisión se le presentaron en lo esencial dos resoluciones, una de los camaradas suecos y otra de los camaradas belgas. La resolución sueca entraba menos en la materia que expresaba el sentimiento y la emoción de los compañeros suecos ante las manifestaciones de solidaridad internacional con motivo de su última lucha. Como es sabido, las organizaciones obreras de Suecia, en su gigantesca lucha del año pasado contra la patronal, tuvieron que apelar a la solidaridad de los obreros de todos los países, y no les faltaron apoyos morales ni manifestaciones de simpatía de los obreros. Pero cuando 300 000 obreros están en la calle, el apoyo moral no basta para alimentarlos (Muy cierto), sino que hacen falta sobre todo también medios económicos. Y en este aspecto la solidaridad internacional de las distintas naciones se manifestó de forma muy desigual. Los países nórdicos más cercanos, Noruega, Dinamarca, Finlandia, y sobre todo también Alemania, hicieron esfuerzos verdaderamente sobrehumanos para ayudar eficazmente a los compañeros suecos. También algunos de los países más lejanos obtuvieron buenos resultados. En cambio, la comisión tuvo que constatar que otros países, sobre todo Francia, Bélgica y Gran Bretaña, se han comportado de una manera difícil de entender. (¡Oíd, oíd!) Francia había enviado a Suecia unas 7000 coronas. Eso es muy poco para el cuarto de millón de afiliados que abarca la Confédération du Travail87, si se compara con que la pequeña Noruega envió a Suecia más de 300 000 coronas, Finlandia más de 43 000 y Suiza unas 60 000. (Aplausos.) Bélgica aportó unas 6000 coronas, lo que también es extraordinariamente poco en proporción al número de organizados. Ahora bien, los representantes de Bélgica y de Francia han expuesto en la comisión razones que merecen ser escuchadas. Los camaradas belgas han hecho notar que, tras una grave crisis, ellos mismos se vieron envueltos en un gran cierre patronal que exigió enormemente de sus fuerzas. Los compañeros franceses han señalado la escasa capacidad material, en general, de los sindicatos organizados según los métodos sindicalistas, que no pueden transformar sin más.

Lo único que siguió siendo incomprensible fue la actitud que observaron en este terrible conflicto las grandes organizaciones sindicales de Gran Bretaña, las viejas trade unions. Puede admitirse que para las organizaciones británicas hayan sido determinantes razones tácticas, que los estatutos de sus sindicatos les dificulten una acción de ayuda rápida. Pero en una situación tan extraordinaria, en la que toda la patronal de un país se empeñaba en hacer imposible la organización a los obreros, tiene que poder encontrarse un camino para prestar ayuda por encima de todos los reparos. (Viva aprobación.) No se nos ocurre hacer el menor reproche a la delegación inglesa aquí presente. La resolución tiene más bien el fin de invitar a la delegación inglesa a que, cuando vuelva a Inglaterra, diga a los obreros de su país que el Congreso Socialista Internacional no ha podido comprender que los sindicatos ingleses se hayan quedado tan atrás en la acción internacional de ayuda a Suecia. Tienen que tratar de convencer a los obreros ingleses de que, cuando la patronal organizada internacionalmente quiera arrebatar en cualquier parte a los obreros el derecho de coalición, la posibilidad de mejorar las condiciones de trabajo, como ha ocurrido en Suecia, también los sindicatos británicos tienen que prestar ayuda, porque eso concierne también a los obreros ingleses. La actitud de los obreros ingleses en la lucha sueca es tanto más incomprensible cuanto que en ocasiones anteriores, cuando los sindicatos ingleses fueron atacados, por ejemplo en la lucha de los mecánicos88, toda Europa se esforzó por acudir en su ayuda. Por eso sería deber de los ingleses cumplir del mismo modo el deber de solidaridad con las demás naciones. Esperamos que la delegación inglesa actúe en este sentido y que en el futuro también los obreros ingleses participen. Los meros acuerdos no bastan; nuestro ideal social debe traducirse en realidad. (Muy cierto.) Cada vez se acerca más el momento en que quizá tengamos que exigir a los obreros más que dinero, en que quizá tengamos que plantear a los obreros ingleses las más altas exigencias para apoyar a las organizaciones continentales. Que la regulación práctica de los detalles del apoyo la fijen las conferencias sindicales internacionales. No podemos entrar aquí en detalles, como pretendía la propuesta belga, sino que debemos limitarnos a establecer las directrices generales. Todo lo demás puede resolverlo la Internacional sindical tras un examen y una preparación minuciosos en cada una de las centrales nacionales. Por eso, con una pequeña modificación en el cuarto apartado, propuesta por los propios camaradas suecos, hemos aprobado por unanimidad la resolución de los camaradas suecos. La comisión estaba unánimemente convencida de que la obra de emancipación solo podrá ser llevada a cabo por los obreros organizados del mundo entero cuando la solidaridad internacional haya dejado de ser mera teoría, cuando también los obreros y los sindicatos británicos cumplan plenamente los deberes de la solidaridad internacional. (Vivos aplausos.)

Una palabra más sobre la resolución belga, que, con excepción de los camaradas belgas, que tenían un mandato imperativo, fue rechazada con la misma unanimidad con que fue aprobada la resolución sueca. En la medida en que se trataba de obreros organizados sindicalmente, es la Internacional sindical la que debe regular la cuestión. Pero los camaradas belgas han declarado que tenían en vista sobre todo también el socorro a los refugiados políticos, en lo que Bélgica, en general y en particular por parte de los revolucionarios rusos huidos, se ha visto muy fuertemente solicitada. Esto, sin embargo, vale para todos los países, y habría que investigar primero cómo pueden las distintas centrales nacionales compensárselo mutuamente. Por eso hemos remitido esta parte de la resolución belga al Buró Internacional. (¡Bravo!)

Se abre el debate.

Anderson89 (presidente del I. L. P.): La delegación inglesa se sitúa plenamente en el terreno de la resolución que propone la comisión y la apoya con el mayor calor. Está unánimemente dispuesta a expresar que la unión más estrecha de los obreros de todos los países y la organización de la solidaridad internacional son una necesidad. A lo sumo, la resolución tiene el defecto de ser todavía algo imprecisa. Pero probablemente tenía que serlo para adaptarse a las condiciones de todos los países.

He tomado la palabra sobre todo para, si no disculpar, sí al menos explicar en parte la actuación, o mejor dicho la inactividad, de los sindicatos ingleses durante el cierre patronal en Suecia. Quiero reconocer con toda franqueza que los camaradas ingleses no han estado en esta situación a la altura de su tarea. Pero quisiera señalar dos puntos que deberían tomarse en consideración para comprender la actitud de los sindicatos ingleses, no para criticar, también frente a los reproches, lo que ha ocurrido y ya no tiene remedio, sino para indicar medios y caminos de mejora. Los sindicatos ingleses se fundaron en una época en que el socialismo y el espíritu del internacionalismo no tenían todavía prácticamente ninguna influencia en el movimiento obrero. De aquella época ha quedado en el movimiento sindical inglés cierta aversión a las acciones internacionales de ayuda. Solo en los últimos tiempos se hace fuerte la influencia del socialismo en el movimiento sindical inglés. Con ello, también el espíritu de la solidaridad internacional lo irá conquistando cada vez más.

Un segundo factor es que el movimiento obrero inglés no dispone de la magnífica prensa diaria socialista que está a disposición de los sindicatos de los demás países. (¡Muy cierto!) A las trade unions inglesas no les ha sido posible informar a sus afiliados de lo que ocurre en otros países. Esa es una de las razones principales por las que no hemos podido hacer nada.

Una palabra más sobre la actitud de las directivas de los sindicatos ingleses. Antes, los estatutos de los sindicatos ingleses estaban redactados de tal modo que las directivas tenían amplios poderes para disponer también de grandes sumas. Ahora eso no es posible sin el consentimiento de los afiliados, y antes de que se haya realizado la necesaria votación general de los afiliados, la huelga que debía apoyarse ya ha terminado. En los casos en que la necesidad apremia, como en la huelga general sueca, no puede por eso prestarse la ayuda de la forma en que sería necesario. Pero el Comité Sindical Unificado de Gran Bretaña va a deliberar ahora con representantes del Congreso de los Sindicatos, del Partido Laborista y de todos los sindicatos y a elaborar propuestas sobre cómo pueden organizarse los estatutos de modo que se eviten los gastos irreflexivos y, sin embargo, en casos de necesidad, puedan cumplirse en todos los sentidos los deberes de la solidaridad internacional. En este sentido, todos los delegados británicos se alegran de que se haya hablado aquí tan abiertamente de la cuestión, y esperan que esta discusión surta buen efecto. El camarada Barnes90, representante de la Amalgamated Society of Engineers inglesa, uno de los mayores sindicatos ingleses, que por desgracia ha tenido que abandonar Copenhague ya esta mañana temprano, me ha rogado que comunique al congreso que ya ha escrito a su organización cuánto ha aprendido aquí y cuánta luz nueva ha caído sobre las cuestiones sindicales, y que ha hecho propuestas para lograr una mejora en el sentido de la resolución. Por lo demás, en muchos oficios los sindicatos ingleses están en vías de centralizarse. En medida creciente se adhieren también a las federaciones internacionales de su oficio, como los metalúrgicos, los textiles y los mineros. Con el desarrollo de las federaciones internacionales de oficio se desarrollarán también automáticamente las acciones internacionales de ayuda, y en lugar del llamamiento a la solidaridad aparecerá la obligación de cotizar. Entonces podrá invocarse la ayuda internacional con la mayor rapidez y con fuerza obligatoria. Estas son las lecciones que queremos sacar de la resolución, y la votamos con la confianza de poder desarrollar nuestras organizaciones de modo que no vuelvan a formularse semejantes quejas, de modo que también nosotros podamos cumplir plenamente en el futuro nuestro deber en la realización práctica de la solidaridad internacional. (Vivos aplausos.)

Cohen (Berlín): Con su informe, el camarada Huggler ha dado plenamente en el blanco de lo que ha sentido y experimentado toda la delegación alemana, de lo que han sentido todos los camaradas alemanes, respecto a la deficiente solidaridad práctica de diversas naciones en la lucha de los camaradas suecos. Dada esta situación, la manera en que ha hablado Anderson era lo mejor que podía hacer. Solo nos agradaría saber si ha hecho su declaración no solo en su propio nombre, sino en nombre y por encargo de los sindicatos ingleses. Solo entonces tendría esta declaración su verdadero valor. Oímos, con todo, con cierto asombro la expresión de que la idea del socialismo solo ahora se abre camino en Inglaterra y de que los ingleses han aprendido mucho en este congreso. Hace ya mucho que participan en los congresos obreros internacionales y en los congresos sindicales internacionales, y allí ya hemos oído varias veces esta observación. Por eso deberían explicarnos de una vez si todos los representantes de los sindicatos ingleses quieren tomarse en serio las reformas necesarias y consideran vinculante para ellos la declaración de Anderson. (¡Muy bien!)

Anderson ha dicho que en la mayoría de los estatutos sindicales se exigen votaciones generales de los afiliados para los gastos importantes; eso lo sabemos muy bien. Pero los sindicatos ingleses fueron informados de la situación por delegados de los obreros suecos nada más empezar la lucha y, pese a las dificultades estatutarias, durante las semanas que duró la lucha habrían podido realizar tranquilamente también la votación general. Al menos en una lucha tan extensa, la posibilidad de apoyo todavía existía. Por eso tengo que afirmar sin rodeos que aquí y allá ha debido de faltar la buena voluntad.

Anderson se ha quejado de que la resolución no estaba redactada de forma del todo clara y precisa. Pero si hubiéramos hablado con más claridad, la resolución habría tenido que ocuparse únicamente de las faltas de los camaradas ingleses en los últimos años. Solo por consideración hacia ellos no ha hablado la resolución con más claridad de sus lamentables omisiones. En la comisión, Anderson disculpó también la ausencia de la ayuda inglesa con que en la propia Inglaterra había reinado un gran paro. Frente a ello quisiera dejar sentado que entonces estaban sin trabajo entre el 5 y el 6 por ciento de los obreros ingleses, mientras que en Alemania, en la misma época, el paro subió hasta el 12 por ciento. A pesar de todo, hemos cumplido nuestro deber con los camaradas suecos y, por tanto, tampoco podemos admitir esta excusa de los ingleses. Con las conocidas y abultadas reservas de caja de los sindicatos ingleses, les habría sido aún más fácil que a nosotros cumplir su deber. Por eso exigimos algo más que una declaración impersonal y cortés del camarada Anderson, para saber que en Inglaterra la situación mejora por fin de verdad. (Campanilla del presidente.) Mi tiempo de palabra ha terminado; tengo, pues, que interrumpirme sin decir, como me proponía, también unas cuantas amabilidades a los camaradas franceses. ¡Bueno, la próxima vez! (Risas y vivos aplausos.)

Con esto queda agotado el debate. Para la réplica final toma la palabra

Huggler: Contra la resolución no se han formulado objeciones por parte alguna, y la delegación inglesa ha declarado que hará todo lo posible por cumplir el acuerdo. Puedo, pues, limitarme a observar que todas las naciones que voten a favor de la resolución están obligadas también a velar por su ejecución. (¡Bravo!)

A continuación, la resolución de la comisión es aprobada por unanimidad entre vivos aplausos.

Sigue el informe de la cuarta comisión (comisión social) sobre

Los resultados de la legislación de protección obrera

Se presenta la siguiente resolución:

Sigue la resolución sobre la legislación obrera: véase la página del congreso.

El ponente es Molkenbuhr:91 ¡Camaradas de partido! El asunto que nos ocupa aquí es viejo y conocido. Sí, casi podría llamársele el padre de la nueva Internacional. Pues el Congreso de París de 1889 se convocó a partir de la idea de fijar de una vez, en el plano internacional, las bases del conjunto de las reivindicaciones de la clase obrera en el terreno de la legislación de protección obrera. Pero, aunque la cuestión sea vieja, no puede decirse que esté anticuada y que hagamos como ciertas personas piadosas que rezan siempre la misma oración a la hora fijada. (Risas.) No solo persisten los males cuya supresión se reclama, sino que en muchos países los vemos incluso agravarse. Es un fenómeno antiguo que allí donde el capitalismo empieza a desplegarse, donde mete su trompa chupadora en la producción, recurre al sistema de la explotación esquilmadora. Todo propietario de tierras, todo propietario de ganado se guardaría de esquilmar su tierra y su ganado como el capitalismo naciente esquilma a los obreros. Con tanta mayor decisión debemos plantear una y otra vez nuestras reivindicaciones. Ahora bien, también una serie de reformadores sociales burgueses han planteado cierto número de reivindicaciones de protección obrera. Pero su error principal es que cuentan como factor con la benevolencia de los capitalistas hacia los obreros. La benevolencia del capitalista individual hacia los obreros es algo muy bonito, pero en realidad el capital es impersonal. No conoce sentimientos; las sociedades anónimas son órganos completamente insensibles para obtener altos beneficios. (Viva aprobación.) Ocupan cada vez más el lugar del capitalista individual y conducen a convenios de precios, cárteles y trusts. La explotación del obrero se extiende en dos direcciones: se le esquilma como productor y como consumidor. En 1908, por ejemplo, en plena crisis aguda, los precios del carbón eran más altos que en 1907.

A la cabeza de nuestras reivindicaciones está la protección de la vida y de la salud. Exigimos la jornada de ocho horas, la prohibición del trabajo infantil, la prohibición del trabajo nocturno y la reivindicación del descanso dominical. El punto 5 de la resolución que tenemos delante protege al obrero como consumidor. En él se exige la prohibición del truck system. Bajo el manto de las instituciones de beneficencia, el capital crea plagas de beneficencia para los obreros: así la vivienda obrera, para atarlo al suelo; así las cajas de pensiones, para retenerlo en una misma empresa y hacerle imposible el ejercicio del derecho de coalición. Exigimos que el derecho de coalición quede plenamente garantizado frente a los abusos del capital, tanto más cuanto que los obreros ya no se enfrentan a un capitalista individual, sino a la coalición del capital. Todas estas reivindicaciones las planteamos como reivindicación mínima, y además como reivindicación para todos los obreros. En eso nos distinguimos de la mayoría de los reformadores sociales burgueses, que solo quieren proteger al obrero de fábrica y dejan al artesano y al obrero agrícola fuera de la protección obrera. En la agricultura la máquina penetra cada vez más, y tanto más necesario es proteger también al obrero agrícola. Allí donde existen peligros especiales, en las empresas que padecen el polvo, el calor y los tóxicos, y para las minas, planteamos reivindicaciones aún más amplias.

Al desarrollo de la protección obrera se le opone siempre la afirmación de que la capacidad competitiva de un país sufriría con su introducción. Yo me río de esa objeción. Aun cuando fuera cierta, ¿no está la salud por encima del beneficio? (Viva aprobación.)

Cuando se dieron los primeros pasos de la legislación inglesa de protección obrera, los Senior92 y compañía declararon que la industria inglesa se hundiría si se introducía la jornada de diez horas. Eso fue en la misma época en que Inglaterra pasaba al librecambio. ¿Acaso ha arruinado la jornada de diez horas a la industria inglesa? No; pero los hilanderos alemanes se lamentaron como niños apaleados de que no podrían resistir la competencia inglesa, y mientras tanto explotaban a las obreras de 15 a 16 horas diarias. En 1878-1879 consiguieron, en efecto, un arancel protector para ellos. Cuando se introdujo entre nosotros en 1900 la jornada de once horas, también se dijo que la industria no podría soportar esa reducción de la jornada, y los obreros textiles de Sajonia tuvieron que librar una gran lucha en 1903.93 Y la misma objeción de siempre, que se había planteado en Inglaterra sesenta años antes, volvió a oírse cuando se introdujo la jornada de diez horas sobre la base del Convenio de Berna. Es siempre la vieja historia: si no es una falsedad consciente, es eternamente un sofisma. (Viva aprobación.)

Además, en nuestra resolución planteamos la reivindicación del seguro obrero contra la desgracia inevitable, contra el hundimiento en el pauperismo, para la protección y la ayuda de los enfermos, accidentados, inválidos, ancianos y parados, de las viudas y los huérfanos. También aquí se dice siempre que la industria no puede soportar las cargas. Pero yo pregunto: ¿no soporta ya ahora todo país esas cargas de la enfermedad, el accidente y la invalidez? Todo país tiene que soportarlas también hoy, pero ahora se las echan encima a los más pobres y miserables. (Viva aprobación.) ¿Lo que estos tienen que soportar ahora no habría de poder soportarlo la sociedad entera? (Viva aprobación.) Es una objeción ridícula. Veamos qué víctimas tan enormes caen en el campo de batalla del trabajo. En un solo año hubo en Alemania 10 000 muertos, 130 000 lisiados y 518 000 heridos. (Vivas exclamaciones de «¡Oíd, oíd!».) ¿Han de quedarse sin ayuda las viudas y los huérfanos, los lisiados y los heridos? Plantear la pregunta es responderla. Lo mismo vale para la vejez y la invalidez, vale para la ayuda a las embarazadas, a las parturientas y a los parados. Los capitalistas alemanes se lamentan de gastar 375 millones de marcos al año en el seguro obrero. Es sin duda una gran suma, y si al introducir el seguro obrero se les hubiera dicho que en veinte años tendrían que gastar en él 4000 millones de marcos, quizá se habrían resistido aún con más vehemencia. Pero ¿no ha pagado tranquilamente la industria alemana esos cuatro mil millones sin hundirse por ello? (¡Muy cierto!) Es más, ningún país ha conocido en ese período un auge tan enorme de su industria como precisamente Alemania. Y el propio seguro obrero ha contribuido a ello. Los capitalistas no pagan sus costes, sino que se los cargan a los compradores junto con su ganancia empresarial. Cobran por ello quizá 420 millones al año y gastan en él 375 millones. Al empresario el seguro le cuesta 12 pfennig por cada día de trabajo de un obrero industrial. Contando así, eso suma ya 310 millones de marcos al año. Si para el obrero agrícola calculamos, con 200 días, el coste del seguro a 5 pfennig por día, llegamos a 112 millones. Eso da en total 422 millones, una cifra, pues, considerablemente más alta de lo que los capitalistas tienen que pagar en realidad. Podemos suponer muy bien, por tanto, que también los costes de una ampliación del seguro obrero podrán soportarse con toda comodidad. Una necesidad especialmente urgente es la protección de las embarazadas y de los lactantes. Bien sabemos que la industria comete un infanticidio al lado del cual el de Belén es un juego. Por último, también el capitalista saca ventaja de la ampliación del seguro social, porque con ella mejora la salud de la clase obrera. Y allí donde los capitalistas disponen de los obreros más sanos y vigorosos, vencerán en la lucha de la competencia. (Viva aprobación.) Quizá no sea casualidad que, desde la introducción del seguro de enfermedad, la tasa de mortalidad en Alemania haya bajado de 28 a 20 por mil al año. Y resulta además una ventaja directa para los capitalistas, pues el seguro obrero no es otra cosa que el rescate de su anterior responsabilidad civil.

¿Dónde está la principal resistencia a las reivindicaciones que planteamos? Sin duda el capitalismo se les opone conscientemente. Pero el proletariado unido y con consciencia de clase es una fuerza más poderosa. Por eso nuestro peor adversario es la indiferencia de los obreros. Quebrarla, ilustrar, tocar el tambor de propaganda y de alarma es la tarea más urgente de toda organización obrera. Estas cuestiones tienen que discutirse una y otra vez en el plano internacional; eso fomenta la fraternización de todos los países. Si las naciones se mantienen juntas en un esfuerzo común, si los obreros de todos los países se unen, se acercarán a sus fines y realizarán ideales que hoy parecen todavía la más audaz de las fantasías. (Aplausos atronadores.)

Huysmans declara, por encargo del Buró Internacional, que este no quiere reabrir el debate sobre la cuestión del paro, pero que es de la opinión de que esta cuestión debe seguir sometida al estudio continuado de las distintas secciones de la Internacional. Por eso el Buró da a conocer el texto de la resolución presentada por la delegación inglesa y ruega a los delegados que la examinen con atención, para que en el próximo Congreso Internacional pueda tratarse de nuevo la cuestión. La resolución dice así:

«Ante la protesta formulada el jueves en el congreso por la sección británica y por otras, según la cual la resolución sobre el paro no es satisfactoria en su concepción del problema y no va lo bastante lejos en sus propuestas prácticas, los abajo firmantes, por encargo de su sección nacional, someten al congreso la siguiente declaración:

  1. El paro es una consecuencia del orden social capitalista e inseparable de él.

  2. Sin embargo, mientras exista el capitalismo, deben adoptarse medidas que se ocupen del problema.

  3. Estas medidas no deben ser meramente preventivas, sino que deben contener el germen del orden social socialista, constituir el comienzo de la organización definitiva de los medios de producción sociales, así como de los productos industriales y agrícolas, sobre una base cooperativa.

  4. Deben rechazarse los servicios estatales de obras de emergencia que solo funcionan en caso de paro agudo y se suprimen en tiempos normales.

  5. La actuación del Estado contra el paro debería basarse, con el reconocimiento del derecho al trabajo, en los siguientes fundamentos:

a) estadística oficial exacta del paro,

b) distribución de las obras del Estado y de los municipios con el fin de organizar lo mejor posible la cuestión de la colocación y asentarla sobre bases firmes,

c) una legislación que reduzca la jornada de trabajo a un máximo de 8 horas diarias o 48 semanales y que elimine en lo posible el sistema del sudor (sweating system), así como el trabajo infantil y otras formas de competencia que aumentan la pobreza,

d) un sistema nacional de bolsas de trabajo, controlado por los sindicatos,

e) seguro estatal,

f) creación de oficinas del Estado que se ocupen, en interés de la comunidad, del desarrollo de todos los tipos de riqueza nacional que hoy están descuidados o insuficientemente desarrollados.

  1. Una condición de toda ayuda del Estado que se conceda a los parados debe ser que no lleve consigo pérdida de derechos políticos y que sea accesible a todos los sectores de la clase obrera y a ambos sexos.

Como la hora está avanzada, la sección belga propone el cierre del debate.

Los ingleses, por quienes MacDonald había pedido la palabra, protestan muy vivamente. La moción de cierre queda aprobada por gran mayoría con los votos en contra de los ingleses.

La resolución sobre el seguro obrero presentada por el ponente queda aprobada por gran mayoría con los votos en contra de los ingleses.

Resolución sobre el derecho de asilo

Dice así:

Sigue la resolución sobre el derecho de asilo: véase la página del congreso.

Keir Hardie (Inglaterra) recibe la palabra para fundamentarla: La sección británica ha presentado la resolución y pide que se apruebe. Los antecedentes de la detención de Savarkar94 son conocidos. Cuando iban a llevarlo de Inglaterra a la India, huyó del barco inglés en Marsella, pero fue detenido en suelo francés por gendarmes franceses y entregado sin más a las autoridades británicas. Jaurès interpeló sobre ello en la Cámara francesa y, con todo el peso de su personalidad en cuestiones de derecho internacional, señaló la ilegalidad del procedimiento a la luz de los precedentes. La sección británica quiere oponerse a todo intento de tocar el derecho de asilo, que es la gloriosa tradición de su país. Garibaldi, Mazzini, Kossuth y Karl Marx vivieron como desterrados en Inglaterra sin que nadie los molestara. Si Savarkar comparece ante un tribunal indio, es de temer que el proceso contra él ni siquiera sea público. Pues la India se halla en estado de excepción y todos los periódicos de los indios están prohibidos. La sección inglesa no está de acuerdo con todo lo que los revolucionarios indios han dicho y hecho, pero es decidida adversaria de todas las medidas represivas con que el gobierno los combate ahora, y quiere asegurarles en todas las circunstancias la libertad de palabra. Por eso la Internacional entera debe protestar aquí y exigir que Savarkar sea devuelto a las autoridades francesas. (Vivos aplausos.)

El presidente Branting: A propuesta de Keir Hardie, la resolución experimenta un pequeño cambio. No debe hablarse en ella del revolucionario Savarkar, sino del refugiado político.

Con este cambio, la resolución queda aprobada por unanimidad entre vivos aplausos.

Sigue la

Resolución sobre Marruecos

Ha sido redactada conjuntamente por los delegados de Francia y de España y dice así:

Sigue la resolución sobre Marruecos: véase la página del congreso.

Fundamenta la resolución

Iglesias, quien, recibido con aplausos atronadores, señala en lengua española las intenciones de conquista de la clase capitalista francesa y española en Marruecos. Bajo el gobierno de Maura95, la expedición de conquista a Marruecos ha costado a España, además de innumerables muertos y heridos, muchos millones de pesetas. Se ha creado un nuevo cuerpo de ejército de 95 000 hombres, de modo que los gastos militares permanentes aumentan en 40 millones de pesetas. Aunque el nuevo régimen liberal niega ahora tal intención, es un hecho que se prepara una nueva campaña en Marruecos. Así como protestamos por todos los medios contra la expedición anterior, opondremos también a la nueva campaña la rebelión de la clase obrera. (Aplausos atronadores.)

A continuación la resolución queda aprobada por unanimidad.

Tras algunas comunicaciones de trámite de Huysmans, el congreso suspende la sesión hasta las 3 de la tarde.

El presidente Branting: El Buró ha recibido del camarada Ledebour la siguiente declaración:

El camarada Vandervelde ha expresado en su discurso la suposición de que yo habría querido reprochar a los camaradas Vaillant y Keir Hardie que no iban en serio con su propuesta de huelga general en caso de peligro de guerra. El texto de mis palabras no puede dar el menor motivo a semejante interpretación errónea. Pero, para acabar de una vez por todas con cualquier interpretación errónea, declaro aquí expresamente que no he puesto en duda en lo más mínimo la seria voluntad de acción de los dos camaradas, a quienes tengo en gran estima. G. Ledebour.

Sesión de la tarde del sábado 3 de septiembre

Preside Klausen (Dinamarca).

Huysmans comunica que han llegado al congreso otra serie de telegramas de saludo: de los hombres de confianza de la socialdemocracia de Viena, de los estudiantes persas de Ginebra, de los camaradas de Víborg, de la Christian Socialist Fellowship de América, de los metalúrgicos de Amberes y de uno de los más antiguos luchadores socialdemócratas y cofundadores del partido en Dinamarca, Höredum. Huysmans comunica además que la organización juvenil socialista ha de quedar adscrita al Buró Socialista Internacional; el modo de hacerlo se decidirá en la reunión del Buró Internacional del año próximo; se ruega a las naciones que presenten hasta entonces sus propuestas sobre esta cuestión. Los acuerdos de la conferencia de mujeres se han remitido al congreso y se incluirán en el informe oficial.

El último punto del orden del día del congreso es

La cuestión cooperativa

La resolución de la comisión dice así:

Sigue la resolución sobre la cuestión cooperativa: véase la página del congreso.

