19 de Julio, n.º 1, diciembre de 1941 (págs. 3-4). PDF del número completo, primera parte · segunda parte
Somos la expresión española de un movimiento internacional con arraigo en los trabajadores revolucionarios del mundo, un programa claro y completo y un porvenir de luchas ingentes.
Frente al maremagnum ideológico que reina en la emigración ibérica, nos alzamos como un centro dinámico y conquistador, punto de atracción de todos aquellos que de la experiencia española han deducido o están a punto de deducir una renovación ideológica y orgánica; frente a la desmoralización, psicosis de derrotados, escépticos y buscones, ofrecemos un refugio político en el que la prueba de nuestras derrotas tienen una proyección crítica positiva, creadora de un nuevo movimiento revolucionario; frente a la corrupción, el saqueo de los fondos de la República y el comercialismo que se apodera de los "administradores" y sus satélites, reivindicamos un trabajo de obstinación revolucionaria, teniendo como norte la actividad política ilegal en España, para cuyo fín, únicamente, debiera dedicarse, el producto del dinero que está fuera de España.
Hemos tomado parte activa en la lucha militar y en las luchas políticas de España, desde sus comienzos. A su tiempo ofreceremos una relación sucinta de la que fué nuestra posición frente a los principales problemas suscitados por la revolución. Nuestras fuerzas no pudieron influenciar los acontecimientos, ni siquiera hacernos generalmente conocidos. No importa. Ello no quita razón ni vitalidad a nuestro movimiento. Las contingencias que nos han impedido ser una fuerza determinante tienen su arraigo en la fisonomía social de España y en la evolución de las luchas obreras internacionales en el último decenio. Sobre el rescoldo aun no apagado de la sociedad feudal y el cuerpo enclenque del capitalismo, la coyuntura política mundial precipitó un grandioso movimiento revolucionario sin que se contara como dirigentes con más que figurones de un pasado más o menos remoto, y liderzuelos corrompidos e infeudados a intereses burocráticos, pero todos igualmente caducos. Entre Azaña, Caballero, José Díaz y García Oliver, hay muchas divergencias superficiales, pero no hubo ninguna de fondo. Con métodos y lenguaje diferente, con matices de finalidad diversos, todos representaban una rémora del pasado; por eso fueron incapaces de abrir las compuertas del porvenir. El proletariado español se puso en marcha guiado por hombres y partidos sin programa ni posibilidades de desenvolvimiento histórico. El choque de esta contradicción produjo el triunfo de Franco. Este, al menos, representaba un pretérito perfectamente definido, único que podían aceptar las clases conservadoras de la sociedad española actual. Y [ilegible] fuerza, en la premura del tiempo y de la [ilegible]ión del Frente Popular, estaba [ilegible] las causas de la [ilegible] balance ge[ilegible]
Pero somos revolucionarios. La revolución es nuestro objetivo supremo, la revolución nuestra razón de existencia, la revolución nuestra naturaleza íntima, la revolución nuestra profesión fundamental. Mientras los grandes partidos y los "grandes" hombres se dedican a arrellanarse económicamente, a gozar benditamente de los placeres de la vida, nosotros reanudamos nuestra actividad política en la emigración, con la vista fija en España y el propósito inquebrantable de crear allí una organización clandestina que reviva la tradición de lucha ilegal del bolchevismo.
Grande es el proyecto, ilimitada nuestra energía; pero su realización requiere condiciones que previamente hemos de crear en la emigración. La actividad política ilegal, para ser ulteriormente eficiente, debe llevar en su seno la larva de una nueva sociedad. La experiencia de la Rusia zarista nos muestra, paralelamente a los bolcheviques, a los narodniky, socialistas revolucionarios, mencheviques, etc., en lucha ilegal contra la oligarquía. Pero mientras los bolcheviques, una vez derribado el zarismo, condujeron a un nuevo ciclo histórico, los otros partidos aparecieron como exponentes de las fuerzas conservadoras de la burguesía, opuestos al desenvolvimiento revolucionario. Otro tanto puede producirse y se producirá seguramente en España. Es posible que anarquistas, socialistas y stalinistas, merced a los recursos de que disponen, actúen ilegalmente contra Franco. No es difícil aparecer como revolucionario en una época de reacción. El mundo ha visto, sin embargo, cómo esos partidos, en el momento en que era preciso actuar revolucionariamente, dieron la espalda a la revolución. Pretextos no podían faltar. La razón de su común conducta reaccionaria está en la naturaleza de sus convicciones ideológicas, no en las contingencias de la lucha, como muchos arguyen ahora para descargarse. Subsistiendo la causa, producirá efectos semejantes. En cualquier ocasión venidera que se presente, los líderes socialistas, stalinistas y anarquistas volverán a actuar como han actuado. Pretextos tampoco faltarán.
