Escrito en Colonia el 8 de enero de 1849. Publicado en la Neue Rheinische Zeitung, núm. 190, del 9 de enero de 1849; la MEW lo atribuye a Karl Marx. Traducido de Karl Marx/Friedrich Engels, Werke, tomo 6 (Berlín, 1959, pp. 160-164), por la Escuela de marxismo, 2026. Las notas son nuestras. Texto original en alemán.
* Colonia, 8 de enero. Que el párroco y el chantre, el sacristán y el que da al fuelle del órgano, el barbero y el sereno, el guarda rural, el enterrador, etc., nos feliciten el Año Nuevo es una costumbre tan antigua como siempre renovada, que nos deja indiferentes.
Pero el año 1849 no se contenta con lo acostumbrado. Ha señalado su entrada con algo nunca visto: con una felicitación de Año Nuevo del rey de Prusia.
Se ha producido una felicitación de Año Nuevo, no al pueblo prusiano, ni tampoco «A mis queridos berlineses»,1 sino «A mi ejército».
Este escrito real de Año Nuevo contempla «con orgullo» al ejército porque permaneció fiel «cuando la rebelión» (la de marzo) «perturbó el desarrollo pacífico de las instituciones liberales hacia las que Yo quería conducir prudentemente a Mi pueblo».
Antes se hablaba de los sucesos de marzo, de «malentendidos» y cosas por el estilo. Ahora ya no hace falta envoltorio: los «malentendidos» de marzo se nos arrojan a la cara como «rebelión».
De la felicitación real de Año Nuevo nos llega el mismo espíritu que de las columnas de la Kreuzritterin.2 Así como aquella habla de «rebelión», esta habla de inglorios «criminales de marzo», de chusma criminal que en marzo interrumpió la tranquilidad de la vida palaciega de Berlín.
Si preguntamos por qué la «rebelión» es tan sumamente indignante, la respuesta es: «porque perturbó el desarrollo pacífico de las instituciones liberales (!!), etc.». Si no durmierais en el Friedrichshain,3 rebeldes de marzo, ahora tendríais que ser agraciados con «pólvora y plomo» o con presidio a perpetuidad. ¡En vuestra maldad habéis perturbado nada menos que «el desarrollo pacífico de las instituciones liberales»! ¿Hará falta recordar aquel desarrollo real-prusiano de las «instituciones liberales», el desarrollo liberalísimo del despilfarro, la «pacífica» expansión de la mojigatería y del jesuitismo real-prusiano, el pacífico desarrollo del régimen de policía y de cuartel, del espionaje, del engaño, de la hipocresía, de la arrogancia y, por último, del más repugnante embrutecimiento del pueblo junto a la más desvergonzada corrupción en las llamadas clases altas? Tanto menos hace falta recordarlo cuanto que no tenemos más que mirar a nuestro alrededor, no tenemos más que alargar la mano, para ver otra vez ante nosotros en plena floración aquel «desarrollo perturbado» y deleitarnos con la edición duplicada de las susodichas «instituciones liberales».
«Mi ejército», sigue diciendo el escrito real de felicitación, «ha acreditado su antigua gloria y ha cosechado otra nueva».
¡Desde luego! Ha cosechado tanta gloria que, a lo sumo, los croatas podrían reclamar una mayor.
Pero ¿dónde y cómo la cosechó? En primer lugar, «adornó sus banderas con nuevos laureles cuando Alemania necesitó Nuestras armas en Schleswig».
La nota prusiana del mayor Wildenbruch dirigida al gobierno danés4 es el fundamento sobre el que se levantó la nueva gloria prusiana. Toda la conducción de la guerra encajaba de maravilla con aquella nota, que aseguraba al señor primo danés que el gobierno prusiano no iba ni mucho menos en serio, que solo les echaba un cebo a los republicanos y arena a los ojos al resto de la gente para ganar tiempo. Y ganado el tiempo, ganado todo. Más adelante ya se entenderían de la manera más cordial.
El señor Wrangel,5 sobre el cual la opinión pública estuvo engañada bastante tiempo, el señor Wrangel abandonó Schleswig-Holstein a escondidas, como un ladrón en la noche. Viajó de paisano para no ser reconocido. En Hamburgo todos los posaderos declararon que no podían alojarlo. Apreciaban mucho más sus casas, y las ventanas y puertas de ellas, que los laureles del ejército prusiano, despreciados por el pueblo, pero encarnados en este glorioso señor. No olvidemos tampoco que el único éxito de esta campaña de idas y venidas inútiles y sin sentido, que recordaba por completo el procedimiento de los antiguos tribunales del Imperio6 (véanse nuestros números de la época), fue un error estratégico.
Lo único sorprendente de esta campaña es la indecible osadía de los daneses, que se burlaron a su antojo del ejército prusiano y aislaron por completo a Prusia del mercado mundial.