Presenta el informe

el Dr. Karpeles (Austria):96 La comisión no se ha limitado a examinar las relaciones entre la cooperativa de consumo y la organización política, sino que ha estudiado qué importancia corresponde en general a las cooperativas de consumo en la lucha proletaria. Ha llegado a la conclusión de que las cooperativas de consumo no solo procuran ventajas directas a sus socios, sino que, por la naturaleza misma de su organización, constituyen armas eficaces para la lucha del proletariado. Ha dado especial valor a que las cooperativas de consumo eduquen a los obreros para dirigir por sí mismos sus asuntos y preparen así la democratización y socialización de la producción. Como productor, el obrero está a menudo sometido al capital. Pero como consumidor goza de cierta libertad, y de esa libertad debe hacer uso. Si ya se ve obligado a entregar al capital una parte de su salario, al menos no se le puede obligar a repartir otra vez con el comerciante la parte del salario que recibe. De ahí nace para el obrero el deber para consigo mismo de tomar en sus propias manos la administración de su salario. No está llamado a fortalecer el capitalismo y a aumentar el número de capitalistas con el empleo de su salario, sino a debilitarlo. La resolución no quiere por ello despertar en los obreros en modo alguno la ilusión de que el movimiento cooperativo pueda por sí solo democratizar y socializar la producción. Pero, por otro lado, del mismo modo que a nadie en este congreso se le ocurre presentar las cooperativas de consumo como el único medio útil para la emancipación de los obreros, quiere también reprimir la ilusión, no menos peligrosa, de que sin el pequeño trabajo cotidiano e incansable pueda alcanzarse soñando el porvenir mejor. La clase obrera tiene que colocar ella misma piedra sobre piedra para hacerse capaz de conquistar la victoria. (Aplausos.) Y si el movimiento de las cooperativas de consumo es realmente un arma eficaz en la lucha por la emancipación de los obreros, todos los camaradas tienen también el deber de hacerse socios activos de ellas. La comisión no lo ha formulado como una orden incondicionalmente obligatoria, pero tiene interés en declarar con toda energía que es sumamente deseable que todos los sindicalistas y camaradas de partido cumplan sus deberes para con las cooperativas de consumo. Las cooperativas de consumo encierran, naturalmente, algunas tendencias con las que los obreros socialistas no siempre pueden estar de acuerdo. El trabajo de los socialistas en las cooperativas de consumo tiene que dirigirse a reprimir esas tendencias y a hacer de las cooperativas de consumo un medio de lucha verdaderamente útil. Tienen que hacer de las cooperativas de consumo algo más que un simple puesto de distribución de mercancías. Pueden cumplir su deber de socialistas cuando se trata del reparto del beneficio neto, cuando es posible pasar a la producción propia y sacar adelante una forma superior de producción, y, por último, también en la cuestión de qué posición debe adoptar la cooperativa de consumo ante el partido y el sindicato. Esta cuestión no ha sido en modo alguno fácil de responder en la comisión. No pocos miembros expresaron la opinión de que entre el partido y las cooperativas de consumo debe existir un vínculo orgánico. Desde otra tendencia se exigió con toda energía que la cooperativa conserve su plena autonomía. Al final nos hemos puesto de acuerdo en la formulación que tienen ante ustedes. En ella hemos declarado que debe dejarse a las cooperativas de cada país decidir si apoyan directamente con sus propios medios el movimiento político y sindical, y en qué medida. Estamos muy lejos de criticar o condenar en modo alguno el sistema belga o el sistema alemán de reparto del beneficio neto y de relaciones entre partido y cooperativas. Al contrario, sabemos que precisamente el tenaz trabajo de los belgas durante treinta años es lo que ha llevado a que la Internacional se ocupe de esta cuestión. Expresamos nuestro agradecimiento a esos socialistas, que no han enriquecido el mundo con una nueva fórmula, sino con un hecho, mediante la enseñanza del ejemplo. Pero junto al ejemplo belga elogiamos también el de la Produktion de Hamburgo,97 que fomenta indirectamente la lucha del proletariado y consigue lo mismo que el método belga, por un camino más afín y adaptado al espíritu alemán. No podemos condenar ni el sistema belga ni el alemán, sino que debemos declarar que toda cooperativa de cualquier país en la que reine el espíritu socialista es bienvenida en la Internacional. Debe dejarse a los camaradas de cada país la regulación que, según su opinión y según el desarrollo de las organizaciones políticas y de consumidores, les parezca mejor. Por eso declaramos que, aunque reconocemos como necesario que la cooperativa conserve su plena autonomía, deseamos no obstante que las relaciones entre la organización cooperativa, la sindical y la política sean cada vez más estrechas; cuando todos los obreros socialdemócratas sean miembros de su sindicato y todos los sindicalistas miembros de la cooperativa de consumo, habremos establecido por sí solo el vínculo orgánico entre las cooperativas de consumo, los sindicatos y las organizaciones políticas. Mientras no lo hayamos logrado, tendremos que limitarnos a desear que las relaciones sean cada vez más estrechas. En todo caso, nos parece una contradicción que precisamente aquellos camaradas que ya hoy reclaman una unión orgánica entre las cooperativas y el partido, me refiero a la tendencia de Guesde, no se cansen de rebajar en las organizaciones del partido el valor de las cooperativas. Con ese método no se logrará la unión orgánica. (¡Muy cierto!) La resolución subraya por último que las cooperativas de cada Estado que se sitúen en el terreno de este acuerdo deben formar una federación única. Con ello no se excluye en modo alguno que, para fines puramente cooperativos, se formen también otras federaciones cooperativas más amplias, sociedades mayoristas de compras, etc. Pero ante todo las cooperativas que se sitúan en el terreno de esta resolución deben formar entre sí una federación única y unir así a las cooperativas en un trabajo común.

¡Camaradas de partido! Nuestro acuerdo ha de dar a las cooperativas de consumo el reconocimiento del socialismo internacional que durante tanto tiempo les hemos negado, y estamos convencidos de que en adelante los cooperativistas socialistas de todos los países pondrán manos a la obra con nueva energía y nueva alegría en el trabajo para hacer del movimiento cooperativo un medio cada vez más importante e imprescindible en la lucha emancipadora del proletariado. (Vivos aplausos.)

Irving (Inglaterra, S. D. P.):98 Esta mañana se ha reprochado a los sindicatos ingleses que no cumplen los deberes de la solidaridad internacional porque no están imbuidos del espíritu del socialismo. ¡Con toda razón! Pero eso vale mil veces más para las cooperativas inglesas. Estas no tienen la menor comprensión del socialismo y, en la medida en que notamos algo de ellas, es su hostilidad. La masa de sus socios se compone de obreros liberales y conservadores, a los que precisamente también la cooperativa llena de un espíritu mezquino y antisocialista. Por eso tendremos que protestar de antemano contra la frase de la resolución según la cual las cooperativas de consumo son un medio valioso para la educación de los obreros y la socialización de la producción, porque las cooperativas inglesas nunca han estado imbuidas del espíritu de la solidaridad proletaria. Naturalmente, estamos de acuerdo con el sentido general de la resolución; lo único que criticamos es que no tiene en cuenta precisamente las necesidades de nuestra agitación en Inglaterra frente a las cooperativas. (Aplausos de los delegados de la S. D. P.) Lo mismo vale para la resolución sobre la protección obrera, sobre la cual no se nos concedió la palabra esta mañana, aunque la delegación inglesa la pidió con insistencia. (¡Muy cierto!, entre los ingleses.) La resolución se sitúa por entero en el punto de vista de esa «política de estadistas» que también se ha criticado esta mañana, porque es un resultado de compromisos y no va en modo alguno más allá de lo que podría acordar también un congreso del todo corriente de reformadores sociales burgueses. Me parece como si hubiéramos emplazado aquí muchos cañones grandes, pero no disparáramos balas, sino pasteles. (Risas y aprobación entre los ingleses.) En nuestras reivindicaciones sobre la protección de la infancia nos quedamos en este congreso por detrás de lo que defendemos en Inglaterra desde hace veinticinco años. ¡Qué absurdo es que en la resolución sobre la protección obrera subrayemos que esta es ventajosa también para el capitalismo! Como si estuviéramos aquí reunidos para velar por los intereses de los capitalistas y no para destruir el capitalismo. Protestamos contra el hecho de que, por el espíritu de compromiso, nuestros objetivos finales revolucionarios hayan pasado a segundo plano. El trabajo de compromiso carece por completo de valor, y para eso no habría hecho falta traer a Copenhague a los socialistas de todos los países. Votaremos contra la resolución, como hemos votado contra la resolución sobre la protección obrera, y protestamos contra toda la actuación del congreso. (Aplausos de la S. D. P.)

Wibaut (Holanda): Nos adherimos a la resolución de la comisión; pero quisiera exponer en pocas palabras la posición particular de Holanda, Francia y Bélgica en la cuestión de las cooperativas.

Somos partidarios de la estrecha vinculación de las cooperativas con el partido, al que deben entregar cotizaciones. Los alemanes y los austriacos nos han explicado que esa entrega no es posible en sus países a causa de los impedimentos legales, pero que tampoco lo es a causa de la particular posición histórica que las cooperativas han tenido en el desarrollo del movimiento obrero. Nos hemos plegado a esas razones, pero declaramos aquí que proseguiremos con nuestra práctica y que la tenemos por la mejor forma de la acción cooperativa. El ponente no ha reproducido del todo correctamente la concepción de Guesde sobre la cuestión cooperativa. No es tan estrecha como él la ha presentado, y en el fondo coincide por completo con la nuestra. También él atribuye gran valor a las cooperativas para la lucha de emancipación proletaria, a condición de que apoyen directamente al partido. Somos de la opinión de que una cooperativa pequeña formada por socialistas es mejor que grandes cooperativas con las que luego habría que esperar el socialismo hasta el día del juicio. Por eso queremos que las cooperativas entreguen por estatuto una parte de sus beneficios a la organización política. (¡Bravo!, entre los belgas, los holandeses y los franceses del Norte.)

Justo (Argentina):99 Aunque la resolución representa un progreso, no es correcta desde el punto de vista teórico. En ella se designa la conquista del poder político como el verdadero objetivo. En realidad, los objetivos del movimiento obrero van mucho más lejos. Lo que quiere es algo mucho más complejo de lo que esa fórmula podría resolver, y en ello las cooperativas desempeñan un gran papel. Pero solo pueden desempeñarlo si ellas y los sindicatos no quedan subordinados a la organización política. Para expresar esta valoración todavía más alta de las cooperativas, el orador propone decir en la resolución que las cooperativas de consumo están llamadas no solo a ayudar a preparar la democratización y la socialización de la producción y del intercambio, sino a realizarlas.

v. Elm:100 El discurso del camarada inglés me ha asombrado mucho. Nuestros camaradas ingleses se quejan continuamente de que en sus trade-unions y cooperativas no reina suficiente espíritu socialista. Pero si queremos declarar en una resolución que deben procurar llenar esas corporaciones de espíritu socialista, tampoco les gusta. La conclusión debería ser en realidad que desesperan de su propio pueblo. Yo tengo a los obreros ingleses en más estima que los propios ingleses aquí presentes. El juicio del orador sobre las cooperativas inglesas tampoco concuerda con la realidad. No es verdad que las cooperativas inglesas sean del todo antisocialistas. Repetidas veces han apoyado la lucha de la clase obrera en un sentido emancipador. En la comisión un camarada inglés dijo que el movimiento cooperativo inglés ha creado una forma; para nosotros se trata de utilizar esa forma y llenarla con el espíritu del socialismo. Esa frase la subrayo dos veces. Aquí vemos grandes organizaciones, y si los ingleses actúan en ellas en favor del socialismo, también los resultados serán mejores. El camarada inglés temía que con nuestra resolución nos apartáramos del objetivo final socialista. La disputa sobre cómo alcanzar ese objetivo final con la mayor rapidez es ya vieja. Pero nosotros, los alemanes, estamos convencidos de que también forma parte de ello el trabajo práctico por los propios obreros. Mediante nuestra participación en la legislación, los obreros se llenan de las ideas de la socialdemocracia. Porque lo principal es, al fin y al cabo, la ilustración de los obreros. (¡Muy cierto!) Me parece superfluo discutir aquí en el pleno sobre el sistema, si es mejor el alemán o el belga. Habría deseado que tampoco Wibaut hubiera recomendado aquí especialmente el sistema belga. Sobre ello somos de otra opinión, y la práctica no nos ha convencido de que nuestro sistema sea peor. Tenemos tres movimientos: el político, el sindical y el cooperativo. Cada uno tiene su tarea particular. Pero nosotros hemos conseguido llenarlos del espíritu unitario del socialismo. (Aplausos.) Hemos educado a los obreros para que paguen cotizaciones a los sindicatos y al partido. No queremos que el partido, al que ponemos por delante de todo, caiga en la dependencia de los sindicatos o de las cooperativas. (Viva aprobación.) El desarrollo del movimiento cooperativo en Bélgica fue distinto que entre nosotros, y por eso ha entrado en otros derroteros. Al camarada Wibaut le gusta más una cooperativa pequeña compuesta solo de socialistas que una grande. Nosotros, por el contrario, pensamos que las cooperativas solo pueden hacer algo por el socialismo cuando son grandes. (Viva aprobación.) Por eso no cerramos a nadie el camino a la cooperativa. Decimos a todos: ¡entrad y haceos cooperativistas! Nosotros, como socialistas, ya nos encargaremos de que las cooperativas se desarrollen con espíritu socialista. Así la cooperativa se convierte para nosotros en un arma en la lucha de clases. También para los camaradas ingleses pueden llegar a serlo, si cumplen con su deber. La voluntad de actuar es lo principal. (Vivos aplausos.)

Borgbjerg (Dinamarca):101 En nombre de la delegación escandinava puedo declarar que estamos unánimemente a favor de la resolución de la comisión. La votamos con orgullo y alegría: es, en efecto, una ciudad escandinava la que dará su nombre a esta resolución, y con esta resolución la socialdemocracia internacional toma posición práctica y teórica en la cuestión cooperativa. Los delegados suecos habrían preferido la resolución alemana sin cambios, y los noruegos la resolución belga; pero, puesto que los alemanes y los belgas están de acuerdo con la resolución presentada, los suecos no quieren ser más alemanes que los alemanes ni los noruegos más belgas que los belgas. A nosotros, los daneses, la resolución de compromiso, tal como está, nos parece especialmente adecuada. Las relaciones que en ella se piden entre las cooperativas y el partido son exactamente las mismas que existen aquí en Dinamarca entre la socialdemocracia y los sindicatos. Ambos movimientos son del todo autónomos. Pero marchan hacia la victoria, unidos por vínculos personales e imbuidos del mismo espíritu, el espíritu del socialismo. (Aplausos.) La resolución no representa más que una forma más desarrollada del acuerdo que el congreso obrero escandinavo adoptó por unanimidad en 1907.

Siempre se dice que los socialdemócratas daneses, y los escandinavos en general, son muy oportunistas, y eso es en efecto cierto. Pero oportunismo no significa moderantismo (moderación). (Aplausos.) Somos de la opinión de que la socialdemocracia será tanto más radical cuanto más oportunista sea, cuanto más se haga cargo de las realidades vivas, cuanto más influencia trate de conquistar en la vida social y política. El socialismo es para nosotros más que una simple teoría, es una fuerza viva; en cuanto la clase obrera está imbuida de espíritu socialista y ve ante sí el día de su completa emancipación, podemos emplear sin peligro alguno todos los medios que existen en la lucha por la emancipación. Los viejos marxistas franceses enseñaron a los obreros a convertir el sufragio universal, de medio de engaño al servicio de la burguesía, en un arma de la lucha de clases. Desde ese momento la burguesía no quiere saber nada más del sufragio universal. Del mismo modo hemos hecho de los sindicatos un instrumento principal del movimiento obrero general que conduce a una sociedad nueva y superior. Desde entonces ha desaparecido también el miedo al carácter conservador de los sindicatos. Del movimiento cooperativo queremos hacer un instrumento en manos de toda la clase obrera. Hay que descubrirse ante los viejos que lucharon y sufrieron para infundir a la clase obrera el espíritu del socialismo internacional. Ese espíritu ha penetrado ahora en el corazón de diez millones de obreros, y ya somos lo bastante fuertes para utilizar tanto el sufragio universal como los sindicatos y las cooperativas. Perjudicaríamos los intereses obreros si no quisiéramos utilizar todos los medios disponibles. (¡Bravo!) La teoría socialista no debe conducir a la esterilidad. No somos fatalistas, y Marx menos que nadie. Él dijo, en efecto, que la emancipación de los obreros ha de ser obra de los obreros mismos. Cuanto más fuerte se hace la clase obrera, cuanto más se eleva, tanto más nos acercamos a nuestro objetivo final. Las reformas no hacen a los obreros más moderados, sino más radicales, más exigentes. El apetito viene comiendo. Los sindicatos daneses han superado la última crisis sin pérdida de afiliados y sin empeoramiento de las condiciones de trabajo; al contrario, no han dejado de crecer en fuerza y en número. La ley de bronce de los salarios, por fortuna, no existe. Si la clase obrera descendiera cada vez más en la escala social, no podríamos derribar la sociedad actual. Aunque estallara una revolución fortuita, no podríamos organizar y administrar la nueva sociedad. El proletariado tiene que llegar a ser una clase obrera ilustrada y bien organizada, plenamente consciente del objetivo que se trata de alcanzar. Esa transformación de la clase obrera es la obra de la socialdemocracia. Queremos desarmar a la burguesía, quitarle todas sus armas; en manos de la clase obrera ponemos el sufragio universal, la libertad de coalición, la idea cooperativa, la emancipación intelectual. Pero la burguesía se asusta y trata de apagar sus propias libertades, su propia civilización. La legalidad la mata, las libertades son su ruina; nuestra divisa ha de ser, pues: ¡siempre adelante con todos los medios, animados por nuestra gran idea!

Las cooperativas están, pues, muy lejos de ser instrumentos auxiliares de la burguesía. Al contrario, el movimiento cooperativo perturba los intereses de la burguesía. Nuestra lucha sindical y cooperativa une sus elementos en un bloque reaccionario mucho más que nuestra lucha política. Pero si yo dijera a los obreros: «el movimiento cooperativo basta por sí solo, tenéis que abandonar la lucha sindical y la política», la burguesía me alabaría. Pero si recomendamos a los obreros los tres medios a la vez, la burguesía se indigna, tanto la pequeña como la grande. Quizá podríamos obtener más votos en las elecciones si quisiéramos hacer gala de un radicalismo que rechazara y condenara las cooperativas. Pero entonces nos condenaríamos a nosotros mismos. Benoît Malon102 dijo una vez que queremos ser siempre reformistas, pero también siempre revolucionarios cuando las circunstancias lo exijan. Sí, precisamente en nuestro trabajo práctico y con nuestra lucha diaria somos revolucionarios. Las reformas preparan la revolución. La clase obrera refuerza sus medios de poder al utilizar como arma el movimiento sindical y cooperativo y la papeleta de voto para conquistar el poder público, con el propósito de expropiar a los expropiadores y fundar una sociedad nueva sobre la base de la propiedad colectiva y de la solidaridad del pueblo y de los pueblos. (Vivos aplausos.)

Tiene la última palabra

el Dr. Karpeles (Austria): Rogó al congreso que no introdujera ningún cambio en el texto de la resolución, cuidadosamente sopesado. No quería entrar en la disputa entre Wibaut y v. Elm, puesto que la resolución presentada permitía evidentemente tanto a los alemanes como a los belgas proseguir a su manera de siempre el trabajo cooperativo, del todo en el espíritu de la Internacional. Había sido muy curioso que el delegado inglés Irving dijera que había creído no poder votar a favor de la resolución porque en ella figuraba que en las cooperativas no debía debilitarse el espíritu del socialismo, porque en las cooperativas inglesas tal espíritu no existía en absoluto. Pero eso era completamente falso. No solo una serie de camaradas escoceses entregaban ya cotizaciones directas al partido político, sino que las cooperativas inglesas habían nacido precisamente del espíritu del socialismo. Pues el desarrollo de las cooperativas de Inglaterra estaba unido al gran nombre de Robert Owen,103 que fue el primero en plasmar su pensamiento social en la fundación de cooperativas. Y si las cosas habían cambiado, si hoy en las cooperativas inglesas ya no vivía el espíritu del socialismo, la culpa era de los socialdemócratas actuales, que, en vez de colaborar en las cooperativas, no habían hecho más que criticar desde fuera y habían mirado por encima del hombro, con compasión, burla y escarnio, a los camaradas que habían trabajado en las cooperativas en favor de la clase obrera. Les ruego que aprueben la resolución por unanimidad. (Aplausos.)

El congreso aprueba la resolución entre vivas muestras de aplauso, con muy pocos votos en contra.

El presidente, Klausen: Pasamos ahora a fijar la fecha y el lugar del próximo congreso internacional.

Huysmans propone aceptar la invitación de toda la delegación austriaca para reunirse en Viena en 1913.104

Viktor Adler (recibido con aplausos atronadores): Si la delegación austriaca ha creído poder atreverse a invitar a Viena al Congreso Internacional Socialista y Sindical, sabía que pedía para sí una buena dosis de responsabilidad y una buena dosis de honor. Los congresos socialistas internacionales se desplazan poco a poco del Oeste hacia el Este. Nos hemos reunido en París, Londres, Zúrich, Bruselas, Ámsterdam, Stuttgart, ahora en Copenhague, y queremos ir luego a Viena. Somos conscientes de que hacemos un gran cumplido a la vieja ciudad austriaca al dirigirles a ustedes esta invitación, y si el congreso confirma ese cumplido, bien podrá decirse que a la vieja ciudad imperial de Viena no le cantaron en la cuna que iba a acoger entre sus muros al Congreso Socialista Internacional. (Grandes risas.) Si vienen ustedes, encontrarán un partido que se ha fortalecido en una lucha dura, reconocerán que Viena no es solo una ciudad imperial, sino que se ha convertido también en un centro de la socialdemocracia, que la bandera roja ha sido plantada en Viena por las manos vigorosas de los proletarios de todas las lenguas de Austria. (Aplausos atronadores.) Sé que Viena tiene fama de alegría, del son de la música, de la Gemütlichkeit, de la amabilidad, de la alegría de vivir. Yo sería el último en destruir o censurar esa fama de Viena. Pero también podemos reivindicar para nosotros que no solo tenemos amabilidad, no solo Gemütlichkeit, sino también ganas de trabajar y alegría en la lucha proletaria. (Nuevos aplausos atronadores.) Viena no es solo un foco de la reacción, sino también un foco de la lucha de clases, de una lucha de clases tan dura como la que pueda librarse en cualquier otro país capitalista. Si aceptan nuestra invitación, camaradas de partido, créannos que haremos cuanto esté en nuestras fuerzas. Aquí en Copenhague es difícil, desde luego, prometerles una buena acogida, pero Copenhague está, sencillamente, hors de concours. En todo caso, reciban la seguridad de que encontrarán entre nosotros, en Austria, una auténtica masa socialdemócrata, un auténtico sentimiento revolucionario, viejos luchadores resueltos, auténticos internacionalistas. (Aplausos atronadores.) Con ese espíritu les saludamos. Y permítanme añadir que la invitación parte de toda la sección austriaca y que estamos convencidos de que en Viena encontrarán ustedes un partido de conjunto de la socialdemocracia austriaca, unido. (Aplausos atronadores y repetidos.)

La propuesta de celebrar el próximo Congreso Socialista Internacional en Viena en 1913 fue aprobada por unanimidad.

Molkenbuhr: El congreso toca a su fin, y es nuestro deber acordarnos también de quienes se han tomado tanto trabajo y esfuerzo con este congreso. Quien haya venido de Alemania a Copenhague se habrá visto sin duda gratamente sorprendido a este respecto. Si en la guía de viaje de Grieben105 se dice que en Copenhague hay nueve meses de invierno y tres meses que no son verano, eso tiene que haberlo escrito un hipocondríaco incurable y un calumniador de oficio. Tantos días de sol hermosos como aquí no los habíamos visto en todo este verano. (Grandes risas y vivos aplausos.) Así pues, bien puedo decir que esta naturaleza alegre ha encontrado su contrapartida en el arte con que nos hemos encontrado aquí. La cantata con la que se abrió el congreso el domingo por la mañana, y que representó de manera tan magnífica la acción armoniosa conjunta de los proletarios de todos los países, no ha tenido igual en ningún congreso internacional. A la agradable y hermosa apertura siguieron, uno tras otro, acontecimientos agradables, ofrecimientos sorprendentes de los camaradas de partido daneses, sobre todo el desfile, que mostró cuántos obreros organizados hay en Copenhague. (Vivos aplausos.) El gran número de organizaciones diversas que desfilaron bajo sus banderas atestiguó a qué altura se encuentra el proletariado danés y que hoy puede reivindicar el derecho de ser un batallón de la vanguardia en el gran ejército del proletariado internacional. (Aplausos atronadores.)

Hemos pasado aquí una semana muy agradable y les agradecemos todo lo que nos han ofrecido. En nombre de las delegaciones de lengua alemana, permítanme, pues, dar las gracias a los camaradas daneses. Pero acordémonos además del hombre que es el eslabón de unión en la Internacional, nuestro secretario Huysmans. (Aplausos atronadores y prolongados.) Con su duro trabajo ha demostrado aquí de qué rendimiento es capaz un hombre cuando lo sostienen el entusiasmo y la firme voluntad de realizar grandes cosas. (Vivos aplausos.) Permítanme también expresar nuestro agradecimiento a los traductores, que han hecho posible que todos hayamos obtenido una visión completa del conjunto de los debates. Antaño los pueblos del Norte que viven aquí eran temidos por los demás cuando salían en expediciones de conquista. De la vieja índole vikinga se conserva todavía algo en los daneses de hoy. Se han ganado el afecto de todos los que hemos venido aquí a Copenhague. (Aplausos atronadores.) Así como hemos aprendido además de los daneses, tomándolos como modelo, en materia de fuerza organizada, queremos pagarles nuestra deuda de gratitud siguiendo trabajando en nuestra patria con el mismo espíritu. Así sembramos una semilla que dará fruto en un futuro lejano, y cuando esos frutos maduren, tampoco faltará el nombre de Copenhague, porque aquí un proletariado fuerte y consciente de sus fines ha contribuido a hacer avanzar el movimiento internacional. (Vivos y atronadores aplausos.)

Los discursos de clausura no se traducen a las tres lenguas del congreso, sino que solo Branting los reproduce en cada una de las lenguas escandinavas.

En nombre de las delegaciones de lengua inglesa habla, recibido también con aplausos atronadores,

Hillquit (América): Las delegaciones americanas, por la situación de sus países, estaban más apartadas que las de los demás pueblos del trato personal con los camaradas de todos los países. Para ellas el Congreso Socialista Internacional tenía por eso una importancia aún mayor y un significado más alto, no por los acuerdos y las medidas prácticas, sino por el espíritu de la fraternidad proletaria, por el reencuentro personal con los camaradas de todos los países. Por eso habían hecho el largo viaje de hasta 4000 millas, pero habrían recorrido también una distancia tres veces mayor para sentirse de nuevo unidos al conjunto del proletariado internacional. Si dirigimos la mirada a esas asambleas que representaban a treinta o cuarenta millones de obreros y obreras organizados en sindicatos, cooperativas y organizaciones políticas, y si luego volvemos la mirada a la historia del movimiento y a su crecimiento incontenible pese a todas las persecuciones, tenemos que decirnos que este movimiento es en sí mismo una garantía de nuestro triunfo seguro.

La historia no puede crear un movimiento como el nuestro, tan universal, tan unido, que avanza de manera tan irresistible, para dejarlo luego perderse sin resultado en la arena. El Congreso de Copenhague significa un hito en la historia del socialismo. Que haya alcanzado esa importancia se lo debemos sobre todo a los camaradas daneses, que nos han hecho posible el éxito de esta reunión. Por eso, en nombre de la delegación de habla inglesa, doy a los camaradas daneses nuestras más calurosas gracias. (Vivos aplausos.) Una palabra de agradecimiento debemos dirigir también al camarada Huysmans, a quien precisamente la delegación americana y sus numerosos invitados han atormentado más que nadie. Por su bondadoso trato a todos los importunos le estamos especialmente agradecidos. Permítannos terminar con un agradecimiento al presidente de nuestro Buró, que, a su manera abnegada y siempre amable, ha dirigido nuestros debates y los ha llevado a este final: el camarada Vandervelde. (Aplausos atronadores, reiterados y repetidos.)

Jaurès (saludado con vítores de júbilo): En todas las formas de su acogida, los camaradas daneses nos han hecho sentir no solo la fuerza de la solidaridad internacional, sino también la cautivadora y conmovedora amabilidad del pueblo danés. El otro día, cuando vimos pasar por las calles de Copenhague el maravilloso desfile del domingo por la tarde, tan poderoso y a la vez tan vivo, tan alegre de colores y pintoresco con sus muchas banderas de colores y sus flores variopintas, sembrado del verde fresco de las ramas, me dije que podríamos gritar a los capitalistas las palabras que figuran en el Macbeth de Shakespeare: caerás cuando este bosque se mueva contra ti.106 (Aplausos atronadores durante varios minutos.) En efecto, un bosque de proletarios se ha puesto aquí en movimiento contra el capitalismo dominante, y en una lucha admirable avanza el partido danés, unido, a partir de la libre asociación de todas las formas de organización y de acción en el terreno cooperativo, sindical y político, en un gran partido bajo el espíritu de la democracia y del socialismo. (Aplausos atronadores y prolongados.) Este espíritu danés de unidad ha impregnado también todo el trabajo del congreso, y por eso nunca un congreso socialista ha estado tan dominado por el espíritu de la unidad socialista como el Congreso de Copenhague. En la cuestión sindical hemos dirigido a los checos y a los austroalemanes el deseo apremiante de que su disputa no rompa el vínculo de la unidad. Y si el camarada Adler ha dicho que dentro de tres años volveremos a encontrar en Viena un partido socialdemócrata de Austria completamente unido, esperamos que su palabra se haga pronto realidad. No queremos que los camaradas checos se vayan de aquí con ningún sentimiento de amargura, porque hemos admirado aquí su fuerza, su frescura, su sentimiento de conciencia de clase y su mentalidad internacionalista, y no quisiéramos perder ninguna fuerza internacional en la Internacional. (Aplausos.) Hemos confirmado además la unidad en los trabajos sobre las cooperativas, al recomendar a todos los países adheridos que llenen las cooperativas del espíritu del socialismo. Con insistencia hemos hecho resonar el llamamiento a la unificación de todos los partidos socialistas. Fue aquel año en que, en Ámsterdam, muchas naciones manifestaron su afecto por Francia acordando la unificación antes de que nosotros mismos la hubiéramos realizado.107 (Risas.) Les estamos agradecidos por esa prueba de simpatía y hemos ejecutado su acuerdo con la autoridad de la disciplina libre. Que de esa autoridad de la disciplina libre se llenen también los partidos de todos los países que todavía hoy no están unificados, para que los proletarios del mundo entero se presenten unidos.

Por último, hemos expresado aquí con fuerza la unidad de los pueblos, la unidad de las naciones de todo el mundo. La Internacional mostró ayer que se toma en serio las resoluciones de Ámsterdam y Stuttgart, y que está dispuesta a actuar con todos los medios, como ha dicho Branting, también con los medios más extremos, contra todas las tentativas de diversión bélica de los gobiernos y de la burguesía, que con seguridad no nos serán ahorradas. Tenemos claro que tampoco nos serán ahorrados agitados estados febriles de los pueblos para combatir el vértigo nacionalista. Pero sabemos también que el poder creciente del proletariado, que se organiza cada vez mejor en los parlamentos y en los sindicatos, está en todos los países cada vez más en condiciones de reducir el estallido de la guerra mediante el grito por la justicia social. (Vivos aplausos.) El camarada Ledebour recordó ayer el cuadragésimo aniversario de la batalla de Sedán y despertó los trágicos recuerdos que son comunes al pueblo alemán y al francés. Podemos hablar de ese aniversario sin apuro ni vergüenza. Puedo repetir lo que ya he dicho tantas veces en otros lugares: que en 1870 ambos pueblos fueron vencidos, porque la democracia de ambos países no estuvo a la altura de su tarea. Nosotros, los franceses, fuimos derrotados, pero también vosotros, los alemanes, sufrís todavía hoy las consecuencias de la victoria de 1870, que trajo a Alemania un brutal régimen del sable. La guerra tenía que estallar porque la burguesía francesa y la alemana habían fracasado por completo: la burguesía francesa en 1851, cuando, en su primer susto ante el movimiento autónomo del proletariado, se echó en brazos de Napoleón III; la burguesía alemana, cuando se mostró incapaz de llevar la revolución alemana de 1848 hasta la unificación de Alemania. Por eso Bismarck tuvo que realizar con sangre y hierro lo que la democracia no había podido lograr en Alemania. Pero los proletarios de ambos países no fracasarán como lo ha hecho la burguesía de ambos países. Unidos, estamos resueltos a ponerlo todo en juego para alcanzar la victoria de la justicia social y la emancipación de los obreros del mundo entero. Juntos estamos resueltos a propagar el grito de los pueblos explotados, que también aquí ha vuelto a resonar, hasta la victoria completa del socialismo. (Aplausos atronadores durante varios minutos y vivas a Jaurès.) Imbuidos de este espíritu de unificación, también nosotros, los franceses, damos las gracias una vez más a nuestro secretario Huysmans y a los camaradas daneses por la amable acogida. ¡Viva el proletariado danés, viva la socialdemocracia danesa, viva la Internacional! (Aplausos atronadores.)

