Redactada por Karl Marx y fechada en Londres el 20 de mayo de 1872. Publicada en Der Volksstaat (Leipzig), n.º 44, 1 de junio de 1872; una versión inglesa, con algunas diferencias de detalle, había aparecido en The Eastern Post del 26 de mayo. Traducimos del texto alemán de Karl Marx/Friedrich Engels, Werke, tomo 18 (Berlín, 1962, pp. 82-84), sin su aparato editorial, por la Escuela de marxismo, 2026. Las notas son nuestras. Texto original en alemán.
Hace algunas semanas apareció un folleto con el título: «Consejo Federalista Universal de la Asociación Internacional de los Trabajadores y de las sociedades republicanas socialistas aliadas».
Este folleto no pretende nada menos que dar un golpe de Estado dentro de la Internacional. Anuncia la formación de un segundo Consejo General y denuncia a la vez la organización de la Internacional y la administración de su Consejo General. ¿Quiénes son, pues, los miembros de este Consejo Universal autoproclamado y los autores de aquel folleto? Entre los firmantes del documento está, en primer lugar, John Weston, miembro del Consejo General y antiguo tesorero suyo. En un escrito al Consejo General, el señor Weston declara que se ha utilizado su nombre sin su permiso.1
Vienen luego seis delegados de la llamada Liga Republicana Universal, una sociedad sin relación alguna con la Internacional. Además, dos delegados de una sección federalista republicana internacional, de cuya existencia el Consejo General no ha oído hablar nunca. Después, dos delegados de la Liga de la Tierra y el Trabajo, una sociedad que nunca perteneció a la Internacional.2 Además, dos supuestos delegados de la Asociación Cultural Obrera alemana de Londres, en realidad delegados de unos cuantos alemanes que fueron expulsados de aquella asociación por su declarada hostilidad a la Internacional. Por último, cuatro delegados de dos sociedades francesas que entre las dos no reúnen veinte hombres y que habían pedido en vano al Consejo General su admisión en la Internacional. Entre los delegados de estas dos sociedades figura un tal Vésinier, al que una comisión nombrada por el Congreso de Bruselas expulsó de la Internacional en 1868, y un señor Landeck, al que la huida del prefecto de policía Piétri el 4 de septiembre (de 1870) liberó del compromiso voluntario y «escrupulosamente cumplido» de «abstenerse de toda participación en la Internacional y en la política en Francia», y al que además acaba de expulsar la sociedad de los comuneros refugiados en Londres.3
Los firmantes de aquel documento, gente toda ella sin vínculo alguno con la Internacional, saben naturalmente muy bien que tienen el mismo derecho a erigirse en Consejo Universal de la Internacional o a inmiscuirse en su organización que el que tendría el Consejo General de la Internacional a erigirse en consejo de administración del Ferrocarril del Norte británico o a reformar su gestión.
No es de extrañar, pues, que estas gentes desconozcan por completo la historia y la organización de la Internacional. ¿Cómo iban a saber que el Consejo General rinde sus cuentas a los congresos y no a ellos? ¿Que, cuando el estallido de la guerra hizo imposible el congreso de 1870, una decisión unánime de las secciones prorrogó los poderes del Consejo General hasta el momento en que este juzgara la coyuntura política adecuada para convocar un congreso público?
En cuanto a las contribuciones al fondo para los refugiados que administra el Consejo General, la suma total se ha dado a conocer en las actas publicadas de las sesiones del Consejo General, y no se ha gastado un penique sin recibo. Esos recibos, como los libros de cuentas del Consejo General, pueden examinarse en cualquier momento por cualquier contribuyente en casa de nuestro tesorero, el ciudadano Jung, 4, Charles Street, Northampton Square, Clerkenwell.4 Ese examen demostrará que el Consejo General no solo ha dedicado mucho tiempo y esfuerzo a esta función ajena a la suya, sino que además, tanto en su conjunto como por medio de sus miembros individuales, ha contribuido a ese fondo de socorro en la medida de sus recursos.
La extensión y la influencia que la Internacional ha conquistado ya no dejan a las sociedades que le son hostiles o rivales más que una oportunidad de éxito: usurpar su nombre para poder minarla. Esto lo comprende tan bien la prensa gubernamental y burguesa de todos los matices, desde la policíaca hasta la llamada democrática y republicana, que los mismos periódicos que excluyen sistemáticamente toda publicación oficial del Consejo General se apresuran con alegría maliciosa a pregonar por toda Europa manifestaciones tan insignificantes y ridículas como la del «Consejo Federalista Universal».
El Consejo General:
R. Applegarth, Ant. Arnaud, M. J. Boon, F. Bradnick, G. H. Buttery, Delahaye, Eugène Dupont, W. Hales, Hurliman, J. G. Eccarius, Jules Johannard, Harriet Law, F. Leßner, Lochner, Charles Longuet, Constant Martin, Henry Mayo, George Milner, Charles Murray, Th. Mottershead, Pfänder, John Roach, Rozwadowski, Rühl, G. Ranvier, Sadler, Cowell Stepney, A. Taylor, Sexton, W. Townshend, Ed. Vaillant, John Weston
Secretarios corresponsales:
Karl Marx para Alemania y Rusia, Leo Frankel para Austria y Hungría, A. Herman para Bélgica, F. Cournet para Dinamarca, Le Moussu para los Estados Unidos, Aug. Serraillier para Francia, Charles Rochat para Holanda, J. P. Mac Donnel para Irlanda, F. Engels para Italia y España, Walery Wróblewski para Polonia, Hermann Jung para Suiza
Hermann Jung, presidente de la sesión
John Hales, secretario general
Londres, 20 de mayo de 1872
33, Rathbone Place, W. C.
John Weston, carpintero y owenista, miembro del Consejo General desde su fundación en 1864. ↩
La Liga de la Tierra y el Trabajo (Land and Labour League), fundada en Londres en 1869 con participación de miembros del Consejo General, reclamaba la nacionalización de la tierra; hacia 1872 había caído bajo la influencia de los radicales burgueses. ↩
Pierre Vésinier (1826-1902), periodista francés, expulsado de la Internacional por calumniador, miembro de la Comuna de París y luego, en el exilio de Londres, enemigo declarado del Consejo General. Bernard Landeck, joyero, había declarado en el tercer proceso contra la Internacional en París (junio-julio de 1870) que había prometido al prefecto de policía Joseph-Marie Piétri no ocuparse más de política ni de la Internacional; la proclamación de la República el 4 de septiembre de 1870 puso en fuga a Piétri. ↩
Hermann Jung (1830-1901), relojero suizo establecido en Londres, tesorero del Consejo General. ↩