Escrito en inglés por Friedrich Engels hacia el 21 de octubre de 1853 y publicado sin firma, como editorial, en el New-York Daily Tribune, núm. 3919, del 8 de noviembre de 1853. La MEW lo atribuye a Engels. El original inglés no tiene hoy fuente libre completa: se traduce de la versión alemana de Karl Marx/Friedrich Engels, Werke, tomo 9 (Berlín, 1960, pp. 436-441), sin su aparato editorial, por la Escuela de marxismo, 2026. Las notas son nuestras. Texto original en alemán.
En el teatro de la guerra en Turquía se han producido recientemente varios movimientos militares importantes que revelan con mayor claridad todavía las posiciones y los planes de las partes respectivas. Los rusos, a los que nos referimos primero porque son la parte atacante y por eso han de considerarse los que toman la iniciativa, han extendido aún más hacia el oeste su línea de operaciones. Una brigada tras otra se ha puesto en marcha hacia Vidin, en el Danubio superior, y ahora puede decirse que el frente del ejército ruso se extiende desde Kalafat, frente a Vidin, hasta Orasch, frente a Hârșova, en una dirección que amenaza por igual la carretera de Constantinopla y la de Serbia y Macedonia. El primer movimiento sobre Kalafat bastó para reconocer con seguridad un ataque ruso de diversión en dirección a los centros de la población eslava y griega de Turquía. Al mismo tiempo, se ha hecho probable con ello que el plan de campaña prevea acciones defensivas y meras demostraciones en la carretera directa de Constantinopla, pero enérgicas acciones ofensivas en la carretera de Sofía, en Serbia y Macedonia. Sin embargo, cuando se hicieron estos movimientos, los turcos todavía no habían declarado la guerra. Eso ha ocurrido entretanto y parece haber enfurecido de tal modo al zar que probablemente dará a sus tropas un impulso mucho más enérgico de lo que antes cabía esperar. No solo se ha nombrado al príncipe Paskévich1 comandante de las tropas rusas, sino que se dice además que trae consigo 40.000 hombres del ejército de Polonia, que, junto con la Guardia y los granaderos, pasa por la mejor tropa a sueldo de Rusia. Tales refuerzos establecerían una superioridad de las armas rusas que justificaría operaciones ofensivas tanto en el Danubio superior como en el inferior, y a la vez habría que verlos como un contrapeso a las tropas francesas y británicas que, según los rumores, podrían enviarse en apoyo de Turquía. En todo caso, estos refuerzos rusos ya no pueden llegar al Danubio a tiempo de emprender operaciones este año. De Varsovia a Bucarest, por Dubno, Jotín y Iași, la distancia es de unas 800 millas y atraviesa una región en la que un ejército no puede avanzar más de ocho a diez millas diarias. Tardarían, pues, tres meses, o hasta principios de enero, en ocupar sus posiciones estas tropas frescas; y si tenemos en cuenta la estación, es incluso probable que tarden más. Estas tropas tendrán, por tanto, que quedar por completo en segundo plano hasta que empiece la campaña de primavera.
Las tropas rusas que se encuentran hasta ahora en los Principados se han calculado en 130.000 a 150.000 hombres. Aun suponiendo que hayan perdido entre 20.000 y 30.000 hombres por enfermedad y deserción, siguen teniendo superioridad numérica sobre los turcos. Pues si bien de la fuerza real de las tropas rusas no sabemos mucho más de lo que puede deducirse del número de divisiones y brigadas que han entrado en Turquía y de los efectivos que se supone que tienen, el número de las tropas turcas en el Danubio lo conocemos muy bien por los informes de los oficiales británicos, franceses y piamonteses enviados allí por sus gobiernos respectivos. Todos estos informes coinciden en que, aun después de la llegada del contingente egipcio, el ejército turco activo a las órdenes de Omer Bajá no contaba más de 110.000 combatientes, de ellos solo 80.000 soldados regulares. A su retaguardia se ha formado en Adrianópolis un ejército de reserva que, según se dice, consta de 80.000 redifs (soldados licenciados y vueltos a llamar), pero sobre el estado de esta reserva no tenemos información precisa. Es un hecho, por tanto, que el día en que se dispare el primer tiro el ejército que manda Omer Bajá será numéricamente más débil que el de su adversario, y que solo graves errores del adversario o un excelente arte del mando por su parte lo librarán de una derrota.