Branting (Suecia) da las gracias al congreso en nombre de las delegaciones noruega, finlandesa y sueca por la amable acogida y por las muchas atenciones que se les han dispensado durante el congreso. Los tres pueblos no habían podido seguir bien los debates en ninguna de las lenguas del congreso, pero por eso mismo se habían visto más estrechamente agrupados en los Estados escandinavos que tienen en común. Junto a la gran Internacional y dentro de la gran Internacional había además una hermandad escandinava particular. Cuanto mejor se agruparan los pueblos escandinavos, más fácil les sería hacer valer su importancia como fuerza intelectual, y como fuerza intelectual encontrarían su derecho en la Internacional. ¡Viva la unidad escandinava de todo el proletariado! (Aplausos atronadores.)

El presidente, Klausen: Estamos a punto de clausurar el VIII Congreso Socialista Internacional. Los delegados se irán de aquí y seguirán trabajando en la obra de la ilustración y de la organización, cada uno en su país. La lucha por la gran causa del socialismo se proseguirá después de este congreso con más energía todavía que antes de él. En este momento, permítanme expresarles, en nombre de los obreros de Copenhague, que nunca habían visto entre sus muros un congreso tan grande y poderoso, el más cordial agradecimiento por su venida. Permítanme expresarles el agradecimiento de la socialdemocracia de Dinamarca, que se ha visto alentada y recordará siempre estos días con alegre orgullo. Espero que estén ustedes satisfechos con la acogida que han encontrado aquí en la medida de nuestras fuerzas. Esperamos que recuerden siempre con sentimientos amistosos su estancia en nuestro país. Las naciones están separadas por muchas cosas: por la lengua, las costumbres, el Estado y la religión. Pero todos estamos unidos en la resolución de seguir actuando y luchando siempre por la victoria del proletariado de todos los países. (Aplausos atronadores.)

Vandervelde: En este momento en que el congreso llega a su fin, quiero expresar los sentimientos que me animan, porque sé que todos ustedes los comparten. Hemos vivido aquí días inolvidables. Hace un momento, cuando Jaurès, con sus poderosas palabras, hacía desfilar ante nuestros ojos el trabajo del congreso, he tomado conciencia de que hemos vivido aquí una semana de amistad, de trabajo y de lucha: una semana de amistad, que nos ha unido a nuestros anfitriones daneses y que, al cabo de los años, ha vuelto a reunir a todos los adalides de la Internacional. Cuando nos encontramos de tres en tres años, cada vez más fuertes y poderosos, vemos en los rostros de los compañeros de lucha las huellas de las pruebas y las luchas que los partidos han atravesado en los tres últimos años. Hemos vivido una semana de trabajo, de trabajo serio y muy intenso, de discusión muy abierta, para acercarnos cada vez más a nuestro objetivo, impulsar cada vez más nuestro movimiento y hacer cada vez más poderosa nuestra acción. Y hemos vivido una semana de lucha, una semana de la lucha más noble que existe, una semana de la más grande y sagrada contienda. Hemos discutido sobre el modo de impulsar mejor la emancipación del proletariado. Pero en el objetivo de promover la redención de toda la humanidad hemos estado siempre de acuerdo. (Aplausos atronadores.) Los pueblos atrasados han mirado con orgullo a los pueblos en los que el capitalismo es ya poderoso y ha engendrado un enorme ejército socialdemócrata, los pueblos en los que la socialdemocracia es fuerte. Pero también hemos aprendido en este congreso que toda la fuerza de la organización no es nada sin la fuerza entusiasmadora del socialismo revolucionario, sin la entrega a nuestra gran causa y sin el espíritu de sacrificio para ponerlo todo en juego por su victoria. Por eso, ahora que nos separamos, gritamos: ¡Viva el socialismo, viva la Internacional liberadora del proletariado! (Aplausos atronadores y prolongados.)

¡Queda clausurado el VIII Congreso Socialista Internacional!

Los franceses entonan la Internacional; después, los austriacos el Canto del Trabajo,108 los alemanes la Marcha de los Socialistas, y los suecos, daneses, noruegos e ingleses sus canciones de lucha. Al final todo el congreso canta, en una tempestad de entusiasmo, la Internacional y se disuelve al grito de: ¡Viva la Internacional del trabajo! ¡Viva la socialdemocracia revolucionaria!

Por la noche se celebró la fiesta de despedida en el Ayuntamiento de Copenhague.

Las comisiones

Primera comisión: cooperativas. Primera sesión

La comisión elige al camarada Anseele109 presidente y a v. Elm secretario.

Bertrand110 (Bélgica) defiende la resolución presentada por la sección belga. El partido socialdemócrata belga ha fundado sindicatos y cooperativas, y con ello ha hecho grandes progresos. Los belgas reconocen que las condiciones difieren de las de otros Estados y comprenden en particular la evolución de Alemania, donde la ley impide a las cooperativas adherirse al partido. Pero creen que su proceder es deseable para todos los Estados y que, por tanto, convendría fomentarlo aprobando su resolución.

v. Elm expone: Nosotros, los alemanes, no consideramos que el ejemplo belga sea digno de imitarse en nuestro caso. En Alemania los tres movimientos, partido, sindicato y cooperativa, están separados. Si se intentara unir el partido y las cooperativas, el partido caería sin duda en una dependencia respecto de la cooperativa, lo que con seguridad no iría en interés del partido. Dejaría de ocurrir que cada obrero se sienta obligado a hacer sacrificios económicos y morales por los tres movimientos. Hay que educar a los obreros en la idea de que deben apoyar en todos los sentidos al partido político para mantenerlo independiente y fuerte. A las cooperativas les interesa reunir en su seno a todos los consumidores, sin distinción política, económica ni religiosa. Somos, desde luego, de la opinión de que las cooperativas deben ponerse en lo posible al servicio del movimiento obrero, y si los obreros lo quieren, también pueden lograrlo. En Hamburgo, por ejemplo, la «Produktion» hace por el movimiento obrero y por los obreros por lo menos tanto como las cooperativas de otros Estados. No queremos en modo alguno rebajar los méritos de los belgas, pero el congreso no debería adoptar para cada país acuerdos vinculantes en cuestiones de detalle. Se trata de establecer las directrices para el objetivo que hay que perseguir en común.

Karpeles (Austria): Aunque no podemos trasladar a Austria el ejemplo belga, no dudamos en reconocer en alto grado los méritos de los belgas, y los camaradas Bertrand y Anseele pueden ver hoy una satisfacción en que el Congreso Internacional discuta la cuestión cooperativa, por la que durante años fueron objeto de burla. En el congreso tenemos que procurar que, ante todo, se exhorte a los obreros a ingresar en las cooperativas de consumo, no por su ventaja personal, sino por la gran causa de sus aspiraciones. Antes de eso no podemos imponer normas a nuestras cooperativas de consumo, que por lo demás no lo tolerarían en absoluto. Es imposible exigir, según la resolución alemana de Hannover111, que las cooperativas sean una parte del movimiento del partido. Primero tenemos que procurar que los socialistas abran paso a sus aspiraciones en las cooperativas de consumo. Entonces, en un congreso posterior, podremos ir más lejos.

Héliès (Francia) está de acuerdo con v. Elm. En Francia la cooperativa fue fundada por el partido; por eso la evolución en Francia es distinta de la de Bélgica. El congreso debería, por tanto, dejar libres los caminos futuros a todos los Estados salvo Bélgica.

Anseele (Bélgica): No es cierto que los belgas quieran limitar la autonomía de las cooperativas. En Bélgica las cooperativas son autónomas. Hay que aclarar la cuestión: ¿qué es la neutralidad? En las huelgas y en las luchas económicas y políticas las cooperativas deben tomar partido por los obreros, es decir, abandonar la neutralidad. El congreso tiene derecho a señalar también a las cooperativas los caminos que deben seguir. La cooperativa no es socialismo en sí misma; en el aspecto financiero, industrial y comercial no es más que una institución capitalista. Por eso tenemos que expresar que las relaciones entre las cooperativas y el partido, si no orgánicas, deben ser al menos íntimas. Formularlo es cuestión de redacción, y habrá que encargar a una comisión que elabore una propuesta.

Spargo112 (Estados Unidos): En América la cuestión cooperativa fue durante mucho tiempo una cuestión teórica. Eso ha cambiado desde el Congreso Internacional de Stuttgart. Pero en América todavía no ha prosperado ninguna gran cooperativa de consumo. Hasta ahora solo se ha logrado mantener asociaciones de inmigrantes de la misma lengua, de negros, etc. — Para América no debería prescribirse una unión orgánica entre el partido y las cooperativas, sino que debería buscarse una combinación de la resolución belga y la francesa.

Primera comisión: cooperativas. Segunda sesión, martes 30 de agosto

v. Elm expone: Karpeles se queja de la neutralidad del partido alemán. Nosotros estábamos plenamente satisfechos con la resolución de Hannover. Neutralidad no es una buena expresión; da lugar a malentendidos. En las cooperativas necesitamos también a quienes no son miembros del partido. En el partido no necesitamos dinero de los sindicatos ni de las cooperativas. Hemos educado a nuestros camaradas de partido para que paguen sus cuotas de su propio bolsillo. Pero no queremos poner piedras en el camino de las cooperativas extranjeras, y por eso no se debe exigir ahora nada que no puedan cumplir. Neutralidad no significa abstenerse de toda política. Neutralidad no significa hostilidad al socialismo. La lucha contra el encarecimiento de los precios, etc., obliga también entre nosotros a las cooperativas a hacer política. Anseele ha dicho que, si una cooperativa de consumo tiene millones y no los entrega para una huelga, eso es traición. Eso lo ha dicho el hombre de partido, no el cooperativista. ¿Qué pasó, pues, con la huelga general sueca? (Anseele: ¡Bélgica!) Sí, somos internacionales, ¿no? Estamos obligados a considerar nuestra cualquier huelga cuando tiene tan enorme importancia. Por eso no es traición si en tales casos no debilitamos las cajas de las cooperativas, que tienen que alcanzar su propio fin y que sin medios no pueden alcanzarlo. Ni siquiera el partido da su dinero para todos los fines.

v. Elm (Alemania) presenta la siguiente resolución:

En la organización cooperativa de los consumidores, estos obtienen la mercancía a precio de coste, con eliminación de la ganancia del comercio intermediario, que encarece la vida, igual que en la producción propia cooperativa obtienen los productos sin el beneficio del empresario privado. Ambas organizaciones son también adecuadas para hacer frente a las tendencias alcistas de los precios, en particular a las de los cárteles y trusts. Todas las empresas cooperativas deben estar organizadas de manera ejemplar en lo que se refiere a las condiciones de salario y de trabajo y en el aspecto sanitario. — Tienen el deber de influir también en este sentido sobre las condiciones de trabajo de sus proveedores y de apoyar así a los obreros en sus luchas económicas. La organización cooperativa de los consumidores es también uno de los medios de mostrar a las mujeres el valor de la organización, de educar a las masas en la autoadministración democrática y de llevar la organización de la distribución de mercancías, como la de la producción, al grado más alto de desarrollo. Por eso la organización cooperativa de los consumidores y las cooperativas de producción a ella vinculadas deben considerarse un medio para la democratización y socialización de la sociedad. El congreso declara que en la lucha contra el capitalismo es necesaria la acción unitaria de la organización política, sindical y cooperativa, si bien cada una de las tres organizaciones tiene que cumplir por su parte tareas particulares y por eso cada una debe ser independiente en sus decisiones. Si las cooperativas deben apoyar directamente con sus fondos al movimiento político y sindical, y en qué medida, es algo que debe dejarse a su propio criterio. La mejor manera de poner la organización cooperativa al servicio de los fines del movimiento obrero en general es que los excedentes no se destinen en primer lugar al retorno a los socios, sino a acumular medios propios para la producción propia y a formar fondos de emergencia y de socorro para los socios.

Por todas estas razones, el Congreso Socialista Internacional de Copenhague recomienda a todos los camaradas organizados política y sindicalmente que fomenten la organización cooperativa de los consumidores adhiriéndose a ella y abasteciéndose en ella de manera permanente, y que se opongan a toda fragmentación de la misma por motivos religiosos, nacionales y políticos.

Vandervelde rechaza el reproche que v. Elm ha dirigido a los obreros belgas a propósito de la huelga general sueca. Estos cumplieron con su deber. Hay que decir expresamente que en las tres organizaciones debe reinar un mismo pensamiento; no una adhesión orgánica, pero sí la unión más estrecha posible. Eso es aún más necesario en las cooperativas de consumo que en los sindicatos. En los sindicatos solo pueden ingresar obreros. Ya hacen de por sí lucha de clases. Pero en las cooperativas puede ingresar cualquiera, también elementos burgueses que no piensan de modo socialista. Renuncia a las cuotas al partido. Las da por perdidas: no son más que 10 céntimos por año y por socio. Lo decisivo es que las cooperativas de consumo tienen que ser organizaciones de la lucha de clases. Los obreros alemanes ya se encargarán de que las cooperativas de consumo sigan siendo socialistas; las asociaciones alemanas hacen socialismo y no lo dicen. Las belgas hacen lo mismo, pero además lo dicen; en los países más pequeños, donde el movimiento socialista no es tan fuerte, hay que subrayar más la lucha de clases.

Thomas113 (Francia): Precisamente porque las cooperativas como tales no son socialistas, tenemos que hacerlas socialistas. En Francia el camino de los belgas conduciría a una ruptura peligrosa. Recomienda la resolución francesa, porque aboga también por cultivar la internacionalidad.

Guesde (Francia) habla en nombre de la minoría francesa. Es necesaria la conquista del poder político. La cooperativa solo es buena si favorece ese objetivo; es decir, no se trata de negarla, sino únicamente de asignarle el lugar que le corresponde. En Alemania las cooperativas de consumo son sociedades anónimas de pequeñas acciones. v. Elm ni siquiera ha intentado mostrar en qué consiste el socialismo de las cooperativas. Thomas ha dicho, sin embargo, que el reparto del beneficio neto se hace según el consumo. Eso es capitalista. No solo tenemos que decir a los obreros que deben afiliarse; tenemos que decirles también que deben utilizar las cooperativas en la lucha de clases.

Whiteley (Inglaterra) expone que también las cooperativas de consumo inglesas han actuado ya políticamente, que han participado en el comité parlamentario. También a los sindicatos les dedican su interés. Pero, por otra parte, los socialistas no han hecho hasta ahora nada por las cooperativas de consumo. En el futuro sí lo harán, y llevarán así el socialismo a la cooperativa.

Karpeles (Austria): Si el camarada v. Elm ha preguntado qué ha logrado el sistema belga, remito al movimiento austriaco, que pese a su juventud ya puede mostrar resultados. Solo desde el día en que el partido político declaró que todo miembro del partido debía ser socio de la cooperativa de consumo se han desarrollado las cooperativas. Es cierto que las cooperativas de consumo austriacas están abiertas a todo el mundo. Pero en la dirección del partido se sienta un delegado de las cooperativas de consumo, y a la inversa. Las disposiciones legales son entre nosotros como en Alemania; pero no nos impiden cumplir con nuestro deber en las elecciones, también con aportaciones al partido. Educamos a nuestros socios para que ya no estén pendientes del dividendo. Los educamos en el espíritu del socialismo. Por eso no exigimos aportaciones a las cooperativas, pero en el espíritu estamos plenamente de acuerdo. Esta es la base de nuestro progreso.

Wurm114 (Alemania): Lo principal es la educación para la lucha de clases. Quien crea que el dinero de las cooperativas de consumo o de una cooperativa puede ser útil a un partido se equivoca. No podemos comprar victorias políticas con dinero; por eso estamos en contra de que las cooperativas de consumo estén obligadas a cotizar al partido político. Cada miembro del partido debe dar por sí mismo, con su propio consentimiento moral. La forma depende en cada país del grado de educación política; por eso es necesaria la mayor libertad de movimiento. Estaría muy bien que hubiera una sola organización, pero la clase obrera todavía no es homogénea; por eso tenemos que insistir en la separación, que sin embargo no queremos imponer a los demás. Nuestras cooperativas deben su auge únicamente a la socialdemocracia. No debemos perder nunca de vista que solo han de ser un medio para la lucha de clases, que no son eficaces sin el espíritu de la lucha de clases. Tengo la impresión de que en las propuestas que vienen de Bélgica y de Francia lo que se desea es ayudar no a la cooperativa, sino al partido. Se quieren miembros forzosos para el partido. Allí, quien compra en la cooperativa de consumo es miembro del partido. Nosotros somos más prudentes: solo queremos miembros del partido convencidos. Por eso tampoco queremos que se nos impongan fórmulas que no se adaptan a nuestras condiciones.

Balabanoff115 (Italia) se pronuncia por la separación de los tres movimientos.

Krogh (Noruega) informa de que en Noruega las cooperativas han funcionado hasta ahora con criterios burgueses. Pero si actuaran en el sentido belga, también los obreros participarían en ellas. La mayoría de los noruegos comparte el punto de vista de la resolución belga.

Modraszek116 (Bohemia) vota por la resolución francesa. Está en contra de la resolución alemana porque podría dar lugar a malentendidos.

Sjöström (Suecia) se declara a favor de la resolución alemana y en contra de la belga.

Wibaut (Holanda): v. Elm ha dicho que las cooperativas holandesas no obtienen buenos resultados porque siguen el sistema belga. Pero nuestro movimiento es solo relativamente pequeño y débil porque el partido es pequeño y débil.

Con esto se cierra la discusión. Se formó una subcomisión de la que forman parte, entre otros: v. Elm, Jaurès, Karpeles, Wibaut, Anseele.

Primera comisión: cooperativas. Última sesión, jueves 1 de septiembre

La comisión se reunió hoy a las tres de la tarde para su sesión de clausura. La subcomisión presentó la siguiente resolución de compromiso:

«Considerando que las cooperativas de consumo no solo pueden proporcionar a sus miembros ventajas materiales mediatas, sino que están llamadas a fortalecer económicamente a la clase obrera, eliminando a los intermediarios y produciendo por sí mismas para el consumo organizado, y a mejorar su nivel de vida, a educar a los obreros para que dirijan por sí mismos sus asuntos y a contribuir así a preparar la democratización y socialización de la sociedad, el congreso declara que el movimiento cooperativo, aunque nunca puede por sí solo emancipar a los obreros, puede ser un arma eficaz en la lucha de clases que los trabajadores libran por alcanzar su objetivo inmediato —la conquista del poder político y económico para socializar todos los medios de producción y de cambio—, y que la clase obrera tiene el mayor interés en servirse de esa arma. Por eso el congreso exhorta a todos los miembros del partido y a todos los obreros organizados sindicalmente a hacerse y seguir siendo miembros activos del movimiento cooperativo de consumo y a actuar en las cooperativas con espíritu socialista, para impedir que las cooperativas de consumo, de valioso medio de organización y educación de la clase obrera, se conviertan en un medio de debilitar el espíritu de solidaridad y de disciplina socialista. Por consiguiente, el congreso impone a los miembros del partido el deber de procurar en sus cooperativas que los excedentes no se destinen exclusivamente al retorno a los socios, sino también a formar fondos que permitan a las cooperativas de consumo pasar, por sí mismas o por medio de sus federaciones y cooperativas de compras al por mayor, a la producción cooperativa, y atender a la educación y formación de sus socios y además a su socorro; que las condiciones de salario y de trabajo de sus empleados se regulen de acuerdo con los sindicatos; que sus propias empresas estén organizadas de manera ejemplar en todos los aspectos, y que al adquirir mercancías se tengan debidamente en cuenta las condiciones en que se producen. Si las cooperativas deben apoyar directamente con sus fondos al movimiento político y sindical, y en qué medida, es algo que debe dejarse a la decisión de la organización cooperativa de cada país. Considerando que los servicios que el movimiento cooperativo puede prestar a la clase obrera serán tanto mayores cuanto más fuerte y cohesionado esté él mismo, el congreso declara que las cooperativas de cada país deben formar una federación única. Por último, el congreso declara que, en interés de la clase obrera en su lucha contra el capitalismo, es necesario que las relaciones entre las organizaciones políticas, sindicales y cooperativas sean cada vez más estrechas, sin que por ello se menoscabe su independencia.»

Sobre la resolución se entabló primero un largo debate sobre las nacionalidades, porque los checos exigían que se agruparan las cooperativas no de cada país, sino de cada nación. En el debate intervinieron por la parte checa Modraszek y por los alemanes de Austria Seliger117 y Karpeles. La enmienda checa fue rechazada contra los votos de los checos. Lenin (Rusia) propuso que la acción democratizadora y socializadora de las cooperativas no se reconociera sino para la época en que los capitalistas hubieran sido expropiados. La propuesta fue rechazada contra una pequeña minoría. Wurm propuso que no se proclamara una obligación de los miembros del partido, sino que en lugar de «obliga» se dijera «exhorta con la mayor insistencia». Esta enmienda fue la única que obtuvo aprobación. Wurm sugirió además intercambiar el antepenúltimo y el penúltimo párrafo de la resolución y empezar luego el último párrafo con un «pero». Con ello la libertad de cada país para decidir sobre la neutralidad de las cooperativas no quedaría reconocida incondicionalmente, sino ligada directamente al deseo de la mayor cohesión posible entre todas las ramas del movimiento obrero. Contra este vínculo se pronunció v. Elm, que declaró que, si se aceptaba esta sugerencia, ya no se consideraría obligado por el compromiso alcanzado. Wurm retiró entonces su sugerencia, que hizo suya Wibaut (Holanda). Pero fue rechazada por gran mayoría. Guesde retiró finalmente sus propuestas, que eran hostiles al movimiento cooperativo neutral, y lo mismo hizo Vandervelde con una enmienda que contenía una atenuación del juicio sobre los efectos de las producciones propias.

Así, la resolución en su conjunto, con la enmienda Wurm, fue aprobada por todos los votos contra 2 (Modraszek y Lenin). Con esto la comisión ha concluido su trabajo.

Segunda comisión: sindicatos. Primera sesión, lunes 29 de agosto

Presiden Branting (Suecia) y Troelstra (Holanda). A propuesta de la sección francesa se acuerda tratar primero la cuestión de la unificación sindical en Austria. A este respecto se ha presentado la siguiente resolución de la Comisión Sindical del Imperio de Austria:

«El Congreso Socialista Internacional de Copenhague renueva la resolución adoptada en Stuttgart sobre las relaciones entre el partido político y los sindicatos, en particular en el punto de que la unidad de la organización sindical en cada Estado ha de tenerse siempre presente y es una condición esencial del éxito de la lucha contra la explotación y la opresión. El congreso declara además que todo intento de dividir sindicatos internacionales unitarios en partes nacional-separatistas contradice la intención de esta resolución del Congreso Socialista Internacional.»

Defiende la resolución Hueber118 (Austria): Antes de dirigirnos con nuestra queja al Congreso Internacional, debo expresar nuestro pesar por que las condiciones en Austria hayan llegado a tal punto que nos veamos obligados a presentar aquí una queja contra uno de nuestros partidos hermanos. Pero la cuestión no tiene importancia solo para Austria, sino para todos los Estados compuestos de diferentes nacionalidades. (¡Muy cierto!) Quizá tampoco ahora habríamos acudido con esta queja al Congreso Internacional si un grupo de la socialdemocracia internacional no se hubiera inmiscuido oficialmente, con todos los medios organizativos a su alcance, en el conflicto sindical austriaco. El conflicto sindical austriaco se libra en forma agudizada desde hace ya seis años. Esperábamos no tener que molestar a la Internacional con la acusación contra nuestros camaradas checos, porque seguíamos teniendo la esperanza de poder salvar y superar en la propia Austria las dificultades, que sin duda existen, mediante los sentimientos sociales, mediante las grandes tareas que la socialdemocracia tiene que cumplir para con la clase obrera sin consideración de nacionalidad. Pero nuestras esperanzas se han visto defraudadas cada vez más. Últimamente, el partido socialdemócrata checoslavo ha intentado con toda su energía destrozar y fragmentar los sindicatos y separarlos en las ocho naciones de que se compone Austria. Y eso que los obreros de las distintas naciones ni siquiera permanecen en territorios fijos, sino que fluctúan de una fábrica a otra, y en las fábricas de la gran industria podemos ver hoy representadas a las ocho naciones. Si queremos conquistar al capital derechos económicos, mejores condiciones de trabajo y de salario para los esclavos asalariados, una organización unitaria frente a los explotadores inmediatos es una necesidad absoluta. Podremos quizá dispersar los sindicatos en 8 grupos, pero no la gran industria. Toda lucha salarial se vuelve imposible y el capitalista triunfa si las organizaciones obreras están fragmentadas, mientras los empresarios están organizados de manera unitaria y rigurosa. El partido checoslavo, por separatismo nacionalista, ha suscitado entre los obreros checos un movimiento que constituye un gran peligro no solo para las organizaciones sindicales, sino, en consecuencia, también para toda la labor socialista. La Internacional declaró en Stuttgart que la lucha sindical tendrá tanto más éxito cuanto más unitarias sean las organizaciones sindicales. Hoy les preguntamos a ustedes si mantienen este principio y quieren asegurar así, en interés de los obreros, la unidad de los sindicatos en un territorio económico unitario, en un Estado unitario, bajo una legislación unitaria, o si quieren permitir que los sindicatos sean desgarrados y fragmentados por naciones. No creemos que nuestros camaradas checos actúen así por odio a los alemanes, pero se encuentran en una confusión que ha surgido de haber dispersado sus fuerzas en las disputas nacionalistas y haber perdido de vista con ello nuestro gran objetivo. Esperemos que vuelvan a la vieja verdad de Marx, que también para ellos las palabras «¡Proletarios de todos los países, uníos!» sean algo más que una frase. Si estamos en un error, aceptaremos de buen grado la enseñanza de la Internacional. Pero, en caso contrario, que dé a los checos directrices precisas. (Vivos aplausos.)

Nemec (Praga): Se nos reprocha que debilitamos el movimiento sindical por motivos separatistas y que queremos romper la unidad de la organización. Pero esta acusación no responde a la verdad. Entre nosotros, en Austria, viven muchas naciones, y la evolución ha llevado a que el partido, con el tiempo, haya tenido en cuenta la división nacional. El partido está organizado en secciones nacionales independientes. Pero no tenemos la misma dirección en el movimiento sindical y en estas organizaciones; por eso siempre hemos procurado poner también las organizaciones políticas y sindicales bajo una dirección unitaria. Pero eso es completamente imposible si el partido checo se dirige desde Praga y los sindicatos desde Viena. La Comisión Sindical austriaca se fundó en 1893. Nunca ha atendido los deseos de la socialdemocracia checa, y por eso fundamos en Praga, en 1896 y 97, una comisión sindical checa propia, que trabajó durante años en armonía junto a la Comisión Sindical de Viena, y la Comisión Sindical de Viena reconoció expresamente, en las grandes luchas salariales de 1900, que la comisión sindical checa había cumplido plenamente con su deber. En el Congreso Sindical Internacional de Ámsterdam119 se retiró a aquella comisión sindical checa el derecho de representación, y en Austria se ha presionado cada vez más hacia una centralización rigurosa desde Viena. Intentamos conservar también a la socialdemocracia checa su influencia sobre los sindicatos, pero todas nuestras demandas fueron rechazadas, y así ha ocurrido que algunas organizaciones que no podían desarrollarse bajo esta rigurosa centralización han roto la relación con la Comisión Sindical de Viena. A esas organizaciones se ha intentado excluirlas del movimiento sindical y del partido; se las ha presentado como malos sindicalistas y malos socialdemócratas porque no querían someterse a los principios propagados por la Comisión Sindical de Viena. Pero ¿es posible que un gran partido político como el checo pueda subsistir si está dividido en dos partes, una parte del movimiento político y otra del movimiento sindical? Eso no es lo que quisimos en Stuttgart; en Stuttgart deliberamos sobre la unidad de partido y sindicato y acordamos que su acción tendrá tanto más éxito cuanto más colaboren partido y sindicato; eso no debería hacerse imposible. Se nos debería dejar libre un camino para unir partido y sindicato sin una centralización exagerada. Entonces estaremos siempre dispuestos a colaborar de buen grado, y no se nos ocurre en absoluto emprender nada contra los camaradas alemanes. No podrán ustedes citar un solo caso en que, en una huelga o en otro movimiento sindical, no hayamos cumplido plenamente nuestro deber para con los camaradas alemanes. La mayoría de los obreros checos ya no pertenece hoy a la Comisión Sindical de Viena, sino a la de Praga. Si quieren ustedes establecer el principio absoluto de la unificación del movimiento sindical, ¿por qué no lo hacen entonces en Bélgica, donde la minoría de los obreros está adherida a una central, o en Francia, Italia e Inglaterra, donde el movimiento sindical dista mucho de estar tan rigurosamente centralizado como entre nosotros? Y sin embargo allí la centralización sería mucho más fácil de llevar a cabo que entre nosotros. Piensen en nuestra situación. La organización política no tiene medios. Ninguna organización política, salvo la alemana, tiene perspectivas de conseguir en un tiempo previsible, con sus propias fuerzas, un respaldo financiero de ninguna clase. Pero el sindicato, que debería constituir ese respaldo, no podemos los checos atraerlo, porque está totalmente fragmentado y es dependiente. Es para nosotros una situación precaria que es preciso eliminar a toda costa. En esto los camaradas alemanes tienen que tener en cuenta también las necesidades de la socialdemocracia checa. La lucha del proletariado contra el capitalismo solo puede librarse en una organización que dé a todas las ramas del movimiento la posibilidad de desarrollarse libremente. Hace años que venimos señalando que la organización austriaca más fuerte, la federación de tipógrafos, no está tan rigurosamente centralizada como la federación del Imperio quiere actuar de manera centralizada desde Viena, sino que se compone de asociaciones regionales. Según este modelo tendremos que organizar también el resto del movimiento sindical si queremos satisfacer las exigencias de cada una de las naciones. La Comisión del Imperio en Viena es supuestamente internacional, pero siempre ha mantenido relaciones con el partido alemán, que tiene en Viena una representación para todo el Imperio. Tarde o temprano eso tiene que cambiar. Tenemos que encontrar una nueva forma de organización sindical. Los obreros checos, en su mayoría, dicen: la cosa se hace en Viena, quizá se hace bastante bien, pero al fin y al cabo se hace en Viena. (Sonoras risas.) No se les puede tomar a mal a los camaradas checos, porque antes que ellos los camaradas alemanes de Bohemia dijeron: eso se hace en Praga, y sea lo que sea lo que se haga en Praga, no damos ni un céntimo para Praga; tenemos nuestra Viena y nos quedamos con nuestra Viena. (Nuevas risas.) Así se ha desarrollado, naturalmente, este antagonismo entre los pueblos. No es posible eliminarlo si no es mediante la organización que responda a los intereses de todos los afectados y que haga posible la plena capacidad de desarrollo de todas las naciones. Si eso no ocurre, de nada sirven todas las resoluciones; entonces no se puede lograr una actuación unitaria de partido y sindicato en el sentido de la resolución. Niéguense a condenar a los camaradas checos y acuerden remitir la resolución de la Comisión del Imperio de Viena al Buró Internacional para que la investigue e informe al próximo congreso. (Aplausos y protestas.)

