Escrito por Friedrich Engels en Bremen en 1840 y publicado sin firma, con el subtítulo «Fragmento», en el Telegraph für Deutschland (Hamburgo), núm. 191, de noviembre de 1840, p. 764. En sus colaboraciones de estos años en el Telegraph Engels firmaba con el seudónimo «Friedrich Oswald» o «F. O.». Traducido de Marx/Engels, Gesamtausgabe (MEGA¹), sección I, tomo 2 (Berlín, 1930), p. 90, por la Escuela de marxismo, 2026, en versión libre verso a verso. Las notas son nuestras. Texto original en alemán.

Fragmento

Tú, roca orgullosa en la soledad del mar,
tú, dura tumba del mayor corazón de roca,
que pensó aquí en el tiempo que él mismo había creado,
que murió aquí con los dolores de Prometeo;1
¡cómo te alzas con tu negro hábito de sacerdote,
tú, una de aquellas velas consumidas
que Dios, cuando compuso el mundo,
encendió para alumbrar con su llama su obra!
Bien pudieron enviarte al héroe
que nació como un siglo nuevo,
que con sus rayos hubo de repartir luz,
que con su trueno hubo de llenar todos los oídos,
hasta que, sin que nadie lo oyera, se perdió entre las paredes del universo
el primer grito de dolor del niño;
entonces el tiempo, en sus amargas bromas,
lo arrojó junto a las otras velas consumidas.

  1. Napoleón Bonaparte murió desterrado en la isla de Santa Elena, en el Atlántico Sur, en 1821. En 1840 el gobierno de Luis Felipe obtuvo de Inglaterra la entrega de sus restos, que una expedición fue a buscar a la isla en otoño de ese año y que se enterraron en los Inválidos de París en diciembre. En la leyenda, Prometeo, encadenado a una roca por haber dado el fuego a los hombres, sufría el castigo de un águila que le devoraba el hígado. ↩