Publicado sin firma en la Neue Rheinische Zeitung, núm. 11, del 11 de junio de 1848; según la MEW, escrito por Friedrich Engels. Traducido de Karl Marx/Friedrich Engels, Werke, tomo 5 (Berlín, 1971, pp. 59-62), por la Escuela de marxismo, 2026. La nota marcada «(Nota de Engels.)» es del autor; las demás son nuestras. Texto original en alemán.
**Colonia, 10 de junio. Había llegado Pentecostés, la fiesta amable;1 los campos verdeaban, los árboles florecían, y hasta donde hay gente que confunde el dativo con el acusativo2 se preparaban para derramar en un solo día el espíritu santo de la reacción sobre todas las tierras.
El momento está bien elegido. En Nápoles, los tenientes de la guardia y los lansquenetes suizos han logrado ahogar la joven libertad en la sangre del pueblo.3 En Francia, una asamblea de capitalistas pone a la república la mordaza de leyes draconianas y nombra comandante de Vincennes al general Perrot, que el 23 de febrero mandó hacer fuego frente al palacete de Guizot.4 En Inglaterra y en Irlanda se mete en la cárcel en masa a cartistas y repealers5 y se disuelven con dragones mítines desarmados. En Fráncfort, la Asamblea Nacional instaura ahora ella misma el triunvirato propuesto por la difunta Dieta federal y rechazado por la Comisión de los Cincuenta.6 En Berlín, la derecha vence golpe tras golpe gracias a su número y a sus pataleos, y el príncipe de Prusia, con su entrada en la «propiedad de toda la nación»,7 declara nula y sin valor la revolución.
En el Hesse renano se concentran tropas; alrededor de Fráncfort acampan los héroes que se ganaron las espuelas en el Seekreis frente a las guerrillas republicanas;8 Berlín está cercada, Breslau está cercada, y de cómo están las cosas en la provincia del Rin hablaremos enseguida.
La reacción prepara un gran golpe.
Mientras se combate en Schleswig,9 mientras Rusia envía notas amenazadoras y concentra trescientos mil hombres en torno a Varsovia, ¡la Prusia renana se ve inundada de tropas, por más que los burgueses de la Cámara de París proclamen ya de nuevo «la paz a cualquier precio»!
En la Prusia renana, Maguncia y Luxemburgo hay (según la Deutsche Zeitung) catorce regimientos enteros de infantería (el 13.º, el 15.º,10 el 16.º, el 17.º, el 25.º, el 26.º, el 27.º, el 28.º, el 30.º, el 34.º, el 35.º, el 38.º, el 39.º y el 40.º), es decir, un tercio de toda la infantería de línea y de la guardia prusiana (45 regimientos). Una parte está completamente en pie de guerra, y los demás se han reforzado con la incorporación de la tercera parte de los reservistas. Además, tres regimientos de ulanos, dos de húsares y uno de dragones, a los que se sumará en breve un regimiento de coraceros. A ello se añade la mayor parte de las brigadas de artillería 7.ª y 8.ª, de las que al menos la mitad ya está movilizada (es decir, pasada de 19 a 121 caballos por batería a pie, o de 2 a 8 piezas con tiro). Para Luxemburgo y Maguncia se ha formado además una tercera compañía. Estas tropas se extienden en un gran arco desde Colonia y Bonn, por Coblenza y Tréveris, hasta la frontera francesa y la luxemburguesa. Se artillan todas las fortalezas, se empalizan los fosos y los árboles de los glacis se talan, en parte por completo, en parte en la línea de tiro de los cañones.
¿Y cómo están las cosas aquí, en Colonia?
Los fuertes de Colonia están completamente artillados. Se tienden las explanadas, se abren las troneras, los cañones están ahí y se emplazan. Se trabaja en ello todos los días de seis de la mañana a seis de la tarde. Se dice incluso que los cañones se sacaron de la ciudad de noche, con las ruedas envueltas, para evitar todo ruido.
El artillado del recinto amurallado empezó en la torre de Bayen y ha avanzado ya hasta el bastión núm. 6, es decir, hasta la mitad del recinto. En el sector I hay ya emplazados 20 cañones.
En el bastión núm. 2 (junto a la puerta de San Severino), los cañones están encima de la puerta. Basta con darles la vuelta para bombardear la ciudad.
La mejor prueba de que estos armamentos solo en apariencia van dirigidos contra un enemigo exterior, y en realidad contra la propia Colonia, está en que aquí se han dejado en pie por todas partes los árboles del glacis. Para el caso de que las tropas tuvieran que abandonar la ciudad y refugiarse en los fuertes, eso deja inútiles los cañones de la muralla de la ciudad contra los fuertes, mientras que a los morteros, obuses y cañones de veinticuatro libras de los fuertes no les impide en absoluto arrojar granadas y bombas por encima de los árboles sobre la ciudad. La distancia de los fuertes a la muralla es solo de 1.400 pasos, y permite a los fuertes arrojar bombas, que alcanzan hasta 4.000 pasos, sobre cualquier parte de la ciudad.
Ahora, las medidas dirigidas directamente contra la ciudad.
El arsenal, frente al edificio del gobierno, se está vaciando. Los fusiles se embalan con cuidado, para que no llame la atención, y se llevan a los fuertes.
En cajas de fusiles se trae munición de artillería a la ciudad y se deposita en los polvorines a prueba de bombas a lo largo de la muralla.
Mientras escribimos esto, se están repartiendo a la artillería fusiles con bayoneta, aunque es sabido que en Prusia la artillería no tiene instrucción en su manejo.
