Escrito por Friedrich Engels a finales de septiembre de 1868 y publicado sin firma en el Demokratisches Wochenblatt* (Leipzig), n.º 40, del 3 de octubre de 1868. Traducido de Karl Marx/Friedrich Engels,* Werke, tomo 16 (Berlín, 1962, pp. 326-329), sin su aparato editorial, por la Escuela de marxismo, 2026. Las notas son nuestras. Texto original en alemán.
«El gobierno sabe, y la burguesía también lo sabe, que todo el actual movimiento obrero alemán solo es tolerado, que solo vive mientras al gobierno le plazca. Mientras al gobierno le convenga que este movimiento exista, que a la oposición burguesa le surjan nuevos adversarios independientes, tolerará este movimiento. Desde el momento en que este movimiento convierta a los obreros en una fuerza independiente y, con ello, se vuelva peligroso para el gobierno, la cosa se acabará en el acto. La manera en que se ha cortado a los progresistas1 la agitación en la prensa, en las asociaciones y en las reuniones debe servir de advertencia a los obreros. Las mismas leyes, ordenanzas y medidas que allí se han aplicado pueden aplicarse cualquier día contra ellos y acabar con su agitación; y se aplicarán, en cuanto esa agitación se vuelva peligrosa. Es de la mayor importancia que los obreros vean claro en este punto, que no caigan en el mismo engaño que la burguesía bajo la Nueva Era,2 cuando también ella era solo tolerada, pero creía estar ya en la silla. Y si alguien se imaginara que el actual gobierno va a liberar a la prensa y al derecho de asociación y de reunión de sus actuales cadenas, pertenece precisamente a esa clase de gente con la que ya no se puede hablar. Y sin libertad de prensa y sin derecho de asociación y de reunión no es posible ningún movimiento obrero.»
Estas palabras están en las páginas 50 y 51 de un folleto, La cuestión militar prusiana y el partido obrero alemán, de Friedrich Engels, Hamburgo, 1865.3 Se intentaba entonces poner a la Asociación General de Trabajadores Alemanes, la única organización de obreros socialdemócratas que existía por entonces en Alemania, bajo las alas del ministerio Bismarck, haciendo concebir a los obreros la esperanza de que el gobierno concedería el sufragio universal. El «sufragio universal, igual y directo» había sido predicado por Lassalle como el único e infalible medio para la conquista del poder político por la clase obrera; ¿qué tiene de extraño que se mirara por encima del hombro cosas tan subordinadas como la libertad de prensa y el derecho de asociación y de reunión, que también defendía la burguesía, o al menos decía defender? Si la burguesía se interesaba por ellas, ¿no era eso precisamente una razón para que los obreros se mantuvieran apartados de la agitación por tales cosas? Contra esta concepción se dirigía el citado escrito. Los dirigentes de la Asociación General de Trabajadores Alemanes lo sabían mejor, y el autor solo tuvo la satisfacción de que los lassalleanos de su ciudad natal, Barmen, lo declararan proscrito a él y a sus amigos.
¿Y cómo están hoy las cosas? El «sufragio universal, directo e igual» existe desde hace dos años. Ya se han elegido dos Reichstag.4 Los obreros, en lugar de estar sentados al timón del Estado y decretar la «ayuda del Estado» según la receta de Lassalle, a duras penas meten media docena de diputados en el Reichstag. Bismarck es canciller federal, y la Asociación General de Trabajadores Alemanes está disuelta.5
Por qué el sufragio universal no ha traído a los obreros el prometido reino milenario, también podían haberlo aprendido ya de Engels. En el citado folleto se dice, en la página 48:
«Y por lo que se refiere al mismo sufragio universal y directo, basta con ir a Francia para convencerse de qué elecciones tan mansas se pueden obtener con él en cuanto se dispone de una población campesina numerosa y estúpida, de una burocracia bien organizada, de una prensa bien sujeta, de asociaciones suficientemente reprimidas por la policía y de ninguna reunión política. ¿Cuántos representantes de los obreros lleva el sufragio universal a la Cámara francesa? Y, sin embargo, el proletariado francés aventaja al alemán en una concentración mucho mayor y en una experiencia más larga de la lucha y de la organización.