Los debates se aplazaron luego al martes por la tarde.

Segunda comisión: sindicatos. Segunda sesión, martes 30 de agosto

El debate sobre el conflicto checo prosigue bajo la presidencia de Branting.

Beer, obrero metalúrgico (Austria), se remite a la resolución de Stuttgart. Němec, como representante de los checos, no está legitimado para hablar en nombre de toda la clase obrera checa. En realidad solo habla en nombre de una minoría de sindicalistas. En la organización centralista, que se sitúa en el terreno de la lucha de clases y en el terreno del internacionalismo, siguen estando, aunque atravesamos una grave escisión, 118 000 checos, mientras que los separatistas solo suman 45 000. Su informe habla, es verdad, de 61 000, pero esa cifra tan alta solo se obtiene porque, además de los sindicatos, se han contado también organizaciones que en realidad no tienen que cumplir tareas sindicales. Al movimiento obrero político y sindical austriaco le amenaza una escisión, de modo que luego en cada oficio surgirán tantas organizaciones como nacionalidades hay, en el supuesto de que el Congreso Internacional sancionara esas aspiraciones. Espero que el congreso nos dé la razón y modifique la resolución de Stuttgart en el sentido de que no se hable de la necesidad de una organización sindical unitaria «en los países», sino que se ponga en su lugar «en los Estados». Con ello se prestaría un gran servicio al movimiento austriaco y al socialismo internacional.

Bergmans expone que Němec no tenía el menor derecho a invocar el ejemplo belga para justificar su tendencia a la fragmentación. Němec parece creer que en Bélgica existen dos comisiones sindicales nacionales. Pero no es así. Las diferencias entre flamencos y valones nunca han desempeñado papel alguno en el movimiento sindical belga. La crisis, que fue muy aguda sobre todo hace dos o tres años, se debía a la opinión de los obreros diamantistas de Amberes y de otros sindicatos de que las relaciones entre el Partido Obrero y la comisión sindical eran demasiado estrechas. Solo esas diferencias sobre la forma de organización han hecho que no todos los sindicatos belgas estén afiliados a la Comisión General. Pero también esas divergencias se van superando en medida creciente. En general, no encuentro sólido ni uno solo de los argumentos de Němec. La resolución de Stuttgart exige la unidad de acción del partido y del sindicato. Pero pone por encima la unidad del propio movimiento sindical, o más bien hace de esa unidad el fundamento de la unidad superior del partido y del sindicato. Así tiene que ser. Aunque los patronos estuvieran organizados por naciones, en caso de una lucha salarial se unirían en el acto. Se nos dice que en Viena viven 300 000 obreros checos. ¿Cómo se va a dirigir allí una huelga si dos comisiones sindicales se pelean? El Congreso Internacional tiene que mantener en alto a toda costa la unidad del movimiento sindical. Por eso pido a todas las naciones que condenen con la mayor dureza las tendencias separatistas y que aprueben las resoluciones de la Comisión del Imperio.

Haywood120 (América) pregunta, por una cuestión de orden, si la resolución sindical de Stuttgart está también a debate. Como el presidente responde que no, porque solo se trata de la interpretación de esa resolución, Haywood anuncia una moción de revisión de la resolución de Stuttgart sobre la unidad entre el partido y los sindicatos.

Soukup121 (Praga): Los checos hemos obrado con total corrección según el principio de la Internacional y de la unidad sindical. De más de 40 000 afiliados dijo la Comisión del Imperio que consideraba a esos obreros como no organizados y que rompía toda relación con ellos. La socialdemocracia checa no podía en modo alguno adoptar ese punto de vista. Pues esos 40 000 son socialdemócratas leales, y las mejores fuerzas de la socialdemocracia checa. Hemos trabajado con todas nuestras fuerzas, con bienes y sangre, por la socialdemocracia internacional en Austria y estamos dispuestos también en el futuro a hacerlo todo para (interrupción: destruir) —no, para fomentar esta Internacional. También los sindicatos autónomos han subrayado siempre con la mayor energía la necesidad de la solidaridad internacional. No queremos discutir aquí sobre el principio, sino sobre la inserción formal de la resolución de Stuttgart en las cuestiones sindicales tácticas. Se trata aquí de la cuestión sindical táctica: ¿exige la unidad del movimiento sindical que todos los obreros de un oficio pertenezcan a un mismo sindicato en todo el Imperio, o es posible en los países plurilingües una agrupación separada por lenguas pero que coopere en lo económico? Queremos fortalecer la Internacional fortaleciendo sus partes nacionales. En Austria nos hallamos ante el problema enormemente difícil de las ocho naciones. Nosotros les señalamos el único camino para avanzar social y políticamente. Examinen con atención esta cuestión, que es de un alcance enorme. Como reclamamos el derecho de todas las naciones y de todos los obreros de Austria, les pedimos que no pronuncien todavía ningún juicio en este congreso. Dejen que el Buró Internacional estudie a fondo la cuestión y, si no logra un acuerdo, que decida definitivamente el próximo Congreso Internacional.

Legien:122 Exceptuando a los checos, ninguna nación podrá oponerse a la moción de la Comisión del Imperio. Nosotros opinamos que la moción todavía se queda muy corta. Preguntamos: ¿no han hecho nuestros camaradas checos, con la desorganización de los sindicatos austriacos, algo que va contra el principio de la Internacional? (¡Muy bien!) ¿No han vulnerado en principio todos los acuerdos tomados hasta ahora por los congresos internacionales socialistas y sindicales sobre la unidad del movimiento sindical? Soukup habló con entusiasmo de la cooperación internacional de todas las naciones y, sin embargo, no son capaces de vivir en paz con los obreros de su propio país. Debemos plantear la cuestión no de manera formal en absoluto, sino con todo rigor de principio. En Stuttgart deliberamos sobre la unidad del partido y de los sindicatos. Pero la cuestión de la unidad absoluta de los sindicatos se decidió ya hace 14 años, en 1896, en Londres.123 Esa resolución de Londres dispone la unidad sindical de manera totalmente incondicional y general. Prohíbe la organización local, exige federaciones centrales y su unión internacional. Sobre la base de esa resolución tenemos que condenar con la mayor dureza el separatismo checo. La organización sindical no puede estar articulada por naciones, no debe estarlo. Si llevamos el principio nacional al movimiento sindical, no quedará ningún país en el que la organización sindical no se fragmente. ¿Vamos a tener también en Alemania sindicatos polacos, daneses, franceses y quizá también holandeses? (Vivas interrupciones: ¡En Suiza! ¡En América, 33 sindicatos nacionales distintos!) Camaradas, hablo solo de Alemania, un Estado unitario. Ni siquiera entre nosotros podría aplicarse el principio sindical nacional sin el más grave perjuicio. Es falso, como se ha afirmado, que en Stuttgart la Internacional sindical reconociera el separatismo de Praga. Sobre la base de un acuerdo entre los representantes de la Comisión del Imperio y la central de Praga, esta fue admitida con la condición de que se encargara de la agitación, y la Comisión del Imperio, en cambio, de la representación. Desde que los camaradas checos rebasaron esos límites, se han excluido ellos mismos de la Internacional sindical. Mientras exista la Internacional sindical, para ella solo está reconocida, en lo que respecta a Austria, la Comisión del Imperio, y así seguirá. Pues la Internacional sindical descansa en el principio de que, allí donde el movimiento y la administración son los mismos, todos los obreros, sin distinción de nacionalidad ni de lengua, han de unirse en una sola organización. Solo donde, como en Finlandia, Hungría y Croacia, esa posibilidad no existe por ley, pueden formarse centrales sindicales particulares, mientras subsistan precisamente esas diferencias en el ámbito de la legislación. Eso no se aplica en modo alguno a los camaradas checos. Los alemanes damos a los cientos de miles de italianos que vienen a nuestro país un periódico italiano propio y agitadores italianos propios. Pero no pueden formar una organización italiana propia: su sitio está en nuestras federaciones centrales alemanas. Lo que pueden los extranjeros entre nosotros, con más razón lo pueden los checos entre los austriacos. (Interrupción entre los checos: ¡No somos extranjeros en Austria!) Nuestro congreso debe subrayar con todo el rigor de los principios el punto de vista internacional. Por eso daríamos también nuestro voto a una resolución mucho más dura que la de la Comisión del Imperio, pero como la Comisión del Imperio no pide más, votamos a favor de la moción. El próximo congreso ya no se ocupará de esta moción, sino de si los separatistas checos siguen teniendo cabida en la Internacional. (Aplausos atronadores.) Hoy todavía nos conformamos con la inofensiva moción de la Comisión del Imperio como último intento de lograr un acuerdo. (Vivos y repetidos aplausos.)

El presidente, Branting, comunica que todavía hay 14 oradores inscritos: cerremos, pues, la lista de oradores.

Bergmans (Bélgica): La cuestión ya está suficientemente aclarada; dejemos hablar todavía a un representante de los checos y a otro de la Comisión del Imperio y pongamos punto final.

Victor Adler: Nos interesa oír también la opinión de las demás naciones; continuemos todavía un rato el debate.

Se procede conforme a la moción de Adler, apoyada por Richard Fischer.124

Karski (Polonia): Todo socialdemócrata tendrá que suscribir los principios de Legien. No podemos inmiscuirnos en las intimidades austriacas; para eso hay que ser austriaco desde hace siete generaciones. (Risas.) Pero sí podemos fijar los grandes principios. Los checos dicen que en Austria la socialdemocracia está organizada por naciones, y que, por tanto, también hay que organizar por naciones los sindicatos. Esa es la falacia: si ya se tiene un jorobado en la familia, no se le pone también una joroba a un segundo miembro de la familia. (Risas y aplausos.) Al contrario, la unidad superior del movimiento sindical tiene que ayudar a superar el federalismo político. ¡Cuidado, camaradas checos! Si imponen ustedes su federalismo, a pesar de toda la buena voluntad de los polacos tendrán ustedes dentro de tres años una central sindical polaca, y dentro de pocos años 10 u 11 centrales sindicales. ¿Y cómo pretenden ustedes influir todavía en un movimiento salarial en Ostrava, en Moravia, si tienen que contar con cuatro centrales sindicales? Ya solo porque el capital está unido, porque al Länderbank austriaco le es completamente indiferente que con su capital se explote a obreros alemanes, checos, polacos o eslovenos, por eso necesitamos la organización unitaria de los proletarios. (Interrupción: ¡Ya existió, y la han hecho pedazos!) Quien fragmenta los sindicatos frente a una patronal unida comete un crimen. (Viva aprobación.) Es posible crear la unidad superior; es posible que los sindicatos estén dirigidos de manera central. Que con ello se tengan en cuenta las necesidades culturales y los intereses lingüísticos de todos los obreros es algo que cae por su propio peso. (Interrupción: ¡Ya se hace! Protestas entre los checos. Interrupción entre los alemanes: ¡Cuando contratamos a un checo, decís que lo han comprado los alemanes!) Sin ninguna animosidad contra los camaradas checos, tenemos que decirlo aprobando la resolución: tenéis que superar el separatismo nacional en el movimiento sindical, para que todo el movimiento proletario sea aún más unitario que hasta ahora. (Vivos aplausos.)

Żuławski,125 presidente de la central sindical polaca de Cracovia, subordinada a la Comisión del Imperio: Tenemos en Galitzia, Moravia y Silesia 30 000 obreros polacos organizados, no muchos menos que los checos. ¿Debemos ahora adherirnos a la central alemana o a la checa, o debemos hacernos también separatistas? Desaprobamos de la manera más rotunda que la comisión de Praga invite a los obreros polacos a separarse de la Comisión del Imperio y a adherirse a la comisión checa. (Interrupciones entre los checos: ¡No es verdad!) Les presentaré impresas las circulares y octavillas en las que se invita a los obreros polacos a adherirse a la comisión de Praga porque allí hay más dinero por cabeza que en Viena. (Agitación.) A todos los grupos locales polacos del ramo químico se envió una circular con el sello de la organización checa para inducirlos a pasarse a Praga. (Numerosos gritos de «¡Qué vergüenza!». Vivas protestas entre los checos.) Si protestan, les diré todavía más: en Cracovia, una ciudad puramente polaca, han fundado ustedes una organización checa de litógrafos. (Gran revuelo. Interrupciones entre los checos: ¡Es una asociación muy antigua!) No, no es una asociación antigua; yo mismo estuve presente en su fundación. Les ruego que no aplacen la decisión. ¡No lleven las cosas al extremo! No fragmenten con su separatismo todo el movimiento sindical austriaco en una multitud de pequeñas federaciones. Pronúnciense hoy por la unidad. Dentro de tres años ya no nos servirá ninguna resolución. (El diputado checo del Reichsrat Modráček grita: ¡Vuestras resoluciones tampoco os sirven hoy de nada! —Gran alboroto. Interrupciones: ¡Ese es vuestro internacionalismo! ¡Ahora os habéis mostrado al desnudo! Gran agitación prolongada.)

Walecki126 (Polonia): Los separatistas han interpretado de manera completamente torcida la resolución de Stuttgart. Debía fomentar la unidad de los sindicatos mediante la influencia de la socialdemocracia. Debía superar las disputas dentro de la socialdemocracia mediante el integralismo superior de los sindicatos. En lugar de eso, ha introducido en el movimiento sindical los graves gérmenes patológicos de la fragmentación político-socialista. (De Brouckère: ¡Esos estaban ahí antes de la resolución!) También el partido del camarada Karski fragmenta el movimiento sindical por diferencias políticas. (Karski grita: ¡Disparate!) Disparate lo es, desde luego, pero por desgracia es un hecho. (Karski: ¡Completamente falso!) Lo más importante no son las formas, sino el espíritu. Federación significa cohesión con vistas a un trabajo mejor, y puede significarlo si no la hacen saltar en pedazos las tendencias nacionalistas. El separatismo austriaco no es federalismo, sino anarquismo nacional. (¡Muy bien!) Los separatistas no son verdaderos socialdemócratas, ni luchadores prácticos, políticos y sindicales. El principio checo de la «solidaridad de todas las estirpes» es completamente falso. Tenemos que fundarla en la solidaridad de los obreros de un país; de lo contrario, queda en el aire. No necesitamos aplazar la cuestión de la unidad sindical, pues la verdad podemos proclamarla ya hoy, para que actúe mañana o pasado mañana. Porque el punto de vista de los checos es inmutablemente falso. Con todo, lamento las amenazas del camarada Legien. No queremos una condena que os repela a vosotros, los checos. Al contrario: queremos haceros volver a la base positiva de la unidad socialista. Igual que Adler en Ámsterdam no quiso maldecir ni condenar a los ministerialistas franceses, sino convencerlos,127 así debemos hablar también hoy a los camaradas checos. (Aplausos.)

Victor Adler (Viena): La resolución de Stuttgart contiene dos ideas: proclama la necesidad de la cooperación del partido y de los sindicatos, y nosotros en Austria hemos reconocido siempre esa necesidad. Pero la resolución añade algo: esa cooperación no podrá hacerse a costa de la unidad sindical. (¡Muy cierto!) Al subrayar la unidad sindical en ese lugar, la destaca con mucha más fuerza que cualquier acuerdo anterior, porque incluso la gran idea de la cooperación del partido y de los sindicatos queda subordinada a la necesidad incondicional de la lucha práctica proletaria en el terreno económico. Pues bien, apoyándose en la resolución de Stuttgart, la socialdemocracia checoslava se queja de que sin la autonomía de los sindicatos no puede mantener relaciones con ellos. Pero la contrapartida de la centralización de los sindicatos es la centralización del partido internacional de conjunto de Austria, que mantendremos aunque en este momento esté gravemente amenazada. (Aplausos.) Los checos dicen que los sindicatos tendrían que separarse porque también la socialdemocracia de Austria está separada por naciones. ¡Pero la separación dentro del partido se hizo de común acuerdo, no desgarrando el partido! Las necesidades particulares de los camaradas checos se han tenido siempre en cuenta en rica, en sobreabundante medida. (Interrupción entre los checos: ¡Sobreabundante, sobreabundante!) Sí, señor, quizá incluso demasiado sobreabundante, habida cuenta de los medios disponibles. Los checos, los polacos, los italianos y los eslovenos tienen una prensa sindical más rica que los alemanes. Naturalmente, siempre hay algunas quejas nacionales. Pero ¿acaso no hay quejas también en organizaciones nacionales unitarias? Si no se han podido satisfacer por igual todas las necesidades, ¿puede decirse por eso que la Comisión del Imperio de Viena no tiene contacto con los sindicatos checos? Pues tanto contacto como el que tiene una central sindical de Hamburgo con los obreros del sur de Alemania, exactamente ese mismo contacto tiene Viena con los obreros de Bohemia. El centralismo de Viena no lo queréis, pero el centralismo de Praga sí lo queréis. Sin embargo, de Praga a Viena hay la misma distancia que de Viena a Praga, y no podéis negar que queréis adherir a la central de Praga a los numerosos obreros checos de Viena. Pero vais más lejos. No solo en Viena, sino también en Graz, Innsbruck, Linz, metéis vuestras organizaciones nacionales checas en medio de los territorios alemanes más antiguos. Entre el centralismo de Praga y el centralismo de Viena hay una sola diferencia. El centralismo de Viena une y hace capaz de luchar, y el centralismo de Praga desgarra e incapacita para la lucha. (Aplausos atronadores.) Fuera de los camaradas checos, nadie ha alzado la voz en favor de vuestro punto de vista. Un orador polaco ha recordado el papel que se desempeñó en Ámsterdam con espíritu de conciliación. También hoy quiero hablar con el mismo espíritu. No puede elegirse forma más suave que la moción de la Comisión del Imperio. Nos hemos guardado absolutamente de herir en lo más mínimo a los camaradas checos. No hemos hecho más que dar una declaración de la resolución de Stuttgart sobre la unidad del movimiento sindical y dejar sentado que nuestros camaradas checos la han interpretado mal. Pero no hemos añadido ninguna condena, ninguna moción de expulsión, nada que pudiera romper nuestra vieja amistad con los checos. No queremos ofender a nuestros camaradas checos; durante años hemos luchado juntos con ellos, y seguiremos luchando juntos con ellos. Pero respondednos a una pregunta, camaradas checos: ¿es verdad que necesitáis la separación separatista de los sindicatos? ¿Habéis crecido y os habéis hecho grandes bajo ese nuevo principio? ¿Les va tanto mejor al partido austriaco y al partido checo desde que tenéis la separación? ¿Somos más felices, nosotros en el partido de conjunto y vosotros en vuestro partido checoslavo, desde que habéis dado acogida a las ideas nacionales en el catálogo de vuestras reivindicaciones? No quiero ninguna respuesta de vosotros. En público tampoco me la daríais. Pero si examináis vuestra conciencia como camaradas de partido, tendréis que reconocerme que todo ha empeorado. (¡Muy bien!) Y ahora, una palabra más sobre la moción de abrir una investigación. ¿Sobre qué va a investigar ahora todavía el Buró Internacional? Rechazad la moción de Viena si la consideráis equivocada, pero no aprobéis mociones dilatorias en el peor sentido de la palabra, sacadas de los modales del mundo burgués cuando nosotros presentamos reivindicaciones de política social. Pido a la Internacional que arranque la espina de nuestro movimiento sindical. Hoy no pueden ustedes pronunciar una condena contra los camaradas checos, pero sí dirigirles una advertencia, por medio de la Internacional competente de los dirigentes sindicales y de los camaradas de partido, que son todos de buena voluntad y que quieren todos lo mejor para nosotros. Este congreso tiene que decir a los camaradas checos: amigos, no vais por el buen camino, vuestros caminos son equivocados, volved atrás. Eso no hará efecto en todos, no hará efecto hoy. Pero la palabra de la Internacional la oirán también los cien mil obreros checos que están organizados de manera centralista, y no quedará sin efecto. (Aplausos atronadores y repetidos.)

Plejánov (Rusia): El Partido Socialdemócrata de Rusia está representado aquí en la comisión por dos delegados: yo, que soy ruso, y un camarada letón. Nuestra lengua es distinta, pero votaremos unánimes a favor de la resolución austriaca en interés de la unidad del movimiento sindical, que es una exigencia incondicional de la lucha política de emancipación. Precisamente en los países en los que, como entre nosotros, el partido está todavía dividido, el movimiento sindical tiene que ayudarnos a restablecer también la unidad de la socialdemocracia. Para nosotros, en Rusia, el problema nacional es, por cierto, mucho más apremiante que para vosotros en Austria. Si quisiera enumerar todas las nacionalidades que están amontonadas en el gran Imperio ruso, el día de hoy no bastaría. No podemos allanar el camino a una fragmentación artificial del movimiento proletario en Austria. Ahora bien, comprendo muy bien, por cierto, el punto de vista de los camaradas checos. Dicen que solo sus sindicatos tienen dinero y que solo mediante el separatismo pueden los sindicatos checos poner mayores recursos a disposición de la socialdemocracia checa. El dinero es sin duda una cosa agradable, tanto para la burguesía como para el proletariado. (Risas.) Pero lo que importa es cómo se consigue el dinero. El dinero pecaminoso del separatismo acabará destruyendo todo el movimiento político y sindical. La unidad del movimiento obrero os aportará a vosotros mismos más medios de los que jamás podáis ganar mediante una separación y una desgarradura. La exigencia de la unidad de los sindicatos no es un dogma, sino una necesidad práctica apremiante. ¡Viva la unidad proletaria! (Vivos aplausos.)

Tusar (checo): Es falso en todos los sentidos reprocharnos a los checos que seamos nacionalistas. Como obreros, nunca hemos faltado a nuestro deber internacional. Pero todas nuestras pretensiones de que se tuvieran en cuenta con justicia las reivindicaciones checas han sido rechazadas con brusquedad por la Comisión del Imperio de Viena. A pesar de ello, nos mantenemos firmes en la unidad de la acción proletaria. (Interrupción: ¡En la unidad de la organización!) Pero no consideramos necesario que todo se mande de manera centralista desde Viena. Los checos no somos más débiles que la socialdemocracia alemana. En proporción al número de obreros checos somos incluso más fuertes. Tenemos 24 diputados en el Reichsrat y una prensa mayor que la socialdemocracia germanoaustriaca. ¿En qué lugar del mundo se ha visto que un partido fuerte deje administrar su dinero a camaradas que pertenecen a otro partido? Reclamamos el derecho, y tenemos derecho a reclamarlo, a decidir también nosotros sobre nuestro dinero. Queremos la organización independiente para poder organizar mejor a los obreros checos y formarlos mejor para la lucha de clases. Somos —se lo digo a Legien—, somos socialdemócratas. Éramos socialdemócratas cuando todavía estábamos en las asociaciones regionales. Seguimos siendo socialdemócratas cuando pasamos de las asociaciones regionales a la organización central. Seguiremos siendo socialdemócratas también en organizaciones autónomas. Las amenazas y las palabras duras no pueden asustarnos. Dentro de tres años os habremos convencido con los hechos de que sabemos organizar mejor las asociaciones de la clase obrera checa. Podremos mostrar éxitos en todos los terrenos y con los éxitos de nuestro trabajo convenceremos a la Internacional de que nuestro punto de vista es el acertado. También nosotros decimos, como ha expuesto uno de los oradores anteriores: lo que importa no son las palabras, no son las formas, sino el espíritu que hay en nuestro movimiento proletario. Y también en nuestra organización autónoma checa vive el espíritu de la Internacional proletaria. A esa Internacional le seremos fieles, como hemos seguido siendo fieles a nuestro propio partido. (Vivos aplausos entre los checos.) Por lo demás, tengo que dejar claro que no es verdad que queramos atraernos a los obreros polacos. (El diputado del Reichsrat Diamand:128 ¡Os enseñaré las circulares en las que invitáis a hacerlo! ¡Acordaos de la organización de los tranviarios de Galitzia!) Si algún camarada se ha extralimitado quizá, no lo aprobamos. Queremos ser buenos soldados de la Internacional proletaria y educar para ello a los obreros checos en su conjunto.

Bauer129 (Viena): Opino que muchos camaradas extranjeros todavía no comprenden del todo bien el problema que se nos plantea. En Austria tenemos ocho naciones, pero solo tres de ellas, los alemanes, los checos y los polacos, tienen organizaciones autónomas fuertes que forman sindicatos capaces. En las demás naciones la autonomía haría imposible toda organización sindical. Ya sería bastante malo si en Austria se tratara de puros territorios económicos cerrados de cada una de las naciones. Pero los camaradas checos van mucho más lejos. También en los territorios no checos quieren llevar a cada obrero checo a su federación autónoma. Quieren separar los sindicatos no por territorios, sino por la nacionalidad de cada individuo. Quieren preguntar a cada camarada: ¿a qué nación perteneces?, y meterlo en consecuencia en el sindicato de su nación. Si, por ejemplo, en una fábrica trabajan 200 obreros alemanes y 3 checos, los tres obreros checos tendrán que estar adheridos a la central de Praga. (Vivas protestas entre los checos.) Ya que los camaradas checos protestan, les recuerdo que uno de los oradores anteriores ha dicho que los litógrafos checos de Cracovia, una ciudad puramente polaca, debían adherirse a la comisión checa y no a la Comisión del Imperio de los sindicatos. Si digo que en una fábrica cercana a Viena con 300 obreros alemanes y 100 checos los camaradas checos exigen que esos cien se adhieran a los sindicatos checos, ninguno de los checos aquí presentes me lo discutirá. (Interrupción: Aunque sea el mismo disparate.) La Conferencia Internacional de los Secretarios Sindicales ya ha decidido que semejante separación nacional es inaceptable. Todas las conferencias internacionales de los distintos sindicatos, incluso aquí mismo en Copenhague, la de los zapateros, la de los obreros del transporte y la de los albañiles, han condenado la actuación de los camaradas checos. Pero los camaradas checos dicen que importa menos la forma que el espíritu. Yo no creo que la forma de las organizaciones económicas, de la que dependen la capacidad de lucha y el nivel de vida de los obreros, sea una cosa indiferente que pueda despacharse con un gesto. (¡Muy cierto!) Pero, en cualquier caso, aquí lo más importante es el espíritu. ¿De qué espíritu nace, pues, el separatismo checo? Del espíritu de un movimiento que tiende cada vez más a la segregación nacional en todos los terrenos. Los camaradas checos interpretan el nacionalismo en el sentido de que tienen que segregarse por completo nacionalmente. Los camaradas checos entienden el internacionalismo de modo que segregan por completo nacionalmente a los austriacos y luego dicen que hay que proclamar la fraternidad con los obreros de todos los países. Qué espíritu anima al partido checoslavo lo ha mostrado claramente el discurso del orador anterior. Somos un partido fuerte, ha dicho varias veces. ¿Quién es ese nosotros? Es la socialdemocracia checoslava. Pero nosotros solo conocemos un partido obrero socialdemócrata internacional en Austria, que abarca a todas las naciones que viven en Austria, y que, si se cumple nuestro deseo, debe ser muy fuerte. (Vivos aplausos.) Las secciones nacionales las consideramos solo como meras partes, como miembros particulares del partido internacional de conjunto. En la medida en que el partido está separado por naciones, precisamente el movimiento sindical internacional debe ser un contrapeso. La lucha común contra la patronal, la unidad de los proletarios en esa lucha, es mucho más importante y de mucho mayor alcance histórico que lo que separa a los proletarios política y jurídico-estatalmente en pequeñeces. La cuestión de la solidaridad checa no es solo sindical, sino también política; no es solo una cuestión de forma, sino también una cuestión de espíritu. El Congreso Socialista Internacional tiene que proclamar que, desde el espíritu de la Internacional, necesitamos en Austria y en todos los países plurilingües un movimiento sindical internacional unitario. (Aplausos atronadores.)

Haywood (América): Todos los países han subrayado la importancia de la unidad sindical. También nosotros la consideramos del todo indispensable. La máquina del internacionalismo no conoce nacionalidades. En una sola mina de la cuenca carbonífera americana, por ejemplo, están representadas 32 naciones. Por eso también nosotros, los socialistas americanos, defendemos un movimiento sindical incondicionalmente unitario. Pero por desgracia también en nuestro país estamos todavía muy lejos de tener un movimiento sindical unitario así. Las dificultades lingüísticas que tenéis en Austria son una nimiedad al lado de la falta de solidaridad industrial que tenemos que lamentar en los Estados Unidos. Todo el movimiento sindical está en manos de la American Federation of Labor, cuyo presidente es el conocido Gompers.130 Esa Federation no es en realidad ninguna organización sindical, sino solo un comité consultivo de 11 personas, que tienen todo el poder en sus manos, y de 27 000 asociaciones locales que tienen derecho a firmar por su cuenta contratos con la patronal a tres y hasta cinco años vista. Celebraríamos con alegría que la resolución de Stuttgart se endureciera de tal modo que pudiéramos decir a los obreros americanos: ¡la clase obrera internacional condena este sistema! (Aplausos y protestas.)

De Brouckère (Bélgica): Me había hecho inscribir en la lista de oradores al principio del debate porque tenía algo que decir sobre la cuestión checoslava. Pero los oradores que me han precedido han dicho exactamente lo mismo que yo habría tenido que decir. Lo abrumador de este debate no está en que todos tengamos la misma opinión, sino en que todos tengamos que respaldarla con las mismas razones.

Garami131 (Hungría): También nosotros somos un Estado plurilingüe y en nuestra constitución nos parecemos por completo a nuestro vecino austriaco. Solo que Austria está mucho más desarrollada económicamente que Hungría, de modo que suele decirse que Austria es el futuro de Hungría. Pero hoy ese futuro nos espanta. (Grandes risas.) Pues si en Hungría llegáramos a tener un separatismo como el de los sindicatos checos, el futuro de todo el movimiento obrero en Hungría se presentaría muy mal. Pedimos al congreso que tome posición con toda decisión contra esta separación.