Estamos igual de bien informados de la posición y los preparativos defensivos de los turcos. Se han fortificado tres líneas: la primera, el Danubio, para impedir que el enemigo lo cruce; la segunda, la línea de Varna a Shumla; la tercera, unas pocas millas detrás de la segunda, en el río Kamchik, donde se encuentra el fuerte que asegura los puertos de los Balcanes. Los oficiales extranjeros califican estas fortificaciones de insuperables y suficientes para frustrar cualquier asalto enemigo. Pero, con todo el respeto que nos merecen el importante arte de la fortificación de campaña y el juicio de los oficiales que dan este informe, nos permitimos observar que semejantes opiniones han de acogerse con la mayor cautela. ¡Cuántas obras de campaña se tuvieron por inexpugnables y fueron tomadas al primer asalto tras unos cuantos disparos de metralla, y quién no sabe que la posición fortificada más famosa que jamás se haya construido, la línea de Torres Vedras,2 no era fuerte por su capacidad pasiva de resistencia, sino porque Wellington tenía 100.000 hombres para defenderla, mientras que Masséna solo pudo reunir 30.000 para el ataque! Reductos de campaña aislados, por ejemplo en los puertos de montaña, han prestado a menudo buenos servicios, pero en la época moderna jamás un ejército superior mandado por un general capaz ha sido batido en una acción ordinaria por la capacidad pasiva de resistencia que ofrecían los reductos de campaña. Además, la manera de defender las fortificaciones de campaña tiene una importancia decisiva; y las tropas poco disciplinadas o los soldados indisciplinados sirven de poco detrás de un parapeto cuando los cubre una granizada de metralla.
Pero echemos una ojeada a las tres líneas de defensa fortificadas por los turcos. La primera es el Danubio. Ahora bien, fortificar la línea del Danubio solo puede significar levantar obras que impidan a los rusos cruzar el río. El Danubio tiene unas 600 millas de largo desde Orsova hasta su desembocadura; para fortificar eficazmente una línea así y guarnecer de tropas las fortificaciones harían falta seis veces más soldados de los que manda el general turco; y si los tuviera, cometería el mayor de los errores empleándolos en eso. De ahí concluimos que esta primera línea fortificada tiene que limitarse a obras entre Ruse y Hârșova, con las que puede estorbarse el paso del río, pero no impedirse eficazmente.
La segunda posición, de Shumla a Varna, es exactamente la misma en que los turcos fueron derrotados por completo en 1829 y en que sin duda pueden volver a ser aplastados si aceptan allí una batalla decisiva. La posición parece tener excelentes cualidades defensivas y podría reforzarse aún más artificialmente. La posición del Kamchik, a espaldas de Varna y Shumla, parece todavía más fuerte y tiene además la ventaja de obligar al enemigo a dejar tropas para cercar esas fortalezas. Pero ambas tienen el inconveniente de no contar detrás de sí más que con un estrecho desfiladero como única vía de retirada, con lo que para un ejército más débil se anulan todas las demás ventajas, y aceptar una batalla sería un error inaudito, a menos que el ejército más débil estuviera tan seguro como los británicos en Waterloo3 de que en el momento decisivo un ejército aliado caería sobre el flanco del enemigo atacante.
No tenemos manera de juzgar qué uso hará Omer Bajá de estas fortificaciones. Sin duda sabe muy bien que su papel en la guerra será esencialmente defensivo; y por eso tiene toda la razón en reforzar su posición defensiva con todos los medios del arte de la fortificación de que dispone. No sabemos si se propone disuadir con estas fortificaciones a los rusos de cruzar el Danubio en los puntos desde los que se amenaza más directamente a Constantinopla, o si está dispuesto a aceptar aquí una batalla decisiva. Se dice que ha desplegado su ejército de modo que está preparado para caer sobre la cabeza del grueso de los rusos, dondequiera que crucen el Danubio en dirección a Shumla, y batirla antes de que pueda llegarle ayuda. En ese caso, la segunda línea fortificada permitiría una retirada segura si la operación fracasara. Pero en verdad una gran batalla defensiva en cualquiera de las tres líneas de defensa sería un error; pues o bien los rusos concentrarán todas sus fuerzas para el ataque, y entonces a Omer Bajá apenas le quedará ninguna posibilidad, o bien dividirán sus fuerzas, y entonces tendría que abandonar las líneas fortificadas para caer sobre una de las columnas rusas. El mejor uso de estas fortificaciones, y el único que responde a las exigencias modernas de la guerra, sería emplearlas como puntos de apoyo provisionales para operaciones ofensivas contra columnas rusas aisladas en el momento en que crucen el Danubio; detener el avance ruso con una defensa más o menos tenaz de cada una de las líneas, y mantener con la tercera línea los principales puertos de los Balcanes tanto tiempo como pudiera hacerse sin un encuentro en regla. Al mismo tiempo no debe callarse que todo ejército, y en especial el turco, quedaría sumamente desmoralizado por la entrega de estas fortificaciones sin combate; pues si no puede sostenerse detrás de atrincheramientos y en fosos, ¿cómo va a batir a los rusos en campo abierto? Así razona siempre el soldado raso, sobre todo cuando está poco disciplinado. Si estas fortificaciones tienen realmente la importancia que se les atribuye, tenemos que considerarlas, pues, menos peligrosas para los rusos que para los propios turcos.
