Carta de Friedrich Engels a Karl Marx, que estaba entonces en Hannover, escrita en Manchester el 27 de abril de 1867. Se conserva completa. Traducida de la primera MEGA (MEGA¹ III/3, Berlín, 1930, carta n.º 1021, pp. 385-388) por la Escuela de marxismo, 2026. Las notas son nuestras. Texto original.
Manchester, 27 de abril de 1867.
Querido Mohr:
He recibido tus dos cartas, la última ayer por la tarde, y habría contestado hace tiempo a la primera si hubiera sabido adónde. Primero, business. A tu mujer, que me escribe esta mañana, le mando 10 £, y a primeros del mes que viene, igualmente, las otras 10 £ a Wheeler. Esto te tranquilizará un poco en este punto; para el futuro, por lo que escribes, se abre por fin, afortunadamente, una perspectiva grata. Siempre me ha parecido que ese maldito libro, con el que has cargado tanto tiempo, era el núcleo de toda tu mala suerte, y que nunca saldrías ni podrías salir de ella mientras no te lo quitaras de encima. Esa cosa eternamente inacabada te aplastaba física, intelectual y económicamente, y comprendo muy bien que ahora, después de sacudirte esa pesadilla, te sientas otro hombre, sobre todo porque el mundo, en cuanto vuelves a entrar en él, tampoco se ve tan sombrío como antes. Sobre todo si se tiene un editor tan estupendo como parece ser Meissner. Por lo demás, me temo que la impresión rápida no podrá hacerse más que si tú mismo te quedas cerca todo el tiempo, es decir, en el continente, pues también Holanda estaría bastante cerca para el caso. No creo que la erudición de los correctores de Leipzig baste para tu manera de escribir. Meissner hizo imprimir también mi folleto en casa de Wigand, ¡y qué cosas me metieron esos caguetas a fuerza de corregir! Que el libro hará gran efecto en cuanto salga, de eso estoy convencido; pero será muy necesario echarle una mano al entusiasmo del burgués y del funcionario científicos y no desdeñar las pequeñas maniobras. Para eso, una vez publicado, se podrá hacer algo desde Hannover, y también se podrá poner en movimiento con provecho al amicus1 Siebel,2 que vuelve estos días de Madeira, sano y lleno de vida, según dice, y precisamente pasando por Inglaterra. Esto es necesario frente a la chusma de literatos, de cuyo odio profundo hacia nosotros tenemos ya pruebas de sobra. Además, los libros gruesos y científicos, sin esta ayuda, solo actúan despacio, mientras que con ella —confer Heráclito el Oscuro, etc.—3 resultan muy «incendiarios». Pero esta vez hay que hacerlo con tanta mayor seguridad y aplicación cuanto que se trata también de resultados financieros. Los artículos reunidos4 los aceptará entonces Meissner con gusto, y con ello habrá de nuevo dinero y, además, un nuevo éxito literario. Las cosas de la Nueva Gaceta Renana, el 18 Brumario, etc., impresionarán ahora enormemente al filisteo, y una vez que hayamos vuelto a ganar algo de terreno sobre esta base, pronto aparecerán también otras historias lucrativas de toda clase. Todo este giro de las cosas me alegra enormemente: primero, por sí mismo; segundo, por ti en particular y por tu mujer; y tercero, porque de verdad que ya es hora de que todo esto mejore. Dentro de 2 años vence mi contract con el cerdo de Gottfried,5 y tal como van aquí las cosas, difícilmente desearemos ninguno de los dos prorrogarlo; incluso no sería imposible que la separación llegara antes. Si es así, tendré que salir del todo del comercio, porque montar ahora un negocio propio significaría matarme a trabajar 5-6 años sin resultado digno de mención y luego otros 5-6 años de trabajo para cosechar los frutos de los 5 primeros. Y en eso me hundiría. No anhelo nada tanto como librarme de este perro comercio, que me desmoraliza por completo con su pérdida de tiempo. Mientras esté metido en él, no soy capaz de nada; sobre todo desde que soy socio, esto ha empeorado mucho, por la mayor responsabilidad. Si no fuera por el aumento de ingresos, la verdad es que preferiría volver a ser dependiente. En todo caso, mi vida de comerciante se acaba dentro de pocos años, y entonces también los ingresos serán mucho, muchísimo más escasos, y eso es lo que siempre me ha preocupado: cómo nos arreglaremos entonces contigo. Pero si las cosas van como parece que van ahora, también eso se podrá arreglar, aun cuando no venga por medio la revolución a poner fin a todos los proyectos financieros. Y si no ocurre, me reservo darme un gusto enorme para celebrar mi liberación y escribir un libro alegre: Penas y alegrías de la burguesía inglesa.