El doctor Fritz Adler132 (Suiza): También Suiza está dividida en toda una serie de naciones que tienen que cooperar de manera unitaria si en el terreno económico los obreros han de alcanzar algún éxito. Por eso también Suiza opina que el separatismo checo es un crimen contra el progreso del movimiento obrero. Los checos dicen que tienen sentimientos internacionales, pero lo primero que hacen es intentar aislar a los camaradas checos de todas las naciones y librar la lucha completamente solos con ellos. Y eso que solo un tercio de los sindicalistas checos ha seguido los cantos de sirena de la central sindical de Praga. Dos tercios de los sindicalistas checos son de la misma opinión que toda la Internacional, que aquí ha condenado la actuación de los checos. Los austriacos que vivimos en el extranjero siempre hemos sentido muy dolorosamente que todo el mundo hablara con desprecio de Austria como el Estado de los tumultos y los desórdenes, como el Estado que nunca puede salir adelante. Pero los socialdemócratas siempre hemos señalado con orgullo, frente a eso, que el proletariado está libre de extravíos nacionales. Estábamos especialmente orgullosos de nuestros camaradas checos, que luchaban en el puesto más avanzado contra el peor nacionalismo. Hoy tenemos que confesar con tristeza: nuestros camaradas checos han sido vencidos en la lucha con el nacionalismo; la cuestión nacionalista se ha adueñado de la socialdemocracia checoslava. Los camaradas checos no son más que prisioneros de los nacionalistas; están vencidos y sometidos por Klofáč.133 (Protestas tempestuosas entre los checos, vivas interrupciones de los checos: ¡Es una ofensa! ¡Que lo retire!) Los camaradas checos no podrán negar que es la prensa de Klofáč la que hoy celebra su actitud. (Nuevos gritos de protesta entre los checos; interrupción: ¡La burguesía alemana le celebra a usted como su paladín!) Los camaradas checos hablan sin parar de los sindicatos alemanes. Pero en Austria no hay sindicatos alemanes en absoluto, sino solo sindicatos centralistas internacionales. Y así tiene que seguir siendo. En la guerra pueden marchar juntos al combate distintos ejércitos nacionales, pero no es posible que un ejército lo manden seis comandantes. (Interrupción entre los checos: ¡Lo principal es que el mando se quede en Viena!) Lo principal es que el ejército proletario sea conducido de manera unitaria contra el capital. Ni siquiera está en nuestra mano decidir si queremos separarnos por naciones o no, cuando las condiciones económicas tienen poder sobre nosotros. Ojalá el Congreso Socialista Internacional deduzca de las condiciones reales la necesidad de asegurar en todas las circunstancias la unidad del movimiento sindical. (Aplausos y protestas.)

A propuesta de De la Porte (Francia) se acuerda por unanimidad el cierre del debate.

El presidente, Troelstra: Nuestros camaradas checos están acusados del crimen de traición a la internacionalidad proletaria. Me parece justo que se dé la última palabra al acusado.

La comisión acuerda dar la última palabra el miércoles por la mañana a un representante de la socialdemocracia checoslava y votar después las mociones presentadas.

Segunda comisión: sindicatos. Tercera sesión, miércoles 31 de agosto

Němec (Bohemia) tiene la palabra para cerrar el debate: Los violentos ataques dirigidos ayer contra los checos eran completamente injustificados. Los demás países no son comparables con Austria. Pues en Austria no se trata de agregar un par de organizaciones pequeñas a una organización fuerte, sino de poner en la relación correcta entre sí a dos organizaciones igual de fuertes, mientras que hoy se pretende subordinar la una a la otra. El internacionalismo de los checos no podría llegar tan lejos como para que renegaran de su nacionalidad, sino que significa que están en la lucha común por la liberación de los obreros de la servidumbre económica y de la dependencia política como combatientes de igual valor. Por eso les es imposible seguir reconociendo la dirección de la Comisión del Imperio, que tiene un carácter exclusivamente alemán, al menos en algunas medidas. A eso ya no se dejarán llevar los checos a la larga. Pero en todas las grandes luchas políticas y económicas aseguran a los alemanes la más amplia solidaridad. Por eso es completamente injusto que el congreso quiera tratarlos aquí como criminales y traidores. No se trata de principios, sino de una cuestión puramente práctica sobre la mejor forma de organización. Si por ello se les amenaza con la expulsión de la Internacional, los obreros checos tendrán que defenderse de ello con la mayor energía. Y tienen que defenderse también de que se les hostigue sin cesar. (El doctor Adler grita: ¿Tenemos cara de verdugos?) ¡La Internacional no tiene otro medio que el de la expulsión, y esa arma, la más dura, quiere emplearla contra nosotros! Pero lo que nosotros hemos pedido es la igualdad de derechos. Cuando tres personas viven en una habitación y no se llevan bien, se ponen tabiques. (Interrupción: ¡Chambre séparée! Risas.) Estamos en la lucha más dura con los partidos checos. Tuvimos que afrontar 52 segundas vueltas. Todos los partidos burgueses se unieron contra nosotros. El obrero checo dirá ahora: ¡esto es lo que nos agradece la Internacional por nuestro trabajo! No queremos de ningún modo una investigación para dar largas al asunto, pero exigimos que la Internacional esté informada objetivamente. Durante meses se nos ha hostigado. Pero el Vorwärts, el Leipziger Volkszeitung y el Bremer Bürgerzeitung han rechazado nuestras respuestas. (Vivas protestas.) Queremos por fin que la Internacional conozca la verdad sobre la situación austriaca. Queremos mantener en alto la internacionalidad en todos los sentidos. Pero los camaradas checos quieren estar frente a los alemanes en pie de igualdad. Nos situamos en el terreno de la resolución de Stuttgart, que pone en primer lugar la unidad entre partido y sindicato. También cuando organizamos el partido de forma federalista se nos acusó de chovinismo. Y, sin embargo, sin esa separación no habríamos conquistado ni el 1905 ni el sufragio universal.134 Marchar por separado y golpear juntos: eso ha dado buen resultado entre nosotros. Tampoco queremos destrozar los sindicatos hasta el último taller, hasta el último hombre, sino que queremos crear territorios lingüísticos cerrados. Con un poco de buena voluntad encontraremos una forma que responda a los intereses de todas las nacionalidades afiliadas y refuerce la fuerza de choque del movimiento obrero austriaco. Tenemos que meter hasta al último obrero en la organización política y sindical. Y eso solo podemos hacerlo si ustedes nos dejan la libertad necesaria. Sabemos muy bien que en el Estado unitario los territorios nacionales unitarios tienen que trabajar juntos. Pero la forma de esa colaboración no podemos dejar que nos la impongan. No nos dejamos tratar como traidores y criminales. Déjennos seguir trabajando tranquilos: ya encontraremos un camino para colaborar. —Para terminar, el orador presenta una resolución en la que se pide que la unión nacional de los obreros en el partido y en el sindicato sea la base del trabajo unido en Austria. (Página 44.)

El doctor Victor Adler (Austria) (por una cuestión de orden): Nos resulta muy difícil no responder a estas palabras finales. Pero si examinan ustedes la resolución de la Comisión del Imperio, verán que en ella no se pronuncia ninguna condena, que a los checos ni siquiera se los menciona, sino que solo se expresa el deseo positivo de la unión.

Karski, el doctor Fritz Adler y Troelstra protestan contra que se califique a los camaradas checos de traidores o criminales. Nadie pone en duda la buena voluntad de los camaradas checos. La expresión «traición» no se refiere a la voluntad, sino solo al resultado de su trabajo, que los camaradas checos no buscaban.

La delegación alemana hace constar en acta la siguiente declaración:

«Frente a la afirmación del camarada Němec de que el Vorwärts se negó a publicar una breve exposición objetiva del punto de vista checo, la delegación alemana solo puede declarar a la comisión que ninguna de las instancias competentes, ni la dirección del partido ni la comisión de prensa del Vorwärts, ha recibido semejante petición de los camaradas checos ni ha tomado semejante acuerdo de rechazo. El incidente al que se refiere Němec habría ocurrido, según la declaración del propio Němec, hace ya más de tres años». Las firmas son: Richard Fischer, Legien, Cohen, Stengele.

A continuación se procede a la votación. La moción checa de aplazamiento, que quiere devolver el asunto al Buró Internacional para que vuelva a examinarlo, es rechazada por 185 votos contra 9. Solo votan a favor los 7 checos y 2 camaradas finlandeses.

A continuación se somete a votación la resolución de la Comisión del Imperio austriaca. Los camaradas belgas proponen la siguiente enmienda:

«Se invita al Buró Socialista Internacional y al Secretariado Sindical Internacional a ofrecer sus servicios a cada una de las partes implicadas para zanjar el conflicto existente con espíritu de entendimiento y de fraternidad socialista».

Como segunda enmienda, Walecki y Plejánov proponen insertar entre las dos frases de la resolución austriaca:

«En los Estados plurilingües, el movimiento sindical unitario debe, naturalmente, tener en cuenta las necesidades lingüísticas y culturales de todos sus afiliados».

Austria incorpora ambas enmiendas a su resolución, tras lo cual los checos declaran que lamentan tener que votar entonces en contra de esas enmiendas, aunque por lo demás están de acuerdo con ellas. —La mayoría de los delegados franceses propone que no se ratifique la resolución de Stuttgart, sino los acuerdos de los congresos socialistas internacionales anteriores, porque de lo contrario se volvería a exigir la colaboración del partido y de los sindicatos que la mayoría francesa ya rechazó en Stuttgart.

Esta enmienda es rechazada frente a los votos de la mayoría francesa y de los socialistas revolucionarios rusos.

A continuación, la resolución de la Comisión del Imperio austriaca es aprobada con los dos añadidos, con los votos en contra de los cinco checos. La mayoría francesa y la minoría finlandesa (dos votos) se abstienen. Como ponente ante el pleno se designa a Plejánov (Rusia), y como coponente a Němec (Bohemia).

Segunda comisión: sindicatos. Cuarta sesión, jueves 1 de septiembre

Se somete a deliberación la cuestión de la práctica de la solidaridad internacional. Sobre ella se ha presentado la siguiente moción del Partido Obrero sueco:

«Considerando el carácter eminentemente internacional del movimiento proletario y en recuerdo de las tradiciones que desde los días de la Primera Internacional se han mantenido siempre en alto entre los obreros,

el Congreso Socialista Obrero Internacional de Copenhague exhorta a los obreros de todos los países, cuando una lucha entre el capital y el trabajo haya adquirido tales dimensiones que los obreros del país donde ha estallado el conflicto manifiestamente no puedan sostenerla hasta el final con sus propias fuerzas, a apoyar moral y materialmente a los camaradas en lucha con tanta fuerza como lo permita el estado del movimiento en cada país, a fin de cumplir así de hecho el deber imperioso de la solidaridad obrera.

Cuanto más se acerque la clase obrera, también en su acción sindical, a atacar de cerca al capitalismo, tanto más se acelerará por ambas partes la labor de organización. El poder del capital se concentra en trusts gigantescos, en cárteles y en asociaciones patronales nacionales e internacionales; los obreros, por su parte, agrupan su fuerza sobre todo en las centrales sindicales nacionales. A consecuencia de esta concentración recíproca de fuerzas, la lucha de clases adopta en parte formas nuevas y más amplias; combates sindicales de masas, provocados por lockouts gigantescos, estallarán ora aquí, ora allá, como hemos visto en Dinamarca en 1899, en Suecia en 1909 y en Alemania en 1910. Por consiguiente, la lucha de clases adoptará previsiblemente en los próximos años formas todavía más amplias y unitarias. Tanto más deberá entonces la clase obrera procurar poder emplear toda su fuerza en el momento dado allí donde los obreros de todo un país o de todo un oficio hubieran de sucumbir sin apoyo internacional ante la prepotencia del capital.

El Congreso deja a la Internacional sindical el cuidado de estudiar más a fondo y fijar las formas más adecuadas de la solidaridad obrera internacional. Para el futuro inmediato, el Congreso recomienda:

la colaboración cada vez más estrecha y duradera de las organizaciones obreras sindicales en cada país y por encima de las fronteras;

la modificación de aquellos estatutos sindicales que puedan entorpecer una acción de ayuda internacional rápida y eficaz;

la mejora y ampliación de las relaciones internacionales de la prensa obrera socialdemócrata; en especial, se recuerda a los periodistas socialistas del país donde se avecine o haya comenzado ya una gran lucha la obligación de mantener al corriente de la situación, con rapidez y exactitud, a sus colegas extranjeros, quienes por su parte están obligados a utilizar inmediatamente esos informes para despertar en todas partes el interés y la simpatía de los obreros y para salir a tiempo al paso de las «noticias», con demasiada frecuencia directamente inventadas, que difunden, para engañar a la opinión pública, los periódicos y agencias al servicio del capital.

También desde este punto de vista es de la mayor importancia para todo el movimiento obrero que en todos los países se desarrolle una prensa socialista con fuerza suficiente para liberar a las amplias capas del pueblo de la influencia paralizante de la prensa burguesa.

La Dirección del Partido Socialdemócrata Obrero Sueco.»

Hay además sobre ello una moción de Bélgica:

  1. Se autoriza al Buró Socialista Internacional, en caso de un conflicto político, de una huelga, de un lockout o de otro acontecimiento importante que exija una intervención inmediata, a reclamar de los partidos afiliados una contribución extraordinaria por el importe de una décima parte de la cuota anual, como primera ayuda.

  2. Esta contribución extraordinaria solo puede recaudarse una vez al año.

  3. Los camaradas que viajen al extranjero deberán llevar consigo una tarjeta de identificación que indique su lugar de procedencia y su destino; los socorros pagados a estos camaradas deberán ser reembolsados por los partidos que hayan expedido dicha tarjeta.

Defiende la moción sueca

Branting: La moción sueca no quiere inmiscuirse en los estatutos y atribuciones de las conferencias sindicales internacionales; pero el Congreso Internacional sí tiene el deber de dirigir a los sindicatos en general la exhortación a suprimir de sus estatutos todo lo que impida una ayuda internacional eficaz. Para disipar todos los reparos expresados por la parte alemana, Branting propone redactar el apartado 5 de la resolución sueca del siguiente modo: «El Congreso recomienda a la Internacional sindical estudiar qué formas de la solidaridad obrera internacional son las más adecuadas». Branting señala a continuación la gran importancia de la prensa diaria socialista y pide que se apruebe la resolución sueca y se rechacen las propuestas belgas.

Cohen (Berlín): Los ingleses descuidaron burdamente su deber durante la huelga general sueca. (Aprobación general.) También los franceses se limitan casi siempre a palabras enérgicas. A los suecos les enviaron una larga resolución que terminaba con las palabras: «¡Viva la revolución social!», y con ella 20 francos. (Grandes risas. Interrupciones: ¡Menos revolución y más dinero habría sido mejor!) Y eso que los sindicatos ingleses son ricos, y con un poco de buena voluntad también los franceses podrían cumplir con su deber. Los juegos belgas con la tarjeta de identificación internacional y unos socorros que dan para un pellizco de tabaco no los secundamos. (Aplausos.)

Huggler (Suiza) se suma a Cohen en la crítica de los franceses, ingleses y belgas y recomienda la resolución de los suecos.

Bergmanns (Bélgica) encuentra la resolución sueca demasiado vaga y las acciones internacionales de ayuda habidas hasta ahora demasiado lentas.

Hueber (Austria) polemiza con Bergmanns, a quien remite, en lo tocante a la aplicación detallada de la resolución de Branting, a la Conferencia Sindical Internacional del año próximo en Budapest.

Anderson (Inglaterra) declara que no quiere defender a los sindicatos ingleses. Pero sí quiere explicar su actitud. Inglaterra acababa de dejar atrás dos años de grave crisis; tras los grandes subsidios a parados y enfermos no quedaba mucho en las cajas. Pero sobre todo, los ingleses no tenían prensa, ni un solo diario socialista. Dennos una indicación de cómo podemos crearnos una prensa obrera y cumpliremos plenamente con nuestro deber. El obrero inglés está tan dispuesto al sacrificio como el alemán.

Haywood (América) declara que los obreros americanos no conocen en absoluto los deberes de la solidaridad internacional. La American Federation of Labor no está en absoluto imbuida del espíritu de la solidaridad internacional, sino del espíritu del capitalismo egoísta.

El Dr. Adler (Viena) replica a Anderson que los dirigentes sindicales ingleses estaban muy bien informados del alcance de la huelga sueca y no hicieron lo más mínimo. Basándose en sus estatutos, rechazaron por principio toda ayuda al extranjero. Quisiera saber si al menos ahora los ingleses están dispuestos a cambiar esos estatutos sindicales.

Karski (Polonia) agradece la abundante ayuda que recibieron los combatientes durante la revolución rusa y demuestra lo impracticables que serían las tarjetas de identificación internacionales que pide Bélgica.

Tras una breve réplica final de Branting, se rechaza la moción belga y se aprueba por unanimidad la moción sueca. Se nombra ponente ante el pleno a Huggler (Suiza).

Tercera comisión: desarme y paz. Primera sesión

Preside van Kol; secretario, Gerson Trier135 (Dinamarca). Se han remitido a la comisión dos asuntos: El arbitraje y el desarme, y además: El procedimiento que debe seguirse para la rápida ejecución de los acuerdos de los congresos internacionales. Vaillant (Francia) propone deliberar primero sobre el segundo punto. Hillquit (América) y Pernerstorfer136 (Austria) subrayan que tal procedimiento sería del todo ilógico. Primero hay que aclararse sobre la postura ante el desarme, y solo cuando eso se haya hecho podrá intentarse un acuerdo sobre la ejecución de eventuales acuerdos.

Vaillant (Francia): Mi propuesta no se refiere solo a los acuerdos que ahora se adopten, sino a todos los acuerdos que el Congreso ya ha tomado. Ante la oposición manifestada, aplazo la propuesta por un tiempo.

Se entra en la deliberación de la cuestión del desarme. Se someten a deliberación varias resoluciones, a saber, la resolución del I. L. P. de Gran Bretaña, la del S. D. P. de Gran Bretaña, la del P. S. de Francia y la del Partido Socialista Italiano.

Ledebour (Alemania): Hago notar que hay una quinta resolución a deliberación, presentada por la fracción socialdemócrata del Reichstag alemán y debatida el 29 de marzo de 1909. Se propone recomendar a todas las fracciones socialdemócratas que presenten estas resoluciones, con las modificaciones de redacción correspondientes, en todos los parlamentos.

Vaillant (Francia): En principio todos los camaradas están probablemente de acuerdo, de modo que puede nombrarse enseguida una subcomisión para elaborar una resolución común. Ciertamente, la abolición de la guerra solo la hará posible el socialismo. Naturalmente, no se puede esperar a eso, sino que es preciso salir al paso de los armamentos de guerra y del militarismo presentando mociones en los parlamentos.

Keir Hardie (Inglaterra): Si ahora los gobiernos alemán e inglés llegaran a un acuerdo sobre la limitación de los armamentos, no sería por amor a la paz, sino porque los países ya no pueden soportar la carga de los armamentos. Los obreros son lo bastante fuertes para impedir la guerra. Desarrollemos en los sindicatos la agitación más viva contra la guerra. El día de la declaración de guerra los obreros deben dejar de trabajar. Eso no es una huelga general. Hay que salir también con más energía al paso de las maquinaciones de la prensa capitalista. Discutamos ahora todavía la cuestión; la subcomisión podemos nombrarla más tarde.

Bruce Glasier del I. L. P. (Inglaterra): El cristianismo se ha mostrado del todo incapaz de suprimir la guerra del mundo. También hay ya ahora socialistas dispuestos a abandonar sus principios pacifistas. La propensión a liarse a golpes anida indiscutiblemente en más de un socialdemócrata. Es el instinto animal, que debe ser superado. Desarrollemos la más amplia agitación por la paz, y entonces los Estados Unidos de Europa se habrán convertido fácilmente en un hecho.

Radek137 (Polonia): La actitud que adopta la fracción socialdemócrata alemana del Reichstag en el asunto de la lucha contra los armamentos no puede justificarse con argumentos socialdemócratas. Las demandas de un acuerdo sobre el volumen de los armamentos son inútiles mientras falte un poder ejecutivo internacional capaz de hacer valer los acuerdos en cualquier circunstancia. Solo la penuria financiera podría quizá mover al gobierno alemán a concertar un acuerdo con Inglaterra. Entonces tendríamos que aclarar enseguida a las masas que se trata solo de una medida pasajera. Además, una limitación de los armamentos navales tendría probablemente como consecuencia un aumento de los gastos en armamentos del ejército de tierra. La actitud del Vorwärts y de la fracción socialdemócrata del Reichstag en el asunto del acuerdo germano-inglés no es otra cosa que la contrapartida de la defensa de los armamentos navales por parte de Hyndman, que ha merecido la condena general.

Como el presidente insta repetidamente al orador a ser lo más breve posible, este renuncia a seguir hablando, protestando por la restricción de su libertad de palabra.

Hillquit (Norteamérica): De lo principal no se ha dicho hasta ahora ni una palabra. El debate no ha sido hasta ahora más que una continuación de la discusión de Stuttgart sobre militarismo y antimilitarismo. Para no caer en una palabrería sin rumbo, convendrá sin duda que una subcomisión elabore una resolución, a fin de crear una base mejor para el debate. La subcomisión podría formarse con siete camaradas.

Siguió un largo debate de procedimiento. El presidente recomendó dejar hablar a un orador más en defensa de cada una de las resoluciones presentadas, interrumpir luego las deliberaciones y nombrar una subcomisión que pudiera presentar una nueva resolución.

Radek (Polonia) pide que se dé la palabra a un orador de los polacos para defender una resolución que todavía se presentará. Esta resolución deberá entregarse también a la subcomisión.

Ledebour: Estamos de acuerdo con las resoluciones de los demás países y no necesito hablar de ellas. Pero debo rechazar el reproche del camarada Radek de que la actitud de la fracción alemana del Reichstag haya de considerarse incompatible con los principios socialistas. Radek ha polemizado contra un artículo del Vorwärts. Me niego a responder de todo lo que se escribe en el Vorwärts. Pero la misma actitud que la fracción alemana del Reichstag y el Vorwärts la han adoptado tres veces los camaradas ingleses, que han presentado dos veces la misma resolución. En el Estado actual no podemos pedir mociones que sean puramente socialistas. Radek no conoce bien lo ocurrido. (Radek: ¡Conozco muy bien lo ocurrido y en su día ataqué a la fracción del Reichstag en la Leipziger Volkszeitung!)138 La situación política de 1909, como el orador expone detalladamente, imponía la actuación de la fracción del Reichstag, que con ello ha realizado un trabajo eminentemente práctico. Bülow y Tirpitz quedaron una vez más convictos de mentira por nosotros en esa ocasión. La idea de un acuerdo sobre los armamentos navales ha hecho indiscutiblemente progresos sustanciales en Alemania gracias a nuestra moción. También los círculos burgueses empiezan poco a poco a mirar la idea con simpatía. Así, sin plantear una reivindicación puramente socialista, cosa que dadas las circunstancias no era en absoluto factible, hemos contribuido también en esta ocasión a la lucha contra el Estado capitalista en un terreno importante.

Dessin (Inglaterra) defiende la resolución del Partido Socialdemócrata de Gran Bretaña. Sin duda hubo guerras mucho antes del periodo capitalista. Pero ahora tienen causas económicas. Por tanto, debemos eliminar el capitalismo para asegurar la paz. A disminuir el peligro de guerra podemos contribuir ya ahora. Nuestra resolución muestra el camino para ello.

Vaillant defiende la resolución francesa. Lo que queremos es continuar la propaganda antimilitarista. En Stuttgart nos pusimos de acuerdo sobre los principios fundamentales. Ahora se trata de hallar los medios para llevar a la práctica las ideas. Podemos hacer bastante en la lucha contra el militarismo y la guerra. El mayor peligro para la paz es la tensión entre Inglaterra y Alemania. Una guerra haría retroceder al proletariado por largo tiempo en el camino hacia su meta. Como los diputados socialdemócratas ingleses y alemanes, también los camaradas de los demás parlamentos han cumplido con su deber y han protestado contra la continuación de los armamentos. El sistema de altos aranceles proteccionistas ha agravado aún más las tensiones. En tiempos de carestía es ahora especialmente necesario combatir y eliminar el proteccionismo. Debemos ilustrar a los obreros sobre la acción directa. Keir Hardie ha dicho que para el caso de guerra conviene la paralización general del trabajo, y que eso no es una huelga general. Nosotros queremos la huelga general. Los obreros deben dejar el trabajo al estallar una guerra. Ya no son tan necios como para prestarse a servir de carne de cañón al capitalismo. La comisión debe pronunciarse por la huelga general en caso de declaración de guerra. En Alemania se ha vuelto a pintar estos últimos días el peligro de complicaciones bélicas. Empleen ustedes hasta su última fuerza en prevenir toda complicación bélica.

Para la subcomisión que ha de preparar una resolución se eligen Ledebour (Alemania), el Dr. Renner (Austria), Keir Hardie (Inglaterra), Vaillant (Francia), Klausen (Dinamarca), Hillquit (América), Morgari (Italia), Janniaux (Bélgica) y Volkhovski (Rusia). Las deliberaciones se reanudarán el martes por la mañana.

Tercera comisión: desarme y paz. Subcomisión, martes 30 de agosto

La subcomisión solo se puso de acuerdo sobre las líneas generales de la resolución que debía presentarse.

Morgari (Italia) se había pronunciado en el sentido de que en la resolución no debía decirse demasiado. Todas las fuerzas debían concentrarse en un solo punto: en todos los parlamentos, los representantes del proletariado debían presentar una y otra vez mociones para reducir los efectivos de los ejércitos, mediante acuerdos internacionales, en primer lugar a la mitad. Para propagar estos ideales debía crearse una organización especial. Las exposiciones teóricas que se metieran en la resolución no harían sino oscurecer para todos el núcleo del asunto.

A estas exposiciones objetaron Renner (Austria) y otros que con tal procedimiento la propaganda contra el militarismo y por la paz quedaría restringida de forma intolerable. El núcleo de la resolución que se ha de elaborar deberá contener, según se establece por acuerdo de la mayoría: 1. Introducción: los obreros de todos los países no tienen discordias que pudieran conducir a guerras. Deben destacarse los acuerdos de los congresos internacionales anteriores sobre la solidaridad de todos los proletarios, y que el aumento continuo de los gastos en armamentos está a menudo en contradicción con las garantías de paz de todos los gobiernos y de la Conferencia de la Paz de La Haya. Los gastos en armamentos llevan al aumento de los impuestos indirectos, impiden el desarrollo de la reforma social y empujan a los Estados a la bancarrota financiera. Como medidas positivas se propone: 2. Ilustración continua sobre la naturaleza del militarismo y del peligro de guerra. 3. Las fracciones socialistas exigen en todos los parlamentos el arbitraje para todos los casos de conflicto. 4. Propaganda por el desarme en tierra, mar y aire. Deben presentarse mociones en todos los parlamentos sobre la limitación de los armamentos navales y la abolición del derecho de presa marítima. 5. Debe exigirse la publicación de todos los tratados secretos concertados entre los países. 6. Garantía de la existencia de los Estados. 7. Indicaciones sobre la acción en caso de amenaza de guerra.

Se encarga al Dr. Renner (Austria) la redacción de esta resolución.

Tercera comisión: desarme y paz. Sesión del miércoles 31 de agosto

La resolución elaborada por la subcomisión se reparte impresa. Se acuerda que Alemania informe sobre los trabajos de la subcomisión.

Ledebour: Las opiniones en la subcomisión divergían bastante. No hubo mayoría para la propuesta de Morgari (Italia), que exige pedir, mediante mociones repetidas constantemente en los parlamentos, una reducción de los ejércitos en un 50 por ciento. Se rechazó una moción de Keir Hardie que recomienda la huelga general como medio para impedir las guerras. No se consideró oportuno incluir en la resolución, conforme a una sugerencia de Volkhovski (Rusia), la reivindicación de la abolición del derecho militar especial. A favor de la resolución propuesta están dos tercios de los miembros de la subcomisión. La introducción establece como cuestión de principio que los socialdemócratas deben negar por principio los recursos para fines bélicos. El arbitraje debe exigirse como institución obligatoria. Por principio hay que trabajar por el desarme general. Naturalmente, no hay que rechazar ningún medio para acercarse a esa meta. Por eso se exige expresamente, en primer lugar, la conclusión de un convenio por el cual se limiten los armamentos navales y se suprima el derecho de presa marítima. En Alemania, por ejemplo, el aumento de los armamentos navales se justifica precisamente aludiendo a la necesaria protección de la flota mercante. Tal protección no es posible, ciertamente, pero con la supresión del derecho de presa marítima desaparece un pretexto para los armamentos. De la resolución inglesa se ha tomado la exigencia de abolir la diplomacia secreta. La reivindicación relativa a la defensa del derecho de autodeterminación de todos los pueblos y la protesta contra la opresión actual no partió de la parte alemana, pero cuenta con mi plena aprobación, porque Alemania está a la cabeza de los países que oprimen brutalmente a las minorías nacionales. De la acción directa trata el final de la resolución. En los parlamentos solo pueden obtenerse éxitos positivos en una medida muy limitada. No por eso hay que rechazar el parlamentarismo: es un medio para penetrar en el sentimiento y conquistar el mundo de ideas de las masas proletarias todavía indiferentes. Al formular las frases que tratan de la acción hubo que tener en cuenta la situación jurídica de cada país. No se debe dar a los gobiernos ningún pretexto para asestar golpes demoledores a las organizaciones. La instrucción que ha de darse al Buró Internacional de tomar inmediatamente, en caso de amenaza de guerra, medidas para llegar a un entendimiento entre los partidos obreros de los países afectados, a fin de lograr una actuación unitaria para impedir la guerra, es necesaria. Así se vio cuando, con motivo de la anexión de Bosnia y Herzegovina, amenazó con estallar una guerra entre Austria y Serbia, de modo que los camaradas de ambos países no pudieron entenderse. Keir Hardie no quiere, al estallar la guerra, la huelga general, pero sí que dejen el trabajo los obreros que fabrican los medios de guerra, así como los mineros y los obreros del transporte. En la práctica eso equivaldría a la huelga general. Semejante acuerdo tendría por consecuencia inmediata la destrucción de las organizaciones. Hay que dejar a los obreros conscientes de cada país qué pasos deben dar en el momento dado para impedir el estallido de la guerra. Volkhovski quería prever, al menos para Rusia, la huelga en caso de guerra. Pero no es admisible dictar prescripciones especiales para un solo país. Si los rusos, en atención a su falta de derechos, quieren hacer algo así, tienen que acordarlo ellos solos. Cómo actúa nuestra lucha aun en las formas que hemos elegido lo muestra el grito de alarma del discurso de Königsberg que pronunció hace poco nuestro mejor colaborador alemán,139 al que, por el bien de nuestros futuros éxitos electorales, no querría ver faltar de su puesto. Al final de su exposición de casi una hora, el orador pide, señalando las dificultades que hubo que vencer en la redacción, que se apruebe la resolución sin cambios.

Morgari (Italia) defiende la moción de la mayoría del partido italiano de que no se sigan ampliando los armamentos y de que todos los ejércitos se reduzcan en un 50 por ciento. En principio no tiene nada que objetar a la resolución presentada, pero esta no tendrá significado práctico. Las mociones probablemente no obtendrán mayoría, pero volverán a presentarse en el próximo congreso.

Vaillant (Francia) quiere votar a favor de la resolución de la mayoría. Con medios parlamentarios no se puede conseguir lo suficiente. Hay que prever la agitación de masas y no retroceder ante ningún sacrificio para impedir la guerra. Propone añadir a la resolución: «Para prevenir e impedir las guerras, debe prepararse una huelga general de las industrias que suministran medios para la guerra».

Acto seguido se aplazan las deliberaciones.

Tercera comisión: desarme y paz. Sesión del jueves 1 de septiembre

El presidente van Kol declara que las deliberaciones deben concluirse hoy. Solo concederá ya 10 minutos de tiempo de palabra.

