Carta de Karl Marx a Friedrich Engels, que vivía en Manchester, escrita en Londres (el lugar no figura en la carta) el 12 de noviembre de 1869. Se conserva completa. Traducida de la primera MEGA (MEGA¹ III/4, Berlín, 1931, carta n.º 1318, pp. 237-238) por la Escuela de marxismo, 2026. Las notas son nuestras. Texto original.
12 de noviembre de 1869.
Dear Fred:
Esta semana ha aparecido algo preocupante en la axila del brazo izquierdo (como en Manchester) y en la pierna. Enseguida, otra vez arsénico.1 Y además Tussy me obliga ahora a dar con ella todos los días, después de la 1 o las 2, un largo paseo. Por último, hoy he estrenado por primera vez, bajo mano, camisetas de franela, porque los enfriamientos en este estado no son agradables.
Te asombras de la audacia de los franceses y hablas somewhat sneeringly de nosotros, los buenos alemanes.2 Lo que nosotros arriesgamos lo verás por la extravaganza adjunta.
Freiligrath, como tiene por costumbre, se ha hecho fotografiar otra vez en Stuttgart en un par de docenas de poses, como estatua, etc. La estampa más lograda de este héroe Klassen-Kappelmann es —verbotenus— un boceto en que cabalga como león sobre un camello.3 Será sin duda una pulla al camello de Heine, que vence al león.4
Liebknecht se va la semana que viene 3 meses a la cárcel, y le ha mandado a Borkheim un desesperado sablazo.
Lo que me da miedo de los franceses es la maldita confusión que tienen en la cabeza. La carta abierta de Ledru-Rollin es enteramente la de un pretendiente.5 Parece que de verdad se toma au sérieux la dictadura sobre Francia que Heinzen le ha ofrecido. Por otra parte, la Zukunft tiene la bondad de ofrecer un puesto en el gobierno provisional al señor Acollas, al que nadie conoce en París, porque ha invitado a los franceses a aceptar, en lugar de los anticuados derechos del hombre y del citoyen de 1793, el programa del señor doctor J. Jacoby.6 Una mano lava la otra. Pero me parece que el old Jacoby no desempeña como es debido el puesto que él mismo se ha asignado. ¿No tendría que haber pedido, con ocasión del incidente de Hannover, al gobierno prusiano de sargentos —ya que Prusia es al fin y al cabo un «Estado militar»— que dejara de lado también los adornos inútiles y además costosos, como las cámaras, los tribunales civiles y demás?7 Envolverse mudo en la hondura de la propia indignación moral no saca a ningún perro de junto a la estufa.
Los señores rusos —como ha encontrado Borkheim en un periódico de Moscú— han cañoneado hace algún tiempo, por pasar el rato, una isla cerca de Corea. Ni una palabra de ello en los periódicos ingleses. Si esto sigue así, estos señores pronto serán dueños del Japón.
Muy hermosos fueron los últimos mítines de Irlanda, en los que a los curas se los agarró por el cuello y se los bajó de la tribuna. En lugar del programa sobre Irlanda, para el que no hay verdadero motivo, he hecho poner en el orden del día del martes próximo (para tomar resoluciones):8
¡Conducta del Gobierno inglés en la cuestión de la amnistía irlandesa!
Actitud de la clase obrera inglesa ante la cuestión irlandesa.
Salut.
Tuyo, K. M.
Marx padecía desde hacía años forúnculos y ántrax, que trataba con arsénico. ↩
«En tono algo burlón». Véase la carta de Engels del 9 de noviembre de 1869. ↩
Ferdinand Freiligrath (1810-1876), poeta, antiguo compañero de Marx en la Nueva Gaceta Renana, había vuelto a Alemania en 1868. Klassen-Kappelmann: expresión de sentido dudoso. Verbotenus: «literalmente». ↩
Alusión a los poemas exóticos de Freiligrath, como «La cabalgada del león» (Löwenritt), de los que Heine se burló. ↩
Alexandre Ledru-Rollin (1807-1874), dirigente de los demócratas pequeñoburgueses en 1848, exiliado en Londres hasta 1870. ↩
Émile Acollas (1826-1891), jurista republicano francés. Johann Jacoby (1805-1877), demócrata de Königsberg. Die Zukunft, diario demócrata de Berlín. Citoyen: «ciudadano». ↩
La destrucción por orden militar del monumento a los caídos hanoverianos de Langensalza, en Celle; véase la carta de Engels del 1 de noviembre de 1869. ↩
La sesión del Consejo General de la Internacional del 16 de noviembre de 1869, que abrió el debate sobre la política del Gobierno británico hacia los presos fenianos. ↩