Escrito en Colonia el 6 de enero de 1849. Publicado en la Neue Rheinische Zeitung, núm. 189, del 7 de enero de 1849; la MEW lo recoge entre los escritos de Marx y Engels sin precisar el autor. Traducido de Karl Marx/Friedrich Engels, Werke, tomo 6 (Berlín, 1959, pp. 156-159), por la Escuela de marxismo, 2026. Las notas son nuestras. Texto original en alemán.
*Colonia, 6 de enero. Lo que el gobierno prusiano le cuesta al país lo tenemos por fin, desde hace unos días, negro sobre blanco. El Preußischer Staats-Anzeiger1 nos ha mostrado por fin, con el presupuesto del año 1849, con qué desvergüenza se nos ha mentido en los presupuestos anteriores. Este espléndido aguinaldo de Año Nuevo solo ha sorprendido a aquellos para quienes hasta ahora cada palabra del gobierno por la gracia de Dios era una verdad sagrada, y toda la patraña de las finanzas del Estado que se nos ha venido haciendo desde 1820, una prueba de la excelencia de nuestro presupuesto de Estado policiaco.
Prusia es un país de unas 5.000 millas cuadradas2 y algo más de 16 millones de habitantes.
Los Estados Unidos de Norteamérica comprenden un territorio cuya superficie se acerca ya bastante a la de toda Europa y cuya población pasa de 21 millones.
No hay mejor introducción a unas consideraciones sobre el presupuesto prusiano para 1849 que el presupuesto de los estados libres de Norteamérica.
Una comparación de ambos presupuestos muestra lo caro que tiene que pagar el burgués prusiano el placer de ser gobernado por un gobierno por la gracia de Dios, de ser maltratado por sus mercenarios con y sin estado de sitio, y de ser tratado en canaille, como chusma, por una caterva de funcionarios altaneros y de hidalgüelos rurales. Pero de ella se desprende al mismo tiempo lo barato que puede organizar su gobierno una burguesía valiente, consciente de su poder y resuelta a usarlo.
Los dos presupuestos bastan ya por sí solos como prueba de la cobardía, la estrechez de miras y el espíritu filisteo de la una, y de la conciencia de sí, la inteligencia y la energía de la otra.
El gasto total de los Estados Unidos durante el año 1848 ascendió a 42.811.970 dólares. En él están incluidos los costes de la guerra de México,3 una guerra librada a 2.000 millas de la sede del gobierno central. Se comprende qué gastos enormes exigió el transporte del ejército y de todo lo que necesitaba.
Los ingresos de la Unión fueron de 35.436.750 dólares, a saber: 31.757.070 dólares de derechos de aduana, 3.328.642 dólares de la venta de tierras del Estado y 351.037 dólares de ingresos varios y eventuales. Como los ingresos ordinarios no bastaban a causa de los gastos de la guerra, lo que faltaba se cubrió con empréstitos que se contrataron por encima de la par. ¡Pregúntese en el mercado del dinero si el gobierno «cristiano-germánico» sería capaz de reunir siquiera 1.000 táleros en condiciones tan ventajosas!
En los Estados Unidos el año fiscal empieza cada 1 de julio. Hasta julio de 1849 los gastos seguirán siendo considerables, comparados con otras veces, aunque no comparados con Prusia, a causa de la guerra de México. En cambio, el presidente Polk anuncia en su mensaje al Congreso, para el próximo año fiscal, que termina el 1 de julio de 1850, el presupuesto ordinario de paz.
¿A cuánto ascienden los gastos de este poderoso Estado, la república burguesa norteamericana, en tiempos de paz?
A 33.213.152 dólares, incluidos los intereses de la deuda pública (3.799.102 dólares) y los 3.540.000 dólares que hay que pagar a México el 30 de mayo de 1850.
Si se descuentan estas dos últimas sumas, que figuran en el presupuesto como extraordinarias, todo el gobierno y la administración de los Estados Unidos cuestan al año menos de 26 millones de dólares.
¿Y cuánto pagan al año al Estado los ciudadanos prusianos en tiempos de paz?
La respuesta es amarga. Nos la da el Pr. St.-A. Dice así: ¡más de 94 millones de táleros al año!
Así pues, mientras los 21 millones de habitantes de la república norteamericana, con su bienestar, más aún, con su riqueza, entregan a la caja del Estado apenas 26 millones de dólares, es decir, menos de 38 millones de táleros prusianos de curso legal, los 16 millones de prusianos, con su relativa pobreza, tienen que arrojar cada año en las fauces del tesoro del Estado unos 94 millones de táleros, y ni aun así queda satisfecho.
¡Pero no seamos injustos!
La república norteamericana tampoco posee, en cambio, nada más que un presidente elegido cada 4 años, que, eso sí, trabaja para el país más que una docena de reyes y emperadores juntos. Pero en cambio solo percibe el mísero sueldo anual de 37.000 táleros prusianos de curso legal. En esta minúscula suma de 37.000 táleros se resume todo el dolor de un alma cristiano-prusiana «con Dios por el rey» y por los hidalgos.4 Ni chambelanes, ni joyeros de la corte, ni riego de la carretera de Charlottenburg para las damas de la corte, ni instalaciones del Wildpark a costa del ciudadano,5 etc. ¡Oh, es terrible! Pero lo más terrible es que estos norteamericanos ni siquiera parecen comprender esta cosa terrible, este páramo, este abandono de Dios.