»Esto nos lleva a otro punto. En Alemania la población rural es el doble de numerosa que la urbana, es decir, ⅔ viven de la agricultura y ⅓ de la industria. Y como en Alemania la gran propiedad territorial es la regla y el pequeño campesino parcelario la excepción, eso quiere decir, en otras palabras, que si ⅓ de los obreros está bajo el mando de los capitalistas, ⅔ están bajo el mando de los señores feudales. Que lo tengan presente quienes arremeten sin cesar contra los capitalistas pero no tienen ni una palabrita de cólera contra los feudales. Los feudales explotan en Alemania el doble de obreros que los burgueses. Pero eso no es todo, ni mucho menos. La economía patriarcal de las viejas fincas feudales produce una dependencia heredada del jornalero o del bracero del campo respecto de su “gracioso señor” que le hace muy difícil al proletario agrícola entrar en el movimiento de los obreros de la ciudad. Los curas, el embrutecimiento sistemático en el campo, la mala enseñanza escolar, el aislamiento de la gente respecto del resto del mundo hacen lo demás. El proletariado agrícola es la parte de la clase obrera para la que sus propios intereses y su propia posición social se vuelven claros con más dificultad y más tarde; en otras palabras, la parte que más tiempo sigue siendo instrumento inconsciente en manos de la clase privilegiada que la explota. ¿Y qué clase es esa? En Alemania, no la burguesía, sino la nobleza feudal. Ahora bien, incluso en Francia, donde casi solo existen campesinos libres propietarios de su tierra, donde la nobleza feudal está despojada desde hace mucho de todo poder político, el sufragio universal no ha llevado a los obreros a la Cámara, sino que los ha excluido casi por completo de ella. ¿Cuál sería el resultado del sufragio universal en Alemania, donde la nobleza feudal es todavía un poder social y político real y donde hay dos jornaleros del campo por cada obrero industrial? La lucha contra la reacción feudal y burocrática —pues entre nosotros ambas son hoy inseparables— equivale en Alemania a la lucha por la emancipación intelectual y política del proletariado agrícola; y mientras el proletariado agrícola no sea arrastrado al movimiento, el proletariado urbano no puede ni podrá conseguir en Alemania lo más mínimo; mientras tanto, el sufragio universal no es para el proletariado un arma, sino una trampa.
»Quizá esta exposición, muy franca pero necesaria, anime a los feudales a pronunciarse por el sufragio universal y directo. Tanto mejor.»
La Asociación General de Trabajadores Alemanes ha sido disuelta no solo bajo el régimen del sufragio universal, sino precisamente porque rige el sufragio universal. Engels le había predicho que sería suprimida en cuanto se volviera peligrosa. En su última asamblea general la Asociación había acordado: 1.º, luchar por la conquista de la plena libertad política, y 2.º, actuar de acuerdo con la Asociación Internacional de los Trabajadores. Estos dos acuerdos encierran una ruptura completa con todo el pasado de la Asociación. Con ellos la Asociación salía de su anterior posición de secta al vasto terreno del gran movimiento obrero. Pero en las altas esferas parece que se imaginaron que eso iba en cierto modo contra lo convenido. En otros tiempos no habría tenido tanta importancia; ¡pero desde la implantación del sufragio universal, cuando hay que guardar cuidadosamente al proletariado del campo y de las pequeñas ciudades de semejantes aspiraciones subversivas! El sufragio universal ha sido el último clavo del ataúd de la Asociación General de Trabajadores Alemanes.
Es un honor para la Asociación haber sucumbido precisamente por esta ruptura con el lassalleanismo estrecho. Lo que venga a ocupar su lugar se construirá, por consiguiente, sobre una base de principios mucho más general que la que podían ofrecer las cuatro frases de Lassalle sobre la ayuda del Estado, eternamente repetidas. Desde el momento en que los miembros de la Asociación disuelta empezaron a pensar en lugar de creer, desapareció el último obstáculo que se interponía a la fusión de todos los obreros socialdemócratas alemanes en un gran partido.
El Partido Progresista (Deutsche Fortschrittspartei), partido de la burguesía liberal prusiana fundado en 1861, que se enfrentó a Bismarck en el conflicto constitucional por la reforma del ejército. ↩
La «Nueva Era» fue el período liberal que abrió en 1858 la regencia del príncipe Guillermo de Prusia (desde 1861, rey Guillermo I) y que terminó con el conflicto constitucional y la llegada de Bismarck al gobierno en 1862. ↩
El folleto de Engels se publicó en Hamburgo, en la editorial de Otto Meissner, a comienzos de 1865. ↩
El Reichstag constituyente de la Confederación de Alemania del Norte, elegido en febrero de 1867, y el primer Reichstag ordinario, elegido en agosto de 1867. ↩
La policía de Leipzig, donde la Asociación tenía su sede legal, la disolvió el 16 de septiembre de 1868; Schweitzer la refundó poco después en Berlín. ↩