Para completar la gloria prusiana por este lado hay que añadir además las negociaciones de paz con Dinamarca y el armisticio de Malmö que salió de ellas.7
Si el emperador romano pudo decir, oliendo una moneda que había ingresado por el impuesto sobre la orina, non olet (no huele),8 en cambio en los laureles prusianos cosechados en Schleswig-Holstein está escrito con signos imborrables: Olet! (¡Apesta!).
En segundo lugar, «Mi ejército superó victoriosamente fatigas y peligros cuando hubo que combatir la insurrección en el Gran Ducado de Posen».
En cuanto a las «fatigas victoriosas», son las siguientes. Prusia explotó, en primer lugar, la generosa ilusión de los polacos, alimentada desde Berlín con buenas palabras, que veían en los «pomeranos»9 a camaradas de armas alemanes contra Rusia y que por eso disolvieron tranquilamente su ejército, dejaron entrar a los pomeranos y solo volvieron a reunir sus cuadros dispersos cuando los prusianos se ensañaron del modo más vil con gente que no oponía resistencia. ¡Y ahora las hazañas prusianas! Las hazañas del «glorioso» ejército prusiano no tienen lugar durante la guerra, sino después de la guerra. Cuando Mierosławski fue presentado al vencedor de junio, la primera pregunta de Cavaignac fue cómo se las habían arreglado los prusianos para ser derrotados en Miłosław. (Podemos probarlo con testigos que lo oyeron.) 3.000 polacos, armados apenas con guadañas y picas, derrotan dos veces y obligan dos veces a retirarse a 20.000 prusianos bien organizados y abundantemente provistos de artillería. La caballería prusiana, en fuga desbandada, llegó a arrollar a la propia infantería prusiana. La insurrección polaca mantiene Miłosław después de haber expulsado dos veces de la ciudad a la contrarrevolución. Más vergonzosa todavía que la derrota de los prusianos en Miłosław fue su victoria final en Września, preparada por una derrota.10 Cuando un adversario desarmado, pero hercúleo, se enfrenta a un cobarde provisto de pistolas, el cobarde huye y dispara las pistolas desde una distancia prudente. Así lo hicieron los prusianos en Września. Huyeron hasta una distancia desde la que podían disparar metralla, granadas cargadas con 150 balas y shrapnels11 contra picas y guadañas, que, como es sabido, no alcanzan de lejos. Hasta entonces los shrapnels solo los habían disparado los ingleses contra los semisalvajes de las Indias Orientales. Solo los bravos prusianos, en su miedo fanático al valor polaco y con el sentimiento de su propia debilidad, emplearon los shrapnels contra sus llamados conciudadanos. Tenían que buscar, naturalmente, un medio para matar polacos en masa y desde lejos. De cerca, los polacos eran demasiado terribles. Esa fue la gloriosa victoria de Września. Pero, como hemos dicho, las hazañas del ejército prusiano empiezan después de la guerra, como las hazañas de los carceleros después de la sentencia.
¡Que esta gloria del ejército prusiano perviva en la historia lo garantizan los miles de polacos asesinados con shrapnels, balas cónicas, etc., por la traición prusiana y la perfidia negra y blanca,12 y los polacos marcados después con piedra infernal!13
De este segundo haz de laureles del ejército de la contrarrevolución han dado testimonio suficiente las aldeas y ciudades incendiadas por los héroes prusianos, los habitantes polacos golpeados con culatas y bayonetas y asesinados en sus casas, los saqueos y las brutalidades prusianas de toda clase.
Gloria inmortal a estos guerreros prusianos en Posen, que abrieron el camino por el que poco después anduvo el verdugo napolitano cuando ametralló su fiel capital y la entregó a la soldadesca para un saqueo de 24 horas.14 ¡Salud y gloria al ejército prusiano por la campaña de Posen! Pues precedió a los croatas, serezanos, otočanos15 y demás hordas de Windischgrätz y consortes con un ejemplo que, como prueban Praga (en junio), Viena, Presburgo, etc., ha animado a seguirlo de la manera más digna.
Y, para terminar, incluso este valor de los prusianos contra los polacos solo se produjo por miedo a los rusos.
«No hay dos sin tres.» Así que también «Mi ejército» tenía que cosechar una triple gloria. La ocasión no faltó. Pues «su colaboración en el mantenimiento del orden (!) en el sur de Alemania valió al nombre prusiano un nuevo reconocimiento».
Solo la malevolencia o el afán de rebajar los méritos podrían negar que «Mi ejército» ha prestado los mejores servicios de alguacil y de gendarme a la Dieta federal, que al cambiar de nombre se modernizó y se hizo llamar Poder central.16 Tampoco se puede negar que el nombre prusiano ha conquistado pleno reconocimiento en la destrucción de vino, carne, sidra, etc., del sur de Alemania. Los hambrientos de la Marca, de Pomerania, etc., se han cebado una patriótica barriguita, los sedientos se han refrescado, y en general han sabido acabar con todo lo que les pusieron delante sus anfitriones del sur de Alemania con un valor tan heroico que allí el nombre prusiano encuentra en todas partes el reconocimiento más sonoro. Lástima que las boletas de alojamiento todavía no se hayan pagado: el reconocimiento sería más sonoro aún.
