La invisibilización de la resistencia a la guerra y el militarismo a ambos lados del frente y el apoyo mediático a la «legión internacional» ucraniana muestran por las claras en qué consiste el «internacionalismo» de las clases dirigentes y sus portavoces en todo el mundo.
A la hora de invisibilizar la respuesta contra la guerra y el militarismo dentro de Rusia, la propaganda occidental y la putinista van de la mano
No podía ser de otra manera. Para los medios europeos se trata de demonizar a Rusia. La presentan como un país monolítico en el que «nadie duda del amado líder» Putin. Pretenden eliminar toda posible empatía con los soldados rusos arrastrados a morir y la población aplastada por las sanciones. No dudan en invisibilizar que más de 1.160.000 personas y más de 162.000 colectivos laborales y profesionales, se han significado públicamente en Rusia contra la guerra arriesgando multas abrumadoras y años de trabajos forzados.
Este ejercicio de desinformación va parejo a la invisibilización de las deserciones en Ucrania. Se oculta que la mayoría los refugiados varones que huyen hacia el Oeste son desertores y se tapa impúdicamente la misma existencia de una masa de refugiados que han huído hacia Rusia y Bielorrusia en el Este del país. Refugiados que huyen entre otras cosas de la política de terror etnicista impulsada por los paramilitares nacionalistas que está siendo jaleada por los asesores más cercanos a Zelenski.
Todo indica que el gobierno Zelenski no solo anima la caza del «desertor», sino que se ha embarcado, usando a los paramilitares, en una verdadera limpieza étnica en varias regiones del país. Pero eso no l legará a las portadas. Para los medios europeos todo se supedita a mostrar «la unidad y valentía del pueblo ucraniano contra Rusia».
La «legión internacional» ucraniana
Donde la estrategia de desinformación llega ya a lo grotesco es en la famosa «legión internacional» que marcha a combatir a Ucrania.
Presentada por la prensa estadounidense como un remake de las «Brigadas Internacionales», la prensa europea les dio bombo desde el primer día y uno tras otro distintos estados UE -los bálticos, Polonia, Chequia, pero también la «pacifista» Dinamarca- autorizaron a sus ciudadanos a marchar a Ucrania para alistarse y combatir contra el ejército ruso, poniendo en suspenso la legislación que habían aprobado contra los voluntarios jihadistas europeos que volvían de la guerra de Siria.
Pero cuando los medios se acercaban a los consulados ucranianos a descubrir a «los voluntarios», no encontraban a los estudiantes stalinistas y pequeño burgueses bienintencionados del 36. A pesar de las toneladas de azucar de las crónicas era obvio que el reclutamiento internacional estaba atrayendo a un público muy diferente: ultraderechistas de gimnasio pulguero y exmercenarios.
Lo que era aún peor para la propaganda: grupos paramilitares ligados a la delincuencia mafiosa como la UÇK kosovar, cuyos fundadores están ahora siendo juzgados por crímenes contra la Humanidad, mandaban pelotones enteros.
En Alemania, saltaron las alarmas del propio aparato represivo del estado. Por lo visto la coordinación del reclutamiento internacional la lleva el «regimiento Azov», un grupo paramilitar neonazi teóricamente integrado en la estructura del ejército ucraniano. Y en Berlín no habían tenido mejor idea que coordinarse con sus compañeros del NPD, un grupo ultra alemán bajo vigilancia permanente del estado que ha tocado todos los palos: desde los pogroms contra refugiados, hasta la pornografía infantil pasando por brotes de terrorismo organizado.
Faeser, el ministro de interior alemán hizo sonar la alarma insinuando lo obvio: Ucrania lleva todo el camino de convertirse en un jardín de juegos para la extrema derecha armada. Algo parecido a lo que Afganistán o Siria fueron en su día para el jihadismo.
El «internacionalismo» de la burguesía
El «internacionalismo» de la burguesía nunca ha sido otra cosa que la organización internacional de facciones nacionalistas listas para agravar las matanzas.
No es casualidad que los mismos que en Ucrania y Rusia dan rienda suelta al terrorismo de estado, los que persiguen a desertores y antimilitaristas, sean los que recurren a los peores nichos de mafiosos, mercenarios, neonazis y lumpen para «reforzar» sus filas. Putin con los neonazis que hasta ahora reprimían huelgas en el Donbass y con los mercenarios chechenos de Jadirov. Zelenski con su siniestra «Legión internacional».
Como se vio en las guerras yugoslavas y en el Donbass, no lo hacen porque vayan a significar una diferencia en los equilibrios militares, sino porque envenenan el ambiente con su ponzoña y sus crímenes etnicistas en el terreno, dificultando que los explotados de ambos bandos se reconozcan en la misma situación.
Es literalmente el opuesto del internacionalismo de los trabajadores: la lucha consecuente contra los causantes de la guerra en ambos bandos, la denuncia del militarismo y la propaganda por la confraternización de las tropas.
Y ésto, y no blanquear a aspirantes a matarifes sacados de lo peor de cada país como hace la prensa europea, es lo que hay que contar y difundir ahora.