Carta de Friedrich Engels a Karl Marx, que vivía en Londres, escrita en Manchester el 16 de octubre de 1862. Se conserva completa. Traducida de la primera MEGA (MEGA¹ III/3, Berlín, 1930, carta n.º 801, pp. 102-104) por la Escuela de marxismo, 2026. Las notas son nuestras. Texto original.

Manchester, 16 de octubre de 1862.

Querido Mohr:

Toda la semana pasada y esta me he preparado cada día para escribirte, pero los malditos asuntos del algodón me lo han impedido. Ces messieurs,1 naturalmente, lo habían dejado todo sin hacer durante mi ausencia en la medida de lo posible, de modo que me encontré con las manos llenas.

Lupus te manda decir que ha recibido bien las cosas. El caso es divertidísimo. ¡Estos pobres prusianos mentirosos, que siempre hacen el ridículo en cuanto ponen algo por escrito!

¿Recibiste el billete de 10 libras que te mandé el día que me fui? Me quedé otra vez demasiado tiempo pegado en Barmen y en Engelskirchen,2 porque estuve 14 días vagabundeando por el Mosela, el Rin y Turingia. Fui directamente, por Bruselas y Luxemburgo, a Tréveris, y de allí a pie hasta Cochem, etc. En Colonia no estuve.

El nombramiento de Bismarck3 lo recibieron los burgueses con sonoras carcajadas. En general, esos tipos estaban extraordinariamente seguros y hasta cierto punto temerarios. Por fin tienen agarrado al buen Guillermo por una cuestión de dinero y saben que a la larga tendrá que ceder ante ellos; pero se imaginan el curso de las cosas de un modo asombrosamente idílico y creen que, con dejar patalear un tiempo al muchacho, ya vendrá él solo a ellos. Ya se llevarán una sorpresa. En todo caso, hacia la primavera la cosa tiene que llegar a la crisis. Por lo demás, es para morirse el efecto entusiasmante que una cuestión de dinero ejerce sobre los filisteos. Schulze-Delitzsch y consortes se vuelven francamente ingeniosos, y solo Virchow4 sigue «serio», que «serio» es el hombre;5 aunque no, a su lado también Heinrich Bürgers se comporta aún con la debida dignidad en Weimar, perorando a favor de la constitución del Imperio del año de la nana.6 Debo decir que Schulze-Delitzsch, que nunca fue ni quiso ser más que un piojoso pequeñoburgués, ese hombrecillo de las cajas de ahorros, me parece francamente respetable comparado con perros como Bürgers y el grandísimo Miquel,7 que salvan la patria en Weimar mediante la hegemonía prusiana.

Sobre Kinkel ahora también tengo las cosas claras. Es la pura caricatura de un tapicero de Coblenza, un renano modelo único en su género, con todos los prejuicios y estrecheces de la raza, que maldice a Prusia, odia a los franceses, simpatiza con Austria, católico y demócrata a la vez, pero que sabe marchar de maravilla; el tipo subió conmigo el monte de Cochem; si Kinkel viera a ese muchacho, del que él, en todo su físico, es de arriba abajo el mono, se caería de culo del susto.

¿Qué te parece lo de América? El crash financiero, que no puede dejar de llegar con esas estúpidas medidas de papel moneda, parece cercano. Militarmente, el Norte volverá a levantar un poco cabeza.

¿Qué tal Jennychen?

Muchos saludos a tu mujer y a las chicas.

Tuyo, F. E.

  1. «Estos señores». ↩

  2. En Barmen vivía la familia de Engels; en Engelskirchen tenía la firma Ermen & Engels su fábrica. ↩

  3. Otto von Bismarck fue nombrado presidente del gobierno prusiano el 23 de septiembre de 1862, en pleno conflicto con la Cámara por los presupuestos del ejército. ↩

  4. Hermann Schulze-Delitzsch (1808-1883), fundador de las cooperativas de crédito, y Rudolf Virchow (1821-1902), el médico, eran dirigentes del partido progresista. ↩

  5. En el original, «ernscht» e «ischt», imitando la pronunciación dialectal. ↩

  6. La constitución imperial votada por la Asamblea de Fráncfort en 1849. A finales de septiembre de 1862 se había reunido en Weimar una asamblea de diputados liberales de los parlamentos alemanes. ↩

  7. Johannes Miquel; véase la nota sobre él en la carta de Engels del 15 de septiembre de 1860. ↩