El problema urgente de la hora actual está en crear la base orgánica susceptible de empujar hacia adelante cuando los líderes en cuestión se pongan nuevamente a tirar para atrás. Para ello nos preparamos y cumpliremos nuestra misión paso a paso. "19 de julio" es el primer hito en ese camino.
"19 de Julio" opinará sobre todos los problemas de la revolución, los que actualmente plantea el triunfo de la reacción, los problemas de los emigrados y los de la guerra mundial. Nuestra mira es dar al proletariado español un órgano marxista-revolucionario. Por eso, en función de la finalidad, nuestro trabajo fundamental ha de consistir en hacer una crítica que esclarezca las responsabilidades por el fracaso de la revolución y de la guerra civil española. Esto haciendo, reuniremos en nuestro rededor un núcleo de hombres capaces por sus convicciones políticas y por su [ilegible] moral, de hacer aquello de que fueron incapaces todas las organizaciones obreras, en el transcurso de diez años de oportunidades reiteradamente ofrecidas por el proletariado. Sólo con la ayuda del tiempo, con la lentitud exigida por una sólida formación política, el fruto de nuestro trabajo irá siendo tangible. Recomenzamos actualmente el proceso de formación de un nuevo partido revolucionario, truncado por el triunfo de Franco. Aunque disponemos de un determinado contingente de revolucionarios jóvenes, templados en la lucha y unidos por un fuerte lazo ideológico, la formación del partido de la revolución española no podrá considerarse como efectuada sino cuando hayamos conquistado a los más honrados y valerosos militantes actualmente anarquistas, socialistas o stalinistas, y nuestra voz sea escuchada por la mayoría del proletariado español organizado.
Entraremos en polémica con todos los sectores políticos (política es también la F.A.I.) que tuvieron alguna responsabilidad en los acontecimientos. No deseamos sino poder discutir directamente con unos y con otros. Pero a sectores como los "Amigos de Durruti" y los obreros de base de la C.N.T., que conservaron siempre íntegro su espíritu de lucha de clases, ofrecemos gustosamente nuestras columnas para la discusión. Se las ofrecemos también al P.O.U.M., que se llama marxista y se pretende incólume de responsabilidades. A todos aseguramos que publicaremos íntegramente cualquier trabajo de discusión que se nos envíe, aunque esté dirigido contra nosotros. Estamos también dispuestos a discutir con los líderes stalinistas —aunque ellos no lo estarán—, con la sola condición de que se comprometan a publicar en "España Popular" nuestra respuesta. Por adelantado nos comprometemos, en cambio, a publicar en "19 de Julio" cualquier ataque que nos hagan, incluso el más calumnioso.
"19 de Julio" no viene a defender una posición nueva; es la misma que sustentó en España la Sección bolchevique-leninista, adherida a la IV Internacional. Ni las condiciones extremadamente tensas que vive el mundo, ni los intereses exclusivos del proletariado, permiten a un movimiento político de carácter obrero el carecer de bandería internacional. Nosotros la tenemos y proclamamos para el proletariado mundial la necesidad de agruparse en torno a la Cuarta Internacional. Pero no tomamos actitudes encastilladas. No tenemos ningún inconveniente en discutir nuestro programa con otros sectores obreros muy especialmente a la luz de la experiencia española. Por propia iniciativa entraremos a discutirlo y contrastarlo haciendo un estudio de las divergencias originarias del movimiento obrero, la evolución de sus tendencias fundamentales —marxismo y anarquismo—, lo que la acción viva de la lucha de clases ha negado o confirmado de la discusión primitiva, conectándolo con deducciones concretas frente a las gravísimas necesidades de la época actual. Que todos los hombres íntegros dedicados a la revolución, colaboren con nosotros.