Carta de Friedrich Engels a Karl Marx, que vivía en Londres, escrita en Manchester hacia el 6 de julio de 1851 (el lugar y la fecha aproximada los establece la edición). Se conserva completa. Traducida de la primera MEGA (MEGA¹ III/1, Berlín, 1929, carta n.º 99, pp. 212-213) por la Escuela de marxismo, 2026. Las notas son nuestras. Texto original.

Querido Marx:

Después de pasear a mi viejo por aquí ocho días, lo he despachado felizmente y por fin puedo mandarte hoy adjunto un giro postal de 5 libras. En conjunto puedo estar contento del resultado de mi entrevista con el viejo. Me necesita aquí por lo menos tres años, y no he contraído compromisos para mucho tiempo, ni siquiera para los tres años, ni me los ha pedido; ni en cuanto a escribir ni en cuanto a quedarme aquí en caso de revolución.

¡En la revolución no parece pensar en absoluto, tan segura se siente ahora esa gente! En cambio, desde el principio acordé gastos de representación y de mesa —unas 200 libras al año—, que me concedió sin grandes dificultades. Con un sueldo así la cosa ya marcha, y si hasta el próximo balance las cosas siguen tranquilas y el negocio de aquí va bien, tendrá que sangrar todavía de otra manera; ya este año paso con mucho de las doscientas libras. Además, me ha dejado ver todos sus asuntos de negocios, tanto aquí como allí, y como ha hecho muy buenos negocios y desde 1837 ha más que doblado su fortuna, se comprende que no me corte más de lo necesario.

Por lo demás, el viejo es bastante astuto. Su plan, que solo podría llevarse a cabo muy despacio y con dificultad, y que por los manejos con los Ermen difícilmente saldrá nunca adelante, es dejar que Peter Ermen se traslade a Liverpool, cosa que él mismo desea, y ponerme luego en las manos toda la dirección del despacho de aquí, mientras G. Ermen llevaría la fábrica.1 Con eso yo quedaría atado. Naturalmente, declaré que eso superaba mis fuerzas, e hice el papel de modesto. Pero si mi viejo se hubiera quedado aquí un par de días más, nos habríamos tirado de los pelos: el tipo no soporta la buena suerte, se vuelve arrogante, recae en su viejo tono de maestro de escuela y se pone provocador; y además es tan tonto y tan falto de tacto que, por ejemplo, el último día de su estancia quiso aprovechar la presencia de uno de los Ermen, en la que me creía con la boca tapada y confiaba en mi sentido de la decencia, para darse la satisfacción de entonar delante de mí un ditirambo a las instituciones de Prusia. Naturalmente, bastaron un par de palabras y una mirada furiosa para devolverlo a sus límites, pero eso fue justo lo bastante para ponernos de repente otra vez en un pie más frío —precisamente en la despedida—, y espero con seguridad que de una u otra manera intentará desquitarse de este check.2 Nous allons voir.3 Si la cosa no tiene inconvenientes prácticos directos, es decir, para mi situación de dinero, prefiero naturalmente la fría relación de negocios a toda la patraña sentimental.

Ceci entre nous.4

La Kölnische Zeitung no se ve aquí desde principios de julio, probablemente porque se olvidó renovar la suscripción. Así que no sé si ha pasado algo más. Si sabes algo nuevo, házmelo saber. Por fin podré empezar otra vez a trabajar en serio, porque los trastornos de la Exposición han pasado casi del todo y el catálogo del Ateneo está por fin terminado. También pienso irme pronto al campo, para estar completamente tranquilo. Como en un año no vuelvo a tener aquí a mi viejo, puedo arreglarme a mi conveniencia y emplear en otras cosas buena parte de los gastos de representación.

Saluda a tu mujer y escribe pronto.

Tu F. E.

  1. Friedrich Engels padre, fabricante de Barmen, socio de la firma Ermen & Engels de Manchester, en la que trabajaba su hijo; Peter y Gottfried Ermen eran los socios de la familia Ermen. ↩

  2. «Revés». ↩

  3. «Ya veremos». ↩

  4. «Esto, entre nosotros». ↩