¡Qué distinto entre nosotros! Aunque paguemos tres y cuatro veces más, también disfrutamos de cosas que ellos no tienen, que por 37.000 táleros no pueden tener. Disfrutamos y nos deleitamos con el esplendor de una corte por la gracia de Dios que (no se sabe exactamente, pero según un cálculo aproximado) le cuesta al pueblo de 4 a 5 millones al año.
Mientras los americanos son unos tipos tan estrafalarios que conservan su dinero, en lo posible, para su propio esplendor y su propio provecho, nosotros nos sentimos obligados, de modo cristiano-germánico, a tirar nuestro esplendor, es decir, nuestro dinero, y a dejar que otros brillen con él. Y dejando aparte el esplendor, ¡qué beneficios no ofrece una corte ricamente dotada con el bolsillo del pueblo a una masa de pobres condes, barones, Freiherren y simples «von»! Una multitud de esta gente, hecha solo para el consumo y no para la producción, acabaría pereciendo miserablemente si no recibiera de manera fina una limosna pública. Si quisiéramos repasar uno por uno todos los beneficios y ventajas, no acabaríamos hoy.
¡Y cuánto se quedan atrás de nosotros los americanos en otros aspectos por culpa de su pequeño presupuesto!
Allí, por ejemplo, el señor presidente superior Boetticher6 no recibiría un regalo de 3.000 táleros de la caja del Estado. «Que se dé por contento con su hermoso sueldo», se diría. Para los condes y barones no caería nada para la educación de los hijos. La república norteamericana diría en tal caso a estos graciosos señores: «¡Pues entonces hay que abstenerse de tener hijos!».7 Un Hüser8 se vería allí estafado en su gratificación anual de 6.000 táleros y tendría que conformarse con su sueldo; es más, este quizá se redujera a 3.000 táleros. ¿Y con eso iba a vivir un hombre, un hombre prusiano, un general cristiano-germánico? ¡Pensamiento impío! Apage!9
A los americanos, como al señor Hansemann,10 les falta toda sensibilidad en cuestiones de dinero.
A don Carlos11 le harían llegar a lo sumo unos cuantos whippings, unos azotes, pero jamás 700.000 táleros para que pudiera darse buena vida con sus grandes y sus frailes y luchar por la legitimidad de Metternich. Eso solo lo puede una monarquía por la gracia de Dios, a la que los bolsillos del pueblo tienen que estarle abiertos en todo momento y por derecho.
Si los tributos del americano al Estado son, por cierto, muy insignificantes, también tiene, por otra parte, un ejército permanente de solo 10.000 hombres, que únicamente en tiempos de guerra se puede aumentar con la mayor rapidez hasta 2 millones de vigorosos combatientes. No conoce ni de lejos la dicha de poder emplear la mejor parte de los impuestos en un ejército que en tiempos de paz nos pone en estado de sitio, nos maltrata, nos hiere y nos mata a tiros, todo para gloria y honra de la patria.
Pero ¿de qué sirve? Estos republicanos burgueses son tan testarudos que no quieren saber nada de nuestras instituciones cristiano-germánicas y prefieren incluso pagar impuestos bajos a pagarlos altos.
Con la misma obstinación se empeña el burgués alemán en que la gracia de Dios, con su ejército de soldados y de funcionarios, sus tropeles de pensionistas, sus gratificaciones, extraordinaria, etc., nunca se puede pagar lo bastante caro.
El republicano de la bolsa de Norteamérica y el burgués de Prusia están entre sí justamente en la misma relación que sus presupuestos, como 37 a 94 millones. El uno, por su propia gracia; el otro, por la gracia de Dios: esa es la verdadera diferencia.
Preußischer Staats-Anzeiger, diario oficial del gobierno prusiano. ↩
Millas geográficas alemanas (unos 7,4 km), de modo que la cifra equivale a unos 280.000 km². ↩
La guerra entre los Estados Unidos y México (1846-1848), terminada por el tratado de Guadalupe Hidalgo, por el que México cedió más de la mitad de su territorio a cambio de una indemnización pagada a plazos. ↩
«Con Dios por el rey y por la patria» (Mit Gott für König und Vaterland), lema de la Landwehr prusiana desde 1813; aquí la patria se ha convertido en los hidalgos (Junkerschaft). ↩
Wildpark, coto de caza real cerca de Potsdam. ↩
Presidente superior (Oberpräsident): gobernador de una provincia prusiana. Carl Wilhelm von Bötticher, presidente superior de la provincia de Prusia. ↩
En francés en el original: Alors il faut s'abstenir d'avoir des enfants! ↩
Heinrich von Hüser, general prusiano. ↩
«¡Fuera!», «¡Arredro vaya!», fórmula de exorcismo tomada del griego. ↩
David Hansemann, banquero de Aquisgrán, ministro de Hacienda prusiano de marzo a septiembre de 1848. ↩
Carlos María Isidro de Borbón, pretendiente al trono español, jefe del bando absolutista en la primera guerra carlista (1833-1840), apoyado por las potencias de la Santa Alianza. ↩