Keir Hardie (Inglaterra): No puedo aceptar las propuestas de la subcomisión. Si los representantes parlamentarios del proletariado no son lo bastante fuertes para impedir la guerra, tendrán que hacerlo los propios obreros, negándose a fabricar ellos mismos armas y municiones y a extraer carbón para los barcos. Naturalmente, los obreros de los países implicados deben estar de acuerdo entre sí. No se puede parar el trabajo en un solo país. Si no se aprueba la enmienda relativa a la suspensión del trabajo, habrá que mencionarla en un informe especial de la minoría.

Volkhovski (Rusia): Ledebour me ha entendido mal. Para Rusia no he pedido disposiciones especiales. Deseo que los soldados queden sometidos al derecho civil. Recomendaría que se hiciera más agitación que hasta ahora entre los soldados del ejército y de la marina, como se ha deseado y también intentado últimamente en Francia.

El presidente van Kol declara que la propuesta de Volkhovski no tiene nada que ver con el orden del día y que, por tanto, no debe discutirse. Un debate bastante largo gira en torno a cómo podría ponerse fin al debate. El pleno seguía falto de materia de deliberación.

Los siguientes oradores renuncian a la palabra. Solo cuatro oradores quieren todavía hacer uso de ella.

Tucović140 (Serbia): En el último conflicto entre Austria y Serbia, los socialdemócratas serbios no dudaron ni un instante sobre la conducta que debían seguir. Recibieron el apoyo de la socialdemocracia austriaca en la lucha contra la dinastía. Pero los austriacos habrían tenido que apoyar mucho mejor a los serbios combatiendo con más energía la política de conquista de su gobierno. En el partido socialdemócrata austriaco no se salió al paso con suficiente energía de la anexión de Bosnia y Herzegovina. En los Balcanes el peligro de guerra es permanente. Los socialdemócratas no deben atenerse a las razones de la diplomacia, sino volverse con todas sus fuerzas contra el afán de conquista de las grandes potencias y defender también la libertad y el derecho de autodeterminación de las naciones pequeñas. Esa es una cuestión vital para el movimiento socialista en los Estados más pequeños, que pueden servir a la idea socialista menos por su propia fuerza que por el auxilio de los camaradas de los países grandes. La socialdemocracia serbia está organizada enteramente según el modelo alemán. Pero la socialdemocracia alemana está desacreditada a los ojos de los obreros serbios, porque no se opone con la debida energía al afán de conquista de los grandes Estados y no se ocupa suficientemente de los pequeños pueblos balcánicos, que se hallan bajo el aguijón de las grandes potencias. Eso tiene que cambiar en el futuro.

Carleson (Suecia) declaró que los delegados de su país votan a favor de la resolución presentada como declaración de principio sobre el marco en el que deben moverse los esfuerzos de lucha contra los armamentos. En varios giros de la resolución cabe ver un progreso.

Debunne (Bélgica) declara en nombre de la delegación belga que votará a favor de la resolución. En principio está a favor de la enmienda Vaillant-Keir Hardie, pero votaría en contra porque el representante de Alemania la califica de inaceptable.

Škatula141 (Bohemia): Los camaradas checos, a diferencia de sus colegas alemanes del partido austriaco, combatieron con el mayor brío la política de anexión del gobierno. Las nacionalidades de Austria deberían ocuparse en el futuro de la política balcánica mucho más que hasta ahora.

Radek (Polonia) hace leer una declaración en la que asegura que no se le ocurrió, como afirma la prensa burguesa, menospreciar en lo más mínimo la agitación socialdemócrata por la defensa de la paz. Lo que tenía en mente era, por el contrario, dar a la agitación la mayor eficacia y agudeza.

Renner (Austria) subraya frente a Škatula que entre los diputados socialdemócratas austriacos de todas las naciones no ha habido diferencia alguna de táctica en las cuestiones de la política balcánica. Pero el problema balcánico es tan complicado que no hay dos políticos que sean del todo de la misma opinión sobre él. En el parlamento los diputados abogaron por la paz con la mayor energía, y también con éxito. Se salió al paso de todo afán de conquista, tanto de Austria como de Serbia y de Montenegro. Se defendió siempre el derecho de autodeterminación de los pueblos. En la prensa se subrayó que una declaración de guerra de Serbia solo tendría por consecuencia una derrota de Serbia. Los socialdemócratas de Austria no han infringido ningún precepto de la solidaridad internacional. Una resolución aprobada por el Congreso Internacional no puede ser exhaustiva en todos los sentidos. Solo puede resumir lo que en el momento de la decisión deba considerarse maduro para todos los países. Junto a los acuerdos de los congresos internacionales están los programas de los partidos de cada país. Renner observa además, interpretando la reivindicación del desarme, que de ella no puede deducirse, evidentemente, dejar indefenso al país, sino que se prevé un paso del ejército permanente al ejército popular. Quedará reservado a un congreso posterior elaborar el programa antimilitarista del proletariado y procurar que se ponga fin a la guerra sobre esta tierra. (Aplausos.)

Pittoni142 (Austria) hace constar que la afirmación de Škatula es falsa. Los diputados austriacos tomaron posición unánimemente contra la política de anexión. Él, como diputado italiano, declara que los diputados de ninguna nacionalidad descuidaron nada de lo que había que hacer.

Con esto se cerró el debate.

La enmienda de Volkhovski relativa a someter a los soldados al derecho civil se despachó pasando al orden del día, después de haberse acordado una declaración de que se hacía así solo porque la materia no pertenecía al orden del día.

Se rechazó por gran mayoría la enmienda Vaillant-Keir Hardie:

Entre todos los medios que deben emplearse para prevenir e impedir una guerra,

el Congreso acuerda

considerar especialmente adecuadas la huelga general de los obreros, principalmente en las industrias que suministran los materiales para la guerra (armas, municiones, transporte, etc.), y una agitación activa del pueblo, y ello con los medios más extremos.

La votación se hizo por naciones. Se emitieron 119 votos en contra y 58 a favor. A continuación se aprobó sin cambios la resolución de la subcomisión, con el voto en contra del italiano Morgari. Se designó a Ledebour ponente ante el pleno; como representante de la minoría de la comisión, Keir Hardie hablará después del ponente.

El segundo asunto de la comisión era el procedimiento que debe seguirse para la rápida ejecución de los acuerdos de los congresos internacionales.

Vaillant (Francia) defiende brevemente la siguiente resolución del P. S. (Francia):

Sigue la resolución complementaria sobre la convocatoria del Buró Socialista Internacional: véase la página del congreso.

La resolución se aprobó sin debate por unanimidad.

Vliegen (Holanda) expone: la comisión debería ocuparse de que las resoluciones que acuerda el Congreso se lleven también a la práctica. Ahora se toman acuerdos que solo quedan en el papel, sin que se les pueda dar vigencia. Por eso Holanda propone que se presente al próximo congreso un informe sobre la medida en que se ha dado cumplimiento a los acuerdos tomados. Propone la siguiente resolución:

Sigue la resolución complementaria sobre la ejecución de los acuerdos de los congresos: véase la página del congreso.

La resolución se aprueba por unanimidad y se levanta la sesión a las 12.

Cuarta comisión: seguro de paro y legislación de protección obrera. Primera sesión

Dirige las deliberaciones el diputado danés Olsen. Tras un largo debate de procedimiento se acuerda deliberar por separado sobre la cuestión del paro. Abre el debate sobre ella

Molkenbuhr (Alemania): En Alemania hemos tenido ya dos recuentos de parados, uno en julio, con el censo profesional, y otro en diciembre, con ocasión del censo de población de 1895. Resultó de ellos que en verano el número de parados ascendía a 200 000, mientras que en invierno se contaron 500 000. Por término medio tenemos, pues, en Alemania unos 300 000 parados. 1895 fue un año de crisis. El paro se dejó sentir entonces de forma especialmente aguda. Por aquel tiempo hice en cierta ocasión unos cálculos para saber si en Alemania sería posible un seguro de paro. Llegué a la conclusión de que, si pagáramos a cada uno de nuestros parados 2 marcos diarios, tendríamos que reunir al año unos 280 millones de marcos. Es, ciertamente, una suma grande, pero si pensamos que nuestro seguro obrero requiere 600 millones al año, también esa suma puede reunirse. La carga tendría que repartirse proporcionalmente: hay que hacer contribuir al Estado y a la patronal. Si los patronos tienen que pagar también, se guardarán mucho de acumular, en tiempos de auge, horas extraordinarias sobre horas extraordinarias y trabajo dominical; repartirán mejor el trabajo sobrante sobre la época de escasez. El Reich, por su parte, puede actuar por vía legal en favor de la reducción de la jornada. Restringirá también los permisos para horas extraordinarias, etc., allí donde esté facultado para concederlos. También como empresario y patrono, el Reich aplazará entonces los trabajos que admitan demora a una época en que el trabajo escasee en todas partes. Mientras el paro no les cueste nada a los patronos y al Estado, no moverán un dedo para eliminarlo, pues el paro les reporta, a fin de cuentas, mayores ganancias. Si seguimos la estadística, podemos comprobar que en 1908, año de crisis, había unos 500 000 parados más que en 1907. Por ahí puede medirse el efecto de la última gran crisis. Venía a haber un parado por cada 30 obreros. Pues bien, también esa carga puede soportarse. En Alemania tenemos ya en la práctica el comienzo de la asistencia legal a los parados. La ley de la potasa143, por la que se eliminaron las diferencias en el antiguo sindicato privado de la potasa mediante el sindicato obligatorio legal, contiene la disposición de que, en caso de cierre de explotaciones pequeñas —que las explotaciones sindicadas realizan para poder transferir la cuota de participación a las explotaciones mayores—, los obreros que quedan sin trabajo deben ser socorridos por las explotaciones correspondientes durante medio año. En nuestras reivindicaciones sobre el seguro de paro figura un pasaje que exige el seguro de paro estatal; sobre los detalles, desde luego, las opiniones divergen. Pero de los detalles tampoco puede ocuparse el Congreso Internacional. Hay que respetar las condiciones particulares de cada país. El derecho al trabajo ha sido atacado con razón desde distintos lados. No lo repetimos en su forma anterior, pero mantenemos su núcleo sano: cuando el mercado de trabajo anuncia una crisis, paro, hay que emprender obras públicas.

Troclet144 (Bélgica) no quiere entrar en los muchos aspectos de la cuestión. Ante todo, dice, son los sindicatos los interesados en resolver el problema de la asistencia a los parados. Las condiciones para ello difieren en los distintos países, y eso debe sopesarse al deliberar sobre las propuestas para atenuar y eliminar el paro. Tenemos que ir por el camino en que encontremos menos resistencia. Los sindicatos solos no pueden en modo alguno hacer frente al problema. En la provincia de Lieja, por ejemplo, los sindicatos ingresan 18 000 marcos en cotizaciones, mientras que el socorro a los parados requiere más de 90 000 marcos. En Bruselas hubo que reunir en un solo mes 10 000 francos solo para los guanteros. Eso no pueden afrontarlo los obreros solos. Los poderes públicos tienen que intervenir aquí. Naturalmente, debe preservarse la libertad de los sindicatos. La resolución francesa está inspirada por pensamientos elevados, pero no podemos aprobarla sin reservas. La alemana tampoco es para nosotros aceptable sin condiciones.

Braun (Austria): Lo que los sindicatos aportan al socorro de los parados es lo único digno de mención hasta ahora en el socorro del ejército industrial de reserva, que está indisolublemente unido al desarrollo del capitalismo. Pero los sindicatos no solo sufren por el paro de sus afiliados; también se ven entorpecidos en todas sus luchas por el aumento de los salarios y la reducción de la jornada por el paro de los no organizados. Por eso es también interés sindical que los propietarios de los medios de producción, que son responsables del paro —en parte como individuos, pero siempre como miembros de la clase dominante—, carguen también con los costes del socorro de paro. Formalmente, el seguro de paro debe ser de derecho público. Debe garantizarse a las organizaciones obreras la mayor influencia posible en la administración. Los costes del seguro de paro deben imponerse progresivamente a los patronos, teniendo en cuenta su responsabilidad en el paro. Las empresas con ocupación regular de un número de trabajadores igual durante todo el año deben pagar el gravamen más bajo, y el más alto las empresas de temporada corta y con jornada irregular y a ratos excesivamente larga, con autorización de horas extraordinarias, con empleo excesivo de aprendices. Con ello se lograría ya un reparto más uniforme del trabajo a lo largo de todo el año y se reduciría el paro. Pero, como medio de lucha sindical, el socorro de paro seguirá siendo una tarea importante de la organización de oficio.

La camarada Hicks145 (Inglaterra) subraya que el remedio no es el seguro de paro, sino la organización de todos los obreros. En Inglaterra, dice, ya se ha emprendido este camino para resolver el problema. Si se exige del Estado que ponga obras públicas a disposición de los desocupados, hay que reclamar al mismo tiempo una remuneración que corresponda a las tarifas de los sindicatos. Sobre la cuestión del seguro de paro hay que declarar que los obreros en huelga y los obreros afectados por un cierre patronal se consideran parados a efectos del seguro.

Cuarta comisión: seguro de paro y legislación de protección obrera. Segunda sesión

La comisión continuó el debate sobre el seguro de paro. Pero las propuestas de modificación eran tan numerosas y los puntos de controversia, en particular sobre el trato a los huelguistas y a los afectados por cierres patronales en el seguro de paro, tan dispares, que la resolución presentada tuvo que devolverse a la subcomisión.

En la sesión siguiente, el Dr. Braun (Austria) informa en nombre de la subcomisión, que presenta la siguiente resolución sobre la cuestión del paro:

El Congreso hace constar que el paro es inseparable del modo de producción capitalista, en particular del desarrollo del capitalismo, de la industrialización de la mujer y del niño, así como del flujo de salida y entrada debido a la migración de los obreros, y que solo desaparecerá con el capitalismo.

No puede lograrse la eliminación del paro, sino solo su reducción y la atenuación de sus consecuencias, mientras la propiedad privada de los medios de producción siga siendo la base de nuestro sistema económico.

Se considera paro no culpable toda causa de falta de ocupación independiente de la voluntad del parado, con excepción de la enfermedad y el accidente.

Hasta que se haga realidad la asistencia general de derecho público a los parados, administrada por las organizaciones obreras y cuyos costes han de sufragar los propietarios de los medios de producción, el Congreso Internacional exige de los poderes públicos el fomento financiero de todo socorro sindical de paro. Este apoyo no debe menoscabar en modo alguno la independencia de los sindicatos.

Los representantes de la clase obrera deben exigir de los poderes públicos:

  1. estadísticas exactas y regulares del paro;

  2. obras de emergencia para los parados, suficientes en su volumen, con pago de los salarios reconocidos por los sindicatos (fair wages);

  3. socorro extraordinario a las cajas de paro durante la crisis;

  4. subvenciones a todas las instituciones de colocación en las que se salvaguarden los intereses de los obreros;

  5. reducción de la jornada mediante medidas legislativas.

Para fundamentarla expuso

el Dr. Braun: Habrá algunos camaradas que no estén del todo de acuerdo con la resolución, pero esta ofrece lo mejor que los miembros de la comisión pudieron dar. La comisión está convencida de que la asistencia a los parados por el Estado y la sociedad es indispensable. Seguramente todos los camaradas, incluidos los de Inglaterra, están ya convencidos de la necesidad de descargar sobre el Estado y la burguesía una parte de las cargas del paro. El socorro estatal de paro es absolutamente necesario, siempre que no menoscabe la independencia de los sindicatos. Les ruego que aprueben la resolución, que representa la línea media entre las distintas opiniones de los miembros de la comisión. Toda discusión que tenga por objeto introducir los deseos particulares de cada país será inútil. La resolución es una exposición general de las reivindicaciones de todos los países sobre la cuestión del paro.

La camarada Dra. Phillips146 (Inglaterra) desea que se incorporen a la resolución diversos complementos que ella fundamenta. En el punto 2 pide que se subraye que el socorro de paro no debe considerarse beneficencia. En el punto 5 hay que exigir no solo la reducción, sino también la reglamentación de la jornada. Hay que subrayar especialmente el socorro a los obreros no organizados, porque son los que más sufren por el paro. Además, hay que exigir el derecho a la vida y aspirar a la organización internacional de las oficinas de colocación.

Simon (Alemania) propone suprimir en el tercer párrafo las palabras «con excepción de la enfermedad y el accidente». Para él, la resolución solo es aceptable con esa condición. El orador se pronuncia con dureza contra la parte de la enmienda inglesa que subraya especialmente la necesidad del socorro de paro para los no organizados. Deben apoyarse enérgicamente las oficinas de colocación dirigidas con participación de los obreros en su administración. Eso tendría que expresarse también en el punto 4 de la resolución.

Troclet (Bélgica) hace notar que las propuestas inglesas quedan satisfechas en gran parte por el sentido mismo de la resolución. Pero propone añadir en el punto 5, tras la palabra «reducción», «y reglamentación». Rechaza la propuesta de modificación de Simon, así como que se subraye el apoyo especial a las oficinas de colocación administradas con participación de los obreros. La redacción de la comisión es, dice, mucho mejor. Por último, propone añadir en el punto 4 de la resolución, tras la palabra «intereses», las palabras «y libertades».

Molkenbuhr (Alemania) tampoco encuentra satisfactorio todo en la resolución, pero solo quiere abogar por eliminar algunas asperezas sensibles. Las palabras del primer párrafo «así como del flujo de salida y entrada debido a la migración de los obreros» están fuera de lugar. El paro no aumenta ni disminuye por el flujo de salida y entrada de los obreros. Pero la afluencia de obreros aumenta los obreros sin trabajo. Así pues, hay que suprimir esas palabras. Del mismo modo, hay que eliminar del párrafo 3 la cuestión de la culpa. Estamos de acuerdo en que el paro no es una culpa personal, sino que la culpa la tiene la forma de producción capitalista. Combatimos con toda decisión que se plantee la cuestión de la culpa en la legislación de protección obrera, y no debe, por tanto, dejarse entrar aquí de nuevo. Hay que suprimir, pues, el párrafo entero.

Lindhagen147 (Suecia) tiene también diversos reparos contra la resolución. Propone suprimir en el primer párrafo las palabras, para él poco claras, «industrialización de la mujer y del niño». No puede entender, dice, que se destaque especialmente la industrialización de las mujeres y los niños.

Reichensperg (Suiza) defiende sobre todo la supresión del tercer párrafo entero de la resolución. El punto 4 debe completarse con la inserción de la reivindicación «creación de oficinas de colocación paritarias». El patrono debe consignar los costes del socorro de paro como gastos de explotación, igual que los gastos de protección obrera y de seguro obrero.

Gossip148 (Inglaterra) no desea que el seguro de paro se refiera solo a los obreros organizados. Por lo demás, defiende las propuestas de modificación de la camarada Phillips.

Vanek (Bohemia) critica que los costes de la asistencia a los parados no deban cargarse desde el principio sobre el propietario de los medios de producción. No se puede esperar, dice, a que este haya hecho algo por los parados. Hay que hacer contribuir a los patronos de inmediato a los costes del socorro de paro.

Duys (Holanda) espera que se rechacen en todas sus partes las enmiendas de los ingleses. En las propuestas no habla en ninguna parte el socialismo. Combate en su última parte la reivindicación de Reichensperg de exigir los costes del socorro de paro al patrono, que habría de consignarlos, como las cotizaciones al seguro obrero, como gastos de explotación. El paro, dice, no puede compararse con lo que exige la protección obrera.

La camarada Reinstein (América): El paro en América se ve especialmente agravado por la fuerte inmigración de obreros extranjeros. Como en América existe una fuerte corriente contra los obreros extranjeros inmigrantes, pide que se supriman en el primer párrafo las palabras «flujo de salida y entrada debido a la migración de los obreros». Los elementos conservadores de América aprovecharían esas palabras en su agitación para imponer su reivindicación de excluir a los obreros extranjeros. La frase contiene el reconocimiento de que la afluencia de obreros influye desfavorablemente en la ocupación de los obreros del país. (¡Bravo!)

Möller (Dinamarca) se muestra de acuerdo con la oradora anterior. Además, se opone a la reivindicación inglesa de fijar el límite de edad para los niños que trabajan.

La resolución se devuelve luego a la subcomisión para que delibere sobre las propuestas de modificación.

Cuarta comisión: seguro de paro y legislación de protección obrera. Tercera sesión

Adolf Braun (Austria), como ponente de la subcomisión, presentó una resolución sobre la cuestión del paro:

«El Congreso hace constar que el paro es inseparable del modo de producción capitalista. Dentro del sistema del modo de producción capitalista no puede tratarse, por tanto, de eliminar el paro, sino solo de reducirlo y de atenuar sus consecuencias. El Congreso exige el desarrollo de la asistencia general de derecho público a los parados, administrada por las organizaciones obreras. Los representantes de la clase obrera deben exigir: 1. Informaciones estadísticas sobre el volumen del paro. 2. Pago de los salarios reconocidos por las cooperativas. 3. Socorro extraordinario a los parados en tiempos de crisis industrial. 4. El paro no debe tener como consecuencia ninguna merma de los derechos políticos. 5. Creación y apoyo de todas las instituciones de colocación. 6. Remedio del paro mediante medidas legislativas. 7. Socorro de paro obligatorio.»

Braun expuso al respecto que la comisión había intentado tener en cuenta todos los deseos formulados, pero que eso había resultado imposible.

Tras la aprobación unánime de las resoluciones sobre el paro presentadas por la subcomisión, sigue la discusión sobre la legislación obrera.

Schaper149 (Holanda) presenta sobre ella la siguiente resolución:

«El Congreso confirma las resoluciones sobre la legislación obrera adoptadas por los Congresos Internacionales de París de 1889 y de Ámsterdam de 1904. Hace constar que, desde esos acuerdos, las clases dominantes de los distintos países han hecho en general poco en este terreno y que lo conseguido ha resultado en general insuficiente. La burguesía ha recurrido a todos los subterfugios posibles para encubrir su falta de buena voluntad y su incapacidad de hacer algo grande por la clase obrera. Así, por ejemplo, ha afirmado que las condiciones de competencia industrial de los distintos países impedían la introducción de una buena legislación obrera si no se llegaba a acuerdos internacionales. Afirmaron además que faltaban los medios para soportar las cargas de la legislación social. Pero los distintos gobiernos, sobre todo los de los Estados europeos, hace ya mucho que han encontrado medios y caminos para entenderse internacionalmente, por ejemplo en el Convenio de Berna sobre el trabajo nocturno de las mujeres150. Pero de esta posibilidad solo se ha hecho un uso muy insignificante, aunque los capitalistas han extraído una enorme plusvalía del trabajo de los proletarios y han despilfarrado miles de millones en fines militares. De todo ello se desprende claramente que la invocación de la necesidad de acuerdos internacionales y la afirmación de que faltan medios para los fines de la legislación obrera no son más que pretextos para sustraerse a las obligaciones con la clase obrera y para poder explotarla de forma casi ilimitada. Todo esto nos mueve a protestar con todas nuestras fuerzas contra esta irresponsable negligencia de las clases dominantes y a llamar a la clase obrera de todos los países a combatir incansablemente esta táctica de la patronal. El Congreso recuerda a los obreros que solo mediante sindicatos vigorosamente organizados, basados en un espíritu de sacrificio personal serio y perseverante, se ejerce sobre los dominantes una presión lo bastante fuerte para sacarlos de su irresponsable desidia.»

Para fundamentarla expuso

Schaper (Holanda): Sobre la cuestión del paro acabamos de aprobar por unanimidad una resolución positiva. Para la legislación obrera en general tenemos ya dos resoluciones muy buenas, de 1889 y 1904. Por eso nos bastará con una confirmación expresa de ambas resoluciones. La burguesía objeta a todas las reivindicaciones de los obreros en el terreno de la legislación obrera que, por consideraciones de competencia, tiene que dejar las cosas como estaban. También se sale siempre por la tangente diciendo que no hay medios para esas reivindicaciones. Remitir la regulación de la legislación obrera a un entendimiento internacional sobre la legislación obrera es pura táctica dilatoria. Es la que queremos combatir con mi resolución. Cuando los patronos dicen que no tienen medios, hay que señalar que son precisamente ellos quienes presionan continuamente en favor de gastos despilfarradores en armamentos. Pero también el llamamiento a los obreros contenido en el último párrafo de la resolución es importante y necesario. Aprueben, pues, la resolución.

Molkenbuhr (Alemania): En cuanto al contenido, todos estarán seguramente de acuerdo con la resolución Schaper; se trata, por tanto, probablemente solo de una discusión sobre la forma de la resolución. La alusión a la táctica dilatoria de la burguesía no es lo más importante. La legislación obrera solo ha avanzado allí donde la han impuesto los obreros; por eso el núcleo de la resolución tiene que ser un llamamiento enérgico a los obreros. No basta con citar las resoluciones de París y Ámsterdam, porque los obreros no tienen su texto en la cabeza. Hay que reproducir el sentido de las reivindicaciones de aquellos congresos.

Rotenstein (Hungría) desea ver la punta de la resolución dirigida no solo contra la burguesía industrial, sino contra toda la clase dominante. Tampoco basta con subrayar meramente la necesidad de la organización sindical de los obreros.

Ury (Francia) hace constar que la resolución Schaper está ya contenida, en cuanto al sentido, en la resolución aprobada por el congreso francés.

Buber (Polonia) desea que la resolución señale la importancia de la organización política y económica del proletariado, mientras que el camarada Schaper solo hace hincapié en la organización económica. Pide que la legislación de protección obrera de cada país no haga distinción entre obreros nacionales y extranjeros, y además que el Buró Internacional publique periódicamente resúmenes de la legislación de protección obrera de cada país.

Lindhagen (Suecia), alcalde de Estocolmo: La resolución tiene que ser más compacta. Se echan en falta en la resolución ideas nuevas. El orador propone incluir en la resolución: «El Congreso declara que debe establecerse con la mayor urgencia una legislación contra el trabajo nocturno en todas las ramas industriales, cuando no sea inevitable por las circunstancias, y que, por consiguiente, en los países en que tal regulación no se lleve a cabo a la vez para hombres y mujeres, a la aplicación de esta prohibición del trabajo nocturno de las mujeres conforme al Convenio de Berna seguirá inmediatamente una legislación análoga para los hombres con la reserva indicada más arriba.

Vanek (Bohemia): No podemos quejarnos de que la clase dominante haga tan poco por los obreros, si tiene el poder en sus manos. Tenemos que exhortar a los obreros a arrancar con el poder de su organización lo que no se les da de buen grado. Por eso quisiera dar a la resolución la siguiente conclusión: «El Congreso recuerda a los obreros que solo mediante una vigorosa organización política y económica, basada en un espíritu de sacrificio perseverante, pueden llegar al poder económico y político para poder imponer sus reivindicaciones en materia de legislación obrera.»

La camarada Despard151 (Inglaterra) desea que se incorporen a la resolución una serie de reivindicaciones concretas.

Schaper (Holanda), en su intervención final, se muestra de acuerdo con lo expuesto por Molkenbuhr y espera, por lo demás, que la resolución, después de examinarla una subcomisión que habrá de nombrarse, teniendo en cuenta las distintas propuestas, reciba una forma que satisfaga a todos.

La resolución se remite a una subcomisión, a la que Alemania delega a Molkenbuhr.

Cuarta comisión: seguro de paro y legislación de protección obrera. Sesión de clausura

En la sesión de clausura de la comisión, Molkenbuhr (Alemania), tras una breve fundamentación, presentó una resolución que renueva las reivindicaciones de protección obrera de los congresos de Stuttgart y de Ámsterdam. Esta resolución dice que la legislación de protección obrera no debe perjudicar en ningún país a ninguna rama industrial; antes bien, al mejorar la salud de los obreros, debe aumentar el rendimiento de los obreros. Además, la resolución reclama el derecho de autogestión de los obreros, un socorro de paro suficiente y socorro a las viudas y huérfanos. Con cierta presión de los obreros podría conseguirse mucho más en el terreno de la legislación de protección obrera y del seguro obrero. — Un delegado propone suprimir el párrafo que establece que la legislación de protección obrera no debe perjudicar a ninguna industria. Hay que poner el peso principal, dice, en que con una presión consciente de la clase obrera podría conseguirse mucho más en el terreno de la legislación de protección obrera. — Reichensperg desea también una modificación de la resolución. La legislación, dice, ha superado ya en parte las reivindicaciones de la resolución. Tenemos que exigir en la resolución la prohibición del trabajo nocturno de las mujeres y de los obreros jóvenes menores de 18 años. Tampoco se menciona en esta resolución el trabajo a domicilio. — Molkenbuhr (Alemania) expone que la resolución solo vale para los obreros fabriles, pero no para el artesanado ni la agricultura. Podríamos incluir aún una serie de reivindicaciones, pero hemos renunciado a ello para que la resolución no resulte tan extensa. El primer párrafo de la resolución tiene por objeto salir al paso de la objeción, en el terreno legislativo, de que la industria no podría soportar una nueva ampliación de la legislación de protección obrera. Cuando los patronos nos cuentan que se gastarían 300 millones de marcos en la legislación de protección obrera, hay que replicarles que esa suma ellos solo la adelantan y que esos 300 millones de marcos ya los recuperan. — Rotenstein (Hungría): Todas las reivindicaciones de la resolución se han vuelto a incluir, sobre la base de acuerdos anteriores de los congresos, a petición expresa de la comisión. Por eso es incomprensible que ahora se impugnen estos puntos. Si en la actualidad algunas de esas reivindicaciones ya se han cumplido, en las reivindicaciones válidas precisamente para todos los países no pueden tenerse en cuenta, al fin y al cabo, las reivindicaciones de un solo país.

Como no se pudo llegar a un acuerdo sobre la resolución, la comisión decide devolverla a una subcomisión, que deberá presentar directamente al pleno una redacción definitiva de la resolución.

Quinta comisión: resoluciones. Primera sesión

Presiden Ellenbogen (Austria), Longuet152 (Francia) y la señora Ihrer153 (Berlín). La comisión se ocupa de una resolución de Paul Louis154 (Francia) que, en confirmación de la resolución de Ámsterdam sobre la unificación en Francia, expresa de nuevo el deseo de que las fracciones divididas se unan y de que el Buró Internacional ofrezca sus servicios a esta labor de unificación. La resolución (resolución sobre la unidad, página 16) se aprueba por unanimidad entre grandes aplausos. La comisión continúa sus deliberaciones el martes.

Quinta comisión: resoluciones. Segunda sesión, martes 30 de agosto

La discusión comienza con la cuestión persa. Una resolución de Armenia sobre la situación en Persia (resolución, página 20).

La resolución se aprueba sin debate.

Sigue la resolución de los obreros de Salónica sobre la situación en Turquía:

«Considerando la política colonial practicada por los Estados capitalistas de Europa con respecto a Turquía, la proclamación de una Constitución que concedía a cada ciudadano los derechos del hombre y del ciudadano, la violación del derecho de asociación profesional y de huelga por el gobierno turco y las funestas consecuencias de una política autocrática para la clase obrera de Turquía, el Congreso Socialista Internacional de Copenhague declara que única y exclusivamente una democracia basada en un entendimiento entre los Estados balcánicos puede luchar contra la política capitalista y colonial de los Estados europeos; que única y exclusivamente la concesión de una amplia libertad puede favorecer el desarrollo de la nueva Turquía, y saluda el movimiento socialista que está surgiendo en Turquía.»

