Artículo publicado sin firma en la Neue Rheinische Zeitung, n.º 226, 19 de febrero de 1849 (Colonia), p. 1; atribuido a Friedrich Engels por la MEGA² (I/8). Traducido del original del periódico (colección digital de la USB Köln) por la Escuela de marxismo, 2026. Las notas son nuestras. Texto original en alemán.

* Colonia, 18 de febrero. Mientras los periódicos austriacos fantasean desde hace unos días sobre una victoria de Ottinger sobre Dembiński —¡¡en Debreczin!!—, en las provincias eslavas de Hungría se acumulan nubes de tormenta cada vez más densas sobre la monarquía unitaria imperial y real. Hace ya bastante tiempo —incluso desde el asalto de Viena— que venimos llamando la atención sobre la inevitabilidad de una ruptura entre el gobierno austriaco y los eslavos. Esa ruptura es ahora abierta.

Empecemos por los serbios. A la Gratzer Zeitung le escriben desde Temesvar, en interés austriaco, lo siguiente: «En el Banato empiezan abusos serbios que, si no engañan todos los indicios, con el tiempo exigirán también una intervención armada, sobre todo porque una parte de los serbios, más arrogante aún que los mismos magiarómanos, intenta oprimir por completo a las demás nacionalidades de la Voivodina, y por eso los rumanos y los alemanes de allí se arman para la resistencia abierta. Entre las altas autoridades militares y la Voivodina la escisión es ya casi abierta, y le aseguro que tenemos que prepararnos para una lucha contra los serbios. En todo caso, ahora tenemos claro que la supuesta simpatía por la causa austriaca no es de la misma pureza que la de los croatas. En breve el asunto llegará a una decisión abierta».

Es sabido que Karlowitz, sede del gobierno del Banato, es decir, del «comité central» serbio, cuyo vicepresidente es el «rebelde» Stratimirović, ha sido declarada ya en estado de sitio.

Pero ¿qué hay de la «pureza» de la «simpatía» de los croatas? Escuchemos:

«Praga, 13 de febrero. Los acontecimientos de Croacia causan mucha sensación en los círculos checos. Ahora se tiene que decidir, dicen, si Jelačić está con su país o con la dinastía. Los oficiales ya dicen en voz alta que, cuando se haya acabado con Hungría, se marchará sobre Croacia».

Así habla la D. A. Ztg. Y el eslavo Const. Bl. a. Böhmen habla con la misma claridad: le escriben desde Kremsier, el 11 de febrero, que las noticias por carta sobre el descontento entre los eslovacos y los croatas aumentan cada día. Los comisarios del gobierno austriaco nombrados de nuevo en los condados eslovacos serían todos magiares, sus decretos se publicarían en lengua magiar y «amenazarían con la muerte» si no se aceptaban sus escritos. Luego se dice que Jelačić está sumamente descontento porque se quiere dividir sus tropas y emplearlas en parte en el servicio de guarnición, mientras se ponen otras tropas a sus órdenes. La maniobra es buena; Jelačić, sospechoso de todos modos desde hace 6 u 8 semanas y vigilado por los agentes de Windischgrätz, queda así desactivado. Y aquí el C. Bl. a. B. añade: «¿Qué dirá Jelačić del estado de sitio de Karlowitz? ¿No se le ocurrirá aquello de: hoy a mí, mañana a ti? Porque ahora, para completar la igualdad de derechos de las nacionalidades, solo faltan Agram y los croatas, pues los alemanes, los húngaros, los polacos, los italianos y, sobre todo, los checos ya han conocido el estado de sitio igualador».

Por lo demás, ya se sabe que Windischgrätz ha instalado en Pest una nueva comisión de gobierno húngara que, para gran espanto de los croatas, reclama todos los derechos del antiguo gobierno húngaro y echa así por tierra el proyectado reino eslavo del sur. Los croatas ya se soñaban independientes de Hungría, y de pronto llega de Pest un rescripto al gobierno provincial croata exigiendo sumisión, ¡¡y encima este rescripto está en lengua magiar, sin traducción croata!! El Slavenski Jug lo publica inmediatamente en el original y no cabe en sí de indignación. Los croatas echan espuma; ¡se los trata exactamente igual que bajo Kossuth! ¡Y esa es la recompensa de sus fieles servicios para salvar la monarquía unitaria!

Si se quiere saber cómo se explica esto, léase la Presse de Viena. Allí se encuentra un artículo en el que se reprocha directamente al príncipe Windischgrätz que se haya dejado ya enredar por la aristocracia húngara, que deje circular libremente por Pest a una multitud de magnates magiares, unos prisioneros, otros pasados a su bando, e incluso que los distinga, etc.

Está claro: el aristócrata Windischgrätz sabe muy bien que su objetivo, el mantenimiento de la dominación de la nobleza en Hungría, solo puede alcanzarse mediante el mantenimiento de la dominación de la nobleza magiar. De ahí la protección y la predilección que concede a los magnates magiares. Que los croatas y los eslovacos sufran por ello le es indiferente: una vez domada y aristocratizada Hungría, ya acabará con los eslavos, dispersos e impotentes sin dirección austriaca. ¡Piénsese en Praga!

¡Y el gran Schwanbeck busca la aristocracia no en el campo de Windischgrätz, sino en el de Kossuth! Voilà ce que c'est que d'être un savant sérieux!1

  1. En francés en el original: «¡Eso es ser un sabio serio!». ↩