Pero ¿no se han atrincherado también los rusos en Valaquia? Sin duda, pero su situación es distinta. Ellos son la parte atacante; sus fortificaciones solo sirven para cubrir la retirada en caso de fracaso y para detener a los perseguidores. Tienen además cuatro ríos, uno detrás de otro, que cortan su línea de retirada y forman, en consecuencia, cuatro líneas de defensa. Estas líneas son el Danubio, el Argeș, el Buzău y el Siret. Es una ocasión ideal para levantar fortificaciones preventivas; son líneas de defensa naturales que para un ejército europeo no constituyen obstáculo en la retirada, pero que, con algunos refuerzos artificiales del terreno, se convierten en serios obstáculos para la persecución; y, además, aquí no se trata de aceptar una batalla general con una sola línea de retirada. Por lo que podemos juzgar, las fortificaciones rusas pertenecen decididamente al sistema europeo de hacer la guerra, mientras que en las de los turcos predomina el carácter asiático. El mismo carácter irreflexivo es el factor determinante de la posición general de los turcos. Defienden Constantinopla atravesándose en la carretera de acceso más próxima, mientras que los rusos no parecen dirigir su primer ataque contra esa ciudad, sino contra la parte central de la península, donde la dominación turca es especialmente vulnerable y desde donde, sin embargo, parte para un ejército ruso el camino más corto hacia la capital.
Pero hay una circunstancia que no debemos olvidar. El ejército ruso es, y ha sido siempre, lento y precavido en sus movimientos. Lo más probable es que no emprenda nada durante el invierno. Puede haber algunas escaramuzas para ganar tal o cual isla del Danubio para uno u otro bando. Pero, a menos que el zar ordene una actividad del todo extraordinaria —y aun así la ejecución de semejante orden se vería muy probablemente frustrada por la pasiva pedantería de sus generales—, hay muy pocas perspectivas de maniobras decisivas antes de que llegue la primavera. Podría cruzarse el Danubio, pero no pueden pasarse los Balcanes, y entre ambos la situación de los rusos sería sumamente peligrosa.
Entretanto los turcos han enviado su flota a Varna. El inglés que la manda, el almirante Slade,4 parece estar animoso. Pero también este movimiento es muy arriesgado. Es cierto que la flota rusa parece inferior a la turca en todo menos en número; pero mientras a cada navío de línea turco correspondan dos rusos y a cada cañón turco dos cañones rusos, los turcos no pueden arriesgar ninguna operación fuera del alcance de sus baterías costeras. Y en tal caso la flota estaría más segura y mejor en el Bósforo, donde es difícil que los rusos intenten bloquearla. Una vez en Varna, la flota turca queda privada de toda posibilidad de movimiento, mientras que en el Bósforo conserva su libertad de acción y puede emplearse en expediciones a Trebisonda, a la costa del Cáucaso o contra destacamentos aislados de la flota rusa.
Así pues, quiérase o no, estamos obligados a suponer que los rusos son superiores a los turcos en todos los aspectos. Está por ver si Omer Bajá, que es en efecto un soldado capaz, logrará el éxito echando en la balanza sus cualidades personales. El viejo Paskévich, aunque sea un tipo lento, es un general experimentado y no será fácil burlarlo.
Iván Fiódorovich Paskévich (1782-1856), mariscal de campo ruso, lugarteniente del zar en Polonia desde 1832; había vencido a los húngaros en 1849. ↩
Líneas fortificadas que Wellington hizo construir en 1809-1810 al norte de Lisboa; detuvieron en 1810 la invasión francesa de Portugal mandada por Masséna. ↩
En Waterloo (18 de junio de 1815) Wellington aceptó la batalla contando con la llegada de los prusianos de Blücher, que cayeron sobre el flanco derecho francés. ↩
Adolphus Slade (1804-1877), oficial de la marina británica al servicio de la flota otomana desde 1849, con el nombre de Muşavir Bajá. ↩