Paul Louis propone poner en la segunda parte, en lugar de «democracia», «democracia social».

Rakovski (Rumanía) se opone a la enmienda. Los obreros de Salónica, dice, redactaron la resolución de acuerdo con los partidos socialdemócratas. Se quiere emprender primero el intento de una democratización.

Burrows155 (Inglaterra): ¿Qué indicios tiene Rakovski de que sea posible un entendimiento democrático?

Seitz156 (Austria): La enmienda de que la solución está en la democracia social podemos aceptarla en todas las cuestiones y para todas las cosas, pues, según nuestra concepción fundamental, el capitalismo es responsable de todos los males. Pero aquí se trata de encontrar un camino, y se cree encontrarlo en la Constitución democrática. La objeción de Rakovski a la enmienda es, por tanto, correcta; solo que entonces hay que suprimir las palabras equívocas «única y exclusivamente» y poner en su lugar «por de pronto solo», para que no se dé la impresión de que en la democracia política se ha encontrado ya toda la solución.

Paul Louis (Francia) mantiene su enmienda, porque no se puede llegar mediante un entendimiento diplomático a una democracia burguesa, cuya importancia, por lo demás, no desconoce. Por eso es necesaria una redacción que excluya todo malentendido.

Ellenbogen (Austria): No podemos esperar que en Turquía surja ya en un futuro próximo la sociedad socialista. Pero una democracia es posible, y eso es lo que piden los camaradas de Salónica, aunque solo sea para quebrar al peor enemigo de la democracia en Europa, Rusia, y su influencia en Turquía. Por eso exhortamos a la burguesía turca a crear por de pronto la democracia. Lo que hagamos luego con la democracia es cosa nuestra.

Rappoport157 (Francia) propone una modificación en el sentido de que solo un entendimiento democrático y socialista permite luchar contra la política capitalista y colonial de los Estados europeos.

Rakovski: Tenemos que protestar contra la política reaccionaria de los Jóvenes Turcos158, que la democracia europea sobrestima. Tenemos que hacerle comprender que solo puede contar con simpatías si no maltrata las coaliciones obreras. Una democracia de gran alcance es un baluarte contra la política capitalista de Europa.

De Seitz (Austria) ha llegado la siguiente enmienda: «Que esta condenable política capitalista y colonial de los Estados europeos solo puede combatirse eficazmente, por de pronto, mediante una profunda reforma constitucional democrática en los países balcánicos y mediante el entendimiento pacífico de los pueblos de esos Estados, tal como hoy solo lo defiende la socialdemocracia, en oposición a los gobiernos de los países balcánicos y de los demás países.»

Rakovski (Rumanía) propone remitir la resolución, junto con todas las enmiendas, a una subcomisión.

Ellenbogen (Austria) considera imposible la remisión a una subcomisión, porque se trata todavía de opiniones contradictorias que solo pueden resolverse mediante votación.

Se rechaza la elección de una subcomisión.

Naradian (Armenia turca) se opone a que se suprima la palabra «democrático» de la resolución sobre la situación en Turquía. El ulterior desarrollo de la democracia es, dice, de la mayor importancia para el surgimiento de un movimiento armenio en Turquía. Los Jóvenes Turcos demócratas son ciertamente perezosos, pero se ha subestimado su importancia. El movimiento de los Jóvenes Turcos ha dado impulso a luchas salariales, incluso de los obreros agrícolas, y ha hecho posible la organización de los obreros. La organización de Salónica es la mejor de los Balcanes y necesita la muestra de simpatía del proletariado internacional.

Quinta comisión: resoluciones. Tercera sesión, martes 30 de agosto

Los miembros alemanes de la comisión presentan a la comisión una resolución sobre la pena de muerte (página 16).

Prosigue el debate sobre la resolución turca:

Seitz (Austria) cree que ya no hay divergencias y que, por tanto, la resolución podría aprobarse.

Los ingleses presentan una nueva enmienda: «solo la democracia plena puede traer la liberación política».

Retiradas todas las demás enmiendas, la resolución queda aprobada con pequeñas modificaciones (página 19).

Una manifestación de simpatía hacia los socialistas japoneses (resolución, página 18) se aprueba por unanimidad y sin discusión, después de darse a conocer una comunicación del camarada Katayama según la cual el Gobierno japonés le impidió viajar al congreso negándole el pasaporte.

Protesta contra la tiranía de la oligarquía argentina

La camarada Sorgue159 (Francia) pide el boicot de los productos argentinos.

El Dr. Juan B. Justo (Argentina) describe la monstruosa situación de Argentina, cuya constitución, aparentemente democrática, no es aprovechada por los atrasados obreros del país, y que por eso solo existe sobre el papel. El Gobierno cría a los anarquistas. El 1 de mayo de este año la policía hizo una carnicería en una reunión de anarquistas. Los obreros socialistas respondieron a este crimen sangriento con una huelga de siete días. El atentado con bomba de un anarquista ruso sirvió de pretexto para decretar el estado de sitio. El Gobierno ha promovido verdaderos pogromos contra el movimiento obrero. Los esbirros arrasaron como salvajes los locales de los obreros. (El orador muestra fotografías de los destrozos.) A los socialistas se los mete en el mismo saco que a los anarquistas, aunque no son en absoluto extremistas e incluso creen en un desarrollo de la propiedad privada. A pesar de todo, los socialistas han obtenido éxitos electorales. Hoy rigen leyes de excepción y el derecho de asociación y de huelga está considerablemente restringido. El orador se opone al boicot, que solo impediría la exportación de víveres a Europa y con ello empeoraría aún más la situación de los obreros.

La camarada Sorgue insiste apasionadamente en el boicot. Una resolución solo ofrece palabras, que no sirven de nada.

La resolución (página 17) se aprueba por unanimidad; la propuesta de la camarada Sorgue se rechaza con tres votos discrepantes.

Quinta comisión: resoluciones. Cuarta sesión, miércoles 31 de agosto

Los camaradas rusos y finlandeses presentan una resolución que estigmatiza la reacción zarista en Finlandia. (Página 18.)

Rubanóvich160 (Rusia) propone que se apruebe por unanimidad y sin discusión.

La Monte161 propone como enmienda que en todos los países se celebren manifestaciones contra el zarismo en Finlandia en la primera semana de octubre.

Contra la enmienda habla Müller162 (Múnich): fijar una semana determinada es imposible, pero los alemanes harán naturalmente todo lo posible para que la protesta tenga éxito.

Tomášek163 (Bohemia) se pronuncia igualmente contra la enmienda.

Longuet (Francia): Solo puede lograrse un efecto si la manifestación tiene lugar en un mismo día. No hay que atarse a la primera semana de octubre, pero sí encargar al Buró Internacional que se ponga de acuerdo con los partidos sobre la fecha de tal manifestación.

La Monte está conforme.

La camarada Rosa Luxemburg desea que se formule así: que el Buró Internacional procure que la manifestación sea lo más unitaria posible. — La propuesta se acuerda en esta forma, y la resolución se aprueba por unanimidad.

La última resolución trataba de la pena de muerte. La delegación polaca ha presentado la siguiente resolución:

«Considerando:

que el Estado de clase moderno se ve obligado a combatir todos los actos que amenazan su principio fundamental, y siempre los combate;

que esta lucha, en el orden social actual, encuentra su expresión en las llamadas "penas", es decir, en medidas supuestamente disuasorias, y que no se adoptan medios preventivos ni reformas que tiendan a transformar las condiciones existentes, por la razón de que el interés social se identifica con el interés de las clases poseedoras, y toda medida preventiva radical y toda reforma contradirían directamente este interés;

considerando además que el nivel de la cultura actual permitiría, sin embargo, a las clases poseedoras, incluso para proteger su poder, aplicar con igual éxito un sistema de "penas" más acorde con los resultados de la ciencia actual;

que la persistencia hasta hoy de muchas disposiciones anticuadas del derecho penal es una prueba del atraso de las clases poseedoras; que, por consiguiente, también en el terreno del derecho penal, al igual que en otros terrenos de la vida pública, corresponde al proletariado socialista la tarea de tomar la iniciativa del progreso;

que, entre las "penas" completamente anticuadas, la pena de muerte debe considerarse la más brutal y la más contraria a los sentimientos éticos modernos;

que la inutilidad de esta "pena" se pone de manifiesto con la mayor claridad, porque se aplica o bien en los llamados delitos políticos —en cuyo caso alcanza a personas individuales que no son sino la expresión más cruda de la protesta de amplias masas populares—, o bien en delitos cometidos en estado de enajenación momentánea, o bien, por último, en delitos extraordinarios que han de considerarse resultado de la degeneración física y moral de los delincuentes que los cometen;

considerando además que, en los Estados democráticos modernos, la aplicación de la pena de muerte hace a cada ciudadano en cierta medida cómplice del asesinato legal, que se ejecuta a sangre fría y con conciencia de su inutilidad;

que la pena de muerte se aplica hoy de nuevo con aquella crueldad que significa el retorno atávico de las clases dominantes a los sangrientos siglos pasados, y que hoy no podría encontrar justificación en las opiniones de la generalidad;

que, por último, en los últimos años la pena de muerte se aplica masivamente en Rusia, en Polonia y en otros países sometidos al Imperio ruso, así como en España, y ello en primer lugar contra los luchadores por los derechos del pueblo sojuzgado, o incluso, como en España, contra pacíficos portavoces del libre pensamiento;

el Congreso Socialista Internacional acuerda organizar una protesta internacional contra la pena de muerte, en la forma de una presentación simultánea de propuestas al respecto en los parlamentos de todos los Estados en que todavía existe la pena de muerte, acompañada de un examen detallado de la cuestión el mismo día en la prensa socialista, así como en asambleas populares convocadas expresamente con este fin.»

Por parte de la representación del Partido Socialdemócrata de Alemania hay, en cambio, otra resolución. (Página 16.)

En la discusión se señala especialmente que es precisamente en la escuela moderna de derecho penal donde existen tendencias a reintroducir la pena de muerte.

Mendels164 (Holanda) recuerda los debates del último congreso internacional de criminalistas, celebrado en Bruselas, en el que se intentó, mediante la supresión del derecho de asilo, reintroducir indirectamente la pena de muerte también en los países donde ya no existe. El orador desea el siguiente complemento de la resolución, que protesta contra estas tendencias:

«Destacados representantes de la criminología moderna han defendido hace muy poco una modificación sustancial del derecho de asilo que, en muchos casos, sobre todo cuando se trata de refugiados del país de los zares, equivaldría a una reintroducción de hecho de la pena de muerte incluso en aquellos países en que, como en Holanda, la pena de muerte está abolida desde hace decenios.»

Rubanóvich (Rusia): Cuando en la primera Duma165 se debatió la pena de muerte y todos los representantes de la intelectualidad abogaron por su supresión, el ministro de Justicia ruso invocó el dictamen del prestigioso criminalista alemán v. Liszt166, según el cual, dadas las complicadas condiciones de Rusia, la abolición de la pena de muerte no sería posible. La Duma aprobó a pesar de todo la abolición de la pena de muerte, pero después fue disuelta.

La resolución polaca se retira, y la alemana (página 16) se aprueba por unanimidad con la enmienda.

Por último, se aprueba además por aclamación una manifestación de simpatía hacia el proletariado español (resolución, página 19) y su levantamiento revolucionario, y en particular también una protesta contra el asesinato judicial de Ferrer167. Como ponente ante el pleno se designa a Ellenbogen (Austria).

Quinta comisión: resoluciones. Sesión de clausura, jueves 1 de septiembre

A petición de camaradas de partido de los países balcánicos, la resolución turca (protesta contra las medidas reaccionarias del Gobierno de los Jóvenes Turcos) debe endurecerse. Un camarada turco de Armenia se opone. Es cierto que en Albania se han cometido brutalidades, pero para reprimir tendencias contrarrevolucionarias. Desde otro lado se describen, por haberlas visto con los propios ojos, brutalidades cometidas en Albania. Seitz (Austria), en cambio, recomienda moderación en las expresiones contra el régimen de los Jóvenes Turcos, sobre todo porque no se está bien informado y sería delicado emplear contra el Gobierno turco los mismos giros que contra el zarismo. El presidente está conforme con suprimir la palabra «asesinos». La resolución endurecida se aprueba con esta supresión. (Página 19.)

Las sesiones de la delegación alemana

Delegación alemana. Primera sesión, lunes 29 de agosto

Presidieron Ebert y Legien; actuaron como secretarios Dittmann168 y Knoll. Se acordó que solo se admitiera a delegados del partido y de los sindicatos, y como invitados a los representantes de la prensa del partido alemana. Representan a la dirección del partido Molkenbuhr, Ebert y la señora Zietz169. Los representantes del grupo parlamentario en el Reichstag son Ledebour, Richard Fischer y Südekum170; los de la Comisión General, Legien, Sabath, Knoll, Bauer171 y Gertrud Hanna172. Al Vorwärts lo representa el camarada Cunow173. Se le concede asiento y voto, lo mismo que al representante del Club Socialista Alemán de Lectura de París, Schreyer. Se renuncia a constituir una comisión de verificación de mandatos, y los mandatos se consideran suficientemente verificados por la dirección del partido y la Comisión General. A las cinco comisiones cada nacionalidad envía cuatro miembros; Alemania, dos del partido y dos de los sindicatos. Los representantes de Alemania en las comisiones son: en la comisión de cooperativas, v. Elm, Wurm, Stühmer y Bauer; en la comisión de la solidaridad internacional y la unidad sindical, Richard Fischer, Legien, Stengele y Cohen; en la comisión de arbitraje y desarme, Ledebour, Haase174, Wagner y Sachse175; en la comisión del seguro de paro, Molkenbuhr, Stadthagen176, Simon177 y Brey178; y en la comisión contra la pena de muerte y de resoluciones, Klara Zetkin, Adolf Müller (Múnich), Paul Müller (Berlín) y la señora Ihrer.

A propuesta de Wels179 (Berlín) se renuncia a discutir los asuntos remitidos a la comisión. Hay que esperar primero los acuerdos de las comisiones y solo entonces tomar posición definitiva. La propuesta de Berlín VI sobre la limitación de los armamentos navales se remite a la tercera comisión. La propuesta de Hamburgo III-Barmbeck de que el congreso estudie la posibilidad de introducir una lengua auxiliar internacional como medio de entendimiento se despacha pasando al orden del día, porque esta cuestión ya ocupó al Congreso de Stuttgart. Lo mismo sucede con una propuesta de Hamburgo III-Hamm que pide para el recién fundado Partido Marxista de Holanda180 no solo la admisión en el congreso, sino también asiento y voto en el Buró Internacional. Ebert comunicó que el viejo partido holandés ha cedido al nuevo partido uno de sus ocho votos. Aún no está decidido si tendrá representación en el Buró. A propuesta de Cohen (Berlín) se establece por último que, en lo posible, no se celebren sesiones de la delegación mientras se reúnan las comisiones. Con esto la sesión llegó a su fin.

Delegación alemana. Segunda sesión, martes 30 de agosto

Las comisiones todavía no han adoptado acuerdos sobre los que pueda tomarse posición. Richard Fischer pregunta si no han surgido divergencias entre los delegados alemanes en la cuestión cooperativa.

v. Elm: En la propia comisión hay muchísimas diferencias, que no podrán resolverse ni hoy ni mañana. Los acuerdos de los congresos internacionales son siempre acuerdos de compromiso. Probablemente también aquí se adoptará un acuerdo conciliador.

Wurm: Mis puntos de vista sobre la cuestión cooperativa y sobre la relación de las cooperativas con el partido no han armonizado mucho hasta ahora con los de Elm. Pero probablemente podremos ponernos de acuerdo en una resolución común. — La delegación renuncia acto seguido a seguir discutiendo.

Legien informa sobre el conflicto checo y el embrollo sindical en Austria. Nuestros amigos austriacos desean que el congreso declare expresamente necesaria la unidad del movimiento sindical. Esperamos de ello una influencia favorable para reducir la escisión. No cabe duda de que en esta cuestión estamos plenamente en la posición de los camaradas germanoaustriacos. (Aprobación general.)

Ebert (Berlín): Por desgracia, el conflicto checo ocupa también al Buró Internacional. Como es sabido, los checos han declarado inválidos ocho mandatos de representantes checos de la organización sindical centralista. Solo quieren reconocer los mandatos de aquellos sindicatos centralistas que paguen por sus afiliados checos cuotas a la nueva central sindical de Praga. Los camaradas excluidos son miembros de la organización del partido en Bohemia. Han sido elegidos en Bohemia. Uno de los ocho excluidos ha renunciado a su mandato porque está expulsado del partido checo. Por ahora el Buró todavía no ha resuelto el conflicto. Probablemente se elegirá la siguiente salida: los ocho excluidos formarán la sección socialdemócrata bohemia, que enviará su representación al congreso y a la comisión de la cuestión sindical. El Buró Internacional está de acuerdo en que estos ocho camaradas deben ser admitidos sin falta. Se les asignarán dos votos en el congreso y un voto en el Buró Internacional.

Con esto termina la discusión.

Delegación alemana. Tercera sesión, miércoles 31 de agosto

Todavía no hay acuerdos de las comisiones sobre los que haya que tomar posición. En cambio, Leipart181 (Sindicato de la Madera) saca a relucir la enmienda belga presentada a la resolución sueca sobre la organización de la solidaridad internacional. Esta enmienda dice:

  1. Se autoriza al Buró Socialista Internacional, en caso de un conflicto político, de una huelga, de un cierre patronal o de otro acontecimiento importante que exija una intervención inmediata, a reclamar de los partidos afiliados una contribución extraordinaria por importe de una décima parte de la cuota anual, como primera ayuda;

  2. esta contribución extraordinaria solo podrá recaudarse una vez al año;

  3. los camaradas que viajen al extranjero deberán llevar consigo una tarjeta de identificación que indique su lugar de procedencia y su destino; los subsidios pagados a estos camaradas deberán ser reembolsados por los partidos que hayan expedido dicha tarjeta.

Leipart expone: Lo que piden aquí los belgas va demasiado lejos. Es del todo imposible que el Buró Internacional reciba el 10 por ciento de los ingresos anuales de los sindicatos. Hay que prevenir contra atar a los sindicatos, mediante acuerdos de congreso, en el ejercicio de la solidaridad internacional. Tampoco la resolución sueca puede aprobarse tal como está redactada ahora. Dice en ella: «El congreso deja a los sindicatos de la Internacional examinar más de cerca y fijar las formas más adecuadas de la solidaridad obrera internacional».

Debemos rechazar terminantemente que el congreso ate a los sindicatos. En Alemania la ayuda mutua en las grandes luchas todavía no está reglamentada. La creación de un fondo general de huelga se ha rechazado siempre. Si no superamos estas dificultades, de ningún modo podemos aceptar ningún compromiso internacional, aunque solo sea de carácter esporádico. Ya se sabe cómo van las cosas. Primero se dice que el congreso internacional ha acordado proponer tal y cual cosa a la organización sindical. Y al final desaparece lo de «proponer» y se dice: el congreso internacional ha adoptado un acuerdo.

Richard Fischer considera infundados estos reparos. Partido y sindicatos están completamente de acuerdo en esta cuestión. En el informe de la dirección del partido al congreso también se examina esta cuestión: «Consideramos la organización de la solidaridad internacional una pretensión utópica. El ejercicio de la solidaridad internacional depende del sentimiento de solidaridad que existe en las organizaciones nacionales. Despertarlo y cultivarlo es una cuestión de educación. Si, por acontecimientos que se produzcan, se hacen necesarias manifestaciones y actos de solidaridad internacional, de la habilidad de la dirección de las organizaciones nacionales adheridas dependerá que se hagan valer a tiempo y con eficacia. Una reglamentación internacional es imposible». Leipart no quiere dejarse atar. Pero una comparación entre la resolución inglesa y la francesa muestra que no se pretende en absoluto atar en ese sentido. Creo que Suecia aceptará sin más dar a la frase más o menos la siguiente redacción: «El congreso deja a la Internacional sindical iniciar investigaciones sobre la forma en que es posible el ejercicio de la solidaridad internacional, y según el resultado de esta investigación presentará al próximo congreso nuevas propuestas». Claro que no debemos ir tan lejos como Leipart, que quería impedir que se proclamase siquiera la obligación moral de ejercer la solidaridad internacional. En las luchas sindicales estamos obligados a prestarnos apoyo internacional, y esta obligación moral ya se ha reconocido hasta ahora sin que los sindicatos quedasen atados por ello. Es completamente natural que deban emprenderse pasos para hacer posible en el futuro un ejercicio todavía más eficaz.

Legien: Leipart ha entendido mal el pasaje de la enmienda que censura. Solo quiere decir, naturalmente, que los partidos afiliados al Buró Internacional deberán pagar, cuando el Buró lo pida, una contribución extraordinaria por importe de una décima parte de su cuota anual al Buró, no de sus propios ingresos anuales.

Rudolph (Fráncfort del Meno): Los sindicatos ingleses fallaron por completo en la huelga general sueca. Ello provoca, con razón, gran indignación. Buscaremos en la comisión una ocasión apropiada para expresar este sentir ante los ingleses. (Aprobación.)

Stengele (Hamburgo): La piedra de escándalo para Leipart es fácil de eliminar. Basta con que propongamos suprimir la palabra «fijar». Por lo demás, podemos aprobar la resolución sin más. Los ingleses siempre se escudan en sus estatutos. Siempre hay que consultar a innumerables instancias suyas antes de que puedan enviar dinero. A esta falta de sentimiento de solidaridad hay que decirle de una vez, sin tapujos, mediante la resolución sueca, la opinión del congreso internacional.

Leipart se declara conforme con la propuesta de Stengele.

Legien: Con los suecos nos pondremos de acuerdo muy fácilmente sobre su resolución, de modo que podamos aprobarla. Pero la enmienda belga está injertada artificialmente, y lo mejor es rechazarla. Tampoco es afortunada la otra propuesta de introducir una tarjeta de identificación. Se basa en que las organizaciones políticas de las localidades fronterizas son esquilmadas por los llamados refugiados políticos. Pero semejante tarjeta de identificación no haría sino agravar el mal.

Neumann (Hamburgo, obreros de la madera): En el propio congreso hay que presentar una resolución que invite a la Internacional sindical a estudiar cómo en el futuro aquellas nacionalidades que hasta ahora solo han demostrado su solidaridad internacional con palabras puedan ser llamadas a prestar ayuda. Si en el pleno se dice que no todas las naciones han cumplido hasta ahora con su deber, eso es más eficaz que si solo se dice en la comisión.

Con esto terminó la discusión. Toda la delegación estaba de acuerdo en que debía aprobarse la resolución de la Comisión Sindical del Imperio de Austria. Solo Hue182 opinó que, si se aprobaba sin reservas la resolución austriaca, podría surgir la idea de que la vinculación orgánica entre partido y sindicato de que se habla en esta resolución se consideraba ejemplar también para Alemania.

Richard Fischer replica que, invocando la llamada neutralidad de los sindicatos, no se debe reforzar a los checos en sus tendencias separatistas.

Ebert (dirección del partido) subraya que el congreso de Reichenberg183 de la socialdemocracia austriaca acordó expresamente dar también al partido una organización propia, mientras que hasta ahora, ciertamente, una gran parte de las tareas organizativas del partido en Austria la han llevado a cabo los sindicatos.

Tampoco en esta cuestión adoptó la delegación alemana acuerdos.

Delegación alemana. Cuarta sesión, jueves 1 de septiembre

Leipart (Stuttgart) protesta contra la resolución sobre la cuestión del paro aprobada por la mañana por el congreso. Según el texto alemán, en ella se reclamarían cajas estatales de seguro obligatorio de paro cuyos costes debían sufragar solo los patronos, pero que debían estar solo bajo la administración de los obreros. Es una reivindicación imposible. A ello se añade la redacción, muy desafortunada, del texto de la resolución. Pide, en nombre de la minoría alemana, que se le permita repetir la declaración de los ingleses y los franceses de que no podían votar a favor de esta resolución. Es lamentable que los miembros alemanes de la comisión no hayan informado a tiempo a la delegación.

Molkenbuhr expone las razones por las que eso no fue posible. Con la resolución sobre esta cuestión, ciertamente, él no está de acuerdo. Pero los camaradas daneses y holandeses insistieron sin falta en que los obreros no debían contribuir ellos mismos a los costes del seguro. La resolución alemana sobre el seguro de paro, sin embargo, no queda afectada por el acuerdo internacional.

Kloth184 (Berlín) propone pedir que la cuestión del seguro de paro se devuelva una vez más a la comisión.

Brey (Hannover) expone una vez más por qué la resolución no ha salido más unitaria y no pudo presentarse a tiempo.

La propuesta de Kloth es rechazada con unos pocos votos discrepantes; la propuesta de Leipart de hacer una declaración contra la resolución en la cuestión del seguro de paro, con una pequeña minoría discrepante.

Leipart: Eso no podrá impedirnos hacer esta declaración en el pleno en nombre de la minoría alemana.

Wels (Berlín): Hasta ahora solo hemos comunicado al pleno los acuerdos de la mayoría alemana. Qué reparos tiene la minoría, los camaradas alemanes lo verán por el informe sobre estas sesiones de la delegación.

Richard Fischer (Berlín): En todo caso, debemos comunicar a la comisión de redacción del congreso internacional que el texto de la resolución es radicalmente distinto en los tres idiomas. Que Leipart se ponga en contacto con los miembros de la comisión y trabaje en este sentido.

A continuación, Klara Zetkin informa sobre los acuerdos de la quinta comisión. El informe se aprueba sin debate.

Sobre la comisión militar informa Haase (Königsberg). Subraya que los delegados alemanes rechazan la propuesta Vaillant-Keir Hardie, que pide proclamar la huelga en caso de peligro inminente de guerra, no tanto por reparos jurídicos como porque la cuestión no está madura para decidirla en ningún aspecto. — La delegación alemana lo aprueba sin debate.

A propuesta de Sachse se acuerda pedir también en el pleno una votación por naciones sobre la propuesta Vaillant.

Acto seguido Ebert levanta la sesión.

Delegación alemana. Quinta sesión, viernes 2 de septiembre

La delegación recibió hoy los informes de sus miembros en las comisiones. Sobre los acuerdos de la comisión de protección y seguros obreros informa Stadthagen. En la resolución solo se fijan las reivindicaciones más elementales de la protección obrera, tal como ya se formularon en los congresos de Ámsterdam y París. La comisión no ha recomendado las reivindicaciones más especiales que entran en detalles.

Hue habría considerado necesario que en la resolución se aludiera a la relación entre el contrato de trabajo y el contrato de alquiler de la vivienda. En el oeste de Alemania existen ya hoy en este aspecto condiciones que dan motivo de temor.

Stadthagen declara que en la ponencia se hará referencia a ello. No se plantean más objeciones; la resolución se aprueba.

Von Elm informa sobre los acuerdos de la comisión de cooperativas. La resolución ha salido adelante entre violentas disputas. La delegación alemana se ha puesto en el terreno de la delegación francesa, que reclama la plena autonomía de las cooperativas. Puesto que la comisión ha necesitado cuatro días para llegar a un resultado, que no se cambie aquí nada de la resolución, aunque en algunos puntos secundarios no haya plena satisfacción.

Bertens (Düsseldorf) señala que en Alemania las cooperativas de consumo cristianas probablemente se separarán del resto del movimiento, hecho que no hay por qué lamentar.

Von Elm declara que la delegación alemana había propuesto originalmente que se combatiera toda escisión por motivos religiosos o de otro tipo. Pero eso suscitó reparos de los belgas. En todo caso, en la resolución queda a salvo la independencia de los camaradas, de modo que tampoco los cristianos tienen motivo para escindirse. Con todo, se harán intentos, pero a tales intentos habría que oponerse.

Simon (Núremberg): Por supuesto que nos opondremos a todos los intentos de escisión. Pero probablemente no servirá de nada. Los obreros cristianos no quieren ninguna escisión, pero se ven obligados a secundarla.

No hay más peticiones de palabra; no se formulan reparos contra la resolución.

Richard Fischer informa sobre los trabajos de la comisión sindical.

Cohen informa sobre la regulación de la solidaridad internacional: los acuerdos han salido en general como deseaban los delegados alemanes. En particular, se han rechazado las dos enmiendas belgas, así como la propuesta belga de introducir un documento internacional de viaje. A la resolución sueca podemos dar nuestro voto. Tampoco se ha dejado de aprovechar la ocasión para hacer a los ingleses, y también a los franceses, los reproches deseados por todos sobre su deficiente ejercicio de la solidaridad internacional. Por parte inglesa se ha reconocido a continuación la necesidad de la resolución aprobada. Berger (América) presentó de improviso una resolución para apoyar a los marinos en caso de una inminente lucha internacional. Esta resolución no había sido sometida a las instancias sindicales competentes y por eso hubo que rechazarla.

Stengele (Hamburgo) informa además en particular sobre el procedimiento contra los ingleses. Por desgracia no estaban presentes aquellos a quienes iban destinados los golpes. Es de esperar que pueda recuperarse en el pleno. El americano Haywood ha hecho constar que los sindicatos americanos se comportan exactamente igual que los ingleses. También en otros aspectos criticó vivamente las conocidas prácticas de los sindicatos americanos.

Sachse precisa que los mineros americanos no participan en las medidas de exclusión de los sindicatos de allí.

Hue advierte contra tomar sin más por moneda de buena ley todo lo que Haywood ha alegado contra la American Federation of Labor185. Los mineros del oro y de la plata de las Montañas Rocosas descritos por Haywood, lo mismo que los demás sindicatos, tampoco están afiliados a la central americana.

Cohen cree igualmente que las manifestaciones de Haywood estaban muy poco en su lugar. Lo mejor sería que el asunto no volviera a mencionarse en el pleno.

Sigue el informe de la comisión de arbitraje y desarme, a cargo de Sachse. Las resoluciones francesa y holandesa se aprobaron por unanimidad. La delegación aprueba también este acuerdo. — Sobre los trabajos de la quinta comisión informa la señora Ihrer. No da lugar a debate. — Haase (Königsberg) informa sobre la comisión de desarme. En un largo debate casi todos los oradores se pronuncian por mantener el rechazo de la resolución Keir Hardie. — Por último, se informa sobre la declaración de invalidez de los mandatos de Strasser y Alpári186 en el Buró Internacional. Varios oradores la lamentan; otros la defienden. No se presenta ninguna propuesta.

Delegación alemana. Sexta sesión, sábado 3 de septiembre

Preside, por estar impedidos Ebert y Legien, el secretario Dittmann.

Von Elm hace notar que el ponente de la cuestión cooperativa ha modificado el texto de la resolución alemana al sustituir las palabras «Por eso el congreso recomienda encarecidamente a los camaradas de partido que se hagan miembros de las cooperativas» por las palabras: «El congreso invita a los camaradas de partido a hacerse miembros de las cooperativas».