La infantería ocupa ya en parte los fuertes. Toda Colonia sabe que anteayer se le repartieron 5.000 cartuchos con bala por compañía.
Para el caso de un choque con el pueblo se han tomado las disposiciones siguientes.
A la primera señal de alarma, la 7.ª compañía de artillería (de fortaleza) sale hacia los fuertes.
La batería núm. 37 sale entonces también ante la ciudad. Esta batería está ya equipada por completo «para campaña de guerra».
Las compañías de artillería 5.ª y 8.ª se quedan de momento en la ciudad. Estas compañías tienen 20 disparos en cada armón.
Los húsares pasan de Deutz a Colonia.
La infantería ocupa el Neumarkt, la puerta de Hahnentor y la de Ehrentor para cubrir la retirada de todas las tropas de la ciudad, y luego se refugia también en los fuertes.
Además, los oficiales superiores hacen todo lo posible para inculcar a las tropas un odio de vieja Prusia contra el nuevo orden de cosas. En el actual florecimiento de la reacción, nada más fácil que colar, con el pretexto de un discurso contra los agitadores y los republicanos, los ataques más odiosos contra la revolución y contra la monarquía constitucional.
Y eso que Colonia nunca ha estado más tranquila que precisamente en estos últimos tiempos. Aparte de un insignificante tumulto ante la casa del presidente del gobierno provincial y de una riña en el Heumarkt, en cuatro semanas no ha ocurrido nada que haya alarmado en lo más mínimo siquiera a la guardia cívica. Todas estas medidas son, pues, completamente gratuitas.
Lo repetimos: después de estas medidas, por lo demás del todo incomprensibles, después de las concentraciones de tropas en torno a Berlín y Breslau, que nos confirman cartas, después de inundar de soldados la provincia del Rin, tan odiada por los reaccionarios, no podemos dudar de que la reacción prepara un gran golpe general.
El estallido parece fijado aquí, en Colonia, para el lunes de Pentecostés. Se difunde con empeño el rumor de que ese día «se armará». Se procurará provocar un pequeño escándalo para hacer actuar enseguida a las tropas, amenazar a la ciudad con el bombardeo, desarmar a la guardia cívica, encarcelar a los principales agitadores; en una palabra, maltratarnos a la manera de Maguncia y de Tréveris.11
Advertimos seriamente a los obreros de Colonia contra esta trampa que les tiende la reacción. Les rogamos encarecidamente que no den al partido de la vieja Prusia ni el menor pretexto para poner Colonia bajo el despotismo de las leyes de guerra. Les rogamos que dejen pasar los dos días de Pentecostés con una tranquilidad muy especial y que hagan fracasar así todo el plan de los reaccionarios.
Si damos a la reacción un pretexto para atacarnos, estamos perdidos y nos pasará lo que a los de Maguncia. Si la obligamos a atacarnos, y se atreve de verdad al ataque, los de Colonia tendrán ocasión de demostrar que tampoco ellos dudan un instante en jugarse la sangre y la vida por las conquistas del 18 de marzo.12
Posdata. Se acaban de dar las órdenes siguientes:
Para los dos días de Pentecostés se suprime el santo y seña (que de ordinario se daba con una solemnidad muy particular). Las tropas quedan acuarteladas, y allí se comunica a los oficiales el santo y seña.
Las compañías de fortaleza y de artesanos de la artillería, así como la guarnición de infantería de los fuertes, reciben desde hoy, además de la ración ordinaria de pan, el pan de cuatro días por adelantado, de modo que siempre están abastecidas para ocho días.
La artillería hace ya esta noche a las siete instrucción con fusiles.
Comienzo de Reineke Fuchs (1794), de Goethe. ↩
Es decir, los berlineses, cuyo dialecto confunde mir y mich. ↩
El 15 de mayo de 1848 el rey Fernando II de las Dos Sicilias disolvió el Parlamento napolitano y aplastó en las barricadas el levantamiento popular con ayuda de los regimientos suizos. ↩
El 23 de febrero de 1848, en París, la tropa disparó contra una manifestación ante el Ministerio de Asuntos Exteriores, sede de Guizot, en el bulevar de los Capuchinos; la matanza precipitó la caída de Luis Felipe. ↩
Partidarios irlandeses de la revocación (repeal) de la unión con Gran Bretaña. ↩
La Comisión de los Cincuenta había sido elegida por el Preparlamento en abril de 1848 para vigilar a la Dieta federal hasta la reunión de la Asamblea Nacional. ↩
En marzo de 1848 el pueblo de Berlín había escrito en el palacio del príncipe de Prusia, que había huido a Inglaterra, «Propiedad de toda la nación». El príncipe, el futuro emperador Guillermo I, había vuelto a Berlín a comienzos de junio. ↩
Las tropas que en abril de 1848 derrotaron en el sur de Baden la insurrección republicana de Hecker. ↩
La guerra de la Confederación Germánica contra Dinamarca por Schleswig-Holstein, empezada en la primavera de 1848. ↩
(Nota de Engels.) No del todo exacto. El 13.º está en parte, y el 15.º por completo, en Westfalia, pero puede estar aquí en pocas horas por ferrocarril. ↩
A finales de mayo de 1848 hubo en Maguncia y en Tréveris choques entre la tropa prusiana y la población; en Maguncia la guardia cívica fue desarmada bajo amenaza de bombardeo. ↩
Día de la revolución de Berlín. ↩