No puedo aceptar la propuesta de Meissner. Un par de pliegos se emborronan deprisa, pero algo de más envergadura, de 6 a 8 pliegos, exigiría más trabajo y llegaría demasiado tarde para el estrépito bélico de ahora. No se pueden emborronar porquerías a la manera de los Estudios de Vogt.6 Además, la cosa se vería más o menos como un manifiesto de partido, y entonces tendríamos que celebrar primero un consejo. Pero desde hace tiempo tengo en la cabeza un Anti-Russicum, y si los acontecimientos me dan pie, me pongo enseguida con él y escribo a Meissner. La única cuestión para mí es si pongo en primer plano el «principio de las nacionalidades» o la «cuestión de Oriente».
Que Bismarck llamaría a tu puerta lo esperaba, aunque no tan pronto. Es característico de la manera de pensar y del horizonte del tipo que juzga a todo el mundo por sí mismo. La burguesía bien puede admirar a los grandes hombres de hoy: se ve reflejada en ellos. Todas las cualidades con las que Bonaparte y Bismarck han logrado sus éxitos son cualidades de comerciante: perseguir un fin determinado esperando y experimentando hasta dar con el momento oportuno, la diplomacia de la puerta trasera siempre abierta, el regateo y el ajuste, tragarse los insultos cuando el interés lo exige, el «ne soyons pas larrons»;7 en una palabra, en todas partes el comerciante. Gottfried Ermen es, a su manera, un estadista tan grande como Bismarck, y si se siguen las mañas de estos grandes hombres, uno se ve transportado una y otra vez a la Bolsa de Manchester. Bismarck piensa: si sigo llamando a la puerta de Marx, al final daré con el momento oportuno y haremos un negocito juntos. Gottfried Ermen puro.
No habría pensado que el odio a Prusia fuera tan fuerte allí. ¿Pero cómo cuadra eso con el resultado de las elecciones? Los asnos del Nationalverein sacaron la mitad de los escaños, y en Hesse Electoral todos menos uno.
Vogt se ha hecho retratar de cuerpo entero en la Gartenlaube.8 En los últimos años se ha puesto aún mucho más cerdo y tiene buen aspecto.
Simon de Tréveris,9 en los Demokratische Studien,10 que me cayeron hace poco en las manos, ha copiado con toda ingenuidad páginas enteras de Po y Rin,11 ¡sin sospechar de qué fuente envenenada bebía! Del mismo modo, el teniente que escribe los artículos militares en Unsere Zeit12 ha copiado a fondo mi folleto en «Prusia en armas», naturalmente también sin citar la fuente.
Rüstow13 quiere a toda costa llegar a general prusiano, como si eso fuera tan fácil como con Garibaldi. En su libro sobre la guerra, malísimo y chapucero, se arrastra en optima forma ante Guillermo el Conquistador y ante el príncipe. Por eso se va a Berlín.
Vi estos días a Ernest Jones;14 le han pedido desde 4 sitios que se presente a las elecciones con la nueva Bill, también desde Manchester. Despotrica horrores contra los obreros de aquí and backs the Prussians at any odds against the French.15 Espero que esta guerra de cerdos pase de largo; no veo qué de bueno puede salir de ella. Una revolución francesa con la obligación de conquistar dada de antemano sería muy desagradable; casi parece que Bonaparte quiera contentarse con lo mínimo, pero si el Señor de los Ejércitos permitirá al bello Guillermo concederle aunque sea ese mínimo, eso tendremos que esperar a verlo.
Saluda de mi parte muy cordialmente al doctor Kugelmann, aunque no nos conozcamos, y dale las gracias por La sagrada familia.
Tuyo, F. E.
«Amigo». ↩
Carl Siebel (1836-1868), poeta de Barmen, pariente lejano de Engels, que ayudó a dar a conocer El capital en la prensa alemana. ↩
Alusión al libro de Lassalle Die Philosophie Herakleitos des Dunklen von Ephesos (1858), cuyo éxito atribuía Engels a la propaganda. ↩
El proyecto de reeditar en volumen los artículos de Marx y Engels de 1848-1852. ↩
Gottfried Ermen, socio de Engels en la firma Ermen & Engels de Manchester; el contrato vencía en 1869. ↩
Carl Vogt, Studien zur gegenwärtigen Lage Europas (Estudios sobre la situación actual de Europa, 1859). ↩
«No seamos ladrones». ↩
Die Gartenlaube, semanario familiar ilustrado de Leipzig. ↩
Ludwig Simon (1819-1872), diputado por Tréveris en la Asamblea Nacional de Fráncfort de 1848, emigrado en Suiza. ↩
Demokratische Studien, anuario publicado en Hamburgo por Meissner (1860-1861). ↩
Folleto de Engels, Po und Rhein (Berlín, 1859). ↩
Unsere Zeit, revista publicada en Leipzig por Brockhaus. ↩
Wilhelm Rüstow (1821-1878), oficial y escritor militar, jefe de estado mayor de Garibaldi en 1860. ↩
Ernest Jones (1819-1869), dirigente cartista, abogado en Manchester. ↩
«Y apuesta por los prusianos contra los franceses a toda costa». ↩