Haverkamp (Bremerhaven): No debemos ir más allá de lo que dice la primera redacción. La subcomisión había elegido originalmente las palabras: «El congreso obliga a los camaradas», etc. A propuesta mía se cambió esta redacción. No comprendo por qué el ponente ha vuelto a cambiar ahora la redacción. En la palabra «invita» puede leerse una coacción. Contra eso debemos protestar.

Hildenbrand187 (Stuttgart) opina que el cambio se ha hecho sin duda solo para poner el texto alemán en concordancia con el francés y el inglés. Que en una resolución «se invite» o «se recomiende encarecidamente» viene a ser lo mismo. Deberíamos dejar correr el asunto.

La señora Zetkin (Stuttgart): Quizá baste con que el ponente declare que no se pretende ejercer coacción alguna. El Buró Internacional debería procurar que todas las resoluciones se presenten también al pleno con el texto con que las haya aprobado la comisión.

Von Elm: Comunicaremos al ponente Karpeles este deseo de la delegación.

Rössel (Berlín): La redacción de Karpeles no es demasiado tajante, sino correcta, pues por desgracia es un hecho que los dirigentes del partido y de los sindicatos no se ocupan de las cooperativas de consumo.

Bauer (Berlín): Yo no encuentro diferencia alguna entre ambas expresiones. — Con esto termina la discusión.

Schreyer (París) comunica que, a iniciativa del Club Alemán de Lectura de París, los representantes de asociaciones socialistas de los alemanes residentes en el extranjero se han reunido aquí y, a sugerencia de la dirección del partido alemán, han acordado fundar una oficina de información. Al Club Socialista Alemán de Lectura de París se le ha dirigido la siguiente carta:

«Los representantes de las asociaciones organizadas abajo firmantes se han reunido hoy, 1 de septiembre de 1910, en un local del Congreso Socialista Internacional de Copenhague en una conferencia y han acordado encargar al Club Socialista Alemán de Lectura de París que cree una oficina de información para todos los alemanes que viven en el extranjero. Este deberá designar a tres hombres de confianza, que se encargarán de los trabajos necesarios y de entre los cuales se elegirá al secretario en funciones. Como medios, las organizaciones de socialistas alemanes en el extranjero pondrán a disposición del club de lectura, mediante contribuciones voluntarias, al menos 500 francos anuales. La oficina de información deberá, en primer lugar, publicar cada año una lista de direcciones de todas las asociaciones que entren en consideración y asistir con su consejo a quien pregunte, así como dar a los camaradas alemanes información sobre las condiciones del país al que quieran dirigirse. Al cabo de un año, se presentarán a las organizaciones participantes informes sobre la labor de la institución.»

El llamamiento lo firman el Club Socialista Germanoamericano de Nueva York, el Club Socialdemócrata Alemán de Lectura de París, la Asociación de Formación Obrera «Vorwärts» de Budapest y la organización nacional de la Asociación Obrera Internacional en Suiza. Un gran número de otras asociaciones se ha adherido ya, entre ellas la Asociación de Formación Obrera de Londres.

Knoll (Berlín): Se trata aquí de crear una nueva organización. No podemos pasar por encima de ello tan a la ligera.

Richard Fischer (Berlín): A la dirección del partido se le ha comunicado la fundación de una oficina de información. Ha dado su aprobación. Con esto, el asunto está resuelto para nosotros. La dirección del partido lo ha comunicado al partido alemán; a la delegación alemana el asunto no le incumbe más.

Legien (Hamburgo): Esta organización de los alemanes en el extranjero se viene preparando desde hace tiempo. Creo que debemos rechazarla por las mismas razones por las que hemos rechazado el particularismo separatista checo. De que hayamos tomado conocimiento no se puede deducir una aprobación.

Adolf Müller (Múnich): Se trata aquí de crear una oficina de información para los obreros alemanes que quieren emigrar. Eso es de celebrar en todos los sentidos. Lo que se desarrolle a partir de ahí, de momento no nos incumbe. Hasta ahora los obreros que emigran están poco menos que abandonados y se pierden para el partido.

Schreyer (París): En nuestro programa figura en primer lugar invitar a los alemanes que emigran al extranjero a afiliarse a la organización del extranjero.

La señora Klara Zetkin (Stuttgart): Yo no veo en la oficina de información ningún peligro, sino un medio de mantener en movimiento a los camaradas alemanes en el extranjero.

Leipart (Stuttgart): Parece como si los camaradas de París se hubieran contagiado del espíritu francés del juego a las organizaciones. Creo que la oficina de información de París no podrá hacer nada en absoluto.

Hildenbrand (Stuttgart): Yo soy de otra opinión. Desde que murió el camarada Trapp en París, hay muchas quejas de que no se puede obtener información. Creo que la oficina de información tendrá la función de sustituir al camarada Trapp.

Con esto terminan el debate y la sesión.

El número total de delegados

fue, tras el examen de los mandatos, de 896, que se repartían entre los distintos países del modo siguiente:

  • Argentina: 1
  • Bélgica: 26
  • Bohemia: 44
  • Bulgaria: 7
  • Dinamarca: 146
  • Alemania: 189
  • Finlandia: 19
  • Francia: 49
  • Gran Bretaña: 84
  • Holanda: 14
  • Italia: 9
  • Noruega: 31
  • Austria: 65
  • Polonia: 24
  • Rumanía: 2
  • Rusia: 39
  • Suecia: 86
  • Suiza: 13
  • Serbia: 3
  • España: 5
  • Turquía-Armenia: 2
  • Hungría: 14
  • Estados Unidos: 24
  1. Gustav Bang (1871-1915), historiador y teórico marxista danés. ↩

  2. Órgano central del Partido Socialdemócrata danés, publicado en Copenhague. ↩

  3. Durante la ley de excepción contra los socialistas (1878-1890), la socialdemocracia alemana celebró su congreso de 1883 en Copenhague. ↩

  4. Gran cierre patronal danés de mayo a septiembre de 1899, que terminó con el «compromiso de septiembre» entre la patronal y los sindicatos. ↩

  5. Cámara baja del Parlamento (Rigsdag) danés. ↩

  6. Émile Vandervelde (1866-1938), dirigente del Partido Obrero Belga y presidente del Buró Socialista Internacional. ↩

  7. Thorvald Stauning (1873-1942), diputado del Folketing desde 1906 y presidente del Partido Socialdemócrata danés desde 1910; más tarde, primer ministro (1924-1926 y 1929-1942). ↩

  8. VII Congreso Socialista Internacional, celebrado en Stuttgart en agosto de 1907. ↩

  9. Los socialistas franceses se unificaron en 1905 en la Sección Francesa de la Internacional Obrera (SFIO); los «socialistas independientes» eran los que quedaron fuera de ella, como Millerand, Briand o Viviani. ↩

  10. En las elecciones al Reichstag de enero de 1907 el SPD bajó de 81 a 43 escaños, aunque aumentó su número de votos. ↩

  11. Andrea Costa (1851-1910), pionero del socialismo italiano y primer diputado socialista de Italia (1882); murió en enero de 1910. ↩

  12. Paul Singer (1844-1911), copresidente del SPD con Bebel; había presidido el congreso de Stuttgart de 1907. Murió en enero de 1911. ↩

  13. August Bebel (1840-1913), copresidente del SPD. En 1872 fue condenado, junto con Wilhelm Liebknecht, a dos años de prisión en fortaleza por alta traición, tras su oposición a la guerra franco-prusiana. ↩

  14. Camille Huysmans (1871-1968), socialista belga, secretario del Buró Socialista Internacional desde 1905. ↩

  15. Hjalmar Branting (1860-1925), presidente del Partido Socialdemócrata sueco y su primer diputado (1896); más tarde, primer ministro. ↩

  16. August Palm (1849-1922), sastre, iniciador de la agitación socialista en Suecia en 1881. ↩

  17. Huelga general sueca de agosto y septiembre de 1909, respuesta a un cierre patronal; terminó con una derrota de los sindicatos. ↩

  18. Partidarios del ido, lengua artificial derivada del esperanto y presentada en 1907. ↩

  19. Paul Göhre (1864-1928), antiguo pastor protestante, autor de Tres meses de obrero fabril (1891) y diputado socialdemócrata en el Reichstag. ↩

  20. Sen Katayama (1859-1933), pionero del socialismo japonés. ↩

  21. Adolf Braun (1862-1929), socialdemócrata nacido en Austria, periodista y especialista en cuestiones sindicales, que militó en la socialdemocracia austriaca y en la alemana; cuñado de Victor Adler. ↩

  22. Órgano central de los sindicatos libres (socialdemócratas) de Alemania, presidido por Carl Legien. ↩

  23. James Ramsay MacDonald (1866-1937), secretario del Labour Party y diputado. I. L. P.: Independent Labour Party (Partido Laborista Independiente). ↩

  24. El Código General de los Estados prusianos (Allgemeines Landrecht, 1794) obligaba al Estado a dar trabajo a quien careciera de medios para vivir. ↩

  25. Talleres creados en París por el Gobierno provisional en febrero de 1848; su cierre provocó la insurrección obrera de junio. ↩

  26. Jean Charles Léonard Simonde de Sismondi (1773-1842), economista e historiador suizo, autor de Nuevos principios de economía política (1819). ↩

  27. Harry Quelch (1858-1913), dirigente del Social-Democratic Party británico (la antigua Social Democratic Federation) y director de su semanario Justice. ↩

  28. Carl Jeppesen (1858-1930), uno de los fundadores y dirigentes del Partido Obrero Noruego. ↩

  29. Wilhelm Ellenbogen (1863-1951), médico, dirigente socialdemócrata austriaco y diputado en el Consejo del Imperio (Reichsrat). ↩

  30. El Partido Antirrevolucionario, partido calvinista holandés dirigido por Abraham Kuyper. ↩

  31. Pablo Iglesias (1850-1925), fundador del Partido Socialista Obrero Español; en mayo de 1910 fue elegido diputado por Madrid, el primero del partido. ↩

  32. Jean-Jacques Liabeuf, obrero zapatero parisiense guillotinado en julio de 1910 por matar a un policía; en la pelea llevaba los brazos protegidos con brazaletes de púas. ↩

  33. Castillo real cerca de Turín donde Nicolás II visitó a Víctor Manuel III en octubre de 1909. ↩

  34. Karl H. Wiik (1883-1946), dirigente del Partido Socialdemócrata de Finlandia. ↩

  35. Daniel De Leon (1852-1914), dirigente y teórico del Socialist Labor Party de los Estados Unidos. ↩

  36. Morris Hillquit (1869-1933), abogado neoyorquino, dirigente del Socialist Party of America. ↩

  37. Los Industrial Workers of the World, fundados en 1905 con participación de De Leon; expulsado en 1908, De Leon y su partido formaron una organización rival con el mismo nombre. ↩

  38. Victor L. Berger (1860-1929), dirigente socialista de Milwaukee; en noviembre de 1910 fue elegido primer congresista socialista de los Estados Unidos. ↩

  39. Vasil Kolarov (1877-1950), dirigente del Partido Obrero Socialdemócrata de Bulgaria (estrechos). ↩

  40. La Federación Socialista Obrera de Salónica, fundada en 1909. ↩

  41. Yanko Sakazov (1860-1941), dirigente de los socialistas búlgaros «anchos». ↩

  42. Christian Rakovski (1873-1941), dirigente del Partido Socialdemócrata de Rumanía. ↩

  43. La II Conferencia Internacional de Mujeres Socialistas, reunida en Copenhague los días 26 y 27 de agosto de 1910. ↩

  44. El Congreso Socialista Internacional de Stuttgart (1907), cuya resolución sobre el militarismo y los conflictos internacionales se cita más abajo. ↩

  45. El acorazado británico Dreadnought, botado en 1906, dio nombre a un nuevo tipo de buque de línea, mayor y armado solo con cañones de grueso calibre; su aparición desató la carrera naval anglo-alemana. ↩

  46. John Bruce Glasier (1859-1920), dirigente del Independent Labour Party y director de su semanario, el Labour Leader, de 1904 a 1909. ↩

  47. Independent Labour Party (Partido Laborista Independiente), fundado en 1893; formaba parte del Partido Laborista. ↩

  48. Tippelskirch & Co., casa berlinesa proveedora de equipo para las tropas coloniales alemanas, centro en 1906 de un escándalo por sus contratos con el Estado que costó el cargo al ministro prusiano Podbielski. ↩

  49. Armstrong, Whitworth & Co., gran empresa británica de armamento y construcción naval, con sede en Newcastle. ↩

  50. Vasili Vereschaguin (1842-1904), pintor ruso de batallas; pintó una serie sobre la guerra ruso-turca de 1877-1878, en la que tuvo lugar el sitio de Plevna. ↩

  51. Theodore Roosevelt, presidente de los Estados Unidos de 1901 a 1909, volvía de una expedición de caza en África oriental; en marzo de 1910, en El Cairo, censuró a los nacionalistas egipcios, y en mayo, en Londres, defendió el dominio británico sobre Egipto. ↩

  52. Oddino Morgari (1865-1929), diputado del Partido Socialista Italiano. ↩

  53. Las conferencias de paz de La Haya de 1899 y 1907, que crearon el Tribunal Permanente de Arbitraje. ↩

  54. «La última razón de los reyes»: lema que Luis XIV hizo grabar en sus cañones. ↩

  55. Derecho de los beligerantes a capturar en el mar los buques mercantes enemigos y su carga. ↩

  56. Herbert Henry Asquith (1852-1928), primer ministro liberal británico desde 1908. ↩

  57. Bernhard von Bülow (1849-1929), canciller del Imperio alemán de 1900 a 1909. ↩

  58. Two-power standard: principio de la política naval británica, formulado en 1889, de mantener una flota al menos tan fuerte como las dos siguientes juntas. ↩

  59. El CSS Alabama, crucero corsario de los Estados Confederados que entre 1862 y 1864 apresó o hundió decenas de mercantes de la Unión. ↩

  60. La crisis de 1908-1909 por la anexión austrohúngara de Bosnia-Herzegovina, que estuvo a punto de provocar una guerra entre Austria-Hungría y Serbia. ↩

  61. Henri van Kol (1852-1925), diputado del Partido Socialdemócrata Obrero (SDAP) de Holanda. ↩

  62. Willem Vliegen (1862-1947), dirigente del Partido Socialdemócrata Obrero (SDAP) de Holanda. ↩

  63. Discurso del 25 de agosto de 1910, en el que el emperador se presentó como rey por la gracia de Dios e instrumento del Señor. ↩

  64. El espejo del diablo con que empieza el cuento «La reina de las nieves», de Hans Christian Andersen. ↩

  65. Hendrik de Man (1885-1953), socialista belga. ↩

  66. Semanario de la Federación Socialdemócrata (SDF) británica, luego S. D. P. ↩

  67. Robert Blatchford (1851-1943), director del semanario socialista The Clarion; en diciembre de 1909 publicó en el Daily Mail una serie de artículos sobre la amenaza alemana. ↩

  68. Henry Mayers Hyndman (1842-1921), fundador de la Federación Socialdemócrata (SDF) británica. ↩

  69. Social Democratic Party, nombre adoptado en esos años por la antigua Federación Socialdemócrata (SDF) británica. ↩

  70. El Congreso Socialista Internacional de Ámsterdam (1904). ↩

  71. Karl Renner (1870-1950), diputado socialdemócrata austriaco en el Reichsrat desde 1907 y teórico de la cuestión nacional. ↩

  72. Así en el acta; por el contexto, la guerra anglo-bóer (1899-1902) en Sudáfrica. ↩

  73. La guerra de Melilla de 1909; el embarque de reservistas provocó en Barcelona la Semana Trágica (julio de 1909). ↩

  74. Floor Wibaut (1859-1936), dirigente del Partido Socialdemócrata Obrero (SDAP) de Holanda. ↩

  75. Friedrich Ebert (1871-1925), miembro de la directiva del Partido Socialdemócrata de Alemania desde 1905. ↩

  76. La batalla de Sedán (1 de septiembre de 1870), en la guerra franco-prusiana; la capitulación francesa se firmó el 2 de septiembre. ↩

  77. El conflicto entre los sindicatos centralistas de Austria y los sindicatos separatistas checos. ↩

  78. La Comisión Sindical de Viena (Gewerkschaftskommission Österreichs, llamada también Reichskommission, «Comisión del Imperio») era el órgano central de los sindicatos centralistas de Austria; su propuesta dio origen a la resolución de la mayoría. ↩

  79. Resolución sobre las relaciones entre los partidos socialistas y los sindicatos aprobada por el Congreso Socialista Internacional de Stuttgart de 1907. ↩

  80. El original dice «ethischer» (ético), probablemente errata por «ethnischer» (étnico). ↩

  81. Antonín Němec, dirigente de la socialdemocracia checoslava de Austria y diputado al Consejo del Imperio, portavoz de la autonomía sindical checa. ↩

  82. Programa de nacionalidades aprobado por el congreso de la socialdemocracia austriaca celebrado en Brünn (Brno) en 1899, que reclamaba la transformación de Austria en un Estado federal democrático de nacionalidades. ↩

  83. Louis de Brouckère (1870-1951), dirigente del Partido Obrero Belga; el acta lo escribe «Bruckère» y «de Brouchère». ↩

  84. Herman Greulich (1842-1925), fundador y dirigente veterano del movimiento obrero y socialdemócrata suizo, nacido en Breslau. ↩

  85. Seudónimo de Julian Marchlewski (1866-1925), socialdemócrata polaco, dirigente de la Socialdemocracia del Reino de Polonia y Lituania y colaborador de la socialdemocracia alemana. ↩

  86. August Huggler, dirigente sindical suizo, de la Unión Sindical Suiza (Schweizerischer Gewerkschaftsbund). ↩

  87. La Confédération générale du travail (CGT), central sindical francesa, de orientación sindicalista revolucionaria. ↩

  88. Alusión al gran cierre patronal de la industria mecánica británica de 1897-1898 contra la Amalgamated Society of Engineers, que recibió ayuda de los sindicatos del continente. ↩

  89. William Crawford Anderson (1877-1919), presidente del Independent Labour Party desde 1910. ↩

  90. George Nicoll Barnes (1859-1940), antiguo secretario general de la Amalgamated Society of Engineers (sindicato de mecánicos) y diputado laborista; presidía en 1910 el grupo parlamentario laborista. ↩

  91. Hermann Molkenbuhr, diputado socialdemócrata en el Reichstag y miembro de la dirección del Partido Socialdemócrata alemán desde 1904; fue el ponente de la cuarta comisión. ↩

  92. Nassau William Senior (1790-1864), economista inglés que en 1837 sostuvo contra la ley de las diez horas que todo el beneficio de las fábricas procedía de la «última hora» de trabajo. ↩

  93. La huelga de los obreros textiles de Crimmitschau (Sajonia) por la jornada de diez horas, de agosto de 1903 a enero de 1904, que terminó en derrota. ↩

  94. Vinayak Damodar Savarkar, nacionalista indio al que se trasladaba a la India para juzgarlo; saltó del barco en Marsella en julio de 1910 y un gendarme francés lo devolvió a bordo. El protocolo escribe «Savarka» y, en la intervención de Branting, «Sarvarka». ↩

  95. Antonio Maura, presidente del Consejo de Ministros de España de 1907 a 1909, cuyo gobierno libró la guerra de Melilla de 1909 y reprimió la Semana Trágica de Barcelona; cayó en octubre de 1909. ↩

  96. Benno Karpeles, socialdemócrata austriaco, promotor del movimiento cooperativo en Viena; ponente de la primera comisión. ↩

  97. La «Produktion», cooperativa de consumo, construcción y ahorro fundada en Hamburgo en 1899 por sindicalistas y socialdemócratas, entre ellos Adolph von Elm. ↩

  98. Dan Irving, del Partido Socialdemócrata británico (Social Democratic Party, S. D. P., nombre que adoptó en 1908 la Social Democratic Federation). ↩

  99. Juan B. Justo, fundador y dirigente del Partido Socialista de Argentina e impulsor de la cooperativa El Hogar Obrero. El protocolo escribe «Juste». ↩

  100. Adolph von Elm, sindicalista y cooperativista de Hamburgo, antiguo diputado socialdemócrata en el Reichstag y uno de los fundadores de la Produktion; secretario de la primera comisión. ↩

  101. Frederik Borgbjerg, diputado socialdemócrata danés y redactor del diario Social-Demokraten de Copenhague. ↩

  102. Benoît Malon (1841-1893), socialista francés, miembro de la Comuna de París y fundador de La Revue socialiste. El protocolo escribe «Malom». ↩

  103. Robert Owen (1771-1858), socialista utópico británico, inspirador del primer movimiento cooperativo inglés. ↩

  104. El congreso de Viena se aplazó después a agosto de 1914 y no llegó a celebrarse a causa del estallido de la guerra mundial. ↩

  105. Las guías de viaje de la editorial berlinesa Grieben (Griebens Reiseführer), muy difundidas en Alemania. ↩

  106. Alusión a la profecía de las brujas en Macbeth: Macbeth no sería vencido hasta que el bosque de Birnam avanzara contra su castillo de Dunsinane. ↩

  107. El Congreso de Ámsterdam (1904) pidió que en cada país hubiera un solo partido socialista; los socialistas franceses se unificaron en 1905 en la Sección Francesa de la Internacional Obrera (SFIO). ↩

  108. El «Lied der Arbeit», himno de la socialdemocracia austriaca (letra de Josef Zapf, música de Josef Scheu, 1868). ↩

  109. Edward Anseele (1856-1938), dirigente del Partido Obrero Belga en Gante y cofundador de la cooperativa Vooruit. ↩

  110. Louis Bertrand (1856-1943), dirigente y diputado del Partido Obrero Belga. ↩

  111. Resolución del congreso del Partido Socialdemócrata alemán celebrado en Hannover en 1899, que declaró la neutralidad del partido ante las cooperativas. ↩

  112. John Spargo (1876-1966), escritor socialista estadounidense de origen inglés, miembro del Partido Socialista de América. ↩

  113. Albert Thomas (1878-1932), socialista francés dedicado a la cuestión cooperativa y sindical, elegido diputado en 1910. ↩

  114. Emanuel Wurm (1857-1920), diputado socialdemócrata al Reichstag, especialista en cuestiones cooperativas. ↩

  115. Angelica Balabanoff (1878-1965), socialista de origen ruso que militaba en el Partido Socialista Italiano. ↩

  116. František Modráček (1871-1960), socialdemócrata checo, impulsor del movimiento cooperativo checo. ↩

  117. Josef Seliger (1870-1920), dirigente de los socialdemócratas alemanes de Bohemia y diputado al Reichsrat austriaco. ↩

  118. Anton Hueber (1861-1935), secretario de la Comisión Sindical del Imperio de Austria. ↩

  119. Conferencia internacional de las centrales sindicales nacionales celebrada en Ámsterdam en 1905. ↩

  120. William D. «Big Bill» Haywood, dirigente de la Federación Occidental de Mineros y cofundador en 1905 de los Trabajadores Industriales del Mundo (IWW); asistía como delegado del Partido Socialista de América. ↩

  121. František Soukup, dirigente de la socialdemocracia checa y diputado en el Reichsrat. ↩

  122. Carl Legien, presidente de la Comisión General de los Sindicatos de Alemania, secretario del Secretariado Sindical Internacional y diputado en el Reichstag. ↩

  123. El congreso socialista internacional de Londres de 1896. ↩

  124. Richard Fischer, diputado socialdemócrata en el Reichstag y gerente de la editorial del Vorwärts. ↩

  125. Zygmunt Żuławski, dirigente sindical socialdemócrata polaco de Galitzia; el protocolo escribe «Zulavski». ↩

  126. Henryk Walecki, dirigente del Partido Socialista Polaco-Izquierda. ↩

  127. Alusión al congreso de Ámsterdam de 1904, que debatió la participación de socialistas en gobiernos burgueses después de la entrada de Millerand en el gobierno francés (1899); Adler y Vandervelde presentaron allí una enmienda conciliadora a la resolución que condenaba esa táctica. ↩

  128. Herman Diamand, diputado socialdemócrata polaco de Galitzia en el Reichsrat; el protocolo escribe «Diamant». ↩

  129. Otto Bauer, teórico de la socialdemocracia austriaca, autor de La cuestión de las nacionalidades y la socialdemocracia (1907). ↩

  130. Samuel Gompers, presidente de la Federación Estadounidense del Trabajo (American Federation of Labor). ↩

  131. Ernő Garami, dirigente del Partido Socialdemócrata de Hungría y director de su diario Népszava. ↩

  132. Friedrich (Fritz) Adler, hijo de Victor Adler; vivía entonces en Zúrich y militaba en la socialdemocracia suiza. ↩

  133. Václav Klofáč, jefe del Partido Nacional Social checo, de orientación nacionalista; el protocolo escribe «Klofac». ↩

  134. Alusión a la campaña de 1905 por el sufragio universal en Austria, que condujo a la reforma electoral de 1907. ↩

  135. Gerson Trier (1851-1918), socialista danés. ↩

  136. Engelbert Pernerstorfer (1850-1918), diputado socialdemócrata austriaco en el Reichsrat. ↩

  137. Karl Radek (1885-1939), militante de la socialdemocracia polaca, entonces periodista en la prensa del partido alemán. ↩

  138. Diario socialdemócrata de Leipzig, órgano del ala izquierda del partido alemán. ↩

  139. Alusión irónica a Guillermo II, que en su discurso de Königsberg del 25 de agosto de 1910 se proclamó instrumento del Señor que reinaba por la gracia de Dios. ↩

  140. En el acta, «Tutovic». Dimitrije Tucović (1881-1914), dirigente del Partido Socialdemócrata serbio. ↩

  141. Emanuel Škatula, periodista socialdemócrata checo. ↩

  142. Valentino Pittoni (1872-1933), dirigente socialdemócrata de Trieste y diputado en el Reichsrat austriaco. ↩

  143. Ley alemana de la potasa (Reichskaligesetz) de mayo de 1910, que impuso un cártel obligatorio a la industria de la potasa. ↩

  144. Léon Troclet, diputado del Partido Obrero Belga por Lieja. ↩

  145. Amie Hicks, socialista británica de la Social Democratic Federation y organizadora sindical de mujeres trabajadoras. ↩

  146. Marion Phillips (1881-1932), socialista británica de origen australiano, de la Sociedad Fabiana y la Women's Labour League. ↩

  147. Carl Lindhagen (1860-1946), alcalde de Estocolmo y diputado socialdemócrata sueco. ↩

  148. Alex Gossip, sindicalista escocés, dirigente del sindicato de los oficios del mueble. ↩

  149. Johan Hendrik Schaper (1868-1934), diputado del Partido Obrero Socialdemócrata (SDAP) holandés. ↩

  150. Convenio internacional firmado en Berna en 1906 que prohibía el trabajo nocturno industrial de las mujeres. ↩

  151. Charlotte Despard (1844-1939), socialista y sufragista británica, fundadora de la Women's Freedom League (1907). ↩

  152. Jean Longuet (1876-1938), periodista del Partido Socialista francés (SFIO), nieto de Marx. ↩

  153. Emma Ihrer (1857-1911), pionera del movimiento obrero femenino y sindical alemán. ↩

  154. Paul Louis (1872-1955), periodista e historiador socialista francés. ↩

  155. Herbert Burrows (1845-1922), miembro del Partido Socialdemócrata británico (antes Social Democratic Federation). ↩

  156. Karl Seitz (1869-1950), diputado socialdemócrata en el Consejo del Imperio austríaco. ↩

  157. Charles Rappoport (1865-1941), socialista francés de origen ruso. ↩

  158. Movimiento nacionalista liberal otomano, organizado en el Comité de Unión y Progreso, que con la revolución de 1908 impuso el restablecimiento de la Constitución de 1876. ↩

  159. Madame Sorgue, agitadora socialista y sindicalista francesa. ↩

  160. Iliá Rubanóvich, representante del Partido Socialista Revolucionario ruso en el Buró Socialista Internacional. ↩

  161. Robert Rives La Monte, socialista y publicista estadounidense. ↩

  162. Adolf Müller (1863-1943), socialdemócrata bávaro, editor de la Münchener Post. ↩

  163. František Tomášek, socialdemócrata checo, diputado en el Reichsrat austriaco. ↩

  164. Maurits Mendels, abogado, dirigente del Partido Obrero Socialdemócrata holandés (SDAP). ↩

  165. La primera Duma (abril-julio de 1906) votó un proyecto de abolición de la pena de muerte; fue disuelta por el zar en julio de 1906. ↩

  166. Franz von Liszt (1851-1919), penalista alemán, cabeza de la llamada escuela moderna del derecho penal y cofundador de la Unión Internacional de Derecho Penal. ↩

  167. Francisco Ferrer i Guàrdia (1859-1909), pedagogo librepensador, fusilado en Montjuïc el 13 de octubre de 1909 tras la Semana Trágica de Barcelona. ↩

  168. Wilhelm Dittmann (1874-1954), socialdemócrata alemán, más tarde dirigente del USPD. ↩

  169. Luise Zietz (1865-1922), primera mujer en la dirección del SPD (desde 1908). ↩

  170. Albert Südekum (1871-1944), diputado socialdemócrata del Reichstag, del ala revisionista. ↩

  171. Gustav Bauer (1870-1944), vicepresidente de la Comisión General de los Sindicatos desde 1908. ↩

  172. Gertrud Hanna (1876-1944), al frente del secretariado de obreras de la Comisión General de los Sindicatos desde 1909. ↩

  173. Heinrich Cunow (1862-1936), teórico socialdemócrata, redactor del Vorwärts. ↩

  174. Hugo Haase (1863-1919), abogado de Königsberg, diputado del Reichstag; copresidente del SPD desde 1911. ↩

  175. Hermann Sachse, presidente del sindicato minero alemán (Verband der Bergarbeiter Deutschlands). ↩

  176. Arthur Stadthagen (1857-1917), abogado, diputado socialdemócrata del Reichstag, especialista en derecho obrero. ↩

  177. Josef Simon, de Núremberg, presidente del sindicato alemán de zapateros. ↩

  178. August Brey, de Hannover, presidente del sindicato alemán de obreros fabriles. ↩

  179. Otto Wels (1873-1939), secretario del SPD para la provincia de Brandeburgo. ↩

  180. El Partido Socialdemócrata (SDP), fundado en 1909 por los marxistas expulsados del SDAP (los «tribunistas»). ↩

  181. Theodor Leipart (1867-1947), presidente del sindicato alemán de la madera (Holzarbeiterverband). ↩

  182. Otto Hue (1868-1922), dirigente del sindicato minero alemán y redactor de su órgano. ↩

  183. Congreso del Partido Socialdemócrata de Austria celebrado en Reichenberg (Liberec) en 1909. ↩

  184. Emil Kloth, presidente del sindicato alemán de encuadernadores. ↩

  185. Federación Americana del Trabajo (AFL), confederación sindical presidida por Samuel Gompers. ↩

  186. Gyula Alpári (1882-1944), socialista húngaro del ala izquierda. ↩

  187. Karl Hildenbrand, dirigente socialdemócrata de Wurtemberg. ↩