Llamamiento del Consejo General de la Asociación Internacional de los Trabajadores, escrito en inglés por Karl Marx y fechado el 5 de julio de 1870, que se difundió también en hojas volantes en francés y en alemán. El original inglés no está disponible en una edición libre; traducimos el texto de la hoja volante alemana de la época, según Karl Marx/Friedrich Engels, Werke, tomo 16 (Berlín, 1962, pp. 431-433), sin su aparato editorial, por la Escuela de marxismo, 2026. Las notas son nuestras. Texto original en alemán.
El Consejo General de la Asociación Internacional de los Trabajadores a los obreros y obreras de Europa y de los Estados Unidos
¡Compañeros de trabajo!
Los maestros de obras de Ginebra, tras madura reflexión, han llegado a la conclusión de que «la libertad ilimitada del trabajo» es lo más adecuado para fomentar la felicidad de la población trabajadora. Para asegurar a sus obreros esta bendición, resolvieron el 11 de junio llevar a cabo una jugada inglesa, a saber: dejar sin trabajo a todos los obreros que hasta entonces habían tenido empleados.1
Como el sindicalismo solo había echado raíces en Suiza en tiempos recientes, los maestros de obras de Ginebra solían denunciarlo con la mayor indignación como una importación inglesa. Hace dos años se burlaban de sus obreros por su falta de patriotismo, porque intentaban trasplantar a suelo suizo una planta tan extranjera como la limitación de la jornada de trabajo y la fijación del salario. No les cabía la menor duda de que andaban por medio astutos agitadores, puesto que sus obreros del país, por propio impulso, no encontrarían nada más natural ni más agradable que matarse a trabajar de 12 a 14 horas diarias por lo que el patrono, en su buen corazón, tuviera a bien concederles como paga. Afirmaban públicamente que los obreros, cegados, solo obraban siguiendo instrucciones de Londres y de París, más o menos como los diplomáticos suizos acostumbran a obedecer las órdenes de San Petersburgo, Berlín y París. Sin embargo, los obreros no se dejaron convencer ni con halagos, ni con burlas, ni con amenazas de que la limitación de la jornada a diez horas y la fijación del salario por hora ofendieran la dignidad de un ciudadano suizo, ni tampoco pudieron ser arrastrados, con provocaciones, a desmanes que hubieran dado a los maestros de obras un pretexto plausible para imponer medidas públicas de represión contra las asociaciones.
Por fin, en mayo de 1868, el señor Camperio, entonces ministro de Justicia y Policía,2 logró un acuerdo según el cual la jornada se limitaría a 9 horas en invierno y 11 en verano, con una escala de salarios de 45 a 50 céntimos por hora. Ese acuerdo lo firmaron maestros de obras y obreros en presencia del ministro. En la primavera de 1869, varios maestros de obras se negaron a pagar por las 11 horas de trabajo de verano más de lo que habían pagado por las 9 horas del invierno. Se llegó de nuevo a un arreglo: se fijaron 45 céntimos por hora para todos los oficios.3 Aunque los yeseros y los pintores estaban evidentemente incluidos en estos contratos, tuvieron que seguir trabajando en las condiciones de antes de 1868, porque no estaban lo bastante organizados para imponer las nuevas.
El 15 de mayo del año en curso reclamaron que se les equiparara, conforme a lo pactado, a los demás oficios, y como se les negó en redondo, dejaron el trabajo la semana siguiente. El 4 de junio, los maestros de obras resolvieron que, «si los yeseros y pintores no vuelven al trabajo sin condiciones antes del 9 de junio, el 11 de junio se dejará sin trabajo a todos los obreros de la construcción». Esta amenaza se cumplió puntualmente. No contentos con dejar en la calle a los obreros, los maestros de obras exigieron al gobierno federal, mediante carteles públicos, la disolución por la fuerza de la Unión Internacional4 y la expulsión de los extranjeros de Suiza. Su benévolo y verdaderamente liberal intento de restablecer «la libertad ilimitada del trabajo» fracasó ante una asamblea multitudinaria y una protesta de los obreros del país ajenos a la construcción.
Los sindicatos de Ginebra que no pertenecen a la construcción han nombrado un comité que administra los asuntos de los obreros afectados por el cierre. Varios particulares que habían contratado con los maestros de obras edificios nuevos dieron por terminado su compromiso con la interrupción y propusieron a los obreros que siguieran trabajando por su cuenta. Estas propuestas fueron aceptadas sin vacilar. Los solteros se marchan tan deprisa como pueden. Aun así, quedan unas 2.000 familias privadas de sus medios de vida habituales. Por eso el Consejo General llama a los obreros y obreras del mundo civilizado a ayudar a los obreros de la construcción de Ginebra, con medios tanto morales como materiales, en su lucha contra el despotismo capitalista.
Por encargo del Consejo General de la Asociación Internacional de los Trabajadores:
B. Lucraft, presidente; John Weston, tesorero; J. George Eccarius, secretario general; Hermann Jung, secretario para Suiza5
256, High Holborn, Londres, W. C., 5 de julio de 1870
Es decir, un cierre patronal (lock-out), arma de los patronos que se tenía por invención inglesa. ↩
Philippe Camperio, político ginebrino, miembro del Consejo de Estado del cantón de Ginebra, donde dirigía el departamento de Justicia y Policía. ↩
El texto inglés dice: «para los artesanos de la construcción». ↩
Es decir, de la Asociación Internacional de los Trabajadores; el texto francés dice «la Asociación». ↩
Benjamin Lucraft (1809-1897), ebanista, John Weston, carpintero y empresario owenista, Johann Georg Eccarius (1818-1889), sastre alemán, y Hermann Jung (1830-1901), relojero suizo, eran miembros del Consejo General de la Internacional. ↩