Carta de Karl Marx a Friedrich Engels, que vivía en Londres, escrita en Marsella el 17 de febrero de 1882, camino de Argel, adonde iba a curarse de la pleuresía. Se conserva completa. Marx mezcla constantemente inglés y francés; dejamos en esas lenguas, en cursiva, las expresiones con color propio y traducimos el resto. Traducida de la primera MEGA (MEGA¹ III/4, Berlín, 1931, carta n.º 1516, pp. 525-526) por la Escuela de marxismo, 2026. Las notas son nuestras. Texto original.

17 de febrero de 1882.

Hôtel au Petit Louvre, Rue de Cannebière, Marsella.

Dear Fred:

Tussy ya te habrá mandado ayer unas líneas. Yo pensaba al principio no dejar París hasta el lunes que viene; pero como mi estado de salud más bien no mejoraba, tomé enseguida la resolución de trasladarme a Marsella y, desde allí, sin más, embarcar el sábado para Argel.1

En París, acompañado de mi Johnny, solo visité a un mortal, a saber, a Mesa.2 (En realidad, él, Mesa, me tuvo de palique demasiado, y además volví a Argenteuil algo tarde, hacia las siete de la tarde. Pasé la noche entera sin dormir.) Traté de convencer a Mesa de que los amigos, sobre todo Guesde, tuvieran la bondad de aplazar la cita hasta mi vuelta de Argel. Pero todo fue en vano. Lo cierto es que a Guesde lo atacan ahora tanto por todas partes que le importaba tener un encuentro «oficial» conmigo. Algo había que concederle al partido. Así que les di cita, y Guesde y Deville llegaron con Mesa al Hôtel de Lyon et de Mulhouse, 8, boulevard Beaumarchais, pasadas las cinco de la tarde.3 Primero los recibí abajo, en la sala del restaurante, adonde Tussy y Jennychen me habían acompañado desde Argenteuil (el miércoles por la tarde). Guesde estaba algo cohibido por Jennychen, porque acababa de sacar un artículo acerbo contra Longuet, aunque ella (Jennychen) no hizo el menor caso de aquel incidente.4 En cuanto se fueron las damitas, subí con ellos d’abord a mi habitación, donde hubo palique cerca de una hora; luego abajo —Mesa, eso sí, tuvo entonces tiempo de escabullirse— al restaurante, donde aún tuvieron calma de sobra para vaciar conmigo una botella de Beaune.5 A las siete se les había acabado la cuerda. Con todo, aunque me acosté a las nueve de la noche, hubo un ruido diabólico de coches sin parar hasta la una; a esa hora (hacia la una) tuve un vomissement; otra vez me había metido demasiada charla en el cuerpo.

El viaje a Marsella, día hermoso y todo all right hasta un poco después de la estación de Lyon. Primero, hora y media de arrêt en Cassis por una avería de la locomotora; luego, otra vez la misma desgracia con la máquina en Valence, aunque esta vez el arrêt no fue tan largo. Mientras tanto se puso a hacer un frío atroz y un viento malvado y cortante. En vez de un rato antes de la medianoche, no llegamos [a Marsella] hasta pasadas las dos de la madrugada; yo estaba, more or less, pese a todo el abrigo, medio congelado, y el único remedio que encontré fue el «alcohol», al que recurrí again and again. La última épreuve fastidiosa fue el último cuarto de hora (o más) en la gare de Marsella, abierta, con un viento helado, un trámite larguísimo hasta la entrega del equipaje.

Hoy hace sol en Marsella, pero el viento todavía no es cálido. El doctor Dourlen me aconsejó alojarme en el hotel arriba citado, del que salgo mañana (sábado) a las cinco de la tarde para Argel.6 La oficina de los «Paquebots à vapeur des Postes françaises» está aquí en el mismo hotel en que me alojo, así que enseguida saqué aquí el billete (80 francos, primera clase) del paquebote Saïd; el equipaje queda facturado aquí mismo; o sea, todo lo más cómodo posible.

Apropos! Aquí he pescado un Prolétaire (también se vende aquí L’Égalité); me parece que Lafargue no hace más que multiplicar incidentes inútiles, y quizá con unos detalles que distan de ser exactos.7 En cuanto a que haya llamado a Fourier «comunista», ahora que se burlan de él se ve obligado a explicar en qué sentido pudo llamar «comunista» a Fourier. Esas «audacias» se pueden borrar a fuerza de explicaciones, «explicar» o «darles otro sentido»; lo peor es que esos pequeños hechos queden registrados siquiera. Creo que pontifica con demasiada extensión.

Mis mejores saludos a Laura; le escribiré desde Argel. Basta un solo hombre como padrino: llevo una larga carta de Longuet a su amigo Fermé, que, de deportado a Argelia que fue (bajo Napoleón III), ha llegado nada menos que a juge d’appel en Argel.8 De pasaporte y cosas así no se habla siquiera. En el billete del pasajero no se apunta más que el nombre y el apellido.

Saludos también a Lenchen y a los demás amigos.

Addio!

Old Mohr.

  1. Marx, enfermo desde el otoño de 1881 de pleuresía y bronquitis, había pasado unos días en Argenteuil, en casa de su hija Jenny Longuet, antes de seguir el consejo médico de buscar un clima cálido. ↩

  2. José Mesa (1840-1904), tipógrafo, uno de los fundadores del socialismo marxista en España, que vivía entonces en París y estaba ligado al Parti ouvrier de Guesde. Johnny es Jean Longuet, el nieto mayor de Marx. ↩

  3. Jules Guesde (1845-1922) y Gabriel Deville (1854-1940), dirigentes del Parti ouvrier, atacados entonces desde dentro del partido por los partidarios de Paul Brousse, los futuros «posibilistas». ↩

  4. Charles Longuet, marido de Jenny, escribía en La Justice, el periódico radical de Clemenceau. ↩

  5. Marx escribe «Beauve». ↩

  6. Dourlen, el médico que lo había atendido en París y Argenteuil. ↩

  7. Le Prolétaire, semanario obrero de París, en manos de los partidarios de Brousse; L’Égalité, el semanario de Guesde, en el que escribía Paul Lafargue. ↩

  8. Albert Fermé, deportado a Argelia bajo el Segundo Imperio, era entonces juez en el tribunal de Argel. Juge d’appel: juez de apelación. ↩