Escrita en inglés por Karl Marx en Londres el 9 de marzo de 1854 y publicada en The People’s Paper, núm. 98, del 18 de marzo de 1854. Traducida del original inglés según Marx and Engels on Britain (Moscú, 1953), en la transcripción del archivo Marx-Engels de marxists.org, cotejado con la versión alemana de la MEW (Karl Marx/Friedrich Engels, Werke, tomo 10, Berlín, 1961, pp. 125-126), por la Escuela de marxismo, 2026. Las notas son nuestras. Texto original en inglés.
Londres, 9 de marzo de 1854
Lamento profundamente no poder, al menos por el momento, salir de Londres, y verme así privado de expresar de palabra mis sentimientos de orgullo y de gratitud al recibir la invitación a tomar asiento como delegado honorario en el Parlamento Obrero.1 La mera reunión de un Parlamento así señala una nueva época en la historia del mundo. La noticia de este gran hecho despertará las esperanzas de las clases trabajadoras de toda Europa y de América.
En Gran Bretaña, más que en ningún otro país, se han desarrollado en la mayor escala el despotismo del capital y la esclavitud del trabajo. En ningún otro país han ido desapareciendo del suelo tan gradualmente2 los escalones intermedios entre el millonario que manda ejércitos industriales enteros y el esclavo asalariado que vive al día. Aquí ya no existen, como en los países del continente, grandes clases de campesinos y de artesanos que dependen casi por igual de su propiedad y de su propio trabajo. En Gran Bretaña se ha consumado un divorcio completo entre la propiedad y el trabajo. Por eso en ningún otro país ha adquirido la guerra entre las dos clases que constituyen la sociedad moderna dimensiones tan colosales y rasgos tan nítidos y palpables.
Pero precisamente por estos hechos las clases trabajadoras de Gran Bretaña son, antes que todas las demás, las competentes y las llamadas a actuar como dirigentes del gran movimiento que finalmente ha de desembocar en la emancipación absoluta del trabajo. Lo son por la clara conciencia de su situación, por la enorme superioridad de su número, por las luchas desastrosas de su pasado y por la fuerza moral de su presente.
Son los millones de trabajadores de Gran Bretaña quienes primero han sentado la base real de una nueva sociedad: la industria moderna, que transformó las fuerzas destructoras de la naturaleza en fuerza productiva del hombre. Las clases trabajadoras inglesas, con energías invencibles, con el sudor de su frente y de su cerebro, han dado vida a los medios materiales para ennoblecer el propio trabajo y multiplicar sus frutos hasta el punto de hacer posible la abundancia general.
Al crear las inagotables fuerzas productivas de la industria moderna, han cumplido la primera condición de la emancipación del trabajo. Ahora tienen que realizar la otra. Tienen que liberar esas fuerzas productoras de riqueza de las infames cadenas del monopolio y someterlas al control conjunto de los productores, que hasta ahora han permitido que los productos mismos de sus manos se volvieran contra ellos y se transformaran en otros tantos instrumentos de su propio sojuzgamiento.
Las clases trabajadoras han conquistado la naturaleza; ahora tienen que conquistar al hombre. Para salir airosas de esta empresa no les falta fuerza, sino la organización de su fuerza común, la organización de las clases trabajadoras a escala nacional: tal es, supongo, el grande y glorioso fin que persigue el Parlamento Obrero.
Si el Parlamento Obrero se mantiene fiel a la idea que le dio vida, algún historiador futuro tendrá que dejar constancia de que en el año 1854 existían en Inglaterra dos Parlamentos, un Parlamento en Londres y un Parlamento en Manchester —un Parlamento de los ricos y un Parlamento de los pobres—, pero de que solo había hombres en el Parlamento de los hombres y no en el Parlamento de los amos.
Suyo afectísimo,
Karl Marx
El Parlamento Obrero (Labour Parliament), convocado por los cartistas a iniciativa de Ernest Jones, se reunió en Manchester a partir del 6 de marzo de 1854 con delegados de asambleas obreras y de oficios de varias regiones; quería organizar a los trabajadores a escala nacional en un «movimiento de masas» y sostener a los huelguistas, sobre todo a los tejedores de Preston, en lucha desde el otoño de 1853. Marx fue invitado como delegado honorario. ↩
La versión alemana de la MEW lee aquí «tan a fondo» (so gründlich). ↩