La gloria de «Mi ejército» es en verdad inagotable; pero no hay que pasar por alto que, «donde Yo llamé, estuvo preparado, con plena lealtad, con plena disciplina», y es igualmente notable comunicar a la posteridad que «Mi ejército opuso a calumnias abominables su excelente espíritu y su noble disciplina militar».
¡Qué halagadora es la felicitación para «Mi ejército», puesto que en ella se le traen gratamente a la memoria la «plena disciplina» y la «noble disciplina militar» y, con ellas, una vez más sus hazañas en el Gran Ducado y, además, los laureles de Maguncia, Schweidnitz, Tréveris, Erfurt, Berlín, Colonia, Düsseldorf, Aquisgrán, Coblenza, Münster, Minden, etc.!17 Pero los demás, los que no pertenecemos a «Mi ejército», ampliamos así nuestras limitadas nociones de súbditos. Matar a tiros a ancianos y a mujeres embarazadas, robar (cerca de Ostrów, según consta en acta), maltratar a ciudadanos pacíficos con culatas y sables, derribar casas, salir de noche con las armas escondidas bajo el capote contra gente desarmada, salteamiento de caminos (recuérdese la aventura de Neuwied): ¡este heroísmo y otros semejantes se llaman en cristiano-germánico «plena disciplina», «noble disciplina militar»! ¡Viva la disciplina militar y viva la disciplina, puesto que los asesinados bajo esa razón social ya están muertos de todos modos!
Los pocos pasajes de la felicitación real-prusiana de Año Nuevo que hemos tocado nos muestran que este escrito, por su significado y por su espíritu, está a la misma altura que el manifiesto del duque de Brunswick de 1792.18
Proclama de Federico Guillermo IV del 19 de marzo de 1848, tras los combates de barricadas del 18 de marzo en Berlín. ↩
«La cruzada»: apodo de la Neue Preußische Zeitung (Kreuzzeitung), diario de los conservadores prusianos, que llevaba en la cabecera la cruz de hierro. ↩
Parque de Berlín donde fueron enterrados los caídos en los combates de barricadas del 18 de marzo de 1848. ↩
En abril de 1848 el mayor Wildenbruch entregó al gobierno danés, en nombre de Federico Guillermo IV, una nota según la cual Prusia no hacía la guerra en Schleswig-Holstein para quitarle los ducados a Dinamarca, sino para contener a los elementos radicales y republicanos de Alemania. ↩
Friedrich von Wrangel, general prusiano, comandante de las tropas de la Confederación Germánica en la guerra de Schleswig-Holstein; en noviembre de 1848 ocupó Berlín y disolvió la Asamblea Nacional prusiana. ↩
El Tribunal Cameral del antiguo Sacro Imperio, proverbial por la lentitud de sus pleitos. ↩
Armisticio firmado entre Prusia y Dinamarca el 26 de agosto de 1848, muy favorable a Dinamarca. ↩
Según Suetonio, el emperador Vespasiano respondió así a su hijo Tito, que le reprochaba haber gravado los urinarios públicos. ↩
Las tropas prusianas, en parte pomeranas, que entraron en Posen en la primavera de 1848. ↩
En la insurrección polaca de Posen de 1848, los insurrectos mandados por Ludwik Mierosławski derrotaron a las tropas prusianas en Miłosław el 30 de abril y fueron vencidos en Września (Wreschen) el 2 de mayo. ↩
Granadas de balas inventadas a principios del siglo XIX por el oficial británico Henry Shrapnel. ↩
Los colores de Prusia. ↩
Nitrato de plata, con el que los prusianos marcaron a los insurrectos polacos prisioneros. ↩
El 15 de mayo de 1848 Fernando II de las Dos Sicilias aplastó la revuelta de Nápoles y permitió a sus tropas el saqueo de la ciudad. ↩
Soldados del regimiento fronterizo de Otočac, en la frontera militar croata. ↩
La Dieta de la Confederación Germánica, órgano de los gobiernos, traspasó sus poderes en julio de 1848 al «Poder central provisional» del archiduque Juan, nombrado por la Asamblea Nacional de Fráncfort; las tropas prusianas sofocaron en su nombre agitaciones en el sur de Alemania en el otoño de 1848. ↩
Ciudades en las que, a lo largo de 1848, las tropas prusianas chocaron violentamente con la población. ↩
Manifiesto del duque de Brunswick, jefe de los ejércitos austriaco y prusiano, del 25 de julio de 1792: amenazaba con arrasar París si se causaba el menor daño a la familia real francesa. ↩