Publicado sin firma en la Deutsche-Brüsseler-Zeitung, núm. 13, del 13 de febrero de 1848; los editores de la MEW lo atribuyen a Karl Marx. Traducido de Karl Marx/Friedrich Engels, Werke, tomo 4 (Berlín, 1972, pp. 511-513), por la Escuela de marxismo, 2026; se corrige una errata evidente de la edición digital. Las notas son nuestras. Texto original en alemán.

El Débat social1 del 6 de febrero defiende a la Association démocratique de Bruselas2 y a sus sociedades filiales. Nos permitimos algunas observaciones sobre la manera de su defensa.

Puede que convenga al partido radical belga demostrar a los católicos que actúan contra su propio interés al acusar al partido radical belga. Puede que convenga al partido radical belga distinguir entre el clero bajo y el alto y devolver al clero en su conjunto en cumplidos lo que dice a una parte de él en verdades. De eso no entendemos nada. Solo nos asombra que el Débat haya podido pasar por alto que los ataques de los periódicos católicos flamencos contra las associations démocratiques se reprodujeron enseguida en la Indépendance,3 y la Indépendance, que sepamos, no es un periódico católico.

El Débat social declara que los belgas reclaman reformas políticas por medio de las asociaciones democráticas.

Comprendemos que el Débat olvide por un momento el carácter cosmopolita de la Association démocratique. Puede que ni siquiera lo haya olvidado. Solo ha recordado que una sociedad que aspira a fomentar la democracia en todos los países actuará en primer lugar sobre el país en que reside.

El Débat social no se contenta con decir lo que los belgas quieren con las associations démocratiques; va más allá, dice lo que los belgas no quieren con ellas y, por tanto, lo que no está permitido querer si se pertenece a la asociación que los belgas han fundado para reclamar reformas políticas. Avis aux étrangers!4

«Las reformas políticas que los belgas quieren reclamar por medio de las asociaciones democráticas», dice el Débat, «no son esas utopías tras las que corren ciertos demócratas en países donde las instituciones sociales no dejan esperar ninguna reforma eficaz, donde, por tanto, es tan razonable pensar en castillos en el aire como en el modesto bienestar de los pueblos ya libres. Quien no tiene nada hace tan bien en soñar de golpe con millones como con cien táleros de renta o de beneficio.»

Aquí el Débat habla evidentemente de los comunistas.

Quisiéramos preguntarle si «el modesto bienestar» de la «libre» Inglaterra se manifiesta en que el impuesto de pobres crece más deprisa que la población.

Quisiéramos preguntarle si por «el modesto bienestar de los pueblos libres» entiende la miseria flamenca.

Quisiéramos sonsacarle el secreto con el que piensa poner cien táleros de beneficio o de renta en el lugar del salario. ¿O entiende por «el modesto bienestar de los pueblos libres» el modesto bienestar de los capitalistas y terratenientes libres?

Quisiéramos preguntarle, por último, si la Association démocratique de Bruselas le ha encargado desmentir a los utopistas que no creen en «la modesta dicha de los pueblos libres».

Pero el Débat social no habla evidentemente de los comunistas en general, sino de los comunistas alemanes, que, como el desarrollo político de su patria no les permite fundar ni una Alliance5 alemana ni una Association libérale alemana, caen por desesperación en brazos del comunismo.

Hacemos notar al Débat que el comunismo procede de Inglaterra y de Francia, y no de Alemania.

Que el comunismo alemán es el adversario más decidido de todo utopismo y que, lejos de excluir el desarrollo histórico, se funda más bien en él: esta garantía se la devolvemos de momento al Débat social a cambio de la suya.

Alemania se ha quedado atrás en el desarrollo político, tiene que recorrer un largo desarrollo político. Seríamos los últimos en negarlo. Pero creemos, por otra parte, que un país de más de cuarenta millones de habitantes, cuando prepara una revolución, no buscará la medida de su movimiento en el radicalismo de pequeños países libres.

¿Entiende el Débat por comunismo el poner de relieve los antagonismos de clase y la lucha de clases? Entonces lo comunista no es el comunismo, sino la economía política, la sociedad burguesa.

Sabemos que Robert Peel profetizó que el antagonismo de clase de la sociedad moderna estallaría en una crisis terrible. Sabemos que el propio Guizot, en su Historia de la civilización,6 cree no exponer sino formas determinadas de la lucha de clases. Pero Peel y Guizot son utopistas. Realistas son los hombres que consideran que hasta enunciar los hechos sociales es una falta contra una benévola prudencia.

El Débat social es libre de admirar e idealizar a Norteamérica y a Suiza.

Le preguntamos si la constitución política de Norteamérica podría introducirse alguna vez en Europa sin grandes trastornos sociales. Creemos, por ejemplo, y que el Débat nos perdone el atrevimiento, que la Carta inglesa,7 para ser planteada no por unos cuantos entusiastas del sufragio universal, sino por un gran partido nacional, presuponía una larga unión de los obreros ingleses en clase; que esa Carta se persigue con una intención muy distinta y tiene que traer consecuencias sociales muy distintas de las que jamás persiguieron o trajeron las constituciones de América y de Suiza. A nuestros ojos, son utopistas quienes separan las formas políticas de su base social y las presentan como dogmas generales, abstractos.

Cómo intenta el Débat social defender a la Association démocratique eliminando al mismo tiempo a «ciertos demócratas» que no se conforman con «el modesto bienestar de los pueblos libres», lo demuestra además al pasar a hablar de las discusiones sobre el librecambio en la asociación.

«Seis sesiones», dice el Débat, «se dedicaron a la discusión de esta interesante cuestión, y muchos obreros de los distintos talleres de nuestra ciudad hicieron valer argumentos que no habrían estado fuera de lugar en el famoso congreso de los economistas celebrado en Bruselas el pasado septiembre.»8

Antes, el Débat social señala que la asociación votó casi por unanimidad el librecambio absoluto entre todos los pueblos como un objetivo de la democracia.

Después, el Débat publica en el mismo número un discurso de lo más vulgar del señor Le Hardy de Beaulieu,9 hecho con los desperdicios más podridos de los figones del free trade inglés.

Y finalmente se celebra a Cobden.10

Después de esta exposición del Débat social, ¿dudará alguien de que la asociación votó por gran mayoría el librecambio en el sentido del congreso de los economistas, en el sentido de los free-traders burgueses?

  1. Le Débat social, semanario de los demócratas radicales belgas, publicado en Bruselas de 1844 a 1849. ↩

  2. La Asociación Democrática de Bruselas, fundada en noviembre de 1847 por demócratas belgas, alemanes, polacos y franceses; la presidía el abogado Lucien Jottrand, y Marx era uno de sus vicepresidentes. ↩

  3. L'Indépendance belge, diario liberal de Bruselas. ↩

  4. «¡Aviso a los extranjeros!» (en francés en el original). ↩

  5. La Alliance, asociación política de los liberales y radicales burgueses de Bruselas. ↩

  6. François Guizot, Histoire générale de la civilisation en Europe (1828) e Histoire de la civilisation en France (1829-1832). ↩

  7. La Carta del Pueblo (People's Charter, 1838), programa de los cartistas, cuyo primer punto era el sufragio universal masculino. ↩

  8. El congreso de los economistas librecambistas celebrado en Bruselas del 16 al 18 de septiembre de 1847, del que Marx y Engels se ocuparon en otros artículos. ↩

  9. Adolphe Le Hardy de Beaulieu, economista belga, librecambista. ↩

  10. Richard Cobden (1804-1865), fabricante de Mánchester, jefe de la Liga contra las Leyes Cerealistas. ↩